Luigi Galleani (Vida y obra)

Luigi Galleani en 1912

Luigi Galleani en 1912

Luigi Galleani (1861 -1931) nació en Vercelli, Piedmon (Italia) el 12 de agosto de 1861 y murió en Aulla, Toscana (Italia) el  4 de noviembre de 1931. Fue un anarcocomunista italiano que posteriormente emigraría a los Estados Unidos. Fue famoso por liderar un círculo de militantes anarquistas-terroristas de ideas ilegalistas que ejecutó varias acciones de sabotaje así como ataques con bombas a objetivos dentro de Estados Unidos. Posteriormente seria deportado a Italia durante el ascenso de Mussolini.

También fue conocido por ser un efectivo orador en eventos públicos de obreros y desarrolló un amplio esfuerzo propagandístico y teórico en estos sectores sociales. En Estados Unidos editó durante 15 años el periódico en italiano Cronaca Sovversiva, donde llegaron a colaborarar Sacco y Vanzetti, hasta que fue prohibido por la Ley de Sedición de 1918. Escribiría varios ensayos en donde describe sus posiciones políticas, entre los cuales destaca el publicado en 1914 Faccia a facciao col nemico (“Cara a cara con el enemigo”).

Nacido en Vercelli en una familia de clase media, Galleani se convirtió en anarquista en sus adolescencia mientras estudiaba en la Universidad de Turín. Abandonó los estudios y volcó sus actividades a la propaganda anarquista. Forzado a escapar a Francia para evadir las persecuciones, pronto fue expulsado de ese país por participar en las manifestaciones del Primero de Mayo.

Galleani viajó a Suiza donde asistió a la Universidad de Ginebra, pero fue expulsado nuevamente por agitador, al organizar un acto en homenaje a los mártires de Haymarket. Volvió a Italia y nuevamente sufrió la persecución policial como resultado de sus actividades anarquistas. Fue finalmente arrestado y pasó cinco años en prisión exiliado en la isla de Pantelaria cerca de Sicilia.

Escapó de Pantelaria en 1900, y se refugió en Egipto; allí se le amenazó con la extradición, y se embarcó a Londres y luego a los Estados Unidos en 1901. Por esta época había cumplido 40 años y era un inmigrante sin dinero.

Al poco tiempo de llegar a los Estados Unidos, Galleani atrajo la atención de los círculos anarquistas radicalizados debido a sus capacidades de orador carismático que creía que la violencia era necesaria para derribar al capitalismo que oprimía a los trabajadores. Se describía a sí mismo con orgullo como un subversivo, un propagandista revolucionario dedicado a subvertir el gobierno y las instituciones establecidas difundiendo una filosofía política basada en la acción directa. Era un orador extremadamente efectivo y un defensor de la violencia revolucionaria. Carlo Buda, hermano del fabricante de explosivos Mario Buda, dijo de él, “Si escuchas a Galleani hablar, quedabas dispuesto a dispararle al primer policía que vieras“.1

Galleani se asentó primero en Nueva Jersey, pero fue acusado por incitar a disturbios y se trasladó a Canadá, donde también fue expulsado pronto. Se mudó a Vermont, donde se hizo conocido como un propulsor de la propaganda por el hecho. Fue el fundador y editor de “Cronaca Sovversiva (Crónica Subversiva), una publicación anarquista en italiano, de aires bastante violentos, que fue publicada durante 15 años hasta que fue clausurada por el gobierno norteamericano por el Sedition Act de 1918.

Muchos de los libros que ostentan la firma de Galleani son en verdad extractos de sus escritos para Cronaca Sovversiva. Una excepción es La Fine dell’anarchismo? (¿El fin del anarquismo?) en el que Galleani sostiene que el anarquismo está muy lejos de estar muerto y continúa siendo un movimiento relevante en los político-social.

Actividades revolucionarias

Con el tiempo, Galleani se convirtió en una provocación para las autoridades gubernamentales y policiales. Pronto atrajo a un grupo de amigos radicales y de seguidores conocidos como Galleanistas, entre los que se incluían Frank Abarno, Gabriella Segata Antolini, Pietro Angelo, Luigi Bacchetti, Mario Buda alias ‘Mike Boda’, Carmine Carbone, Andrea Ciofalo, Ferrucio Coacci, Emilio Coda, Alfredo Conti, Roberto Elia, Luigi Falsini, Frank Mandese, Riccardo Orciani, Nicola Recchi, Giuseppe Sberna, Andrea Salsedo, Raffaele Schiavina, Nestor Dondoglio alias Jean Crones, Carlo Valdinoci, y los famosísimos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti.

Las actividades de Galleani y su grupo se centraron alrededor de la promoción de una forma radical y violenta de anarquismo, que se manifestaba en los discursos, las publicaciones, la propaganda en el movimiento obrero, la protestas políticas y en reuniones clandestinas. Con el tiempo los seguidores de Galleani comenzaron a utilizar bombas y otros medios violentos para difundir sus ideas, práctica que el propio Galeani alentaba, pero de las que aparentemente no participaba. Con el asesoramiento de un amigo que era químico y experto en explosivos, el profesor Ettore Molinari, Galleani escribió un folleto de 46 páginas titulado La Salute è in voi!, que explicaba cómo hacer una bomba. El prefacio al texto indicaba claramente sus intenciones: remediar el ‘error’ de abogar por la violencia sin brindar a los subvesivos los medios físicos para destruir al gobierno y las instituciones. El manual de Galleani fue considerado como práctico y exacto por los miembros del New York City Bomb Squad, aunque Galleani cometió un error al transcribir la fórmula de Molinari de la nitroglicerina, lo que causó más de una explosión prematura a los fabricantes de bombas incautos (Galleani hizo una corrección del texto a los lectores en 1908 en un número de Cronaca Sovversiva).

Título de Cronaca Sovversiva, periódico editado por L. Galleani.

Título de Cronaca Sovversiva, periódico editado por L. Galleani.

La reivindicación de la violencia hecha por Luigi Galleani fue llevada a la práctica por sus seguidores en 1914. Los galleanistas estuvieron involucrados al menos en dos atentados en Nueva York luego de que la policía reprimiera una protesta en el domicilio de John D. Rockefeller en Tarrytown, Nueva York. Durante los meses siguientes ocurrieron atentados con explosivos en diversas partes de esa ciudad, incluyendo la estación de policía, varias iglesias, etc. El 14 de noviembre de 1914 se descubrió antes de que llegara a explotar una bomba contra un juez que había condenado a un joven anarquista, y en enero de 1915 fue descubierto un complot para volar la Catedral de Saint Patrick en Nueva York, encontrándose una copia de La Salute è in voi! en el domicilio de uno de los sopechosos.

En 1916 un galleanista de Chicago, Nestor Dondoglio, que era un cocinero que se hacía llamar Jean Crones, envenenó alrededor de 200 invitados a un banquete en honor del arzobispo Mundelein agregándole arsénico a la sopa. Ninguna de las víctimas murió debido a que en desesperación por eliminar a los invitados, Dondoglio utilizó demasiado veneno lo que provocó vómitos a las víctimas. El domicilio de Dondoglio fue requisado, encontrándose los elementos del atentado, pero no al autor que quedó prófugo. Luego de burlar a la policía en repetidas ocasiones, Dondoglio se trasladó a la Costa Este, donde fue ocultado por otro galleanista hasta su muerte en 1932. El 6 de diciembre de 1916 otro galleanista, Alfonso Fagotti, fue arrestado por apuñalar a un policía con un cuchillo de carnicero durante una manifestación en Boston. En represalia, otros galleanistas hicieron estallar una bomba al día siguiente en el puesto policial de Salutation Street en Boston. Fagotti fue arrestado tiempo después y deportado a Italia.2

Algunos autores han sospechado de la participación de galleanistas en el atentado de Preparedness Day, en San Francisco en 1916. Aunque nunca se acusó ni incriminó a nadie por el hecho, por las características de los explosivos utilizados, algunos historiadores manejan la hipótesis de que el atentado podría ser obra de Mario Buda.

En 1917, un grupo de galleanistas abandonó los Estados Unidos y se instaló en México esperando la llegada de la Revolución para evitar el servicio militar. Los atentados cesaron por un tiempo. A fines de ese año, desilusionados con el curso de la revolución mexicana muchos galleanistas retornaron a los Estados Unidos y retomaron sus actividades.

Se cree que fue Mario Buda quien,345 el 24 de noviembre de 1917 en la ciudad de Milwaukee, construyó una gran bomba de pólvora negra6 con un detonador “de retardo” de ácido7 que explotó en el Departamento de Policía de Milwaukee donde había sido transportada luego de ser retirada de los cimientos de una iglesia, objetivo inicial del atentado.3489 La explosión mató a nueve policías y a una mujer civil, en su momento el más grave atentado terrorista en los Estados Unidos. También hubo incidentes aislados de diverso éxito en Nueva York, San Francisco, Washington D.C., Boston y Milwaukee, que se le atribuyeron a los partidarios de Galleani, pero nunca hubo una acusación oficial. Por esa época, el Congreso y la opinión pública habían comenzado a demandar acciones contra los militantes anarquistas y otros promotores de las acciones violentas.

Una galleanista de 19 años de edad, Gabriella Segata Antolini, fue arrestada el 17 de enero de 1918 por transportar una cartera llena de dinamita que había recibido de Carlo Valdinoci.1011 Cuando la interrogaron, dio un nombre falso y rehusó cooperar con las autoridades o brindarles alguna información; fue enviada a prisión durante 14 meses.11 Mientras permaneció en prisión, Antolini conoció a la notoria anarquista Emma Goldman, con quien trabó amistad. El propio Galleani fue arrestado en algunas ocasiones por agitar en conflictos laborales y reivindicar la anarquía, pero siempre terminó absuelto.

En febrero de 1918, las autoridades de los EE.UU. allanaron las oficinas de Cronaca Sovversiva, suprimieron la publicación y arrestaron a los editores. La lista de suscriptores había sido escondida por uno de los miembros del grupo editor, pero las autoridades obtuvieron más de 3000 nombres y direcciones de un paquete que había sido enviado por correo.

En octubre de 1918, el Congreso aprobó la nueva ley contra los residentes extranjeros implicados en actividades anarquistas o actividades revolucionarias, el Anarchist Exclusion Act. En respuesta, Galleani y sus seguidores le declararon la guerra al gobierno de los EE.UU. y expresaron sus intenciones mediante un comunicado amenazante: “La deportación no detendrá la tormenta que azota estas costas. La tormenta ha llegado y pronto los alzará, los estrellará y aniquilará a todos ustedes en sangre y fuego… ¡Nosotros los dinamitaremos!” Una serie de atentados a hombres de negocios y funcionarios gubernamentales siguió a continuación, incluyendo una bomba que voló el domicilio del juez Moschzisker, que en 1908 había sentenciado a cuatro anarquistas italianos a largas condenas en prisión.

El 27 de febrero de 1919, un día después de escuchar un incendiario discurso de Galleani (que estaba aguardando su notificación para ser deportado), cuatro galleanistas murieron en una planta textil de Franklin, Massachusetts cuando una bomba de dinamita que estaban manipulando explotó prematuramente.12 A fines de abril de 1919, aproximadamente 30 paquetes de dinamita destinados a políticos, autoridades judiciales y finanacistas prominentes (incluyendo a John D. Rockefeller) fueron enviados por correo. Una fue enviada a un agente del FBI que estaba encargado de encontrar a algunos galleanistas fugitivos, entre los que estaba Carlo Valdinoci. Los galleanistas tenían planeado enviar las bombas el Primero de Mayo, día internacional de solidaridad revolucionaria de los trabajadores. Solo unos pocos paquetes alcanzaron a enviarse. Debido a que los perpetradores no colocaron la cantidad de estampillas suficientes para el franqueo, uno de los paquetes fue descubierto y la mayoría de ellos fueron interceptados por sus características comunes. Nadie resultó muerto por las cartas bomba, pero cuando una empleada doméstica del senador Hardwick (un promotor de la llamada Anarchist Act, es decir, la ley de inmigración de 1903) abrió el correo enviado a su casa de Georgia, la explosión le amputó ambas manos.

En junio de 1919, los galleanistas planearon explosionar 8 grandes bombas simultáneamente en varias ciudades de los EE.UU. Los objetivos incluían los domicilios de jueces, empresarios, un alcalde, un inspector de migraciones y una iglesia. Aparentemente, creyendo que sus primeras bombas eran insuficientemente potentes, las nuevas bombas incluían [[metralla] y utilizaban hasta 9 kilogramos de dinamita. Entre las víctimas señaladas había políticos que habían firmado la ley anti-sedición y la ley de deportación, o jueces que habían sentenciado a anarquistas galleanistas a prisión. Las residencias del alcalde Harry L. Davis de Cleveland, el juez W.H.S. Thompson, y el Fiscal General A. Mitchell Palmer (que ya había sido blanco de un atentado con cartas bomba), fueron atacadas. Ninguno de los funcionarios resultó muerto, aunque sí ocasionaron la muerte de un sereno, una mujer que caminaba por la calle y uno de los galleanistas, Carlo Valdinoci, un ex editor de Cronaca Sovversiva, y hombre muy cercano al propio Galleani. Aunque Palmer y su familia resultaron ilesos, quedaron fuertemente conmocionados por la explosión.

Valdinoci voló en pedazos frente a la casa de Palmer que quedó enormemente dañada (la poderosa explosión arrojó a algunos vecinos de sus camas). Sus restos se dispersaron en un radio de hasta dos manzanas. Todos los explosivos fueron colocados junto a una nota que decía: “Guerra, guerra de clases y usted está en primera línea bajo la cubierta de las poderosas instituciones que llaman orden, en lo tenebroso de sus leyes. Habrá un baño de sangre; nosotros no lo rehuiremos; habrá quien tenga que morir: lo mataremos porque es necesario; habrá mucha destrucción; lo haremos para liberar al mundo de sus tiránicas instituciones.”

El tipógrafo Andrea Salsedo y el compositor Roberto Elia fueron arrestados por las autoridades que siguieron la pista de los panfletos hasta la imprenta donde Salsedo trabajaba. Este fue interrogado duramente (se dice que fue torturado) por los agentes federales, pero después de facilitar alguna información quedó, según la policía, muy angustiado. Murió al saltar, o ser arrojado, desde el piso 14 donde estaba detenido. Aunque Salsedo admitió que era anarquista y que había impreso el panfleto, no hubo otros arrestos o sospechosos, debido a la falta de evidencia y al rechazo de los galleanistas a colaborar brindando información a las autoridades. Elia fue deportado posteriormente; según su abogado, declinó un ofrecimiento para permanecer en los EE.UU si el renegaba de sus contactos con los galleanistas.

Luego de la muerte de Valdinoci, Ferrucio Coacci y Nicola Recchi aparentemente habrían tomado un rol prominente en el liderazgo del grupo; ambos eran fabricantes de bombas.13 El fabricante de explosivos Nicola Recchi había perdido su mano en una explosión prematura, aunque continuó en la elaboración de bombas.14 Bajo las leyes anteriores, el Fiscal General Palmer del Departamento de Justicia no tenía autoridad como para deportar a los residentes extranjeros; sólo podía hacerlo el Departamento de Migraciones. Hasta ese momento los anarquistas acusados podían retrasar sus deportaciones con continuas apelaciones legales. Con la opinión pública y la prensa reclamando por acción, Palmer y otros funcionarios del gobierno iniciaron una serie de investigaciones mediante escuchas telefónicas ilegales, listas de suscripción de periódicos radicales y otras medidas para investigar a miles de anarquistas, comunistas y socialistas. Con la evidencia en la mano y en acuerdo con el Departamento de Migraciones, Palmer y el Departamento de Justicia comenzaron a hacer redadas y deportar a muchos radicales como pudieron mediante el Anarchist Act, una ola de arrestos conocida como las “redadas de Palmer”.

Deportación.

Luigi Galleani y ocho de sus partidarios fueron deportados a Italia en junio de 1919, tres semanas después de la ola de atentados del 2 de junio. Aunque las autoridades no tenían evidencia suficiente que implicara a Galleani, pudieron deportarlo porque era un residente extranjero que había alentado abiertamente a derrocar al gobierno por medios violentos y había firmado el manual de fabricación de bombas titulado “La Salute è in voi!”. Una vez en Italia, Galleani atrajo la atención de las autoridades, que lo obligaron a exiliarse en una isla de las costas italianas. Cuando Mussolini llegó al poder, Galleani estuvo bajo vigilancia policial constante del régimen fascista. Posteriormente se le permitió retornar al territorio continental italiano, pero la vigilancia policial persistió. Galleani murió de un ataque cardíaco en 1931 a la edad de 70 años.

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Los seguidores de Galleani no recibieron bien su deportación, como tampoco la noticia de que sus compañeros Sacco y Vanzetti habían sido acusados de homicidio. Una ola de atentados vino a continuación. Uno o más seguidores de Galleani, especialmente Mario Buda, fueron señalados como sospechosos de perpetrar el atentado de Wall Street de 1920, que dejó un saldo de 33 muertos. Después de la ejecución de Sacco y Vanzetti en 1927 continuó la ola de atentados atribuidos a galleanistas. Varios funcionarios judiciales y carcelarios fueron elegidos como blancos, incluyendo al juez Webster Thayer,15 y al verdugo, Robert Elliott.

Luego de retornar a Italia, Ferrucio Coacci y Nicola Recchi viajaron a Argentina, donde Coacci rápidamente se unió al grupo de Severino Di Giovanni. Deportado luego del fusilamiento de Di Giovanni, Coacci retornó luego de la Segunda Guerra Mundial. Mario Buda también regresó a Italia poco después del atentado de Wall Street, y vivió allí hasta su muerte en 1963.

Véase también.

Referencias.

  1. Avrich, Paul, Anarchist Voices: An Oral History of Anarchism in America, Princeton: Princeton University Press (1996), p. 132 (Entrevista de Charles Poggi)
  2. Avrich, Paul, Sacco and Vanzetti: The Anarchist Background, Princeton University Press (1991), p. 135.
  3. :a b Avrich, Paul, Anarchist Voices: An Oral History of Anarchism in America, Princeton: Princeton University Press (1996)
  4. :a b Dell’Arte, Giorgio, La Storia di Mario Buda, Io Donna 26 January 2002, http://www.memoteca.it/upload/dl/E-Book/Mario_Buda.pdf
  5. Watson, Bruce, Sacco and Vanzetti: The Men, the Murders, and the Judgment of Mankind, Viking Press (2007), ISBN 0-670-06353-3, 9780670063536, p. 15
  6. Balousek, Marv, and Kirsch, J. Allen, 50 Wisconsin Crimes of the Century, Badger Books Inc. (1997), ISBN 1-878569-47-3, 9781878569479, p. 113
  7. Balousek, Marv, and Kirsch, J. Allen, 50 Wisconsin Crimes of the Century, Badger Books Inc. (1997), ISBN 1-878569-47-3, 9781878569479, p. 113: Las “mechas” de bombas caseras utilizaban ácido sulfúrico goteando desde un recipiente de vidrio sobre un plato metálico que encendería la carga de pólvora negra, un mecanismo muy sensible.
  8. Memorial Page: The Most Tragic Day in Law Enforcement History
  9. Volver arriba The Indianapolis Star, Bomb Mystery Baffles Police, November 26, 1917
  10. Avrich, Paul, Anarchist Voices: An Oral History of Anarchism in America, Princeton: Princeton University Press (1996): Se cree que la dinamita era para Mario Buda.
  11. a b McCormick, Charles H., Hopeless Cases: The Hunt for the Red Scare Terrorist Bombers, University Press of America (2005), ISBN 0-7618-3133-9, 9780761831334
  12. Abrich, Paul, Anarchist Voices: An Oral History of Anarchism in America, AK Press (2005), ISBN 1-904859-27-5, 9781904859277, p. 107
  13. Avrich, Paul, Sacco and Vanzetti: The Anarchist Background, Princeton University Press (1991), p. 210: Un visitante a la casa de Coacci en Italia en 1921 observó que “sus estantes estaban repletos de folletos sobre la fabricación de bombas, y el mismo había militado como terrorista de la escuela de Galleani”.
  14. Watson, Bruce, Sacco and Vanzetti: The Men, the Murders, and the Judgment of Mankind, Viking Press (2007), ISBN 0-670-06353-3, 9780670063536, p. 15
  15. New York Times, Bomb Menaces Sacco Trial Judge, 27 de septiembre de 1932: incluso en la fecha de 1932 un paquete explosivo destruyó el frente de la residencia de Thayer en Worcester, Massachusetts. El juez escapo ileso aunque su esposa y su ama de llaves resultaron heridas en la explosión.

Enlaces externos.

Luigi Galleani y el anarquismo antiorganización

GalleaniLuigi Galleani es sin duda la figura clave entre los círculos antiorganización de lengua italiana. Activo sobre todo en Italia y en los Estados Unidos, donde vive entre 1901 y 1919, orador y editor, llega a promover en torno a él una red solidaria de militantes dedicados a la acción directa y a la revuelta antiautoritaria, con un gran objetivo común: provocar una revolución social transnacional y permitir así a los explotados organizar una sociedad libre y comunista.

La corriente antiorganización es mayoritaria entre los anarquistas italianos, al menos hasta finales de la primera década del siglo XX. Grandes diferencias separan a los antiorganización de los individualistas, que con frecuencia son confundidos. Estos últimos son influidos por las ideas de Max Stirner, a menudo mezcladas con influencias de Nietszche. Más que por ambos, los fundamentos políticos de los antiorganización son por el contrario Bakunin, Kropotkin, Gori, Reclus, etc. Al contrario que los individualistas, los antiorganización reconocen el valor de la acción colectiva y el papel del proletariado en el proceso revolucionario. A pesar de su nombre, no rechazan organizarse en la práctica, pero niegan la validez de cualquier estructura formal porque ven en ella los primeros signos del elitismo y de la burocracia.

Galleani nace en Vercelli el 12 de agosto de 1861, de padres acomodados y monárquicos; estudia Derecho en la Universidad de Turín. Es influido por los héroes del Risorgimento, en los que admira la completa devoción a la causa. Entre 1881 y 1885, su republicanismo se acerca progresivamente al socialismo. Escribe para diferentes cabeceras locales, entre ellas La Boje! de Vercelli, y se adhiere al Partido Obrero Italiano, que agrupa a socialistas parlamentarios y antiautoritarios.

Activísimo en las luchas obreras y campesinas entre Piamonte y Liguria, su mismo aspecto físico y su porte son reveladores de un indudable carisma: discretamente alto, robusto, siempre vestido elegantemente, la mirada feroz y la barba en punta le hacen parecer severo. Pero lo que más impresiona, y preocupa a la policía, es el hecho de que resulta un orador excepcional.

Buscado por la policía, se tiene que refugiar en París, lugar central para la subversión internacional, donde toma parte en la agitación del Primero de Mayo de 1890. Encarcelado y después expulsado, pasa a Luxemburgo y llega a Suiza, donde establece relaciones estrechas con Élie y Élisée Reclus.

En enero de 1891 participa en el Congreso de Capolago, donde alrededor de ochenta delegados debaten durante tres días y aprueban un manifiesto y un programa socialista-anárquico-revolucionario, en el que la revolución se define como el único medio para eliminar la opresión social y alcanzar el socialismo, y vuelven a ser rechazados otra vez el parlamentarismo y el reformismo.

Se decide también realizar agitaciones revolucionarias con ocasión del Primero de Mayo. Galleani es uno de los oradores encargados de hacer giras de propaganda por Italia. Viaja por todo el país celebrando centenares de mítines y conferencias, a pesar de los diversos obstáculos que le pone la policía.

En 1892, junto con Pietro Gori, representa a los anarquistas en el Congreso de Génova del Partido Obrero Italiano, y desempeña un importante papel en la fractura con los socialistas autoritarios, que darán vida al Partido Socialista Italiano.

Menos de dos años más tarde, entre diciembre de 1893 y enero de 1894, es condenado por asociación criminal a tres años de prisión y cinco de confinamiento en Pantelleria y Favignana. En Pantelleria conoce a Maria Rallo, una inconformista de 25 años, que después le seguirá a los Estados Unidos, y se hace amigo de Andrea Salsedo, que se solidarizará con sus iniciativas más allá del Océano. A finales de 1899, tras tres años de prisión, consigue escapar de Pantelleria y alcanzar Túnez y, después, a través de Malta y Alejandría, El Cairo.

Se queda en El Cairo alrededor de un año y, tras una breve pasada por Londres, desembarca en Nueva York en octubre de 1901 y, rápidamente, comienza una gira de propaganda a través de Nueva Jersey, Pennsylvania, Connecticut y Vermont. Apoya la huelga masiva de los tintoreros de Paterson de 1902 y cuando, entre junio y julio de 1902, estalla abiertamente la revuelta y son asaltadas y destruidas fábricas y tintorerías, está en primera línea y es herido de un balazo. Buscado por la policía, se refugia en Montreal (Canadá).

En 1903 vuelve ilegalmente a Estados Unidos y se establece en Barre, Vermont, donde comienza a editar un nuevo e incendiario periódico, esa Cronaca Sovversiva que removerá el ánimo rebelde de los jóvenes militantes y se convertirá pronto en un instrumento esencial a la hora de organizar en la práctica el movimiento. Da voz a las luchas obreras y a las ideas anarquistas contra el Estado, la Iglesia, el Ejército, la familia y cualquier autoridad, defendiendo con uñas y dientes todo acto de rebelión, ya sea individual o colectivo. Ofrece informaciones de lo que hacen los compañeros en diversas partes de un territorio ilimitado, es distribuido por una sólida red de difusores y vive gracias a las suscripciones de militantes y simpatizantes que se recogen sobre todo durante las excursiones campestres, las representaciones teatrales, los mítines, etc.

Buscado por la policía, Galleani vive clandestinamente en Barre durante años, protegido por un conspicuo grupo de canteros emigrados de Carrara, y se dedica completamente a Cronaca Sovversiva, que consigue llegar a los grupos italianos de todos los rincones del mundo, de Estados Unidos a Europa, del norte de África a Sudamérica y Australia.

En 1905 publica Le salute è in voi!, “un sencillo folleto para todos aquellos compañeros que quieran educarse” -como se lee en Cronaca Sovversiva- en rojo, con la imagen de Ravachol en la portada; en realidad se trata de un manual para el uso de explosivos compilado años atrás por Ettore Molinari y adaptado por Galleani.

En el mismo año de 1905 va a Francia, donde permanece durante un breve periodo de tiempo con el vano intento de dar vida a alguna iniciativa insurreccional. De vuelta en los Estados Unidos comienza un largo periplo de conferencias, pero en diciembre de 1906 es detenido por la huelga de Paterson de casi cinco años antes. Extraditado a Nueva Jersey, es procesado en Paterson en abril de 1907. Rechaza jurar sobre la Biblia, pero al final es absuelto.

Tras su liberación escribe para Cronaca Sovversiva diversos artículos con el título “La fine dell’anarchismo?” en respuesta a la entrevista remitida a La Stampa por Francesco Saverio Merlino, anarquista convertido en socialista, manteniendo los argumentos del comunismo anárquico contra el socialismo reformista.

En 1912 el ejército italiano invade Libia, y en 1914 estalla la Primera Guerra Mundial: Galleani toma la palabra en cientos de ocasiones contra la guerra y el nacionalismo en Massachussets, Connecticut, Pennsylvania, Ohio, Illinois, Colorado y California, dando voz al antimilitarismo de los anarquistas con el célebre eslogan “contra la guerra, contra la paz, ¡por la revolución social!”

Junto a la propaganda antimilitarista, está en primera línea en los conflictos sociales y laborales. En estos años son extremadamente frecuentes y violentos, y se cuenta con una constante represión por obra de las diversas policías estatales, federales y privadas.

Acaba de volver de una viaje de propaganda por East Pennsylvania para apoyar a los mineros en huelga cuando, en octubre de 1916, es detenido acusado de incitación a la rebelión. Puesto en libertad con una fianza de diez mil dólares, comienza un nuevo periplo de conferencias en Michigan que le ocupa hasta final de año. La situación de los anarquistas se hace más crítica desde abril de 1917 en adelante, debido a la entrada de los Estados Unidos en la guerra. Cuando el Congreso aprueba un decreto por el que se obliga a todos los hombres residentes en suelo estadounidense a registrarse en mayo, él escribe el artículo “Matricolati!”, sugiriendo a los compañeros evitar el registro, visto como el primer paso hacia el servicio militar obligatorio. La policía prohíbe la expedición postal de Cronaca Sovversiva, y registra sus oficinas, cosa que hace también con la casa de Galleani, que es detenido con la acusación de conspirar contra el llamamiento a las armas y liberado bajo fianza (diez mil dólares). Al final será multado con trescientos dólares. Cronaca Sovversiva sigue difundiéndose, primero a través de un correo privado y después con medios propios, incluso en motocicleta. Las sedes de los grupos “galleanistas” esparcidos por Norteamérica son registradas más veces entre 1917 y 1918, y lo mismo ocurre nuevamente en las oficinas del periódico en febrero de 1918. El propio Galleani es detenido una vez más en mayo, y nuevamente puesto en libertad. En julio las autoridades declaran ilegal Cronaca Sovversiva, del que sin embargo son impresos clandestinamente otros dos números, cosa que también sucedió en esta época con otros periódicos anarquistas.

Finalmente, en octubre de 1918, el Congreso vota la expulsión de todos aquellos extranjeros residentes que se definan anarquistas, y el 24 de julio del siguiente año Galleani es deportado a Italia, dejando atrás mujer y cinco hijos. En respuesta a su deportación, los compañeros emprenden una campaña nacional con la música de paquetes bomba, que son enviados a decenas de autoridades estadounidenses consideradas responsables de la represión contra el movimiento.

Desembarcado en Génova, es detenido y liberado enseguida gracias a la presión de los trabajadores del puerto afiliados a la Federación de Trabajadores del Mar. El Bienio Rojo se halla en su cenit: los militantes italianos le piden que se haga cargo de la redacción del nuevo diario de ámbito nacional, Umanità Nova, pero él lo rechaza. Se va a vivir a Vercelli y después a Turín, donde, en febrero de 1920, comienza una nueva serie de Cronaca Sovversiva. Continúa colaborando con los compañeros de todas las tendencias, incluidos los partidarios de la organización, y mantiene siempre una excelente relación con Errico Malatesta, a quien tiene mucha estima, aunque no ahorra críticas a la fundación de la Unión Anarquista Italiana con ocasión del Congreso de Bolonia en julio de 1920.

Es obligado a volver a la clandestinidad, ya que la policía le busca por el contenido de algunos de sus artículos. Se presenta poco antes del comienzo del proceso y es condenado a un año y medio de prisión. Liberado en diciembre de 1923, a sus 64 años, sufre de diabetes y se dedica a rehacer sus artículos polémicos con Merlino, y a completar la traducción italiana de las memorias de Clemente Duval, antes de ser nuevamente detenido por la policía de Mussolini y confinado en Lipari. Liberado en 1930, pero bajo estrecha vigilancia, es hospedado por los compañeros Pasquale Binazi y Zelmira Peroni en Caprigliola (provincia de Massa), donde muere el 4 de noviembre de 1931.

L’Eretico, G. Pimpino, El vecc, Mentana, Minin: con cualquiera de los pseudónimos utilizados, Galleani siempre ha sido el mismo, coherente con una idea de anarquía ajena a cualquier compromiso. La determinación extrema con que ha defendido el propio anarquismo, su comportamiento ejemplar ante la autoridad, son elementos que han hecho de él un héroe para al menos dos generaciones de anarquistas.

Antonio Senta
http://www.nodo50.org/tierraylibertad/
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