Albert Richard Parsons (Vida y obra)

Albert ParsonsAlbert Richard Parsons (1848 – 1887) nació en Montgomery, Alabama (Estados Unidos), el 20 de junio de 1848 y murió en Chicago,(Estados Unidos) el  11 de noviembre de 1887.

Fue un anarquista y activista sindical, acusado de arrojar una bomba contra la policía durante la Revuelta de Haymarket. Fue condenado a muerte, aunque luego de ejecutada la sentencia se comprobó su inocencia.

Proveniente del Montgomery, Alabama, al sur de los EE.UU., fue un activista por la abolición de la esclavitud de los negros. Casado con Lucy Parsons, viajó a Chicago para actuar en defensa de los derechos de los obreros. Albert Parsons, que provenía del socialismo, desarrolló sus ideas anarquistas en Chicago y se convirtió en un activista del movimiento laboral, siendo además fundador de la International Working People’s Association (IWPA).

Recién llegado a Chicago, consiguió trabajo como escritor del Times. Luego en 1877, debido a sus abiertas posiciones a favor de los derechos de los trabajadores, fue señalado como subversivo y perdió su empleo en el periódico, además de pasar a integrar una lista negra de la patronal industrial. El superintendente de policía Michael Hickey le avisó a Parsons que abandonase Chicago durante este período porque su vida corría peligro. Parsons se volcó completamente a la militancia anarquista y en favor de la jornada laboral de 8 horas.

Además de su participación en la IWPA, Parsons estaba vinculado a los Knights of Labor (Caballeros del Trabajo) durante su período embrionario, una organización de estilo masónico; Parsons se unió a los Knights of Labor, el 4 de julio de 1876.

Fue juzgado y ahorcado por la acusación falsa de arrojar una bomba contra la policía durante la Revuelta de Haymarket. Entre los anarquistas de todo el mundo Parsons es recordado como uno de los cinco mártires de Haymarket. 

Obra.

Otras lecturas.

  • Alan Calmer, Labor Agitator: The Story of Albert R. Parsons. New York: International Publishers, 1937.

Enlaces externos.

Véase también.

 

Albert Parsons

Albert R. Parsons (arriba a la izquierda) y los otros "Mártires de Chicago"

Albert R. Parsons (arriba a la izquierda) y los otros “Mártires de Chicago”

En este Día del Trabajo quisiera honrar la memoria de Albert Richard Parsons.

Albert Richard Parsons. nació en Montgomery, Alabama, el 20 de junio de 1848.

A los cinco años Parsons quedó huérfano después de la muerte de ambos padres. Fue enviado a Texas y fue criado por su hermano mayor.

A los 11 años se trasladó a Parsons Waco, Texas, para vivir con una hermana.

Un año más tarde se convirtió en un aprendiz en el Galvaston Daily News.

En 1861 a los 13 años Parsons se ofreció para luchar por los estados confederados durante la guerra civil americana. Se convirtió en un miembro de una unidad irregular conocida como la “estrella solitaria grises” donde participó en la captura de las tropas de la Unión de Texas rumbo a Washington DC a través del Golfo de México.

Más tarde Parsons sirvió como un “mono de polvo” en una unidad de artillería y, a los 15 años, como un explorador en los exploradores McInoly en Arkansas. Después de la guerra regresó a Waco Parsons y comenzó su propio periódico, el Espectador . “En lo he defendido, con el general Longstreet, 

La aceptación, de buena fe, de los términos de la rendición, y con el apoyo del XIII, XIV, XV y enmiendas constitucionales y las medidas de reconstrucción que aseguran los derechos políticos de las personas de color,” Parsons establece en sus memorias. “Estaba fuertemente influido en la toma de este paso por respeto y amor por la memoria de mi querido ‘tía Pascua’, entonces muerta, y anteriormente un esclavo y la casa-sirviente de la familia de mi hermano, después de haber sido mi compañero constante y prácticamente crié yo, con gran bondad y el amor de una madre.”Parsons se convirtió en un republicano y“… incurrido con ello el odio y la injuria de muchos de mis antiguos compañeros de armas, vecinos, y el Ku Klux Klan. Mi carrera política estaba lleno de emoción y peligro.

Tomé el muñón para reivindicar mis convicciones. Los esclavos últimamente enfranchised más de una sección grande del país llegaron a conocer y me idolatran como su amigo y defensor, mientras que por el contrario fui considerado como hereje político y traidor por muchos de mis antiguos asociados.”En este peligroso y políticamente cargado Parsons atmósfera cerró el Espectador y se convirtió en un corresponsal itinerante para el Houston Daily Telegraph . Durante este tiempo conoció a Lucy Parsons González a quien describió como una “doncella española-india.” Los dos se casaron tres años después. Debido a los peligros de un matrimonio interracial a la altura del Ku Klux Klan terror los dos se trasladó a Chicago. Allí se alejó del Partido Republicano y se unió al Partido del Trabajo.

Él y su esposa se convirtió en activo en la organización del trabajo, la defensa de los derechos del trabajador y una jornada laboral de ocho horas. “Mi experiencia en el Partido del Trabajo también me había enseñado que el soborno, la intimidación, la duplicidad, la corrupción y demolición surgió de las condiciones que hicieron las personas que trabajan pobres y los ociosos ricos, y que en consecuencia las urnas no se podía hacer una índice de registrar la voluntad popular hasta que el degradante existente, empobreciendo, y esclavizando a las condiciones industriales fueron primero alterado “, dijo en sus memorias. en 1883 él y su esposa ayudó a organizar la Asociación Internacional de los trabajadores. en 1884 lanzó su propio periódico del alarma.

El 1 de mayo, 1886 Albert Parsons, Lucy Parsons y sus dos hijos llevó a 80.000 personas por la avenida Michigan de Chicago en el desfile del primero de mayo primera vez en apoyo de la jornada laboral de ocho horas. en los próximos días 340.000 trabajadores más se unieron a la huelga. el 4 de mayo Parsons fue uno de los oradores en Haymarket Square en Chicago, una gran manifestación organizada para protestar contra la violencia policial.

Ese evento finalizó con el lanzamiento de una bomba de dinamita. Alrededor del 60 policías  y 50 civiles resultaron heridas en el cuerpo a cuerpo que siguió. Siete policías y cuatro civiles murieron.

Aunque no se sabe quién arrojó la bomba, los líderes laborales fueron rodeados y detenidos. Como gesto de solidaridad Parsons se entregó a las autoridades de un mes después, a pesar de que ya había abandonado la reunión en el momento del bombardeo. Parsons y otros ocho hombres fueron posteriormente condenados por conspiracion y condenados a muerte. Uno de ellos habia conmutado su pena y otros tres suplicado clemencia. Parsons escribio su ultima carta desde la prision publicado en la alarma el 5 de noviembre.

 “Para otras manos se han comprometido dicha función y que era mío, en el trabajo y el deber, como editor de este trabajo Aunque caído, herido tal vez hasta la muerte, en la lucha por la libertad, la norma. La prensa – lo que mis manos llevaban en alto en medio de la lucha está atrapado por otras manos, y será una y otra vez, si es necesario, hasta que las olas la bandera carmesí en triunfo sobre los enemigos de la paz, la fraternidad y la felicidad y ahora que todo lo que digo:. no decaiga. desnuda las desigualdades del capitalismo; exponer la esclavitud de la ley; proclamar la tiranía del gobierno, denunciar la avaricia, la crueldad, las abominaciones de la clase privilegiada que antidisturbios y se deleitan en el trabajo de sus esclavos asalariados de despedida “.. 

Parsons, junto con otros cuatro dirigentes obreros fueron ahorcados el 10 de noviembre de 1887. 

No fue hasta 1938 con la aprobación de la Ley de Normas Razonables de Trabajo (redactado por el senador estadounidense Hugo Black de Ashland, Alabama), cuando los trabajadores de todos los sectores ganaron un mínimo salario, tiempo y medio garantizada por el tiempo excesivamente, y una semana laboral de cuarenta hora. 

 

 

ALBERTO R. PARSONS

(Nota biográfica)

Nació en Montgomery, Arkansas (Estados Unidos) en 1848. Sus padres murieron siendo él muy joven, y su hermano W. R. Parsons, que era General en el ejército confederado, pasó a Texas, llevándose consigo a su hermano Alberto. Allí recibió su educación en los colegios de Waco. Después aprendió a imprimir en el periódico Galveston News, y cuando estalló la guerra se fugó de casa de su hermano e ingresó en un Cuerpo de Artillería del ejército confederado. Poco tiempo después sirvió bajo las órdenes de su hermano, recibiendo señaladas distinciones por sus heroicidades.

Después de la guerra fue editor del periódico El Espectador, en Waco. Con gran disgusto de su hermano se hizo republicano, en cuyo partido figuró en primera fila. Ocupó dos veces puestos importantes en el gobierno federal de Austin y fue secretario del Senado del Estado de Texas. En Chicago trabajó algún tiempo en varias imprentas y se hizo un agitador temible entre las clases trabajadoras. Por sus méritos, fue nombrado maestro obrero del distrito 24 de los Caballeros del Trabajo y presidente de las asambleas de oficio, cargo que desempeñó tres años consecutivos. En 1879 fue nombrado candidato para la presidencia de los Estados Unidos por el Partido Socialista, lo que renunció por no tener los 35 años que pide la Constitución. En 1883 contribuyó a formar el programa de la Asociación Internacional de los Trabajadores en el Congreso de Pittsburg. Fue elegido candidato a la Consejería de Chicago varias veces; y finalmente, en 1884 fundó el periódico La Alarma, órgano del Grupo Americano.

Desde esa época, sus continuos servicios a la organización y su actividad incansable, como asimismo su palabra fluida y convincente, hicieron de Alberto R. Parsons una de las más importantes figuras que descollaban entre la pléyade de trabajadores ilustrados que dirigen el movimiento obrero en Norteamérica.

 

Discurso

La oración admirable de Parsons duró ocho horas, dos el día 8 y seis el día 9 de octubre de 1886. Como quiera que la sala se negó repetidas veces a conceder algún descanso al orador, faltóle a éste en ocasiones la memoria a causa de la postración física en que se hallaba. La sala dio también muestras de su impaciencia, contrariada por la firmeza y elocuencia razonadora de Parsons. Este, aun a costa de su salud, propuso no dejar en pie ni una sola de las acusaciones del ministerio fiscal y de los testigos, y lo consiguió cumplidamente.

Me preguntáis -comenzó diciendo- por qué razones no debe serme aplicada la pena de muerte, o lo que es lo mismo, ¿qué fundamentos hay para concederme una nueva prueba de mi inocencia? Yo os contesto y os digo que vuestro veredicto es el veredicto de la pasión, engendrado por la pasión, alimentado por la pasión y realizado, en fin, por la pasión de la ciudad de Chicago. Por este motivo, yo reclamo la suspensión de la sentencia y una nueva prueba inmediata. Esta es tan sólo una de las muchas razones que para ello tengo. ¿Y qué es la pasión? Es la suspensión de la razón, de los elementos de discernimiento, de reflexión y de justicia necesarios para llegar al conocimiento de la verdad. No podéis negar que vuestra sentencia es el resultado del odio de la prensa burguesa, de los monopolizadores del capital, de los explotadores del trabajo …

En los veinte años pasados, mi vida ha estado completamente identificada con el movimiento obrero en América, en el que tomé siempre una participación activa. Conozco, por tanto, este movimiento perfectamente, y cuanto de él diga en relación con este proceso no será más que la verdad, toda la verdad de los hechos.

Hay en los Estados Unidos, según el censo de 1880. dieciséis millones doscientos mil jornaleros. Estos son los que por su industria crean toda la riqueza de este país …

El jornalero es aquel que vive de un salario y no tiene otros medios de subsistencia que la venta de su trabajo hora por hora, día por día, año por año. Su trabajo es toda su propiedad; no posee más que su fuerza y sus manos. De aquellos diez millones de jornaleros sólo nueve millones son hombres; los demás son mujeres y niños. Si calculamos ahora que cada familia se compone de cinco personas, aquellos nueve millones de obreros representan cuarenta y cinco millones de individuos de toda nuestra población. Pues bien; toda esta gente que es la que crea la riqueza, como ya he dicho, depende en absoluto de la clase adinerada, de los propietarios.

Ahora bien, señores; yo como trabajador he expuesto los que creía justos clamores de la clase obrera, he defendido su derecho a la libertad y a disponer del trabajo y de los frutos del trabajo como le acomode. Me preguntáis por qué no debo ser ejecutado, y entiendo que esta pregunta implica también que deseáis saber por qué existe en este país una clase de gente que apela a vosotros para que no nos concedáis una nueva prueba. Yo creo que los representantes de los millonarios de Chicago organizados, que los representantes de la llamada Asociación de los ciudadanos de Chicago os reclama nuestra inmediata extinción por medio de una muerte ignominiosa.

Ellos de una parte y nosotros de otra. Vosotros os levantáis en medio representando la justicia. ¿Y qué justicia es la vuestra que lleva a la horca a hombres que no se les ha probado ningún delito …?

Este proceso se ha iniciado y se ha seguido contra nosotros; inspirado por los capitalistas, por los que creen que el pueblo no tiene más que un derecho y un deber, el de la obediencia. Ellos han dirigido el proceso hasta este momento, y como ha dicho muy bien Fielden, se nos ha acusado ostensiblemente de asesinos y se acaba por condenarnos como anarquistas …

… Pues bien: yo soy anarquista. ¿Qué es el socialismo o la anarquía? Brevemente definido, es el derecho de los productores al uso libre e igual de los instrumentos de trabajo y el derecho al producto de su labor. Tal es el socialismo. La historia de la humanidad es progresiva; es, al mismo tiempo, evolucionista y revolucionaria. La línea divisoria entre la evolución y la revolución jamás ha podido ser determinada. Evolución y revolución son sinónimos. La evolución es el periodo de incubación revolucionaria. El nacimiento es una revolución; su proceso de desarrollo, la evolución.

Primitivamente la tierra y los demás medios de vida pertenecían en común a todos los hombres. Luego se produjo un cambio por medio de la violencia, del robo y de la guerra. Más tarde la sociedad se dividió en dos clases: amos y esclavos. Después vino el sistema feudal y la servidumbre. Con el descubrimiento de América se transformó la vida comercial de Europa, y a la abolición de la servidumbre siguió el sistema del salario. El proletariado nació en la Revolución francesa de 1789 y 1793. Entonces fue cuando por primera vez se proclamó en Europa la libertad civil y política.

Con una simple hojeada a la historia se ve que el siglo XVI fue el siglo de la lucha por la libertad religiosa y de conciencia, esto es, la libertad del pensamiento; que los siglos XVII y XVIII fueron el prólogo de la gran Revolución francesa, que al proclamar la República instituyó el derecho a la libertad política; y hoy, siguiendo las leyes eternas del proceso y de la lógica, la lucha es puramente económica e industrial y tiende a la supresión del proletariado, de la miseria, del hambre y de la ignorancia. Nosotros somos aquí los representantes de esa clase próxima a emanciparse, y no porque nos ahorquéis dejará de verificarse el inevitable progreso de la humanidad.

¿Qué es la cuestión social? No es un asunto de sentimiento, no es una cuestión religiosa, no es un problema político; es un hecho económico externo, un hecho evidente e innegable. Tiene, sí, sus aspectos emocionales religiosos y políticos; pero la cuestión es, en su totalidad, una cuestión de pan, de lo que diariamente necesitamos para vivir. Tiene sus bases científicas, y yo voy a exponeros, según los mejores autores, los fundamentos del socialismo. El capital, capital artificial es el sobrante acumulado del trabajo, es el producto del trabajo. La función del capital se reduce actualmente a apropiarse y confiscar para su uso exclusivo y su beneficio el sobrante del trabajo de los que crean toda la riqueza. El capital es el privilegio de unos cuantos y no puede existir sin una mayoría cuyo modo de vida consiste en vender su trabajo a los capitalistas. El sistema capitalista está amparado por la ley, y de hecho la ley y el capital son una misma cosa. ¿Y qué es el trabajo? El trabajo es un ejercicio por el cual se paga un precio llamado salario. El que lo ejecuta, el obrero, lo vende, para vivir, a los poseedores del capital. El trabajo es la expresión de la energía y del poder productor. Esta energía y este poder han de venderse a otra persona, y en esa venta consiste el único medio de existencia para el obrero. Lo único que posee y que en realidad produce para sí es el jornal. Las sedas, los palacios, las joyas, son para otros. El sobrante de su trabajo no se le paga; pasa íntegro a los acaparadores del capital.

¡Ese es vuestro sistema capitalista!

Suspendida la sesión, tuvo Parsons que interrumpir su discurso. Lo reanudó a las diez de la mañana siguiente, haciendo un resumen de sus principales puntos de vista y examinando varios extremos del proceso.

En su propia defensa dijo, entre otras cosas, lo siguiente:

Yo no he violado ninguna ley de este país. Ni yo ni mis compañeros hemos abusado de los derechos de todo ciudadano de esta República. Nosotros hemos hecho uso del derecho constitucional a la propia defensa, nos hemos opuesto a que se arrebataran al pueblo americano aquellos derechos. Pero los que nos han procesado imaginan que nos han vencido porque se proponen ahorcar a siete hombres, siete hombres a quienes se quiere exterminar violando la ley, porque defienden sus inalienables derechos: porque apelan al derecho de la libre emisión del pensamiento y lo ejercitan, porque luchan en defensa propia. ¿Creéis, señores, que cuando nuestros cadáveres hayan sido arrojados al montón se habrá acabado todo? ¿Creéis que la guerra social se acabará estrangulándonos bárbaramente? ¡Ah no! Sobre vuestro veredicto quedará el del pueblo americano y el del mundo entero para demostraros vuestra injusticia y las injusticias sociales que nos llevan al cadalso; quedará el veredicto popular para decir que la guerra social no ha terminado por tan poca cosa.

La policía está armada con los fusiles modernos de Winchester y las organizaciones obreras carecen por completo de medios de defensa. Un fusil de aquellos cuesta 18 duros, y nosotros no podemos comprarlos a tal precio. ¿Qué deben hacer los trabajadores?

Una bomba de dinamita cuesta treinta céntimos y puede ser preparada por cualquiera. El fusil Winchester cuesta 18 duros. La diferencia es considerable. ¿Soy culpable por decir esto? ¿He de ser ahorcado por ello? ¿Qué es lo que yo he hecho? Buscad a los que han inventado esas cosas y ahorcados también. El General Sheridan ha dicho en el Congreso que la dinamita había sido un descubrimiento formidable que igualaba todas las fuerzas y que en las luchas que en lo futuro mantendrán las clases obreras podrán apelar a ella para hacer inútiles todos los ejércitos. Yo no he hecho más que citar sus palabras. ¿Y por esto se me acusa y se me condena?

Se me ha llamado aqui dinamitero. ¿Por qué?

El fusil ha sido un descubrimiento que ha democratizado al mundo, poniendo al pueblo en condiciones de luchar con los aristócratas y los poderosos. Hoy la dinamita realiza el mismo fenómeno porque implica la difusión del poder, porque hace a todos iguales. Los ejércitos y la policia no significan nada ante la dinamita. Nada pueden contra el pueblo. Así se disemina la fuerza y se establece el equilibrio. La fuerza es la ley del universo; la fuerza es la ley de la Naturaleza, y esta nueva fuerza descubierta hace a todos los hombres iguales, y por tanto libres …

(Muchas ilusiones se hacían entonces los propagandistas acerca del valor de este medio de lucha. No es sorprendente, porque las mismas gentes de orden, véase el General Sheridan, se lo daba también. La realidad echa por tierra tales ilusiones, y por si no fuera ello bastante, hace muy poco ha podido verse cómo los Estados, la fuerza organizada, apela a la melinita contra cualquier rebeldía que se le resista. No es necesario que saquemos la consecuencia.)

Ya he probado cómo fui al mitin de Haymarket sin plan previo y solicitado a última hora por mis amigos.

Ya sabéis que me acompañaron mi esposa, Miss Holmes, otras dos señoritas más y mis dos niños. Y ahora pregunto: ¿es posible que en tales circunstancias y en tales condiciones acudiese a un lugar donde se hubiese de desarrollar la trama de un complot para arrojar bombas de dinamita? Esto es increíble; está fuera de la naturaleza humana creer en la posibilidad de un hecho tan monstruoso …

Parsons termina su discurso con la relación del noble rasgo que le llevó a compartir las penas impuestas a sus camaradas:

Cuando vi que se había fijado el día de la vista de este proceso, juzgándome inocente y sintiendo asimismo que mi deber era estar al lado de mis compañeros y subir con ellos, si era preciso, al cadalso; que mi deber era también defender los derechos de los trabajadores y la causa de la libertad y combatír la opresión, regresé sin vacilar a esta ciudad. ¿Cómo volví? Esto es interesante, pero me falta tiempo para explicarlo. Fui desde Wankesha a Milwaukee, tomé el tren de Saint-Paúl en la estación de este último punto, por la mañana, y llegué a Chicago a eso de las ocho y media. Me diriji a casa de mi amiga Miss Ames, en la calle de Morgan. Hice venir a mí esposa y conversé con ella algún tiempo. Mandé aviso al Capitán Blanck que estaba aquí pronto a presentarme y constituirme preso. Me contestó que estaba dispuesto a recibirme. Vine y le encontré a la puerta de este edificio, subimos juntos y comparecí ante este tribunal.

Sólo tengo que añadir: aun en este momento no tengo por qué arrepentirme.

Si Parsons fue noble al presentarse espontáneamente a las autoridades de Chicago, nada hay comparable a sus últimas palabras:

Aun en este momento, no tengo por qué arrepentirme.

 

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