Joseph Albert, más conocido como Albert Libertad (Vida y obra)

Albert Libertad.

Albert Libertad.

Joseph Albert, más conocido como Albert Libertad (1875 -1908)  Nace el 24 de noviembre de 1875, de padres desconocidos, siendo confiado a la asistencia pública y muere en París,(Francia) el 12 de noviembre de 1908. fue un militante y escritor anarcoindividualista francés quien fundó la publicación anarquista L’anarchie.

Desde 1896, con 21 años, Libertad se convierte en un importante propagandista del anarquismo. A partir de 1899, colabora con Aristide Briand en la edición del periódico libertario “La lanterne”, con Sébastien Faure editando el “Journal du peuple” y entra entre 1900/1905 en la imprenta Lamy-Laffon. En 1901, escribe artículos en el “Journal du Syndicat des Correcteurs” y en “Droit de vivre”, apoyando por aquella época al grupo libertario “Les iconoclastes”.

Hacia 1902, será uno de los fundadores de la Ligue Antimilitariste, organismo de pretensiones revolucionarias. En ese mismo año y también en 1904, A. Libertad lanzará distintas campañas en pro del abstencionismo de lo político.

En abril de 1905, Libertad funda el periódico individualista “L’anarchie”. Diversos intelectuales colaborarán en el mismo, como André Lorulot, Mauricius, Léon Israël, y Émile Armand. En ocasión de el aniversario del 14 de julio, “L’anarchie” “imprimió y publicó el manifiesto “La bastilla de la autoridad” con 100,000 copias.

El anarquismo de Albert Libertad.

Junto con su activismo anarquista, Libertad solía organizar fiestas, bailes y excursiones al campo, debido a su visión del anarquismo como la “alegría de vivir” y no como sacrificio militante e instinto de muerte, buscando reconciliar los requerimientos del individuo (su necesidad de autonomía) con la necesidad de destruir a la sociedad autoritaria. De hecho, Libertad buscaba superar la dicotomía falsa entre la revuelta individual y la revolución social, enfatizando que la primera es simplemente un momento de la segunda, ciertamente no su negación. La revuelta solo puede nacer de la específica tensión individual, la cual, en su expansión, solo puede llevar a un proyecto de liberación social. Para Libertad, el anarquismo no consiste en vivir en forma separada de ningún contexto social en alguna torre de marfil o en alguna isla comunitaria feliz, tampoco en vivir en sumisión en roles sociales, posponiendo el momento de la rebelión. Y debido a esto, en esta perspectiva, la revuelta individual y la revolución social ya no se excluyen entre si, sino más bien se complementan.” 1

Véase también.

Referencias.

  1. L’Anarchie printed and distributed the manifesto “The Bastille of Authority” in one hundred thousand copies. Along with feverish activity against the social order, Libertad was usually also organizing feasts, dances and country excursions, in consequence of his vision of anarchism as the “joy of living” and not as militant sacrifice and death instinct, seeking to reconcile the requirements of the individual (in his need for autonomy) with the need to destroy authoritarian society. In fact, Libertad overcame the false dichotomy between individual revolt and social revolution, stressing that the first is simply a moment of the second, certainly not its negation. Revolt can only be born from the specific tension of the individual, which, in expanding itself, can only lead to a project of social liberation. For Libertad, anarchism doesn’t consist in living separated from any social context in some cold ivory tower or on some happy communitarian isle, nor in living in submission to social roles, putting off the moment when one puts one’s ideas into practice to the bitter end, but in living as anarchists here and now, without any concessions, in the only way possible: by rebelling. And this is why, in this perspective, individual revolt and social revolution no longer exclude each other, but rather complement each other“Machete” #1. “Bonnot and the Evangelists”

Bibliografía.

  • Albert Libertad, “Contra los pastores, contra los rebaños”, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2013. Traducción de Diego Luis Sanromán Peña. ISBN 978-84-15862-10-9
  • André Colomer, A nous deux, Patrie ! (capítulo XVIII: “Le Roman des Bandits Tragiques”), 1925
  • La ficción democrática. Albert Libertad. Sébastien Faure. Ricardo Mella. Prólogo: Rafael Cid. La Linterna Sorda. 2013. ISBN 9788493827359

Enlaces externos.

 

Albert Libertad – Actividad anarquista.

Leía yo con atención el artículo de Robert Delon y comprendía todo su alcance. Es, en efecto, el método uno de los más seguros auxiliares de la razón, uno de los mejores apoyos a la propaganda. Pensaba entonces en echar un vistazo retrospectivo al trabajo de estos últimos años. No quiero —puesto que considero el trabajo de gran utilidad— entrar hoy en el detalle de nuestros esfuerzos. Un simple vistazo tan solo.

Después de la propaganda de orden negativo que habíamos puesto en marcha por todo París, algunos amigos y yo decidimos, sin interrumpirla, comenzar una propaganda de orden positivo. Habíamos adquirido y mantenido para la primera de ellas un espíritu metódico que nos pareció debíamos conservar al comenzar la segunda. Solo después de haber afrontado toda la dificultad del trabajo positivo, decidimos ponerlo en marcha.

¿Hacia dónde nos encaminaríamos? Hacia dónde nos encaminamos todos nosotros, anarquistas, si no es hacia esa tierra comunista en la que nuestros individualismos podrían afirmarse? ¿Hacia dónde me encaminaba yo mismo, rabelesiano, si no es hacia esa abadía de Thelema[1] sobre cuya entrada resplandece el famoso «Haz lo que quieras»? Pero de inmediato comprendimos que no se fabrica a voluntad, con un golpe de varita mágica, un medio semejante, ni a los hombres que deben vivir en él.

Celosos del éxito y, en consecuencia, de asumir el buen método, comprendimos que no había que poner el carro delante de los bueyes y comenzamos, en octubre de 1902, a formar las Causeries populaires, agrupación anarquista —sin cotización, sin estatutos, sin inscripción—, que debía ayudarnos a reunir a los individuos.

Al principio, nuestras primeras asambleas tuvieron lugar en la trastienda de una vinatería. Allí esperamos pacientemente conseguir un núcleo lo bastante fuerte como para asegurar la vitalidad del grupo, así como reunir los primeros fondos para alquilar un local en el que pudiéramos liberarnos de casi todas las promiscuidades. Esto ocurrió en octubre de 1903, un año después.

Entretanto, sabiendo de la utilidad de tener varios centros, formábamos en Montmartre, en junio de 1904, gracias a la buena marcha del primero. En el distrito 13 y sobre las mismas bases, amigos nuestros formaban otra Causerie, que también se hizo con un local pasados seis meses.

Fue entonces cuando se volvió necesario, cuando se impuso la necesidad del órgano que reuniría a todos esos núcleos, a todos esos centros, y a otros núcleos, otros centros, que no habrían de dejar de surgir en provincias, o incluso uniría a ciertas individualidades con las susodichas agrupaciones.

¡Cómo actuar? ¡Siempre con el mismo método! Solicitamos, para empezar, un gran esfuerzo de aquellos que estaban interesados. Buscamos oportunidades, hojeamos publicaciones y, para hacer nuestro periódico, quisimos, antes que nada, tener una imprenta.

Ya en noviembre de 1904, las Causeries populaires podían elaborar pequeños manifiestos. En abril de 1905 aparecía el primer número de l’anarchie.[2] Organizábamos nosotros mismos la publicidad de nuestras conferencias y podíamos permitirnos la aparición de carteles y folletos.

Pero ¿duraría este ensayo? ¿Encontraría, entre tantas dificultades, fuerza para vivir? Sí. En abril de 1906, un año de existencia nos lo demostraba, y entonces decidimos completar el material de imprenta. El material era mucho. En julio de 1906 hicimos un llamamiento a nuestros camaradas, a aquellos que comprenden la forma de nuestra propaganda, para establecer, sobre bases sólidas, la imprenta de las Causeries populaires.

Unos pocos días más, incluso, si fuera necesario, hasta finales de año, y el trabajo estará hecho. Entonces comenzaremos con la escuela, la continuación lógica de nuestro trabajo. Trabajaremos para alcanzar mediante la escuela «anarquista» a los individuos menos aplastados, menos contaminados por el ambiente, más sanos y más fuertes. Desde ahora estudiamos los medios materiales el intelectuales que deberán asegurar su buena vitalidad.

Y solo cuando también esta experiencia haya conocido el éxito, creeremos tener los elementos necesarios para la formación de un medio libre o, mejor dicho, será entonces cuando se imponga por sí mismo, metódicamente. Desde la unidad habremos llegado al todo, desde el individuo al medio. Encontramos malas las demás formas de proceder y, para probarlo, empleamos el método contrario. Eso es todo.

Que no se nos suba a la cabeza también a nosotros; nos encontramos en el establecimiento casi definitivo de la imprenta de las Causeries populaires, para el cual aún tenemos necesidad de vosotros, camaradas. No levantemos castillos en el aire; velemos, de momento, por nuestro humilde chamizo.

A propósito de la imprenta, terminaré casi con un post-scriptum. Algunos imbéciles, que no pueden ver cómo se trabaja a su rededor sin sentirse fatigados, cacarean, dan vueltas y más vueltas, os escriben largas cartas incluso. «¿Qué significan vuestra tentativa y la tentativa de Girault[3]-Lorulot?[4] ¡Os estáis haciendo la competencia! ¿Adónde vais? ¿Cómo vais a triunfar? ¡Todo eso son celos individuales! ¿Por qué no os asociáis?» Descansad, oh fatigados. Por mucha tarea que haya, no será cosa vuestra. Al levantaros, al acostaros, estáis siempre cansados. Pero, de todos modos, ahí van algunas explicaciones.

Si hay dos tentativas, es porque las mismas causas producen los mismos efectos y porque la necesidad de un organismo de imprenta se hacía sentir en los medios anarquistas. Igual que las Causeries, también Girault había ya comenzado a reunir algo de material. No podría haber competencia en un trabajo anarquista, salvo la emulación de hacer lo más y mejor posible. ¿Adónde vamos? Si somos fuertes y obstinados en alcanzar el fin que nos hemos propuesto, triunfaremos poniendo el mayor método en nuestra actividad. No podría haber celos entre individuos. Puede haber, simplemente, divergencias en los fines o en los medios. Si tales tentativas no se fusionan, es que no hay afinidad entre ellas, es porque no tienen métodos paralelos. Hay que dejar, tanto a las agrupaciones como a los individuos, la forma de no servirse de la asociación más que cuando les convenga. Las ideas burguesas tienen millares de periódicos para hacerlas circular y, tan pronto aparecen dos imprentas que proponen la anarquía, ¿se habla de competencia? Harían falta centenares de ellas.

Ni los camaradas del Bureau de propagande ni los de las Causeries populaires se ocuparon al principio de lo que ocurría a su lado. Cuando las dos tentativas aparecieron, cada uno tuvo que examinar el proyecto del otro. No teniendo afinidad los individuos que se ocupaban de ambas y, sobre todo, siendo los métodos empleados absolutamente diferentes, comprendieron que no había posibilidad de fusión. Pero estoy convencido de que, en cada lado, han dejado un proyecto para adaptarse al otro, que convenía más a su temperamento, a sus desiderata o a la idea que se hacían de la propaganda. Esto es lo que resulta interesante.

Por mi parte, siempre he estado contra los medios libres fabricados antes de haber reunido los elementos, ensayado las afinidades. Lo que hacen los camaradas, en tal sentido, ¿estará bien? ¿estará mal? No lo sé. Creo que el método que siguen es malo; lo demostraba mediante la explicación del nuestro. Veremos los resultados.

Con el fin de que no haya malentendidos y para que los esfuerzos puedan dirigirse con conocimiento de causa, digamos que llamamos —en el periódico— a la tentativa de Girault y de Lorulot Imprenta de la Librería Internacionalista o de la Oficina de Propaganda, y aquella del que nosotros nos ocupamos, Imprenta de las Causeries populaires. Espero que los gruñones queden satisfechos.

Y que la actividad anarquista se multiplique, se desarrolle en todos los sentidos, pero que sea con el mayor método posible, pues no es el número de los esfuerzos el que obstaculiza la propaganda, son los esfuerzos malos y sin método.

Notas

[1] Abadía utópica descrita por Rabelais al final de su Gargantúa. Se trataba de un espléndido castillo destinado a la vida en común de jóvenes de ambos sexos, hermosos y ricos, que no habían de someterse más que a una sola regla, precisamente la que menciona Libertad: «Haz lo que quieras». Abadía de Thelema fue asimismo el nombre con el que Aleister Crowley bautizó a la comunidad mágica establecida en Céfalu (Sicilia) durante la década de los años veinte del siglo pasado.

[2] Semanario fundado por Libertad, que apareció todos los jueves entre el 13 de abril de 1905 y el 30 de julio de 1914 y del que están extraídos la mayor parte de los artículos de esta selección. Libertad publicaba en él bajo distintos seudónimos: Matar, le Baladeur (el Paseante), Rédan, Candide, le Grincheux (el Gruñón), Adamentos, L. A. Boirieux, etc. Tras su muerte (noviembre de 1908) asumirán sucesivamente la dirección del diario: Armandine Mahé, Jeanne Morand, Maurice Duflou y, finalmente, Lorulot, que lo instala en Romainville en el año 1910. Rirette Maitrejean y Víctor Kibalchich (el futuro Victor Serge), que asumen el cargo a partir del 13 de julio de 1911, llevan la publicación de vuelta a París en octubre de ese mismo año. Desde entonces, son Ernest Armand y Mauricíus quienes se ocupan de ella hasta su desaparición. En paralelo al semanario, l’anarchie publicó murales anti-electorales (El ganado electoral y El Criminal), carteles, tarjetas postales de propaganda. Además, y durante sus más de diez años de existencia, se dedicó a la edición y distribución de folletos y opúsculos anarquistas, cuyo listado completo puede encontrarse en http://cgecaf.com/mot.php3?id_mot=202 y en http://cgecaf.com/mot.php3?id_mot=203.

[3] Émile o Ernest Louis Girault, también apodado Angilleras o Angelleras (1871-1933). Obrero tipógrafo que fue anarquista y, más tarde, comunista. Colaboró en L’Aurore y también en Le Libertaire, donde defenderá una posición hostil al sindicalismo. En junio de 1904, participa en el Congreso Antimilitarista de Ámsterdam. Excelente orador, hizo multitud de giras dando conferencias —sobre todo, con Louise Michel, con quien estuvo en Argelia—. Sus discursos le valieron penas de prisión en diversas ocasiones.

[4] Georges André Roulot, conocido como André Lorulot (1885-1963). Propagandista anarco-individualista hasta 1914. En 1905 es arrestado durante ocho días por haber silbado al paso del coretejo del rey de España y despedido de la imprenta en la que trabajaba. Conoce, poco después, a Albert Libertad, con quien fundará l’anarchie y de cuya dirección se hará cargo tras el fallecimiento del primero. Al terminar la Gran Guerra, evoluciona hacia el comunismo.

Albert Libertad
 
Fuente: https://es.theanarchistlibrary.org/library/albert-libertad-actividad-anarquista
 
 

A los resignados (1905) – Albert Libertad

A los resignados
A los resignados (1905) - Albert Libertad

Albert Libertad (13 de abril 1905)

Odio a los resignados, tanto como a los inmundos, como a los poltrones.
Odio a los resignados, tanto como a los inmundos, como a los poltrones.
¡Odio la resignación! Odio la inmundicia, odio la inacción.
Odio al enfermo abatido por alguna fiebre maligna; odio al enfermo imaginario que con un poco de voluntad podría ponerse en pie.
Compadezco al hombre encadenado, rodeado de guardianes, aplastado por el peso del hierro y del número.
Odio a los soldados, postrados por el peso de un galón o tres estrellas; a los trabajadores, postrados por el peso del capital.
Estimo al hombre que dice lo que siente allí donde se encuentra; odio al votante en perpetua conquista de una mayoría.
Estimo al sabio aplastado bajo el peso de la investigación científica, odio al individuo que se postra bajo el peso de una fuerza desconocida, de una X cualquiera, de un Dios.
Odio a todos aquellos que cediendo a otros, por miedo, por resignación, una parte de su fuerza de hombres, no sólo se aplastan a sí mismos, sino también a mí, a todo lo que yo amo, bajo el peso de su infame concurso o de su estúpida inercia.
Odio, sí, los odio porque lo siento, siento que no me postro ante el galón del oficial, ante la banda del alcalde, ante el oro del capitalista, ante todas sus morales y religiones; desde hace tiempo sé que todo esto no son más que fruslerías que se rompen como el cristal… Yo estoy postrado bajo el peso de la resignación de otros. Odio la resignación.
Amo la vida.
Quiero vivir, no mezquinamente como los que no satisfacen más que una parte de sus músculos, de sus nervios, sino yendo más allá, satisfaciendo tanto los músculos faciales como los de las piernas, los riñones tanto como el cerebro.
No quiero entregar una parte del ahora a cambio de una parte ficticia del mañana, no quiero ceder nada del presente a cambio del viento del porvenir.
No quiero postrar nada de mí bajo las palabras “patria, Dios, honor”. Conozco muy bien el vacío de estas palabras: fantasmas religiosos y laicos.
Me burlo de las pensiones, de los paraísos; esperanzas utilizadas por el capital y la religión para mantener la resignación.
Me río de todos los que acumulan para la vejez y se privan en la juventud; de aquellos que, para comer a los sesenta, ayunan a los veinte.
Quiero comer mientras tenga los dientes fuertes para desgarrar y triturar carnes suculentas y saludables frutas, mientras mis jugos gástricos digieran sin ningún problema; quiero saciar mi sed con líquidos refrescantes y tónicos.
Quiero amar a las mujeres, o a la mujer que más convenga a nuestros comunes deseos, y no quiero resignarme a la familia, a la ley, al Código; nadie tiene derecho sobre nuestros cuerpos. Tu quieres, yo quiero.
Burlémonos de la familia, de la ley, antiguas formas de resignación.
Pero eso no es todo: puesto que tengo ojos y oídos quiero, además de comer, beber y hacer el amor, disfrutar de otras maneras. Quiero ver hermosas esculturas, hermosas pinturas, admirar a Rodin o a Monet. Quiero escuchar las mejores óperas de Beethoven o de Wagner. Quiero conocer los clásicos de la comedia, repasar el bagaje literario y artístico que ha ligado a los hombres del pasado con los del presente; o mejor, repasar la obra por siempre inacabada de la humanidad.
Quiero gozo para mí, para la compañera que elija, para mis hijos, para mis amigos. _ Quiero una casa para descansar agradablemente los ojos una vez terminado el trabajo.Porque quiero el gozo del trabajo también, ese gozo sano, ese gozo fuerte.
Quiero que mi brazos usen la sierra, el martillo, la pala, la guadaña. Que los músculos se desarrollen, que la caja torácica ensanche con movimientos fuertes, útiles y razonados.
Quiero ser útil, quiero que seamos útiles. Quiero ser útil a mi vecino y quiero que mi vecino me sea útil a mí. Deseo que hagamos más porque mi necesidad de gozar es insaciable. Y es porque quiero gozar que no me resigno.
Sí, sí, quiero producir, pero quiero gozar; quiero amasar la harina, pero comer el mejor pan; hacer la vendimia, pero beber el mejor vino; construir una casa, pero vivir en el mejor alojamiento; construir muebles, pero poseer también lo útil, ver lo bello; quiero hacer teatros, pero tan grandes que puedan alojar a todos mis compañeros.
Quiero participar en la producción, pero también en el consumo.
Hay hombres que sueñan con producir para dejar a otros, oh ironía, la mejor parte de sus esfuerzos; yo quiero, unido libremente con otros, producir pero también consumir.
Resignados, mirad, escupo a vuestros ídolos, escupo a Dios, escupo a la Patria, escupo a Cristo, escupo a todas las banderas, escupo al capital y al Toisón de Oro, escupo a las Religiones: fruslerías, yo me mofo, me río de todas ellas…
No son nada sin vosotros, abandonadlas y se desharán como migajas.
Vosotros sois por tanto una fuerza, oh resignados, una de esas fuerzas ignoradas, pero que no por eso deja de ser fuerza, y no puedo escupir sobre vosotros, sólo puedo odiaros … o amaros.
Por encima de todos mis deseos está el de ver sacudiros vuestra resignación en un terrible despertar de vida.
No hay ningún paraíso futuro, no hay porvenir, no hay sino presente.
¡Vivamos!
¡Vivamos! La resignación es la muerte.
La rebelión es la vida.

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