Salvador Seguí, “El Noi del Sucre” (Vida y obra)

 Salvador Segui (CNT).JPGSalvador Seguí Rubinat nacio en Tornabous, el 23 de diciembre de 1886 y fue asesinado en  Barcelona, 10 de marzo de 1923), conocido como El noi del sucre (‘El chico del azúcar’), fue una de las personas más destacados del anarcosindicalismo de España de principios del siglo XX. Buscó dar un nuevo impulso a la lucha proletaria sin olvidar las esencias de su ideario anarquista.

Se formó como pintor, profesión que siempre ejerció y con la que se ganó el sustento. Ya desde muy joven mostró inquietud por la política y por las ideas libertarias; seguidor de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer Guardia y de varios autores como Sorel, Kropotkin, Reclus o Cornelissen, en su formación autodidacta también se relacionó con personajes culturales y políticos de la época, y con miembros y participantes del Ateneu Enciclopèdic Popular, como Francesc Layret.1

Propulsó la formación y educación de las clases obreras desde los sindicatos como armas revolucionarias: la preparación intelectual, cultural y técnica de los trabajadores.

Fue presidente del Ateneo Sindicalista de la calle de Ponent de Barcelona, donde fundó y organizó su biblioteca en 1915,2 lugar en el cual se asumieron funciones de centro superior de estudios sindicalistas y anarquistas.

Placa en homenaje a Salvador Seguí en Barcelona.

Impulsor de la creación de Solidaridad Obrera, formando parte del consejo directivo (como vocal) durante un tiempo. En 1916 inicia las negociaciones para una pacto de unidad de acción entre la CNT y la UGT como frente único del movimiento obrero español que comportó inicialmente una huelga general de 24 horas como protesta por el aumento de precio de subsistencias y que continuó con una huelga general indefinida, en 1917, en petición al Gobierno español de un sistema que garantizara a la población el desarrollo de actividades emancipadoras y mínimas condiciones de calidad de vida.

Elegido secretario general de la CNT de Cataluña en el Congreso Regional celebrado en Sants, en 1918, propuso que fuera permitida la intervención de los maestros racionalistas en aspectos de sindicatos “siempre que se organizaran corporativamente”; respaldado por la totalidad de delegados a su favor fue adoptado como resolución.

En congresos posteriores, junto a Ángel Pestaña y Juan Peiró se opuso a acciones más exaltadas llevadas a cabo por otros miembros de la CNT.3 Cabe mencionar el celebrado en el Teatro de la Comedia (Madrid) o el Pleno de regionales de Zaragoza en los que presentaron la proposición de retirada de la CNT de la Tercera Internacional.

Lápida de Salvador Seguí en el cementerio de Montjuic

Fue detenido en diversas ocasiones a causa de su actividad anarcosindicalista. Durante la huelga de La Canadiense se encontraba preso pero fue liberado el mismo día en que se desconvocó y pudo poner en evidencia sus grandes dotes de orador en la asamblea organizada por el comité de huelga, en la Plaza de toros de las Arenas de Barcelona para informar sobre los acuerdos llegados con el gobierno. En noviembre de 1920 y junto con Lluís Companys, el sindicalista Martí Barrera y hasta treinta y seis personas más, fue deportado al castillo de la Mola (Mahón).

El 10 de marzo de 1923, en plena maduración por promover entre los trabajadores la idea de la emancipación como motor de una sociedad existente, fue asesinado de un tiro en la esquina de la calle Cadena con Sant Rafael, en el barrio del Raval de Barcelona, por pistoleros blancos del Sindicato Libre4 de la patronal catalana, protegida por el Gobernador Civil de Barcelona Martínez Anido,5 agrupada en torno a la Lliga Regionalista. En el mismo episodio dejaron malherido al también anarcosindicalista Francisco Comes, conocido como “Perones”, que moriría pocos días después.

Ha recibido varios homenajes posteriores a su muerte, como la Fundación Salvador Seguí. Está enterrado en el cementerio de Montjuïc de Barcelona.

Referencias

  1. Volver arriba Aisa, Ferran. Una història de Barcelona, Ateneu Enciclopèdic Popular (1902-1999). Lallevir SL / Virus editorial, Barcelona,2000
  2. Volver arriba Solà, Pere. (1976) Las escuelas racionalistas en Cataluña (1909-1939). Tusquets editor:Barcelona. ISBN84-7223-711-7
  3. Volver arriba Raymond Carr (2002). Modern Spain, 1875-1980. Oxford University Press. ISBN 0-19-280129-5.
  4. Volver arriba Autores varios.Història de la cultura catalana. Edicions 62, Barcelona, 1999
  5. Volver arriba Daniel Guérin, (2006). No Gods, No Masters: An Anthology of Anarchism. AK PressPolitics. ISBN 1-904859-25-9.

Bibliografía

  • Peirats, José. La CNT en la revolución española. Paris, Ruedo Ibérico, 2ª Ed, 1971.
  • Huertas Clavería, Josep M. Salvador Seguí “ el noi del sucre”; materials per una biografía. Barcelona. Laia, 1976.
  • Fundación Salvador Seguí. Las relaciones entre la UGT y la CNT. Apéndice Ramón Álvarez. Madrid, F.S.S, 1989.
  • Bar, Antonio. La CNT en los años rojos: del sindicalismo revolucionario al anarcosindicalismo. 1910-1026. Madrid, Akal D.L, 1981.
  • Seguí, Salvador. Narraciones. anarco-sindicalistas de los años veinte / Salvador Seguí…[et al.], Barcelona, Icaria, 1978.
  • Edición de Antonio Elorza. Artículos madrileños de Salvador Seguí. Madrid, Editorial Cuadernos para el diálogo, S.A., 1976.
  • Pere Foix. Apòstols i mercaders. Barcelona, Editorial Nova Terra, 1976.

Enlaces externos

 

 

Salvador Seguí: obrero, organizador de obreros.

Cuando llega la paz en 1918, tras terminar la Gran Guerra, Barcelona se convierte en una ciudad a la deriva, con legiones de parados y excluidos sociales. A la prosperidad provisional y artificial de los años de guerra sucederá el caos. La capital catalana se ha superpoblado desmesuradamente como consecuencia de la atracción que ejercían las industrias bélicas sobre las provincias pobres. Además, en las últimas, fases del conflicto, Barcelona se había convertido en un poderoso centro de espionaje.
 
La ciudad está infestada de agentes dobles, provocadores de todas categorías y de una población desocupada, exasperada, lista para cualquier locura producto de la desesperación y la imperiosa necesidad de comer que tenemos todos los humanos, cosa que nunca les importó a los capitalistas, nuestra desgracia es su fortuna. La tensión social está al rojo vivo, dos grados por debajo del punto de ebullición. Este ambiente de revolución social se ve  incesantemente acrecentado por la presencia de las masas marginadas, puesto que ya no les queda más que perder.
 
La consecuencia será que, durante los años que van desde el fin de la guerra a la dictadura de Primo de Rivera, la capital de Cataluña va a ser agitada por violentas e incontrolables sacudidas. El enfrentamiento entre las fuerzas sindicales y las del orden burgués revestirá dos formas: en primer lugar un desafío al estilo clásico entre la potente CNT y la Patronal catalana; y en segundo lugar una lucha áspera, nocturna y sangrienta, al oponerse los turbulentos elementos de los bandos presentes.
 
Entre las filas del anarcosindicalismo militan algunas figuras claves que intentan organizar mejor la lucha, Salvador Seguí, denominado familiarmente el «Noi del Sucre» es uno de ellos.  Su excepcional personalidad va a dominar la inmediata posguerra. Dará un nuevo acento al anarcosindicalismo. Seguí no podrá ser acusado de tibieza, ni siquiera de moderación, ya que él nunca olvidará los objetivos últimos de la lucha revolucionaria. Sin embargo, un prudente sentido político, un realismo constante, un evidente talento de organizador le protege de líricas ilusiones que constituían la tentación permanente de los desesperados de la gran ciudad, cosa bastante lógica, puesto que el que lleva días sin comer quiere la revolución ya, sin pensar en planificaciones, lo que quiere es que mañana sea su último día de hambre.
Gracias a la solidaridad entre obreros y campesinos se pudo paliar un poco esa hambre extrema, aunque no era suficiente con la solidaridad entre iguales, había que organizarse y luchar en conjunto contra los enemigos del pueblo, los administradores de la miseria. Nada se conseguiría con las acciones a título personal, sólo más muertos y presos, las cárceles ya estaban repletas de buenos anarquistas, había que organizar las acciones y evitar en todo momento la mano de la “justicia” estatal.

Salvador Seguí con Salvador Quemades (izq) y Ángel Pestaña

 
Salvador Seguí constituye una muestra importante de autoeducación. Nacido en Lérida en 1890, se adhiere al sindicato de pintores. En 1907 su actividad de militante le lleva a ser encarcelado. Orador nato, ejerce una influencia extraordinaria sobre los auditorios proletarios. Pero su prestigio no se limita tan sólo a las clases trabajadoras. La burguesía liberal le otorga su estimación: Seguí se volverá un sindicalista inexorable, se pronunciará siempre contra la violencia ciega. Es un político lleno de calor humano, amante del teatro y de la música, lector de Nietzsche -se dice- aunque no se deja llevar por romanticismos inútiles. Es el hombre de lo posible. Busca caminos realistas en el propio seno de las organizaciones obreras para así llegar a la utopía.

No posee las mismas prevenciones contra la izquierda burguesa que los representantes extremistas de su movimiento. En múltiples ocasiones se esforzará en realizar la alianza entre los sindicatos anarquistas (CNT) y los sindicatos socialistas (UGT), cosa que hoy sería absolutamente imposible, puesto que los de UGT son parte del problema y nunca la solución. La resistencia de los militantes va a sacrificar estos proyectos, la unidad de lucha no fue posible.

Esta tentativa aclara los objetivos y los métodos de Seguí. Más que esperar un cambio instantáneo, un salto a la edad de oro, gracias a una especie de milagro, Seguí prefiere realizar un paso adelante cada día, sin prisa ni fiebre, cuidando de no arruinar todos los progresos logrados por el desencadenamiento prematuro de la tempestad, pasito a pasito pero sin retroceder jamás, ni para coger impulso.

 
Él mismo definirá la relación entre el sindicalismo y el anarquismo como una relación entre lo real y lo ideal, teniendo éste una solución lejana, y no exigiendo que se deba recurrir, para alcanzarla, bien sea a la huelga sistemática, o al atentado personal. La violencia o la reacción poco medida siempre es mala consejera, los anarquistas no son asesinos, son humanitarios antes que ninguna otra cosa, les horroriza ver correr la sangre, aunque siempre intentarán que esa sangre no sea la suya.
La primera preocupación de Seguí fuera reorganizar a la CNT. El sindicato hasta entonces estaba dividido por oficios. De ahí resultaba un agotamiento de la acción reivindicativa. Seguí sustituirá esta estructura por la de los Sindicatos Únicos de Ramo, es decir, un sindicato único para cada rama de la industria, agrupando las organizaciones por oficios. Gracias a estas transformaciones, la acción reivindicativa podrá radicalizarse y democratizarse al mismo tiempo.

La masa de trabajadores no especializados va a intervenir en la lucha junto a los especializados, que de ahora en adelante asumirán todo el peso de la lucha. Estas decisiones, llevadas tanto sobre las estructuras como sobre los métodos de lucha, Seguí va a ratificarlas en junio y julio de 1918 en el Congreso de Sants. En este mismo congreso se dará a conocer otro líder, muy próximo pero al mismo tiempo muy distinto a Seguí, se trata de Ángel Pestaña.

 

Ángel Pestaña Núñez es considerado como una de las figuras más destacadas del anarcosindicalismo español. Huérfano de su padre desde niño y sin haber conocido a su madre ni a su hermana; se vio obligado desde pequeño a ganarse el sustento, por lo que trabajó en diversos oficios por toda la cornisa cantábrica , en una situación de desarraigo hasta aprender finalmente la profesión de relojero. Después de viajar por España, Francia y el norte de África, fijó su residencia en Barcelona, ingresando en la CNT y colaborando en el periódico anarquista “Tierra y Libertad”.

Llega a ser el director de Solidaridad Obrera, órgano de expresión de la CNT, desde donde inicia una valiente campaña contra el jefe de policía Bravo Portillo, a quien acusó, con pruebas, de ser un espía de los alemanes.En marzo de 1920 salió de España en representación de la CNT para asistir al II Congreso de la Internacional Comunista; celebrado en el verano de aquel año; y fue uno de los escasos delegados que se atrevieron a enfrentarse a la línea impuesta por los comunistas.

Al principio, Ángel Pestaña; como la mayoría de los libertarios, simpatizaba con la revolución rusa como cuestión de principio, pero le alarmaba la hegemonía del Partido Comunista, que hacía presentir la dictadura de un partido sobre el proletariado. Pestaña acusó a Lenin de “autoritario y absorvente”; y ve en el comunismo bolchevique un régimen dictatorial instalado sobre la miseria colectiva, y en la dictadura de un partido el falseamiento de la revolución popular.
Nacido en un pueblecito de las montañas de León, muy pronto queda huérfano. Pestaña tuvo una infancia muy difícil; más tarde aprende el oficio de relojero y llega a Barcelona en 1914, donde su primera acción es ir a saludar a Anselmo Lorenzo. Pestaña es de temperamento metódico, excelente organizador, provisto de una vasta cultura histórica y filosófica, tenía en su comportamiento cotidiano algo de puritano y asceta. Esto le permitía, en los momentos difíciles, disfrazarse de sacerdote, para escapar de sus perseguidores…

Pestaña y Seguí, los dos primeros empezando por la izq

Pestaña y Seguí, los dos primeros empezando por la izq

El Congreso de Sants se pronuncia en favor del apoliticismo y de la acción directa pero, en el espíritu de Seguí, nada tiene que ver con las fantasías que alimentaban los libertarios de los tiempos heroicos. La acción directa no está relacionada con los atentados individuales o con la intención de perjudicar a los esquiroles. Acción directa significa ante todo acción directa ejercida por los obreros, sin que nadie intervenga entre el patronato y el proletariado.

Esta acción puede ser violenta o no, no se excluye la violencia en caso de autodefensa, en algunos casos es imprescindible, pero siempre huyendo del odio cegador, había que mantener la cabeza fría y tener claro que los asesinos y los criminales siempre son los capitalistas. El pueblo dispone de un arma esencial, la huelga general, cuyo objetivo es doble: obtener mejoras materiales y preparar los cambios fundamentales para el futuro.

Seguí y Pestaña llevan a cabo un esfuerzo tenaz para conjurar las tentaciones que el caos general, la desmoralización y la angustia -al igual que el éxito bolchevique en Rusia- hacen sentir en los anarcosindicalistas. Los hombres de negocios catalanes comprenden que tienen frente a ellos a un adversario que surge reforzado de la reorganización que él mismo ha conducido a feliz término. Reaccionan con la formación de una «Federación patronal», que se opondrá a la CNT, en una guerra sin cuartel, hasta 1923, es el tiempo de los sicarios asesinos contratados por la patronal para acallar las voces más influyentes del anarcosindicalismo barcelonés.
Inicios de la huelga de la canadiense

Inicios de la huelga de la canadiense

 La CNT de Seguí no tardará en afrontar la prueba del fuego, con motivo de la huelga de la «Canadiense». Se denomina así a una importante empresa de electricidad de Barcelona, dirigida por el canadiense Peter Lawton. Estalla la huelga en febrero de 1919. La CNT, gracias a la nueva estructura, da pruebas de su eficacia. Las restantes empresas de gas y electricidad de Barcelona van a la huelga por solidaridad. La ciudad queda sumida en la oscuridad. Otras ramas, empezando por la textil, se contagian. Un mes después, el setenta por ciento de las fábricas de Barcelona están paralizadas y también numerosos servicios públicos, comprendidos los de pompas fúnebres.
El gobierno replica declarando el estado de sitio en toda la provincia de Barcelona. Al mismo tiempo, e intentando poner en marcha la mermada economía, los poderes públicos disponen el requerimiento de ciertos trabajadores, pero los obreros de las artes gráficas replican con lo que se ha llamado la «censura roja»; no imponen el decreto gubernamental sobre la movilización de los huelguistas, según el acuerdo del Sindicato único del ramo de los impresores.
 
 La Canadiense, auténtica picadora de carne humana

La Canadiense, auténtica picadora de carne humana

Esta importante cohesión obrera, reforzada ante las amenazas del gobierno, llega a impresionar. Pero la situación material de los obreros empeora rápidamente, y Seguí, que controla perfectamente la operación, inicia las negociaciones a mediados de marzo, cuarenta días después de haberse iniciado la huelga. Varias categorías de trabajadores obtienen ventajas substanciales. La jornada de ocho horas se extiende por todas las ramas de la industria. Es un éxito. Ha sido adquirido por la demostración pacífica de la fuerza obrera. No se ha manchado en ningún momento por la violencia.

La vuelta a la normalidad no durará mucho tiempo. Algunos obreros son arrestados y permanecen en prisión. La solidaridad vuelve a extenderse. La huelga estalla de nuevo el 24 de marzo, pronto se hace general, ya que, según Fernández Almagro, en su Historia del reinado de Alfonso XIII, cien mil trabajadores observan la huelga (mientras que en 1892, para reclamar la jornada de nueve horas, solamente cuarenta y cinco mil trabajadores habían dejado el trabajo en Barcelona). Ante esta vuelta a la agitación, las autoridades, que no conocen más que un remedio efectivo, decretan nuevamente el estado de sitio.

La ciudad es ocupada militarmente, y una especie de guardia cívica burguesa, el somatén, trata de instaurar un cierto tipo de vida económica. Se enrolan ocho mil voluntarios. Son detenidos muchos trabajadores, sobre todo aquellos dirigentes de los sindicatos cuya actividad está jurídicamente suspendida. Y, sin embargo, la Federación Patronal encuentra el medio de reprochar al gobierno su debilidad y su suavidad: considera que han cedido demasiado a los sindicalistas durante las negociaciones del mes de marzo, tras la primera huelga de la «Canadiense». En cuanto a los sindicalistas, vencedores en marzo, pierden su prestigio con este nuevo empuje de la huelga, que sirve de pretexto para la reorganización patronal, sin llegar a resultados positivos.

Pero las cosas son muy complejas, pues las pretensiones patronales se explican mejor si las situamos en un contexto local, es decir, en el marco de la rivalidad permanente que existe entre Barcelona y el resto de España. La mayor parte de patronos catalanes deseaban que se presentara a las Cortes un estatuto de autonomía para Cataluña. Es cierto que un principio de descentralización había sido más o menos adquirido antes de las huelgas. Pero el malestar social retrasó su realización. Por lo tanto, ahora se entiende que los patronos terminaran por sospechar que el gobierno de Madrid tenía tratos con los huelguistas a fin de mantener el dominio de Madrid sobre Barcelona. Según esta hipótesis -la cual dista de estar sostenida por todos los historiadores- el gobierno habría actuado bajo mano para prolongar la huelga, mostrándose aparentemente conciliador. Esta era una manera de frenar el nacionalismo catalán.

En esta disputa, los anarquistas van a mostrar la máxima prudencia. No obstante, se les acusará de haberse vendido a los emisarios de Madrid. Resentido de haber perdido en los dos terrenos, en el económico y en el político, el patronato catalán se endurece: se rodea de representantes del ejército en Barcelona, partidarios en su mayoría de las medidas de fuerza mucho más que los gobernadores civiles.

En julio de 1919 cuando está en el poder el gabinete del conservador Sánchez de Toca, se inclinan de nuevo por acceder a la conciliación bajo la influencia del ministro del Interior. El social-católico Burgos y Mazo prepara una fórmula intermedia para la creación de comisiones mixtas de patronos y obreros; los jefes de empresa aceptan, después sabotean el proyecto que Seguí, tras duras dificultades había hecho admitir a la CNT. Aún más: se preparan para el contraataque, que se desencadenará a partir del otoño, debido a una situación más grave, el lock-out, mientras que en Madrid el poder cae en manos de un gobierno menos preocupado y abierto por las cuestiones sociales que el precedente.

Las consecuencias del lock-out serán dramáticas: doscientos mil trabajadores son despedidos de sus trabajos. Angustia, resignación, hambre, son el principio de una serie de problemas mucho más peligrosos que los que han precedido. El lock-out marca el final del período (junio de 1918-noviembre de 1919) en que Seguí junto con Pestaña y muchos otros anarcosindicalistas consiguieron la unidad de lucha y una fuerte organización basada en las cajas de resistencia, en la solidaridad y el apoyo mutuo. A partir de ahora, se entra en una época de guerrillas confusas y salvajes que evoca mejor el Chicago de los años treinta que las grandes luchas obreras. Salvador terminó siendo asesinado por los gángsters capitalistas en 1923.

Flores depositadas en el lugar donde “El Noi del Sucre” fue asesinado

Fuente:

“Los anarquistas españoles”. Jean Becarud y Gilles Lapouge

 

 

Articulo escrito por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Salvador Seguí, el “Noi de Sucre” (el chico del azúcar) es una de las mayores leyendas del sindicalismo revolucionario en general y de Cataluña en particular, un ejemplo que siguió vivo a través del tiempo en el corazón de los sindicalistas que han tratado de unir la lucha con la inteligencia, la autonomía con la unidad. Está vivo por ejemplo en la lucha de los compañeros de SEAT que persisten en su huelga de hambre alumbrando conciencias dormidas.

Salvador Seguí Rubinat, conocido también como el «Noi de Sucre», siguió estando presente en la memoria de los que trataron de seguir su ejemplo. Era un nombre que se sentía entre los trabajadores en la España del silencio y el terror franquista…Para Francecs Pedra, mi “papá” político, era como alguien de la familia, y en la primera ocasión que tuvo me llevó a la calle Carretas, al lugar justo donde fue asesinado por sicarios de la patronal. Un lugar en el que durante mucho tiempo no faltaron ramos de flores, depositadas por las compañeras a las que el sistema las obligaba a ejercer la prostitución, y con las que Salvador, mostró siempre una sensibilidad reivindicativa.

Su intensa vida militante llena toda una época del sindicalismo catalán del que sería su figura más destacada; su trayectoria todavía es base de una amplia controversia sobre sus ribetes más o menos políticos e ideológicos (Lleida, 1887-Barcelona, 1923). Su formación escolar acaba a los 12 años después de la cual entre a trabajar como aprendiz de pintor, salta de taller en taller por su espíritu «contestatario» y trabaja como pintor de brocha gorda. Ya en 1902, el «Noi» sufre su primera detención por su participación en una huelga del metal y actúa junto con los grupos específicos más audaces y violentos. En 1904 utiliza su seudónimo por primera vez (que se atribuye a su gusto por el azúcar), en artículos y discursos. En 1907 será encarcelado por siete meses en el cuadro de los enfrentamientos con el «lerrouxismo», siendo involucrado en los hechos del teatro Condal. No está demostrada su participación en la Semana Trágica aunque sí que tuvo que refugiarse en Gualva o Palautorderá. Participa en la formación de Solidaridad obrera como delegado en el congreso de 1908 y en la creación de la CNT, así como en la huelga general de 1911, año en el que asiste, en Marsella, a un encuentro proletario internacional…

Su actividad será ciertamente incesante: motín del hambre de 1914, campaña Queraltó, Asamblea de Valencia, Pacto de Zaragoza de 1916, preside el sindicato de la construcción barcelonés, impulsa el movimiento sindical en su patria chica; secretario de la CNT catalana en 1916, ofrece numerosas conferencias y mítines por toda Cataluña. En 1917 inspira la línea confederal en el comité de huelga en alianza con la UGT (como ya había ocurrido el 16 de diciembre de 1916, como consecuencia del Pacto de Zaragoza), y preconiza la proclamación de la República, la supresión del Ejército, la separación de la Iglesia y el Estado y otras reivindicaciones obreras tradicionales…

En 1918, Seguí será el artífice del determinante Congreso de Sants abogando por los sindicatos únicos, y su prestigio sobrepasa ampliamente el cuadro anarcosindicalista. Hombre bohemio, capaz de pasar desapercibido delante de un grupo de sabuesos con su elegancia «burguesa», será en 1919 el «cerebro» del principio y del fin de la mítica huelga de «La Canadiense», lo que le valdrá el primer tropiezo de importancia con el sector más anarquista que le atribuye ambiciones políticas… Este mismo año dará un famoso discurso en Madrid en el que afirmará que era el momento de constituir una organización sólida y de elaborar un programa revolucionario realista. Para ello se necesitaban militantes preparados intelectualmente y no sólo agitadores y activistas.

En la conformación ideológica de Seguí hay una inicial componente nietzscheniano. Al parecer, su «Biblia» fue Así hablaba Zaratrusta, que asume el anarquismo como postura de un grupo movido por un ideal superior de perfección humana capaz de impulsar como un resorte la acción de minorías superiores dentro de los sindicatos. Orador excepcional —será recordado con fervor por los que le escucharon—, militante integral y de gran valor, fue también reflexivo y un táctico capaz de pensar, a través de las experiencias por encima de los arquetipos teóricos. En su ideario básico concurren diversos criterios como el que la clase obrera necesitaba una mayor formación cultural y militante para estar preparada para la revolución; que la clase obrera no es antipolítica per se sino contraria a las normas políticas tradicionales burguesas; que para conseguir objetivos mínimos o intermedios era muy importante establecer una política de alianzas, principalmente con los otros sindicatos, pero también con los grupos y partidos con los que existan intereses comunes transitorios…

Seguí distingue entre anarquismo y sindicalismo: «El Sindicalismo es la base, la orientación económica del anarquismo. La Anarquía no es un ideal de realización inmediata. No la limita nada. Por su extensión espiritual es infinita. Admitiendo que el anarquismo, a través de los tiempos, pudiera ser una realidad, no dudéis de que antes dé margen a la creación de otras concepciones y otras escuelas, nacidas, desde luego, de la primitiva concepción de la idea. El anarquismo no llegará a plasmar en realidad su verdadera filosofía. Sería tanto como definirlo y limitarlo, y eso no (…) Claro que el sindicalismo no es anarquismo. Pero sí es una gradación del anarquismo… No son los grupos anarquistas, ni las organizaciones estatales, quienes han de organizar y regularizar la producción. Son los sindicatos…Distribuirán y normalizarán la producción, el consumo y el cambio… No desesperemos, pues el calvario ha de ser largo». De hecho, todavía queda casi todo por hacer.

En 1919, Seguí se mostró contrario a adherirse, al menos no sin matices y reservas, a la Internacional Sindical Roja, y en 1920 se trasladó a Tarragona, llevando luego un extenso y animado viaje de propaganda por el Levante y por Andalucía (110 intervenciones), lo que le lleva, nuevamente, a la cárcel de la que no saldrá hasta abril de 1922. Hace entonces una nueva campaña de propaganda, esta vez por Cataluña y Baleares y firma el famoso documento de la Conferencia de Zaragoza de 1922 que propone que la CNT declare: «Que siendo un organismo totalmente revolucionario que rechaza franca y expresamente la acción parlamentaria y colaboracionista con los partidos políticos, es a la vez integral y absolutamente política, puesto que su misión es la de conquistar sus derechos de revisión y fiscalización de todos los valores evolutivos de la vida nacional, y, a tal fin, su deber es la de ejercer la acción determinante por medio de la coacción derivada de los dispositivos y manifestaciones de fuerza de la CNT».

En 1923 se publica póstumamente su novelita Escuela de rebeldía, muy en línea del estilo naif de la época. Muere asesinado por pistoleros del dúo Martínez Anido-Arleguí, que con ello querían descabezar el movimiento anarcosindicalista y las posibilidades de un frente democrático y obrero… Por mucho tiempo el lugar del crimen será cubierto de flores entre las que no faltarán las de las prostitutas ante las que Seguí siempre manifestó una actitud sensible y valiente. Valdría la pena hablar de todo esto con una película que lo permite: La verdad sobre el caso Savolta, de Antonio Drove que, a pesar de todos sus defectos, es lo más honesto que el cine española ha ofrecido sobre aquella época.

Su legado será reivindicado por los «trentistas» y denostado por algunos faístas, asimilado de manera muy controvertida hacia una orientación catalanista y política-populista por Pere Foix autor de una obra muy valiosa sobre el sindicalismo catalán Apostols i mercaders en tanto que el sector comunista antiestaliniano, en particular por “Qim” Maurín, mientras que Nin tenía “en cartera” un libro sobre Salvador cuando fue asesinado…Todos ellos entiende que con sus planteamientos hubiera sido posible un frente único obrero como en el que en agosto de 1917 puso la mayoría obrera en marcha, comoel que 1934 alumbró la huelga insurreccional de Asturias, finalmente, trágicamente sola en buena medida por el alma sectaria de la FAI.

Aparte de los libros de Viadiu y Foix sobre Seguí, son también importantes los de: Manuel Cruells. Salvador Seguí, el «Noi de Sucre» (Ariel. BCN, 1974) Josep Mª Huertas Claverias, Salvador Seguí. Materiales para una biografía (Laia, BCN, 1974), Isidre Moles, Salvador Seguí. Escrits (62, Barcelona, 1975), en el que se recoge un buen número de trabajos suyos, lo mismo que en la edición de un joven Antonio Elorza, Artículos madrileños de Salvador Seguí (Cuadernos para el diálogo Divulgación Universitaria, nº 103, Madrid, 1976). Pequeña Biblioteca ha publicado las conferencias de Seguí y Pestaña en el Ateneo de Madrid (4-10-1919) con un prólogo de Enric Olivé i Serret (Palma de Mallorca, 1978), y la lista sigue, de ahí que libros como Història d’unsindicalista, una buena selección de textos de Salvador Seguí tendría que estudiarse en las escuelas, al menos en las escuelas del sindicalismo. Y tendría que haber una en cada barrio.

Pepe Gutiérrez-Álvarez
Salvador Seguí en una imagen de archivo

Antonio Soler retrata sin ficción la malograda gesta de Salvador Seguí, el mítico líder anarcosindicalista, en ‘Apóstoles y asesinos’

Arranca como una novela y se lee como tal de cabo a rabo. No en vano firma la obra un novelista de fuste, Premio Nadal 2004 por El camino de los ingleses o Premio Herralde 1996 por Las bailarinas muertas, si hacemos memoria. Sin embargo no se trata de una novela propiamente dicha, o quizá sí, pero sin ficción. La mínima. Para qué inventar si ya los hechos, el escenario y el personaje van sobrados de épica y leyenda: la convulsa Barcelona, entre pistoleros a sueldo y bombas anarquistas, de la Semana Trágica, la Primera Guerra Mundial en vísperas de la dictadura de Primo de Rivera. Y el protagonista: Salvador Seguí, el noi del sucre, el mítico líder anarcosindicalista que aún recuerda la tradición popular.

«Los hechos están todos documentados. Las licencias que me tomé son mínimas, en la composición de algún diálogo imposible de recuperar, pero cuyo contenido tuvo que ser así», explica Antonio Soler (Málaga, 1956). Se refiere a su nuevo libro,Apóstoles y asesinos (Galaxia Gutenberg), una obra que iba para «ensayo histórico» pero que al sentarse a escribir no quiso desaprovechar su potencial. «El pulso del novelista me permitía calar más hondo en los personajes y una mejor recreación literaria de aquella Barcelona abandonada a la huelga y a la agitación», reconoce.

Su título está claro que es un homenaje a Apóstoles y mercaderes de Pere Foix, pero con una variación «más radical y más descriptiva», dice Soler, en relación tanto a los revolucionarios que recurrían a la violencia, como a mercenarios y a pistoleros de la patronal, «porque dentro de la CNT también había asesinos, éste no es un libro de buenos y malos», aclara para el lector ingenuo.

Con todo, Soler admite cierto afán «reivindicatorio» del noi del sucre, personaje que le apasiona desde que leyera con 18 años la biografía de Ángel Pestaña. «Un tipo muy difícil de clasificar: un anarquista que se vestía como un dandy y con un gran magnetismo capaz de movilizar a miles de personas».

Pero lo que en verdad fascina al autor de El sueño del caimán del malogrado luchador social es «el proceso de su evolución ideológica». «El noi viene de la calle, dejó la escuela con diez años para integrar de adolescente el grupo radical anarquista Els Fills de Puta. Y luego su ideario se va transformando y es cada vez menos anarquista y más sindicalista, hasta sus últimos días en los que ya está pisando la raya de la política», explica Soler. Un probable salto a otro escenario de lucha, de la calle al parlamento, del que sólo se puede especular, porque una bala truncó prematuramente su trayectoria. Bala disparada por los pistoleros blancos de la patronal el 10 de marzo de 1923 en una calle del Raval.

Pero de lo que no duda Soler es que para entonces Seguí ya se había convertido «en un posibilista que creía en la transformación social real a través del pacto y la negociación» y no ya por la vía violenta. De ahí que desde las facciones más radicales de la CNT, entre las que se cocinaba a fuego lento «la gente que va a crear la FAI», lo acusaran de «traidor», y de hecho «recibió amenazas», recuerda el autor, aunque reste toda credibilidad a ciertas versiones interesadas de la reacción que adjudicaban su muerte a extremistas de sus propias filas. «Si hay que resumir en una sola palabra su premisa esa es convivencia, una norma de vigencia hoy y siempre», reivindica Soler. «Y otra constante en su vida es la convicción de que la única vía de liberación de la clase obrera es a través de la educación y la cultura», apunta el autor, cosa que estrecha su ideario con el del pedagogo libertario Francisco Ferrer Guardia.

En todo caso, el noi del sucre «se sitúa en un fuego cruzado porque a su vez era un elemento muy peligroso para la patronal», aclara Soler recordando su carisma, oratoria y capacidad movilizadora. Célebre es el mitin que puso fin a la sangrienta huelga de la Canadiense, en el que Seguí, tras media docena de oradores abucheados, logró convencer a cerca de 40.000 trabajadores congregados para que regresaran a sus puestos de trabajo, sin esperar la liberación de los presos de la CNT recluidos en el Castell de Montjuïc.

Pero lo cierto también es que Apóstoles y asesinos, a la manera de novela sin ficción, no tiene un único protagonista sino tres. Buena cantidad de páginas también se llevan el president Lluís Company, amigo de infancia de Seguí, y otro tanto su mentor ideológico Francesc Layret. Para no mentar importantes cameos, si de un biopic se tratara, de algunos nombres que protagonizarán la historia poco después: Pestaña, Indalecio Prieto, Largo Caballero o Eugeni d’Ors. «Los tres personajes, Companys, Layret y Seguí», retoma Soler, «verdaderamente forman una trinidad porque su pensamiento tiene varios puntos de coincidencia, comparten periódico y publicaciones de la época y finalmente comparten un destino trágico», concluye.

 

Salvador Seguí i Rubinat – el noi del sucre

El noi del sucre, Salvador Seguí. Guión de Heleno Saña

Salvador Seguí Rubiñals, conocido como “el Noi del Sucre” (el chico del azúcar), en memoria de su pasado como niño esclavizado, nació en Lérida el 23 de diciembre de 1890, y representa la figura de un militante de una gran personalidad humana y política. En él se unirán en síntesis admirable, la lucidez y el espíritu revolucionario, la ponderación más sobria, y un gran amor al Ideal.

 

Salvador Seguí – El Noi del Sucre: Anarquismo y Sindicalismo.

Conferencia pronunciada en el la prisión del Castillo de la Mola (Mahón – Islas Baleares), 31 de diciembre de 1920

EL NOI DEL SUCRE (LORENZO MORALES) – HOMENAJE A SALVADOR SEGUÍ

 

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