Eduardo Pons Prades (Vida y obra)

Eduardo Pons Prades, también conocido por el seudónimo de Floreado Barsino (1920-2007) Nacio el 19 de diciembre de 1920 en Barcelona, Cataluña (España) y murió el 28 de mayo de 2007 en Barcelona, Cataluña (España).

Fue guionista documental y un escritor español especializado en la la Historia Contemporánea española del siglo XX,, activo partícipe del Partido Sindicalista de Ángel Pestaña, militante de la Confederación Nacional del Trabajo y conferenciante.

Hijo de un ebanista emigrante valenciano del pueblo de Alboraya, militante del Partido Federal y fundador del Sindicato Único de Elaborar Madera, Pons Prades nació en el barrio del Raval de Barcelona, poco antes del asesinato, casi debajo de su casa, del sindicalista Salvador Seguí, personalidad representativa del anarcosindicalismo barcelonés de principios del siglo XX, en el que su propia familia militaba. Su padre, una vez conocida por parte de la burguesía catalana su condición de sindicalista, perdió el negocio de ebanistería y pasó a encargarse de la biblioteca de la Casa de Valencia en Barcelona donde simpatizó con Vicente Claver conocido Republicano Federalista e impulsor del día del Libro en la Festividad de Sant Jordi en España.

Su madre, Gloria Prades Núñez, también emigrante valenciana del pueblo de Almácera y militante del Partido Sindicalista, con la llegada de la Segunda República Española entró a trabajar en el Palau de la Generalitat por la amistad que mantenía la familia con Martí Barrera (consejero en aquella época).

Ya desde muy joven, Pons fue alumno de la Escuela Racionalista Labor, que continuaba la filosofía de Francisco Ferrer Guardia y cuyo director era Germinal Puig Elias. Allí asistió a las enseñanzas de Alberto Carsí, ingeniero y geólogo. Asistía también a las conferencias que se realizaban en el Asiátic. Su vocación era la enseñanza y para ello estudió en L’Escola del Treball (‘Escuela del Trabajo’ de la Escuela Industrial de Barcelona), aunque esta se vio frustrada por el estallido de la Guerra Civil.

Su padre se suicidó en 1936, su tío sin embargo, faísta convencido, llevó a hombros el féretro de Buenaventura Durruti por toda la llamada en la época, Vía Durruti, (la actual Vía Layetana o Vía Laietana en Ciutat Vella) en noviembre del mismo año 1936.

En 1937 se afilió como militante de la CNT y colaboró activamente en la colectivización del Consejo Económico de la Madera Socializada y otros locales como la Iglesia de Santa Madrona del barrio del Pueblo S

Con 16 años se alistó en el Ejército Republicano falsificando su edad, ingresando en la escuela Popular de Guerra de Escorial de la Sierra. Logró el título de sargento de ametralladoras, que recogió de manos del poeta Miguel Hernández, a la sazón comisario político de la 46ª División. Combatió en la Batalla de Guadarrama, en la Batalla de Brunete e ingresó en la Quinta del Biberón, donde conoce a Joan Llarch, participando en la Batalla del Ebro con sólo 17 años.

Con la derrota de la República, participó en la posterior evacuación de heridos republicanos de hospitales desde Barcelona hasta la frontera con Francia; desde el 15 de diciembre de 1938 al 10 de febrero de 1939 consiguieron sacar del país a 10.300 heridos de guerra.

Con el corazón maltrecho, por el violento trallazo de su derrota, se vería entrar en Francia, en las más frías jornadas de invierno de 1938–1939, a unos hombres de pelo enmarañado, desaliñados, malolientes, con barbas de pordiosero, de carnes escurridas, con los uniformes salpicados de sangre y plomo y el mirar de visionarios… Eran los primeros —los únicos— que habían osado plantar cara al fascismo en Europa, con las armas en la mano.

Eduardo Pons Prades1

En 1939 se exilió en Francia siendo ingresado como herido en el hospital de Carcasona y posteriormente tomó contacto con el maquis francés y el ejército galo durante la Segunda Guerra Mundial, combatiendo contra los ejércitos alemanes nazis en el sector entre Bélgica y Luxemburgo. Después de la derrota del ejército francés, en 1942 tomó contacto con Manolo Huet, intentando salvar vidas de judíos y de aliados en territorio francés.

Ya integrado en el ejército de los Generales Leclerc y de Gaulle, interviene en la liberación del departamento francés del Aude.

Una vez acabada la Guerra, se instala en Francia, desde donde organiza dos viajes a España por encargo del Partido Sindicalista, en octubre de 1944 y diciembre de 1945. En un viaje posterior cuando se disponía a volver a Francia con un guía del grupo de Quico Sabaté, fue detenido el 5 de enero de 1946 en Puigcerdà, pero pudo fugarse tres semanas después gracias a un soborno al coronel que instruía su caso y huyó hacia Valencia donde tenía familiares hasta regresar de nuevo a Carcasona.

Continuó su labor de escritor y historiador, colaborando desde Francia en distintas publicaciones, como los Papeles de Son Armadans que editaba Cela.

Pudo por fin regresar a España en 1962, gracias a la amnistía concedida por Franco con motivo de la coronación del Papa Juan XXIII. Participó en la fundación de la editorial Alfaguara y se afilió al Sindicat de Periodistes de Catalunya, con los que siguió su incansable lucha por la libertad, dando a conocer en sus obras la vida y afanes de tantos combatientes españoles contra el nazismo y contra el franquismo, que habían sido olvidados al acabar la lucha. Colaboró también en diferentes publicaciones y periódicos como Historia y VidaEl Correo CatalánHistoria 16Nueva HistoriaEl Periódico de CatalunyaDiari de Barcelona y El Correo de Andalucía, además de en revistas literarias como InsulaLetras e Índice de Artes y documentales ya fuera como guionista-documentalista o como actor, como en “La guerrilla de la memoria”.

No se suele mencionar su faceta de hombre vinculado a la paraciencia, pero en su obra “El mensaje de otros mundos” (que publicó en Planeta pese a la oposición de su editor) hace referencia a una abducción que vivió con ocasión de hallarse en los Pirineos pasando unas vacaciones. Pons Prades insistió en escribir y publicar este libro, por mucho que pudiera poner en tela de juicio su consideración como historiador e intelectual acreditado.

Falleció en el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo, de Barcelona, desde el que él mismo había recogido y evacuado a tantos heridos republicanos en los años 1938-1939, la noche del 27 al 28 de mayo del 2007, sin poder ver salir a la luz el último libro que había redactado, sobre aspectos políticos de la vida de Picasso.

Su fondo personal se conserva en el Arxiu Nacional de Catalunya.2​Incluye documentación personal y familiar; como elementos más destacados, su estancia en la prisión, la participación en el maquis francés y la etapa clandestina. Reúne la documentación sobre su vinculación laboral con las editoriales Alfaguara y Salvat, y prensa. En cuanto a volumen e importancia, hay que destacar la documentación sobre la investigación historiográfica y la preparación y publicación de más de cuarenta estudios relativos a la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, siempre con los luchadores republicanos como protagonistas. Es de especial valor la correspondencia intercambiada con personajes y familiares de excombatientes republicanos. En su conjunto, el fondo permite una aproximación a la historia de los combatientes republicanos durante la Segunda Guerra Mundial y el franquismo.3

Obras

La venganza (novela)

  • Los años oscuros de la transición española
  • Los que SÍ hicimos la guerra
  • Un soldado de la República
  • Francia: verano de 1944
  • El holocausto de los republicanos españoles: vida y muerte, en los campos de exterminio alemanes (1940–1945)
  • Guerrillas españolas (1936–1960)
  • Españoles en los maquis franceses
  • Los cerdos del comandante (españoles en los campos de exterminio alemanes)
  • Morir por la libertad: españoles en los campos de exterminio
  • Los vencidos y el exilio
  • Años de muerte y de esperanza
  • Crónica negra de la transición española 1976–1985
  • Las guerras de los niños republicanos 1936–1995
  • El mensaje de otros mundos
  • Los senderos de la libertad (Europa 1936–1945)
  • Los niños republicanos en la guerra de España
  • La guerrilla española en la II guerra mundial ¡Destruir la columna alemana!
  • Republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial
  • Las guerras de Picasso (2007)

Referencias.

  1. (Pons, Los senderos de la libertad 2002:15)
  2. «Eduard Pons Prades» (en catalán). Arxiu Nacional de Catalunya. Consultado el 26 de abril de 2015.
  3. «Butlletí 23: Fons Eduard Pons Prades»Butlletí de l’Arxiu Nacional de Catalunya (en catalán). Generalitat de Catalunya, Departament de Cultura i Mitjans de Comunicació. junio de 2009. Archivado desde el original el 2 de diciembre de 2015. Consultado el 26 de abril de 2015.

Bibliografía.

  • Pere Solà. Las escuelas racionalistas en Cataluña (1909–1939). Barcelona, Tusquets editor, 1976.
  • Aisa Pampols, Ferran. Una història de Barcelona, Ateneu Enciclopèdic Popular (1902–1999). Lallevir SL / Virus editorial, Barcelona,2000
  • Febres, Grando, Queralt. Camps du mépris. Des chemins de l’exil à ceux de la résistance (1939–1945). Perpignan, Trabucaire, 1991
  • Pons Prades, Eduardo (2002) Los senderos de la libertad. Europa 1936–1945, Barcelona: Flor del Viento. ISBN 84-89644-74-8

Enlaces externos.

 

Eduardo Pons Prades – anarquista y escritor

Foto participando en las Jornadas Culturales de Puerto Real

Foto participando en las Jornadas Culturales de Puerto Real

El 19 de diciembre de 1920 nace en el barrio del Raval de Barcelona (Cataluña) el militante anarcosindicalista e historiador de los movimientos sociales Eduardo Pons Prades, también conocido como Floreado Barsino.

Su padre fue un ebanista de Alboraya (Horta Nord, Valencia), militante del Partido Federal y fundador del Sindicato Único de la Madera, que había emigrado en el Principado.

Una vez conocida por parte de la burguesía catalana la condición sindicalista de su padre, éste perdió el taller de ebanistería debido a la recesión de contratos y pasó a encargarse de la biblioteca de la Casa de Valencia en Barcelona, ​​donde simpatizó con Vicenç Claver, conocido republicano federal e impulsor del “Día del Libro” en la festividad de Sant Jordi.

Su madre, Gloria Prades Núñez, de Almàssera (Horta Nord, Valencia), durante los años de la II República española militará en el Partido Sindicalista y trabajará como telefonista en el Palau de la Generalitat gracias a la amistad que mantenía con Martín barrera, consejero de esta institución, que conoció en la cárcel Modelo de Barcelona en 1925.

Eduardo Pons fue el mayor de tres hermanos varones. Cuando tenía cinco años entró como alumno de la Escuela Racionalista fraterno y luego en la Escuela Racionalista Labor, dirigida por Germinal Puig Elías siguiendo los principios pedagógicos de Francisco Ferrer Guardia y ligada al Sindicato Metalúrgico de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) de Barcelona.

En estos años también asistió a las conferencias que se realizaban en el «Asiático». Su vocación era la enseñanza y para tal fin, a partir de 1932, empezó a estudiar en la Escuela del Trabajo de la Escuela Industrial de Barcelona, ​​pero el estallido de la Guerra Civil truncó sus expectativas.

En marzo de 1936 su padre se suicidó y, en cierto modo, su tío, militante de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), que llevó a hombros el féretro de Buenaventura Durruti por Barcelona en noviembre de ese año, el sustituyó.

En 1937 se afilió a la CNT y  participó activamente en el proceso colectivizadora desde el Consejo Económico de la Madera Socializada y en la socialización de locales, como la iglesia de la Santa Madrona del Pueblo Seco.

El 20 de agosto de 1937 se alistó voluntario en el Ejército republicano falsificando la edad y, después de hacer un curso en la Escuela de Capacitación de El Escorial, consiguió el título de sargento instructor de ametralladoras, que recogió de manos del poeta Miguel Hernández, entonces comisario político de la 46 División.

El 17 de marzo de 1938 fue herido en la defensa de Barcelona durante un bombardeo fascista.

Una vez recuperado de las graves heridas, ingresó en la llamada «Quinta del Biberón», donde conoció Juan Llarch.

Con sólo 17 años combatió en las batallas de Madrid, de Guadarrama, de Brunete, del Segre y del Ebro encuadrado en la 105 Brigada Mixta. En estos años estaba afiliado en el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña.

Con la caída de la República, participa en la posterior evacuación de heridos desde los hospitales barceloneses hasta la frontera francesa de Port Bou entre el 15 de diciembre de 1938 y el 10 de febrero de 1939 consiguieron sacar de la Península 10.300 heridos.

En 1939, exiliado en Francia, fue ingresado herido en el hospital de Carcasona. Posteriormente, después de trabajar una temporada guardando cerdos en Bloumac, hizo contacto con el maquis y el Ejército francés durante la II Guerra Mundial, combatiendo desde noviembre de 1939 contra las tropas alemanas en el sector entre Bélgica y Luxemburgo.

Durante el invierno de 1940 y 1941 colaboró ​​en el Grupo Solidaridad Española. Tras la derrota del Ejército francés, en 1942 conoció Manuel Huet Piera, y con éste y el grupo de evasión de Francisco Ponzán Vidal ayudó a salvar las vidas de judíos y de aliados caídos en territorio francés.

En agosto de 1944 comandó un destacamento guerrillero por la zona del río Ariège. Ya integra en las filas de los generales Leclerc y De Gaulle, intervino en la liberación de la zona del río Aude.

Al terminar la guerra, se instaló en Occitania, desde donde realizó dos viajes (en octubre de 1944 y diciembre de 1945) en la Península por encargo del Partido Sindicalista.

En un viaje posterior, cuando se disponía a regresar a Francia con un guía del grupo de Quico Sabaté, fue detenido, el 5 de enero de 1946, por una patrulla militar en Puigcerdà, pero pudo huir tres semanas después gracias a un soborno al coronel que instruía el caso en Girona y desde Valencia, donde tenía familiares, pudo retornar de nuevo a Carcasona.

En 1962 pudo regresar a Cataluña gracias a la amnistía concedida por Franco con motivo de la coronación del Papa Juan XXIII.

En marzo de 1966 se instaló en Ginebra y luego en Perpiñán, pero en 1970 regresó definitivamente a Cataluña, trabajando en la editorial Ariel.

En Barcelona continuó su labor de periodista, de escritor y de historiador que ya había comenzado en Francia. Participó en la fundación de la editorial Alfaguara y fue el administrador de la revista Cuadernos. En estos años se afilió al Sindicato de Periodistas de Cataluña.

Colaboró ​​en numerosas publicaciones periódicas, como Papeles de Son Armadans, Historia y Vida, El Correo Catalán, Historia 16, Nueva Historia, El Periódico, Diario de Barcelona, ​​El Correo de Andalucía, Insula, Letras, Índice de Artes, cenit, El Día de Granada, Diario 16, TeleExpress, España Libre, La Hora de Mañana, Ínsula, Tiempo de Historia, etc.

Entre su innumerable obra podemos destacar La venganza (1966), Los que sí hicimos la guerra (1973), Un soldado de la República (1974), Republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial (1975 y 2003), Españoles en los maquis franceses : verano de 1944 (1976), Los derrotados y el exilio (1977), Guerrillas españolas (1936-1960) (1978), Los cerdos del comandante. Españoles en los campos de exterminio nazis (1978, con Mariano Costante), Años de muerte y esperanza (1979), ¡Destruir la columna alemana! (1982), El mensaje de Otros mundos. Siete horas a bordo de una nave espacial extraterrestre (1982), Crónica negra de la Transición española (1976-1985) (1987), Los vencidos y el exilio (1989), Morir por la libertad. Españoles en los campos de exterminio nazis (1995), Las guerras de los niños Republicanos (1936-1945) (1997), Los senderos de la libertad (Europa 1940-1944) (2002), Los niños Republicanos en la guerra de España ( 2004), El Holocausto de los Republicanos españoles. Vida y muerte en los campos de exterminio alemanes (1940-1945) (2005), Realidades de la Guerra Civil. Mitos no, ¡Hechos! (2005), etc.

También participó en documentales como guionista-documentalista – Silencio roto (2000), de Montxo Armendáriz – o como protagonista, como La guerrilla de la memoria (2001), de Javier Corcuera.

En 2004 recibió un homenaje de la Universidad de Barcelona, ​​por sus importantes estudios sobre la guerrilla antifranquista y los republicanos españoles en la II Guerra Mundial.

Eduardo Pons Prades murió el 28 de mayo de 2007 en el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona (Cataluña), sin poder ver publicado el último libro que había redactado sobre aspectos políticos de la vida de Picasso.

Estaba casado con la escritora e historiadora Antonina Rodrigo García.

 

Entrevista a Eduardo Pons Prades: “Soy especialista en perder batallas” 
La Vanguardia – 22.07.2005

Tengo 85 años. Nací en Barcelona. Soy hijo de familia libertaria que me enseñó que la libertad es inseparable de la responsabilidad. Luché por la República y perdí; por Francia y perdí; sólo ganamos contra Hitler en el maquis: y perdí contra la dictadura. Las guerras van cambiando de nombre, la causa de la libertad es siempre la misma

LLUÍS AMIGUET – 21/07/2005

Mi familia era libertaria y en ella los hijos éramos compañeros y amigos de los padres. Jamás nos pegaron, ni siquiera nos chillaron. Empleaban horas y horas en explicarnos por qué las cosas eran así y cómo podrían mejorar si nosotros las transformábamos. 

– ¿Libertario no raya en libertinaje? 

-Al contrario. Mi padre nos repetía: “Cada parcela de libertad que asumes en tu vida lleva siempre aparejada la misma parcela de responsabilidad irrenunciable”. Fue un padre modélico y ninguno de los tres hermanos fumamos, bebimos o pisamos jamás un burdel. “La prostitución -nos decía- humilla a la mujer y envilece al hombre”. 

-Pues hoy es floreciente negocio. 

-Un día, en la Escola Industrial, un chaval de más dinero me ofreció un Lucky y me dijo: “Pruébalo por curiosidad”; y yo le contesté: “Tengo otras curiosidades”. Esa es la clave para eliminar las drogas hoy: gusto por la cultura y la educación y que no sobre dinero. Yo adoraba el jazz y los libros: si fumaba o bebía, ya no tenía dinero para comprarlos. 

-Colijo que su padre tampoco iba sobrado. 

Mi padre era ebanista, autodidacta, de enorme cultura. Nos llevó a la Escuela Racionalista de Ferrer i Guardia y allí le escuché decir a mi maestro Germinal, de Don Benito: “En la escuela se forja el porvenir”. 

-Nada más cierto. 

Era un extremeño magnífico. No entiendo ahora por qué pretenden enfrentarnos: ¡ los trabajadores de Extremadura, Catalunya o Pakistán siempre fuimos hermanos! 

-Lo somos. 

Así que decidí hacerme maestro. Aprobé el ingreso en la Normal, pero en el 36 estalló la guerra y me alisté falsificando mi edad. A los 17 años reales, fui alumno de la Escuela Popular de Guerra de El Escorial y luego sargento de ametralladoras en el Guadarrama. 

-¿Sangre, horror y fuego? 

-Vi morir a mis hombres en Brunete y sobre todo en el Ebro: ¡ aquellos muchachos andaluces a los que los señoritos habían tratado como bestias de carga en su tierra iban sin dudar a la muerte por su dignidad antes de que les hubiéramos podido enseñar a leer! 

-¿Por qué perdieron ustedes la guerra? 

-El mayoral de pastoreo de Moreda, en Granada, era un analfabeto que pasó hambre antes de que la colectivización de UGTCNT lo convirtiera en copropietario de las tierras de un marqués. Le pregunté para uno de mis libros qué sintió: “Por primera vez en mi vida pintaba algo en este mundo… Lástima que para eso tuvo que haber una guerra”. 

-¿Y las sacas y fusilamientos de los anarquistas a tantos ciudadanos inocentes? 

-¿Y las de Franco en Badajoz? Lamentables, pero le recuerdo que el Ángel Rojo que acabó con las sacas fue un anarquista, García Oliver, ministro de Justicia republicano. 

-Su ejército era un desastre organizativo. 

-¡No hubiéramos resistido treinta y cuatro meses frente a un ejército regular si fuéramos ese caos con que nos caricaturizan! 

-Entonces… ¿por qué perdieron? 

-La guerra de España, explica Pierre Vilar, fue un episodio más en la lucha de clases planetaria: por eso perdimos. Besteiro, cuando representa a la República en la coronación de Jorge V, pide ayuda al ministro de Exteriores británico. En ese momento, ganábamos: la República llevaba cinco victorias militares y Madrid resistía muy bien ante Franco. 

-¿Que dijo Londres? 

-Que la España blanca había respetado la propiedad de los intereses británicos mientras que la España roja los había colectivizado. Éramos un peligro incluso para las democracias, que nos temían y nos aislaron hasta que perdimos. Pero nuestra lucha continuó en Europa para frenar a Hitler, ahora ya cara a cara sin sus títeres y sus lacayos inter-mediarios: Franco, la Falange y la reacción. 

-¿Usted volvió a alistarse? 

-Por supuesto, fui militar en el ejército francés. Mi compañía fue diezmada por los lanzallamas nazis entre Bélgica y Luxemburgo. Hitler ocupó Francia y nos disolvimos. 

-¿Y usted aún volvió a alistarse? 

-Me incorporé a los grupos de acción y sabotaje y después al maquis con otros españoles y acabé la guerra mandando, ya en el ejército de De Gaulle y Le Clerq, la limpieza de alemanes del departamento del Aude. 

Pues, oiga: ¡gracias por detener a Hitler! 

-Es la única guerra que he ganado. Luego entré en España clandestinamente y, anodadado, escribí un informe: habíamos sido aniquilados. Tal vez la única posibilidad contra la dictadura era atentar contra Franco. 

-Hubo unos cuantos intentos. 

En el 46 fui detenido por el ejército cruzando la frontera y acabé con Josep Pallach en el penal de Salt. Yo fui trasladado a Barcelona y días después el astuto Pallach, hábil resistente, fue liberado a punta de pistola por un grupo del POUM, El coronel Bermejo, que me interrogó, se dejó tentar por un buen soborno, que, cosas de la vida, el pobre diablo al final ni siquiera pudo cobrar. 

-¿Le soltaron? 

-Acabé trabajando en Valencia con papeles falsos, pero no se podía organizar nada y volví a Francia. Cela me fichó para sus Papeles de Son Armadans en el 57. Yo le escribía las cartas desde Francia. Años después me animó a que fuera a Madrid a colaborar con la editorial que fundó, Alfaguara. Me dijo que con Fraga tendríamos manga ancha. 

-¿Y el ministro no aflojó? 

Fui jefe de producción en Alfaguara, pero volví a irme a Francia al ver que la dictadura no af lojaba. En el 62 ya pude volver legalmente a España con la amnistía que dio Franco al comenzar el papado de Juan XXIII. 

http://www.lavanguardia.es/web/20050721/51189508058.html

 

Eduardo Pons Prades, la pasión de vivir, la pasión de luchar

Eduardo Pons Prades había nacido en Barcelona en 1920, y en las solapas de sus libros nunca se olvidaba de puntualizar que en el “distrito quinto”, es decir, en el llamado Barrio chino, lo que constituía una clara reivindicación de sus raíces proletarias y ácratas.

En 1937, después de colaborar en el Consejo Económico de la Madera Socializada (CNT), se alistó voluntario en el Ejército republicano; destinado a la Zona Centro, ya sargento instructor de máquinas de acompañamiento, combatió en Madrid, en el Segre y en el Ebro. Herido en Barcelona, en marzo de 1938, durante un bombardeo, en febrero del año siguiente pasó a Francia, y meses después se alistó en el Ejército francés; era una forma de continuar una guerra cuyas batallas iniciales, según la óptica de la época, se habían perdido en España. Luego, a partir de julio de 1942, se unió a las fuerzas de la Resistencia española, en las que, en agosto de 1944 mandó un destacamento volante de guerrilleros franceses y españoles con los que participó en el “rastreo y limpieza” del sector oriental de la región de Carcasona. Tras dos viajes clandestinos a España, en octubre de 1944 y diciembre de 1945, fue detenido en enero de 1946, pero tres semanas después había conseguido fugarse.

Desde Francia no perdió nunca el contacto con España, sobre cuya política menuda estaba a veces mucho mejor informado que los aquí residentes; recuerdo, por ejemplo, que en 1957 -yo contaba entonces 21 años y no tenía ni idea de su existencia- me remitió desde su exilio una copia mecanografiada de un informe, que se suponía secreto, redactado al parecer por Laureano López Rodó, en el que se denunciaba la revista La Jirafa como una de las publicaciones del interior enemigas del Régimen. Regresado a España en 1964, fue uno de los cofundadores de Ediciones Alfaguara, pilotada por Camilo José Cela, pero sólo algunos años después le conocí en persona, de la mano de su mujer, la escritora Antonina Rodrigo; de ambos he sido, a lo largo de los años, editor de algunos de sus libros.

En febrero de 1975, casi un año antes de la muerte del general Franco, Pons Prades quedó finalista del primer premio Espejo de España con su obra Republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial; era una documentada y apasionada reivindicación de quienes en los inicios de 1939 habían cruzado los Pirineos sin darse por vencidos, que, con el tiempo, se ha convertido en un libro de referencia (la última reedición, si no me equivoco, es de 2003). A partir de ahí Pons Prades se convirtió en un investigador prolífico que pudo escribir con un cierto desahogo, y entre sus obras cabe destacar Guerrillas españolas 1936-1960, Las guerras de los niños republicanos 1936-1995 y Los senderos de la libertad. Europa 1936-1945. Colaborador asiduo de diversos diarios y revistas especializadas, su pasión por vivir estuvo indisolublemente unida a su pasión por luchar; cuando en 2003 se publicó Los mitos de la Guerra Civil, de Pío Moa, Pons Prades, a los dos años escasos, replicó con una obra titulada Realidades de la Guerra Civil, que, de manera muy suya, subtituló Mitos, no, ¡hechos!

A la hora de su muerte pienso que ni su vida, ni su ejemplo, ni su aportación a la memoria histórica, ni su lucha han sido baldíos, aunque estemos muy lejos de ser dignos, como él confiaba que algún día lo seríamos todos los humanos, de arrancar los frutos maravillosos de los maravillosos árboles que pueblan el maravilloso Jardín de las Hespérides.

Rafael Borràs Betriu es escritor y editor

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 29 de mayo de 2007

 

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