Taiji Yamaga (Vida y obra)

Taiji Yamaga (1892-1970) Nació el 26 de junio de 1892 en Kioto (Japon) y muere el 6 de diciembre de 1970 en Tokio (Japón).

Fue un militante y figura del anarquismo pacifista y esperantista japonés, muy joven, descubre el ideal anarquista en Tokio y milita en la Japana Esperantista Asocio (Asociación Esperantista Japonesa), de la cual se convertirá en secretario rápidamente.

En 1910, cuando el Estado intenta erradicar el anarquismo japonés, es aún muy joven y no figura en la lista de militantes buscados por la policía y el ejército; escapando así de ser ahorcado. Esto le permite huir de la represión y se exilia primero en Taiwán y más tarde en China. Se instala entonces en Shanghái, donde se convierte en colaborador del anarcopacifista Shi Pho y del periódico Ming Sing, encargándose de la sección esperantista del rotativo.

Desaprueba, durante la Primera Guerra Mundial, las posiciones belicistas del Manifiesto de los Dieciséis.

Vuelve a Japón, donde se casa con su compañera Mika, pero en 1927 vuelve con Sanshiro Ishikawa a China; Shanghai está entonces en plena efervescencia revolucionaria. Ejerce como profesor de esperanto en la Universidad del Trabajo y despliega una intensa actividad de militancia anarquista.

Pero la presencia del ejército de ocupación japonés en China le impulsa a dejar el continente y marcha a Filipinas, donde trabajará como redactor en un periódico de Manila durante la Segunda Guerra Mundial. Realizará también un primer diccionario de tagalo-japonés.

Una vez terminada la guerra vuelve a Japón, donde toma parte activa en el renacimiento del movimiento anarquista japonés y en particular en la creación, el 12 de mayo de 1946, de la Federación Anarquista Japonesa. Gracias a su conocimiento de varios idiomas, asumirá el Secretariado en las Relaciones Internacionales. Será Secretario General de la Federación también en sucesivas ocasiones y colaborará en el periódico anarquista Heimin Shimbun, que aparecería a partir del 15 de julio de 1946.

Pacifista convencido, participará también activamente en la War Resister’s International publicando “Ciudadano del mundo” y asistirá al X Congreso de dicha organización, que tuvo lugar en India en 1960.

Admirador de Lao Tsé, escribirá un libro para difundir el pensamiento de este gran autor. Se trata de una traducción al esperanto de la obra Tao Te King, que posteriormente sería traducido al castellano por parte de Eduardo Vivancos, con el título “El Libro del Camino y de la Virtud” (México: Editorial Tierra y libertad, 1963).

A partir de 1961 cae enfermo, pero, aunque paralizado, seguiría comprometido con el movimiento anarquista y pacifista hasta su muerte el 6 de diciembre de 1970, dando a conocer durante toda su vida el movimiento anarquista japonés.

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Taiji Yamaga y su versión del Tao Te King

Taiji Yamaga, el autor de este librito, cuenta en la actualidad (tómese en cuenta que este libro fue editado en papel durante el año de 1963, Nota de Chantal López y Omar Cortés), 71 años -nació el 26 de junio de 1892-, y toda su vida ha sido una entrega constante en aras a que la Humanidad alcance cimas señeras en la convivencia, a la desaparición de la explotación del hombre por el hombre y a la cancelación total y definitiva de las guerras y la violencia.

Debido a ello lo hemos visto siempre militando entre los pacifistas, los esperantistas y los anarquistas, llevando en estas tres actividades un papel descollante que lo coloca, sin duda de ninguna especie, como uno de los japoneses más progresistas y revolucionarios de los tiempos presentes.

Como pacifista integra la War Resistermen International (WRI), entidad que agrupa a la mayoría de los objetores de conciencia y pacifistas en general de todo el mundo. Como delegado de los pacifistas japoneses, Yamaga asistió, en diciembre de 1960, al X Congreso de la W.R.I. que tuvo lugar en Gandhigram (India) compartiendo con Hem Day, Danilo Dolci, Tony Smythe, Ramachadram y destacados pacifistas de todos los meridianos, las tareas de un comicio empeñado en hacer desaparecer de la faz de la Tierra toda clase de guerras y de armas criminales destructoras de la vida humana.

Como esperantista, lo vemos, desde muy joven, aprendiendo la lengua de Zamenhof, y en 1907 aparece su nombre como Secretario de la Japana Esperantista Asocio, organización que amparaba, en aquella época, a la mayoría de los revolucionarios japoneses, tales como el socialista Toshihiko Sakai y Sakae Osugi, la figura más destacada, junto con Kotoku, del anarquismo japonés.

La irrupción de Yamaga en las ideas ácratas se debe, como ya hemos podido adivinar, al roce que a lo largo de estos años tuvo con Osugi, con el que trabó una sólida amistad que sólo truncó la muerte de este último, víctima del despotismo nipón, que no cejó hasta asesinarlo, junto con su compañera y un sobrino de pocos años, el 16 de septiembre de 1923.

Yamaga conoció una infancia triste. En Kyoto, su ciudad natal, por ser la urbe que por mil años fuera capital del Mikado, la rigidez social alcanzaba niveles exagerados y aun ahora es la ciudad japonesa de todo el archipiélago que es más tradicionalista y más obediente a la etiqueta y las costumbres japonesas. El padre de Taiji, hombre inquieto a los problemas sociales, vió en el advenimiento de Meiji, el emperador que occidentalizó el Japón, la posibilidad de abrir grandes ventanales para el pueblo nipón, y pensó que el mejor vehículo era la Imprenta. DebIdo a ello, y a pesar de disponer de muy pocos recursos económicos, Zembei Yamaga, el padre de Taiji, fundó, en 1874, la primera imprenta de Kyoto y, universalista a ultranza, dividía sus horas entre el componedor tipográfico, el pincel con el que confeccionaba los breves y difíciles versos del haiko (1) y la varita con la que enseñaba en la escuela confuciana.

La imprenta quebró. La oferta -utilizando términos modernos- era mayor que la demanda en aquella ciudad tradicionalista, en la que los daimyos (2) de ayer y los comerciantes de siempre se aferraban a los servicios de los calígrafos profesionales en detrimento del invento de Gutemberg. El padre de Taiji se fue de Kyoto y nuestro amigo quedó bajo los cuidados del hermano mayor, Seika, uno de los artistas más calificados, en la actualidad, en las artes plásticas kyotenses.

A los 16 años Yamaga abandona Kyoto y llega a Tokío en donde trabaja de impresor y toma contacto, como ya hemos señalado, con el Esperanto y el Anarquismo, dos puntales que ya no abandonará jamás y a los cuales se ha dado con un entusiasmo rayando en el misticismo.

En los planes del Ejército Nipón, autor material e intelectual de la muerte de Osugi, estaba también la represión contra los anarquistas, y Yamaga entre ellos. Felizmente consiguió escapar con tiempo, logrando alcanzar Formosa.

El capítulo de caminante, lo había abierto Yamaga varios años antes conociendo diferentes ciudades chinas, llegando a vivir por bastante tiempo en Pekín y Shanghai. También conocerá Filipinas y, como hemos señalado anteriormente, con motivo de la celebración del X Congreso de la W.R.I., durante cinco meses podrá visitar algunos lugares indostánicos y entrevistarse con elementos descollantes de la India contemporánea, como es el propio Vinoba Bhave, quien también es esperantista.

Es así que en julio de 1913 lo vemos en Shanghai ayudando al anarquista Si Pho en la redacción e impresión de Ming Sing (La voz del Pueblo), que se redactaba bilingüe, chino esperanto -La Voco de la Popolo- y gracias a esta índole de publicaciones se difundieron en China las ideas ácratas y progresistas y se imprimieron, en el servicio editorial existente, obras de tanta trascendencia como El Evangelio de la Hora, de Paul Berthelot, La Conquista del Pan, de Kropotkin y una célebre polémica de Si Pho contra el social demócrata Chiang Kang Hu.

Catorce años más tarde la Universidad del Trabajo de Shanghai invita a Yamaga y a otro anarquista japonés, Sansiro Ishikawa, a formar parte del personal docente, y Yamaga imparte en ella clases de esperanto a partir de agosto de 1927, al tiempo que Ishikawa enseña historia de los movimientos revolucionarios en Europa.

Paralelamente, bien que en forma independiente, en la lejana provincia de Si-Chuang, otro anarquista chino, Lu Chien Bo, profesor de Historia en la Universidad de Cheng Tzu, escribía y traducía para enriquecer el idioma chino con su pensamiento ácrata y el de los pensadores occidentales como Kropotkin; y formando un triángulo geográfico perfecto, aparece, también hacia el año 1922 y en la sureña ciudad de Cantón, otro destacado libertario: Huang Lin Shuang, quien fue invitado por el Kremlin a visitar Rusia y regresó decepcionado, manifestando públicamente su total desacuerdo con el bolchevismo.

Tamaña actividad, la de Yamaga, ha hecho que desde aquellos años, y hasta la hora actual, se haya convertido en la figura ácrata más descollante del Extremo Oriente.

Su epistolario toca todas las coordenadas geográficas del mundo y las ciudades donde moran sus corresponsales forman un mosaico de mayor envergadura que el de cualquier oficina internacional. Yamaga ha sobrevivido a muchos de sus amigos epistolares, como M. P. T. Acharya y Lanti, pero otros vienen a ocupar el puesto y cada vez que esto ocurre se aviva la llama idealista de Taiji, porque ve nuevas esperanzas en el negro horizonte del mundo de los superbloques.

Con 71 años sobre las espaldas y una nómina de corresponsales tan extensa para atender, se podría estimar que el tiempo de Yamaga está completamente ocupado, y sin embargo no es así, ya que Yamaga, como buen japonés, hace del sueño una necesidad postergable y para satisfacer a ratos perdidos. En el tren, por ejemplo, que lo conduce desde su pueblecito de Ishikawa hasta Tokío, realiza también un interesante trabajo de impresor mediante una imprenta rudimentaria, consistente en unos pocos tipos romaji (3), una placa lisa, un rodillo y varios potes de tinta. De esta manera, los occidentales que reciben el Kuro Hata, el órgano de la Federación Anarquista Japonesa, completamente escrito en Hira Gana, sistema silábico japonés, y en caracteres ideográficos chinos, pueden saber la síntesis de su contenido gracias al resumen que en Esperanto y en hoja aparte incluye Yamaga en cada ejemplar.

El Tao Te King, de Lao Tsé, que Yamaga ha vertido al Esperanto y que llega hasta los lectores españoles gracias a la excelente y comedida traducción de Eduardo Vivancos, solamente se conoce en Occidente desde 1823, cuando Remusai publicó su Memoire sur la vie et les opinions de Lao Tseu. Hasta entonces sólo Confucio irradiaba su genialidad por Europa y América con injusta desventaja para Lao Tsé (4). Diez años más tarde Lao Tsé formaba parte del acervo cultural de los filósofos europeos, y Hegel lo presenta en 1833 en su Vorlesungen über die Geschichte der Philosophie. Años después, y debido a la tristemente célebre Guerra del Opio (1848 y siguientes), los anglosajones descargaron la papaverácea en los puertos chinos y regresaron a Europa con el lastre precioso de las artes plásticas y los libros que escribieron los chinos cuando Inglaterra no había sido conquistada aún por César. Gracias a ello, hoy existen vertidas al inglés excelentes traducciones del libro de Lao Tsé, destacando, entre otras, la de Lionel Giles, la de James Legge, la de Arthur Waley y las de Richard Wilhelm y Paul Carus, que el propio Waley estima como las mejores.

También al francés se ha vertido el Tao Te King y después de Abel Remusat lo han seguido perfeccionando Marcel Graneti, Huang Kia Cheng y Pierre Leyris, León Weiger y Pierre Salet, para no citar más que a unos pocos, e igual han procedido los demás paises europeos, de modo que Lao Tsé puede leerse hoy en no importa qué idioma, existiendo también, en castellano, una interesante versión debida a Adolfo P. Carpio.

Es posible que al llegar aquí se pregunte el lector el motivo del esfuerzo realizado por Tierra y Libertad para editar una obra a la que todo estudioso tiene fácil acceso a través de las editoriales comerciales, y a ello cabe señalar que tal cosa obedece a que, gracias a Taiji Yamaga, el pensamiento genuinamente anarquista de Lao Tsé nos llega a través de otro pensamiento ácrata oriental, sin deformaciones, como las que pudieran haber surgido de las plumas arquistas que se han ocupado hasta ahora de nuestro Viejo Maestro. Sobre todo tratándose de un idioma como el chino, que es exageradamente intuitivo (5). No queremos con ello asentar acusación de sospecha contra los sinólogos, filósofos e historiadores que se han ocupado de Lao Tsé. Los creemos revestidos de una integridad y deseos de imparcialidad a toda prueba, y dudamos, inclusive, que pueda superarse, por ejemplo, la honestidad de un Arthur Waley en cuanto a escudriñar el arcano chino se refiere. Se trata, simplemente, de que todo pensador o historiador que coloque al Estado como condición sine qua non de orden social no puede, en pura Iógica, ser el intérprete fiél del primer pensador chino, y quizás universal, que empuña la piqueta demoledora contra el más frío de todos los monstruos fríos como diría Nietzsche 2,500 años más tarde, refiriéndose al Estado.

Dirán, y por ello hemos señalado que son honestos y de loable integridad, que Lao Tsé es anarquista, con todas las letras, como aparece en el Three ways of Thought in Ancient China, de Waley, en Our Oriental Heritage, de Will Durant, en La Historia del Pueblo Chino de L. Carrington Goodrich, pero no pondrán el énfasis necesario a todos los aspectos ácratas del pensamiento de Lao Tsé como los ha sabido colocar Yamaga.

El mérito del Tao Te King, como irán comprobando los lectores a medida que se adentren en él, radica mas en el comentario que en su parte primera de cada capítulo. Esta, la prImera parte, es práctIcamente cabalística y su interpretación, al pie de la misma, es la que decide hacia el lado que el fiel de la balanza debe decantarse. De ello se colige que el pensamiento ácrata de Lao Tsé lo debe interpretar mejor y más fidedignamente Yamaga, por su condición de anarquista, por haber nacido en el Extremo Oriente y por haber vivido tantos años en China, en donde el asesoramiento de Si Pho, Li Pei Kan, Lu Chien Bo y Huang Lin Shuang le habría de permitir la construcción de una obra sobre cimientos sólidos y adecuados.

El pensamiento anarquista, todos los libertarios del mundo estaban empeñados en ello, utilizaba siempre una dirección única Oeste-Este. El puente que une Occidente con el Extremo Oriente se cruzaba en un solo sentido, demostrando los occidentales, como siempre, un complejo de superioridad frente a Oriente, del que no queremos aprender nada a pesar de que tanta luz nos ha llegado desde allí.

Oriente, en cambio, con un bagaje cultural tan voluminoso como el nuestro, por lo menos, siempre ha tendido sus antenas hacia nosotros y de la misma manera que en las librerías del barrio Kanda, en Tokío, se ven desparramadas todas las obras de autores euroamericanos modernos y clásicos, en original y traducidos, de igual modo el pensamiento anarquista de Kropotkin, de Bakunin, de Reclus, de Godwin, de Rocker, de Nettlau, por no citar más que a los de primera fila, ha sido conocido, traducido y asimilado por el anarquismo oriental, al tiempo que nosotros, en Occidente, desconocemos la obra del Godwin japonés -Ando Shoeki-, nacido antes que nuestro William y autor del que puede considerarse hermano gemelo del libro de Godwin: De la justicia Política. La obra de Shoeki se llama Shizen Shineido (El Camino de la Naturaleza y el Trabajo), que tiene también simpático parentesco con el Tao Te King, ya que Tao significa camino.

Desconocemos toda la obra de Denjiro Kotoku, que es mucha e intensa, la de Osugi cuyos textos completos, editados por una firma japonesa, comprenden diez volúmenes con un promedio de mil páginas cada uno. La de Ishikawa, la de Morichika Umpei y las ediciones que continuamente publican los libertarios de los ojos almendrados (6). Sabemos que Lu Chien Bo, Li Pei Kan y Si Pho vertieron al chino las obras de Kropotkin, de Bakunin, Reclus y otros anarquistas occidentales, pero nada se ha traducido del magnífico libro de Si Pho, de actualidad perenne, rebatiendo el social-democratismo de Chiang Kang Hu, ni de la obra de Lu Chien Bo: Sin Hsian (Palabras cordiales), que constituyen una ética libertaria a tener muy en cuenta.

Este primer ensayo de reciprocidad que se lleva a cabo al publicar está obra de Taiji Yamaga debería ser la avanzadilla del pensamiento ácrata oriental que, proyectándose sobre el puente, camino de Occidente, podría cancelar esta desacertada dirección única que se ha manifestado, hasta ahora, en la corriente de las ideas libertarias que une Asia con Europa y América.

Víctor García.

Notas

(1) Poema nipón muy breve consistente en dos versos de 5 sílabas y uno de 7.

(2) Hasta que el emperador Meiji abolió las castas, en el Japón regía un sistema muy rígido que iba desde el Emperador hasta los fuera-casta, eta. Los daimyos eran los señores feudales.

(3) El romaji es el uso de las vocales reemplazando el silabario y los signos ideográficos chinos, de modo que el europeo y el americano puedan leer y pronunciar fonéticamente los vocablos japoneses.

(4) Otro pensador chino: Mo Ti, deberá esperar hasta 1922, año en que Alfred Forke lo vierte al alemán y lo hace accesible, por ende, a los idiomas occidentales.

(5) Como ejempio del subjetivismo que encierra el idioma chino, en cuanto a su interpretación, H. Hackmann en su Chinesischen Kulturkreises cita y analiza la siguiente frase:

Ming Lai Yeh Ming cuyos signos ideográficos significan, respectivamente:

Ser claro, venir, noche, irse. De donde se puede construir las siguientes:

La claridad viene (el día), la noche se va.

Cuando el día viene se va la noche.

Cuando el día se acercó, se fue la noche.

Con el día él vino, a la noche otra vez se fue.

(6) Hace escasas semanas apareció: Hacia la Libertad y la Resistencia del anarquista M. Osawa, y actualmente el libertario Yukinaga Maeda, de Kobe, está imprimiendo,

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