Alfredo María Bonanno (Vida y obra)

Alfredo María Bonanno (1937 – hasta nuestros dias ) Nacio en Catania, Italia el 4 de marzo de 1937  es un pensador y activista anarquista insurreccionalista italiano. “Es autor de numerosos ensayos de pensamiento y análisis editados por las Edizioni Anarchismo, algunos de ellos traducidos al castellano como El placer armado o La tensión anarquista“.1

 Bonanno nació en la ciudad de Catania, Sicilia, en 1937. Una influencia en su pensamiento y activismo sería José Lluis Facerías.2 “Facerías, aunque en teoría se asumía anarcosindicalista y acérrimo defensor de la organización centralista, en la práctica reivindicaba la expropiación y la acción directa y como método organizativo recomendaba el grupo mínimo de afinidad”.2

Alfredo María Bonanno fue redactor responsable de las revistas Provocazione y Anarchismo desde la década de los ochenta; con más de veinte volúmenes e infinidad de folletos en su haber.2 “Entre sus libros destacan Poder y Contrapoder, La dimensión anárquica, Teoría y práctica de la insurrección, La destrucción necesaria y Afinidad y organización informal. Asimismo son de resaltar entre su amplia producción de folletos La tensión anárquica, Otra vuelta de tuerca del capitalismo y El placer armado. Este último no solo fue prohibido en Italia, sino que le costó una condena a dieciocho meses de cárcel, acusado de “apología de la violencia y subversión””.2

Fue encarcelado en 1989, al ser detenido junto al compañero Pippo Stasi, durante un robo frustrado por la policía a una joyería en Bergamo.2 Fue condenado por este hecho a dos años en prisión al ser reducidas todas las condenas por decreto gubernamental.2 A mediados de noviembre de 1995, en Italia el fiscal Antonio Marini impulsa lo que se ha dado a conocer como “Proceso Marini” “en el cual fueron apresados sesenta y ocho anarquistas, entre ellos Alfredo María Bonanno, acusado de ser el autor intelectual e ideólogo de dicha organización”.2 Bonanno fue culpado debido a su escrito titulado Nueva vuelta de tuerca del capitalismo El “proceso Marini” culminaría el 20 de abril de 2004, con la condena de once de los activistas detenidos. Bonanno, sería uno de ellos, sentenciado a seis años de cárcel por “apología y propaganda subversiva” entre otros delitos.

En horas de la mañana del jueves 1 de octubre de 2009, fue detenido nuevamente Alfredo Maria Bonanno. Esta vez en la ciudad de Trikala, al norte de Grecia.

La detención ocurrió poco después de un exitoso robo a una sucursal bancaria en pleno centro de la ciudad helénica. Con €46900 en la bolsa, Alfredo y su compañero de ideas y acción Christos Stratigopoulos, lograron huir del lugar en auto. Christos fue interceptado en un retén policial y Alfredo fue capturado en el hotel donde se hospedaba en posesión del dinero y la pistola. Desde el primer momento de la detención, Christos se hizo responsable de la acción, exonerando a Alfredo, por lo que fue acusado de robo armado, mientras que Alfredo sólo se le imputan cargos por “complicidad”. Tras nueve horas de audiencia, ambos fueron condenados a “prisión preventiva”, sentencia que, según la legislación griega, puede alcanzar hasta dieciocho meses de cárcel. Por tanto se encontró por un tiempo en la Cárcel de Máxima Seguridad de Atenas. Los abogados defensores de Alfredo María Bonanno han solicitado a las autoridades griegas que se le conceda “prisión domiciliaria” por razones de salud.2

Alfredo fue condenado a 4 años de prisión, pero el 22 de noviembre de 2010 se celebró, en Larissa, el juicio contra Christos Stratigopoulos y Alfredo María Bonanno, donde este último fue dejado en libertad pero forzado a ser extraditado a Italia, en consideración de su edad (74 años), mientras que Christos fue condenado a ocho años de prisión.

Obras.

Algunos ensayos de Bonanno traducidos al castellano:

  • La tensión anarquista [1]
  • El placer armado [2]
  • Enfermedad y capital [3]
  • Movimiento ficticio y movimiento real [4]
  • Destruyamos el trabajo [5]
  • Unas breves notas sobre Sacco y Vanzetti [6]
  • Nueva vuelta de tuerca del capitalismo [7]
  • Una crítica a los Métodos Sindicales [8]

Referencias.

  1. http://diariodevurgos.com/dvwps/excarcelado-el-anarquista-alfredo-maria-bonanno.php “Excarcelado el anarquista Alfredo María Bonanno”
  2. :a b c d e f g h Rodríguez, Gustavo, “Vivir la Anarquía. Artículo en solidaridad con Alfredo Bonanno y Christos Stratigopoulos”

Enlaces externos.

Véase también.

 

LXS ANARQUISTAS MOLESTAN… de Alfredo María Bonanno

Los anarquistas son enemigos declarados del Estado y de todas las realizaciones institucionales concretas de las que este se dota para controlar y reprimir. Esta declaración de principio, aun con su carácter abstracto, es uno de las características esenciales del anarquismo y nuca ha sido puesta en duda.

El Estado sabe perfectamente que los anarquistas son sus irreductibles enemigos, los que, con más o menos eficacia, lo combatirán hasta el final.

Pero sabe también que, propiamente por esta posición de total y radical enemistad, los anarquistas no pueden encontrar aliados en su lucha contra el Estado, salvo en la participación espontánea de individuos deseosos de transformar las condiciones de opresión en las cuales vivimos todos.

Lejanos de cualquier juego de poder, diamantes en su cristalina pureza ideal, los anarquistas han representado desde siempre la espina clavada de todo Estado, desde el despótico al democrático, de aquí la particular atención que los órganos de policía de cualquier tipo han mantenido sobre ellos.

Y ya que policía y magistratura saben bien que los anarquistas, aunque extraños a toda búsqueda de alianzas políticas, logran encender las simpatías de los que no se han vendido definitivamente, y ahí los tienes con todos los medios para tratar de implicarles en acciones que a menudo no pueden ser obra de ellos, no tanto por motivos de hecho sino por elección de fondo, por motivación de principio.

Los anarquistas están al lado de quien sufre la opresión a menudo sin saber como reaccionar, y esto lo saben todos. Su cercanía es a veces ideal, pero otras tantas ofrecen una mano para el ataque contra los intereses de los dominadores. El sabotaje constituye un ejemplo fácil de seguir, especialmente cundo se realiza con medias simples y por lo tanto resulta al alcance de todos. Esto molesta.

Los anarquistas tienen el olfato afilado para señalar los lugares donde las realizaciones del dominio se muestran a penas visibles, y aquí golpean. Su modo de proceder es fácilmente reconocible porque esta destinado a ser reproducido de la manera más ampliamente posible. No tienen pretensión de señalar corazones sensibles del Estado o de arrogarse la competencia de golpearlos. Esto molesta.

Los anarquistas no aceptan “subvenciones” y/o sustentos, encuentran por si solos los propios medios para su lucha. Normalmente recurriendo a la ayuda de los propios compañeros, con aportaciones o similares. No aman prostituirse. Por eso no poseen el sagrado respeto por la propiedad de los ricos. Cuando alguno de ellos, a título personal, porque así lo ha decidido, llama a la puerta de cualquier banco, si algo va mal esta dispuesto a pagar las consecuencias. Vivir libre tiene sus costes. Esto molesta.

Pero algunas cosas no están dispuestos a hacer. No están dispuestos a asesinar a la gente indiscriminadamente, como hacen los Estados (y los que quieren imitarlos N. del T.) en las guerras y en los periodos de la llamada “paz social”. No aceptarían nunca la idea de una masacre indiscriminada de personas.

De igual manera los anarquistas están contra la cárcel, contra cualquier tipo de cárcel, también la que los secuestradores inflingen a los secuestrados en espera de que se decidan a pagar la suma solicitada como el rescate. Encerrar bajo llave a un ser humano es una práctica envilecedora.

Otra cosa que los anarquistas rechazan es una estructura armada jerárquica, dotada de organigrama, de reglas de funcionamiento, de proyecto político y todo lo demás. Lo que la lenguaje común define como “banda armada” está a años luz de la idea que los anarquistas tienen de la contraposición con el Estado, contraposición que si alguna vez puede ser violenta, y por lo tanto armada, no estará jamás fijada sobre los rígidos cánones que, en definitiva, resultan obtenidos a partir de la imagen a la inversa de la misma estructura que se quiere combatir. (…)

A.M Bonnano

COMPILACIÓN DE ESCRITOS

Alfredo Maria Bonanno

DESTRUYAMOS EL TRABAJO*

Alfredo Maria Bonanno

El trabajo es el argumento que se repite en todos los periódicos, conferencias, debates políticos e incluso en artículos y panfletos escritos por compañeros. Las grandes preguntas que se plantean son: ¿cómo hacer frente a la desocupación creciente? ¿cómo volver a dar un sentido a la profesionalidad laboral penalizada por la actual reestructuración capitalista? ¿cómo hallar caminos alternativos al trabajo tradicional? ¿es posible el reparto del trabajo?. La sociedad postindustrial ha resuelto el problema de la desocupación, al menos dentro de ciertos límites, dislocando la fuerza laboral hacia sectores más flexibles, fácilmente maniobrables y controlables. Ahora, en la realidad de los hechos, la amenaza social de la desocupación creciente es más teórica que práctica y es utilizada como arma política para disuadir a amplias capas de población de intentar direcciones organizativas que pongan en discusión las actuales directrices económicas. En la actualidad, siendo el trabajo mucho más controlable, precisamente en su forma cualificada, pegada al puesto de trabajo, se insiste sobre la necesidad de dar trabajo a la gente, por eso de reducir la desocupación. No porque ésta constituya un peligro en sí, sino más bien al contrario, porque el peligro podría venir de la misma experiencia de flexibilidad ahora ya hecha indispensable en las organizaciones productivas. El haber sustraído una identidad social que precisa el trabajador lleva a posibles consecuencias disgregativas que hacen más difícil el control. Del mismo modo, los intereses de formación profesional en su conjunto no permiten una formación de alto nivel, al menos no para la mayoría de los trabajadores. Se ha sustituido pues la pasada petición de profesionalidad por la actual de flexibilidad, es decir, de adaptabilidad a tareas laborales en constante modificación, a pesar de una empresa a otra; en suma, a una vida cambiante en función de las necesidades de los patronos. Desde la escuela se programa ahora esta adaptabilidad, evitando suministrar los elementos culturales de carácter institucional que una vez constituían el bagaje técnico mínimo sobre el cual el mundo del trabajo construía la profesionalidad. Esta ahora se reduce a unos pocos millares de personas que son preparadas en los másters universitarios, algunas veces a expensas de las mismas y grandes empresas que tratan así de acaparar a los sujetos más proclives a sufrir adoctrinamiento y, como consecuencia, un condicionamiento.

Cambio de relaciones

En el pasado el trabajador vivía en la empresa: tenía amistad con compañeros de trabajo; en el tiempo libre hablaba de los problemas del trabajo; frecuentaba estructuras recreativo-culturales de los trabajadores; y cuando iba de vacaciones acababa por hacerlo junto a la familia de otros compañeros de trabajo. Para completar el cuadro, especialmente en las grandes empresas, diferentes iniciativas sociales ligaban a las distintas familias con pasatiempos y excursiones; los hijos iban a escuelas asistidas financieramente por la misma empresa y cuando se jubilaba uno de ellos, era sustituido por alguno de sus hijos. Se cerraba así todo el círculo laboral que enmarcaba toda la personalidad del trabajador, pero también la de su familia, surgiendo de este modo una identificación total con la empresa. Pensemos, por poner un ejemplo, las decenas de operarios de la FIAT que animaban en Turín a la Juventus, el equipo de Agnelli. Todo este mundo ha decaído completamente. Aunque algún residuo continúa funcionando, ha desaparecido en su homogeneidad y en su uniformidad proyectual. En su lugar ha entrado una relación de trabajo donde la falta de una identidad profesional significa ausencia de una base sobre la cual el trabajador pueda proyectar su vida. Su único interés es ganar lo imprescindible para llegar a fin de mes o pagar el crédito de la casa. Ya en la condición precedente, la huida del trabajo se configuraba como una búsqueda de un modo alternativo de trabajar. El modelo era el del rechazo a la disciplina, el sabotaje sobre la línea de montaje, entendido como reducción de una opresiva cadencia, la búsqueda de retazos de tiempo. Así, el tiempo libre no institucionalizado, sino robado al atento control empresarial, estaba cargado de valor alternativo. Se respiraba fuera de los ritmos encarcelados de la fábrica o taller. Pero en aquellas condiciones el gusto del tiempo encontrado se envenenaba enseguida por la imposibilidad de suministrarle otro sentido que no fuera el mismo del ambiente laboral. Por eso, la abolición del trabajo significaba, hasta hace algunos años, la eliminación de fatiga, creación de un trabajo alternativo fácil y agradable, o bien -y esto en las tesis más avanzadas y bajo ciertos aspectos más utópicos y peregrinos- su sustitución por el juego, pero un juego que obliga, provisto de reglas y capaz de dar al individuo una identidad como jugador-trabajador. Es un hecho si se quiere interesante, pero que no escapa a las reglas esenciales del trabajo entendido en términos de organización global del control. De esto deriva que nos sea posible ninguna abolición del trabajo en términos de reparto progresivo del mismo, sino que se necesita proceder de manera destructiva. Antes que nada es el mismo capital el que ha desmantelado desde hace tiempo su formación productiva, sustrayendo al trabajador su propia identidad. De este modo, lo ha hecho «alternativo» sin que se haya dado cuenta de ello. Tiene libertad de palabra, vestuario, variabilidad de tareas, un modesto compromiso intelectual pedido, la seguridad de los procedimientos, la reducción de los tiempos de trabajo. En definitiva, que haya necesidad de una cantidad de trabajo muy inferior a la hoy obligatoria para percibir un salario era una reivindicación que ayer venía ilustrada por teóricos revolucionarios, mientras que hoy es patrimonio analítico del capitalismo post-industrial y se discute en congresos y reuniones destinadas a reestructurar la producción. Luchas por una reducción, pongamos de veinte horas semanales, del horario de trabajo no tienen sentido revolucionario, en cuanto que abre el camino a la solución de algunos problemas del capital y no el de la posible liberación de todos. La válvula de escape del voluntariado, sobre el que tan poco se discute mientras se trata de un argumento que merecería toda nuestra atención, podría suministrar una de las soluciones operativas a la reducción del horario de trabajo, sin que surja la preocupación de cómo las grandes masas huérfanas del control de un tercio de su jornada pudieran emplear el tiempo encontrado de nuevo. Visto en estos términos, el problema de la desocupación no es el de la crisis más grave del sistema productivo actual, sino un momento constitucional a su estructura, momento que puede ser institucionalizado a nivel oficial y recuperado como empleo proyectual del tiempo libre, siempre por obra de la misma formación productiva, y a través de las estructuras creadas para este fin. Razonado de este modo, se comprende mejor el análisis del capitalismo post-industrial como sistema homogéneo dentro del cual el movimiento de la crisis no existe, habiendo sido transformado en uno de los momentos del proceso productivo mismo.

Ideales «alternativos»

Otro punto a tratar es el de los ideales «alternativos» de vida fundados sobre el arreglárselas uno mismo. Estamos hablando de las pequeñas empresas fundadas sobre la autoproducción en laboratorios electrónicos y en otros pequeños almacenes, sin aire y sin luz para sobrecargarse de trabajo y demostrar que el capital de nuevo ha tenido razón. Si quisiéramos concentrar en una fórmula simple y breve el problema, podríamos decir que si una vez el trabajo confería una identidad social, la del trabajador. Esta identidad, integrada en la del ciudadano formaba el súbdito perfecto. Por ello, la huida del trabajo era un intento concretamente revolucionario, directo a romper el ahógo. Hoy, en el momento en que el capital no suministra más una identidad social al trabajador, sino que al contrario trata de utilizarlo de manera genérica y diferenciada, sin perspectiva y sin futuro, la única respuesta contraria al trabajo es la de destruirlo, procurando una propia proyectualidad, un propio futuro, una propia identidad social del todo nueva y contrapuesta a los intentos de nadificación puestos en marcha por el capitalismo postindustrial. Aquí vuelven a la actualidad algunas reflexiones que parecían de otro tiempo. El sabotaje, cuando se utilizaba, era solamente un medio de intimidación pero, lo que es más importante, golpeaba no sólo para obtener algo, sino que también y diré principalmente, para destruir. Y el objeto de destrucción es siempre el trabajo. Cierto que para atacar se necesita un proyecto, una conciencia de lo que se quiere hacer. El sabotaje es un juego fascinante, pero no puede ser el único juego que se desee jugar. Es necesario disponer de una multitud de juegos, varios y a menudo contrastantes, con el fin de evitar que la monotonía de uno de ellos o el conjunto de las reglas se transforme en un ulterior trabajo aburrido y repetitivo. El aspecto esencial de un proyecto de destrucción está ligado a la creatividad empujada al máximo nivel posible; ¿Qué podremos hacer con el dinero de todos los bancos que atraquemos si luego la única cosa que sabemos hacer es comprarnos un coche, una mansión, ir de discotecas, llenarnos de inútiles necesidades y aburrirnos a muerte hasta el próximo atraco?. Pienso que el rechazo del trabajo se puede identificar antes que nada con un deseo de hacer las cosas que más placen, por eso de transformar cualitativamente el hacer en actividad libre, esto es, en acción. Pero la condición actival el hacer libre, no se consigue de una vez por todas. No puede nunca pertenecer a una situación externa a nosotros y nosotras. Necesitamos profundizar en nuestro propio proyecto creativo, sobre lo que se quiere hacer de la propia vida y de los medios de los que se está en posesión no trabajando. Porque ninguna suma de dinero podrá nunca liberarnos de la necesidad de trabajar y de todas aquellas otras necesidades que se nos crean.

A. M. Bonanno.

El núcleo de base autónomo

Alfredo Maria Bonanno

Estructuras de masas, los núcleos de base autónomos son el elemento que enlaza la organización anarquista informal a las luchas sociales.

El núcleo de base autónomo no es una forma de lucha enteramente nueva. Se han hecho intentos de desarrollar estas estructuras en Italia durante los pasados diez años. Los más notables de estos han sido el Movimiento Autónomo de los Trabajadores del Ferrocarril de Turín, y las ligas autogestionadas contra la base de misiles crucero en Comiso.

Nosotros creemos que la lucha revolucionaria es, sin duda, una lucha de masas. Por tanto, vemos la necesidad de construir estructuras capaces de organizar tantos grupos de explotados como sea posible.

Siempre hemos considerado críticamente la perspectiva sindicalista, tanto a causa de sus limitaciones como instrumento, como por su trágica involución histórica, que ninguna pincelada de pintura anarquista puede cubrir. Así que llegamos a la hipótesis de construir núcleos autónomos de base, que no tuviesen las características de estructuras mini-sindicalistas, teniendo otros objetivos y relaciones organizativas.

A través de estas estructuras se ha hecho un esfuerzo por enlazar el movimiento anarquista específico a las luchas sociales. Una barrera considerable de reticencia e incomprensión se ha encontrado entre los camaradas, y esto ha sido un obstáculo para realizar este método organizativo. Es en momentos de acción cuando emergen las diferencias entre camaradas que están de acuerdo en los principios con la propaganda anarquista, la lucha contra el Estado, la autogestión y la acción directa. Cuando nos trasladamos a una fase organizativa, sin embargo, debemos desarrollar un proyecto que esté en contacto con el nivel actual del enfrentamiento entre las clases.

Nosotros creemos que, debido a la profunda transformación social, es inconcebible que una sola estructura intente contener toda la lucha social y económica dentro de sí. En cualquier caso, ¿por qué habrían los explotados de entrar y hacerse parte de una organización anarquista específica para llevar a cabo su lucha?

Un cambio radical del modo en que funciona la sociedad -la explotación- sólo puede lograrse mediante la revolución. Es por esto por lo que estamos intentando intervenir con un proyecto insurreccional. Las luchas del mañana sólo tendrán un resultado positivo si la relación entre la estructura anarquista específica informal y la estructura de masas de núcleos autónomos de base se clarifica y se lleva a efecto.

El objetivo principal del núcleo no es abolir el Estado o el Capital, que son prácticamente inatacables mientras tanto sigan siendo un concepto general. El objetivo del núcleo es luchar y atacar este Estado y este Capital en sus estructuras menores y más asequibles, recurriendo al método insurreccional.

Los grupos autónomos de base son las estructuras de masas y constituyen el punto de encuentro entre la organización anarquista informal y las luchas sociales. La organización dentro del núcleo se distingue por las características siguientes: la autonomía respecto a cualquier fuerza política o sindical; la conflictividad permanente (una lucha constante y efectiva hacia los objetivos que se deciden, no intervenciones ocasionales esporádicas); el ataque (el rechazo del compromiso, la mediación y el acomodamiento que cuestionan el ataque al objetivo elegido).

En lo que respecta a los objetivos, estos son decididos y realizados a través de ataques a las estructuras represivas, militares y productivas, etc… La importancia de la conflictividad permanente y del ataque es fundamental.

Estos ataques son organizados por los núcleos en colaboración con las estructuras anarquistas específicas, que proporcionan apoyo práctico y teórico, desarrollando la búsqueda de los medios requeridos para la acción, señalando las estructuras e individuos responsables de la represión y ofreciendo un mínimo de defensa contra intentos de recuperación política o ideológica por el poder o contra la represión pura y simple.

A primera vista, la relación entre la organización anarquista específica y el núcleo de base autónomo podría parecer contradictoria. La estructura específica sigue una perspectiva insurreccional, mientras que los núcleos parecen estar en un plano completamente distinto, el de la lucha intermedia. Pero esta lucha sólo permanece tal al comienzo. Si el análisis en el que se basa el proyecto coincide con los intereses de los explotados en la situación en que se encuentran, entonces un resultado insurreccional de la lucha es posible. Por supuesto, este resultado no es algo cierto. Esto no puede garantizarlo nadie.

Este método puede ser acusado de ser incompleto y de no tener en cuenta el hecho que un ataque contra una o más estructuras siempre terminan incrementando la represión. Los camaradas pueden reflexionar sobre estas acusaciones. Nosotros pensamos que nunca es posible ver el resultado de una lucha en avance. Incluso una lucha limitada puede tener las consecuencias más inesperadas. Y, en cualquier caso, el pasaje de las diversas insurrecciones -limitadas y circunscritas- a la revolución no puede nunca garantizarse por adelantado mediante ningún procedimiento. Nosotros seguimos adelante mediante el ensayo y el error, y decimos a cualquiera que, si tiene un método mejor, que lo aplique.

A. M. Bonanno.

LOS ANARQUISTAS MOLESTAN*

Alfredo Maria Bonanno

Los anarquistas son enemigos declarados del Estado y de todas las realizaciones institucionales concretas de las que este se dota para controlar y reprimir. Esta declaración de principio, aun con su carácter abstracto, es uno de las características esenciales del anarquismo y nuca ha sido puesta en duda.

El Estado sabe perfectamente que los anarquistas son sus irreductibles enemigos, los que, con más o menos eficacia, lo combatirán hasta el final.

Pero sabe también que, propiamente por esta posición de total y radical enemistad, los anarquistas no pueden encontrar aliados en su lucha contra el Estado, salvo en la participación espontánea de individuos deseosos de transformar las condiciones de opresión en las cuales vivimos todos.

Lejanos de cualquier juego de poder, diamantes en su cristalina pureza ideal, los anarquistas han representado desde siempre la espina clavada de todo Estado, desde el despótico al democrático, de aquí la particular atención que los órganos de policía de cualquier tipo han mantenido sobre ellos.

Y ya que policía y magistratura saben bien que los anarquistas, aunque extraños a toda búsqueda de alianzas políticas, logran encender las simpatías de los que no se han vendido definitivamente, y ahí los tienes con todos los medios para tratar de implicarles en acciones que a menudo no pueden ser obra de ellos, no tanto por motivos de hecho sino por elección de fondo, por motivación de principio.

Los anarquistas están al lado de quien sufre la opresión a menudo sin saber como reaccionar, y esto lo saben todos. Su cercanía es a veces ideal, pero otras tantas ofrecen una mano para el ataque contra los intereses de los dominadores. El sabotaje constituye un ejemplo fácil de seguir, especialmente cundo se realiza con medias simples y por lo tanto resulta al alcance de todos. Esto molesta.

Los anarquistas tienen el olfato afilado para señalar los lugares donde las realizaciones del dominio se muestran a penas visibles, y aquí golpean. Su modo de proceder es fácilmente reconocible porque esta destinado a ser reproducido de la manera más ampliamente posible. No tienen pretensión de señalar corazones sensibles del Estado o de arrogarse la competencia de golpearlos. Esto molesta.

Los anarquistas no aceptan “subvenciones” y/o sustentos, encuentran por si solos los propios medios para su lucha. Normalmente recurriendo a la ayuda de los propios compañeros, con aportaciones o similares. No aman prostituirse. Por eso no poseen el sagrado respeto por la propiedad de los ricos. Cuando alguno de ellos, a título personal, porque así lo ha decidido, llama a la puerta de cualquier banco, si algo va mal esta dispuesto a pagar las consecuencias. Vivir libre tiene sus costes. Esto molesta.

Pero algunas cosas no están dispuestos a hacer. No están dispuestos a asesinar a la gente indiscriminadamente, como hacen los Estados (y los que quieren imitarlos N. del T.) en las guerras y en los periodos de la llamada “paz social”. No aceptarían nunca la idea de una masacre indiscriminada de personas.

De igual manera los anarquistas están contra la cárcel, contra cualquier tipo de cárcel, también la que los secuestradores inflingen a los secuestrados en espera de que se decidan a pagar la suma solicitada como el rescate. Encerrar bajo llave a un ser humano es una práctica envilecedora.

Otra cosa que los anarquistas rechazan es una estructura armada jerárquica, dotada de organigrama, de reglas de funcionamiento, de proyecto político y todo lo demás. Lo que la lenguaje común define como “banda armada” está a años luz de la idea que los anarquistas tienen de la contraposición con el Estado, contraposición que si alguna vez puede ser violenta, y por lo tanto armada, no estará jamás fijada sobre los rígidos cánones que, en definitiva, resultan obtenidos a partir de la imagen a la inversa de la misma estructura que se quiere combatir.

Todas los montajes que en los últimos diez años se han construidos contra los anarquistas han seguido dos directrices: por un lado los órganos del Estado han tenido presente la extrema peligrosidad de un modelo de vida y acción que, si a penas se viese generalizado o fuese conocido de manea adecuada, podría desbaratar la sociedad de los adormecidos y de los conformistas; por otra parte han tratado de señalar a los anarquistas como responsables de masacres, de secuestros, de banda armada: propiamente lo que los anarquistas no pueden decidir de hacer.

Pero, ¿por qué el Estado trata de “usar” a los anarquistas?

Porque con su elección de manifestarse contrarios a cualquier compromiso y a cualquier connivencia política con los actuales o los futuros dominadores se prestan de forma ideal para ser utilizados en este sentido.

¿Dónde encontrarán quien les defienda?

¿Quién se arriesgará por su causa?

Ninguna persona de bien podría hacerlo, y propiamente por esto, para tenerse para si a las personas de bien, es por lo que el Estado controla, roba, masacra y todo lo demás.

El Estado podría contentarse metiendo en la cárcel a los anarquistas simplemente acusándoles de comportamiento antisocial, de profesar una doctrina peligrosa, de vilipendio de los órganos institucionales, de apología de delitos varios, de incitación a la revuelta. Decenas y decenas, por no decir centenares, de procesos de este tipo se han celebrado y nunca ha habido condenas serias: de pocos meses a algún año.

Pero los anarquistas quebrantan la quietud dorada de los bienpensantes, pueden constituir la pequeña llama que inicie el incendio, y con los tiempos que corren es necesario tener una estrategia adecuada para ponerlos completamente fuera de juego.

Sale así a relucir un señor Antonio Marini, sustituto procurador de Roma. Un señor de dientes afilados y de fértil cerebro para inventar historias. Tiene a sus espaldas la experiencia de procesos como los de el caso Moro (político conservador secuestrado y asesinado por las Brigadas Rojas, N. del T.) o el atentado al Papa, por lo tanto no hay persona más idónea que él para el menester: nunca jamás podría llegar a entender como razonan los anarquistas y de que cosas -en términos legales- son constantemente responsables.

Así es como el egregio Marini se pone en la estela de sus ilustres predecesores y construye su teorema: los anarquistas son responsables de las miles de acciones contra el Estado y contra sus tentáculos económicos que en los últimos años se han producido en todo el territorio nacional. Sin embargo el teorema hace agua. ¿Como se puede demostrar que unos pocos anarquistas han tirado abajo centenares de postes eléctricos o incendiado las filiales Standa del señor Berlusconi? No se puede. Es necesario por lo tanto ponerles en el centro de otro tipo de hechos más graves: masacres no es que haya demasiadas a mano (en el futuro no se sabe, ya veremos), pero hay secuestros. Se les puede atribuir a ellos los hechos, verdaderamente desconcertantes, de haber tomado parte en todos los más importantes secuestros de los últimos años.

Que importa que muchísimos anarquistas estén en contra de cualquier forma de prisión; esto el señor Marini no lo sabe. Elaborado el teorema, conducido por el corolario de la banda armada, se encuentra también una joven que sostiene de conocer a los anarquistas, de conocerles bien, de haber hecho incluso un atraco con algunos de ellos. El resto vendrá por si solo.

Adelante señores, estamos en la enésima escenificación.

En su tiempo fueron las bombas de la Feria de Muestras de Milán. Algunos compañeros de Milán serán acusados de intento de masacre y retenidos en la cárcel durante casi un año. Durante el proceso todo se desinfla. Montaje.

Después la masacre de Plaza Fontana, con decenas de muertos. Los anarquistas responsables. El asesinato de Pinelli, arrojado al vacío desde una ventana de la comisaría de Milán. Hoy la misma magistratura, después de casi un cuarto de siglo, ha tenido que admitir que quienes pusieron las bombas fueron los servicios secretos del Estado democrático italiano. Montaje.

En 1980 se producen decenas de detenciones de anarquistas en toda Italia, acusados de atracos, de banda armada e insurrección contra el Estado. El proceso no supera ni tan siquiera la fase instructora. Montaje.

De 1984 a 1988 se producen al menos cuatro tentativas de implicar a los anarquistas en los hechos relacionados con los postes de alta tensión saboteados por casi todo el territorio italiano. A pesar de los diversos procesos celebrados no se produce ninguna condena. Montaje.

En 1989 se trata de construir ad hoc una “asociación subversiva” después de la detención de algunos anarquistas durante un atraco. La acción judicial queda abortada. Montaje.

En 1991 clamorosa operación dirigida a implicar a un presunto grupo “Anarchismo e provocazione “en el secuestro de Mirella Silocchi. El grupo se revela como inexistente, mientras existen desde hace mucho tiempo una revista que se llama “Anarchismo” y un periódico que se llama “Provocazione”. La intentona de dar vida a esta maquinación queda abortada. Montaje.

En 1994 registro en Florencia en la redacción del semanal anarquista “Canenero” (en el mismo local poco antes había sido encontrado un micrófono) y se consignan tres “avisos de garantía” a varios compañeros en relación a los atentados contra los negocios Standa propiedad de Silvio Berlusconi. En este caso también el proceso no supera ni tan siquiera la fase instructora. Montaje.

Aquí estamos otra vez de nuevo.

A. M. Bonanno.

MOVIMIENTO FICTICIO Y MOVIMIENTO REAL*

Alfredo Maria Bonanno

EL MOVIMIENTO ANARQUISTA

El movimiento anarquista en su estructura está compuesto por pequeños centros de poder que se desarrollan, actúan, juzgan, condenan, absuelven, deciden y se equivocan como todos los centros de poder. La función que desarrollan es semejante a la de sindicatos y partidos al servir de enlace entre las exigencias del capital y las presiones del embate de clase. Su óptica es la de sumar el mayor número posible de personas bajo una sigla o bandera. En este caso, el poder se mide en base al número de militantes, o mejor, el número de grupos federados (que la cosa impresiona más en cuanto no se sabe si un grupo está constituido por 2 o 200 militantes). Muchos compañeros están más atentos a los congresos y a las reuniones que a las propias luchas; más inclinados a redactar artículos filosóficos para las revistas que insisten en publicarles que al compromiso personal; no tan preocupados en atacar al poder como en tratar de molestarlo lo menos posible para seguir disponiendo de pequeñísimos espacios donde luchar o donde ilusionar con su lucha. La verdad es que en Italia el movimiento es, en su mayor parte, un movimiento ficticio. Quitando raros casos, está fuera de las luchas. Luchas que no pocos grupos y federaciones se atribuyen. Algún grupo va más adelante y se complace haciéndonos conocer sus experiencias dentro de algún consejo de fábrica o comité de barrio. Lo que aquí queremos subrayar es que, a menudo, detrás de toda esta tendencia o colectivo se pueden encontrar algunas personalidades más fuertes que otras, que acaban por construir un verdadero y propio centro de poder, administrándolo en perfecta armonía con las reglas universales del poder. No falta, y es evidente de modo particular en el movimiento anarquista italiano la tendencia a sobrevalorar la importancia del movimiento en sentido específico como elemento dinamizador de la revolución libertaria. Es de nuevo la manía del crecimiento cuantitativo, de la fuerza numérica, tanto más fuerte y desconcertante cuanto menos se es, y cuanto más lejos se está de las condiciones que hacen posible el crecimiento mismo. Resumiendo, tenemos pues un movimiento que se coloca como depositario de un patrimonio de ideas, análisis y experiencias bien precisas, pero que no tiene una relación directa con las luchas. Falta su presencia en las masas, que se considera como condición «única» de su mismo llamarse movimiento anarquista. Pero no todos los compañeros que se sitúan dentro de este movimiento comparten las ideas susodichas, no todos se acomodan a la espera de un crecimiento cuantitativo que debe producirse dentro del movimiento, crecimiento determinante para cualquier acción a desarrollar «en las» masas. Algunos ven el problema en sentido opuesto. En general este distinto análisis es realizado por los denominados grupos autónomos, aunque no es para nada homogéneo o universalmente aceptado.

MOVIMIENTO FICTICIO Y MOVIMIENTO REAL

Consideramos como movimiento anarquista ficticio el conjunto de los compañeros que administran una posición de poder dentro del movimiento, que no hacen un preciso trabajo anarquista contribuyendo al crecimiento de la conciencia revolucionaria en las masas, sino que se limitan a presidir las reuniones y congresos, tratando de dirigir a los compañeros más jóvenes o menos preparados hacia lo que ellos consideran los principios indiscutibles del anarquismo. Quedan los otros compañeros que por debilidad o por aquiescencia acaban por adecuarse a las decisiones que son tomadas siempre por las mismas personas. Esos, aunque comprometidos en las luchas concretas desnaturalizan el significado mismo de la necesidad de la delegación y no se ocupan de prepararse de modo tal que válidamente se contrapongan a la «tiranía» del compañero más competente o de más autoridad. El resto del movimiento comprende dos direcciones bien precisas: los que teorizan la necesidad de la minoría específica, constituyéndose como vanguardia destinada a tutelar los sacros principios del anarquismo (o anarco-leninismo); y los autónomos, que se debaten entre el estímulo originario del crecimiento y una nueva visión del movimiento en sentido real En el caso de que estos últimos grupos se autoconsideren los depositarios de la verdad y, como tales, destinados a recoger la herencia de las sacras virtudes anarquistas del pasado, su destino está señalado con anticipación. Muy prestos también ellos encontrarán a su líder (si no lo han encontrado ya) y marcharán en las filas del movimiento ficticio; en el caso de que giren la mirada fuera de la organización, hacia la realidad concreta de las luchas, entonces tal vez sean los compañeros más indicados para darnos un nuevo análisis de la esencia y las posibilidades de un movimiento anarquista real. Pero, en general, el movimiento anarquista no molesta mucho y se le deja dormitar en paz. La ilusión democrática abre espacios de acción imaginaria ante los ojos de muchos compañeros y los induce al error.

EL MOVIMIENTO ANARQUISTA REAL

La parte no desdeñable del movimiento anarquista internacional que está constituida por los grupos autónomos, como habíamos indicado, no tiene un derecho mayor que cualquier otra, a declararse parte -o constituyente- del movimiento anarquista real. También aquí se pueden verificar fenómenos de concentración elitista, de elefantismo obtuso, de atraso en los análisis en las estrategias de lucha. Al contrario, nos parece que el lugar más seguro para buscar el movimiento anarquista real está fuera de los esquemas y de las iglesias. Se sitúa en las masas que en concreto plasman sus postulados en la confusión y en los cambios de opinión, en los errores y en los titubeos, pero con un notable esfuerzo de autoorganización de la lucha, empleando en ellos una estrategia anarquista de aproximación a la revolución social. Pero esta búsqueda en las masas no se puede hacer de modo ciego. En las masas explotadas la organización de los ataques al poder (patronos, sindicatos, partidos) es un hecho espontáneo, emergente de modo inmediato del proceso de explotación. En estas luchas se dan un mínimo de condiciones para el crecimiento de un movimiento real que no es cuantificable en términos de grupos o federaciones, sino que, indirectamente, resulta medible sobre la base del número de acciones de un cierto tipo que son realizadas sobre la base de la circulación de ciertas ideas, sobre la base de la respuesta que ciertas ideas reciben en determinados ambientes de explotación. En esta perspectiva las tesis anarquistas del pasado no pueden ser aceptadas de forma sagrada, sino que deben ser leídas en clave de actualidad, como modelos de acción y no como estereotipos momificados. Sólo de este modo se podrá tener un movimiento anarquista real que no resulte atrasado frente a los estímulos teóricos procedentes de las situaciones reales impuestas por el movimiento real de los trabajadores. Este, resistiendo a la eliminación física en las cárceles y en los manicomios, rechazando jugar el rol asignado por el poder, desarrolla una organización autónoma que puede también llegar a formas bien precisas de articulación. El movimiento anarquista real no puede ser extraño a esta germinación organizativa espontánea: obligatoriamente debe formar parte de ella tratando de garantizar la esencia libertaria que emerge del movimiento de base: la lucha contra todo tipo de poder. Pero este movimiento anarquista real no debe asumir ninguna forma de prevalencia sobre las organizaciones del movimiento de los trabajadores y no puede ser administradas por especialistas iluminados capaces de mantenerlas en vida en momentos de cansancio. El punto esencial a no olvidar es que estos famosos momentos de reflujo lo son para el movimiento ficticio de los trabajadores, no para el movimiento real, sometido en todo instante a la presión incansable de la explotación y el genocidio.

EL MOVIMIENTO FICTICIO Y EL DOMINIO DE LO APARENTE

Nosotros somos partidarios de la organización, pero la organización no puede ser un problema en sí misma, aislada de la lucha; un obstáculo para acceder al combate de clase. El conjunto organizativo despegado de la realidad cae en el dominio de lo aparente y se eleva a la categoría de catedral en el desierto. En su interior se producen todo tipo de disputas entorno a las estrategias y tácticas, que nada tienen que envidiar a las reales; sólo que todo sucede en mundo ficticio. El motivo de esta situación se debería buscar en la existencia de pequeños centros de poder que empujan a muchos compañeros a rotar en torno a ellos, mientras los pocos que administran estos centros, en base a la ley de cualquier organización de poder, no pueden hacer otra cosa que continuar administrándolos. Nos parece que estos compañeros, aunque de buena fe, son responsables directos de esta situación si continúan sin hacer nada al respecto. Es verdaderamente extraordinario el esmero con el que son embalsamadas ciertas momias por quien debería ser por definición contrario a todo tipo de conservadurismos. En sustancia es la ilusión producida por la apariencia lo que empuja a estos compañeros a comprometerse en algo que no tiene sentido si no es considerado un fin en sí mismo. De ahí las grandes fatigas para mantener en pie organizaciones que sólo tienden a perpetuarse a sí misma esperando que llegue el día glorioso de pasar a la acción. El proyecto revolucionario anarquista parte del contexto específico de la realidad de las luchas. No es un producto de la minoría, no es elaborado por ésta y exportado al movimiento de los trabajadores, que lo adquiere en bloque o a plazos. El proyecto revolucionario no es ni siquiera una realización acabada en todas sus partes. Los anarquistas no deben imponer su conciencia de minoría revolucionaria a la clase trabajadora. Actuar en este sentido significa, involuntariamente, perpetuar la violencia leninista. Al contrario, participando en el proceso de autoorganización de la masa, trabajando dentro, no como teóricos políticos o especialistas militares, sino como masa, se puede evitar el obstáculo insuperable de la minoría separada que intenta «viajar» hacia la totalidad de la masa, pero no sabe decidirse sobre la metodología a emplear. Es necesario partir del nivel real de las luchas, del nivel concreto y material del combate de clase, construyendo pequeños organismos de base, autónomos, capaces de colocarse en el punto de coincidencia entre la visión total de la liberación y la visión estratégica parcial que la colaboración revolucionaria hace indispensable. No se trata pues de propaganda, de «hacerse conocer» por las masas, no se trata de acceder a los grandes medios de comunicación, no se trata de hablar en televisión a millones de espectadores; se trata de realizar en cada hecho de la lucha de masa la conciencia revolucionaria de la minoría, transformando en hecho-concreto la conciencia que en convento minoritario, quedaba en simple abstracción; haciendo que la necesidad del comunismo advertida por las masas se realice, poco a poco, en una concreción cotidiana, en una organización material de la vida.

¿QUE MOVIMIENTO?

Pero, en definitiva ¿qué cosa debemos entender por movimiento anarquista? Pensamos que debe ser entendido en el sentido más amplio de término, como el conjunto de todas las fuerzas que luchan por la realización de una revolución social libertaria; pero pensamos también que la cristalización oficial de algunos componentes de este movimiento, el ponerse cómodo sobre temáticas escolásticas, el encerrarse en conventos que escupen sentencias de absolución o condena, haya acabado, al día de hoy, por transformar la parte más grande de este movimiento en un pesado e inútil carrozón ideológico. Sin embargo, más allá de la estructura, que está matando todo, hay compañeros, individuos que intentan luchar por su ideal, que ven con claridad como este choque continuo con la estructura acaba por oprimirlo cuando debía exaltarlo y hacerlo realizable. Estos compañeros son los destinatarios privilegiados de nuestro discurso.

LA ORGANIZACIÓN

La organización específica de las masas explotadas se da a través de la autoorganización. Esta puede extenderse en el curso del combate y del desarrollo de las contradicciones, pero sin perder su fundamento espontáneo de autorregulación. Esto garantizará la persistencia de una estructura horizontal, única salvaguardia para continuar la lucha. El aislamiento es la causa de la derrota revolucionaria, no sólo sobre el plano militar, sino, más todavía, sobre el político. Ello no es posible cuando el organismo actuante no es producto de un dualismo (organismo de masas-organización específica), sino que es la masa misma la que extiende su actividad estructurándose de modo autónomo. Todo está todavía por hacer en esta dirección. La masa desarrolla e incrementa diariamente su necesidad de comunismo, elabora su propia teoría, determina sus enemigos. No podemos continuar quedándonos en lo cerrado de nuestros grupos, meditando análisis y proponiendo estrategias de acción como producto de un organismo que se considera interlocutor privilegiado de la masa. Debemos poner al revés el razonamiento, dejar de contarnos y comenzar a contar a los explotados y guettizados.

DE NUEVO SOBRE EL ERROR DEL CRECIMIENTO CUANTITATIVO DE LA MINORÍA

La vieja ideología cuantitativa se puede transferir bajo la forma de objetivación de la minoría misma. El compromiso por la lucha viene dado por la búsqueda del crecimiento del movimiento específico, de la minoría. No debemos basarnos en las propias perspectivas y en los intereses propios, utilizando las ocasionales instancias del movimiento de los trabajadores como detonador del proceso de desarrollo y de ampliación, sino, al contrario, el punto de partida debe ser la transformación de la realidad misma, esto es, la transformación de la relación existente entre autoorganización y delegación de las luchas. Por eso, el «terreno» sobre el que comprometerse sólo puede ser el propuesto por los estímulos de la realidad misma, tomando en cuenta, como sabemos, que estos estímulos están divididos entre el empuje hacia la autoorganización de las luchas y el impulso hacia la delegación. Si en un barrio crece el descontento por ciertas carencias del poder que causan disfunciones (aumento de la explotación), esto no significa que el barrio esté dispuesto a auto organizar la lucha para resolver el problema inicial, hacer disminuir la explotación que lo golpea y pasar a profundizar la lucha por otros objetivos más generales y más específicamente revolucionarios. A menudo, todo lo que está dispuesto a hacer es esperar para ver qué camino es el más eficaz para obtener aquello de lo que carece.. Por este simple motivo, sindicatos y partidos pueden en todo momento obligar al poder a eliminar las contradicciones y, haciéndolo así, a apagar las luchas. Nuestra tarea no puede ser, por tanto, sólo la de llegar antes que ellos, sino la de introducir la lucha en un cuadro más amplio, en un proyecto revolucionario más complejo, que pueda desplazar la relación autoorganización-delegación! del lado de la autoorganización. Y esto no es posible encerrándose en el hecho en cuanto tal, en la acción como fin en sí misma, o peor todavía, en una perspectiva de crecimiento cuantitativo de la minoría. En estos últimos tiempos, la necesidad de comprender bien esta relación se hace más apremiante. Podemos decir que el disenso se ha institucionalizado. La contestación, el formular peticiones no ortodoxas, una cierta animosidad de la base, cosas que hasta ayer causaban un cierto pánico en los sindicatos y en los partidos, hoy pueden ser objeto de debate en las instituciones. Mediante la discusión, la apertura, las asambleas de base, el diálogo, se impone, de forma limpia y sin escorias, lo que quiere el poder. Por tanto, el objetivo de intervención no puede ser establecido a priori, sino que va delimitándose en el curso de la intervención misma y sobre la base de las modificaciones que ello causa sobre la realidad de las luchas. No puede valorarse en base a resultados objetivos inmediatos por alcanzar, porque esta también puede ser tarea de partidos y sindicatos; no puede ni siquiera valorarse en base a una ideología a priori, que acaba por hacerse afirmación maximalista y, muchas veces, inoperante frente a una realidad que se va estructurando sobre una serie de contradicciones. Si, por ejemplo, nos limitásemos a denunciar las condiciones de los encarcelados, seríamos sin duda útiles a los compañeros a los compañeros que sufren la represión; pero limitándonos a esto, condenaríamos nuestra intervención a quedar en manos de una minoría externa que se acerca a la realidad y la divisa, se bate por ella y, – al límite, hace algo por cambiarla a mejor. Pero este «cambiar a mejor» es útil también para el poder que, antes o después, debe también decidirse a adoptar sistemas más refinados y socialdemócratas de represión; sistemas igualmente, si no más, eficaces. La acción práctica de la minoría es la realidad de las luchas es, pues, la de impulsar el desarrollo de la autoorganización, rompiendo con el delegacionismo y el dirigismo, aunque esté camuflado de proyecto revolucionario.

LA FRAGMENTACIÓN DE LA REALIDAD DE LAS LUCHAS

La existencia misma del poder y de la explotación es el indicio más seguro de la fragmentación de la realidad de las luchas. En caso de que éstas lograsen fundirse en una acción homogénea, es decir, hiciesen prevalecer la tendencia a la autoorganización, el poder sería barrido. Y dado que este último aprecia perfectamente el peligro, se organiza en consecuencia. Sus aliados más eficaces: los partidos y los sindicatos. Esta fragmentación no se traduce en una distinción de niveles según la presencia reformista, tecnocrática o revolucionaria. Es una fragmentación que desciende en vertical, en profundidad. Una realidad de lucha en una fábrica, barrio, guetto, escuela, manicomio, etc. no es nunca calificable como «realidad» reformista, tecnocrática, revolucionaria, etc., siempre tiene un conjunto de problemas y de estímulos que la caracterizan, un conjunto de tendencias y prejuicios, de separación y de empeño, de compromisos y de toma de conciencia. Sólo cerrando los ojos se puede admitir, por definición, que la minoría es monolítica porque ha tomado conciencia, mientras que la realidad es fragmentaria porque ha de ser conquistada por la minoría. En realidad las cosas son muy distintas, el proceso es, para ambos elementos de esta relación, una tendencia y una constante modificación.

A. M. Bonanno.

ENFERMEDAD Y CAPITAL

Alfredo Maria Bonano

La enfermedad, entendida como un mal funcionamiento del organismo, no es algo exclusivamente humano. Los animales también padecen enfermedades, e incluso las cosas en su propio sentido presentan defectos en su funcionamiento. La idea de la enfermedad como una anormalidad, es la idea clásica desarrollada por la ciencia médica.

La respuesta a la enfermedad, principalmente gracias a la ideología positivista que domina la medicina actualmente, es la de la cura, consistente en una intervención externa elegida desde prácticas específicas, cuyo objetivo es restaurar las condiciones de una supuesta idea de normalidad.

A pesar de todo, sería un error pensar que la búsqueda de las causas de la enfermedad siempre han ido paralelas a esta necesidad científica de restaurar la normalidad. Durante décadas los remedios no se han basado en los estudios de las causas, ya que en aquellos tiempos estos eran absolutamente fantásticos. Los remedios tenían su propia lógica, especialmente cuando se basaban en conocimientos empíricos de las fuerzas de la naturaleza.

En los últimos tiempos una crítica del sectarismo de la ciencia, incluida de la medicina, se ha basado en la idea de la totalidad del hombre: una entidad construida por varios elementos-intelectuales, económicos, sociales, culturales, políticos, etc. Es en esta nueva perspectiva donde se inserta la hipótesis materialística y dialéctica del marxismo. La totalidad de un hombre nuevo y real descrita de varios modos, no más tiempo dividida en los sectores que el viejo positivismo nos tenía acostumbrados, fue de nuevo resumida en un determinismo de una sola dirección por los Marxistas.

Las causas de la enfermedad son consideradas como consecuencia exclusiva del capitalismo, el cual aliena al hombre a través del trabajo, exponiéndole a una relación distorsionada con la naturaleza y la “normalidad”, el otro lado de la enfermedad.

En nuestra opinión ni las tesis positivistas que ven a la enfermedad como el mal funcionamiento del organismo, ni las marxistas que consideran que todo mal es debido al crimen del capitalismo son suficientes.

Las cosas son algo más complicadas. Básicamente, no podríamos decir que las enfermedades no existirían en una sociedad liberada. No podríamos decir que si se lograse ese maravilloso evento, la enfermedad se reduciría a un simple debilitamiento de alguna fuerza hipotética que se encuentra todavía por descubrir. Creemos que la enfermedad es parte de la naturaleza del estado del hombre que vive en sociedad, y que sería el precio a pagar por corregir un poco las condiciones óptimas de la naturaleza para obtener la artificialidad necesaria para construir incluso la más libre de las sociedades.

Ciertamente, el crecimiento exponencial de la enfermedad en una sociedad libre donde la artifiacilidad entre individuos sería reducida a lo estrictamente imprescindible, no podría compararse con el que habría en una sociedad basada en la explotación, tal y como es nuestra sociedad actual.

Se puede entender de esta idea, que la lucha contra la enfermedad es una parte integral del conflicto de clases. No tanto porque la enfermedad este causada por el capital -que sería una declaración determinista y por lo tanto inaceptable- sino porque una sociedad libre sería diferente.

Incluso en su negatividad estaría más cerca de la vida, de ser humano.

Así la enfermedad podría ser una expresión de nuestra humanidad tal y como hoy en día es una expresión de nuestra terrible inhumanidad.

Esta es la razón por la cual nunca estaremos de acuerdo con la tesis simplista resumida en la frase “hacer de la enfermedad un arma”, incluso a pesar de que merece ser digna de respeto, especialmente en lo concerniente a enfermedades mentales. No es realmente posible proponer al paciente una cura basada exclusivamente en la lucha contra el enemigo de clase.

Aquí la simplificación podría ser absurda. La enfermedad también significa sufrimiento, dolor, confusión, incertidumbre, duda, soledad, y estos elementos negativos no se limitan al cuerpo, también atacan a la conciencia y a la voluntad. Construir programas de lucha sobre tales bases sería bastante irreal y terriblemente inhumano.

Pero la enfermedad puede convertirse en un arma si entendemos tanto sus causas como sus efectos. Puede ser importante para mí entender cuales son las causas externas de mi enfermedad: capitalismo y explotadores, Estado y Capital. Pero esto no es suficiente. También necesito clarificar mi relación con MI ENFERMEDAD, que no debería ser solamente sufrimiento, dolor y muerte.

Debería también ser un método por el que poder entenderme y entender a los demás mejor, así como la realidad que me rodea y que es necesario hacer para transformarla, y obtener a su vez una mejor comprensión de las salidas revolucionarias.

Los errores que se han cometido en el pasado sobre esta materia provienen de la falta de claridad debido a la interpretación marxista. Que se basa en la reclamación de establecer una relación DIRECTA entre enfermedad y capitalismo. Nosotros creemos que esta relación debería ser INDIRECTA, esto es siendo conscientes de la enfermedad, pero no la enfermedad en general como una condición de ANORMALIDAD, sino mi enfermedad como parte de mi vida, un elemento de MI NORMALIDAD.

Y después vendrá la lucha contra esta enfermedad. Incluso aunque no todas las luchas terminan en Victoria.

A. M. Bonanno.

UNAS BREVES NOTAS SOBRE SACCO Y VANZETTI*

Alfredo Maria Bonanno

Naturalmente que nos encontramos muy lejos de los tiempos y las condiciones en las cuales tuvo lugar la tragedia de Sacco y Vanzetti. ¿Pero realmente han cambiado tanto lo concerniente, a la forma en la que la opinión democrática mundial reacciona? ¿Por qué? ¿Quizás debido a la falta de claridad y a ciertos malentendidos? Estas son las cuestiones que discutiré en las notas que siguen a continuación.

¿Por qué estas anotaciones?

Tras leer “Acto en el día de estudio sobre el caso de Sacco y Vanzetti” presentado en Villafalletto el 4 y 5 de septiembre de 1987, me pregunté cuanta importancia tuvo y tiene todavía hoy el hecho de que estos dos compañeros fueran inocentes. ¿Si los dos compañeros se hubiesen declarado responsables o hubiesen sido innegablemente considerados responsables de las acciones que se les atribuía, hubiesen seguido siendo defendidos por el movimiento anarquista internacional? ¿Cuál hubiese sido entonces el apoyo recibido a nivel mundial en ese caso?

Por supuesto la historia no se escribe con “hipótesis”, soy completamente consciente de ello. Y no es mi intención realizar una contribución a la “historia” de Sacco y Vanzetti. Tengo grandes sospechas sobre los historiadores profesionales, y más que una pequeña duda sobre la historia misma, y obviamente sospecho de todos los políticos, antiguos y nuevos, y de su buena fe para ocupar “eventos” históricos. Por otro lado, no me cabe la menor duda del hecho de que Sacco y Vanzetti no tuvieron nada que ver con las acciones de las que se les acusaba. Pero esta certeza es personal y completamente ajena a los hechos que pueden ser verificados o ensombrecidos durante el transcurso de un juicio, y no impide que me haga preguntas, y espero que aquellos pocos compañeros que puedan leer estas anotaciones, también se hagan preguntas inquietantes.

Morir inocente significa mayor rabia

Por supuesto que debe ser terrible morir inocente, y esto se debe a que el valor moral de la justicia está arraigado en cada uno de nosotros. No la justicia intocable de la rebelión proletaria que lo vuelca todo y ajusta cuentas en un empuje colectivo de destrucción, sino la justicia técnica, judicial, tradicional…. La vieja justicia con los ojos vendados que nosotros desenmascaramos para descubrir con horror que está completamente podrida. Pero a pesar de haber leído sobre ello y de ser conscientes de todo esto, aún seguimos convencidos de que la justicia debería funcionar. ¡Cielos! ¡Cómo se puede mandar a dos hombres inocentes a la muerte¡ La sagrada indignación de tantos compañeros anarquistas va de la mano de la laica indignación de comunistas, demócratas y diversas tendencias de otros colores. La gloriosa cruzada de la izquierda se recompone inequívocamente, cada vez que los nombres de Sacco y Vanzetti son mencionados. Y lo que les vincula con ellos es precisamente la cuestión general y objetivamente justificable de su inocencia. Pero la rabia que se encuentra en la raíz de esto, la rabia ante la muerte de dos compañeros a manos del Estado, no debe permitir que cerremos nuestros ojos frente a otras cuestiones.

La presencia inoportuna

Me parece que el flujo de personalidades democráticas, las literarias y artísticas incluso más que las judiciales y académicas, contribuyeron enormemente a la divulgación del “caso” de Sacco y Vanzetti. Hecho que condujo la inmensa propaganda a nivel mundial, aunque también provocó una disminución en el nivel de enfrentamiento que sin duda alguna tuvo lugar en América, y más concretamente en el tribunal. Demasiados discursos, demasiadas representaciones teatrales, demasiados periodistas democráticos, demasiados políticos. Y esto, como un continuo y corrupto hilo que aún está ocurriendo en nuestros días, con intentos de recuperación por parte del aspirante a la Casa Blanca, Dukakis. (n. d. t. En agosto de 1977, el gobernador de Massachusetts, Michael Dukakis firmó una declaración en la que reconocía los errores cometidos durante el juicio y afirmaba la inocencia de Sacco y Vanzetti)

¿Pero cómo decidir de otro modo? Tomemos el ejemplo de Piazza Fontana (1967- una bomba en la Banca de Agricultura de Milán mata a 17 personas. Los anarquistas son acusados de esta masacre estatal, que fue denunciada por la izquierda en su conjunto) ¿Se podría haber dicho al Partido Comunista que se largase y haber dejado de recibir su apoyo? Si los anarquistas hacen cualquier cosa por hacer pública su propaganda para así involucrar a la gente y ser escuchados por el mayor número posible de personas, ¿Cómo podrían renunciar a la colaboración con las fuerzas políticas e intelectuales aún cuando supiesen perfectamente hacia donde les conducía dicha colaboración? No es una cuestión fácil de contestar. En el tiempo de Sacco y Vanzetti, ¿podían haber rechazado el apoyo de gente como Sinclair Lewis, Eugene O´Neill, Walter Lippman, John Dos Passos, además de los Roman Rollands, Thomas Manns, Albert Einsteins, etc, a lo largo de todo el mundo quienes apoyaron la inocencia de los anarquistas? Sí, hubiese sido difícil.

Pero no es mi intención traer a colación el totalmente legítimo punto de vista de que los compañeros deberían haber sido exclusivamente defendidos por el movimiento internacional anarquista, con propaganda limitada a estas últimas motivaciones aceptando solamente aquellas fuerzas externas que hubiesen mantenido voluntariamente la cuestión dentro de estos límites. Sólo quiero decir que el tipo de colaboración impuesta por el abogado Moore, necesariamente tuvo que tener la marca de aprobación del Comite de Defensa y de los dos compañeros en prisión. No se previó como se iba a resaltar la inocencia de los dos compañeros, y como se desatendería su culpabilidad en principio, debido a su militancia y a su pertenencia a una parte específica de América y al movimiento anarquista internacional, colocándolo en un segundo plano. Este fue el precio de la colaboración. Después de esto, podríamos jugar con el interrogante, y esto ocurre todavía actualmente, de que fue una cuestión de dos inmigrantes, dos trabajadores honestos, y subrayar el elemento nacionalista y de clases que ciertamente produjo resultados en su momento pero que no aclara nada respecto a las personalidades anarquistas y revolucionarias de Sacco y Vanzetti.

¿Fue la presencia de las fuerzas de la “izquierda” internacional útil para el objetivo de salvar sus vidas? Uno debe sacar como conclusión que no lo fueron, dado que los dos compañeros fueron asesinados de todas formas. El hecho de que redujeran cualquier posibilidad de que su actividad anarquista fuese considerada también fue negativo.

¿Qué hubiese ocurrido si este apoyo hubiese sido rechazado? Los dos compañeros hubiesen sido defendidos de la misma manera que otros que acabaron sobre el patíbulo, algunos inocentes, algunos culpables, según lo escrito por Galleani (n. d. t. Luiggi Galleani, anarquista italiano creador del periódico “Cronaca Sovversiva”). Y aquí llegamos a la pregunta: ¿pero tiene algún sentido esta diferenciación entre “culpable” e “inocente”?

Francamente, no lo sé. Tras releer “Acto de estudio sobre el caso de Sacco y Vanzetti”, vi que tanto Sacco como Vanzetti colaboraron con “Cronaca Sovversiva” (“Cronica Subversiva). Debido a ello ambos deberían ser conscientes de la postura de Galleani frente a este falso problema. El hecho de que ellos fueran “inocentes” no pudo hacer que regresaran a una total aceptación de la vía inocentista, por lo menos en los términos desarrollados en el juicio. Por lo tanto estoy de acuerdo con Pedretti cuando escribe “Bartolomeo Vanzetti no era una persona acrítica unidimensional, denunció el mecanismo que permitió la heroicización de su derrota hacia el amargo final: era esencialmente un anarquista comunista, profundamente convencido y enormemente orgulloso de sus opciones políticas y existenciales…de hecho nunca escondió su odio hacia la injusticia de la que fue víctima y su deseo de ser vengado” (p.130). Por una parte, una vez tomada la decisión fue necesario continuar hacia el amargo final, directos hacia la situación (impuesto por los “progresistas asustados”, quienes constituían la gran masa de las personas que apoyaban a Sacco y Vanzetti) de que el que fueran anarquistas apareciese entre líneas.

“Inocente” o “Culpable”

El hecho de que Sacco y Vanzetti fueran asesinados a pesar de la evidencia de su inocencia, únicamente probaría que tanto el concepto de inocencia como el de culpabilidad no son un dato objetivo, sino una medida impuesta por la lucha de clases. Las técnicas legales y los procedimientos policiales que establecen si una persona es culpable o inocente, son parte de la cultura del poder. Para un anarquista revolucionario los procedimientos que se exponen como “evidencias” lógicas no tienen ningún valor. Es a la propia conciencia revolucionaria a la que uno debe responder, y no a la evidencia de la situación orquestada por el enemigo que hace y deshace las reglas del juego a su placer. Para un “demócrata” por el contrario, hay una neta diferencia entre ser culpable o inocente.

Culpable es aquel que quebranta la ley de una manera clara, y ha sido juzgado y condenado por ello. Por el contrario, inocentes son los que no hicieron aquello de lo que habían sido acusados por La gran masa, constituida por todos los que todavía se estremecen con horror cuando piensan en el final de Sacco y Vanzetti, debido a que nuestros dos compañeros eran inocentes, ni robaron, ni mataron y a pesar de ello, murieron en la silla eléctrica. Una pequeña minoría, y entre ellos debe haber habido anarquistas, se estremecieron de horror no sólo por los atroces e ignominiosos métodos con los que el proceso judicial tuvo éxito y pudo mantener la responsabilidad de ambos sobre los sucesos, sino porque Sacco y Vanzetti fueron asesinados por el Estado. ¿Este horror del que estamos hablando, habría existido -a parte de en esa pequeña minoría para los cuales por una razón u otra no les parecía de relevancia el hecho objetivo de su inocencia- si los dos anarquistas hubiesen tenido un juicio más digno (desde el punto de vista de las pruebas establecidas) y hubiese resultado que ellos habían cometido el crimen? Estamos seguros de que las cosas hubiesen sido bastante diferentes.

La gran masa de aquellos que son respetables de profesión, habrían estado a favor de la condena, y es algo que entendemos. Por otro lado una pequeña minoría incluyendo a los anarquistas, como Galleani, hubiesen afirmado que no hay diferencia entre culpabilidad o inocencia. Si hubiesen sido Sacco y Vanzetti realmente responsables de estas acciones sólo hubiese habido una modesta demostración de defensa por parte de compañeros, tal y como se dio poco antes de la tragedia de Sacco y Vanzetti, con Ravachol por ejemplo. Por otro lado, compañeros que se colocan en la óptica de la expropiación no pueden presumir de tener un movimiento tras ellos, independientemente de cuales sean sus condiciones objetivas y el nivel de conciencia teórica dentro de éstas.

¿Por qué no podemos esperar tales apoyos? Por al menos dos buenas razones. La primera, porque la decisión de llevar a cabo determinadas acciones, incluyendo aquellas cuyo objetivo es contribuir a través de un meticuloso esfuerzo, al aumento de la disponibilidad de ciertos instrumentos revolucionarios, es siempre una decisión personal y por lo tanto debe ser sostenida, tanto en lo bueno como en lo malo, por cada compañero y su conciencia madura. En segundo lugar, porque un movimiento, incluso uno revolucionario, necesita desarrollarse, tener divergencia de opiniones, ciertas reservas legítimas que no pueden ser desechadas todas de golpe.

Por este camino, debidamente hasta donde yo puedo entender, no hay nada de extraño en guardar las distancias en tales casos, mostrando así claramente que somos ajenos a esta cuestión. ¿Por qué jamás debería uno implicarse a posteriori en algo con lo que inicialmente no estaba de acuerdo? La única posición criticable es la moralista, la cual termina necesariamente convergiendo en el reino de las moralejas del poder producidas e impuestas por los jefes.

Esta breve reflexión debería ayudarnos a ver determinadas situaciones de una forma más clara, en primer lugar la de Sacco y Vanzetti. Si ser inocente no es más que un factor externo que podría o no existir -y en el caso de los dos compañeros asesinados en América, eran inocentes- los compañeros deberían ser defendidos en todas partes, incluso aunque fuesen “culpables”. Ahora, sí esto es así, no podemos constituir amplios frentes cuando los compañeros son inocentes, y limitarnos a una pequeña parte del movimiento anarquista cuando los compañeros son “culpables”. Las cosas deberían abordarse de la misma manera, al menos teóricamente, si admitimos en primer lugar, como debería ser obvio, que no pueden existir “inocentes” y “culpables” excepto en la lógica del poder.

¿Cómo escapar de este dilema? De forma bastante sencilla. Comenzando siempre por el hecho de que para nosotros el aspecto técnico es secundario, y que si alguno compañero es acusado, encarcelado y en algunos casos asesinado es debido, a parte del hecho objetivo que constituye el elemento de debate en el juicio y el cual tiene un interés marginal para nosotros, a su ideología anarquista. No podemos hacer que las razones técnicas se conviertan en los elementos centrales de la campaña de defensa.

Muchos compañeros, incluso con buena intención, piensan de forma diferente porque son víctimas de las banalidades de las ideas dominantes. La demanda de objetividad es una de las piedras angulares de la filosofía de los vencedoros. Es importante entender esto porque siempre nos pilla por sorpresa, reapareciendo cuando menos lo esperamos. Que esta realidad es algo que puede ser determinado de manera precisa es uno de los muchos mitos de las bases del nuevo pensamiento científico, justo como cuando emergieron de las complejas condiciones del Renacimiento, digamos, en las ideas de Galileo: racionalismo reducido a la descripción, no más como esencia.

Y la ley contemporánea es una digna heredera del racionalismo, al no haber cambiado demasiado las certezas concernientes a la “manera” en que las cosas fueron. Uno todavía asiste hoy en día a cómicas “reconstrucciones” y cosas por el estilo en los juicios. Nos hemos acostumbrado tanto a esta forma de pensar que ni siquiera somos conscientes de ello. Cuando decimos que Sacco y Vanzetti no eran inocentes sino por el contrario culpables, pero sólo de ser anarquistas, introducimos en el juicio que afirma ser objetivo (por consiguiente de una naturaleza cuantitativa), un elemento que es ajeno al juicio en si mismo (o por lo menos considerado así por la ciencia judicial), un elemento de naturaleza cualitativa.

Y todavía esto no funciona de esta manera. La realidad es precisamente este hecho complejo, que no puede ser reducido al resultado de un procedimiento legal. Esto último siempre será algo arbitrario y basado no en evidencias sino en la fuerza, no en la lógica sino en el poder.

¿Una manera difícil de razonar? Quizá sí, pero una vez empleada nunca la olvidas.

A. M. Bonanno.

LA TENSIÓN ANARQUISTA*

Alfredo Maria Bonanno

Comenzando a hablar siempre me encuentro más bien en un embarazo, por lo menos al principio. Y este embarazo aumenta respecto a lo que erróneamente se llama una conferencia, o como más modestamente se la intenta de disfrazar, una conferencia-debate. Después de todo se trata de un discurso de alguien que viene de fuera, probablemente de otra generación, como si lloviese del pasado, alguien que sale a esta cátedra, hace un discurso, y consecuentemente se asemeja extraña, y peligrosamente, a quien os machaca el cerebro con otros fines, con otras intenciones. Sin embargo, si ponéis un poco de atención, tras esta semejanza exterior, en los conceptos que ahora seguirán, habrá una considerable diferencia.

El primero de estos conceptos está constituido por la pregunta: ¿qué es el anarquismo? Puesto que sé con seguridad, porque les conozco personalmente, que aquí dentro hay muchísimos anarquistas, es extraño que tome ahora un problema de este tipo. Cuando menos los anarquistas deberían saber qué es el anarquismo. Y por el contrario a cada ocasión es necesario retomar el discurso precisamente por la pregunta ¿qué es el anarquismo? Aunque sea en pocas palabras. ¿Por qué? Normalmente no sucede esto en el resto de expresiones de la vida, en el resto de actividades, en el resto de pensamientos, quien se define o se considera, y también con un cierto fundamento, algo, conoce verdaderamente ese algo.

Pero mira, los anarquistas sin embargo se plantean siempre el problema: ¿qué es el anarquismo? ¿Qué significa ser anarquistas?

¿Por qué? Porque no es una definición que una vez conseguida se pueda conservar en caja fuerte, poner a parte, y considerar como un patrimonio al que sacar poco a poco. Ser anarquista no es el haber logrado una certeza, el haber dicho de una vez por todas: “Ya está, yo, finalmente, desde este mismo instante, estoy en posesión de la verdad, y como tal, por lo menos desde el punto de vista de la idea, soy un privilegiado”. Quien razona así es anarquista sólo de boca. Mientras que es realmente anarquista quien se cuestiona a sí mismo como anarquista, como persona, y quien se pregunta: ¿qué es mi vida en función de lo que hago y en relación a lo que pienso? ¿Qué relación alcanzo a mantener diariamente, cotidianamente, en todas las cosas que hago, es una manera de ser aún en acuerdos, pequeños compromisos cotidianos, etc.?

El anarquismo no es por lo tanto un concepto que se sella con una palabra que hace de lápida funeraria. No es una teoría política. Es una forma de concebir la vida y la vida, jóvenes o viejos que seamos, ancianos o chavales, no es algo definitivo: es una apuesta que debemos jugar día tras días. Cuando por la mañana nos levantamos de la cama y ponemos los pies en tierra, hemos de tener un buen motivo para levantarnos, si no lo tenemos, seamos anarquistas o no, no significa nada, más vale quedarnos acostados en la cama, durmiendo. Y para tener un buen motivo debemos saber qué hacer, porque para el anarquismo, para el anarquista, no hay diferencia entre el que hacer y el qué pensar, sino que es un continuo trasvase de la teoría en la acción y de la acción en la teoría. He aquí lo que diferencia al anarquista de cualquier otra persona que tiene una concepción diferente de la vida y que cristaliza esa concepción en un pensamiento político, en una práctica política, en una teoría política.

Es esto lo que normalmente no se os dice, es esto lo que no está escrito en los periódicos, es esto lo que no está escrito en los libros, es esto lo que la escuela calla celosamente porque esto es el secreto de la vida: no separar definitivamente el pensamiento de la acción, las cosas que se saben, las cosas que se comprenden, de las cosas que se hacen, de las cosas a través de las cuales actuamos.

He aquí lo que diferencia a un hombre político de un revolucionario anarquista. No las palabras, no los conceptos, y, permitidme, bajo ciertos aspectos ni siquiera las acciones, porque no es su extremo concluirse en un ataque -pongamos radical- lo que las califica, sino el modo en que la persona, el compañero que realiza estas acciones, consigue convertirlas en momento expresivo de su vida, caracterización específica, valor para vivir, alegría, deseo, belleza, no realización práctica, no torva realización de un hecho que mortalmente se concluye en sí mismo y determina el poder decir: “Yo hoy he hecho esto”, lejos de mí, en la periferia de mi existencia.

Aquí está, esta es una diferencia. Y de esta diferencia emerge otra, a mi parecer considerable. Quien piensa que las cosas por hacer están fuera de el y se realizan tanto con logros como fracasos –qué queréis, la vida está hecha de escalones: se baja un poco, se sube un poco, a veces las cosas van bien, a veces mal- o sea, quien piensa que la vida está hecha de estas cosas: por ejemplo, la figura clásica del político democrático (por supuesto, una persona con la que se puede discutir, un tipo simpático, tolerante, que tiene aspectos permisivos, que cree en el progreso, en el futuro, en una sociedad mejor, en la libertad), o sea, esta persona así conjuntada, vestida probablemente sin traje, sin corbata, tan sencillo, una persona que de cerca parece un compañero y que como tal se declara, esta persona también puede ser muy perfectamente un policía, no cambia nada. ¿Por qué no?, hay policías demócratas, se acabo la época de uniformidad de la represión, hoy la represión tiene aspectos simpáticos, nos reprimen con un montón de ideas brillantes. Bueno, esta persona, este demócrata, ¿cómo podemos distinguirlo, cómo podemos localizarlo, como podemos verlo? ¿Y si ante los ojos nos ponen un velo que nos impida verlo, cómo podemos defendernos de él? Identificándolo mediante este hecho: que para él la vida es realización, su vida son hechos, hechos cuantificables que se devanan ante su vista y nada más.

Cuando hablamos con alguien no podemos pedirle el carnet de afiliación. Muchas veces, a través de sus ideas, acabamos en una gran confusión y no entendemos ya nada, porque somos todos habladores simpáticos y progresistas, todos elogiamos la belleza de la tolerancia y cosas por el estilo. ¿Cómo hacemos para darnos de cuenta que tenemos delante al enemigo, al peor de nuestros enemigos? Porque al menos del viejo fascista nos sabíamos defender, pegaba él y, si éramos lanzados, pegábamos también nosotros, más fuerte que él. Ahora ha cambiado la historia, ha cambiado la situación. Actualmente pescar un fascista apaleador resulta quizá difícil. Pero este sujeto que estamos tratando de delinear, este demócrata que encontramos en todos los niveles, en la escuela o el Parlamento, por la calle o en el uniforme de policía, como juez o como médico, este sujeto aquí nos es enemigo porque considera la vida de una manera diferente a como la consideramos nosotros, porque para él la vida es otra vida y no nuestra vida, porque nosotros para él somos extraterrestres y no veo porqué él debe ser considerado habitante de nuestro mismo planeta. Es ésta la línea que nos divide de él, porque su concepción de la vida es de naturaleza cuantitativa, porque él mide las cosas como éxito, o si queréis también como fracaso, pero de todos modos siempre desde un punto de vista cuantitativo y nosotros la medimos de una forma diversa, y esto es sobre lo que debemos reflexionar: de qué manera para nosotros la vida tiene algo de diferente, cualitativamente diferente.

Entonces, este señor tan bien dispuesto respecto a nosotros nos vierte encima una crítica y dice: “Sí, los anarquistas son simpáticos, pero son incoherentes, ¿qué es lo que han hecho en la historia, qué Estado ha sido anarquista? ¿Han realizado alguna vez un gobierno sin gobierno? ¿No es una contradicción una sociedad libre, una sociedad anarquista, una sociedad sin poder?” Y esa roca crítica que nos llueve encima es verdaderamente de gran dimensión, porque en efecto incluso en aquellos casos en que los anarquistas han estado muy cerca de realizar sus utopías constructivas de una sociedad libre, como por ejemplo en España o Rusia, examinándolas bien, esas construcciones son bastante discutibles. Son ciertamente revoluciones, pero no son revoluciones libertarias, no son la anarquía.

Por lo tanto cuando estos señores nos dicen: “Sois utópicos, vosotros los anarquistas sois ilusos, vuestra utopía no se puede realizar”, nosotros debemos decir: “Sí, es verdad, el anarquismo es una tensión, no una realización, no es un intento concreto de realizar la anarquía mañana por la mañana”. Sin embargo también debemos poder decir: pero vosotros, muy estimados señores demócratas que estáis en el gobierno, que nos reguláis la vida, que pretendéis entrar en nuestras ideas, en nuestros cerebros, que nos gobernáis por medio de la opinión cotidiana que construís en los periódicos, en la universidad, en las escuelas, etc., vosotros, señores, ¿qué habéis realizado? ¿Es un mundo digno de ser vivido? ¿O bien un mundo de muerte, un mundo en el que la vida es un suceso allanado, falto de calidad, sin significado, un mundo en el que se llega a una cierta edad, en la antesala de la jubilación, y nos preguntamos: “¿Pero qué he hecho de mi vida? ¿Qué sentido ha tenido vivir todos estos años?”.

He aquí lo que habéis realizado, aquí vuestra democracia, vuestro concepto de pueblo. Estáis gobernando un pueblo, ¿pero qué quiere decir pueblo? ¿El pueblo qué es? Es quizá la pequeña parte, ni siquiera tan consistente, que va a las votaciones, a las elecciones, que vota por vosotros, que nombra una minoría, la cual nombra después otra minoría aún más pequeña que la primera y que nos gobierna en nombre de las leyes. Pero estas leyes, ¿qué son, si no expresión de los intereses de una pequeña minoría específicamente dirigida a lograr en primer lugar sus propias perspectivas de enriquecimiento, de reforzamiento del poder y este tipo de cosas?

Estáis gobernando en nombre de un poder, de una fuerza que ¿de qué os viene? De un concepto abstracto, habéis realizado una estructura que pensáis puede ser mejorada… ¿mas cómo, de qué manera se ha mejorado en la historia? ¿En qué condición vivimos hoy si no en una condición precisamente de muerte, de aplastamiento de la calidad? Esta es la crítica que debemos devolver contra los sostenedores de la democracia. Si nosotros anarquistas somos utópicos, lo somos como una tensión hacia la calidad; si los demócratas son utópicos, lo son como una reducción hacia la cantidad. Y a la reducción, al apergaminamiento vivido en el ámbito de un dimensión del mínimo daño posible para ellos y del máximo daño verificable para la gran cantidad de personas que resultan explotadas, a esta realidad miserable, nosotros contraponemos nuestra utopía que al menos es una utopía de la calidad, una tensión hacia un futuro diferente, radicalmente diferente del que vivimos ahora.

Por lo tanto todos los discursos que os son dirigidos por cualquiera que os habla en nombre del realismo político, cuando os hablan los hombres del Estado, los profesores, que son los servidores de los hombres del Estado, los teóricos, periodistas, todos los intelectuales que transitan por aulas como estas, con sus discursos os dirigen las palabras calmas y tolerantes del hombre realista, afirmando que no hay otra manera de actuar, que la realidad es la que es, que es necesario hacer sacrificios, aquí, esta gente os está liando. Os está liando porque es verdad que se puede actuar de forma diferente, porque es verdad que cada uno de nosotros puede alzarse en nombre de su dignidad herida ante el engaño, porque es verdad que cada uno de nosotros se puede sentir engañado porque, finalmente, ha podido tomar conciencia de lo que están haciendo en su perjuicio y alzándose cada uno puede cambiar no sólo, en los límites en que es posible conocer, la realidad de las cosas, sino que puede cambiar su vida, puede convertirla en digna de ser vivida, puede levantarse por la mañana, poner los pies en tierra, mirarse al espejo y decir: “Al final he alcanzado a cambiar las cosas, al menos en lo que a mí respecta” y sentirse un hombre digno de vivir su vida, no un títere en manos de un titiritero que ni siquiera es posible ver bien para poder escupirle a la cara.

He aquí el porqué los anarquistas continuamente vuelven a hablar de qué es el anarquismo. Porque el anarquismo no es un movimiento político. También es eso, pero como aspecto secundario. El hecho de que el movimiento anarquista se haya presentado históricamente como un movimiento político no quiere decir que el anarquismo como movimiento político agote todas las potencialidades anarquistas de lo existente. El anarquismo no se resuelve en el grupo anarquista de Cúneo, Turín, Londres o de tantas otras ciudades, etc. No es eso el anarquismo. Cierto, allí también están los compañeros anarquistas y está, espero, o por lo menos se debería presumir que está, el tipo de compañero que individualmente ha comenzado su insurrección, que se ha dado cuenta, que ha tomado conciencia del contexto de obligación y coacción dentro del cual está forzado a vivir. Pero el anarquismo no es sólo eso, sino que es también la tensión de la vida, de la calidad, aquella fuerza que conseguimos sacar de nosotros mismos cambiando la realidad de las cosas. Y el anarquismo es el conjunto de este proyecto de transformación unido al proyecto que se realiza en el interior de nosotros mismos, con el progresar de nuestro cambio personal. No se trata por tanto de un hecho cuantitativamente considerable desde el punto de vista histórico, no es un hecho que se realiza simplemente con el desarrollo del tiempo y que se deja ver mediante determinadas teorías, mediante algunas personas, mediante ciertos movimientos y tampoco, porqué no, mediante bien precisas acciones revolucionarias. En esta suma de elementos hay siempre algo más, y es este algo más que hace vivir continuamente el anarquismo de forma diferente.

Consecuentemente, entre esta tensión que debemos, según lo veo, conservar siempre dentro de nosotros mismos como tensión hacia lo diverso, hacia lo impensable, lo indecible, hacia una dimensión que debemos realizar y que no sabemos bien en qué modo, y la cotidianidad de las cosas que hacemos y podemos hacer, debemos mantener siempre un ligamen, una relación precisa de cambio, de transformación.

El primer ejemplo que me viene en mente sobre este argumento es todavía otro elemento contradictorio. Pensad en el concepto del problema: “Hay problemas por resolver”, ésta es una frase clásica. Tenemos todos problemas por resolver, la vida es un problema por resolver, el vivir es un problema, cualquier aspecto de la realidad, desde la propia condición social, desde el deber romper un cerco que nos rodea, a la simple vicisitud que cotidianamente afrontamos, todo eso lo consideramos un problema. ¿Pero los problemas son solucionables?

Y aquí hay una gran equivocación. ¿Por qué? La estructura que nos oprime sugiere la idea de que los problemas son solucionables y que es ella misma quien los soluciona. Y aún más, esta estructura sugiere el ejemplo (creo que muchos de los presentes son estudiantes) de los problemas que se resuelven en geometría, en matemáticas, etc. Pero este tipo de problema, el problema matemático, que es considerado como un ejemplo del problema solucionable, no es más que un falso problema, por lo que es posible resolverlo ya que en el momento en que afrontamos un problema matemático la respuesta al problema está ya contenido en la presentación del problema mismo, es decir la respuesta es una repetición del problema de forma diferente, o sea, como se dice técnicamente, una tautología. Se dice una cosa y se responde con la misma cosa, por lo que, a grosso modo, no hay solución al problema, sino que hay una repetición del problema de forma diferente.

Ahora bien, cuando se habla de resolver un problema que afecta a la vida de todos nosotros, nuestra existencia cotidiana, se habla de problemas que tienen una complejidad tal que no se puede contener dentro de una simple repetición del problema mismo. Por ejemplo, si decimos: “El problema de la policía”, la existencia de la policía para muchos de nosotros constituye un problema. No hay duda de que el policía es un instrumento de opresión a través del cual el Estado nos impide hacer determinadas cosas. ¿Cómo se hace para resolver un problema de este tipo? ¿Existe la posibilidad de resolver el problema de la policía? La pregunta, de por sí, se revela inconsistente. No existe la posibilidad de resolver el problema de la policía. Pero desde el punto de vista del razonamiento democrático existe un problema de resolver algunos aspectos del problema de la policía, democratizando las estructuras, transformando la mentalidad del policía y cosas por el estilo. Ahora, pensar que ésta sea una solución al problema del control y de la represión es cuanto menos estúpido, además de ilógico, en efecto no es más que una forma de modular la represión según los intereses del poder, según los intereses del Estado. De hecho, si hoy sirve una policía democrática, mañana podría servir una estructura de control y represión mucho menos democrática que hoy y la policía diría de nuevo como ha hecho en el pasado: obedezco, quizá expeliendo o eliminando de su interior rarísimas y marginalísimas minorías que lo ven diferente.

Cuando digo policía entiendo cualquier estructura represiva desde los carabinieri a la magistratura, cualquier expresión del Estado que sirve simplemente como aspecto de control y represión. Como veis, consecuentemente, los problemas sociales no son solucionables. El engaño, por parte de las estructuras democráticas, de pretender resolver los problemas, es un engaño que hace ver como no existe ninguna afirmación del pensamiento político democrático que se apoye en un mínimo de realidad, en un mínimo de concreción. Todo se basa en la posibilidad de jugar sobre el error de que de todas formas las cosas se pueden ajustar con el tiempo, se pueden mejorar, se pueden ordenar. Es sobre este ordenamiento en donde se basa la fuerza del poder, y es sobre este ordenamiento que los dominantes rigen a medio y largo plazo. Cambian las cartas, cambian las relaciones y nosotros esperamos que llegue lo que ellos nos han prometido, algo que no llega nunca, porque estas mejoras no se materializan nunca, porque el poder permanece, cambiando y transformándose en la historia, permanece siempre el mismo, permanece siempre: un puñado de hombres, una minoría de privilegiados que gestiona las palancas del dominio, que realiza sus propios intereses y tutela las condiciones de supremacía de quien está al mando, de quien continúa dominando.

Ahora, nosotros ¿qué poseemos como instrumento para contrarrestar este estado de cosas? ¿Nos quieren controlar? Y nosotros rechazamos el control. Ciertamente esto podemos hacerlo, sin duda lo hacemos, tratamos de minimizar los daños. Pero, en un contexto social, el rechazo del control es válido hasta un cierto punto. Podemos circunscribir ciertos aspectos, podemos gritar cuando somos golpeados injustamente, sin embargo está claro que hay determinados lugares del dominio donde reglas que se llaman leyes, carteles que señalan alambradas, hombres que se llaman policías nos impiden entrar. No hay duda, probad a entrar en el Parlamento y veréis lo que pasa, no sé. No se pueden superar determinados niveles, determinados controles no pueden ser evitados.

Entonces, nosotros contra esta situación, ¿qué contraponemos? ¿Simplemente un sueño? Una teoría de libertad, que encima incluso debe ser formulada bastante correctamente, porque no podemos decir: “La libertad de los anarquistas es simplemente una reducción del control”. En ese caso caeremos en el error: “¿Pero dónde se debe detener esa reducción del control? ¿Quizá en un control mínimo?” ¿Por ejemplo el Estado se volvería legítimo como Estado, para nosotros anarquistas, si en vez de ser el Estado opresor de hoy fuese, pongamos, el ideal Estado mínimo de los liberales? Evidentemente no. Por lo tanto no es éste el razonamiento a hacer. No está por lo tanto constituido por una limitación del control lo que podemos tratar de obtener y alcanzar, sino por una abolición del control. Nosotros no estamos por una mayor libertad, una mayor libertad se da al esclavo cuando se le alarga la cadena, nosotros estamos por la abolición de la cadena, consecuentemente estamos por la libertad, no por una mayor libertad. Y la libertad quiere decir ausencia de cadenas, quiere decir ausencia de límites con todo lo que de esta afirmación se desprende.

La libertad es un concepto no sólo difícil y desconocido, sino que es un concepto doloroso, y por el contrario se nos vende como un concepto bellísimo, dulce, relajante, como un sueño que está totalmente lejano como para hacernos sentir bien, como todas las cosas que por lejanas constituyen una esperanza, una fe, una creencia. En otras palabras, aquello intocable que resuelve los problemas de hoy no porque en efecto los resuelva sino porque simplemente los tapa, los empaña, los modifica, impidiendo una clara visión de todas las desgracias que tenemos hoy. Bueno, un día seremos libres, bueno, estamos en dificultades, pero en estas dificultades hay una fuerza subterránea, un orden involuntario que no depende de ninguno de nosotros, que trabaja en nuestro lugar, que poco a poco hará modificar las condiciones de sufrimiento en que vivimos y nos llevará a una dimensión libre en la que viviremos todos felices. No, la libertad no es esto, esto es un engaño que se parece mucho, y trágicamente, a la vieja idea de Dios, la idea de Dios que nos ayudaba tantas veces, y ayuda también hoy a tantas personas en el sufrimiento, porque éstas se dicen: “Bueno, hoy sufrimos, pero en el otro mundo estaremos bien”, o mejor como dice el Evangelio los últimos serán los primeros, consecuentemente esta inversión anima a los últimos de hoy porque serán los primeros de mañana.

Si diésemos por real un concepto de libertad de este tipo, acunaremos los sufrimientos de hoy, aplicaremos una pequeña medicación sobre las plagas sociales de hoy, exactamente del mismo modo que el cura con su sermón, con su razonamiento, aplica una pequeña mediación sobre las plagas de los pobres dispuestos a escucharle, que se ilusionan con que el reino de Dios les librará de los sufrimientos. Está claro que los anarquistas no pueden hacer el mismo razonamiento, la libertad es un concepto destructivo, la libertad es un concepto que comprende la absoluta eliminación de cualquier límite. Ahora, la libertad es una hipótesis que debe permanecer en nuestro corazón, pero dispuestos a afrontar todos los riesgos de la destrucción, todos los riesgos de la destrucción del orden constituido en que vivimos. La libertad no es un concepto que puede consolarnos en espera de que se desarrollen mejoras prescindiendo de nuestra capacidad real de intervención.

Para darse cuenta de conceptos de este tipo, para darse cuenta de los riesgos que se corren manejando conceptos peligrosos de este tipo, debemos ser capaces de construir en nosotros las ideas, de tener las ideas.

También sobre este punto hay equívocos considerables. Está en circulación la costumbre de considerar como idea cualquier concepto que tengamos en mente. Uno dice: “Se me ha ocurrido una idea”, y de este modo trata de identificar lo que es una idea. Esta es la teoría cartesiana que se contraponía a aquella platónica de la idea como punto de referencia abstracto, lejano, etc. Pero no es éste el concepto al que nos referimos nosotros cuando hablamos de idea. La idea es un punto de referencia, es un elemento de fuerza que transforma la vida, es un concepto que ha sido cargado de valor, es un concepto de valor que se convierte en concepto de fuerza, algo capaz de desarrollar de manera diferente nuestra relación con los demás, todo esto es la idea. Sin embargo, en efecto, la fuente a través de la que nos llegan los elementos para que podamos elaborar ideas de este tipo, ¿cual es? La escuela, la academia, la universidad, los periódicos, los libros, los profesores, los especialistas y similares, la televisión. Pero a través de estos instrumentos de información y de elaboración cultural, ¿qué nos llega? Nos llega un cúmulo más o menos considerable de informaciones que llueve sobre nosotros en cascada, hierve como en una olla, dentro de nosotros, y nos hace producir opiniones. No tenemos ideas, tenemos opiniones.

Aquí la trágica conclusión. Sin embargo, ¿qué es la opinión? Es una idea allanada que ha sido uniformada para adecuarla a grandes cantidades de personas. Las ideas de masas o las ideas masificadas son opiniones. El mantener estas opiniones es importante para el poder porque es mediante la opinión, la gestión de la opinión, como se obtienen determinados resultados, sin ir más lejos, por ejemplo, el mecanismo de la propaganda a través de los grandes medios de información, la realización de los procesos electorales, etc. La formación de las nuevas élites de poder no tiene lugar por medio de las ideas, sino que tiene lugar por medio de las opiniones.

¿Contraponerse a la formación de opinión qué quiere decir? ¿Quiere decir quizá adquirir un mayor número de informaciones? Es decir, ¿contraponerse a la información con una contrainformación? No, eso no es posible, porque por más vueltas que demos al problema no podemos tener la capacidad de colocar contra el grandísimo número de informaciones por el que somos bombardeados cotidianamente, nuestra contrainformación capaz de “desvelar”, a través de un proceso de ver lo que hay detrás, la realidad que ha sido “sustituida” por la verborrea informativa. No podemos obrar en ese sentido. Cuando hacemos ese trabajo muy rápidamente vemos que es inútil, no logramos convencer a las personas.

He aquí porqué los anarquistas han afrontado críticamente el problema de la propaganda. Sí, claro, como veis hay una mesita bien surtida, como sucede en todos los lugares cuando se realizan iniciativas y conferencias de este tipo. Siempre están nuestros folletos, siempre están nuestros libros. Estamos supercargados de periódicos y tenemos mucha capacidad haciendo este tipo de publicismo. Pero no es sólo ése el trabajo que debemos hacer, y cuando ese trabajo hagamos no debe contener elementos de contrainformación, o que si los contenga se trate de hechos accidentales. Este trabajo está dirigido esencialmente, o debería estar dirigido, a constituir una idea o unas pocas ideas de base, unas pocas ideas fuerza.

Pongamos un único ejemplo. En los últimos tres o cuatro años se ha desarrollado el asunto que los periódicos, con una palabra horrenda, llaman de “Tangentopoli” o de Manos Limpias, y tal. Ahora, toda esta operación ¿qué ha construido en las personas? Ha construido la opinión de que la magistratura es capaz de arreglar las cosas, de hacer condenar a los políticos, de cambiar las condiciones, por lo tanto de llevarnos de las viejas concepciones típicas de la primera República Italiana a la nueva de la segunda República Italiana. Está claro que este proceso, esta opinión, es muy útil, por ejemplo ha permitido el crecimiento de una “nueva” élite de poder, que ha sustituido a la precedente. Nueva por decir algo, nueva hasta un cierto punto, se mire como se mire con ciertas características de novedad y con tristes representaciones de viejas costumbres y de viejos personajes. De esta manera funciona la opinión.

Ahora comparad este proceso de formación de una opinión que ha dado beneficios considerables sólo para ellos, con la construcción de una idea fuerza como podría ser una análisis profundo del concepto de justicia. La diferencia es abismal. ¿Pero qué es justo? Por ejemplo, ha sido ciertamente justo para muchos, y lo hemos considerado justo también nosotros, que Craxi6 haya sido obligado a recluirse en su villa tunecina. La cosa ha sido simpática, incluso nos ha hecho reír, incluso nos ha hecho sentirnos bien, porque cuando cerdos de este nivel acaban siendo apartados es algo simpático. ¿Pero es ésta la verdadera justicia? Por ejemplo, Andreotti7 se encuentra en apuros, al parecer se ha besado en las mejillas con Riina8. Noticias de este tipo está claro que nos inspiran simpatía, nos hacen estar mejor porque un puerco como Andreotti no hay duda de que molestaba incluso a nivel físico, simplemente con mirarlo en televisión. ¿Pero es éste el concepto de justicia? Fijaos que en lo que respecta a Di Pietro9 y Borrelli10 hay un entusiasmo de estadio. ¿Qué quiere decir un entusiasmo de estadio? Quiere decir que millones de personas se han visto envueltas en el proceso de uniformación de la opinión.

Mientras que el concepto de justicia sobre el que nosotros deberemos tratar de reflexionar es diferente. ¿A qué nos debería llevar el concepto de justicia? Nos debería llevar a admitir que sin son responsables Craxi o Andreotti al mismo título que ellos es responsable gente como Borrelli y Di Pietro. Porque si los primeros eran hombres políticos los otros son magistrados. Concepto de justicia significa fijar una línea de demarcación entre quién es sostén y justificación y fuerza del poder y quien a éste se contrapone. Si el poder es injusto en cuanto a su misma existencia lo vuelve injusto, y si todos los intentos para justificarse a sí mismo, algunos de los cuales hemos visto antes, se revelan timos, cualquier hombre del poder, más o menos demócrata, sea lo que sea que haga estará siempre en el extremo opuesto de la justicia.

La construcción de un concepto de justicia de este tipo es evidentemente la formación de una idea, de una idea que no se encuentra sobre los periódicos, de una idea sobre la que no se profundiza en las aulas de las escuelas o en las aulas universitarias, que no puede constituir elemento de opinión, que no puede llevar a la gente a votar. Más bien, esta idea lleva a la gente a estar en contraposición consigo misma. Porque ante el tribunal de sí mismo cada uno se pregunta: “¿Pero yo, ante la idea de justicia, cuando me parece bonito lo que hace Di Pietro, cómo me coloco, también yo me dejo meter en el saco, también yo soy un instrumento de opinión, también yo soy la terminal de un enorme proceso de formación del poder y consecuentemente también yo me convierto no sólo en esclavo del poder sino en cómplice del poder?”.

Por fin hemos llegado, hemos llegado a nuestras implicaciones. Porque si es cierto el concepto del que hemos partido de que para el anarquista no hay diferencia entre teoría y acción, en el momento en que esta idea de justicia se hace luz en nosotros, si esta idea ilumina sea siquiera por un instante nuestro cerebro, esta luz no podrá apagarse jamás porque cada momento, cualquier cosa que pensemos, nos sentiremos culpables, nos sentiremos cómplices, cómplices de un proceso de discriminación, represión, genocidio, muerte, proceso del que no podremos ya nunca considerarnos ajenos. ¿Cómo podemos definirnos entonces revolucionarios, anarquistas? ¿Cómo podemos definirnos sostenedores de la libertad? ¿De qué libertad hablamos si hemos dado nuestra complicidad a los asesinos que están al poder?.

Mirad como es de diferente y crítica la situación de quien inmediatamente alcanza, por análisis profundo de la realidad o simplemente por casualidad o desgracia, a hacer penetrar en su propio cerebro una idea tan clara como la idea de justicia. Ideas de este tipo no hay muchísimas. La idea de libertad, por ejemplo, es lo mismo. Quien por un instante piensa en qué es la libertad, no puede contentarse con hacer algo para que se pueda aumentar un poquito las libertades de la situación en que vive. Desde aquel momento en adelante él se sentirá culpable y tratará de hacer algo para aliviar su sentido de .sufrimiento. Se sentirá culpable por no haber hecho algo hasta ese momento, y desde ese momento entrará en las condiciones de una vida diferente.

En el fondo, con la formación de opinión, ¿qué quiere el Estado? ¿El poder qué quiere?. Sí, por supuesto, quieren crear una opinión media para que después a partir de ésta se puedan realizar ciertos movimientos del tipo delegación electoralista, formación de1as minorías de poder y cosas por el estilo. Pero no quieren sólo eso, quieren nuestro consenso, quieren nuestra aprobación, y el consenso es hallado mediante determinados instrumentos, especialmente de naturaleza cultural. Por ejemplo, la escuela es uno de los almacenes a través de los cuales se halla el consenso y se construye la futura mano de obra de naturaleza intelectual, y no sólo intelectual.

Las transformaciones productivas del capitalismo de hoy necesitan un tipo de hombre diferente al de ayer. Ayer, hasta hace poco tiempo, había necesidad de un hombre que tuviese su capacidad profesional, su orgullo de esta capacidad, su cualificación profesional. Ahora la situación ha cambiado bastante. El mundo del trabajo pide una cualificación media, mejor incluso baja, y pide cualidades que una vez no sólo no estuvieron presentes sino que ni siquiera eran pensables, por ejemplo la flexibilidad, la adaptabilidad, la tolerancia, la capacidad de intervenir a nivel asambleario.

Mientras antes; por poner un ejemplo específico, la producción de las grandes empresas se basaba en la realización de las grandes líneas de producción basadas en las cadenas de montaje, ahora se tienen estructuras diferentes o robotizadas o construidas sobre la base de las islas, de pequeños grupos que trabajan juntos, que se conocen, que se controlan mutuamente y cosas así. Este tipo de mentalidad no es sólo la mentalidad de la fábrica, no es sólo “el obrero nuevo” que están construyendo, sino que es “el hombre nuevo” que están construyendo: un hombre flexible, con ideas medias, opaco en sus deseos, con una reducción fortísima del nivel cultural, con un lenguaje empobrecido, con lecturas estandarizadas que son sólo ésas, siempre ésas, una capacidad de razonamiento circunscrita contrapuesta a una capacidad elevadísima de saber decidir con brevedad entre el sí y el no de una solución, de saber escoger entre dos posibilidades, un botón amarillo, un botón rojo; un botón negro, un botón blanco. Helo aquí, este tipo de mentalidad están construyendo. ¿Y dónde lo están construyendo? Lo están construyendo en la escuela, pero lo construyen también en la vida de todos los días.

¿Qué harán con un hombre de este tipo? Les servirá para poder realizar todas las modificaciones que son importantes para la reestructuración del capital. Les servirá para poder gestionar mejor las condiciones y las relaciones de mañana. ¿Cómo serán estas relaciones? Éstas estarán basadas en modificaciones cada vez más veloces, apelando a la satisfacción de deseos absolutamente inexistentes pero pilotados y queridos de una manera determinada en pequeños grupos paso a paso más consistentes. Este tipo de hombre nuevo es exactamente lo contrario de lo que nosotros podamos desear e imaginar, lo contrario de la calidad, lo contrario de la creatividad, lo contrario del deseo real, de la alegría de vivir, lo contrario de todo esto. ¿Cómo podemos combatir contra la realización de este hombre tecnológico? ¿Cómo podemos luchar contra esta situación? ¿Podemos esperar a que llegue un día, un hermoso día, para poner el mundo patas arriba, lo que los anarquistas del siglo pasado llamaban “la grande soirée”, la gran tarde o el gran día -“le grand jour”-, en el que fuerzas que nadie puede prever acabarán por tomar las riendas y explotar en el conflicto social que todos esperamos y que se llama revolución por el que todo cambiará y será el mundo de la perfección y de la alegría?

Ésta es una teoría milenarista. Ahora que se avecina el fin del milenio podría incluso volverse a erguir. Pero las condiciones son diferentes, no es ésta la realidad, no es esta espera lo que nos puede interesar. En vez de eso nos interesa otra intervención, una intervención mucho más pequeña, más modesta pero capaz de conseguir algo. Nosotros, como anarquistas, estamos llamados a hacer algo, somos llamados por nuestras responsabilidades y por lo que decíamos antes. En el momento en que la idea se enciende en nuestra mente, no la idea de la anarquía, sino la idea de la justicia, de la libertad, cuando estas ideas se encienden en nuestra mente y cuando a través de estas ideas alcanzamos a entender cómo es el engaño que tenemos enfrente, que podremos definir, hoy como nunca, un engaño democrático, ¿qué hacemos? Nos debemos poner manos a la obra y este manos a la obra significa también organizarse, significa crear las condiciones de enlazamiento y referencia entre nosotros anarquistas que deben ser diferentes de las que eran las condiciones de ayer.

Hoy la realidad ha cambiado. Como decíamos antes, están construyendo un hombre diferente, un hombre descualificado y lo están construyendo porque tienen necesidad de crear una sociedad descualificada. Pero, descualificado el hombre, han quitado del centro de la concepción de la sociedad política de ayer la que era la figura del trabajador. El trabajador ayer soportaba el peor peso de la explotación. Por este motivo se pensaba que debiese ser él, como figura social, quien diese inicio a la revolución. Basta con pensar en el análisis marxista. En el fondo, todo “El Capital” de Marx está dedicado a la “liberación” del trabajador. Cuando Marx habla del hombre, se sobreentiende el trabajador; cuando desarrolla su análisis sobre el valor, habla de tiempos de trabajo; cuando desarrolla su análisis sobre la alienación, habla del trabajo. No hay nada que no tenga que ver con el trabajo. Pero eso porque en el análisis marxista, en los tiempos en que fue desarrollado, el trabajador permanecía central, efectivamente la clase trabajadora podía ser teorizada como centro de la estructura social.

Si bien con análisis diferentes, también los anarquistas se acercaron a una consideración bastante similar en lo que se refería a la posición del trabajador como centro del mundo social, la clase trabajadora como centro. Pensemos en el análisis anarco-sindicalista. Para los anarco-sindicalistas se trataba sólo de llevar a las extremas consecuencias el concepto de lucha sindical, desvincularlo de la más restringida dimensión de la reivindicación sindical, para poderlo desarrollar hasta la realización, mediante la huelga general, del hecho revolucionario. Consecuentemente la sociedad del mañana, la sociedad liberada o anarquista, según los anarco-sindicalitas, no era más que la sociedad de hoy libre del poder, con las mismas estructuras productivas que hoy, pero no ya en manos del capitalista sino en manos de la colectividad que la administraría colectivamente.

Este concepto hoy es absolutamente impracticable por diversos motivos. Primero de todo, porque las transformaciones tecnológicas que se han realizado no permiten un paso simple y lineal de la sociedad precedente, actual, en que vivimos a una sociedad futura en la que desearíamos vivir. Este pase directo es imposible por un motivo muy simple, por ejemplo la tecnología telemática no podría ser utilizada de una forma liberada, de una forma liberadora. La tecnología y las implicaciones telemáticas no se han limitado sólo a realizar determinadas modificaciones en el interior de ciertos instrumentos, sino que han transformado también las otras tecnologías. Pongamos, la fábrica no es1a estructura de la fábrica dé ayer con encima la agregación del medio telemático, sino que es la fábrica telemática, que es absolutamente otra cosa. Tengamos eh cuenta que de, todos estos conceptos naturalmente podemos hablar de manera muy general porque requerirían un tiempo considerable para ser mejor profundizados. Consecuentemente la imposibilidad de utilizar este patrimonio, y por lo tanto este pase, camina paralelamente al final del mito de la centralidad de la clase obrera.

Actualmente, en una situación en la que la clase obrera se ha prácticamente pulverizado, no existe la posibilidad de utilización de los denominados medios de producción que se deberían expropiar, y entonces, ¿cuál es la conclusión? No queda otra conclusión posible que esta masa de medios de producción que tenemos enfrente debe ser destruida. Sólo nos queda la posibilidad de pasar a través de una dramática realidad de destrucción. La revolución que podemos teorizar, y de la cual además no estamos seguros, no es la revolución de ayer que se imaginaba un simple hecho, que podía además acaecer sólo en un día o en una hermosa tarde, sino un largo, trágico, sangrantísimo asunto que podrá pasar por procesos inimaginablemente violentos, inimaginablemente trágicos.

Y es hacia este tipo de realidad que nos acercamos. No porque este sea nuestro deseo, no porque nos gusta la violencia, la sangre, la destrucción o 1a guerra civil, las muertes, las violaciones, la barbarie, no es eso, sino porque es el único camino plausible, es el único que las transformaciones queridas por quien nos domina y por quien nos manda han convertido necesario. Se han dirigido ellos hacia este camino. No podemos ahora sólo con un simple vuelo de nuestro deseo, una simple imaginación, cambiar algo. Entonces, si en la teoría pasada, en la que existía aún una fuerte clase obrera, se nos podía ilusionar con aquel pase, se nos organizaba en consecuencia. Por ejemplo, las hipótesis organizativas del anarco-sindicalismo preveían un fuerte movimiento sindical que, penetrando en la clase obrera y organizándola casi en su totalidad, realizase esa expropiación y ese pase. No estando ya este sujeto colectivo que probablemente ha sido mítico desde su nacimiento, y que en cualquier caso ahora no existe ni siquiera en su misma visión mítica transcurrida, ¿Que sentido tendría, y que sentido tiene, un movimiento sindical anarco-sindicalista? Ningún sentido.

Por lo tanto la lucha debe partir de otros sitios, debe partir con otras ideas y debe partir con otros métodos. De ahí que nosotros hayamos desarrollado desde hace aproximadamente quince años una crítica del sindicalismo y del anarco-sindicalismo, de ahí que nosotros seamos y nos definamos anarquistas insurreccionalistas. No porque pensemos que la solución sean las barricadas. Las barricadas quizá pueden ser una trágica consecuencia de elecciones que no son las nuestras, sino que somos insurreccionalistas porque pensamos que la acción del anarquismo debe necesariamente afrontar problemas gravísimos que no son queridos por el anarquismo pero que son impuestos por la realidad que los dominadores han construido, y que no podemos eliminar con un simple vuelo de nuestro deseo.

Una organización anarquista que se proyecta hacia el futuro debería consecuentemente ser más ágil. No puede presentarse con las características pesadas, cuantitativamente pesadas, de las estructuras del pasado. No puede presentarse a través de una dimensión de síntesis, como por ejemplo la organización del pasado cuya estructura organizativa anarquista pretendía reasumir la realidad en su propio interior a través de determinadas “comisiones” que trataban los varios problemas, comisiones que después tomaban sus propias decisiones en un congreso periódico anual que se pronunciaba sobre la base de tesis que probab1ememe se remontaban al siglo pasado. Todo esto tuvo su época, no porque haya pasado un siglo desde que fue ideado, sino porque la realidad ha cambiado.

De ahí que nosotros sostengamos la necesidad de la formación de pequeños grupos basados en el concepto de afinidad, grupos incluso minúsculos que están constituidos por pocos compañeros que se conocen, que profundizan en ese conocimiento, porque no puede haber afinidad si no nos conocemos. Nos podemos reconocer como afines sólo profundizando precisamente los elementos que determinan las diferencias, frecuentándose. Este conocimiento es un hecho personal, pero es también un hecho de ideas, de debates, de discusiones. Mas, en vigor del primer discurso que hemos hecho esta tarde, si os acordáis, no hay profundización de ideas que no sea igualmente práctica de cosas a hacer junto, de acciones, de realizaciones de hechos. Por lo tanto entre la profundización de ideas y la realización de los hechos hay un continuo trasvase mutuo.

Un pequeño grupo constituido por compañeros que se conocen y que se identifican a través de una afinidad, un pequeño grupo que se reuniese solo para soltar cuatro chismes por la tarde sería un grupo no de afinidad sino un grupo de simpáticos socios que reuniéndose por la tarde pueden hablar de cualquier cosa. Por el contrario un grupo que se reúne para discutir pero que discutiendo se coloca en conjunto para hacer y que haciendo contribuye a desarrollar la discusión que llevada adelante se transforma en otras ocasiones de hacer, éste es el mecanismo de 1os grupos de afinidad. ¿Cuál puede ser despuéS el modo en que a los grupos de afinidad les sea posible entrar en contacto con otros grupos de afinidad respecto a los cuales no es necesario el conocimiento profundo que por el contrario es indispensable dentro de cada grupo? Este contacto puede ser asegurado por la organización informal.

¿Pero qué es una organización informal? Entre los diversos grupos de afinidad que entran en contacto entre si, para intercambiarse ideas y hacer cosas conjuntamente, puede haber una relación de naturaleza informal y consecuentemente la construcción de una organización, incluso amplísima a nivel territorial, incluso de decenas y, por qué no, de centenares de organizaciones, de estructuras, de grupos, que tienen una característica informal que es siempre justamente la discusión, la periódica profundización de problemas, de las cosas a hacer juntos, y cosas así. Esta estructura organizativa del anarquismo insurreccional es diferente de la organización de la que habíamos discutido antes a propósito de las formas del anarco-sindicalismo.

Pero este análisis de las formas organizativas, dicho acá en pocas palabras, merecería una profundización, cosa que no puedo hacer aquí, en el ámbito de una conferencia. Una organización de este tipo, en efecto, quedaría a mi modo de ver sólo como un hecho interno al movimiento si no se realizase también en relaciones con el exterior, esto es a través de la construcción de grupos de referencia externos, de núcleos externos basados también en una característica informal. No es necesario que estos grupos de base estén constituidos sólo por anarquistas: en su interior podrá participar la gente que tiene intención de luchar para alcanzar a determinados objetivos, aunque sean circunscritos, a condición de que estén basados en algunas condiciones esenciales. Primero de todo la “conflictividad permanente”, es decir grupos que tienen la característica de atacar la realidad en la que se encuentran, sin esperar la orden de alguien. Después la característica de ser “autónomos”, esto es de no depender ni relacionarse con partidos políticos u organizaciones sindicales. Por último la característica de afrontar los problemas uno cada vez y no de proponer plataformas sindicales genéricas que inevitablemente se traducirían en la gestión de un mini-partido o un pequeño sindicato alternativo. El resumen de estas tesis puede parecer más bien abstracto y es por eso que antes de concluir quiero poner un solo ejemplo para que en la práctica algunas de estas cosas se entiendan mejor.

En el intento que se hizo, en los primeros años Ochenta, buscando impedir la construcción de la base de misiles americana en Comiso fue aplicado un modelo teórico de este tipo. Los grupos anarquistas que intervinieron a lo largo de dos años construyeron las “ligas autogestionadas”. Estas ligas autogestionadas eran precisamente grupos no anarquistas que operaban en el territorio y que tenían como único objetivo el de impedir la construcción de la base destruyendo el proyecto en curso de realización.

Las ligas eran por lo tanto núcleos autónomos con las siguientes características: tenían como único fin el de atacar y destruir la base. Por lo tanto no tenían una serie de problemas, porque si se hubiesen propuesto una serie de problemas se habrían convertido en grupos de sindicalistas con él objetivo, pongamos, de la defensa del puesto de trabajo, o de encontrar un trabajo, o quizá de resolver otros problemas inmediatos. En vez de eso tenían como fin sólo el de destruir la base. La segunda característica era la conflictividad permanente, esto es desde el primer momento en que estos grupos fueron constituidos (no eran grupos anarquistas, sino grupos de personas en los cuales había también anarquistas) desde el primer momento en que fueron constituidos, decía, estos grupos entraron en conflicto con todas las fuerzas que querían construir la base, sin que esta conflictividad fuese determinada o declarada por organismos representativos o responsables de los grupos mismos. Y la tercera característica era la autonomía de estos grupos, es decir que estos no dependían ni de partidos, ni de sindicatos ni similares. Las vicisitudes de la lucha contra la construcción de la base en parte son conocidas, en parte no y no se si viene al caso retomar acá su historia, quería sólo referirme a ésta a título de ejemplo.

Por lo tanto el anarquismo insurreccionalista debe superar un problema esencial, para ser tal debe superar un límite, si no sólo queda la hipótesis del anarquismo insurreccionalista. Esto es, los compañeros que forman parte de los grupos de afinidad y que por lo tanto han operado lo que decíamos antes, aquella insurrección de naturaleza personal, aquella iluminación que dentro de nosotros produce .las consecuencias de-una idea fuerte que se contrapone a la verborrea de las opiniones, aquí, estos compañeros, entrando en relación con otros compañeros, también de otros sitios, a través de una estructura de tipo informal, hasta ese punto han realizado sólo una parte del trabajo. En un cierto punto deben decidirse, deben superar esta línea de demarcación, deben dar un paso del que después no es fácil dar marcha atrás. Deben entrar en relación con personas que anarquistas no son, en función de un problema que es intermedio, que está circunscrito (la destrucción de la base de Comiso, por cuanto fantástica esta idea pudiese ser, o interesante, o simpática, evidentemente no era la anarquía, no era a buen seguro la realización de la anarquía). ¿Qué habría sucedido si realmente se hubiese alcanzado a entrar en la base y destruirla? Yo no lo sé. Probablemente nada, probablemente todo. No lo se, no se puede saber, nadie puede saberlo. Pero la belleza de la realización de aquel hecho destructivo no se halla en sus posibles consecuencias.

Los anarquistas no aseguran nada de las cosas que hacen, sino que identifican las responsabilidades de personas y las responsabilidades de estructuras y por lo tanto en base a una decisión se determinan a la acción y desde ese momento en adelante se sienten seguros de sí, porque aquella idea de justicia que actúa dentro de ellos ilumina la acción, hace ver las implicaciones de una persona, de más personas, de una estructura, de más estructuras y por lo tanto las consecuencias de estas implicaciones. Aquí se coloca la determinación de actuar de los anarquistas.

Sin embargo una vez que actúan junto a otras personas, deben también tratar de construir organismos sobre el territorio, esto es organismos que tengan la capacidad de aguantarse, de causar consecuencias en la lucha contra el poder. No debemos olvidar en efecto, y es importante esta reflexión, que l poder se realiza en el espacio, es decir, el poder no es una idea abstracta. El control no sería posible si no estuviesen los cuarteles de policía, si no estuviesen las cárceles. El poder legislativo no sería posible si no estuviese el Parlamento, si no estuviesen los parlamentitos regionales. El poder cultural que nos oprime, que construye la opinión, no sería posible si no estuviesen las escuelas o las universidades.

Ahora, las escuelas, las universidades, los cuarteles, las cárceles, las industrias, las fábricas, son lugares que se materializan en el territorio, son zonas acotadas en las que nosotros podemos movernos sólo si aceptamos determinadas condiciones, o sea si aceptamos el juego de las partes. Estamos aquí dentro porque hemos aceptado el juego de las partes, en caso contrario no habríamos podido entrar. Esto es interesante. Podemos utilizar incluso estructuras de este tipo, pero en el momento del ataque estos lugares nos son prohibidos. Si entrásemos aquí dentro con la intención del ataque, la policía nos lo habría impedido, me parece claro.

Ahora, ya que el poder se realiza en el espacio, la relación del anarquista con el espacio es importante. Ciertamente la insurrección es un hecho individual y por lo tanto, en aquel sitio recóndito de nosotros mismos, por la tarde cuando nos estamos adormeciendo pensamos “…bueno, a fin de cuentas las cosas no van tan mal”, porque uno se siente en paz consigo mismo y se duerme. Aquí está, en este lugar particular que está privado de espacio, nos movemos como queremos. Pero después debemos además transitar nosotros mismos por el espacio de la realidad y el espacio, si lo pensáis bien, está casi exclusivamente bajo la tutela del poder. Consecuentemente, moviéndonos en el espacio, llevamos con nosotros estos valores de insurrección, estos valores revolucionarios, estos valores anarquistas y los medimos en un enfrentamiento en el que no estamos sólo nosotros.

Debemos localizar pues los que son los objetivos significativos y si éstos están y, mira por dónde, estos objetivos están siempre y por doquier, contribuir a crear las condiciones para que la gente, los explotados, sobre cuya piel aquellos objetivos están prosperando, hagan algo para impedirlos.

Este proceso revolucionario según lo veo yo es de naturaleza insurreccional. No tiene un fin (esto es importante) de naturaleza cuantitativa, porque la destrucción del objetivo o el impedimento del proyecto no puede ser medido en términos cuantitativos. Sucede que se me viene a decir: “Pero cuantas luchas hemos hecho en los últimos veinte, treinta años” y en cuántas ocasiones he hecho este discurso también yo mismo y cuántas veces me he oído decir: “¿Pero qué resultado hemos obtenido?” Incluso cuando se ha hecho algo, la gente después ni siquiera se acuerda de los anarquistas” ¿Los anarquistas? ¿Pero quiénes son estos anárquicos, los monárquicos? Quizá los del rey”. Las personas no se acuerdan bien. ¿Pero qué importancia tiene? No es de nosotros que se deben acordar, sino que se deben acordar de su lucha porque la lucha es suya. Nosotros somos una ocasión en la lucha. Nosotros somos un algo más.

En la sociedad liberada, en la anarquía ya llevada a término, o sea en una dimensión del todo ideal, los anarquistas, que en cambio son indispensables en la lucha social a todos niveles, entonces tendrían sólo el papel de llevar siempre más allá las luchas, eliminando incluso las más mínimas trazas de poder y perfeccionando cada vez más la tensión hacia la anarquía. Los anarquistas son los habitantes de un planeta incómodo en todos los casos, porque cuando la lucha va bien se les olvida, cuando la lucha va mal se les acusa de ser los responsables, de haber llevado la lucha de mala manera, de haberla llevado a un mal desenlace. Ninguna ilusión entonces respecto a posibles resultados cuantitativos: si la lucha que es realizada desde un punto de vista insurreccional es correcta, va bien, y los resultados, si los hay pueden ser útiles para la gente que la ha realizado, no desde luego para los anarquistas. No hace falta caer en la equivocación, en la que desgraciadamente muchos compañeros han caído, de pensar que el resultado positivo de la lucha pueda traducirse en un crecimiento de nuestros grupos, porque esto no es cierto, porque esto se traduce sistemáticamente en una desilusión. El crecimiento de nuestros grupos, y el crecimiento de compañeros desde un punto de vista numérico, son cosas importantes pero no pueden llegar mediante los resultados obtenidos, cuanto más bien por la construcción, la formación de aquellas ideas de fuerza, de aquellas dilucidaciones de las que hablábamos antes. Los resultados positivos de las luchas y el crecimiento también numérico de nuestros grupos son dos cosas que no pueden ligarse por un proceso de causa y efecto. Pueden estar en conexión entre ellas, pueden no estarlo.

Quisiera decir aún dos palabras antes de concluir. He hablado de qué es el anarquismo, de qué es la democracia, de cuales son los equívocos que nos son colocados continuamente enfrente, de las formas en que se está transformando la estructura de poder que llamamos capitalismo moderno, capitalismo post-industrial, de unas estructuras de lucha de los anarquistas que hoy no son ya aceptables, del modo en el que hoy nos podemos contraponer a las que son las realidades de poder, y finalmente he hablado de las diferencias entre el anarquismo tradicional y el anarquismo insurreccional de hoy.

Agradezco vuestra atención.

Cúneo, 28 enero 1995.

Alfredo Maria Bonanno.


* Este texto fue publicado en Ekintza Zuzena nº 17.

* Testo publicado en “Con ogni mezo necesario. Dossier sulla nuova Inquisizione”, París 1996. Traducción: Ediciones Conspiración. Montaje… (Apreciaciones sobre el Proceso Marini).

* Traducción Pablo Serrano.

* Traducción Palabras de Guerra.

* El presente texto es la trascripción de una conferencia titulada “Anarquismo y Democracia”, celebrada en Cúneo (Italia) el 28 de enero por Alfredo M. Bonanno en la sala de reuniones del liceo científico “G. Peano”. La primera edición en castellano apareció en marzo de 1997 de la mano de Arsénico. Posteriormente ha sido reeditado en fotocopia por Ediciones Luna Negra.

6 Craxi: ex secretario general del PSI (Partido Socialista Italiano), ex jefe de gobierno, implicado en muchos juicios por financiación ilícita del partido, corrupción, etc. Ya condenado, en algún juicio, por la justicia italiana (8 años), se encontraba bajo varias órdenes de busca y captura. Falleció recientemente después de vivir varios años de “exilio” en su lujosa villa de Hammamet, cerca de Túnez.

7 Andreotti: miembro destacado de la DC (Democracia Cristiana) en los últimos 50 años. Varias veces jefe de gobierno, senador vitalicio, relacionado, durante el curso de su carrera, en decenas de sucesos oscuros desde la corrupción al asesinato, la asociación mafiosa y al intento de golpe de Estado. Siempre ha salido absuelto en los juicios. En el momento de darse esta charla tenía otro juicio: estaba acusado de ser quien ordenó el asesinato del periodista Pecorelli y, otra vez, de asociación mafiosa.

8 Riina: actualmente en la cárcel, está considerado, por los media y los jueces, el jefe supremo de Cosa Nostra (mafia siciliana). Fugitivo por decenas de años, ahora, algunos arrepentidos mafiosos lo relacionan con Andreotti. Al parecer los dos han sido vistos besarse en las mejillas, en el ritual mafioso sinónimo de hermandad y complicidad entre jefes.

9 Di Pietro: ex policía, ha sido el fiscal más destacado del equipo de “Mani Pulite” de Milán, el organismo que primero empezó a derribar el imperio del PSI. Exaltado por la muchedumbre como el salvador de la nación, dejó la fiscalía para entrar en política y ha sido ministro de obras públicas del gobierno durante unos meses, hasta que él mismo se ha visto involucrado en juicios por corrupción.

10 Borrelli: fiscal jefe de Milán, coordinador del equipo de “Mani Pulite

Entrevista a Alfredo Maria Bonanno realizada por el periódico Tierra y Tempestad, Montevideo, Uruguay, año 2013

Entrevista al compañero Alfredo Bonanno realizada por el periódico Tierra y Tempestad, misma que fue publicada en dos partes en los números 19 y 20 de dicho periódico. Esta entrevista se realizo durante el ciclo de charlas que Bonanno realizo en Uruguay y Argentina en el año 2013, justo antes de que se le impidiera la entrada a México para el Simposio Informal Anarquista.

Lejos de los discursos protonacionalistas de las distancias y la realidad local que tan de moda están hoy en día en este país y que caen como rocas pesadas, algunos tratando de “desanarquizar” al movimiento, mientras que otros con propuestas demasiado confundidas, confusas y vagas; o bien de las “criticas” personales y morales de un Amoros, siempre sera complaciente leer los aportes de Alfredo Bonanno, porque siempre tiene algo que aportar… lo demás nos corresponde a nosotros pensarlo, analizarlo, y crear nuestras propias perspectivas y arribar a nuestras propias conclusiones. Esto es un APORTE a la guerra social, mas no un manual ético-tactico-ideológico de la insurrección.

Tierra y tempestad: https://laturbaediciones.wordpress.com/tierra-y-tempestad/

Alfredo, ¿qué es la anarquía para ti?

Es una buena pregunta, no sé que es la anarquía. Yo pienso que es una tensión, una aspiración, un ideal, como la revolución anárquica. Yo no sé qué es la revolución… Es un proceso, una tentativa, no es una cosa que está en un lugar preciso, que podemos ir a ver, medir. La anarquía como la revolución anárquica no tiene medida, no tiene un punto de referencia histórico, no es que en España en 1936 hayan hecho la anarquía, no es verdad, o en Ucrania, en México, son estados tentativos de acercamiento. Para mí la anarquía sería la ausencia del principio supremo, del Arque, ausencia del dominio, del poder, ausencia total, ¿qué hombre puede lograr la ausencia total del poder? ¿cómo lo puede lograr? Nos podemos acercar, buscando contribuir a construir una sociedad mejor a la que tenemos hoy. No es que eso sea la anarquía, sería una forma de poder diverso contra la que los anarquistas lucharán en nombre de la anarquía, evidentemente eso no será la anarquía.

¿Y la revolución anarquista?

Hay que ver si para vos es la misma cosa que la anarquía, por lo que dijimos antes, o si tal vez tiene alguna cosa distinta, o si le llamamos revolución anárquica a un proceso organizativo que se acerca a la destrucción del poder. Si decimos sólo revolución, es un proceso, pero no es un proceso necesariamente de destrucción del poder, pero puede significar la construcción de un poder, incluso peor. En una época se decía revolución social en vez de revolución anárquica, por lo menos en Europa y había incluso una revista de Kropotkin que se llamaba Revolución Social . Pero hoy hablar de revolución social es muy equivoco, mejor es hablar de revolución anárquica, siempre como un proyecto, no como una cosa precisa que está acá o allá; siempre como un proceso, siempre es una realización parcial, nosotros luchamos por la revolución anárquica pero lo que realizamos no es la revolución anárquica, la revolución anárquica viene después, entonces empezamos de nuevo, entonces ¿que hacen los anarquistas? Siempre están recomenzando de nuevo. Muchos compañeros tienen miedo de esto, de estar recomenzando siempre de nuevo… ¿cómo hacer posible que nosotros peleemos sólo para tener que comenzar de nuevo? ¿es posible que los anarquistas estén destinados a vivir solo de la lucha? A mí me parece que sí, no sé, a menos que uno quiera convertirse en presidente de la república, puede ser…

¿Cual es tu definición: un anárquico, un insurreccionalista? ¿Qué significa eso?

Soy anarquista, lo de un insurreccionalista hay que ver, no es mi definición, es de los periódicos, usan esta definición los diarios en todo el mundo, en todos lados desde Islandia hasta Filipinas, desde Bielorusia hasta América Latina; con nuestra fuerza no podemos hacer nada, todos hablan de anarquismo insurreccionalista, fíjate que la misma cosa sucedió con los nihilistas rusos en la segunda mitad del siglo XIX, ellos no se llamaban nihilistas, fueron los diarios que los llamaron nihilistas y al final ellos mismos terminaron llamándose nihilistas y no podés hacer nada.

Hablar de insurrección es una cosa y hacer la insurrección es otra cosa, son dos cosas distintas… si nosotros nos limitamos a hablar de insurrección terminamos como los periodistas, hacemos charlas, chácharas sobre la insurrección… ¿Podemos realizar la insurrección? ¿Los anarquistas pueden realizar la insurrección? No, no más de cuanto pueden hacer la revolución; no es que los anarquistas luchando hacen la revolución, la revolución o la insurrección es un proceso, se desarrolla de acuerdo a ciertas transformaciones del capital, del poder. Lo que podemos hacer nosotros es el proyecto insurreccional, es una cosa mucho más pequeña, que tiene que ver con la insurrección hasta cierto punto pero no es la insurrección… Por lo tanto, el engaño de los diarios, de ciertos críticos, como Amorós -este compañero español-, es que hablan de insurreccionalismo, cuando nosotros no hablamos de insurreccionalismo como si fuese una ideología, nosotros hablamos de un proyecto de insurrección, es otra cosa. ¿Comprenden? no sabemos qué es la insurrección, cuando la miramos decimos ‘bueno’. Pero, además, te da un poco de miedo la insurrección, porque no sabés qué hacer bien si no tenés un proyecto antes. He visto ciertas situaciones en las que cierta gente se alborota, y vos con toda tu práctica, toda tu experiencia “y yo ¿qué carajo tengo que hacer?”. Y uno tiene miedo, porque se siente extraño, porque en la potencia del proceso insurreccional o revolucionario nosotros somos extraños; o somos extraños, y si no somos extraños y estamos con los demás, nos hacemos arrastrar por el proceso, como si nadáramos en el mar o en el río, nos hacemos arrastrar, ¿y nuestro proyecto?

¿Puedes explicar brevemente en qué consiste el proyecto insurreccional?

El proyecto insurreccional evidentemente tiene que tener un conocimiento de la realidad, un conocimiento de la situación en la que uno se encuentra. Por ejemplo, ustedes son uruguayos, trabajan en Uruguay, conocen los elementos de la situación en Uruguay, y también las relaciones internacionales del capitalismo acerca de la situación uruguaya, algo que solamente ustedes pueden hacer. Porque en el estado actual en el que vivimos, lo que sucede en China tiene consecuencias en el Uruguay. Las transformaciones del capital son a nivel global. Entonces, saber esto es importante para poder definir el proyecto insurreccional. Pero esto, queda ligado, en el momento, a acciones de los grupos de afinidad, al estudio y profundización, a encontrar los medios para las acciones, no es una cosa simple. Esto constituye a grandes rasgos el proyecto insurreccional. Y al mismo tiempo es parte del proyecto, estar atentos a la posibilidad de un proceso insurreccional, a lo que está pasando, e incluso a las cosas que parecen poco importantes; transformaciones del poder del punto de vista político, por ejemplo, un poder más o menos represivo, un poder más socialdemócrata, la desaparición o el retorno de viejas formas de gestión socialdemócrata, como el Partido Comunista.

Acá todavía existe el Partido Comunista y es obviamente un signo de atraso -el Partido Comunista va desapareciendo en todo el mundo, desaparecerá hasta en China-. Esto quiere decir que el Uruguay, desde el punto de vista de la gestión global, es un país más atrasado. Tendrá que desaparecer el Partido Comunista, no es un elemento de la lucha política insertado en la gestión global del capital. Esto lo tiene que ver el proyecto insurrecional y preguntarse ¿por qué en Uruguay está el Partido Comunista? Ahora, el proyecto insurreccional es no solamente el estudio de la situación en la que vos te encontrás, sino también de la situación política. No es suficiente que los anarquistas se declaren en contra de la política, tienen también que saber qué es la política, quiénes son los enemigos, cómo se organizan los enemigos; tienen que saberlo, saber cómo está conformado el ejército, qué significa el ejército… no es porque nosotros estamos en contra de la armas, en contra de la violencia, que no nos interesa nada del ejército; sí que nos interesa. Esto es parte del proyecto insurreccional. Es algo muy complejo, muy articulado.

Muchos compañeros piensan que solamente se trata de charlar un poco, no es verdad. Estamos hablando de insurrección para ver cuál es la relación entre proceso y proyecto. Pero en efecto el proyecto habla poco del proceso insurreccional, ¿qué podés decir del proceso insurreccional? Poco. Mientras mucho se puede decir de la gestión del poder, de cómo está estructurado el poder. ¿Por qué existe esta estructura en Uruguay? ¿Por qué se da esta “linda” recuperación más que en Europa? “Vamos todos juntos, caminamos todos juntos”. Es un modo del poder político, que en Uruguay advierte la precariedad, la inestabilidad de este tipo de gestión, y llama a la recuperación, a colaborar para otorgar mayor fuerza. El Partido Comunista del Uruguay no es que no se da cuenta de que miente, no existe como fuerza política, se da cuenta de esto, y por esto llama a la gente para que colabore. ¿El Partido Comunista ha llamado alguna vez a alguien para que colabore? No, lo que hace es dominar, ha siempre buscado dividir, no colaborar. El concepto de colaboración, de solidaridad es un concepto extraño al Partido Comunista, pero acá lo hace porque se siente débil. Yo insisto siempre con los compañeros: el proyecto insurreccional comprende un análisis político de la situación; porque después siguiendo en el camino todo parece distinto, no sabés qué hay detrás; todo se resuelve en la policía, sin embargo atrás de la policía hay muchas cosas. Si no estudiaste antes, no sabés qué hay detrás.

¿Con una teoría insurreccional no se genera un nuevo «ismo»? ¿Qué puede detener este proceso tan dinámico como lo es el proceso insurreccional?

De hecho es esto lo que estamos diciendo, lo que están haciendo los diarios. ¿Por qué los diarios de todo el mundo hablan de insurreccionalismo? Para detener, para frenar, para criminalizar estos intentos de los compañeros de organizarse de manera diferente. Para decir “estos son terroristas”. Cualquier “ismo” es peligroso, porque es como una camisa de fuerza que cierra, aprieta la realidad. La realidad es vida, es movimiento, es cambio contínuo. ¿Qué tiene que ver con el “ismo”? Poco. Pero no viene de nosotros este “ismo”, viene de los diarios, viene de los intentos de criminalizarte. Si nosotros hubiésemos hablado desde el primer momento de anarquismo insurreccionalista, hubiéramos sido unos imbéciles. Ya que del todo imbéciles no parecemos, no lo dijimos. Los que hablan así son los periodistas y los teóricos (más o menos), llámenlos así, hablan de insurreccionalismo, es más, de ideologías insurreccionalistas. Tratan de tomar distancias, “nosotros no tenemos nada que ver con ellos, esta es gente que pone bombas, personas peligrosas… Bonanno es uno que antes entraba y salía de los bancos con la pistola”. (Igual no es tan fácil entrar y salir con una pistola). Esto lo hacen para mostrar lo malo y lo peligroso que sos.

¿Qué es para ti el grupo de afinidad? ¿Cuál es su importancia en el proceso insurreccional?

El grupo de afinidad es un vínculo entre compañeros, que es muy difícil de definir. De todas formas no es ciertamente una relación afectiva, no es una relación de amor, no es una relación de simple conocimiento, no es una amistad, no es todas estas cosas, es otra cosa. Definirlo no es fácil. Es conocimiento, es profundización; experimentar algo juntos; también pequeñas cosas, también tratar de recurrir a ocasiones para ver cómo reacciona el otro, verlo en la vida de todos los días, cómo se comporta. Porque es inútil que los dos hagamos un discurso “musculoso” y tratamos de parecer fuertes, y después cuando hay una pequeña cosa, por la calle hay alguien que nos hace “bhu!”, yo me asusto y me escapo corriendo. Entonces decís “¿qué discurso hiciste hasta ahora?” Son muchas las ocasiones que hay que utilizar para estudiar, profundizar y recoger la afinidad. De la misma manera, en la misma situación, y en lugar de escaparme yo comienzo a disparar o a hacer cosas excesivas, tampoco está bien. Escaparse o hacer algo excesivo es lo mismo. Encontrar el control de sí mismo es la esencia fundamental de la relación de afinidad. Uno tiene que confiar, tener confianza en el otro. En esos casos vos pensás que el otro se comporte de la manera adecuada, es decir, ni demasiado miedoso ni excesivo, porque las dos cosas son erradas. En los procesos insurreccionales los grupos tienen la función de saber qué hay que hacer de distinto de lo que está haciendo el proceso. Por lo tanto el proceso se mueve en un determinado sentido, los grupos tratan de tener un proyecto ligeramente distinto. Porque no está dicho que el proceso que se mueve, sepa lo que hay que hacer. A veces los procesos revolucionarios, insurreccionales, tienen naturaleza violenta, extremadamente violenta (la gente rompe todo porque justamente reacciona de manera violenta a la represión, a los siglos de miseria, de pobreza, de sufrimiento, de dolor, y todo eso explota). El revolucionario anarquista que es parte de los grupos de afinidad debe saber qué hacer, porque si él también explota… Por ejemplo, cuando en el ‘36 hubo en España la toma del poder fascista, los compañeros anarquistas se adueñaron de las armas, porque sabían donde estaban las armas. No es una casualidad que Ascaso haya muerto enfrente de un cuartel, porque trataba de tomar las armas. Porque si no se toman las armas de los soldados, ¿la gente qué hace? Rompe todo, pero sin las armas no sé puede hacer nada. Luego hubo todos los errores sucesivos en la revolución española… Pero se movieron los compañeros españoles actuando como compañeros conscientes, que sabían hacia donde ir, no yendo donde iba la gente, sino dónde ir a buscar las cosas necesarias para hacer la revolución.

¿El proyecto insurreccional sólo busca debilitar al Poder? ¿Atacar para debilitarlo? ¿Sólo eso?

Probablemente este es uno de los objetivos. Porque si tú atacas al poder en más lugares, principio de la guerrilla: si atacás en distintos lugares, no donde se mueve el proceso insurreccional, sino también donde el proceso insurreccional no se está moviendo, debilitás el poder permitiendo un crecimiento, dando indicaciones para un crecimiento del proceso insurreccional. Además das medios a los compañeros, por lo tanto a los grupos de afinidad que están dentro del proceso pero que además tienen un proyecto en mente; les das medios, ideas, etc., que pueden transmitir a los demás.

Por ejemplo, si lo piensas, un proceso insurreccional puede comenzar con una manifestación, como por ejemplo, podía ser la manifestación de los cien mil en Atenas en ocasión de la muerte de Alex. Ahora, cien mil personas son muchas, pero al mismo tiempo no son muchas. Tomados uno por uno, ¿saben lo que están haciendo? No, no lo saben. Saben que están enojados. Y no es suficiente. El proyecto es algo de pocos, de pocos compañeros conscientes de qué hacer porque lo estudiaron antes, aprendieron a nadar antes. No es que nadan, aprenden a nadar en la manifestación. Saben a dónde ir, saben qué hacer. Esto contribuye a debilitar el poder por un lado, porque si el poder dice “estos quieren atacar al parlamento”, se ponen todos enfrente al parlamento y ahí se termina todo. Si en vez ven que hay cien ataques distintos en toda la ciudad, se preguntan “¿qué tenemos que hacer?” No lo saben. La explosión de rabia del proceso insurreccional toma otro camino, se expande. ¿Entendés la diferencia, la enorme diferencia de una cosa de este tipo? ¿qué hubiese pasado en Atenas, si hubiesen estado quinientos anarquistas capaces de llevar a cabo acciones en grupos separados en toda la ciudad?, ¿qué hubiera pasado con esos cien mil? Estos iban a destruir toda la ciudad. No hay dudas sobre esto.

¿Qué es la organización informal?

La organización informal es, antes que nada, informal, es decir, no es fija, no dura en el tiempo, no tiene una sigla, porque es justamente libre de forma y es reconstruida cada vez para lograr un objetivo, para atacar un objetivo que es bastante importante, significativo y grande, porque un único grupo de afinidad que normalmente es constituido por pocos compañeros no puede atacarlo solo. Entonces, se juntan más grupos de afinidad y constituyen una organización informal para atacar a ese objetivo. Pero esta organización informal, que dura hasta atacar a ese objetivo, luego se disuelve. Por lo tanto no es la Federación Anarquista Informal; aquí lo informal es teórico, pero en la realidad metemos la firma. Una organización informal no puede tener una firma. ¿Por qué no puede tener una firma? Porque no tiene un objetivo cuantitativo, no busca agarrar a la gente e ingresarla, no razona de esta manera. Solo tiene un objetivo, pero que podría ser un objetivo que perjudica los intereses de una parte de la gente. Por ejemplo la cuestión acá en Uruguay de la minería daña una cierta zona del Uruguay, yo no sé donde se encuentra, por lo tanto es una cantidad de gente limitada, serán cinco mil o cincuenta mil personas, no lo sé. Entonces, estas personas, que no son anarquistas, pueden ser involucradas en la lucha contra ese objetivo por parte de esa organización informal, es decir, de estos grupos de afinidad que son parte de la organización informal. La organización informal, en este caso, tiene que hablar con estas personas, pero no para que se vuelvan anarquistas. No tiene que hablar en cuanto anarquistas, sino como alguien que, aunque sea anarquista, no quiere hacer que se vuelvan anarquistas esas personas, sino que quiere colaborar con ellos para destruir ese objetivo. Estas personas pueden organizarse por sí mismas, con la ayuda de los anarquistas, en los que se definen núcleos de base, o sea organizaciones de base que se pueden llamar como quieran, que no son constituidas por anarquistas, sino que tienen la presencia de anarquistas, pero no son anarquistas. Porque la gente no quiere volverse anarquista para destruir la minería.

Dices que el método de ataque, para ser anarquista, tiene que ser sencillo, simple y reproducible. Cuando el objetivo es más complejo y se forma una organización informal, ¿no deja de ser, entonces, un objetivo simple, sencillo y reproducible?

Estamos hablando de dos cosas distintas. Porque el objetivo simple y reproducible es cuando el ataque es del grupo, mientras el objetivo más complejo, donde está la presencia de la organización informal, parece simple pero es una cosa compleja. Son dos cosas distintas. Esa es una lucha específica, es una lucha de grupos de afinidad. Son dos cosas distintas. La lucha de los grupos de afinidad, el ataque, tiene que ser reproducible. El ataque de la organización informal dura cierto tiempo, es también reproducible, pero en su conjunto se trata de algo extremadamente complicado. Puede verse como modelo, como método anarquista de la destrucción, como método para relacionarse con la gente, como método para debatir con las personas, de intentos de crear grupos de afinidad, que son parte de la organización informal y que intervienen para hacer algunas cosas que la gente no puede hacer, utilizan algunos métodos, esos métodos de los que hablábamos antes (los medios de comunicación inflan esos métodos) que los grupos de afinidad tienen y que, por lo tanto, son parte también de la organización informal, pero sin embargo, la gente no los tiene. El deber de los anarquistas, de la organización informal, es entonces la de realizar acciones relativas a esos objetivos que la gente no puede realizar, pero que no sean acciones que asusten a la gente. Y que sean también coordinadas con lo que la gente efectivamente advierte, siente. Porque el objetivo es de las personas, la minería perjudica a las personas, no perjudica a los anarquistas. Los anarquistas están colaborando con la gente.

¿Entonces hay dos tipos de ataques? Los que son realizados por los grupos de afinidad…

…los simples y reproducibles, y los que son una cosa más compleja. Tanto es así que requiere la unión de más grupos de afinidad en una organización informal.

Y estos ataques de la organización informal no pueden asustar a la gente…

… como acciones específicas realizadas por los grupos de afinidad que son parte de la organización informal; hacen cosas que tienen que saber hacer, porque si haces cosas demasiado grandes, demasiado importantes, asustas a las personas. Enseguida los diarios escriben “estos son terroristas” y la gente se asusta. Tienen que ser importantes pero no demasiado. Estamos hablando de otro tipo de situaciones, que se llama lucha intermedia o lucha específica; es una situación distinta, en la que hay necesidad de una organización más grande que la organización informal. Pero todo lo que hay que hacer, hay que hacerlo con cabeza, razonando.

¿Cómo se puede generalizar una lucha particular?

No lo sé, porque esto es el sueño de todos los anarquistas. Nosotros realizamos una lucha limitada, circunscripta, pero tiene que ser limpia en el método. Es el método lo que se generaliza, no la lucha. Lo que nosotros tratamos de generalizar es el método. Ahora, si el método es confuso, ¿qué carajo se generaliza? Porque la lucha ¿cómo hace para generalizarse? No existe una minería en Montevideo, por lo tanto ¿cómo se hace para generalizar la lucha contra la minería en Montevideo? Pero se puede generalizar el método, entonces es el método que tiene que ser limpio.

¿El método cuál es? ¿El ataque simple, reproducible?

El ataque, sí. Éste es importante, porque si no, no se puede generalizar la lucha que se quiere generalizar.

¿Hay una necesidad, por lo menos en primera instancia, de que existan espacios más estables y organizados, donde los compañeros puedan conocerse y vincularse, y luego formar estos grupos de afinidad?

No son dos cosas ligadas entre sí. Los espacios autogestionados, no los espacios liberados (en realidad no existen espacios liberados, estas son chácharas de los marxistas), los espacios donde los compañeros se encuentran son importantes… Ustedes tienen ese centro, (…) son espacios importantes porque los compañeros se encuentran allí, probablemente los grupos de afinidad pueden surgir a partir de que los compañeros se encuentren allí; probablemente, no es seguro. Porque también pueden encontrarse por la calle. En cualquier caso, todos los procesos de conocimiento, de profundización que requiere el desarrollo de la afinidad… Algunos, la mayoría de esos procesos, no se pueden dar en los grupos anarquistas; hay que realizarlos en la calle, porque en los grupos se habla, se discute, y la mayoría de estos procesos de conocimiento no son chácharas, son cosas que hay que hacer.

¿Qué son las armas para los anarquistas?

Una fea bestia son las armas. Pero son instrumentos, son instrumentos. Además todos los Estados prohíben el uso de las armas, porque el Estado no puede permitir que los ciudadanos utilicen las armas; cuando lo permite, como en los Estados Unidos, se necesita un permiso. En Estados Unidos hay una gran difusión de armas pero están todas registradas. En sí el arma, como objeto es una cosa que a mí me perturba, pero me doy cuenta de que el conocimiento de las armas, no de todas, sino de algunas para mí es indispensable. Y no es una cosa fácil de resolver. Porque el Estado sabe bien cuán peligrosa puede ser un arma en las manos de los revolucionarios. Entonces prohíbe su posesión, ya que si no se posee no se puede aprender. Esto sin necesidad de sacralizarlo, y volverlo un mito. La pistola es un objeto asqueroso. Lo mismo que el puñal. Si se tiene un puñal y no se sabe utilizar, es inútil; se debe saber como se empuña un puñal. No se empuña así sino así. Si alguien no sabe qué hacer, debe averiguar cómo se hace.

Tu propuesta, que es una propuesta distinta a otras de organización informal, como por ejemplo de la de la Federación Anarquista Informal…

La diversidad consiste en el hecho de que la Federación Anarquista Informal no es informal. Es una organización cerrada. Como cualquier otra organización cerrada.

Además el hecho de que hay compañeros que no se conocen entre sí, que están en distintos países, que es una sigla para…

Pero la sigla es el problema. Porque la sigla denuncia la finalidad cuantitativa, del crecimiento cuantitativo de compañeros, de la organización informal. Ahora, la organización informal no debe tener como fin el crecimiento cuantitativo, porque la organización informal es la suma de grupos de afinidad, entonces los que deben crecer son los grupos de afinidad, no la organización informal. ¿Qué necesidad hay de que una organización informal tenga una sigla? Ya que los grupos de afinidad no tienen una sigla, el crecimiento cuantitativo ocurre a través del conocimiento, de la construcción de nuevos grupos informales, que luego pueden o no entrar en la organización informal, como grupos, no como individuos. El crecimiento de la organización informal es un sinsentido, que para crecer necesita un punto de referencia, porque si no, ¿cómo se hace para saber? El punto de referencia es una sigla. La sigla es una cosa formal. Es inútil que te definas “informal” si luego estás formalizado. Esta es la contradicción. Muchos compañeros que han sentido sobre la cuestión, se dejan fascinar por tantos discursos, algunos de los cuales son un poco, digamos, excesivos.

¿Qué cosas son excesivas?

Tantos discursos sobre el hecho de destruir el mundo, son un poco excesivos. La organización informal puede hacer ciertas cosas, pero no puede destruir el mundo. Las cosas que puede hacer se refieren a un objetivo específico, pueden destruir la minería, no pueden destruir todo el Uruguay, no es posible. Aparte eso, muchos compañeros, especialmente los jóvenes, se dejan fascinar por las grandes palabras, por las actitudes fuertes pero la contradicción existe siempre.

¿Cuál es tu opinión sobre estas teorías y también tácticas del Poder Popular?

No es una respuesta fácil, en primer lugar porque no conozco mucho sobre estas teorías.

¿No existen en Europa?

Que yo sepa no. Pero pienso una cosa, como ignorante, pienso que la palabra «poder» me asusta.

¿Cuál es tu opinión sobre estas teorías anti-desarrollistas (combatir el avance del desarrollo capitalista)? ¿Son compatibles con los grupos de afinidad, la organización informal, el proyecto anarquista insurreccional?

Debería conocer este proyecto. No conozco mucho este concepto. ¿Son las teorías de [Miguel] Amorós?

Por ejemplo.

No las conozco. No sé que decirte. Sobre la cuestión de la tecnología te puedo hablar. Sobre la cuestión de combatir contra el desarrollo del capital, sería mejor un capital menos desarrollado.

El Capital todo el tiempo tiene que expandirse; entonces tú atacas los lugares donde este se está desarrollando. En el caso de Uruguay, por ejemplo, ¿dónde se expande el Capital? Con las nuevas infraestructuras, con la regasificadora, son los lugares donde el Capital se expande para sobrevivir. Los tipos dicen que tienes que atacar no al capitalismo ya funcionando, sino atacar las partes nuevas donde se expande para sobrevivir. El tema es si esto es compatible con la lucha de los grupos de afinidad.

Es decir, ¿se trata del ataque a los procesos de desarrollo del capital, y no al capital?

Sí, hacia los nuevos desarrollos, por ejemplo.

No sé, yo no veo esta diferencia, pero podría no entender.

Es una elección de objetivos de ataque. Por ejemplo, antes que un cuartel, se ataca a… la obra de construcción de una regasificadora

El Capital es un proceso. No tiene una parte más atrasada y otra más avanzada. O sea, tiene ciertamente una zona más atrasada y otra más avanzada, pero, ya que el proceso es globalizante, la parte más atrasada está comprendida en la parte más avanzada. En determinados aspectos, la situación de Uruguay está más atrasada que la de Suecia, o Suiza o Alemania, desde el punto de vista del Capital, de la gestión del Capital. Algunos procesos de gestión que son normales en Alemania serían extraños en Uruguay. Esto no quiere decir que no haya relación entre el Capital alemán y el uruguayo. Hay una relación a nivel mundial solo que gestiona dos partes diferentes. No sé si estamos hablando de eso.

Creo que no… ¿En qué momento te hiciste anarquista? ¿En que contexto?

Yo procedo de la lucha contra Dios, digamos, del ateísmo. Desde que era pequeño, porque vengo de una escuela de curas. Conocí a los anarquistas a través del ateísmo.

¿En que años?

60, 61… 58, 59… Linda la anarquía pero los anarquistas no me gustan. Y lo que escriben los anarquistas, no me gusta. Entonces empecé a escribir yo libros anarquistas. Es por eso que no leo libros anarquistas.

¿Qué libros anarquistas empezaste a escribir?

Lucha y poder. Luego El placer armado.

Habla de tu experiencia cuando escribiste este texto, El placer armado. El contexto y cuál ha sido el impacto en el movimiento anarquista y también en la sociedad.

Este es un texto que tiene una difusión enorme en todo el mundo. Cuando lo escribí, era 1977. Lo escribí en pocos días para llevarlo a Bolonia, donde había un encuentro de tres días con la participación de 150.000 compañeros de todo el mundo, y era un evento importante. En un momento que en Italia había un cambio en las estructuras armadas y en la acción. El 77 fue un año de cambio. Es algo complicado explicar la situación italiana. De todas formas, solamente en esos días se vendieron 5.000 copias de El placer armado directamente. Lo cual quiere decir nada, porque con 100.000 personas, 5.000 copias no son muchas. Pero si hubiésemos tenido 20.000, se hubiesen vendido 20.000. El texto respondía al sentir de los compañeros que estaban presentes. Sin embargo, la experiencia más importante de aquellos 3 días, para mí, ha sido esta: vi como un pequeño trozo de papel, puede desencadenar una situación revolucionaria… un trozo de papel. No lo escribí sólo, sino con otro compañero. Bolonia es una ciudad circular, con una estructura medieval, la ciudad es redonda; había 150.000 compañeros, y la población, las tiendas todas cerradas, no había tranvía, no había nada, estaba toda la ciudad bloqueada, no había ni un policía, nada de policía. Luego supimos que la ciudad estaba rodeada por la policía, pero la policía estaba rodeada por los trabajadores del Partido Comunista, que habían llegado de toda la Emilia.

Bolonia es la capital de Emilia, una región de Italia. Esto no lo sabíamos. No había policía, eso sabíamos. Entonces, los dirigentes del movimiento comunista, y los extraparlamentarios, los autónomos, también estaba Acción Revolucionaria, estaban todas las estructuras armadas… todos estaban armados. Los dirigentes habían sugerido que, después de esos tres días, en lugar de destruir toda la ciudad, algo posible que podía suceder, se debía hacer una manifestación desde la plaza donde está la universidad hasta una enorme plaza, donde estaba un payaso, un futuro Premio Nobel que se llama Dario Fo, que hacía un espectáculo. Entonces, el proyecto era este: recuperar a 150.000 personas, de los cuales al menos 30.000 armadas, y llevarlas a ver al payaso. Nosotros habíamos pedido a la universidad una sala, un local y habíamos hecho, no yo, otro compañero, una pequeña octavilla en la que se decía a quien no estaba de acuerdo con la manifestación que nos veríamos en esa sala. Nosotros pensamos, cien compañeros, trescientos. Nos dieron una sala para mil. Vinieron 25.000… un trozo de papel. Tuvieron que armar de apuro todos los micrófonos, porque estaba la sala, la sala vecina, la calle, la plaza. La propuesta contenida en ese pequeño trozo de papel era: “quien no esté de acuerdo con la manifestación de cierre de estos tres días, nos veamos en tal lugar de la universidad”. No había nadie que dejara hablar, porque tal vez estuvieran algunos de los dirigentes, pero eran callados por los silbatos. Nadie podía hablar. Me dejaron hablar sólo a mi. ¿Y la propuesta cual era? Hagamos un paso atrás… para entender la propuesta. El Partido Comunista quería demostrar ser capaz de gestionar Italia. Entonces, ¿qué hizo? “Nosotros, con 150.000 personas de izquierda, autorizamos al cardenal a hacer una misa con los fascistas en la plaza principal de la ciudad.”

El cardenal y los fascistas estaban rodeados por los paracaidistas de la Folgore, un cuerpo especial armado del ejército que defendía esa plaza. No había policía, estaban los fascistas en esta plaza, y 150.000 personas que pasaban a 300 metros. ¿Nuestra propuesta cuál era? Quien no está de acuerdo, rompe la marcha y atacamos la plaza, atacamos a los fascistas. Esto estaba escrito en el trozo de papel. Pero, ya que yo tenía que hablar, la responsabilidad de dejar morir a 50 personas era mía y yo no tuve el corazón. Yo dije que no. Hablé, no podía no hablar. Yo estaba de acuerdo con atacar la plaza, pero no podía asumir yo la responsabilidad. Si hubiésemos tenido una estructura constituida por grupos de afinidad, y hubiésemos podido discutir juntos antes, con un proyecto insurreccional desde antes… aquí lo importante. ¿De dónde viene esta charla que estamos teniendo? La experiencia de cosas de este tipo. Si no sería un cretino que diría “atacamos”. Yo no soy un general del ejército, soy un compañero. ¿Cómo hago para decir “atacamos”? Claro, podríamos decir “atacamos”, pero ¿cuánta gente muere? Si en cambio tuviésemos un proyecto, si hubiésemos estado más grupos de afinidad, la cosa hubiese sido distinta.

¿Cómo, por ejemplo, hubiese sido distinta?

Hubiera sido distinto porque lo hubiésemos discutido antes. Se hubieran estudiado calles diferentes. Yo no conozco Bolonia. Sabes que feo es estar en una situación así en una ciudad que no conoces. Conozco Bolonia, pero sólo las calles principales. No sabía de dónde podíamos llegar, qué estrategias emplear, por dónde sacar a esa gente, el acceso a las casas, ¿entiendes? ¿Qué mierda hacemos?, yo no lo sé. Desde que hicimos la octavilla hasta cuando nos juntamos 25.000 personas, habían pasado 2 horas. ¿En dos horas, qué mierda haces? Esta responsabilidad no la asumo. En este caso Eestamos pagando las consecuencias de no tener un proyecto insurreccional organizado antes, con una estructura de grupos de afinidad que funcionan, y con los cuales seríamos capaces de atacar. Yo no tengo el corazón de mandar a 20.000 personas para que se dejen masacrar. ¿Estamos locos? Esta es la experiencia de El placer armado. No digo que El placer armado haya hecho mover a estas 25.000 personas, estas 25.000 personas se acercaron por un trozo de papel. No estaba escrito “Bonanno”, estaba escrito “los anarquistas”.

¿Y El placer armado generó lo mismo? ¿Generó que mucha gente se planteara un montón de cosas? ¿Por qué el paralelismo?

No. Era la misma situación. Los mismos tres días. Estos compañeros compraron 5.000 copias de El placer armado. Yo no sé si hay una relación. Yo estoy diciendo que en aquel momento, en el momento que este libro salió, cuando se distribuyeron todas las copias que teníamos, en ese momento sucedió esta experiencia que produjo un trozo de papel. Para mí es una cosa extraordinaria. Se ve que en efecto, cuando hay un hecho revolucionario no se necesitan grandes medios. Cuando se desencadenó la revolución francesa, Demoulins subió arriba de una silla para decir cuatro palabras. No son necesarias grandes cosas porque la situación está madura. ¿Entiendes? No es tampoco el trozo de papel, es la situación, es el proceso que está maduro, no el proyecto, que además no estaba, y hubiera sido lo mismo. Estaba el proyecto, y estaba el proceso.

¿Qué piensas hoy de El placer armado?

Es un libro viejo. Para mí un lindo libro, que releí últimamente, y nunca leo mis libros, no me gusta leer mis libros. Pero lo releí, porque me preguntaba ¿por qué se sigue imprimiendo? ¿Por qué razón? No lo sé.

[Compañera presente: Tiene un lindo título].

El título es la mitad del libro. Rompe los dos tercios del libro. Es un lindo libro igualmente hoy. No es solamente una cuestión de medios y de razonamientos, es también una cuestión de corazón.

Hablas de este placer armado y toda esta cuestión de la lucha armada para nosotros anarquistas, no es algo que tengamos una necesidad de lucha armada. Parece una cosa parecida: el pacer armado y la lucha armada.

Para mí no es algo similar.

Parece similar, pero puede ser una cosa antitética.

Es una cosa antitética… Puede ser una equivocación buscada.

¿Una provocación?

No precisamente… yo me encontré en situaciones de enfrentamientos armados, y pensaba cuando era más joven que uno era portador de la libertad. Decís “yo soy anarquista, por lo tanto yo soy la libertad”, no es verdad. Nosotros no llevamos la libertad. Si estamos en un lugar de enfrentamiento, donde se utilizan armas, lamentablemente la libertad está lejos. Pero hay que hacer cosas que muchas veces tienen poco que ver con la libertad. Estas cosas se pueden hacer con placer… tengo mis dudas. Si se pudieran hacer con placer, sería ya un paso adelante. Pero no siempre se pueden hacer con placer. A veces uno está obligado a hacerlas.

Recientemente fue planteado este problema por los periodistas, porque hubo un infortunio en una reivindicación en la que unos compañeros habían escrito algo que se podría haber evitado, algo sobre el placer. Entonces los periodistas hicieron una conexión. Pero yo no me refería a esto, no es que si tú empuñas una pistola lo haces con placer. No. El placer está en el proyecto armado, debería entrar en el proyecto armado porque contribuye a la liberación. Este debería ser el placer. No empuñar una pistola. La pistola siempre es una cosa más bien dolorosa. Qué nadie sienta placer por empuñar una pistola… sería un pistolero. Es diferente.

Has conocido la cárcel en varias ocasiones. Puedes contar algo, cómo ha sido la relación entre compañeros, dentro y fuera de la cárcel, la solidaridad, también la represión…

Hice más o menos 15 años de cárcel, en total. Conocí 100 cárceles, 101 o 99, y pocos compañeros en la cárcel, porque me tienen siempre en aislamiento, aparte la experiencia en Grecia, que fue bastante particular. En Italia no conocí a muchos compañeros porque siempre me mantienen separado. Los compañeros que conocí son compañeros como los demás. No había una situación particular porque estábamos en la cárcel.

¿Y el desarrollo de la situación en la cárcel?

¡Ah! Tú dices la lucha en la cárcel.

No. ¿Por qué caíste, siempre por atracos, etc.? ¿Cómo fue?

Porque cometimos errores. Los atracos están todos bien, si hablamos de atracos. O acciones. En una acción, tu decides el momento, cómo, dónde, cuándo, nunca la policía lo debe saber. Pero, ponemos un 90% de probabilidades a tu favor, si cometes un error, se reduce a 70, si cometes dos se reduce a 30, si cometes 3, se reduce a 0. Es necesario no cometer errores. Desgraciadamente siempre se cometen errores. Porque hay una cosa que no se podía imaginar. Este discurso es importante aunque no tenga que ver.

¿Tú has caído siempre por lo mismo?

No, no. Las primeras condenas fueron por las cosas escritas. Una vez estuve condenado a un año y ocho meses por haber escrito cómo se derriba una torre de alta tensión. Esto evidentemente molestó, porque en Italia en 9 años han sido derribadas 1.200 torres de alta tensión. También por otras razones, por artículos en periódicos. Ahora el delito de opinión se despenalizó, porque con Berlusconi… él es más “bueno”. En el proceso Marini me condenaron por atraco y propaganda subversiva. Dos condenas. Una condena en suspenso en la que durante dos años no podía hacer nada si no me iba 10 años adentro. Básicamente delitos de opinión y atracos.

¿Cuál fue el proceso más largo?

El proceso Marini. Había unos 80 compañeros, también ligados con otros procesos, con el proceso de Parma, el más largo y el más complejo. Normalmente por atraco son 4 o 5 años. En Italia no es muy alta la pena por atraco. En Grecia es más alta. En Grecia Christos fue condenado a 8 años y 9 meses, puede llegar a 12 con agravantes.

¿Cuál es tu perspectiva de la lucha anarquista insurreccionalista hoy en Europa?

¿En Europa? No es fácil. No lo sé. Para mí hicimos un gravísimo error, los anarquistas, 10 años atrás, 12 años atrás, cuando renunciamos ‒yo personalmente no, pero sí muchos otros compañeros‒ a la perspectiva de una organización internacional anarquista, insurreccionalista, informal. La propuesta era la de unir más estructuras informales de lucha en la perspectiva de que en el Mediterráneo, mucho antes que la insurrección del No TAV, que es de hace 15 años.

¿Está Costantino Cavalieri, que escribió?

Lo escribí yo, él lo publicó.

[La compañera de Alfredo dice que Costantino contribuyó a desterrar…]

No es importante quién lo escribió. De todas formas la responsabilidad de desterrar fue de muchos, también del Estado …

[La compañera de Alfredo remarca la actuación de Costantino en un encuentro en Velletri, cerca de Roma, en el que hablaba del FIES, que no tenía nada que ver]

La propuesta la hice yo cuando fuimos a Grecia. La propuesta fue hecha en 1993, en Grecia, durante una serie de conferencias.

¿Y no es esto institucionalizar la informalidad?

No, es institucionalizar una relación internacional. Mantener dentro de ciertos límites de relación internacional. Es decir, los compañeros intercambian información. No es una organización de lucha, sino solamente de información. Se dan reuniones periódicas, se intercambia información, y luego cada organización informal, cada grupo de afinidad deciden si utilizar esa información o no utilizarla. Hubiese sido un gran instrumento de conocimiento si hubiese funcionado. No de lucha, de conocimiento para desarrollar las luchas. De por sí es algo formalizado, pero sólo para el intercambio de información. Ese hubiera sido un instrumento de perspectiva, pero ahora no existe y no parece que haya grandes posibilidades de lucha. Hay situaciones locales, en Italia hay dos o tres, hay una en Bruselas; pero, por ejemplo, no es posible hacer nada en Ámsterdam, donde hay situaciones muy pacificadas, o es muy difícil hacer algo en París, donde hay una situación extremadamente dispersa. Están muy aislados entre sí, no hay relaciones entre ellos, sino la de hacer unas charlas juntos. Esto no quiere decir nada, porque París es una ciudad siempre sorprendente. Hacer previsiones es siempre malo porque se espera que la realidad contradiga lo que se previó.

¿En Italia y Grecia?

En Grecia es un poco distinto. En Italia está bastante pacificada la cosa…

¿Por la represión?

No es particularmente feroz.

¿Y por qué?

Porque está en una fase de asentamiento socialdemócrata. Está claramente desaparecida la izquierda, y la derecha no existe más, por lo tanto tienen que encontrar un nuevo camino, como la de nos queremos todos. Pero no son todavía lo bastante inteligentes para hacer este discurso. Pero dirás que no son tan estúpidos, como para recurrir solamente a la represión. Están a mitad del camino, como todas las cosas que se hacen en Italia. Ni carne ni pez, ni macho ni hembra, ni blanco ni negro… está mitad del camino.

Es una nación gris, siempre fue una nación que nunca pudo dar señales de sí misma… con todas las chácharas que se dicen sobre los italianos, son chácharas, los italianos son fundamentalmente unos embaucadores. Les gusta charlar, hablar. También en los períodos, digamos, más significativos: en los años 70, en Italia efectivamente se realizaron más de 500.000 acciones. De estas 500.000 acciones que se hicieron, no se habló. Por eso podrían haber sido hechas en Suecia, no en Italia, pero cuando el italiano comienza a hablar no se calla más. Deberían dejar de hablar. Desgraciadamente, hablan.

¿Crees que hay un potencial para la lucha anarquista insurreccional en esta región?

Yo pienso que esta parte del mundo es mejor que Europa.

¿Por qué?

Antes que nada por una cuestión de corazón. Ustedes son personas distintas, son personas menos viejas, son más jóvenes. Más amantes de la vida. Europa es un continente viejo, demasiado asfixiante. Demasiadas chácharas, demasiados sofismos, demasiadas tradiciones, demasiados conocimientos, demasiada Grecia, demasiada Roma. Estas boludeces son demasiado sofocantes. Demasiada filosofía. Demasiado Hegel. Pero ustedes también tienen algunos pesos de los que liberarse. Demasiadas estructuras armadas clásicas pesadas en el pasado, que aún hoy tienen un cierto peso, un cierto significado, persisten. Tener las ideas claras sobre ciertos problemas y ciertos límites no está mal. Esto es difícil para mí. En Italia esto es un dato clarísimo, no hay problema. Aquí quizás pueda haber todavía algún problema. Un discurso sobre los límites del otro demonio. No del primero, sino del segundo, tal vez no sería malo. Estoy sugiriendo una profundización sobre un problema de ustedes, que solamente ustedes pueden hacer. La mística de la clandestinidad de las organizaciones armadas. Ese es un gran problema, que en Italia no está más.

¿Hay una mitología de que esa lucha es “la lucha”?

No “la lucha”. Que es una lucha importante sin la cual no se pueden hacer muchas otras cosas; como si fuese una especie de tutela, de garantía para hacer otras cosas. No es así. No estoy de acuerdo.

¿Y Grecia?

Grecia es todo un punto interrogatorio. Pero hasta un cierto punto, porque no están los intereses norteamericanos. Ellos no tienen interés en hacer volver a los poderes fuertes en Grecia. Cuando se termine la plata de los armadores griegos que son muy pero muy ricos, entre los más ricos del mundo, desaparecerá la derecha, la extrema derecha de los nazis. Luego, si va a haber una reestructuración de la estructura capitalista en Grecia a los niveles europeos es muy difícil, porque Grecia no está al nivel europeo, es una estructura basada en la mediana burguesía, es decir hay una distancia entre estos enormemente ricos y el resto, hay una gran brecha. Falta la industria, falta la agricultura industrial. En un país de 11 millones de habitantes, donde la mayoría, 5 millones, vive en Atenas, una ciudad caótica, se la arreglan más o menos. Si no viven a costa del Estado, no tienen actividades industriales. Las zonas industriales griegas, en el nordeste, donde está Tesalónica, es bastante pequeña, como para sustentar a 11 millones de personas. Entonces nunca podrá estar al nivel de Europa, al nivel de Alemania o de Francia. Por lo tanto siempre habrá problemas. Pero no irresolubles. No como para declarar un proceso insurreccional. Además no hay que olvidar que Grecia soportó demasiado, cuando se habla de Grecia, porque sí, son gente combativa, de la experiencia, de la resistencia vieja, de la resistencia más reciente, pero están un poco cansados de todo eso. Los jóvenes ciertamente. Es importante saber que poco antes del comienzo de la dictadura en el 69, dos barcos llenos de jóvenes de la pequeña burguesía griega, iban a estudiar a Italia… muchas familias mandan a estudiar a Italia a los hijos, todos los que estudian farmacéutica, porque allá no existe la facultad de farmacéutica, el 50% de los médicos estudian en Italia. Algunos también en Francia, en Inglaterra, los que se lo pueden permitir. Estos mil o dos mil jóvenes, luego volvieron a Grecia, eran un elemento de ideas europeas que llevaban a Grecia. Hoy no pasa una cosa así, porque está internet, la comunicación es más directa. Pero es una cuestión de discurso, no de experiencias prácticas.

¿Cuál es la debilidad y la fortaleza del movimiento anarquista griego?

La fuerza para mí es la gran cantidad de compañeros que se animan a salir a la calle. Y la debilidad es la gran cantidad de variantes que hay… son 100 mil, hay 100 mil que piensan de manera distinta. Cada uno piensa a su manera. Y juntar a dos, no digo que piensen de la misma manera pero parecido, es un esfuerzo considerable. Esta es un poco la debilidad. Cada compañero griego no busca, no digo de no aceptar las ideas del otro, sino de acercarse un poquito, para intentar hacer cualquier cosa juntos. Porque si no, cada uno se queda amo de su cabeza y solo se queda en su cabeza.

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