Ramón Dionisio de la Sagra y Peris [Ramón de la Sagra] (Vida y obra)

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Ramón Dionisio de la Sagra y Peris  (1798 – 1871). Nacio en La Coruña, Galicia (España) el  8 de abril de 1798 y falleció en Neuchâtel, (Suiza) el 23 de mayo de 1871.
Fue un sociólogo, economista, botánico, escritor y político español.

Hijo de Lorenzo Martínez de la Sagra, comerciante coruñés, y de Antonia Rodríguez Perís, nacida en San Antonio de la Florida Madrid (España). Fue alumno de la Escuela de Náutica del Consulado del Mar en La Coruña. Galicia (España).

En 1815 pasó al Real Colegio de Farmacia de San Carlos en la Universidad de Santiago de Compostela entre 1816 y 1818; cursa Matemáticas Sublimes con Domingo Fontán y empieza Medicina y Anatomía.

En 1819 conoció a Casiano de Prado, con quien se trasladó a la Universidad de Alcalá de Henares, y dio por terminados sus estudios en 1820.

Por sus ideas racionalistas tuvo algunos problemas con la Inquisición. Aficionado a la lectura de Kant, escribe sobre él en Crónica Científica y Literaria.

La revolución de 1820 le lleva a Madrid, donde contribuye a fundar El Conservador, 1820, periódico liberal llamado así por antífrasis.

Ya casado, e1 25 de junio de 1823 zarpa de España para La Habana como director de su Jardín Botánico y profesor de la cátedra de Botánica creada en 1824. Duró hasta 1832, pero ya en 1829 se decía de ella que se había quedado casi desierta. Estuvo viajando por el continente americano durante los posteriores años. Concretamente, viajó por los Estados Unidos desde el 20 de abril al 23 de septiembre de 1835, y fruto del viaje fue su libro Cinco meses en los Estados-Unidos de la América del Norte, París, 1836, lleno de observaciones económicas, sociales y políticas. Aprovechó dicho viaje para acumular varios tomos de folletos e informes económicos y científicos publicados allí que luego depositó en la Biblioteca Nacional.

En 1837 regresó a España al ser elegido diputado por La Coruña. Por entonces empezó a publicar su monumental Historia física, política y natural de la isla de Cuba, publicada en trece volúmenes entre 1838 y 1857. Inauguró en 1838 una serie de lecciones en el Ateneo de Madrid, en las que insistió en la miseria del pueblo español y en la necesidad de su regeneración.

Viajó luego por Bélgica y Holanda y escribió Voyage en Hollande et en Belgique sous le rapport de l’instruction primaire, des établissements de bien faisance et des prisons, dans les deux pays, París 1839, con edición española en 1844.

En Francia se impregnó del socialismo utópico y colaboró en París con Proudhon hacia 1840; publicó Banque du Peuple. Théorie et pratique de cette institution, fondée sur la théorie rationelle; además ayudó a fundar este banco. En Bruselas conoció a Heinrich Ahrens, discípulo de Krause, cuyas doctrinas propagó en España antes de Julián Sanz del Río. Siguió publicando estudios económicos, geográficos, políticos, sociales y sobre reforma de prisiones.

En 1840 se creó por iniciativa suya una sala de lactancia y escuelas con el nombre de Asilo de cigarreras en Madrid, en la finca que fue Casino de la Reina.

En 1844 funda la Revista de intereses materiales y morales. En 1845 aparece en España El Porvenir, el primer periódico anarquista, que editaron Ramón de La Sagra y Antolín Faraldo. Este periódico apareció en Santiago de Compostela y fue suprimido por un decreto del general Narváez. Testigo de la revolución parisina de 1848, es expulsado de Francia en 1849 por sus inclinaciones socialistas, y tampoco en España las cosas le van muy bien.

Hacia 1857 tiene lugar su conversión al integrismo, que le sirvió para rehacer su situación económica. Vuelve a Cuba entre 1859 y 1860 y sigue publicando numerosos estudios y ensayos.

Obras.

Mortandad en la ciudad de Madrid entre 1838 y 1842. Estudios estadísticos sobre Madrid, 1844

Mortandad en la ciudad de Madrid entre 1838 y 1842. Estudios estadísticos sobre Madrid, 1844

  • Principios fundamentales para servir de introducción a la Escuela Botánica Agrícola del Jardín Botánico, La Habana 1824
  • Anales de Ciencias, Agricultura, Comercio y Artes, La Habana, 1827-1830
  • Contestación al número séptimo del Mensagero Semanal de New York, La Habana, 1829
  • Relación de las fiestas… enlace… Fernando VII con María Cristina…, La Habana, 1830, *Reglas para el cultivo… del añil, Madrid, 1831
  • Mouvement de la population de la Havane de 1825 á 1830
  • Historia económica-política y estadística de la Isla de Cuba, La Habana 1831, edición previa de su monumental Historia física, política y natural de la Isla de Cuba, París, 1832-1861, aparecida en francés, París. 1838-1857.
  • Memorias de la Institución Agrónoma de La Habana, La Habana 1834.
  • Cinco meses en los Estados-Unidos de la América del Norte, París 1836.
  • Breve idea de la administración del comercio y de las rentas de la Isla de Cuba durante los años de 1826 a 1834, París, 1836.
  • Apuntes destinados a ilustrar la discusión del artículo adicional al proyecto de Constitución que dice: «Las provincias de Ultramar serán gobernadas por leyes especiales”, 1837.
  • Voyage en Hollande et en Bilbao, Belgique sous le rapport de l’instruction primaire, des établissements de bien faisance et des prisons, dans les deux pays, París 1839, con edición española en 1844.
  • Banque du Peuple. Théorie et pratique de cette institution, fondée sur la théorie rationelle
  • Lecciones de economía social, Madrid, 1840
  • Investigaciones para enriquecer las fincas del Real Patrimonio, Madrid, 1841.
  • Álbum de aves cubanas, París 1842
  • Informe sobre el estado actual de la industria belga con aplicación a España, Madrid 1842.
  • La industria algodonera y los obreros en Cataluña, Madrid, 1842.
  • Reflexiones sobre la industria española, Madrid, 1842
  • Mapa geográfico de la Isla de Cuba, 1842
  • Carta a Don Carlos Groizard, s.a.
  • Análisis del censo de la población de la Isla de Cuba en 1841, id. 1843
  • Atlas carcelario, id. 1843
  • Discurso… para la mejora del sistema carcelario, correccional y penal de España, Barcelona ¿1843?
  • Informe sobre el estado de la industria fabril en Alemania, Madrid 1843
  • La reforma de la Constitución de 1837, innecesaria, inoportuna y peligrosa, Madrid, 1844
  • Estudios estadísticos sobre Madrid Madrid, 1844.
  • Industria algodonera, Madrid, 1844.
  • Notas de viaje escritas durante una corta excursión a Francia, Bélgica y Alemania en el otoño de 1843, Madrid, 1844.
  • Revista de los intereses materiales y morales. Periódico de doctrinas progresivas en favor la Humanidad, id. id, dos tomos
  • Relación de los viajes hechos en Europa bajo el punto de vista de la instrucción y beneficencia pública, la represión, el castigo y la reforma de los delincuentes, los progresos agrícolas e industriales y su influencia en la moralidad, id. íd.
  • Noticia sobre el estado actual de la Economía política en España, id, id.
  • Estudios coloniales con aplicación a la Isla de Cuba (De los efectos de la supresión en el tráfico negrero), id. 1845.
  • Empresa del Canal Dalias.. entre Adra y Almería, id.id.
  • Carta a M. Blanqui, id.id.
  • Informe sobre el cultivo de la caña y fabricación del azúcar en las costas de Andalucía, id. id.
  • El Azucarero. Periódico industrial, Madrid-Málaga, noviembre de 1846 a marzo de 1847
  • Sur l’inexactitude des principes economiques… dans les colleges, París 1848.
  • Le probléme de l’organisation du Travail devant le Congrés des Economistes de Bruxelles, id. id.
  • Aforismos sociales, Madrid, 1848
  • Mon contingent á l’Academie, Paris, 1849
  • Utopie de la Paix, id. id.
  • Apuntes para una Biblioteca de escritores económicos españoles, Madrid, 1849
  • Mis debates contra la anarquía de la época y en favor del orden social racional, id. id.
  • Révolution économique, causes et moyens, París, 1849.
  • Sur les conditions de l’ordre et des reformes sociales, París, 1849.
  • Notas para la historia de la prostitución en España, Madrid, 1850.
  • Sur les produits espagnoles envoyés á l’exposition de Londres, Londres 1851
  • Memoria sobre los objetos estudiados en la Exposición Universal de Londres, Londres, 1853
  • El problema de los bosques bajo el doble punto de vista, físico y social, Lon dres, 1854
  • Catálogo de escritores económicos españoles, Londres, 1855.
  • Vindicación de una apreciación injusta de un proyecto de ley, id. id.
  • Remedio contra los efectos funestos de las crisis políticas y de las paralizaciones comerciales, id. íd.
  • Relación de los trabajos físicos y meteorológicos hechos por Don Andrés Poey, París, 1858.
  • Artículos varios sobre las malas doctrinas, comunicadas a la verdad católica, La Habana 1859.
  • Le mal et le remède, París, 1859.
  • El guano del Perú, La Habana, 1860.
  • Noción del poder, Madrid, 1861.
  • Lettres á M. Sainte-Beuve au sujet de ses idées philosophiques, París, 1867.
  • L’Ame. Démonstration de la realité deduite de l’etude des effets du chioroforme et du curare sur l’economie animale, París, 1868.
  • Les partis d’Espagne, París, s. a.

Abreviatura (botánica).

Bibliografía.

Enlaces externos.

 

 

De la Sagra y el Jardín Botánico de la Habana

De la Sagra y el Jardín Botánico de la Habana

Ramón de la Sagra fue uno de los científicos más importantes de la primera mitad del siglo XIX español. Impulsó expediciones a Puerto Rico y Filipinas, y realizó una importantísima labor de investigación y divulgación en Cuba, país donde residió durante casi veinte años.

La historia de Ramón de la Sagra Periz es como la de muchos científicos que, pese a obtener un gran reconocimiento académico y social en vida, acaban olvidándose con el paso de los años. Ahora son pocos los que parecen recordar la importante labor de este gallego que entre otras cosas fue político, profesor y economista. Entre sus obras destaca, por ejemplo, el Atlas carcelario una obra publicada en 1843 dedicada a la evolución del sistema penitenciario y carcelario.

 También cabe mencionar que entre 1848 y 1849 colaboró con Proudhon en la fundación de un Banco Popular de España y que desde su ideario y posición pública como diputado, abogó por la creación de una sociedad moderna basada en un nuevo orden social racional, nacido de la reflexión científica, la naciente sociedad industrial, y dotada de una nueva religión y moral. Así, pedía una educación extensible a todo el mundo, por eso también se le considera un buen divulgador.

 

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Como divulgador y naturalista, éstas fueron sus dos pasiones. Nacido en La Coruña en 1798. Ramón de la Sagra se formó en la Escuela de Náutica realizando después estudios de Farmacia y de Matemáticas. Después comenzó a interesarse por la Anatomía y la Medicina, y por la divulgación de la misma, colaborando en distintas publicaciones científicas del momento como la revista Crónica Científica y Literaria de Madrid, y a fundar su propia publicación, El Conservador, y a participar en la fundación del Ateneo Español.

 Posiblemente el punto de inflexión que cambió su vida fue un viaje a Cuba en 1821. Visitó la isla en calidad de ayudante del nuevo Director de la Factoría de Tabacos, y estableció contacto con los intelectuales más importantes de La Habana. Por eso, al volver a España en 1823, muchos promovieron su designación como profesor de Historia Natural en La Habana, un nombramiento con el que el gobierno español intentaba llevar a cabo reconocimientos de sus producciones naturales de sus colonias y propiciar la enseñanza de las ciencias.

 

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El Jardín Botánico Nacional de Cuba tiene 600 hectáreas con más 4000 especies vegetales, y es un punto de referencia, en cuanto a cultura alimentaria y comida ecológica en Cuba. En la imagen, el jardín de los Helechos.

 Desde su llegada a Cuba abrió la Cátedra para la que había sido designado y fundó la Institución Agrónoma de la Habana, que se puso en marcha en 1829. De la Sagra se planteó casi como una campaña personal la reforma de la agricultura cubana que hasta aquel momento se caracterizaba por el monocultivo, la condición monoexportadora, la política arancelaria y el escaso interés por los adelantos científicos.

 Así realizó un concienzudo análisis económico de la isla y numerosas críticas, entre ellas al uso de una fuerza de trabajo improductiva como eran los esclavos. Su programa agrícola estaba basado en el establecimiento de una industria diversificada, con la introducción de nuevos cultivos y la asimilación de procedimientos tecnológicos, que se aplicaban en otros países con excelentes resultados. Ésto exigía una mano de obra capaz de afrontar trabajos más complejos, y por ello se atrevió a plantear como alternativas al esclavismo la introducción de mano de obra asalariada y el apoyo a los proyectos de colonización blanca.

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Este jardín botánico fue concebido con los fines de una institución moderna destinada al uso público en la que se muestra una gran colección de plantas vivas, clasificadas y ordenadas científicamente, con propósitos educativos, científicos, recreativos y conservacionistas

Pero si hay algo por lo que los cubanos recuerdan especialmente a Ramón de la Sagra es por la puesta en marcha y posterior inauguración de Jardín Botánico de la Habana, del que fue principal impulsor y director durante más de una década. En él desarrolló una importante labor docente, combinada con el ensayo de nuevos cultivos, la formación de herbarios, la clasificación de plantas y la reorganización científica de la propia institución.

Su actividad al frente del Jardín Botánico de la Habana fue vista con muy buenos ojos tanto dentro de la isla como en España y en el resto del mundo. Los impulsos de De la Sagra a nivel comunicativo y formativo propiciaron el contacto de este Jardín con algunos de los más importantes del mundo, y el intercambio de semillas y plantas con otros países para su clasificación e incorporación a obras botánicas.

 En este sentido, el Botánico de La Habana desarrolló una activa correspondencia con los jardines de Madrid, Cádiz, París, Ginebra, Berlín, Padua, Londres o Oxford, y con las sociedades agrícolas de Lyon, París, Boston o el Museo de Historia Natural de Nueva York. Estos intercambios hicieron que el Botánico de La Habana se convirtiera en una institución científica de primer nivel.

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Con todas estas actividades, Ramón de la Sagra sentó las bases para la formalización de la enseñanza de la Botánica en función de la agricultura y las condiciones de cada país. Muchas de sus enseñanzas quedaron reflejadas en los Anales de Ciencias, Agricultura, Comercio y Artes de la Habana, revista que fundó y que publicó desde 1827, y en la cual insistía en la necesidad de conocer los progresos de las demás naciones para comprender y estimular el de la isla.

 Como divulgador, Ramón de la Sagra publicó diversas obras, algunas de ellas totalmente referenciales para naturalistas y estudiosos de la isla hasta nuestros días. Destaca su manual Principios básicos de Botánica, donde recopila los vegetales y productos naturales cubanos, y dos manuales sobre plantas medicinales de Cuba. Sin embargo, su trabajo más preeminente desde la faceta científica lo constituyen los 12 volúmenes de una obra que es referencia obligada de la cultura cubana: Historia física, política y natural de la isla de Cuba.

 Esta obra se empezó a publicar en París, en francés primero y posteriormente en español, entre 1838 y 1861, y como su título indica versa sobre diferentes aspectos de la que fue provincia de ultramar: clima, población, agricultura, comercio marítimo, rentas, fuerza armada, zoología, botánica, etc. Obra profusamente ilustrada, tiene dos volúmenes referidos a los aspectos físicos y a la organización económica y política de la isla, seis a la fauna y cuatro a la flora.

 En 1835 abandonó Cuba para irse a EEUU, donde dio a conocer su obra en distintas instituciones. Poco después se estableció en París donde fue nombrado miembro del Instituto Real de Francia, para volver a Madrid donde ocupó un cargo de diputado en las Cortes como miembro del Partido Progresista. Desde España, y hasta el final de sus días, Ramón de la Sagra realizó distintas expediciones de índole científica en Bélgica, Holanda y Francia, donde estudió a fondo aspectos económicos, industriales y sociales, y ejerció como profesor de economía social en el Ateneo de Madrid. Falleció en Cortaillod, Suiza, en mayo de 1871.

Ramón de la Sagra

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Ramón de la Sagra y Peris 1798-1871. Tomado de Carlos Manuel Trelles, Biblioteca Científica Cubana
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Ramón de la Sagra y Peris 1798-1871. Historia económico-política y estadística de la isla de Cuba. (1831)

Ramón de la Sagra y Peris o Ramón de la Sagra Periz, (nació en La Coruña, España el 8 de abril de 1798 – murió en Cortaillod, Suiza el 25 de mayo de 1871). En sus últimos días vivió en el pequeño pueblo de Cortaillod en Suiza, en la casa de Adolphe Hugentobler otro de los discípulos de Jean Hippolyte Colins

Ramón de la Sagra es autor del libro titulado Historia económico-política y estadística de la isla de Cuba; ó sea de sus progresos en la población, la agricultura, el comercio… Habana, Imp. de las viudas de Arazoza y Soler, 1831. 388 páginas.

La ley verdadera del progreso es la ley de la armonía y del amor.

Ramón de La Sagra.

En 1821 Ramón de la Sagra, que aparece asociado a alguno de los liberales doceañistas, se traslada a La Habana en una breve misión comercial gubernamental; de nuevo en Galicia, se casa en 1822 con Manuela Turnes del Río Maldonado y con ella, en 1823, volverá a La Habana, ahora como director del Jardín Botánico de la ciudad y como titular de la Cátedra de Botánica de la Escuela de Agricultura desde 1824. En este campo desarrollará una amplia actuación científica y aún también en el campo de la mineralogía y la geología, manifestándolo así en considerables publicaciones, a través de las que llega a ser nombrado miembro de distintas Sociedades y Academias, como la Linneana de París, la de Física y de Historia Natural de Ginebra, la de Ciencias Naturales de Filadelfia o el Museo Real de Historia de París. Entre los años 1827 y 1831 funda y dirige en La Habana los Anales de Ciencia, Agricultura, Comercio y Artes33, en donde ya deja entrever lo que serán sus preocupaciones intelectuales dominantes a partir de 1835, mantiene interesante correspondencia con figuras como Lagasca, Cavanilles, A. von Humboldt, De Candolle, o F. Aragó y publica en 1831 su Historia económica, política y estadística de la Isla de Cuba. Viaja a los Estados Unidos donde se confronta con los problemas sociales suscitados por la esclavitud, y en Cuba conoce las ideas de socialismo racional del belga y exiliado barón de Colins o Jean Hippolyte Colins (Bruselas, 1783-París, 1859). Al fin de su estancia en la Isla, y antes de su regreso a Europa, se traslada en la primavera de 1835 a Estados Unidos, donde tiene una estancia de cinco meses, intensamente dedicados al estudio de las cuestiones sociales, sin duda bajo la influencia del ideario aún inmaduro de Colins.

En 1835 marchó a París, regresando a España en 1837, fundó la Guía del comercio en 1840, la Revista de intereses materiales y morales en 1844, El azucarero en 1846, y Aforismos sociales en 1854. Dió a conocer en España el pensamiento Krausista y la filosofía Kantiana. Desde el socialismo racional del Barón Colins, avanzó hacia el anarquismo dentro del pensamiento utópico premarxista, se afilió a la Masonería Gallega y colaboró en El Porvenir de Galicia. Fue cónsul de Uruguay en París, escribiendo para la prensa francesa conservadora. Huyó de París antes de la llegada de Moltke.

Ramón de la Sagra y la apicultura

Ramón de la Sagra, escribió en 1831 el libro titulado: Historia económico-política y estadística de la isla de Cuba. El mismo fue publicado en La Habana, haciendo referencias destacadas a la producción de miel y cera en la isla.

Indica que la cría de abejas comenzó en 1764 con enjambres traídos de Florida, después de un incremento en los primeros años se ha tornado casi estacionario. El método seguido está muy distante de la perfección, pues siendo considerado un ramo accesorio y ejercido por cultivadores pobres, estos ignoran adelantos modernos y no tienen recursos para adoptarlos, aún cuando lo supieran comenta. Véase las memorias de los señores Tomás Romay Chacón (1796), Discurso sobre los obstáculos que han impedido progresen las colmenas en la Isla de Cuba y los medios de fomentarlas; y Pablo Boloix en su obra Sucinta noticia del ramo de la cera en la isla de Cuba, publicada en el año 1815.

En realidad es Ramón de la Sagra quien indica además de la abeja común (Apis mellifica) existen también en las Islas las llamadas abejas criollas o de la tierra, que es una nueva especie del género Mellipone, denominada Cubense por William Sharp MacLeay, las cuales construyen los panales en las rocas, troncos de los árboles, etc., pero sus cera es muy negra y creemos que no haya sido aún reconocida, lo mismo que la substancia llamada lacre de colmenas (betumen), que forman las mismas.

Ramón de la Sagra, posteriormente describe Apis mellifica, Linné (1755), diciendo que fué introducida en la Isla de Cuba. Posteriormente dentro del género Melipona, Illiger, describe a Melipona fulvipes, Guérin comentando que esta especie se halla abundantemente esparcida en la Isla de Cuba, y el Señor D. Felipe Poey a dado a conocer con sumo esmero, en el tomo I de sus Memorias, las costumbres de esta curiosa Melipona ó abeja silvestre del país, cuya cera es negra. Se parece mucho a Melipona favosa de los autores, pero se distingue fácilmente por las patas de color pardo pálido.

Con la saga científica que puede caracterizar a Ramón de la Sagra, y con todos los datos estadísticos que el autor nos da en su Historia económico-política y estadística de la isla de Cuba el tema de la introducción de Apis mellifica o Apis mellifera en la Isla de Cuba, es sentado fehacientemente, repitiendo los autores posteriores los dichos de este eximio naturalista.

Ramón de la Sagra en su libro titulado: Cinco meses en los Estados-Unidos de la América del Norte desde el 20 de abril al 23 de septiembre de 1835. Diario de Viaje. Publicado en París en 1836 no comenta sobre los cuáqueros en Estados Unidos de América:

Tienen 100 colmenas, que rinden 3 libras de cera cada una, y una cantidad muy variable de miel.
  • Ramón de la Sagra. (1836). Cinco meses en los Estados-Unidos de la América del Norte desde el 20 de abril al 23 de septiembre de 1835. Diario de Viaje. Link en Google.

En la página 86 Ramón de la Sagra habla de las Reales Ordenes con que la cera se vio favorecida en cuanto a las liberaciones de impuestos que fue teniendo: 12 de Junio 1774, 2 de Julio y 23 de diciembre de 1776 (total excepción de impuestos), 23 de agosto de 1789, 5 de octubre 1795, 10 de abril de 1796 y 29 de enero de 1804.

En la página 125 en un cuadro de Producciones animales cita 63.160 arrobas de cera vírgen, a 3 pesos la arroba, indicando un total de 189.460 pesos.

En la página 132 Ramón de la Sagra comenta que por Real Orden del 4 de diciembre de 1760, se eximió del pago a los Cosecheros de Cera.

En la página 133, comenta que por Real Orden del 3 de mayo de 1774 se declaró libre de impuestos la introducción a España del café, azucar, cera, bija, carey y cueros.

En la página 148 comenta que: De 1815 a 1819, fue un quinquenio de gran prosperidad donde se exportaron 115.339 arrobas de cera y 141.266 bocoyes de miel.

En la página 170 comenta que las carnes vivas, las maderas, el tabaco y la cera fueron las primeras producciones que se exportaron desde el puerto de la Habana. … en el capítulo sobre agricultura queda dicho el origen que tuvo en esta Isla el ramo de la cera, el progreso que adquirió en los años sucesivos hasta 1810, y la decadencia que experimento en los siguientes. La primer exportación que se hizo fue a Veracruz en 1770, de un corto sobrante de 5 arrobas, que proporcionaron las colmenas, después de haber abastecido el culto religioso y demás usos domésticos (2), en 1775 se exportaron 12.546 arrobas y 21.187 en 1776, para varios puestos de América y de la Península. He aquí las cantidades estraidas en los años siguientes, conforme a los registros que he hallado en el archivo de Aduana.

La apicultura sudamericana se halla condicionada a los eventos climatológicos de La Niña y El Niño, con lo cual podemos observar ciclos de 2 a 7 años que llevan a una alza en la producción con abruptas caídas posteriores, para luego recuperarse. Estos ciclos naturales, vienen acompañados de fenómenos meteorológicos de mayos o menor intensidad, terremotos, huracanes, inundaciones, fuertes lluvias, etc. Observando las series de producción de cera en Cuba podemos inferir los mismos. Ya hemos comentado que entre 1772 y 1776 (años del Fenómeno Climatológico denominado La Niña), las cosechas fracasaron, porque hubo muchos huracanes que arrasaron la Isla.

En Perú hablan de inexistencia de un fenómeno tipo El Niño en 1791, contrariamente a lo que se afirma con frecuencia ó simplemente un rasgo climático propio del evento de 1791. También hay un pico de temperatura máxima que se registra en el bienio 1803-1804, el mayor registrado en todo el período. Trabajos anteriores ya destacaban la presencia de un evento El Niño de gran magnitud, generador de anomalías en todo el virreinato y otras partes del orbe.

El mayor de ellos el que Ramón de la Sagra destaca es el año de 1810, por la abrupta caída en las arrobas de cera exportadas. Creo que se podría atribuir a la tormenta del 24 al 26 de Octubre de 1810, que se denominó La Tormenta de la Escarcha Salitrosa. Según Herrera (1847): la lluvia fue muy abundante y el huracán tremendo. Llovió por espacio de diez o doce días después de la tormenta.

En Cuba los meses de agosto y septiembre son los de menor flujo de néctar y polen, en octubre las colmenas comienzan la recolección de polen y néctar, por lo cual es un momento crítico para las mismas, viendo la caída en la producción de cera de 1811 y la de 1813, pues no tenemos datos de 1812, se puede inferir, que en la cosecha de 1810-1811 murieron muchas colmenas a las cuales se les recuperó la cera de los panales, los datos faltantes de 1812 son muy sugestivos (podrían indicar que no hubo exportaciones), y la caída en la producción de 1813 marca un nuevo nivel del cual nunca se recuperó la apicultura Cubana.

Historia económico-política y estadística de la isla de Cuba

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Historia

Pablo Montesino es la figura central en el proceso de establecimiento de las bases de la política educativa liberal en España y su obra es de particular interés en cuanto al primer desarrollo de la educación infantil, a lo largo de los últimos años treinta del siglo XIX.

Sin embargo, algunas otras figuras contribuyeron notablemente a este desarrollo y alcanzaron significativa resonancia en aquel escenario. Es el caso del intelectual gallego, economista y teórico social, Ramón de la Sagra, quizás también el más destacado precursor de la educación comparada en España, con sus aportaciones documentales sobre los Estados Unidos (1835), sobre Bélgica y Holanda (l838), o sobre Francia y Alemania (1843), países que Ramón de la Sagra recorre a fin de estudiar y conocer sus respectivas reformas sociales y educativas, con la intención de informar a las autoridades y a la opinión pública en España, con el horizonte de la reforma social necesaria y deseable entre nosotros.

Ramón de la Sagra interviene descisivamente en la puesta en marcha de las primeras escuelas de párvulos madrileñas y también en las escuelas de adultos, haciéndolo con un adecuado conocimiento de las orientaciones pedagógicas y didácticas europeo–americanas, pudiendo así adoptar posiciones favorables al pestalozzianismo frente a la enseñanza lancasteriana, así como a las salas de asilo parisinas, preferibles por él a las, sin embargo, admirables holandesas.

La preocupación de Ramón de la Sagra no es tanto por los procesos didáctico–instructivos, cuanto por las consecuencias sociales que habrían de derivarse de la educación temprana de la infancia, atendida por el Estado en beneficio de una sociedad con menores injusticias sociales de las que él estaba observando. Según Ramón de la Sagra era necesario un nuevo marco estructural social, ni estamental, ni clasista, asentado sobre el mutualismo y la cooperación, con alientos proudhonianos, y en esto la educación debía jugar un muy destacado papel.

Este ideario ilustrado, reformista y progresista, pero también idealista,tuvo ocasión La Sagra de exponerlo en distintos foros y de debatirlo con grandes figuras del protosocialismo en el París pre- revolucionario de los años l846–l848, como se mostrará en el texto.

Una propuesta de educación infantil al servicio de la reforma social y un personaje “sin fronteras” son, pues, el motivo de esta comunicación, en la que se precisan datos y referencias en otros momentos señalados.

Juicio de Ramón de la Sagra al Consejo de Estado Español

El 13 de marzo de 1862, se dicta sentencia declarando a Ramón de la Sagra Director cesante del Jardín Botánico de la Habana, en esta sentencia se estipula que no tiene derecho al haber pasivo. De ella se desprende que el 16 de noviembre de 1822 se nombró al Profesor de la Sagra en la Cátedra de Ciencias Naturales, por solicitud de la Diputación principal de Cuba. Su sueldo era de 1.500 pesos anuales desde el nombramiento hasta el 28 de agosto de 1828, de 2.000 pesos hasta el 9 de junio de 1831.

La voz del idealismo romántico

La talla de la figura de Ramón de La Sagra es reconocida por todos los que se han ocupado de este interesante personaje. Azorín dice que Ramón de La Sagra ha sido uno de los escritores más prolíficos, fecundos y caudalosos que podemos imaginar. Núñez de Arenas dice que no se podrá escribir la historia de múltiples disciplinas científicas, ni de las ideas sociales en España, sin citar su nombre”. Por lo que se refiere a Antonio Elorza no es menos parco en el elogio cuando afirma que La Sagra “logra la única síntesis doctrinal autónoma en el marco del pensamiento social en la España de la primera mitad del ochocientos”.

En La Sagra hay dos cosas que permanecen invariables: su idealismo romántico –“verdadero romántico” le llama Núñez de Arenas- y su afán de reformas sociales, el impulso a la transformación de la sociedad es en él constante. .La Sagra mantiene un pensamiento utópico pero coincide en la necesidad de mejorar la situación de la clase obrera. Además, critica la concurrencia capitalista que deprime el salario del obrero y arruina los capitales más débiles.

Ramón de La Sagra y Peris nació en La Coruña el 8 de abril de 1798. Estudió Ciencias exactas y naturales en Santiago de Compostela, y la encontramos en Madrid en 1819, donde no debió permanecer mucho tiempo, pues en 1821 lo tenemos en Cuba donde residirá hasta 1835; fruto de la estancia en la isla será su Historia económico-política y estadística de la isla de Cuba, adelanto de lo que constituirá una monumental Historia física, política y natural de la isla de Cuba, a la cual La Sagra la consideró siempre como su mejor obra. En 1835 viajará a Estados Unidos, lo que dará origen a su libro Cinco meses en los Estados Unidos de América del Norte. Tras aquella fructífera estancia en Filadelfia vuelve a la vieja Europa; en Francia se le nombra miembro correspondiente del Instituto de Francia y también la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas le abre las puertas. En 1837 se le nombró diputado a Cortes, lo que le obligó a volver a su patria, pero no por mucho tiempo; al año siguiente ya está viajando por Bélgica y Holanda, dedicado a la observación de aquellas sociedades.

A partir de 1839, en que es nombrado de nuevo diputado se entrega a sus anhelos de reforma social; es la época de sus publicaciones reformistas más importantes, entre ellas un famoso curso en el Ateneo de Madrid, Lecciones de economía social, aparte otras publicaciones como Informe sobre el estado actual de la industria belga con aplicación a España, Informe sobre el estado actual de la industria fabril en Alemania y sus Aforismos sociales.

En 1840, por iniciativa de La Sagra se crea un sala de lactancia y escuelas con el nombre de Asilo de cigarreras, ubicado en Madrid, en la finca que fue Casino de la Reina En 1844 funda la Revista de intereses materiales morales, para acompasar el adelanto material de los pueblos con un paralelo desarrollo moral y espiritual; a ello pretende dedicarse La Sagra en los últimos años de su vida. En 1845 aparece en España El Porvenir, el primer periódico anarquista, que editaron Ramón de La Sagra y Antolín Faraldo. Este periódico apareció en Santiago de Compostela y fue suprimido por un decreto del general Narváez. A partir de 1856 La Sagra está desengañado; nadie hace caso de sus propuestas y da un importante giro a su ideario: se vincula al absolutismo y a una postura política de carácter integrista que está estrechamente relacionada con un hondo misticismo católico. El fondo de un desengaño por la nula atención que se le prestaba en España y en Francia. En 1863 se publica su celebre Cuba1860. Participa en la Junta de Información como delegado, la que tenía por objeto estudiar las reformas futuras para la isla de Cuba. Nuevamente retorna a Francia, donde permanece hasta su muerte.

Un resumen brevísimo del pensamiento de esta original figura nos los propone el mismo autor en la siguiente fórmula: “El orden solo es posible por medio de la fe, o la fuerza , o de la razón. La fe ha sido extinguida socialmente, por efectos de libre examen; la fuerza es absurda, bárbara e inmoral; no queda más de posible que la razón. Ella determinará la regla social con una sanción moral que no puede ser otra que una sanción religiosa. Entonces la humanidad aceptará la ley social, porque será aceptable por la razón”.

La Sagra fue en sus formulaciones un pensador social que, llevado de un impulso utópico, no desdecía del nivel de su tiempo; sin embargo, en su propio país no pudo barrer los obstáculos de la incomprensión y de la insolidaridad, que le llevaron a morir en París el 23 de mayo de 1871, como dice Elorza: La labor como científico social y como propagandista de sus propias ideas fue insuficiente para que La Sagra superara su condición de personaje aislado, impotente para ver puestas en práctica sus reformas o siquiera para constituir una escuela.

Libros del autor

  • Ramón de la Sagra y Peris. (1831). Libro Total. PDF 17.531 Kb. Historia económico-política y estadística de la isla de Cuba. La Habana. Si Ud. solo quiere ver lo referido a datos de comercio de miel o cera: entre aquí donde hemos seleccionado las páginas que se refieren a ello.
  • Historia física, política y natural de la Isla de Cuba. Tomo I. 1843-1853.
  • Historia física, política y natural de la Isla de Cuba. Tomo II. 1843-1853.
  • Historia física, política y natural de la Isla de Cuba. Tomo III. 1843-1853.
  • Historia física, política y natural de la Isla de Cuba. Tomo IV. 1843-1853.
  • Historia física, política y natural de la Isla de Cuba. Tomo V. 1843-1853.
  • Historia física, política y natural de la Isla de Cuba. Tomo VI. 1843-1853.
  • Historia física, política y natural de la Isla de Cuba. Tomo VII. 1843-1853.
  • Historia física, política y natural de la Isla de Cuba. Tomo VIII. 1843-1853.
  • Historia física, política y natural de la Isla de Cuba. Tomo IX. 1843-1853.
  • Historia física, política y natural de la Isla de Cuba. Tomo X. 1843-1853.
  • Historia física, política y natural de la Isla de Cuba. Tomo XI. 1843-1853.
  • Historia física, política y natural de la Isla de Cuba. Tomo XII. 1843-1853.

Véase extracto del libro

Enlaces Externos

Trabajos sobre el autor

  • Antón Costa Rico. (2008). Ramón de la Sagra. Un protosocialista hispano ante el desarrollo educativo. Lecturas y precisiones. Hispania. Revista Española de Historia, 2008, vol. LXVIII, núm. 228, enero-abril, págs. 193-210.
  • (1967). Revista Grial, Issues 15-22. página 483. 

Véase también

  1. Jean Hippolyte Colins, (1783-1859).
  2. Ramón de la Sagra, (1798-1871). Murió en la casa de Cortaillod en Suiza perteneciente a Adolphe Hugentobler.
  3. Joaquín de la Sagra, (1784-1851).
  4. Adolphe Hugentobler, (1810-1890).
  5. Louis De Potter, (1786-1859). Padre de Agathon De Potter
  6. Agathon De Potter, (1827-1906). Hijo de Louis De Potter
  7. Pierre Joseph Proudhon, (1809-1865).
  8. Ivo Rens

Ramón de la Sagra

Ciencia, Cuba

Ramón de la Sagra Périz (1798-1871). Naturalista y economista. Uno de los más destacados estudiosos de las ciencias naturales en Cuba durante el siglo XIX.

Nació en La Coruña, España, el 8 de abril de 1798.  Entre 1812 y 1813 realizó sus primeros estudios en la Escuela de Náutica de su ciudad natal, y posteriormente ingresó en un colegio militar de Santiago de Compostela; en 1815 se inscribió en el Real Colegio de Farmacia de San Carlos, en 1816 en la Universidad de Santiago, y al año siguiente inició estudios de Medicina y Anatomía.

En 1821 viajó a Cuba en condición de ayudante de Agustín Rodríguez y Fernández, director de la Factoría de Tabacos. En los Molinos de San Agustín, próximos a Matanzas, y en los Molinos del Rey, cercanos a La Habana, -donde hizo estadías- mantuvo intercambios con Andrés Arango, Tomás Gener, el barón de Collins y Cecilio Ayllón. Se vio obligado a regresar a España tras el cierre de la Factoría. Retornó a Cuba en 1823, tras recibir el nombramiento de profesor de Historia Natural en Cuba, con el apoyo de los diputados cubanos Félix Varela, Joaquín Santos Suárez, y Tomás Gener. Se iniciaba así una intensa actividad científica que contempló, además, la fundación y la dirección del Jardín Botánico y de la Institución Agrónoma de La Habana.

En el Jardín Botánico, instituido oficialmente en 1827, desempeñó una destacada labor docente, unida al ensayo de nuevos cultivos, la formación de herbarios y la clasificación de plantas, y desplegó una activa labor de intercambio con los jardines correspondientes de Madrid, Barcelona, Cádiz, París, Nancy, Montpellier, Turín, Ginebra, Copenhague, Berlín, Padua, Bolonia, Roma, Florencia, Londres y Oxford, así como con las sociedades agrícolas de Londres, Lyon, París y Boston, y el Liceo de Historia Natural de Nueva York. Todo ello le permitió sentar las bases para institucionalizar la enseñanza de la botánica con destino a la agricultura cubana, empresa en la cual contó con el apoyo de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana. El programa agrícola de La Sagra pretendía lograr una industria variada mediante la introducción de nuevos cultivos y tecnologías, que demandaban una mano de obra más calificada que la del esclavo.

En 1829 se autorizó por Real Orden el establecimiento de la Institución Agrónoma de La Habana, encaminada a disponer de un centro de aclimatación y ensayo de nuevos cultivos a partir de la diversificación y mecanización de la agricultura, para mejorar las prácticas rurales, alcanzar la autosubsistencia y combinar la agricultura y la ganadería en las pequeñas estancias. Esa institución se ubicó, en 1831, en los terrenos de los Molinos del Rey, en la falda de la loma del Príncipe, en La Habana. La labor de la Institución Agrónoma en el ensayo de cultivos como el cacao, el añil y la morera para la cría del gusano de seda, así como en la introducción de reformas en los instrumentos tradicionales y la adquisición de otros más modernos, quedó expuesta en la obra de La Sagra Memorias de la Institución Agrónoma de la Habana (1834).

Ramón de la Sagra recibió condecoraciones y nombramientos, como el de miembro honorífico de la Sociedad Horticultural de Nueva York, donde expuso su intención de acometer una obra que abordase el resultado de sus valiosas experiencias científicas en Cuba. En 1835, tras una breve estancia en Estados Unidos, se instaló en París, donde acometió la elaboración de su Historia Física, Política y Natural de la Isla de Cuba, cuya publicación se efectuó por entregas entre 1838 y 1856. En agosto de 1859 visitó nuevamente la Isla, y tras recoger nueva información publicó el trabajo Cuba en 1860, el cual incorporó como suplemento a la primera parte de su magna obra. Retornó a París, y en 1868 se radicó en Suiza, donde falleció el 25 de mayo de 1871.

 

Bibliografía activa

Principios fundamentales para servir de introducción a La Escuela botánica-agrícola del Jardín Botánico de la Habana, Imprenta la Amistad, La Habana, 1824.

Discurso leído en la apertura pública de la Cátedra de botánica agrícola por su profesor… en la tarde el día 10 de octubre de 1824, Oficina del Gobierno y Capitanía General, La Habana, 1825.

Oración inaugural a la Cátedra de Mineralogía y Geología abierta en obsequio de la juventud habanera el día 18 de noviembre de 1826, Imprenta de D. Pedro N. Palmer e Hijo, La Habana, 1826.

Manual de botánica médica e industrial para el uso de los habitantes de Cuba y demás Antillas de la Flora Médica de las Antillas que actualmente publica en París M.E. Descourtilz, con los nombres vulgares de las plantas de la Isla que carece la obra original, Imprenta de D. Pedro N. Palmer e Hijo, La Habana, 1827.

Historia económico-política y estadística de la isla de Cuba, o sea de sus progresos en la población, la agricultura, el comercio y las rentas, Imprenta de las Viudas de Arazoza y Soler, La Habana, 1831.

La Isla de Cuba en 1830 bajo el gobierno y administración de los excelentísimos señores Capitán General D. Francisco Dionisio Vives y Superintendente de Real Hacienda Conde de Villanueva, Imprenta del Redactor de Nueva York, 1831.

Reglas para el cultivo, la cosecha, la desecación del añil por los nuevos métodos adoptados en el Senegal que don Ramón de la Sagra insertó en el Cuaderno del mes de agosto de 1827 de los Anales de Ciencias, Agricultura, Comercio y Artes de la Habana, Imprenta de Fuentenegro, Madrid, 1831.

Memorias de la Institución Agrónoma de la Habana, Imprenta de Palmer, La Habana, 1834.

Historia física, política y natural de la isla de Cuba, 12 t., París, 1838-1856.

Bibliografía pasiva

Aguayo, J.: “El extraño caso de la Historia Física, Política y Natural de la Isla de Cuba”, en Separata de las Memorias de la Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey, 18 (2): 153-184, La Habana, septiembre de 1946.

García Carranza, Araceli: Índices Analíticos de los «Anales» de don Ramón de la Sagra, Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, 1970.

López Sánchez, José: “Dos etapas en la vida de la Sagra”, en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, 2: 117-170, La Habana, mayo-agosto de 1971.

Núñez de Arenas, M.: “Don Ramón de la Sagra, reformador social”, en Revue Hispanique, 60, (138): 329-531, Nueva York – París, abril de 1924.

Puig-Samper, Miguel Ángel y Mercedes Valero: Historia del Jardín Botánico de la Habana, Ediciones Doce Calles, CSIC, Aranjuez, España, 2000.

Valero González, Mercedes: “El Jardín Botánico de la Habana en el siglo XIX”, en Anuario de Historia y Organización de la Ciencia: 248-271, La Habana, 1988.

Valero González, Mercedes: “Ramón de la Sagra Périz”, en Rolando García Blanco y otros: Cien figuras de la ciencia en Cuba, 368-372, Editorial Científico-Técnica, La Habana, 2002.

Ramón de la Sagra, un gallego vinculado a Cuba: naturalista, antiesclavista, sociólogo, anarquista y para rematar; monárquico integrista

Ramón de la Sagra

Ramón de la Sagra

“Nos guía nuestra pluma tanto un sentimiento de odio a la esclavitud, cuanto un ardiente deseo por la mejora social de las razas comprometidas igualmente por esta fatal condición: a saber los blancos y los negros que habitaban en las Antillas”
José Ramón de la Sagra, 1845

Fue desde la Península Ibérica, que debieron llegar Cuba, uno de los últimos enclaves españoles en El Nuevo Mundo, las primeras referencias al ideal anarquista, entre otras ideologías políticas cosechadas en Europa en el siglo XIX. Se trata de una difusión que tuvo dos vías, la indirecta, en forma de una critica realizada a esa ideología por autores católicos y conservadores, y que de algún modo frenaba o sembraba la curiosidad por las concepciones ácratas, o la directa, la que realizaban publicistas como Ramón de la Sagra. Nacido en la Coruña en 1798 y muerto en Suiza en 1871, de La Sagra debe buena parte de su nombre como intelectual a su vida en Cuba.

Federica Montseny matriarca del movimiento libertario español, escribe lo siguiente sobre su compatriota:
“Sin entregarnos a ninguna euforia de tipo racista, hemos de decir, sin embargo, que antes incluso de que llegaran a España las ideas anarquistas claramente formuladas en la obra de Proudhon, traducido al español por Pi y Margall, había ya aparecido en España un primer periódico anarquista en 1845: “El Porvenir”, que editaron Ramón de la Sagra Peris y Antolín Faraldo. Este periódico apareció en Santiago de Compostela y fue suprimido por un decreto del general Narváez. Ramón de la Sagra, su redactor principal, es el primer anarquista que hubo en España.”

La misma posición sostiene, la Enciclopedia Británica, la cual podemos consultar hoy en la red. Allí, en la entrada dedicada a Ramón de la Sagra aparece lo siguiente: “The first known Spanish anarchist, Ramón de la Sagra, a disciple of Proudhon, founded the world’s first anarchist journal, El Porvenir, in La Coruña.”

Sobre las ideas de Ramón de la Sagra con respecto a la esclavitud, escribe el Lic. Félix F. Torres Verde en su trabajo “El pensamiento económico de Ramón de La Sagra y Pérez”, publicado por la Revista de Economía y Desarrollo 2001 #1, en cuyo resumen leemos:

“Promovió [Ramón de la Sagra] la idea de abolir la esclavitud, llevar adelante el cultivo científico, el trabajo asalariado y por diversificar las exportaciones. Se pronuncia también contra la destrucción de los bosques, contra el concepto burgués de propiedad, por la inmigración de chinos a Cuba para impulsar el trabajo asalariado y propuso la idea de una maquinaria para cortar caña.”

De la Sagra es considerado además padre de la Sociología en España. En 1845 saca a la luz, en Santiago de Compostela el ya mencionado periódico El Porvenir, donde difundirá las ideas de los franceses Francois Maria Charles Fourier y Pierre-Joseph Proudhon. El Periódico será suspendido por decreto y su fundador obligado a exilarse en París 1848-1849. Allí se unirá a Proudhon con quien colaborará en la fundación de un Banco Popular. Es muy probable que hayan llegado a Cuba ejemplares de El Porvenir, teniendo en cuenta los vínculos que, como veremos más adelante, tuvo de la Sagra con la isla en su etapa preanarquista.

Al terminar sus estudios de ciencias en la Universidad de Madrid, en 1823 de la Sagra viaja a Cuba para dirigir el Jardín Botánico de La Habana y la cátedra de botánica del mismo ubicado en los terrenos donde hoy se encuentra el Capitolio Nacional. En la isla el científico español estudió su flora y su economía dedicándole trabajos como “Breves sumarios de la administración y rentas de Cuba” (1826). Así mismo realizó una serie de propuestas reformistas como la de eliminar el monocultivo y la esclavitud, proponiendo el fomento de industrias rurales.

Es en Cuba donde Ramón de la Sagra se estrenó como publicista dirigiendo el periódico “El Demócrito” y fundando la revista Anales de ciencias, agricultura, comercio y artes (1827-1831), donde polemizó con intelectuales criollos como José Antonio Saco, con el que debatió sobre la figura de José María Heredia, hablo de la publicación que en su Segunda época se titulará Anales de agricultura e industria rural. El coruñés también colaboró con las Memorias de la Sociedad Económica de La Habana y en Los Anales de Ciencias. Antes de volver a Europa, en 1835 de la Sagra viaja a Estados Unidos, país que considerará como la meca del desarrollo económico, tecnológico e industrial.

Entre los años 1837 y 1857, los cubanos le deben a de La Sagra, la aparición en París, de una obra monumental, en 12 grandes volúmenes, titulada Historia Física, Política y Natural de la Isla de Cuba, en los que las partes referentes a la geografía, la política, la economía, y la introducción a la sección de historia natural serán obras del polígrafo español. Los vínculos se reanudaran en un período posterior, cuando retorne al monarquismo y se convierta en comisionado por el gobierno español en la Junta de Información sobre los problemas de Cuba y Puerto Rico. Otro detalle interesante de este pensador fue, su progresiva oposición a la esclavitud, su favorecimiento de la inmigración blanca a la isla y su visión idílica de los Estados Unidos como modelo de progreso para su época.

Si las reformas -sin duda alguna de inspiración racista, pues en sus orígenes el anarquismo no estuvo exento de tales prejuicios- propuestas por de la Sagra hubieran sido puestas en práctica otro sería el resultado del censo celebrado en Cuba 1861. Según éste la isla tenía una población total de 1, 396,530 habitantes, de ellos clasificados como blancos 793, 484 y de color, 603, 056 de los cuales eran libres 232, 493. De esta población se consideraban trabajadores 607, 889 -96275,862 blancos y 332,07 de color.
Veremos a continuación como se fue como se fue organizando esa clase trabajadora creándose en ella un espacio donde el anarquismo un florecimiento impresionante en el contexto internacional, un anarquismo que también enarbolará en su momento la bandera de la igualdad racial.

La figura de Ramón de la Sagra no ha sido ajena a la controversia dentro de Cuba y uno de los temas que más se ha discutido, ha sido su actitud hacia la esclavitud. Para dilucidarlo pueden ayudarnos dos libros publicados en Cuba en distintitos momentos históricos: uno es Historia económica de Cuba, escrito por I. E. Friedlaeder, ex Consultor de la Universidad de Harvard y conferencista sobre temas económicos en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la Habana, en la época republicana; está prologado por Herminio Portell Villa y editado por Jesús Montero, en la calle Obispo, 521, La Habana, en 1944.

El segundo libro se titula Ramón de la Sagra. Cuba 1860, selección de artículos sobre agricultura cubana, fue publicada por la Comisión Nacional Cubana de La UNESCO, en la capital cubana en el año 1963, y comienza con una nota aclaratoria de Manuel. Moreno Fraginals. Comenzaremos con la segunda obra.

Manuel Moreno nos ofrece en su “aclaración” algunas claves para comprender un tanto el carácter controversial de la figura que nos ocupa, la cual es presentada en sus orígenes políticos, allá por el 1821, como un diputado gallego de extrema izquierda, una posición que irá cambiando. Así, según el historiador, Ramón de La Sagra será: radical a los 20, liberal a los 30, moderado a los 40 y conservador a los 50.

Ya habíamos dicho que de la Sagra es considerando por algunos autores en primer anarquista español %( algo de lo que discrepa el historiador del anarquismo cubano Frank Fernández- quizás sea a estas ideas libertarias, además de la opinión que tenía de La Sagra sobre la esclavitud, a los que se refiere Moreno Fraginals cuando afirma del Español que:

“%85su conocimiento científico le llevaban a ciertas conclusiones socialistas, -socialismo idealista, naturalmente-en abierta pugna con los intereses de la burgueses. Y así se da el aparente absurdo de que los cubanos de su época le señalen como vocero de los comerciantes negreros, y estos propios comerciantes negreros le suspendan el empleo y el sueldo por radical y abolicionista”.

El historiador marxista achaca la imagen que entonces (1963) se tenía de La Sagra a su famosa polémica con José Antonio Saco, desencadenada a fines de 1828, cuando al intelectual gallego se le ocurrió cuestionar desde su revista: Anales de Ciencia, Agricultura Comercio y Arte al más alto símbolo que por entonces tenía la cubana, el poeta José María Heredia. Las respuestas dadas por Saco desde El Mensajero Semanal de New Cork, desviaron el debate hacia un tema político que dejo muy mal parado al intelectual gallego ante los ojos de los criollos quienes desde entonces le juzgaron como anticubano y así parece haber sido recogido en los libros de historia de la isla.

Para Moreno Fraginals las manchas de la polémica de Sagra-Saco se empequeñecen con la comparación de los libros dedicados a la esclavitud que en 1845 publicaran los autores involucrados en el debate. En el de José Antonio Saco, titulado La supresión del tráfico de esclavos africanos en la isla de Cuba, la degradación del esclavo es atribuida al hecho de que estos eran negros. En la obra de La Sagra, titulada Estudios coloniales con aplicación a la isla de Cuba, el autor consideraba que era la esclavitud en si la que degradaba al hombre negro y que este se encontraba en mejor posición para adquirir virtudes sociales que muchas clases de la sociedad de su tiempo, tanto pervertidas como ilustradas. Ramón de la Sagra va aún más lejos que Saco, quien no se mete con los hacendados, denunciando la putrefacción del sistema azucarero, lo que, según nos cuenta Moreno, provoca la persecución de su libro, así como que le sean suprimidas las rentas que recibía de las cajas de La Habana para la publicación de su historia de Cuba, en cambio el folleto de saco, circulará con el expreso consentimiento del Capitán General Leopoldo O´ Donnell.

La Junta de Información fue convocada por el gobierno español en 1866 para reunirse en Madrid con representantes de las colonias antillanas y discutir las la quejas que tenían los habitantes, criollos o peninsulares de Cuba y Puerto Rico. Cuando de la Sagra y Saco participan en la Junta de Información hacia 1867, la actitud de Saco resulta aún más conservadora que la de la Sagra, quien, según Manuel Moreno, recomendará en tan lejana época el uso de maquinas cortadoras de caña para solucionar el problema de falta de brazos. De acuerdo a Moreno Fraginals, La Sagra fue un hombre de pensamiento europeo, que defendiendo una Cuba española, deseó para ella una agricultura industrializada y que vio como economista que el esclavo era un mal negocio pues no creaba otro mercado como consumidor. Por eso fue partidario de la migración china, cuya semiesclavitud consideraba un paso de avance hacia el régimen de trabajo asalariado.

Estas son las opiniones de la Sagra resumidas por Moreno Fraginals,, veremos que nos dice el propio La Sagra en uno de los trabajos seleccionados para el libro, se trata al parecer de una parte de sus estudios coloniales publicados en 1845, titulado Agricultura y Esclavitud, (Pág.189-201). Aquí en autor anuncia el estudio de un sistema de la explotación de la tierra poco investigado hasta el momento, el de la esclavitud en las islas tropicales de América y en el contexto sociopolítico de creado con la voluntad (inglesa) de poner fin al tráfico de esclavos. Lo hace sin duda alguna desde un euro centrismo que identifica al africano con los pueblos atrasados o semisalvajes, hombre de índole perezosa en condición de trabajo forzado y es por eso que intenta disminuir el peso de su tarea ya sea practicándolas mal o substrayéndose a ellas, de esto la imperfección de los trabajos, simples productos de la fuerza humana que exigían poco celo e inteligencia de los que lo ejecutaban y discreción de los que lo dirigían. Se creaban condiciones que hacían de la introducción de tecnologías y métodos más avanzados de cultivo estériles y vanas teorías.

Ramón de la Sagra considera al negro de las Antillas como intelectualmente inferior, pero elogia su condición moral:

“Examinados con ojos filosóficos imparciales el carácter y los hechos de los africanos transportados en aquellas islas, se reconoce fácilmente su indolencia, su letargo intelectual, el imperio de las pasiones animales, el contagio funesto de los vicios de la sociedad en que viven, mas no la depravación del corazón. Para algunos ejemplos lamentables que han ensangrentado los anales coloniales del crimen, pueden citarse mil acciones virtuosas donde brillan la abnegación y la generosidad. El despecho, los celos, la injusticia, han impelido algunos infelices víctimas a cometer acciones brutales y sanguinarias; otras veces la desesperación y la venganza pusieron la tea incendiaria en manos que acababan de romper sus cadenas; pero los casos de crímenes premeditados, hijos de un cálculo frío y de una ambición tenebrosa difícilmente podrían ser citados.” Pág. 196.

De La Sarga refuta el argumento de la esclavitud como antídoto contra crímenes propios de la civilización y siguiendo la pauta roussoniana del Buen salvaje declara que: “el negro en medio de su ignorancia se halla en mejor posición para adquirir todas las virtudes sociales que muchas clases de nuestra sociedad tan pervertidas como ilustradas” Pág. 196

El pensador gallego califica de error trascendental el hacer descansar el cultivo en una clase social, la de los esclavos, ahora con la depauperación de las tierras, la extensión del cultivo de caña a otras regiones, la competencia remolachera y la represión de la trata por los ingleses, el sistema de trabajo esclavo entraba en crisis. Así mismo asegura, según sus estudios que resulta imposible la organización de un sistema agrícola y de economía rular basado en principios científicos mientras perdure la esclavitud en Cuba y es que según el investigador “es imposible conseguir esmero, inteligencia y amor al trabajo de unos seres degradados, que un sistema absurdo hace considerar tanto más útiles cuanto más estúpidos son”. La Sagra se percata que aquellas virtudes que sirven para tener en paz y obediencia privan a la agricultura de sus elementos de prosperidad es decir la inteligencia y la aplicación. Además la introducción de esclavos hizo necesaria la introducción de hombres más notables por su crueldad que por sus conocimientos, los mayorales quienes terminan por intimidar a los propietarios, pervierten las dotaciones y malogran las cosechas.

En el capítulo Esclavitud y Sistema colonial página 203-218, de la Sagra recuerda la corrosión que ejerce la esclavitud en la educación, la moralidad pública y privada, la economía, la administración y las relaciones mercantiles. Considera que la emancipación de los esclavos de las Antillas traerá resultados económicos y morales; permitirá establecer la agricultura bajo principios científicos, reorganizar la propiedad sobre la base del valor de la tierra y no de la cantidad de brazos. Así mismo desarma las esperanzas de quienes cifran sus esperanzas en quien denomina “gran potencia”, los Estados Unidos, donde por entonces, 1845, ofrecía el amalgama monstruosa de la democracia y esclavitud, la esclavitud y los intereses esclavistas de aquel país no permitirían que este se sumara a los esfuerzos europeos en pro de la libertad de los negros. A veinte años de lo que fue la guerra civil americana, el pensador gallego avizoraba el fin de la esclavitud en los Estados Unidos, y todavía algo más que, nos recuerda las cartas escritas desde el Nuevo Mundo por Fredrika Bremmer, cuando comparaba la situación del Negro en Cuba y Estados Unidos, es desprecio mayor que existe por el hombre negro en el país anglosajón y que a La Sagra le hace sospechar que terminará extinguiéndolo:

“El sentimiento de desdén con que es tratada [la casta negra] por la raza blanca, que si parece confundido con el menosprecio que le inspira la condición esclava, resalta con todos los caracteres de la preocupación cuando se funda en el color. Los negros lo saben y los blancos no lo niegan. La separación establecida entre ambos existe permanentemente desde la cuna al sepulcro, y la misma religión, tan poderosa en aquel pueblo, tiene que separar sus templos para que cada raza preste adoración al Dios de la igualdad y de la tolerancia. Consecuencia de esta preocupación fue por una parte el entusiasmo con que se prestaron los negros libres a emigrar de un país que los menospreciaba, tan luego como las colonias inglesas organizaron y ennoblecieron el trabajo de sus hermanos y de la indiferencia y hasta el interés con que los blancos vieron hacerse esta emigración. De consiguiente nos parece que si aquel país puede resistir más tiempo la medida de la libertad general de sus esclavos se prepara para ello y no piensa conservar la población emancipada” Pág. 210.

Con un comentario tan desfavorable sobre la actitud del hombre blanco hacia el hombre negro en los Estados Unidos, no es de extrañar el tratamiento que, como veremos mas adelante, recibe Ramón de La Sagra, en el libro de H. E. Friedlaender, publicado en un año donde el problema de la segregación del negro, en los estados del sur de Norteamérica, aún estaba por resolver. Esto lo veremos mas adelante, por ahora cerremos como una última cita de la compilación hecha por Manuel Moreno Fraginals:

“Nosotros que, en el odio que tenemos a la esclavitud y en la guerra que le declaramos, más que el convencimiento de las penas que puede imponerse al negro embrutecido, dos decide el horror a la degradación moral a que arrastra los blancos: nosotros, que en el término de aquella, mas que el bien moral del corto número de africanos que fueron trasplantados, queremos asegurar la prosperidad de las Antillas; nosotros en fin, que a la situación presenta de los propietarios vemos claramente un estado de zozobra alarmante, que solo puede terminar con la causa que le mantiene, que es la misma esclavitud, nos esforzamos en combatir esas vanas esperanzas de conservaba, tan enemigas del reposo de las colonias, como mal apoyadas en débiles cimientos para su existencia pueda ser largo tiempo nocivas” Pág. 212

Sin duda alguna en 1845 Ramón de La Sagra es un decidió enemigo del esclavismo, que descubre en ese sistema una dialéctica en la que no solo el hombre sometido, sino también su amo terminan corrompidos. En cuanto al problema de quien sustituirá al negro en el duro trabajo del tropical, De La Sagra ve la solución en el campesino criollo, así lo dice cuando frente a lo que ocurre en Cuba opone no solo la experiencia de las antillas inglesas, sino incluso lo que por entonces está ocurriendo en Puerto Rico, donde la mayoría de los cultivadores son blancos aclimatados -entiéndase hombres libres- quienes trabajan tres veces más que un número igual de negros -entiéndase esclavos-:

“Puerto Rico debe su producción, más que al corto número de esclavos, a los descendientes de españoles que de generación en generación han ido identificándose con el clima, resistiendo sus rigores y entregándose a las tareas más rudas de los negros y esto explica por qué una población de origen africano tan reducida como la que allí existe, da seis veces más productos que otra igual en las demás islas. Semejante a aquella raza europea y mezclada que parece ya indígena del suelo de Puerto Rico, es por su vigor y energía la de los campesinos de Cuba, que heredaron de sus ascendientes, montañeses, gallegos y canarios, la fuerza, la constancia y la sobriedad que les permite dedicarse al ejercicio material del cultivo y a las más pesadas tareas del campo, resistiendo los rigores del clima con una energía que sorprende al africano” Pág. 124

De la Sagra considera la aplicación del trabajo libre en los más diversos rubros de la economía cubana, la cual considera llenas de posibilidades que el trabajo esclavo sea abrogado, su fe en el futuro productivo de la isla en tales condiciones es total cuando en Madrid, año 1845 escribe:

“La isla de Cuba, pues, mejor que ninguna otra Antilla, debe esperar de la organización del trabajo libre un inmenso desarrollo para su agricultura y economía rural, pues no solo podrá conservar mucha parte de sus grandes cultivos de caña y café, y dar una inmensa extensión al privilegio del tabaco, sino también admitir en el nuevo sistema la producción de carnes y la de materias primeras para la industria europea. El algodón y la seda se hallan en este caso sin contar con el producto de sus ricas minas ya considerables y susceptibles aún de mayor incremento” Pág.215

Pasemos ahora al tratamiento que le da, en su Historia Económica de Cuba, H. E. Friedlaender a Ramón de la Sagra.

En las páginas 156-157 el historiador norteamericano hace un recuento de las medidas tomadas por Inglaterra desde 1830 para hacer mas eficaz la persecución de la trata esclava y así como el papel de la Junta de Fomento (Real Consulado) en el estímulo de la inmigración no africana a la isla:

“En 1844 se inicia dentro del Real Consulado una gran acción para el fomento de la colonización e inmigración blanca. (Informe de Fiscal Vicente Vázquez Queipo etc.)
El resultado fue desilusionante. Se introdujeron desde 1847, miles de brazos del extranjero, pero fueron brazos amarillos, no blancos. Se consideró a ojos esclavistas como los partidarios más fieles y fidedignos del régimen español) Autores Prominentes como Mariano Torre y Ramón de La Sarga (éste como miembro de la Junta de Información de 1866) prestaron su pluma para la defenderá del sistema esclavista” (página 157).

Como se ve el historiador pasa por alto el anti esclavismo defendido por La Sagra en la época que describe para llevarnos a una época, la de 1868 en la que le ubica como defensor de ese sistema explotador. En la página 398, el autor norteamericano señala ambigüedades y vacilaciones de La Sagra: en polémica con Álvaro Flores Estrada calificando sus doctrinas como más absurdas que las de Saint Simón, mientras que en una fase posterior De la Sagra se presenta como partidario de la propiedad común; el mismo cambio abrupto, opina Friedlaender se revela con respecto a la abolición de la esclavitud y cita de su Historia Física, obra de 1838, un fragmento donde el autor gallego ya condenaba un sistema agrícola fundado en brazos esclavos y aludía al triste cuadro que ofrecían los campos cubanos, considera a aquel sistema absurdo y opuesto a las leyes de la humanidad. Acto seguido escribe el historiador norteamericano y en 1867, le encontramos convertido en miembro gubernamental de la Junta de Información y en partidario del mantenimiento de la esclavitud (Pág. 398).

Lo que más llama la atención es que estando el libro plagado de referencias concretas a trabajos de Ramón de la Sagra, de quien el autor tiene que valerse en más de una vez para dar a conocer el estado de la agricultura, la industria, el comercio y el debate de ideas; no aparezca ninguna concreta sobre su defensa de la esclavitud. Supongamos de todos modos que existe tal defensa, que Manuel Moreno Fraginals niega en su introducción al libro Cuba 1860 de Labra, para confirmarlo habría que releer las actas de la Junta de Información, por no tenerlas a manos no podemos saber quien lleva razón, si el investigador cubano que afirma que de la Sagra no favorecía la esclavitud o el norteamericano que asegura que si lo hacía; pero de lo que no nos cabe duda es que en 1845 y un poco antes, el sociólogo y economista español era un convencido antiesclavista.

Fuentes

1. Carlos M. Rama, Compilador, Utopismo Socialista (1830-1893), Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1997.XLIV-XLVI
2. Lic. Félix F. Torres Verde, El pensamiento económico de Ramón de la Sagra y Pérez, Economía y Desarrollo, No. 1 / Vol. 128 / Ene.-Jun. / 2001 (Pág. 105)
3. Cervantes Virtual: Diccionario de la Literatura Cubana
4. Federica Montseny.; “Qué es el Anarquismo” (Biblioteca de Divulgación Política Editorial La Gaya Ciencia 1976
5 I. E. Friedlaeder, Historia económica de Cuba, editado por Jesús Montero, en la calle Obispo, 521, La Habana, en 1944.
6. Manuel. Moreno Fraginals. Ramón de la Sagra. Cuba 1860 Selección de artículos sobre agricultura cubana, Comisión Nacional Cubana de La UNESCO, La Habana1963

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