Paul Goodman (Vida y obra)

Paul Goodman  nacio el 9 de septiembre de 1911 en Greenwich Village, Nueva York, (Estados Unido) y murió el 2 de agosto de 1972 en North Stratford, New Hampshire, Nuevo Hampshire, (Estados Unidos).

Fue un sociólogo, escritor y activista anarquista estadounidense, adscrito a la llamada New Left norteamericana. Nacido en Nueva York, hecho que le marcó y le influenció mucho en el desarrollo de su pensamiento, fue partidario de las estructuras comunitarias y de la no violencia, siendo una referencia clave de la contracultura de la década de 1960. Tuvo, asimismo, un papel destacado en el desarrollo, junto con Fritz Perls y Laura Perls, de la Terapia Gestalt.

Prolífico escritor, además de sus obras de ficción y de poesía, Goodman escribió sobre temas como la educación, la vida en la ciudad, el urbanismo, los derechos de los menores, la política, la crítica literaria, entre otros. Se manifestó abiertamente bisexual, declaración que le causó no pocos problemas, entre ellos laborales, y fue uno de los pioneros del movimiento gay de principio de la década de 1970.

Asimismo, fue coautor, con su hermano Percival, catedrático de Arquitectura de Columbia University y considerado el arquitecto «más prolífico en la historia del judaismo»,1 del libro Communitas.2

Véase también.

Referencias.

  1. Wise, Michael Z. (en inglés) «America’s Most Prolific Synagogue Architect» The Forward, March 9, 2001. Consultado el 19 de enero de 2013.
  2. Goldberger, Paul. (en inglés) «Percival Goodman, 85, Synagogue Designer, Dies.» October 12, 1989., The New York Times, consultado el 19 de enero de 2013.

Enlaces externos.

 

Paul Goodman
(1911 – 1972)

Co-fundador de la Terapia Gestalt
Carmen Vázquez Bandín

La Terapia Gestalt nació a mediados del siglo XX. Entre sus creadores, Paul Goodman fue el principal responsable de formular la teoría gestáltica, de ponerla en palabras. En esa época, Goodman todavía no era terapeuta sino escritor, la especie que, según Freud, producía los mejores psicoanalistas. De hecho, eso le convirtió en el hombre indicado para escribir “Terapia Gestalt”, el texto fundamental del movimiento. Pero es poco probable que, quien conozca el nombre de Goodman, lo recuerde como terapeuta o escritor, sino más bien como el crítico social cuya defensa de los jóvenes descontentos en “Growing Up Absurd”, empezó las luchas intergeneracionales de los años 60, y cuya crítica al “Sistema Organizado” fue adoptada por los políticos de la Nueva Izquierda.

Paul Goodman nació en 1911, fue un niño pobre judío que creció en Manhattan. Su padre era anticuario y los tres primeros hijos fueron criados con holgura ya que, la pobreza de la familia, en el momento del nacimiento de Paul, se debía a que su padre se había fugado a Buenos Aires con una amante, dejando a su esposa sólo algunos muebles valiosos para empeñar. La madre de Paul se puso a trabajar y sus tres hermanas se turnaban para cuidar a sus hermanos.

Para Paul Goodman, haber “nacido sin padre” fue la gran circunstancia formativa de su vida.

Cuando Paul empezó a ir a la escuela, se había convertido en hijo único ya que uno de sus hermanos había muerto, y los otros, siete y diez años mayores que él, ya eran adultos.

Cuando tenía 7 años, su hermana mayor ya atesoraba sus primeros poemas. Siempre obtuvo las mejores notas en su curso. Recibió la mejor educación gratuita del mundo, primero en la escuela básica “modelo” anexa a la escuela normal superior, después en la escuela primaria pública de Manhattan, Townsend Harris Hall, y finalmente en el City College de Nueva York.

Ya graduado de la universidad, Goodman estaba enamorado de la vida y del saber.

Después de varios trabajos esporádicos, Goodman pensaba a través de la filosofía de la educación, ideas que aparecerán más tarde en su práctica psicoterapéutica. En 1936, la carrera docente de Goodman dio un vuelco cuando Richard McKeon, quien había dejado Columbia, por un decanato en la Universidad de Chicago, lo invitó a trabajar con él. Aquí se enamoró de su primera esposa, un nuevo centro en torno al cual girar. Al cabo de tres años en el Medio Oeste, nació su hija, Susan. Pero en 1939, debido a sus correrías sexuales en el campus se le “invitó” a dejar la universidad, cosa que aprovechó para volver a Manhattan, por la que aún sentía nostalgia. No había dejado de escribir poemas, cuentos y obras de teatro, mientras presentaba informes y memorizaba textos; ahora, mientras hacia su tesis, comenzó una novela “The Empire of City”.

A principios de 1942, Paul Goodman sorprendió a todos formando un nuevo hogar con una joven a quien había cortejado en medio de sus agitados amores con los “chicos” del curso del que era profesor, Sally Ducksten, que tenía poco más de 20 años, era secretaria en la escuela, huérfana de padre y había sido educada en internados católicos. Aunque no bohemia como su primera esposa, Sally, era una mujer independiente y con un férreo sentido de la moral y de la justicia. En marzo de 1945 se mudaron, con Susan, a un apartamento en Manhattan.

Cuando Goodman tenía 35 años, estaba en la cima de sus facultades creativas, respaldado por una obra prolífica ya consolidada. El nacimiento de su hijo Mathew, fue un acontecimiento crucial.

El interés de Goodman en la psicoterapia empezó en su adolescencia, con sus ganas de aprender. Leyó a Freud y a sus seguidores, a Aristóteles, Kant, Kropotkin y Dewey. Fue paciente de Reich, Lowen y sus novelas fueron cada vez más psicológicas (“Parents’ Day”, “Don Juan”, “The Dead of Spring”).

A principios de 1950 conoció a Frederich S. Perls, psiquiatra alemán, que acababa de llegar a Nueva York, después de haber vivido unos años en Sudáfrica, huyendo de los nazis. Perls quería escribir hacer un libro con unas notas que había traído de Sudáfrica y consciente de su poca capacidad para la escritura (ya había escrito “Yo, Hambre y Agresión”, sin mucho éxito) había puesto los ojos en el intelectual Paul Goodman. Perls y Goodman estaban de acuerdo en muchas deficiencias del método psicoanalítico; esto y la necesidad de dinero que tenía Goodman, le hizo aceptar el encargo de escribir el libro de Perls. Así nació una colaboración que cada vez era más tormentosa pues ambos tenían una personalidad fuerte y a ambos les costaba ceder en sus ideas. Laura, la mujer de Perls, solía poner paz aunque no por mucho tiempo. No obstante, el contacto entre ellos era fructífero. El anarquismo de Goodman hacía la diferencia. Fruto de esta colaboración surgió el libro “Terapia Gestalt: Excitación y Crecimiento de la personalidad humana”, donde se sentaban las bases de una nueva forma de terapia, la Terapia Gestalt.

Después de este libro, Goodman y Perls no volvieron a verse. Paul siguió frecuentando a Laura Perls y a un grupo de personas que empezaban a sistematizar este tipo de terapia. Participó en varios grupos de formación, se dedicó a hacer terapia durante algunos años pero, finalmente, a raíz de un cambio en las condiciones legales para ejercer la psicoterapia, Goodman volvió a la pedagogía y siguió su trayectoria de escritor hasta que, en los años 60 consiguió saltar a la fama en los movimientos de protesta estudiantiles y continuó siendo famoso hasta que murió, de un ataque al corazón, el 2 de agosto de 1972, recién cumplidos los sesenta y un años. La muerte de su hijo Mathew, en 1967 le afectó de tal manera que nunca se recuperó de ella.

Podríamos resumir diciendo que, a los 40 años, Goodman era un “muchacho”, que se negaba a renunciar a las prerrogativas de la juventud, y continuaba desabrochado y despeinado como si tuviera ocho años. Y que después de dedicarse un rato, cada mañana, a escribir, deambulaba por las calles de Manhattan como un moderno Walt Whitman, paseando a lo largo del Hudson y merodeando por lo bares, jugando al balonmano en las paredes de ladrillo de los almacenes o en los patios de recreo que las escuelas locales.

Texto: Carmen Vázquez Bandin

Bibliografía en español:

GOODMAN; Paul: Problemas de la Juventud en la Sociedad Organizada, Ed. ED, 1975

GOODMAN, Paul: La Comunidad de los Estudiantes, Ed. Proyección, B. Aires, 1970.

GOODMAN, Paul: La nueva reforma, Ed. Kairós, Barcelona, 1976.

GOODMAN, Paul, PERLS, F.S. y HEFFERLINE, R.F.: Terapia Gestalt: Excitación y Crecimiento de la Personalidad Humana, Ed. Los Libros del CTP, Madrid, 2002.

GOODMAN, Paul: Los bloqueos del escritor (artículo) en Documentos del CTP nº 135, Centro de Terapia y Psicología, Madrid, 1999.

Obras sobre Paul Goodman en español

– STOEHR, Taylor: Aquí, ahora y lo siguiente: la terapia gestalt en tiempos de crisis mundial. Ed. Cuatro Vientos, S. de Chile, 1999.

Paul Goodman y las críticas a las instituciones

1. BIOGRAFÍA

1.1. CONTEXTO HISTÓRICO

Durante el s. XX, Estados Unidos se convirtió en primera potencia mundial. Los avances tecnológicos impulsaron un fuerte crecimiento económico que se vio perturbado por la “gran depresión” de 1929. La crisis fue liderada por el presidente Franklin D. Roosevelt, que ideó una serie de políticas para hacer frente a la difícil situación económica tras la caída de la bolsa. La Segunda Guerra Mundial, impulsó la economía mediante el suministro de capital de inversión y puestos de trabajo, haciendo que muchas mujeres entraran en el mercado laboral principalmente en la industria armamentística.

Al término de la segunda Guerra Mundial los Estados Unidos constituían el país más poderoso económica y militarmente que conociera la historia.

Las primeras décadas de la segunda mitad del s. XX, estuvieron marcadas por los conflictos bélicos en Corea y Vietnam y la crisis del petróleo.
El presidente Harry S. Truman, sucesor de Roosevelt, se dispuso a contener la expansión política de la Unión Soviética, que había surgido de la guerra como segunda superpotencia y estaba formando una especie de imperio comunista con el sometimiento de Europa Oriental y la incorporación a sus filas de China, convertida al comunismo tras una sangrienta guerra civil. En 1948 Truman creó la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y en 1950 asumió la responsabilidad de ayudar a Corea del Sur contra Corea del Norte. A su vez, inició un amplio programa de rearme.[1]

En 1953, llegó a la presidencia D. Eisenhower, republicano, el cual puso fin a la Guerra de Corea con una tregua que reconocía el statu quo militar. La tensión entre rusos y norteamericanos siguió agudizándose.En 1954 los Estados Unidos patrocinaron la creación de la Organización del Tratado del Sudeste Asiático, destinada a contener los progresos comunistas en esa región.En 1961 subió al poder el demócrata John F. Kennedy, quien trató de seguir una política de coexistencia pacífica con la Unión Soviética, condenó las prácticas segregacionistas e inició la tarea de reformar a fondo las estructuras sociales del país. Kennedy fue asesinado en 1963, su sucesor fue Lyndon B. Johnson, el cual trató de solucionar de forma rápida la Guerra de Vietnam, enviando centenares de miles de soldados a los campos de batalla e intensificando los ataques aéreos sobre Vietnam del Norte. Entretanto, Johnson había de enfrentarse a graves problemas internos, como la mala situación de la balanza de pagos y las cuestiones raciales. Decidió no presentarse a las elecciones de 1968, que dieron el triunfo al republicano Richard Nixon.

El nuevo presidente siguió en líneas generales la política de sus antecesores, aunque el mismo año de su toma de posesión vio incrementarse su popularidad cuando los Estados Unidos adelantaron a la Unión Soviética en la carrera espacial al colocar un hombre en la Luna (1969). Pese a todo, Nixon no consiguió resolver el problema racial; por otro lado, aunque retiró soldados norteamericanos de Vietnam, no pudo zafarse por completo del conflicto, que se extendió aún más al avivarse la Guerra de Laos y deteriorarse la situación en Camboya, pese a que los Estados Unidos consiguieron establecer en dicho país un gobierno anticomunista en 1970.

En 1974 Nixon dimitió y fue sucedido por G. Ford, que se convirtió en el primer presidente no electo de la historia estadounidense.

En 1975 cayeron los regímenes proamericanos de Camboya y Vietnam del Sur: por primera vez, en sus dos siglos de vida independiente, los Estados Unidos no lograron ninguno de sus objetivos militares en un conflicto bélico en que hayan intervenido. En la elecciones de 1976 Gerard Ford fue derrotado por el demócrata Jimmy Carter, quien asumió la presidencia en 1977.

El nuevo presidente impulsó una política de derechos humanos y democratización gradual, propició el acuerdo de paz egipcio-israelí y firmó la futura devolución a Panamá de su Canal. Pero esta línea política fue vista como débil, lo que, unido a las pérdida de Irán como país-cliente (1979) y al impacto de la crisis económica, dio lugar a su derrota ante el candidato republicano, Ronald Reagan, en 1980.

Tras asumir la presidencia, Reagan aumentó los gastos militares y el rearme nuclear, endureció las relaciones diplomáticas y estratégicas con la URSS, apoyó a los regímenes dictatoriales de América Latina y aplicó una política económica monetarista a ultranza. Todo ello le resultó rentable, pues fue reelegido en 1984.

A finales del s. XX, Estados Unidos es protagonista de una expansión sin precedentes, convirtiéndose en primera e incuestionable potencia mundial.[2]

1.2. CONTEXTO CULTURAL

El pensamiento social estadounidense durante el s. XX, se enmarca dentro de un fuerte nacionalismo acompañado de unas firmes creencias religiosas.

La sociedad estadounidense de esta época puede definirse como la “Sociedad de Consumo”, ya que considera el consumo de todo tipo de artículos como el camino hacia la realización personal de los seres humanos.

Comienzan a aparecer tendencias que anuncian la posterior liberación sexual que experimentará la sociedad. Aparece, con ella, una idea de valorar la juventud como algo a cuidar y mantener en el tiempo en contra de las leyes naturales.

La tecnología se infiltra en la cotidianeidad de los estadounidenses y surge un despliegue en los estudios e investigaciones al respecto.

Los televisores, las lavadoras y neveras han inundado los hogares norteamericanos.

En 1960, Paul Baran, inmigrante polaco licenciado en ingeniería eléctrica, descubre las bases del sistema de redes que actualmente se conoce como Internet.[3]
El 4 de octubre de 1957, por primera vez en la historia se envió un satélite artificial al espacio exterior, el Sputnik I. El impacto que tuvo sobre el desarrollo tecnológico en el resto del siglo XX inició la carrera por el espacio que tendría su culminación a fines de la década de los 80´s. La entonces Unión Soviética había vencido a los Estados Unidos de Norteamérica en la lucha por colocar el primer satélite artificial, ahora la meta era ver quién colocaba al primer ser vivo en el espacio.

En 1969 se exploraría la superficie lunar. Lo cual generó un sentimiento de admiración por los esfuerzos desarrollistas de las instituciones estadounidenses y unas fuertes esperanzas hacia todo lo que tuviera que ver con investigación tecnológica.
Desde la segunda guerra mundial, EE.UU. comienza una batalla por el poder de la supremacía armamentística contra Rusia, lo cual, disimulado por las investigaciones para mejorar la calidad de vida, supone que el control y el armamento sean las principales fuentes de inversión para éste país. A su vez, y tras la experiencia de dos guerras mundiales, surge un sentimiento patriótico enfrentado a otro antibelicista entre la población.
El sistema educativo estadounidense se centra durante gran parte del siglo en buscar la igualdad de oportunidades educativas para todos. Durante la primera mitad del s. XX tienen lugar los movimientos de Nueva Escuela, donde destaca Dewey con su “pedagogía centrada en los individuos para la democracia”, y la Pedagogía Industrial influenciada por la sociedad industrial y de masas. En la segunda mitad, aparece el Reconceptualismo, preocupado por la dimensión ideológica y la Pedagogía Práctica, donde el currículum se construye a partir de los problemas que presenta la práctica.

1.3. CONTEXTO EDUCATIVO

Los movimientos de críticas de la escuela surgieron en torno a los años 60 del siglo XX, época caracterizada por: la consolidación de los sistemas educativos en el mundo occidental, aumento de la demanda social de educación, confianza absoluta en la igualdad de oportunidades, es decir, hacer posible el acceso a la educación obligatoria a todos los miembros de la sociedad; y por un avance tecnológico de la institución escolar cuyo fin consistía en lograr un aumento de la eficiencia.

Estos movimientos tienen su origen en la Escuela de de Francfort la cual surgió a raíz de un grupo de intelectuales quienes dieron lugar a la primera etapa de la denominada “teoría crítica”. Muchos de estos intelectuales fueron perseguidos por lo que se vieron obligados a huir a EEUU donde siguieron expandiendo su pensamiento, llegando hasta la actualidad, y cuyo representante es el filósofo alemán Jürgen Haberlas. Dicho autor presenta una visión dual del mundo en la que aparece por una parte la “racionalidad instrumental” y por otro lado la “acción comunicativa” que propone un nuevo modelo más moderno, basado en el diálogo y la relación sujeto-objeto como iguales.
En 1966 se lleva a cabo el “Informe Coleman”. En este informe se llegan a las siguientes conclusiones: ni la cantidad de dinero dedicada a cuestiones educativas, ni las diferencias entre unas escuelas y otras influyen en el rendimiento final de los alumnos. Lo que realmente influye en el rendimiento del alumno es la procedencia familiar, la clase social y el entorno ambiental. Este informe trajo consigo la realización de otros en Europa y Estados Unidos en los que se llegaron a las mismas conclusiones que el “Informe Coleman”.

Los diferentes miembros de estos grupos cuestionan la existencia de una escuela verdaderamente democrática y de una sociedad totalmente libre, sin privilegios ni diferencias sociales. Y sobre todo, la aplicación del modelo tecnocrático a la escuela.

1.4. VIDA DEL AUTOR

Paul Goodman nació en Nueva York en el año 1911 y murió en Hawái en 1972 tras sufrir un ataque al corazón. Fue un crítico social, poeta, novelista y dramaturgo, educador psicoterapeuta y psicólogo teórico y publicó diversos libros en cada una de estas áreas con cierto eco cultural y social.[4]

Paul Goodman creció en Manhattan junto con sus tres hermanos, pero fue criado sin la figura de su padre lo cual marcó su vida de forma determinante.
Su formación académica se desarrolló en las mejores escuelas gratuitas (primero en la escuela básica “modelo” anexa a la escuela normal superior, después en la escuela primaria pública de Manhattan, Townsend Harris Hall, y finalmente en el City College de Nueva York.) obteniendo siempre las mejores calificaciones.

Mostró interés por la psicoterapia desde la adolescencia leyendo a autores como Freud, Aristóteles, Kant, Kropotkin y Dewey. Tras tratar con Reich, Lowen, sus novelas fueron siendo cada vez más psicológicas (“Parents’ Day”, “Don Juan”, “The Dead of Spring”).
Tras graduarse en la Universidad y después de varios trabajos esporádicos, Goodman se centró en la filosofía de la educación, lo cual se reflejó en su práctica psicoterapéutica.

En 1936, la carrera de Goodman dio un giro cuando Richard McKeon (decano de la Universidad de Chicago), le propuso trabajar con él. Fue en este momento cuando conoció y se enamoró de su primera esposa. Tres años más tarde nacería su primera hija, Susan. En 1939 fue expulsado del campus universitario por sus andanzas sexuales. Tras este hecho, Goodman regresó a Manhattan.
En 1942, contrae matrimonio con Sally Ducksten, alumna del curso del que era profesor.

A los 35 años Goodman se encontraba en un auge de sus facultades creativas y tenía tras de sí una obra ya consolidada. El nacimiento de su hijo Mathew, fue un acontecimiento crucial. A principios de 1950 conoció a Frederich S. Perls, psiquiatra alemán, quien tras su viaje a Sudáfrica quería escribir un libro, pero consciente de su poca capacidad para la escritura le pidió ayuda Paul Goodman, quien aceptó ayudarle. Fruto de esta colaboración surgió el libro “Terapia Gestalt: Excitación y Crecimiento de la personalidad humana”, en el que se sentaban las bases de una nueva forma de terapia, la Terapia Gestalt, centrada en la existencia real de cada individuo, más que sobre una teoría estructurada, preestablecida y generalizable. Después de este libro, Goodman y Perls perdieron la amistad y no volvieron a verse. Tras dedicarse algunos años a desarrollar dicha terapia Goodman volvió a la pedagogía y siguió su trayectoria de escritor hasta que, en los años 60 se hizo famoso con los movimientos de protesta estudiantiles.[5]

2. PRINCIPALES OBRAS

  • “Creciendo en lo absurdo” (1960)

Fue uno de sus libros más influyentes que le inició en el camino de la fama. En él, Goodman trató diversos temas como por ejemplo: cuestiones sobre sexualidad, la comunidad y la ruptura del desarrollo afectivo e intelectual, que le había interesado durante toda su vida.[6]

  • “La Comunidad de los estudiantes” (1962)

En este libro Goodman analiza cómo eran las universidades en la época medieval con el objetivo de definir su naturaleza esencial y determinar qué elementos se podían rescatar de ellas.[7]

  • “Ensayos utópicos” (1962)

En este libro Goodman propone reformar las instituciones educativas o incluso su desaparición ya que prefiere que la escuela desaparezca a que esté destinada a formar individuos abocados a contribuir a una cadena de producción.[8]

  • “La des-educación obligatoria” (1964)

Es una obra dedicada íntegramente a la enseñanza y en él, Goodman realiza una crítica de la enseñanza y ofrece una serie de medidas para mejorar la educación en el nivel elemental, secundario y universitario.

Esta será la obra en la que nos centraremos a la hora de analizar su pensamiento pedagógico.[9]

3. PENSAMIENTO PEDAGÓGICO

Tras analizar el contexto histórico y educativo en que se desarrolla su obra y tras trabajar uno de sus libros “La des-educación obligatoria” hemos podido extraer ciertas ideas que consideramos esenciales para enmarcar su pensamiento y comprender el hilo argumental del autor.

Paul Goodman fue un gran crítico del sistema, mantenía esa crítica en todos los ámbitos y la expresó mediante la defensa de los jóvenes que, descontentos, desertaban de la escuela, los llamados “drop-out” a demás de tener en cuenta al contexto familiar y social de éstos jóvenes, recurre, para explicar éste fenómeno(que en su época era uno de los principales problemas del sistema educativo) al término: “Growing Up Absurd ”, el autor describe los intentos de renovación educativa como “revoluciones inacabadas”; y es que por una parte, la educación progresiva defiende que la tradicional está fuera de lugar, pero por otra parte, todos las transformaciones que propone miran hacia el futuro mientras la sociedad no se atreve a adoptar los cambios necesarios para llevar a cabo reformas significativas. De ahí que vaya más allá de las propuestas reformistas y se aventure a apostar por la anulación de la escuela como institución; los argumentos que utiliza para afirmar la necesidad de la eliminación de la escuela son: en primer lugar, que la información que reciben de la sociedad y más concretamente de los medios y en la escuela, entra en continuo conflicto la que reciben en su entorno más cercano (códigos del lenguaje, de valores, de actitudes, etc.). Por ello propone que sean las ciudades o entornos sociales inmediatos de los adolescentes los que de manera espontánea, cumplan ésta función educativa. Habla por tanto de “la ciudad escuela”:

“Es, sobre todo, en las escuelas y a través de los medios de comunicación, y no en el hogar o a través de sus amigos, que la gran masa de nuestros ciudadanos de todas las clases aprenden que la vida es inevitablemente rutina, que está despersonalizada y que sus categorías sociales se basan en la corrupción… Educados en las escuelas, se introducen en un mismo tipo de empleo, cultura y política. Esto es la educación: des-educación, socializar de acuerdo con la normativa social y estructurar de acuerdo con las “necesidades” nacionales”.[10]

Propone 6 alternativas a la educación obligatoria:
1. defiende la abolición de la escuela para los primeros cursos de manera que las redes vecinales cumplan la función educativa.
2. utilizar la ciudad como escuela puesto que considera más útil enseñar sobre la realidad a hacerlo sobre un “abstracto” plan de estudios (modelo de educación ateniense).
3. utilizar adultos sin título.
4. asistencia no obligatoria (summerhill).
5. descentralización de la escuela localizándola en los lugares propios de la vida social.
6. enviar a los estudiantes a granjas con pocos recursos.

Defiende la educación progresiva de John Dewey: según la cual son los alumnos los que deben marcarse sus propios objetivos de manera que se sientan identificados con ellos y responsables de su consecución. El principio de Dewey según el autor es que “la buena enseñanza es aquella que conduce al estudiante a querer aprender más.”

El autor cree en la libre expresión de los alumnos al contrario que lo que genera el sistema de educación obligatoria, que no es más que la homogeneidad de pensamientos y la imposibilidad de expresar crítica alguna.

Respecto a los “drop-out”, uno de los problemas a los que se enfrentan es que una vez abandonan la escuela, se sienten engañados y socialmente presionados, el hecho de que pertenezcan a clases medias o bajas les lleva a aceptar cualquier empleo para ayudar a su familia, lo cual les complica aún más la recuperación de la idea de continuar formándose. Éste es otro de sus argumentos para la no obligatoriedad de la escuela, los alumnos deberían asistir por curiosidad y motivaciones propias, y no por una imposición incuestionable basada en un derecho universal mal enfocado.
Una de las mayores críticas sociales que el autor elabora es la de la profunda tecnologización de la sociedad con el consecuente peligro de crear una sociedad “de frívolos e inútiles consumidores. [11]. No interesa que los jóvenes se conviertan en personalidades autónomas e independientes, que encuentren su verdadera vocación ya que eso no contribuiría a alimentar la industria.

4. REPERCUSIONES

En 1960 Paul Goodman escribió respecto a su pensamiento sobre el propósito de la escuela que “Significa, en efecto, que unas cuantas grandes corporaciones obtienen el beneficio de un enorme proceso selectivo y de eliminación – todos los niños son introducidos en el molino y todos pagan por ello”.

La pregunta que nos planteamos es entonces si sería posible usar la educación ahora para crear un cuerpo de pensadores libertarios.

La sociedad tecnológica, altamente organizada y racionalizada en la cual vivimos deja poco margen al individuo e incluso a las nuevas generaciones de niños para crecer y desarrollar sus ideas personales explorar y construir su mundo propio.

Desde este intento de mejora nace movimiento de la Escuela Moderna (también conocido como el Movimiento de Escuelas Libres) el cual ha intentado en el último siglo representar esta preocupación y buscar soluciones a estas cuestiones basándose en el objetivo de conseguir un ambiente para el autodesarrollo, un espacio libre del control autoritario.

En 1936, A.S. Nelly, fundó la escuela Summerhill en Inglaterra, que se convirtió en uno de los símbolos del movimiento de escuelas libres.

A.S.Nelly dijo que “ningún hombre es lo bastante bueno como para darle a otro sus propios ideales” y afirmó que la única cura para los niños problemáticos era la libertad, proponiendo una democracia en la que la formación de organizaciones sociales partiendo de la necesidad y el deseo fuese posible, ideales compartidos por Paul Goodman.

Asimismo la Escuela Moderna de Francisco Ferrer en Barcelona fue abierta con una biblioteca desprovista de libros, pues los fundadores no pudieron encontrar textos no dogmáticos.

Un problema que se plantea en las Escuelas Libres es la posibilidad de que los individuos lleguen a aprender que es necesaria una institución que les de la libertad, lo cual va totalmente en contra de los principios de dicha escuela.[12]

Freire dijo en relación a las sociedades altamente tecnológicas que éstas están destinadas a un futuro en que la especialización en el trabajo es tan estrecha que los individuos son totalmente incapaces de pensar por sí mismos, lo que evolucionará en una sociedad completamente deshumanizada.

La idea de la educación libertaria que proponía Goodman y sus seguidores es que el aprendizaje y conocimiento deberían de estar relacionados con la vida real y práctica y no en teorías.

Una sociedad sin escuelas sería una sin instituciones de autoridad, una sociedad de auto-regulación en que las instituciones aparecerían por necesidad y para la utilidad personal.

5. CONCLUSIONES

Paul Goodman se cuestiona la utilidad de la asistencia obligatoria a la escuela.
Realizó un gran esfuerzo por comprender el origen de la crisis educativa por la que atravesaba la escuela a mediados del siglo XX.
Pretendió demostrar la eficacia de una educación fuera de la institución escolar y su importancia para el desarrollo global de las personas. Siendo ésta realizada dentro de las redes sociales naturales de los y las niños y niñas.

Para concluir este trabajo queremos expresar que la opción que plantea Goodman sobre la no obligatoriedad de la escolarización, aún siendo una utopía, podría llegar a ser muy beneficiosa puesto que hay personas que debido a su situación personal, laboral y social, no pueden adecuarse a los ritmos de la escuela normal y esto no debería ser un impedimento para que estas personas accedan a una educación.

Por otro lado, somos consientes de la importante labor que realiza la escuela en los primeros años de vida, puesto que la educación básica es imprescindible para el desarrollo personal, para establecer unos pilares sobre los que construir la vida y adquirir unos mínimos conocimientos y habilidades.

“…nuestra sociedad de la abundancia no ofrece en la actualidad muchas de las oportunidades objetivas y de los objetivos más elementales que podrían hacer posible el crecimiento.”[13]

Por otro lado, estamos totalmente de acuerdo con su idea de utilizar las redes sociales naturales para educar, ya que no hay mejor campo de aprendizaje que la realidad en la que nos encontramos inmersos. La sociedad tiene que responsabilizarse de la educación de sus jóvenes y no solo de los jóvenes sino de todos en general. Nosotras al igual que Goodman apoyamos la búsqueda de un mundo en el que la educación forme parte de todo y no solo de la escuela, un mundo donde aprender forme parte de la rutina diaria y donde el gusto por el saber y la curiosidad por conocer cosas nuevas sea la motivación para seguir subiendo los escalones hacia la felicidad y la realización personal.

6. BIBLIOGRAFÍA:

– ENICLOPEDIA AREAS. Ediciones Nauta, S.A., Barcelona.

– ENCILOPEDIA ASURI. ASURI EDICIONES, S.A., Bilbao

– Del Pozo Andrés, M.M. (2004), Teorías e instituciones contemporáneas de educación. Madrid: Biblioteca Nueva

– Goodman, P. (1964) La des-educación obligatoria. Barcelona: ed. Fontenella.

·- EL PAÍS martes 29 de marzo

·- Goodman, P. (1960) Growing up absurd. Nueva York, Random House.

· UNESCO:Oficina Internacional de Educación, 1999, Paul Goodman (1911-1972), Edgar Z. Friedenberg

· http://gestaltnet.net/fondo/articulos/la-naturaleza-cura-los-ensayos-pedagogicos-de-paul-goodman

· http://eduso.files.wordpress.com/2008/06/todos_los_autores.pdf

· http://www.obelen.es/upload/313J.pdf

· http://formadores-ocupacionales.blogspot.com/2009/09/la-des-educacion-obligatoria

· http://www.cedap.assis.unesp.br/cantolibertario/textos/0142.html

Notas.

[1] ENCILOPEDIA AREAS. Ediciones Nauta, S.A., Barcelona pp. 236, 237 y 238.

[2] ENCILOPEDIA ASURI. ASURI EDICIONES, S.A., Bilbao, pp. 2157, 2158

[3] Artículo publicado en EL PAÍS martes 29 de marzo

[3] Del Pozo Andrés, M.M. (2004), Teorías e instituciones contemporáneas de educación. Madrid: Biblioteca Nueva

[4] UNESCO: Oficina Internacional de Educación, 1999

[5]http://gestaltnet.net/fondo/articulos/la-naturaleza-cura-los-ensayos-pedagogicos-de-paul- goodman

[6] http://eduso.files.wordpress.com/2008/06/todos_los_autores.pdf

[7] http://www.obelen.es/upload/313J.pdf

[8] http://formadores-ocupacionales.blogspot.com/2009/09/la-des-educacion-obligatoria-paul.html
[9] Goodman, P. (1964) La des-educación obligatoria. Barcelona: ed. Fontenella. P 23

[10] http://www.cedap.assis.unesp.br/cantolibertario/textos/0142.html

[11] Goodman, P. (1960) Growing up absurd. Nueva York, Random House.

 

Paul Goodman (1911-1972); un autor pionero en la pedagogía crítica de los EE.UU.

Publicado por Jon Igelmo Zaldívar el 15 julio, 2008

Paul Goodman nació en la ciudad de Nueva York en 1911, y falleció en 1972 de un ataque al corazón . Criado en un ambiente pequeño burgués, desde muy pronto demostró una gran capacidad para el estudio de temáticas diversas y una destacada habilidad para escribir desde poesía, cuentos o teatro, hasta ensayo, novela o crítica literaria. Dedicado a sus estudios en la Universidad de Chicago, su obra no adquirió un notable compromiso con las corrientes de pensamiento libertario hasta bien entrada la década de los años cuarenta. Es más, su fama como icono de la contracultura estadounidense no fue tal hasta varias décadas después, ya en los sesenta. Años en los que Goodman concibió sus ensayos de carácter más pedagógico.

Paul Goodman 1911-1972

Paul Goodman 1911-1972

 Sin embargo, veinte años antes ya su producción intelectual dejó obras de gran calado. Entre 1942 y 1959 escribió por entregas la novela La ciudad del imperio, y en 1949 publicó junto con su hermano arquitecto una obra que hoy es considerada como un hito de la literatura urbanística: Comunitas: Means of Llivelihood and Ways of Live. Luego, ya en la década de los cincuenta, a la vez que realizó intentos por alcanzar una plaza en alguna universidad norteamericana, colaboró junto con Laura Perls y Ralph Hefferline en una de las obras más destacadas de la psicología Gestalt, Terapia Gestalt en 1951.

Pero el nombre de Goodman no alcanzó una repercusión importante en la comunidad intelectual hasta que iniciada la década de los sesenta publicó lo que se consideran sus tres grandes ensayos sobre educación: El crecimiento absurdo, La comunidad de los escolares y La deseducación obligatoria. En esta trilogía educativa Goodman intentó dar respuesta a la cuestión sobre la que giró su pensamiento pedagógico (La deseducación obligatoria, 1973, p. 65 Editorial Fontanella): “¿Merece la pena el penoso esfuerzo de años de asistencia a una escuela sin valor alguno intrínseco y plenamente descorazonadora?”. Inspirado en la filosofía de John Dewey, en su teoría de la experiencia personal y de la vida de la comunidad, abordó el problema de la educación sin complejos consiguiendo despertar a la aletargada comunidad pedagógica norteamericana.

Así, bien podría decirse que este autor neoyorquino, nada más iniciar la década de los sesenta, había conseguido abrir la crítica radical de la escuela. Sus tres principales trabajos vinculados con el campo de la educación no tardaron en encontrar un respaldo entre las principales figuras de la pedagogía crítica radical norteamericana. Con un estilo poco complaciente con las políticas educativas que se estaban llevando a cabo en los EEUU, Goodman no dudó en plantear lo dos grandes riesgos que se derivaban de un modelo de educación encerrado en los grandes sistema escolares. Por una parte se corría el riesgo de que se encumbrara un fascismo absolutista de derecha como consecuencia de la tímida actuación de los poderes constituidos ante el avance del nuevo totalitarismo escolar. Y por otra, el peligro de que quedara establecida una “casta monacal educativa” fruto de la uniformación y lavado de cerebro progresivo ejercido sobre los individuos en la escuela.

Asimismo, Goodman realizó un esfuerzo por alcanzar la raíz de la crisis educativa que vivían las instituciones escolares. Lo que le llevó a cuestionarse, en un primer momento, la utilidad de la obligatoria asistencia a la escuela y la posibilidad de abrir nuevos espacios que hicieran la función de medios educativos. Entendía que la educación era una función natural que acontecía inevitablemente, dado que los jóvenes se desarrollaban sobre la base de sus mayores, en dirección a sus mismas actividades y adentrándose o enfrentándose a sus instituciones. Y creía que la escuela en este proceso no era más que un auxiliar inevitable, lo cual podía llevar al error de pensar que la escuela tuviera algo que ver con la educación, o mejor dicho, con la buena educación (Paul Goodman, Ibíd.,p. 23).          

Inmerso en este proceso de análisis sin tapujos de las instituciones escolares, Goodman (Ibíd., p. 24) lanzó sus análisis más contundentes al estudiar el rol social que las escuelas desempeñaban dentro de las sociedades modernas:

En el plano de la organización las escuelas juegan un papel no-educativo y un papel educativo. El no educativo posee una importancia extrema. En sus primeras fases, las escuelas no son más que un servicio de guardería infantil durante un periodo de colapso de la familia configurada al estilo de antaño y durante una época de extrema urbanización y movilidad urbana. En sus grados medios y superior son un auxiliar de la policía al proporcionar agentes y campos de concentración subvencionados en el presupuesto bajo el epígrafe de “Departamento de Educación”. La función educativa estriba en conjunto en suministrar, con cargo al presupuesto público y familiar, formación profesional para las distintas empresas, para el gobierno y para la misma profesión de enseñante, así como disciplinar a los jóvenes.  

Además, para Goodman, en las escuelas era donde los niños y los jóvenes aprendían que la vida es rutina, que estaba despersonalizada y que era mejor hacer lo que estaba mandado y cerrar la boca. Porque la escuela lejos de educar deseducaba. Dentro del espacio escolar no había lugar para la espontaneidad, la sexualidad abierta y el espíritu libre, ya que la socialización que se daba en las escuelas dependía de la normativa nacional. En el momento que cualquier aprendizaje quedaba encerrado dentro de una asignatura se convertía en una técnica y no en un contenido propio.

Aunque también de los trabajos de Goodman se desprende una línea propositiva. Así, para una reestructuración de la educación organizada, pensaba que era necesario no tener a los jóvenes tantos años en la escuela, y menos aún en la escuela superior. Era preciso, construir espacios libres donde cada quien tuviera la libertad de escoger entre asistir a clase o no hacerlo en absoluto. En consecuencia, Goodman situaría explícitamente su propuesta más próxima a las tesis de Neill que a las de Dewey. Sus intentos por pensar otra forma de organizar la educación más allá de cierto aire trasgresor, derivaron también en un tono provocador (Ibíd. p. 75):

Por ello, las oportunidades educativas deben ser diversas y diversamente administradas. Debemos reducir más bien que extender el sistema escolar monolítico actual. Yo sugeriría que, siguiendo el modelo del Ejército, hagamos la experiencia de entregar el dinero directamente a los adolescentes en edad de asistir a la escuela superior, para que lo apliquen a cualquier finalidad educativa plausible que ellos mismos hayan escogido, tales como un viaje con un objetivo útil o un proyecto individual. Esto conduciría también, naturalmente, a una proliferación de escuelas experimentales.

 En su libro La des-educación obligatoria, para el caso concreto de la educación universitaria, apostó por dos alternativas para superar esta crisis evidente de la educación. Por una parte, exigir como requisito previo a la admisión el haber dedicado un período de dos años, después de finalizar la escuela superior, a una actividad adulta. Y por otro, la eliminación del sistema de evaluación de los alumnos en función de las calificaciones, puesto que: “Si uno es capaz de establecer en los estudiantes la convicción de que se está examinando, no para calificar y hacer odiosas comparaciones, sino para su propio bien, el estudiante buscará generalmente su propio nivel, aquella cuya dificultad le suponga un acicate, pero para el que se sienta capaz, y no intentará pasar fraudulentamente” (La des-educación obligatoria, 1964, p. 153).

 Al mismo tiempo que su radical concepto de la educación institucional encontró espacio en el debate académico, su libro autobiográfico titulado Cinco años lo introdujo en una nueva polémica como consecuencia de su declarada homosexualidad. En este tiempo fue despedido de varios trabajos y se vio obligado a renunciar a algunas de sus colaboraciones en editoriales. Aunque con su declaración consiguió adelantarse al movimiento “Gay” que poco tiempo después vería la luz en las grandes ciudades norteamericanas. Desde entonces Goodman no dudó en presentar sus orientaciones sexuales con naturalidad. 

Como señala su colega Edgar Friedenberg (Paul Goodman (1911-1971), 1993, p. 628):

Su influencia ha sido reconocida con frecuencia. Su observación del destino de los jóvenes en la sociedad fue profética y premonitoria, y su influencia en los debates sobre educación, pero no en la práctica de la enseñanza, fue profunda. (…) Hasta que se publicó la obra de Illich La sociedad desescolarizada (1971), un año antes de morir Goodman, éste era a la vez el principal iconoclasta e icono de los críticos izquierdistas de educación.

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