Josep Peirats i Valls (Vida y obra)

Josep Peirats i Valls (1908 – 1989) nacio el 15 de marzo de 1908, Vall de Uxó, Castellón, (España) y murió el 20 de agosto de 1989, Burriana , Comunidad Valenciana (España)

Fue un sindicalista español, militante de la Confederación Nacional del Trabajo. Usó el pseudónimo de Jazmín Fraternal Lux. Siendo niño emigró junto a su familia a Hospitalet de Llobregat, provincia de Barcelona. Comenzó a trabajar como ladrillero a la edad de ocho años y se afilió a la CNT con catorce, en 1922. Su actividad militante y sus colaboraciones con los periódicos anarcosindicalistas le hicieron sufrir la represión durante la Dictadura de Primo de Rivera, en 1927. En 1932 ingresó en las Juventudes Libertarias, donde se enfrentó con los sectores más radicales de la CNT-FAI, especialmente con el grupo Los Solidarios. Redactor de Solidaridad Obrera, órgano de la CNT, en 1934, fue delegado al histórico IV Congreso Confederal de la CNT, celebrado en Zaragoza en mayo de 1936 representando a Hospitalet. El 19 de julio de 1936, durante la contraofensiva frente al golpe de Estado del 18 de julio, participó en el asalto del cuartel del Bruc. Vencidos los insurgentes, se alistó como voluntario en la Columna Durruti, con la que partió al frente de Aragón. Fue muy crítico con la participación de la CNT en los gobiernos republicanos.

Exiliado junto a su división tras el final de la Guerra Civil en 1939, fue internado en el campo de internamiento de Vernet d’Ariège y en el campo de concentración Cognac. A finales de ese año embarcó hacia Santo Domingo, y más tarde se exilió en Ecuador, Panamá y Venezuela. En 1947 fue nombrado secretario de la CNT-MLE en el exilio y entró clandestinamente en España para asistir a una reunión junto a las Juventudes Libertarias en Madrid. Más tarde es estableció en Francia, donde ocupó en dos ocasiones el cargo de secretario general de la CNT. Colaboró con numerosas publicaciones anarquistas y es autor de una notable bibliografía sobre el anarquismo y el anarcosindicalismo, entre la cual sobresalen La CNT en la Revolución española (tres volúmenes)a y Los anarquistas en la crisis política española. En 1976 volvió a España y publicó Cipriano Mera: un anarquista en la Guerra de España y Figuras del movimiento libertario.

Escribió una autobiografía titulada De mi paso por la vida: memorias, prologada por Enric Ucelay-Da Cal en una edición de Susana Tavera y Gerard Pedret.2

Obra.

  • Anarchists in the Spanish Revolution. London : Freedom Press, 1990. ISBN 0900384530.
  • The CNT in the Spanish Revolution. ChristieBooks, Hastings, 2005: ISBN 1901172058 (vol. 1); ISBN 1873976240 (vol. 2); [2006]: ISBN 1873976291 (vol.3).
  • Emma Goldman, anarquista de ambos mundos. Biografía realizada por José Peirats con prólogo de Ignacio C. Soriano Jiménez. Editado por La Linterna Sorda, 2011. El interés y la novedad de esta excelente biografía reside en que José Peirats, con su escritura clásica y cáustica, desmenuza las tres etapas de la vida Emma: el paraíso capitalista (EE UU), el paraíso proletario (URSS), perseguida en ambos, y el paraíso español (la revolución de 1936-1939). Es el único libro escrito en castellano que ahonda en las vivencias y la implicación de Emma Goldman con el pueblo español: su lucha contra el fascismo, la guerra y la revolución social, las colectividades agrícolas, de producción y consumo, Mujeres Libres, o el efímero y contradictorio paso de los anarquistas por el Gobierno republicano. ISBN 9788493827304

Notas.

  1. Comenzó a escribir La CNT en la Revolución española a caballo entre 1949 y 1950, finalizándola en 1953; la obra se publicaría en tres volúmenes.1

Referencias.

  1. Tavera García, 2002, p. 17.
  2. Gutiérrez, 2009, pp. 90-92.

Bibliografía.

 

José Peirats, militante anarquista y escritor

PeiratsJosé Peirats (1908-1989) perteneció a una generación de militantes anarquistas sobre los que recayó el peso de llevar a cabo la revolución social, y destacó además como notable escritor y excelente historiador. A los ocho años comenzaría ya a trabajar, para militar ya en los sindicatos a partir de los quince años. Durante la Dictadura de Primo de Rivera, tiempo en el que era ya oficial ladrillero, aprovechó para leer y cultivarse. Muy pronto se convertiría en un activo militante ácrata, además de lanzarse  a escribir numerosos artículos e incluso algún drama social; en 1934, era ya redactor del diario Solidaridad Obrera donde le abrió las puertas el también escritor anarquista Felipe Aláiz. También acabo formando parte de las redacción de Acracia y de Ruta, además de publicar en muchos otros medios durante los tres años de conflicto civil; pasó por diversos oficios y conoció también la cárcel. Después de la guerra civil, se exilió en América después de pasar por los campos de concentración de Ariège y Gognac; fue la policía francesa, tan bestia como en cualquier otro país, la que le produjo secuelas después de brutales palizas. No obstante, gozó de una relativa buena salud gracias a los cuidados de su compañera Gracia Ventura y pudo dedicarse al estudio y confección de textos. Peirats se convertirá en una referencia indiscutible para todos los que han querido adentrarse en el estudio de la guerra y revolución españolas; numerosos historiadores, nacionales y extranjeros, acudieron a él para documentarse, aunque luego parece ser que no todos han sabido estar a la altura del trato recibido. Hablamos de otra figura anarquista que fue un ejemplo de coherencia ideológica, con una innegable altura moral, que merece la pena ser recordada a través de su memoria y sus textos.

El talento literario de Peirats fue eclosionando al mismo tiempo que destacaba su militancia en la Confederación Nacional del Trabajo, sin olvidar que antes ya estuvo en las Juventudes LIbertarias de Cataluña y que también militó en la Federación Anarquista Ibérica. De su periplo en el nuevo continente surgió la que considera su mejor obra, Estampas del exilio en América, recopilación de artículos escritos en Venezuela, publicada por Ediciones CNT de París en 1950. Gracias a esta obra, con tintes autobiográficos, puede saberse de la vida de Peirats en América. Su experiencia americana duró ocho años, para pasar a Francia en 1947 como delegado del Congreso del Movimiento Libertario Español y ser poco después nombrado Secretario General; con esa cargo, se atreverá incluso a pasar a la cruel España franquista para formar parte de un pleno clandestino en Madrid. Su obra más monumental, compuesta de tres tomos, La CNT en la Revolución Española, será completada en 1953 después de emplear en ella tres años y sin descuidar ninguna de sus otras ocupaciones como militante. Si a Nettlau se le consideraba el “Herodoto de la anarquía”, para Peirats se le reservó el sobrenombre de “Herodoto de la CNT”. Tal y como dijo el también escritor Heleno Saña: “Nadie pondrá en duda, a estas alturas, que José Peirats es el historiador más solvente, autorizado y brillante del movimiento anarcosindicalista español” (Sindicalismo, marzo de 1977); escribirá también Eduardo Guzmán: “La obra fundamental suya es La CNT en la Revolución Española, a la que de una manera han de recurrir -lo confiesen o no- cuantos comentaristas e historiadores traten de nuestras contiendas civiles en el siglo XX” (Triunfo, 21 de agosto de 1976). El propio Peirats, en un prólogo para la segunda edición de la obra, reconocerá que se trata de una obra partidaria, ya que “solamente pueden ser objetivos quienes vieron la guerra civil española a través de las fichas bibliográficas”. Después de acabar su ciclópea obra, Peirats dedicará gran parte de su tiempo a escribir en el periódico CNT, siendo tan numerosos los artículos que utilizará algún que otro seudónimo como John Rainbow o Sertorio. Además, se sucedieron las conferencias, mítines y colaboraciones en la prensa libertaria.

Otra obra destacable, al margen de los artículos, será La Sión Hispánica, que comenzó a publicar en 1961 en la revista Cenit. Su pasión por la historia de España, con la influencia en ella de árabes y judíos, junto a cierta obsesión por unos posibles orígenes semitas en su familia, le empujó a escribir esta obra. El talante e inteligencia de Peirats quedará de manifiesto en la gestación de su siguiente libro, una de las obras a las que dedicará más tiempo, al fijarse en una destacada mujer anarquista como fue Emma Goldman, cuya importancia se agrandó con el paso del tiempo; la edición definitiva la llevará a cabo Campo abierto en 1978 con el título Emma Goldman. Anarquista de ambos mundos (en referencia a la persecución de que fue objeto tanto en Estados Unidos como en la Unión Soviética). La reproducción de los títulos de Peirats escrito a lo largo de su existencia trasciende este espacio.  En 1976, tras la muerte de Franco, Peirata cruzará los Pirineos para encontrarse con una emotiva acogida; en la Estación de Francia de Barcelona, cuando bajó del tren se reunió con multitud de admiradores y lectores suyos, los cuales se lanzaron a cantar de forma espontánea “A las barricadas” e “Hijos del pueblo”. Siguió participando de forma muy activa en jornadas libertarias y escribiendo incontables artículos. En 1978, se publica también Figuras del movimiento libertario español por parte de Ediciones Picazo, en cuya introducción Peirats señala que se trata de una recopilación de trabajos “escritos en tiempos distantes e insertos en diversas publicaciones”, aunque también se incluye material inédito; en este libro, escribe sobre destacados anarquistas como Anselmo Lorenzo, Felipe Aláiz, Eusebio C. Carbó, Ángel Pestaña, Manuel Buenacasa, Salvador Seguí, Orobón Fernández, Juan Peiró, Durruti o Ascaso, sin olvidar a otros menos conocidos como Vicente Mari, Pedro Mora o Luis Blanco, pero igualmente importantes y combativos. En ese tiempo, Peirats ha cumplido ya 70 años y, a pesar de sus problemas de corazón, pero seguirá produciendo escritos de manera notable. Como dijimos con anterioridad, lo que caracterizó a esta figura anarquista, además de su importante producción literaria, fue su rectitud moral y su consecuencia militante. En otra entrada, hablaremos de sus memorias como experiencia histórica del pensamiento libertario.

En la libreria LaMalatesta, puede encontrarse el siguiente material de o sobre Peirats:
-La imprescindible La CNT en la Revolución Española (3 tomos), edición de Madre Tierra.
-Revista Anthropos núm.102 dedicada a José Peirats Valls.
-Suplemento Anthropos núm.18, que reproduce parte de las memorias de Peirats y una selección de artículos breves.
De mi paso por la vida, las memorias completas de José Peirats, publicadas por Flor del Viento.
La Semana Trágica y otros relatos, de José Peirats Valls., de Madre Tierra
Los anarquistas en la crisis política española (1869-1939), de José Peirats Valls, edición de Utopía Libertaria.

Capi Vidal
http://reflexionesdesdeanarres.blogspot.com.es/
 
 

Entrevista con José Peirats

Josep Alemany

Esta entrevista tuvo lugar en Barcelona, en el piso de la Carretera de Collblanc, donde desde antes de la guerra había residido la familia Peirats. Parte de esta entrevista fue publicada en: Catalunya. Revista d’Opinió Confederal. CNT AIT, Época II, mayo 1977, nº 4, pp. 12-24. El resto, aproximadamente la mitad, ha permanecido inédita hasta hoy.

La redacción de Anthropos ha traducido al castellano el texto original en catalán, así como, con autorización del autor, ha reestructurado el orden original de la entrevista para facilitar una reagrupación temática de las diversas cuestiones tratadas.

Primeramente se han reunido las cuestiones más directamente autobiográficas y las que expresan algunas de sus ideas fundamentales; en un segundo momento encontrará el lector la opinión y el testimonio de José Peirats sobre temas más diversos y concretos.

¿Cuál era el clima ideológico de tu juventud y como os formabais y actuabais los jóvenes?

En mi clima ideológico hay muchas fases pero con una orientación congruente hacia el anarquismo. En mi familia ha habido socialistas y republicanos e incluso anarquistas. Ninguno de ellos ha podido influenciarme directamente. Pero les debo mi afición por la lectura desde muy joven, desde la preadolescencia. El resto vino después. Yo me considero de la generación de Primo de Rivera. En aquella época hice amigos serios, con verdadero hambre de lectura. Nuestros autores preferidos, antes de llegar a los barbudos de la anarquía, fueron los famosos novelistas franceses del siglo pasado. Nunca jamás ha habido veleidades marxistas en mi vida. Pero estudié a fondo el marxismo, en referencia al anarquismo, que ya había conquistado mi corazón. Pese a que ingresé de muy joven en la organización confederal siempre me sedujeron más las actividades culturales: escuelas racionalistas, ateneos (el de La Torrassa L’Hospitalet lo fundé yo) y las juventudes libertarias. Este fue mi contexto ideológico. La FAI vino luego aunque de hecho nunca me sentí a gusto en ella, ya que no hacía planteamientos propiamente anarquistas. La FAI era, antes que nada, una organización revolucionaria que se decía anarquista.

¿Cuál ha sido tu actuación en el movimiento libertario?

Empecé mi actuación colaborando con los compañeros ladrilleros. Me inicié escribiendo en su Boletín. Desde aquel momento me inicié como escritor. En el Ateneu de La Torrassa hacía de maestro por las noches y actuaba en las representaciones teatrales. Como sindicalista intervine en la organización de huelgas, boicots y sabotajes. Si era necesario llevaba la pistolita en el bolsillo, aunque nunca he disparado contra nadie. Era la moda de entonces. Ya he hablado de mi paso por las Juventudes Libertarias y los grupos anarquistas. ¿Qué más? Ah, fui dos años redactor de Solidaridad Obrera, periódico confederal de Barcelona, y colaborador en innumerables publicaciones. De mis libros no quiero hablar.

¿Cuál era la orientación y el tipo de lector a quién iban dirigidas las diversas publicaciones libertarias?

He de reconocer que nuestras publicaciones eran en general de andar por casa a excepción de Estudios (Generación Consciente) de Valencia. No se nos ocurría la forma de escribir para el gran público. Nuestra prensa era principalmente de combate y tenía mucho de sectaria y demagógica. Esto nos hizo mucho daño. Fue una desgracia perder la tradición de escribir en catalán. Los castellano parlantes nos dominaban.

Creo que esta laguna hizo que se nos escapara el campesinado catalán, que servimos en bandeja a los políticos de la Esquerra. Esta es una lección de la que deberíamos acordarnos.

¿Podrías hablar un poco sobre la experiencia de las Colectivizaciones?

La experiencia colectivista se explica si se lee toda la prensa libertaria anterior al 19 de julio: la campaña de Isaac Puente con su célebre folleto El comunismo libertario, los artículos de Carbó en Estudios de Valencia, la aportación de Martínez Rizo, aunque no era anarquista… En síntesis, había un grupo de gente que se atrevía a prefigurar un futuro comunista libertario. En aquel momento iba cuajando un ambiente propicio de reflexión sobre como estructurar el futuro. Aquello fue calando en la gente y cuando llegó el 19 de julio lo pusimos en práctica, sin orden de ningún comité. Hay una cosa que sabe muy poca gente y es que no hubo ninguna orden… yo he mirado con lupa la documentación de aquel tiempo y no he hallado ninguna orden de un comité confederal (me refiero a Federaciones Locales, Regionales o Nacionales, no a comités de sindicatos, de base…), ninguna orden que dé una consigna para que se hagan colectivizaciones.

Las colectivizaciones nacen espontáneamente por parte de los trabajadores. Por dos motivos: primero, porque quieren hacerlas; segundo, porque los burgueses, huyendo, les han facilitado el terreno. Ya sabes que cuando alguien abre un nuevo camino todos le imitan; el colectivismo se fue ampliando y se convirtió en una realidad.

Ahora bien, entrar a estudiar este colectivismo de una forma metódica, yo creo que es un trabajo que aún no se ha hecho, porque faltan muchos elementos de juicio. La revolución se hace de una forma y luego vienen los historiadores y la estudian. Quien hace la revolución, no la escribe, la hace. Este es el inconveniente con qué nos encontramos. Ahora es el momento de realizar este trabajo, de reunir todos los elementos de juicio que podamos sobre aquellos tiempos.

Se buscan testimonios; la gente anda loca buscando documentos. Vienen y me dicen: «¿Dónde podemos encontrar … ?». Hay quién se interesa por la obra pedagógica de la revolución… Todos hablan de Ferrer y de la Escola Moderna. Raramente se habla de cómo estaba estructurado el «Comité de I’Escola Nova Unificada».

Antes de la guerra, los sindicatos, los ateneos libertarios, y también algún particular, fomentaban, y patrocinaban en algunos casos, las denominadas escuelas racionalistas inspiradas en la pedagogía de Francesc Ferrer. Existía la coeducación sin dogmas religiosos u oficiales de ningún tipo, y la enseñanza era lo más científica posible. Estas escuelas fueron reconocidas oficialmente cuando nació el CENU y sus maestros consiguieron el título del que muchos carecían.

¿Milicias o ejército popular? ¿Estaba bien planteado el dilema: guerra o revolución?

Toda revolución es una guerra y toda guerra es contrarrevolucionaria. Este principio nos llevaría a maldecir la revolución. Por otra parte, la guerra puede sernos impuesta. Sólo conozco dos maneras de hacer la guerra: por frentes continuos o a base de guerrillas. Éstas van más con el temperamento español. En una guerra de frente continuo, el ejército más perfecto es el que gana. Desde este punto de vista fue un error aceptar la guerra clásica. Mejor hubiera resultado la guerrilla. En la época de la aviación, tiene sus inconvenientes, pero es la única manera de dislocar a un ejército mejor organizado. La guerrilla primero cede terreno y luego ataca por sorpresa. Pero es necesaria una preparación. La CNT y la FAI no entrenaron a su gente para la guerrilla sino para la lucha de barricadas en las poblaciones pequeñas o grandes. Fue un error de nuestros estrategas.

¿Guerra o Revolución?

Las dos cosas. Si se hace la guerra contra la revolución, el miliciano o el soldado politizado sabe que no habrá revolución y por ello flaquea en el combate. En nuestro caso, la contrarrevolución en la retaguardia fue uno de los factores principales de la derrota.

¿Cuál es el balance de la actuación durante los años de exilio?

Pese a los numerosos enfrentamientos, conflictos y divisiones, en lo que se refiere a la CNT, creo que, teniendo en cuenta los cuarenta años de alejamiento de la tierra que nos vio nacer, nuestra emigración puede ofrecer un balance positivo a nivel de tareas culturales y otros. Nunca han dejado de publicarse periódicos, folletos, revistas y libros, algunos de éstos incluso originales. Por otra parte, allí hemos dejado hijos y nietos que ya no serán españoles pero que se han ubicado en todas las clases y profesiones de los países del mundo entero que nos acogieron. Aún es pronto para que esta descendencia deje sentir su influencia en tantos países. Pero en Francia ya se notó cuando los hechos de mayo del 68. Yo creo que sin tener en cuenta la diáspora judía, nuestro caso será uno de los más significativos de la historia de las emigraciones.

Considerando la evolución del sindicalismo moderno, que se ha convertido en un instrumento de integración en el sistema y ha originado una burocracia que controla a los trabajadores, ¿hasta qué punto los conceptos de anarquismo y de sindicalismo son antitéticos?

Este tema ha sido siempre polémico y probablemente continuará siéndolo. Me acuerdo muy bien, cuando yo hacía de anarquista, hacia el año 27 28: las cuestiones societarias las aceptábamos porque no existían otras. En nuestros discursos en las asambleas de ladrilleros, por ejemplo, hablábamos siempre de Rousseau, de Han Ryner, de Voltaire y de los clásicos revolucionarios rusos. Y los ladrilleros, con los ojos en blanco, nos decían: «¡Bien, a ver cuándo termináis!». Les largábamos este tipo de discursos. El boletín que publicábamos era del mismo estilo. Quiero decir con esto que, a un joven, todo lo que le suene a sindicato, economía, industria…. le resulta extraño. Estos temas parecen más propios de gente más reposada que no de gente romántica, hecha para la acción. Pero en la historia del anarquismo siempre han existido ambas tendencias. La de los anarquistas que antes denominábamos viejos anarquistas; estoy refiriéndome a principios de siglo, allá por los años 5, 6, 7 e incluso antes, cuando la célebre huelga de los metalúrgicos de 1902. En aquel tiempo surgió el grupo de «Tierra y Libertad», que eran los irreductibles, los que no querían ni oír hablar de sindicatos, que se proclamaban anarquistas íntegros, puros y específicos y no sé cuántas cosas más. Estaban también los sindicalistas, los anarco sindicalistas, influenciados hasta cierto punto por la CGT francesa, que entonces era anarcosindicalista. Estos tendían a ocuparse de los problemas de tipo sindical, siempre tan salvajes.

En el libro de Xavier Quadrat Socialismo y Anarquismo en Catalunya. Los orígenes de la CNT, se habla de la organización «Solidaridad Obrera», que se constituyó formalmente en 1907, pero que parece ser que funcionaba realmente desde 1904. Aquella organización, con el transcurrir de los años, se convirtió en la CNT. En su seno existían dos tendencias: socialistas y anarquistas. Los socialistas…

¿Socialistas marxistas?

Sí, así se proclamaban. Son los socialistas de Pablo Iglesias. La UGT nació en 1888 en Barcelona, posteriormente se organizó «Solidaridad Obrera», como comentaba. Y esto es lo que se pregunta el lector del libro de X. Quadrat: ¿cómo es posible que habiendo socialistas dentro de Solidaridad Obrera, el autor les conceda tanta o más importancia que a los anarquistas, y por contra no se plantee porqué estos socialistas catalanes no engrosaban las filas de la UGT? Da como excusa -mejor dicho, argumenta, pues se trata de un libro muy documentado– que la razón de ello era el centralismo de Pablo Iglesias, que vivía en Madrid, y veía todas las cosas desde el punto de vista del centro, y aquí los socialistas catalanes tenían otra mentalidad, y preferían estar en «Solidaridad Obrera» antes que en la UGT.

Tú eres de los que creen que la entrada de la CNT en el gobierno y en el Estado republicanos fue perniciosa para el Movimiento Libertario. No obstante, ¿hasta qué punto la burocratización y el autoritarismo que gangrenaron la CNT no hicieron más que poner de relieve una tendencia y unos hechos que ya existían previamente?

Evidentemente, las cosas nunca se producen por generación espontánea. Me acuerdo que antes de estallar el movimiento, yo ya había criticado determinadas tendencias veladamente favorables a cierta colaboración con los políticos. Y como yo, Carbó (con Carbó tirábamos un periódico denominado Más Lejos). Yo incluso publiqué un artículo contra García Oliver, al que reprochaba unas declaraciones en las que se manifestaba partidario de la toma del poder. Este artículo mío fue llevado al Congreso de Zaragoza. El sindicato de la piel de Barcelona me hizo una impugnación: «Impugnamos al delegado de L’Hospitalet». «Bien, a ver, ¿por qué? Explícamelo. » «Pues, ¡por esto! » Y leyó el artículo. El Congreso se partió de risa. El propio García Oliver salió a la palestra y dijo: «Por favor, compañeros, basta de hacer el ridículo». García Oliver ya se había manifestado, en aquellos tiempos, partidario de ir a la conquista del poder; a ello, nosotros (los pieles rojas, podríamos decir) lo llamábamos anarco bolchevismo. Es decir, esta tendencia existía claramente. Y ello por no hablar de los deslices que ya se habían evidenciado en el sector de los reformistas, en el de los trentistas, de los que hicieron la escisión (bien, la escisión no sé quién la produjo; entre todos, seguramente). De hecho, lo que ocurría es que allí había muchas tendencias que muy a menudo eran desmentidas, pero finalmente estas negaciones no convencían a nadie, como en el caso de Pestaña, Juan López…, a quiénes se notaba que tenían un cierto compromiso con las autoridades, especialmente en Catalunya.

Por todo ello, he empezado diciendo que las cosas no se producen por generación espontánea. Todo movimiento tiene sus antecedentes… El anarquismo, al fin y al cabo, es un movimiento de hombres, y los hombres somos complejos y tenemos nuestros desfallecimientos.

Hay gente (esto lo dicen sobretodo algunos críticos del sindicalismo como Richards, C. Semprún … ) que afirma que el hecho de que la CNT entrase en el poder y aceptara -al menos una parte de la CNT – la disciplina autoritaria, era debido no sólo a que ya anteriormente se producían tendencias autoritarias dentro de los sindicatos, sino también al hecho mismo del sindicalismo.

Esto es enfocar las cosas de una forma muy particular. Es mirar los defectos y no las virtudes. Si bien es cierto lo que comentas, también existía lo contrario. Había gente que lo habría dado todo por las ideas. Eran tan suspicaces que condenaban a cualquiera, como si hicieran procesos de intención. Y en ocasiones la consecuencia de esta actitud era que realmente empujaban al individuo precisamente hacia allí donde le acusaban de ir. Este es el caso de Medína González, un andaluz que hizo un folleto y que escribió unos cuantos artículos algo dudosos. Todo el mundo se le echó encima y creo que este muchacho al final acabó en manos de los comunistas. Otro ejemplo es lo ocurrido con Sender. Sender no encontró acogida entre nosotros. Colaboró con Solidaridad Obrera, durante más de un año fue su redactor corresponsal en Madrid; y justo en el momento en que la redacción de los moderados, que encabezaba Peiró, fue barrida por la oleada de los extremistas, liderada por Felipe Alaiz, lo primero que éste hizo fue romper sus artículos. Alaiz ha sido un gran escritor, un individuo que ha aportado mucha luz; de hecho yo, hasta cierto punto, soy discípulo suyo. Pero no por ello dejo de percibir los muchos defectos que tenía, en el sentido de que ponía a alguien en lo alto, y luego lo hundía.

En aquellos años había una gran inquietud por los problemas concretos. Existía una tendencia maximalista por la acción, un poco bakuniniana si quieres, que afirmaba que la destrucción llevaría a la construcción. Y al mismo tiempo, había los que decían «no, es necesario que de la revolución que nosotros vamos a hacer tengamos una idea y un diseño lo más aproximado posible». Por esto surgió Isaac Puente. El propio Carbó hizo una serie de artículos futuristas. Y también Higinio Noja Ruiz, una de las mejores plumas anarquistas de los años treinta. Era el alma de la revista Estudios. Es el único anarquista de aquella época que escribió novelas para el gran público. Se preocupaba por los problemas de tipo económico de orden constructivo, e igual era novelista que articulista, que crítico de arte.

Así pues, todas estas tendencias ya existían antes de la guerra.

¿Qué lecciones sacas pues de la participación de la CNT en el poder?

Catastróficas, rotundamente catastróficas, ya que la CNT se embarcó en un problema desgarrador. La CNT no estaba en condiciones de salir de su propio terreno y colocarse en otro lleno de trampas y engaños. La CNT no podía adaptarse en un mes ni en dos años ni en cuatro, no podía hacer esta evolución, esta involución de tipo político, caciquil, de trampa y cartón. Esto no lo podía hacer.

En primer lugar, porque chocaba con su psicología; en segundo lugar, porque no podía desarrollar una tarea de autorreeducación para convertirse aceleradamente en una organización política, con todos los requisitos, como lo eran las demás. Todo esto suponiendo que la CNT estuviera en el buen camino, -que yo creo que estaba en el malo–. La CNT no podía, ni desde el punto de vista táctico ni desde el punto de vista de principio, aceptar la colaboración ilimitada. La CNT podría haber hecho una colaboración limitada, sin necesidad de tener que vestir de payaso a sus militantes y hacerlos sentarse en las poltronas, y pasearles cual espectros por los pasillos oficiales.

La CNT habría podido hacer un trabajo muy positivo sin moverse de su propio terreno, que era el de los sindicatos, la economía; este último factor decisivo en la guerra y en la revolución.

Y saliendo de este terreno no solamente salió de su casa sino que además se vio obligada a combatir a sus propios compañeros. Baste recordar aquellos discursos de los marxistas en que se ponía de vuelta y media a todos los que nos atrevíamos a mantenernos en una posición clásica.

Es decir, que sin extremismos, sin hacer de niño terrible, sin encerrarnos en una posición intransigente al cien por cien desde el punto de vista filosófico, la CNT, con la palanca económica en sus manos, con las colectividades, y con tantas cosas que tenía a su alrededor, habría podido haber hecho una oposición eficaz, mientras que del otro modo los contrarios consiguieron matar la oposición de la CNT y volver contra sí misma el arma confederal. En conclusión, la participación en el gobierno fue negativa desde todos los puntos de vista.

Federica ahora dice que las cosas no se podían haber hecho de otra manera. Esto significa que en una situación igual volvería a hacer lo mismo. Yo me pregunto: ¿cómo puede llamarse una persona anarquista cuando acepta no solamente que ha sido, sino que incluso puede llegar a ser otra vez ministra?

¿Qué representaba la FAI dentro del movimiento libertario y qué tendencias existían en su propio seno? ¿No crees que el grupo que denominabais anarco bolchevique en algunos aspectos no era muy libertario? Te pregunto por la FAI porque en la posguerra tanto los burgueses como los marxistas nos han presentado a los militantes de la FAI como a unos monstruos y a los de la CNT como a unos buenos chicos.

Aquí hay mucha novela policíaca. Aquí precisamente estamos dos personas de la FAI (durante la entrevista, J. Peirats estuvo acompañado por su amigo Canela): yo era secretario de la Federación Local de Grupos y el amigo Canela secretario de la Federación Regional de Grupos. Nosotros estábamos totalmente en contra de una cierta propaganda faísta que no era precisamente de la propia FAI. Es decir, había una serie de individuos que ni tan siquiera pertenecían a la FAI, porque yo desde la Local estaba en condiciones de controlarlos y realmente no los controlaba y supongo que Canela tampoco no los controlaría, desde la Regional.

Estos individuos eran quienes subían a las tribunas, quienes hablaban en nombre de la FAI. Y nosotros nos enterábamos de todo ello por los periódicos, hasta el extremo que un día convocamos a Ascaso, a García Oliver y a Aurelio Fernández en la Federación Local. Y les dijimos que aquello tenía que terminar, que para hablar como hablaban tenían que decir previamente dónde se ubicaban y a quién representaban. Y su respuesta fue que ellos no representaban a la FAI, sino a unos titulados Comités de Defensa, que era una organización que en aquel momento existía, creada específicamente para la acción, para los momentos de huelgas y de efervescencia, y hasta cierto punto debe reconocerse que tuvieron su eficacia: el 19 de julio, por ejemplo, estos comités funcionaron bien.

Es decir, había gente que hablaba en el sentido comentado, dando así una impresión carbonaria o jacobina de la FAI. Hablaban en nombre de la FAI. Pero la verdad es que nosotros, desde la Federación Local, no les controlábamos, si bien ellos tenían sus partidarios entre los nuestros.

Bien, respecto al tema de la influencia de la CNT y la FAI: La CNT es una organización que se formó en 1910. Se trata pues de una de las organizaciones más antiguas de carácter revolucionario, en el aspecto social, que ha tenido España. En realidad, la CNT y la FAI eran dos organizaciones distintas. La relación entre ambas se ha falsificado tendenciosamente, pues se atribuye el nacimiento de la FAI a la necesidad de controlar a la CNT. Y esto es falso. No hace mucho tiempo que descubrí los resúmenes de las actas, de la conferencia de Valencia, en julio de 1927, en que se constituyó la FAI. Las actas completas de esta conferencia no existen. Se extraviaron. Afortunadamente se hicieron unas síntesis que cayeron en mis manos cuando fui secretario de la FAI en 1933 34. En el citado resumen de las actas se habla de Comités CNT FAI, a nivel local, regional o nacional. Es decir, se habla de colaboración, no de sumisión de una organización a la otra.

Durante la revolución, la FAI adoptó la misma política que la CNT. Y esto me permite realizar una consideración que es muy interesante. Se ha afirmado que la FAI ha sido quien ha dictado a la CNT. Yo siempre he sostenido lo contrario: la CNT es quien ha dictado a la FAI, ha sido quien la ha influenciado, absorbido y la ha marcado con el mismo sello. La CNT era una organización de tipo sindicalista revolucionario y la FAI debería haber sido una organización de tipo ideológico. Los problemas de índole económica y los propios del contexto revolucionario del momento que sufría la CNT absorbían la FAI. Además, todos los militantes de la FAl provenían de la CNT: por este doble motivo, forzosamente, la FAI tenía que ser el reflejo de la CNT. Por esto, yo mantengo siempre que no es la FAI quien ha dominado a la CNT, sino la CNT a la FAI. Esto se confirmó durante el período revolucionario: la CNT fue quien llevó la batuta, y la FAI no fue más que un compañero, un amigo, un pariente pobre de la CNT.

Así pues, ¿quiénes decidieron formar parte del gobierno –García Oliver, Federica Montseny– no eran de la FAI? Lo indico porque normalmente la gente los asocia a la FAI.

García Oliver, Ascaso y otros tenían una FAI por su cuenta: el grupo «Los solidarios». De todos modos, yo siempre he dicho que en el gobierno hubo dos ministros de la CNT y dos ministros de la FAI. Oficialmente, sin embargo, eran cuatro ministros de la CNT. La casualidad de que los ministros fuesen Peiró y López por un lado, y García Oliver y Federica Montseny por otro, te demuestra bien a las claras que existen dos corrientes: la faísta y la sindical . Ahora bien, ciertamente que Federica Montseny se había apoyado siempre en las actuaciones de la FAI, pero yo no creo que perteneciera a ningún grupo faísta antes del movimiento del 36.

Respecto de García Oliver, Ascaso, Durruti, etc., ya he señalado que tenían su propia FAI. Eran una treintena. Y este era un grupo que trabajaba autónomamente. Hablaba en nombre de la FAI, porque la FAI era su escudo, la punta de lanza, el mito. Y claro, les hubiera resultado difícil inventarse una organización nueva.

Los anarco bolcheviques se apoyaban en la FAI, si bien Federica Montseny no era de esta tendencia y no se puede considerar que estuviera del lado de García Oliver. García Oliver, antes e incluso en los primeros momentos de la revolución, ya se había definido como partidario de la toma del poder. No obstante, creo que es muy discutible que fuera sincero. Yo siempre he dicho, medio en broma medio en serio, que García Oliver fue partidario de la toma del poder en los primeros días de julio, porque sabía que la CNT por sí sola no podía mantener el poder. Prueba de ello es que García cedió y no solamente esto, sino que llegó a donde llegó: el ministerio.

Canela, yo y cuatro o cinco más formábamos el grupo «Afinitat». Estábamos siempre en oposición dentro de la FAI. Nosotros abogábamos para que la FAI desarrollara un trabajo de tipo ideológico, anarquista, doctrinario, con la finalidad de poder así justificar la existencia de dos organizaciones: una que hablara de ideas y otra que tratara los problemas de tipo sindical como era la CNT. Nosotros creíamos que no podía haber una FAI que fuera una copia de la CNT, porque entonces una de las dos sobraba.

¿Cómo reaccionó la CNT frente al rumbo que tomaban los acontecimientos en Rusia a partir de 1917 y respecto de la noticia del exterminio de los libertarios rusos a manos de los bolcheviques marxistas? ¿Y en general, que actitud adoptó la CNT frente a la revolución rusa y la contrarrevolución burocrática de los marxistas?

La revolución rusa, como todas las revoluciones, siempre, trajo confusiones de tipo ideológico y táctico. Yo en aquellos tiempos era muy jovencito. En el año 1917, yo aún no estaba en la organización, entré en ella el 22, a los 14 años. A los catorce años yo no podía tener conciencia de estas cosas. Las fui sufriendo posteriormente, a través de los documentos.

Me acuerdo muy bien, como una causa de confusión, que a esta misma casa (yo era muy jovencito) venía mi primo, que ya era militante y hablaba con mi madre de los soviets. Mi primo era de la CNT, ya había sido detenido, ya había pasado el bautismo de fuego. Le hablaba a mi madre de todas estas cosas y por primera vez oí hablar de la dictadura del proletariado, y esta idea se me fijó en la cabeza. «Porque – le decía mi primo–… existe la dictadura universal y el sufragio universal.» (Yo me decía: «¿Sufragio universal? Esto debe ser un sofrito o algo así».) «Hay la tendencia de Bakunin y la de Carlos Marx y de Lenin.» Y yo oía todas estas cosas, y me quedaba ensimismado y no las entendía. Son las primeras impresiones que recuerdo. Más tarde, cuando empezamos a «armarnos caballeros» y a ir en busca de aventuras, entonces ya nos fuimos documentando.

En España hubo un momento de mucha confusión. Durante la revolución rusa, los anarquistas de aquí se armaron un taco pues los bolcheviques tan pronto se decían anarquistas como marxistas. Los anarquistas de aquella época y los cenetistas tanto se decían bolcheviques como anarquistas. Es decir, no hacían distinciones. Si habéis leído el libro de Lenin El estado y la revolución, habréis podido comprobar que es un texto que utiliza una fraseología anarquizante, aunque se le ve el plumero, y este libro seguramente creó mucha confusión porque vio la luz precisamente el año 17. Y el 18 se publica una segunda edición. Pero El estado y la revolución no finaliza, queda interrumpido. Lenin explica que es a causa de la propia revolución que queda inconcluso. Pero resulta que en 1918 hay una segunda edición, y él ni añade ni rectifica nada, lo cual indica que sentía ya un complejo de culpa.

Pero este libro, teniendo en cuenta la mentalidad de aquella época, aquella fiebre de acción que existía (la revolución rusa, la fermentación en Alemania, en Italia), aumentó la confusión . Los propios socialistas de aquí se sentían azuzados por las tendencias terceristas (de la III Internacional). Hasta cierto punto esto es explicable.

La consecuencia de todo ello es que la CNT se enfrentó oficialmente por primera vez con este problema en su Congreso del año 19, el Congreso que nosotros llamamos de la Comedia, porque se realizó en el teatro Comedia de Madrid (los socialistas siempre dicen «el Congreso de la Comedia.», pero no añaden nada más con lo que quieren decirnos que éramos unos comediantes). Allí tuvo lugar un debate de mucha envergadura. Allí se pudo captar la desorientación incluso de gente que había tenido las cosas muy claras como Carbó, Buenacasa. El mismo Carbó dijo: «Nosotros queremos la dictadura del proletariado, la amamos, la defendemos, la defenderemos». Así habló; quien conozca a Carbó, que era un anarquista de pies a cabeza, se preguntará: ¿cómo es posible que Carbó dijera semejante disparate en aquel momento? Las manifestaciones de Buenacasa también son catastróficas. Por contra, se produjo la intervención de Quintanilla, que fue quien lideró la oposición. Las manifestaciones de Quintanilla, el viejo sindicalista asturiano, ya son más claras. Era un hombre más impuesto en doctrina y con visión de futuro. Vio el desarrollo del proceso de la revolución rusa y se permitió criticarla y ponerse al frente de la corriente bolchevizante que encabezaba precisamente Hilari Arlandís (quien posteriormente pasará al partido comunista).

Las manifestaciones favorables de los anarquistas se producen a causa de la falta de información y de la demagogia de los bolcheviques. La palabra revolución es algo que lleva de cabeza a la gente. Siempre que tenga lugar una revolución se producirán, de inmediato, confusiones, si bien, posteriormente irán disipándose. Pero el hecho de la revolución es algo que hace saltar, hervir, a la gente. Tiene una fuerza magnética enorme. Y estos chicos estaban en esta fase. Creo -yo no he visto ningún ejemplar- que incluso se publicó un periódico que se llamaba El Soviet. Lo editaban los de la CNT.

Bien, esta polémica que se desarrolla en el Congreso la resumió en un discurso el Noi del Sucre, Seguí. Parece ser que trataba de unir las dos tendencias. De él surgió la moción de adhesión condicional a la III Internacional, en espera de que se celebrara en España un congreso de nivel internacional, de que la Internacional pudiera tener una validez ortodoxa y compartida por todos.

De ahí surge la misión Pestaña. Pestaña va a Rusia, y recién llegado ya empieza a advertir una serie de irregularidades. Allí naturalmente entra en contacto con los anarquistas, los cuales habían sufrido ya una masacre en 1918. La reacción contra los anarquistas rusos empieza el año 18. Y en el 19, los anarquistas, los que no han muerto o bien no están en la cárcel, empiezan a desarrollar una lucha antibolchevique.

Entre ellos se encuentran, por ejemplo, Emma Goldman y Alexander Berkman, los cuales han sido expulsados de Estados Unidos hacia su país de origen, por haber realizado propaganda contra la guerra.

Goldman y Berkman, pese a sus resabios bolchevizantes (E. Goldman había publicado en Estados Unidos un folleto defendiendo a los bolcheviques), cuando llegaron a Rusia se dieron rápidamente cuenta de la realidad que allí existía, ella fue la primera en reaccionar, ya que Berkman, que era más escéptico, tardó más en darse cuenta, pues consideraba que quizás aquella situación era fruto de la improvisación, pero que con el tiempo iría centrándose, cambiando y que por fin la revolución encontraría su norte. Finalmente, no obstante, se convenció de que aquella situación era irreversible.

Cuando Pestaña llegó a Rusia en 1920, encontró allí a toda esta gente. Y los bolcheviques ya no le pudieron engañar. Se puso en contacto con los compañeros. Les informó. Los propios Goldman y Berkman estaban en contacto con la que podríamos denominar la resistencia anarquista. Estaba también Kropotkin, que aún vivía. También le visitó. Así pues, cuando Pestaña regresó, ya traía una rectificación. Lo que ocurrió fue que al llegar a Barcelona aquí había la dictadura de Martínez Anido, y por ello Pestaña no pudo hacer su informe. La organización estaba en la clandestinidad. Tiempo después, su informe se publicó en forma de folleto. El motivo del viaje de Pestaña a Rusia fue el segundo congreso de la III Internacional, en el que era delegado de la CNT. En su informe explica todas las tropelías y malas artes, entre bastidores, de los bolcheviques y de sus lacayos, en el congreso en el que coparon la presidencia. Esta situación es la que hace escribir a Pestaña que «la presidencia era el congreso y el congreso una caricatura». No me refiero a su libro Sesenta días en Rusia, sino al informe firmado por él y dirigido al Comité de la CNT.

Este folleto de Pestaña, desgraciadamente, no pudo divulgarse hasta muy tarde. La fecha del informe es de 1921, en la cárcel. Esto significa que no se divulgó hasta la Conferencia Confederal de Zaragoza de 1922. En 1921 ya hubo una reacción porque los anarquistas rusos que no habían sido fusilados consiguieron, mediante una huelga de hambre en la cárcel de Moscú, dar a conocer su situación y la persecución de que eran objeto.

En 1921 hay otra delegación de la CNT que viajó a Rusia. La formaron Nin, Maurín, Ibáñez e Hilari Arlandís. Si Pestaña hubiera podido divulgar su informe en 1921, es posible que la organización hubiera hecho un esfuerzo para no enviar allí a estos elementos, ya que de algunos eran conocidas sus tendencias bolchevizantes. Además, se estaba en un período de plena represión y los principales elementos de la organización estaban presos y algunos habían sido asesinados por la ley de fugas; este es el caso de Avel•lí Boal (que según Buenacasa ha sido uno de los secretarios más perfectos que ha tenido la Organización).

De este modo dióse la casualidad de que Nin fuera en aquella época secretario de la CNT, porque era joven y la gente inexperta le votó. La convocatoria del pleno era para que éste se realizase en Barcelona, pero luego fueron a celebrarlo a Lérida, donde Maurín tenía mucha influencia. De forma que hay algo de trampa en toda esta historia. Así pues, como aún no se conocía ampliamente el informe de Pestaña, se nombró esta delegación, que fue a Rusia al I Congreso de la Internacional Sindical Roja.

Esta delegación no fue totalmente catastrófica, pues puso a parir al propio Trotsky. Hubo un momento, en pleno congreso, en que por presión de Emma Goldman y de otros anarquistas que estaban ocultos, se hizo una enorme campaña para conseguir la liberación de los presos que había en la Checa de Taganka. Amenazaron, en pleno congreso, que si no se ponía en libertad a los presos hablarían claramente hasta tirar de la manta. Los bolcheviques se asustaron y prometieron liberarles. Hubo muchas maniobras antes de que cumplieran su promesa. La propia delegación de Nin tuvo una cierta intervención en el tema. Este es un dato bastante desconocido que comenta Emma Goldman en sus memorias… Para los bolcheviques todos los presos eran bandidos…

Cuando terminó el Congreso los excarcelaron, pero les entregaron pasaportes falsos. Cuando llegaron al extranjero, las autoridades fueron advertidas de que eran espías soviéticos. Es decir, Lenin les dio unos pasaportes para cargárselos una vez estuvieran fuera del país. Así por ejemplo, cuando Goldman y Berkman llegaron a Lituania fueron encarcelados. Finalmente, gracias a diversas movilizaciones, estos compañeros pudieron legalizar su situación en el extranjero.

En aquel momento había en Alemania una organización pequeñita pero muy interesante y activa: la FAUD. Su alma era Rocker. Había entre ellos gente muy capacitada, que en realidad fueron los creadores del nuevo anarcosindicalismo, ya que el viejo anarcosindicalismo de la CGT hizo aguas: los socialistas se fueron apoderando de él y los mismos que en un primer momento habían sido de tendencia anarquista, como por ejemplo Monatte, se fueron bolchevizando…

Esta organización, la FAUD, tenía relación directa con los anarquistas rusos; como geográficamente estaban más cerca pudieron establecer canales de información. Era la organización que estaba más al corriente de la realidad rusa y la fue divulgando por el mundo. Se publicaron los folletos de Rocker «Bolchevismo y Anarquismo», «Soviet o Dictadura». Luego ya apareció el libro de Archinof sobre el movimiento macknovista, que se publicó por primera vez en castellano en Argentina.

En 1922 se celebró la Conferencia Nacional de la CNT en Zaragoza, cuando ya había caído aquel verdugo de Martínez Anido. Allí pudo informarse de todo. Nin no estuvo presente porque permaneció en Rusia; Maurín ya ni se presentó, seguramente porque tampoco había sido invitado. El único de ellos que acudió fue Arlandís: le machacaron. Estaba Pestaña, también Peiró. Leval envió un informe que echaba chispas. Entonces fue cuando se produjo la rectificación del acuerdo aquél de 1919, que era condicional.

Algunos dicen que Salvador Seguí era «marxista avant la lettre». ¿Crees tú que existe algún argumento que pueda fundamentar esta opinión?

Francamente, esto es una opinión descabellada. Seguí no fue nunca marxista. Fue un hombre que se colocó en el centro. Creía en la organización. Huía de los extremismos, era un hombre constructivo, un sindicalista por encima de todo, De marxista no tenía nada.

¿A qué atribuyes que los anarquistas rusos, incluso siendo más numerosos que los bolcheviques, fueran aplastados por éstos?

Mira, yo no sé si eran más o menos numerosos. Fueron aplastados porque siempre el más brutal aplastará a quien lo es menos. Si se analizan con un poco de detalle las condiciones con que los bolcheviques operaron, su habilidad política, el jesuitismo, la verborrea, los motivos que utilizaban para justificar su acción, se comprenderá la situación difícil y desventajosa en que se encontraron los anarquistas. En primer lugar, por ejemplo, la miseria que padecía el pueblo, lo que obligaba a muchos sacrificios. Después la ofensiva de las tropas blancas que querían reconquistar territorio; el complot internacional de todas las potencias y tantas otras razones. Con todo ello ocurría como cuando nuestra guerra, cuando se nos ponían los pelos de punta viendo como Federica Montseny y toda aquella gente que estaba en el gobierno decía pestes de las colectividades. Nos decíamos: «¿qué quieres? Si elegimos otro camino, ocurrirá que todo el mundo se nos echará encima, romperemos la colaboración, y la colaboración es la que sostiene la guerra y la guerra […]». Bien, los que hemos pasado por esto comprendemos muy bien esta situación. Las revoluciones son peligrosas porque crean este tipo de situaciones psicológicas no solamente en las masas, sino también en los individuos. El hambre, por ejemplo «Hay hambre porque aún no se ha reconstruido la economía»; el miedo a la reacción: «Hay que concentrar el poder del Estado en una sola mano de hierro para así poder hacer frente a las tropas de los generales blancos»; y la falta de preparación del pueblo; y el bloqueo internacional. Todas estas cosas pesaban, como pesaron también en la guerra de aquí. Nosotros nos rompíamos la cabeza. «Vamos hacia la catástrofe -nos decíamos- , hacia la negación de quienes hemos sido.» No sólo flaqueaban las multitudes, flaqueaban también muchos individuos, empezando por los adalides, que hicieron un giro de 180 grados.

¿Cuál fue la causa de la represión y de los asesinatos de los stalinianos contra los poumistas y los libertarios, especialmente a partir de la hegemonía política alcanzada con posterioridad a los hechos de mayo de 1937?

Las razones de todo ello habría que buscarlas en la influencia de la GPU, la policía secreta rusa, en cuyas manos estaba aquí, por decirlo de algún modo, la política policíaca. La policía estaba en manos de esta gente. Es decir, se habían infiltrado de tal manera en el régimen republicano que llegó un momento en que el gobierno ya no era un gobierno (si aceptáramos que un gobierno puede llegar a no ser un gobierno). Existía un Estado dentro de otro Estado. Y este Estado dentro de otro Estado eran, por ejemplo, las fuerzas tenebrosas que aquí tenía desplegadas Stalin, y con la mentalidad de Stalin, todo tiene una explicación. Lo que aqui sucedió no fue más que un reflejo de la política que el propio Stalin realizaba en Rusia. Ya sabéis que en Rusia, contrariamente a lo que uno pueda imaginarse, en contra de los intereses mismos de Rusia, Stalin asesinaba a todo el mundo, incluso la gente más capacitada. Rusia necesitaba generales, militares y por contra Stalin los escabechaba. Era una realidad irreal.

Esta gente no podía proceder de otro modo. Era la eliminación física no solamente del enemigo sino también del que no pensaba como ellos. Era la depuración pura y simple. Hay gente que se presta a realizar esto; no eran los propios rusos quienes lo hacían. Los españoles somos capaces también de actuar de este modo en unas determinadas circunstancias, cuando hay fanatismo, como lo había, especialmente si existen intereses creados de tipo burocrático.

¿A qué intereses sociales y políticos respondía la actuación de los stalinianos?

Los stalinianos de aquí no tenían personalidad propia. Cumplían las órdenes de Moscú y se daban por satisfechos adquiriendo posiciones políticas y militares. Sus intereses eran los del Estado Soviético, no los que les correspondían como españoles. Eran títeres manipulados por Stalin, que halagaba sus ambiciones personales. En general puede decirse que había los que actuaban y los que dejaban actuar. Los que actuaban eran, naturalmente, los comunistas, que a su vez estaban impulsados por los agentes secretos de la GPU. Y los que dejaban actuar eran las fuerzas liberales y burguesas que temían la revolución y que preferían la reacción a la propia revolución. Me refiero sobretodo a la pequeña burguesía, como es la Esquerra Republicana de Catalunya, y a los propios republicanos. A esta gente la revolución les causaba mayor espanto que el fascismo; era lo que en primer lugar les aterrorizaba, hasta el extremo de que cuando llegó el 19 de julio, ya sabéis que Martínez Barrio le ofreció al general Mola el Ministerio de la Guerra. Esto indica su temor a la revolución; no querían ver más allá.

Después hay otro factor. Los comunistas tienen un estilo de maniobrar que se manifiesta siempre en situaciones semejantes. Se manifestó también en el mayo del 68 en París: no permiten que exista un movimiento de izquierda a su izquierda. No pueden tolerar que se produzca una revolución contigua a su revolución. Yo creo que éste fue el resorte que les impulsó a declarar la guerra a la CNT. Porque la guerra era contra la CNT, no contra el POUM. El POUM era la persona interpuesta, la fuerza más débil. Esto lo han analizado muy bien Borné y Términe en su libro La révolution et la guerre d’Espagne. Es la técnica del salchichón que se corta trocito a trocito; ellos iban a la suya y nada les frenaba; iban socavando las partes más débiles. Cuando los republicanos ya estaban en sus manos y vieron que habían conseguido dividir a los socialistas, entonces fueron directamente a por la CNT. El partido socialista ya estaba dividido antes de la guerra. Pero durante el desarrollo de ésta, los comunistas explotaron las rivalidades entre la fracción de Prieto y la de Caballero.

Prieto (padrino de Negrín) es el principal responsable del criptocomunismo socialista durante la guerra. Prieto no era en realidad un negrinista. Era un hombre resentido contra Largo Caballero y llevó este resentimiento hasta el extremo de hacer el juego a los otros, precisamente los que posteriormente, y con toda justicia, se lo sacaron de encima. La política de Prieto es la política de la venganza. Largo Caballero lo arrinconó ya antes de la guerra. ¿Os acordáis de aquel mitin en Egea de los Caballeros en qué le cazaron las Juventudes Socialistas? Todo esto no lo olvidó. Y aquellas juventudes entonces eran juventudes socialistas, y posteriormente fueron juventudes socialistas unificadas, mejor dicho: rusificadas. Largo Caballero hizo aquella jugada de unir las dos juventudes con el convencimiento de que él absorbería a los comunistas porque los socialistas eran mayoría. Y resultó lo contrario, se pitorrearon de él. Es una prueba más de que no se puede jugar a la unidad con los comunistas. Son más hábiles y siempre se salen con la suya.

Los comunistas, durante la guerra, consiguieron dividir al partido socialista y a la UGT. Y esto les dio fuerza… Y finalmente ya atacaban a la Generalitat de Catalunya. Es mentira que el Estatut lo aboliera Franco: ya lo había abolido la propia República, ya lo había abolido Negrín. Y si Negrín lo abolió fue porque Companys le había hecho antes el juego contra la CNT y el POUM. Companys se cavó su propia tumba. El fue el hombre que jugó la carta comunista durante los hechos de mayo. Companys jugó la carta contrarrevolucionaria y luego se encontró que cuando llegó la contrarrevolución se le cargaron el Estatut.

Para los especialistas más objetivos, los hechos de mayo son una provocación, cuyo estratega y organizador es Antonov Ovsenko. Los compañeros, es decir los confederales, reaccionan, unos creyendo que ha llegado otro 19 de julio, que la revolución peligra y hay que defenderla; otros, los que podríamos llamar los burócratas de la organización, salen con otros argumentos, a mi entender no muy sinceros: dicen que es mejor no responder a aquella provocación. Yo creo que esta es la opinión de los que se han aposentado, burocratizado.

Existe también el grupo «Els amics de Durruti», del cual se ha hablado mucho pero al que yo francamente no le doy mucha importancia. Había gente que no era de la CNT, y el suyo era un lenguaje jacobino: «Cortaremos cabezas, aplastaremos a los comités, los vamos a fusilar». Conociendo a los individuos, no eran ciertamente los más capacitados para desarrollar una campaña coherente.

La represión más fuerte fue contra el POUM. Ya son conocidas las circunstancias de la detención del comité central del POUM y del secuestro de Nin. Al anarquista Bernari lo mataron como a un conejo. Hay constancia de que lo secuestraron, de que la gente del PSUC fue a por él y de que se lo llevaron. De igual manera que se llevaron a todos los rehenes de las juventudes libertarias que tenían en sus manos, y muchos de ellos aparecieron en el cementerio de Cerdanyola. A Alfred Martínez no le pudieron identificar. Desapareció.

Cuando entraban las fuerzas expedicionarias del Gobierno de Valencia, allí por donde pasaban se envalentonaban los elementos del PSUC y los elementos republicanos de la Esquerra e iban a la caza de los elementos libertarios.

Aquí no pudieron hacerlo a lo grande porque se espantaron. Entonces yo estaba en Lérida. En Lérida les acojonamos. No se atrevieron. En dicha ciudad quien tenía fuerza era el POUM, los segundos éramos nosotros y ellos unos pocos. El PSUC, en Lérida, era de importación.

Existe actualmente una campaña de mitificación del President Companys. Se explota, especialmente, su fusilamiento por los fascistas. ¿Cuál es tu visión de la actuación política del President Companys y de la mitificación que se está haciendo de su figura?

Yo creo que conseguirán mitificarle. No obstante, y no únicamente como anarquista sino como ciudadano, creo que la política del President Companys tiene muchos errores y no solamente durante la guerra.

Centrándonos en los hechos de octubre: ningún estadista que tenga la cabeza en su sitio se lanza, y embarca a la gente, del modo que él lo hizo, contando con tan pocos elementos como de los que disponía. Fue un movimiento catastrófico. Además Companys no podía sentirse representado por los que luchaban en Asturias. No podía sentirse representado por lo que podían hacer o dejar de hacer los socialistas de Madrid, ya que dudo de que ellos mismos supieran lo que estaban haciendo. Aún ignoramos hoy qué se proponían con los hechos de octubre.

Ahora bien, la actuación de un individuo puede ser todo lo discutible que se quiera, pero si tiene un final trágico, surgen unas consideraciones de tipo humanista muy comprensibles. Creo que todos sentimos su muerte. El fusilamiento de Companys es algo ignominioso, vergonzoso, indignante, todo lo que tú quieras… Ahora bien, salvado esto, su actuación no puede deslumbrarnos.

Yo creo que no ha sido nunca un político en el sentido clásico de la palabra. Cometió muchos traspiés. Se dejó arrastrar por elementos que creía que le podían ayudar y de hecho fueron ellos quienes le hicieron tropezar. Esto es lo que hizo el PSUC. Companys fue quien le dio alas. Fue quien les ayudó a subir y hacia el final, el PSUC ya era superior a la propia Esquerra Republicana, ya que ésta no contaba con una masa que pudiera movilizar en un momento dado, mientras que el PSUC tenía a la UGT. Había conseguido arrancar los elementos más activos de la pequeña burguesía y del campesinado y había podido organizar una UGT fuerte. Y claro, esta base que siempre había sido la base de la Esquerra -los campesinos y los obreros de cuello blanco- , el PSUC consiguió ganarla para su causa. El PSUC desarrolló una propaganda antifaísta y halagadora de los pequeños y grandes propietarios y en este campo fue un contrincante eficaz de la propia Esquerra. Le iba minando el terreno y Companys le hacía el juego. Companys hubiera podido apoyarse en otras fuerzas…

Volviendo a los hechos de octubre; según Munis, el partido socialista amenazó con una revuelta a fin de que el gobierno les aceptara; en el norte, la insurrección sólo tuvo fuerza en los lugares en que la burocracia del partido socialista no pudo controlar a la base. Los obreros se lanzaron a una revolución, pero Largo Caballero y compañía utilizaron la insurrección de los trabajadores asturianos como un elemento de presión para obligar al Presidente de la República a que aceptara de nuevo la coalición republicano socialista.

Esta es la tesis de mi libro. Creo que aquella gente no se proponía hacer ninguna revolución. Además aporto otro argumento, me refiero al documento de Prieto, que copié de un folleto de Llopis, en donde está el programa de aquel movimiento. Si lo examinas con detalle, verás que es un programa completamente burgués. Allí no se habla de revolución social. Y además está el hecho de que ni en Madrid ni tampoco en ningún lugar de España, los socialistas se movieron.

Creo que los pocos dirigentes que se movilizaron fueron arrastrados por la base, por una cierta base. El origen del movimiento socialista asturiano es fundamentalmente anarquista. Es decir, que en Asturias ocurrió lo contrario que en Cataluña. Así como en Cataluña los socialistas intervinieron pero los anarquistas fueron quienes finalmente se hicieron suya la organización, allí ocurrió lo contrario, los anarquistas levantaron la liebre, son quienes educaron el temperamento: pero luego llegaron los socialistas y con promesas electorales se conquistaron al movimiento minero y sólo dejaron el islote de La Felguera y el de Gijón. De todos modos, el minero asturiano ha sido siempre un elemento revolucionario. Y desbordó a sus líderes Porque no es esto lo que aquéllos se proponían: querían atemorizar a Gil Robles y compañía, para que pusieran marcha atrás.

Cruells en El 6 d’octubre a Catalunya, comenta el complejo de inferioridad que tenía la UGT respecto de la CNT, en referencia a la cuestión revolucionaria, a causa de que la UGT (Largo Caballero) había colaborado con Primo de Rivera y después con el gobierno republicano-burgués. Para superar este complejo, algo tenían que hacer…

Yo participo de esta opinión porque los socialistas son el pilar de la posición republicana, el gobierno era republicano-socialista. Esto les desgastó e incluso desacreditó porque la República tuvo que utilizar armas.

Entonces en el Centro, que había sido coto privado del partido socialista, la organización, la CNT, que siempre había sido allí minoritaria, empezó a levantar cabeza -empezando por el sindicato de la construcción y siguiendo con los demás- , y fue ganando terreno,

Y esto naturalmente creó en los socialistas, si no un complejo de inferioridad, al menos una cierta alarma. Esta gente se alarmó y dijo: «Bien, aquí, frente a una CNT que siempre está en la calle, con huelgas, que ataca y tiene una actitud crítica y arrastra a las masas, tenemos que hacer algo». En este contexto surge el Largo Caballero de aquellos discursos incendiarios sobre la dictadura del proletariado. Aquello fue lo más catastrófico del mundo. Poco a poco se ha ido clarificando hasta qué punto aquello no era bien sincero. Yo creo que era propaganda electoral. Todo el mundo sabe que Largo Caballero descubrió a Lenin en la cárcel.

¿Fue posible, antes de julio del 36, la alianza CNT UGT que, según algunos historiadores, habría impedido el «glorioso alzamiento nacional»?

El hecho de que la UGT fuera un apéndice del PSOE y su cantera electoral, hacía casi imposible un pacto CNT-UGT. Además, la CNT en su congreso de Zaragoza, imponía como condición la práctica separación de la UGT del PSOE. No creo que un pacto CNT-UGT hubiera evitado el golpe de estado militar. Más bien, lo habría precipitado. El pacto revolucionario CNT-UGT en Asturias, horrorizó a todas las derechas, las cuales rápidamente empujaron a los militares. Ya vimos lo que ocurrió en 1934 con aquel catastrófico planteamiento. Dicho sea con respeto por los que allí sacrificaron su vida.

¿A qué factores atribuyes la pérdida de terreno del movimiento obrero anarquista organizado, desde la segunda guerra mundial?

El comunismo, utilizando su demagogia populachera, ha removido todos los estamentos sociales y políticos del mundo. La desgracia ha sido que con ello se han hundido, más de lo que cabía suponer, los clásicos valores humanitaristas.

Estos escolásticos y jesuitas del siglo XX nos han robado la bandera de la libertad para sofisticarla. Lo que no han podido ganar lo han aplastado. Esta maléfica invasión, que incluso ha hecho tambalear a las clases intelectuales de todo el mundo, ha desviado la mística revolucionaria que representaba la punta de lanza del anarcosindicalismo, y el campo obrero se ha resentido gravemente de ello.

Por otro lado, los anarquistas han creído hacer frente a esta situación encerrándose en sí mismos y practicando una caza de brujas de todo aquello y de todo aquél que les resultara sospechoso de herejía. El resultado ha sido que no han surgido nuevos valores y que continuamos alimentándonos de la herencia de los viejos maestros. Hasta que no remita esta ola perniciosa y el hombre no recobre su sentido de orientación, resultará difícil que el sindicalismo libertario reemprenda la marcha. Otro de los factores de decadencia ha sido la invasión por el Estado de todos los dominios. Las leyes sociales han aportado muchas mejoras a los trabajadores pero han adormecido su espíritu inconformista, aumentando su aburguesamiento en el seno de la sociedad de consumo. Finalmente, la industrialización, con su compañera la tecnocracia, ha hecho pedazos a la clase proletaria, transformándola en una dispersión de clases, perdiendo así su unidad. Los anarquistas no han hallado aún su equilibrio táctico dentro de este tambaleante contexto.

 

 José Peirats como por ejemplo,

Para los que habíamos crecido bajo el franquismo con la idea de que ser un trabajador significaba ser alguien obligatoriamente inculto, encerrado en sus cosas, el fútbol y poco más, descubrir que existían obreros como José Peirats, aparecía como una revelación, una prueba de que otra clase obrera era posible…

José Peirats historiador (Vall de Uxo, Castellón, 1908-1989), destacado militante e “intelectual orgánico” de la CNT y la FAI, fue conocido tanto por sus actividades como por sus trabajos como divulgador e. Emigró a Barcelona cuando tenia 4 años, y a los 9 se instaló en el barrio de La Torratxa, de L´ Hospitalet. A su propio decir, trabajó como «un bruto» como ladrillero desde los 9 años hasta el 18 de julio de 1936. A los 14 años ingresó en la CNT y comenzó a sentir una gran pasión por la cultura. Peirats lee de todo, su fiebre de lectura llega hasta Volney, Darwin, Haeckel y se extiende hacia los clásicos griegos y, claro está, los anarquistas. Frecuenta la escuela nocturna del legendario educador Juan Roige. Vive intensamente la lucha contra la dictadura de Primo de Rivera, y sobresale en las actividades culturales del Ateneo del barrio. Posteriormente, Peirats participa en el Ateneo Racionalista de Sants, mostrándose muy preocupado por la acción cultural: «…queríamos que la cultura no fuese ni comunista ni anarquista, porque la cultura es algo general de la humanidad y por eso tratábamos en nuestros cursos de conferencias de temas de cultura general, desde la astronomía a la química o a la pedagogía (…) queríamos que los jóvenes que se formaban con nosotros, y nosotros con ellos, tuviesen una visión de la cultura lo más amplia posible; que tuviesen una base cultural y no una cultura adocenada y clasista, saturada de temas obreristas», (Declaraciones en Tiempo de Historia).

A los 20 años, el ladrillero publica el Boletín del sindicato de los ladrilleros. Colabora en toda la prensa anarquista y anarcosindicalista de los años treinta utilizando diferentes seudónimos, fue redactor del diario Solidaridad Obrera, y director de Acracia, de Lleida. Peirats se especializó en temas judiciales y desarrolló un estilo literario muy semejante al de Felipe Aláiz y Angel Samblancat. Fue adversario de las posiciones «trentistas» («no por sus tesis sino por su fermento escisionista») y estuvo siempre dentro de la FAI, aunque se proclama en «contra la prepotencia desquiciada de la FAI, que siempre tuve por no anarquista y bolchevizante». Militante de las Juventudes Libertarias; delegado y secretario de actas en el Congreso de Zaragoza, teniente de la 26ª División del Ejército popular republicano, cruza la frontera en unión del resto de la unidad al finalizar la guerra en Cataluña.

Estamos hablando pues de un militante de a pie que vivió en primer plano todos los grandes momentos de la historia del movimiento cenetista, del que fue además el principal historiador desde el exilio, con una obra histórica inexcusable: La CNT en la revolución española. Nacido en una familia de alpargateros que emigró a Hospitalet, Peirats aparte de ladrillero ejerció diversos oficios, y desde muy joven fue un voluntarioso y muy reconocido autodidacta formado estrictamente en la tradición anarquista, la propia del barrio de Coll-Blanch-Torratxa, especialmente curtido tradicionalmente en las luchas obreras y en las actividades ateneístas, de las que tantos testimonios nos hacía llegar Francecs Pedra. Se trataba entonces de conocer los clásicos anarquistas, pero también una cultura no partidaria, la cultura, dirá, de la humanidad: “Por eso -dirá- tratábamos en nuestros cursos de conferencias de temas de cultura general, desde la astronomía a la química o a la pedagogía…También nos interesaban los temas sexuales, naturalmente, y los tratábamos a nuestra manera, hablábamos, entre otras cosas, del amor libre”. Los que le conocieron entonces lo recuerdan como un muchacho retraído y estudioso, convencido de que todavía le quedaba mucho por aprender para asumir tareas de responsabilidad porque, como diría un ácrata sevillano en el Congreso de Zaragoza de 1936, para hablar de anarquismo había que enjuagarse varias veces la boca y no hablar por hablar.

Durante los años siguientes el compromiso de Peirats será vertiginoso: secretario de grupos de Barcelona de la FAI (“Ios que estábamos en la FAI teníamos nuestra pistola (…) dispuestos a usarla y no a llevarla de adorno, y nos prestábamos a hacer lo que había que hacer. Por ejemplo, si había que proteger una manifestación, había siempre elementos armados, para que cuando se producía el ataque de la policía, hacerla frente… Yo he llevado mi pistola, pero no recuerdo haber disparado nunca contra nadie”); militante de las Juventudes Libertarias; delegado y secretario de actas en el Congreso de Zaragoza; redactor de Solidaridad Obrera, y en los años de la guerra director de Acracia.

Sus posiciones militantes son complejas, y sus influencias muy variadas. En 1934 abandona la FAI por discrepar con el sistema de mayorías y ser contrario al llamado “bolchevismo” de “Ios Solidarios”. Admira seriamente a Joan Peiró, pero dimite de “Solidaridad Obrera en oposición al posibilismo trentista. Durante la guerra será uno de los portavoces que opone la construcción del sistema de colectividades y los principios libertarios a la actuación del equipo rector de CNT-FAI. Desde el 37 combate en el frente de Aragón donde será teniente de la 26ª División del Ejército Popular al mando de Ricardo Sanz. Cuando cruza la frontera francesa es llevado al campo de concentración de Mont Louis, en Cerdeña, para pasar luego por otros campos hasta que en 1940 logra marchar a Santo Domingo, iniciando así una ardua aventura centroamericana.

La aventura del exilio le lleva a desembarca en la República Dominicana que vive bajo el terror de la familia Trujillo. Trabaja en las fronteras con Haití hasta que una fundación norteamericana presidida por John Dos Passos que quiere facilitar una solución a los españoles exiliados mediante la creación de unas colonias agrícolas en el Ecuador, le permitió salir de allí para llegar, después de diversas vicisitudes marineras, al puerto de Guayaquil. Vivió entonces cortado de la civilización, en plena sierra oriental donde la estación de las lluvias se prolongaba por meses enteros. Aunque se entregaron en cuerpo y alma a la tarea –Peirats se hizo un consumado panadero–, la situación cambia cuando a raíz de la entrada de los Estados Unidos en la guerra, la fundación cesa en su ayuda. Navega entonces hacia México en un barco que va a la deriva y sin subsistencias en medio de un mar Pacífico que hace honor a su nombre. Llega a Panamá y se gana la vida trabajando en oficios diferentes, entre ellos el de fotógrafo ambulante.

Luego marcha a Venezuela donde colabora en el periódico El País y en 1947 asiste a una Conferencia Intercontinental del Movimiento Libertario en París. Regresa clandestinamente a España como miembro de las Juventudes Libertarias. De nuevo en Francia ocupa la Secretaria del Movimiento Libertario y pasa a ser uno de los más incisivos polemistas en los diferentes debates que conmueven el exilio, en particular sobre el tema de la posible participación en los sucesivos gobiernos republicanos. Teóricamente, Peirats siempre se manifestó contrario al gubernamentalismo anarquista. Cuando en 1948 trabaja en la instalación de una explotación maderera en las Landas francesas, le llega la propuesta para hacerse cargo «de una extensa obra sobre la actuación de la CNT en la guerra y en la revolución española. Era una tarea importante que llevaría años de trabajo en condiciones nada favorables. Pero acepté sin vacilaciones, entregándome de lleno a la tarea, consultando archivos, reuniendo documentos y dialogando con cuantos habían intervenido personalmente en cada uno de los acontecimientos». Tras cuatro años de intensa labor –parte de la cual transcurre en la cárcel–, concluye La CNT en la revolución española (editada en 3 volúmenes por Ruedo Ibérico; reedición Madre Tierra), que se agota rápidamente. Sin duda esta es la obra capital de Peirats y resulta, con todas las limitaciones obvias derivadas tanto de las condiciones materiales en que fue escrita como de su carácter «orgánico» –fue un encargo del Congreso de 1947 celebrado en Toulouse–, comparable por su importancia con El proletariado militante, de Anselmo Lorenzo. Imprescindible para cualquier estudio serio sobre la revolución española y la actuación de los anarquistas, fue también la base para una versión reducida titulada Los anarquistas en la Guerra Civil española (Júcar, Madrid, 1976).

En Francia será secretario de la CNT, siempre en una línea ortodoxa, contraria a la colaboración con las demás fuerzas antifranquistas y situado en el ojo del huracán de las innumerables controversias confederales. Su compromiso con los empeños reconstructores en el interior le lleva a desafiar la represión franquista y viajar clandestinamente alentando la formación de grupos de acción antifranquista. En 1947 tiene también lugar el Congreso de la CNT realizado en Toulouse en el que se le encargará la redacción de una historia de La CNT en la revolución española, obra a la que dedicará los cuatro años que siguen, y que puede considerarse un aporte vivo y apasionado a la bibliografía de una revolución que se había ocultado

Las actividades de Peirats como historiador se pueden dividir al menos en dos partes. La principal, es la del encargo del Congreso de Toulouse, que llevó a cabo mediante una labor de investigación en la que contó con la ayuda inapreciable de su propia experiencia militante, la documentación que la CNT congregó en el exilio y la contribución de centenares de militantes, protagonistas de los acontecimientos que ofrecieron a Peirats una panorámica irrepetible. La obra se inserta además en un momento en el que la mirada sobre la guerra civil comienza a replantearse la cuestión del hecho revolucionario, hasta entonces camuflado por las izquierdas republicanas moderadas y, como es obvio, por el franquismo. Desde su aparición en la mítica edición de Ruedo Ibérico, La CNT en la revolución española y que se convirtió en un libro básico, digno de ser comparado con otro igualmente célebre que trata de los orígenes del anarquismo: El proletariado militante, de Anselmo Lorenzo.

Está claro que Peirats no es un pensador original, sus ideas son las de la tradición libertaria (esto es notorio por ejemplo en su concepción sobre el Estado cuando escribe «La conquista del Estado es una ilusión. El Estado conquista finalmente a sus conquistadores. O convierte en Estado a cuantos llegan hasta él, por sufragio o por asalto»), y su principal característica radica en que personifica como pocos a ese importante sector de obreros autodidactos educados y forjados en las luchas sociales y en la intensa vida cultural proletaria de finales de los años veinte y la década de los treinta. Hombre de carácter, de voluntad critica, áspera e independiente, lo cual ha motivado no pocas discusiones en las filas anarquistas del exilio, y con numerosas personalidades y comités. Después de 37 años de exilio, pudo regresar a España con la ilusión de una pronta e inevitable reconstrucción del anarcosindicalismo. En su actuación pública, durante un mitin multitudinario –el primero y el último de esta amplitud en la efímera reconstrucción cenetista– en Barcelona, en el Estadio de Montjuich, sus palabras sobre las autonomías, muy en la honda proudhoniana, dieron lugar a una reacción crispada dentro y fuera del movimiento al que pertenece.

Sus actividades como escritor y publicista libertario fueron tan apasionadas como circunstanciales. Entre las obras de historia que entran en esta categoría se encuentra sobre todo su vulgata de la obra anterior: Los anarquistas en la guerra civil española. También hay que añadir a esta trayectoria dos obras importantes, una documentada biografía de Emma Goldman, y una serie de biografías publicadas con el título de Figuras del movimiento libertario (Ed. Picazo, BCN, 1977),, en las que se reconstruye los datos más interesantes de muchos militantes que Peirats rescata con emoción y veracidad del olvido, y sobre los cuales tiene sus propias aportaciones. La lista de sus obras, y sobre todo de sus artículos, es enorme. Son trabajos publicados en editoriales y prensa del movimiento libertario en el exilio, obras de interés muy desigual, producto en muchos casos de polémicas ya muy lejanas, pero en las que brilla el temple de aquel ladrillero autodidacta que será reconocido como un militante revolucionario duro y entregado y en un erudito con el que la discusión podía ser -lo era sin duda- áspera y difícil, pero en la que estaba desterrada la hipocresía.

En el cisma CNT-CGT de 1979-80 siguió a los escindidos “posibilistas”, pero se retiró a Vall de Uxo manteniendo una actitud de “lejos del mundanal ruido”, orgulloso y fiel a sí mismo, dolorido ante el curso cenetista, perplejo ante la marcha de la historia y decepcionado de proyectos editoriales que se quedan en el cajón.

Otras obras suyas son: Emma Goldman. Una anarquista de dos mundos (Campo Abierto, Madrid, 1977, reedición Laia, BCN), Diccionario del anarquismo (Dopesa, BCN, 1977). Al exilio corresponden: Examen crítico-constructivo de movimiento libertario español (Ed. Mexicanos Reunidos, 1967), Voluntarismo y determinismo; La destrucción del Estado; España: ¿transición o continuidad? (Toulouse 1973); Estampas del exilio… Anarquismo, Breve historia de la CNT, La pretendida destrucción del Estado (las tres en Madre Tierra). Peirats escribió para la prensa libertaria numerosas semblanzas biográficas, varias traducciones (como El debate imaginario entre Marx v Bakunin, de Maurice Crompton), así como algunos prólogos como el que antecede al un libro tan notable como el de H. E. Kaminski, Los de Barcelona (Cotal, BCN, 1977). En Tiempo de Historia nº 62 apareció una larga entrevista sobre su vida y sus ideas. La revista barcelonesa Anthropos (nº18), le dedicó uno de sus «dossiers»: José Peirats Valls: Una experiencia histórica del pensamiento libertario. Memorias y selección de artículos breve, que contiene igualmente una completa bibliografía.

Artículos de Pepe Gutiérrez-Álvarez

José Peirats en Frente Libertario

 

En el otoño de 1972, subiendo de Perpiñán donde me había “clandestinamente” encontrado, en calidad de miembro del grupo editor de Frente Libertario, con un típico representante de esos nuevos (y variopintos) grupos neo-libertarios que proliferaban por la Cataluña del “tardo-franquismo”, me detuve, como solía hacerlo en semejantes viajes, en Montady para saludar a Peirats y demás integrantes de la muy estimable comunidad de “La Plaine des Astres”. Yo era entonces un chaval de 22 años, hijo de la gran familia libertaria del exilio, estudiante de historia y aprendiz de anarquista. Y así se me consideraba, como un heredero que tenía que hacer sus pruebas. Pero con cariño, eso sí, con mucho cariño.

Ese día, le hablé a Peirats de mi encuentro con el ácrata de marras y, más precisamente, de mi malestar ante sus evidentes y muy teorizadas inclinaciones hacia la lucha armada, las expropiaciones y demás radicalidades del momento. “¡Si teoriza tanto, me contestó Pepet, poco tiempo le quedará para actuar! Los que conocí yo no teorizaban. Desgraciadamente.” Y la conversación, larga, siguió su rumbo, entre interrogantes míos y cultas digresiones suyas sobre lo que Peirats llamaba “el cabezazo en el muro”, o sea esa manera tan desgraciadamente anarquista de confundir violencia minoritaria y acción directa. Al terminarse el intercambio, me sacó Pepet unas cuartillas de una carpeta (roja, recuerdo) y me las dio a leer. “Mira, es la última crónica que os mandé, ayer, para Frente…” Se titulada “Hipoteca sobre el heroísmo” y se centraba, con el doble motivo del aniversario de su muerte y de la publicación en francés de una discutible hagiografía de Abel Paz, sobre la figura de Durruti un Durruti que Peirats había conocido y estimado. Ese “hombre profundamente humano, generoso y sentimental”, escribía Peirats, había acabado “prisionero de su fama” y “empujado a morir como debía”, es decir como muere un “superhombre”. Para Peirats, el “tremendismo” anarquista conllevaba “el culto al heroísmo”, y éste, como dijo Felipe Alaiz, su reconocido maestro, algo tenía que ver con la gimnasia de circo. “Sólo estrelladas sobre las pistas del circo, concluía Peirats, las vidas de Ascaso y Durruti obtuvieron digno remate a los ojos de muchos. Este mismo público les prodigaría incluso una ovación lacrimosa.”

Poniendo punto final a la anécdota, precisaré que mi anarco perpiñanés, que era en realidad de Gerona, no siguió, ni mucho menos, los derroteros de Buenaventura. Entrada la Transición, se hizo ejecutivo de una empresa de venta de coches y se adhirió al PSOE de Felipe González. Tenía razón Peirats : la teoría es lo que salva.

Entre 1970 y 1977, José Peirats (1908-1989) fue, sin duda alguna, el colaborador más asiduo y regular que tuvo Frente Libertario. Sus crónicas, de tipografía apretada, llegaban siempre con puntualidad. Hasta tal punto que, ya casi terminado el número de clausura (el 71) de Frente Libertario – que nos llevó más tiempo que de costumbre por haberle añadido dos páginas extras con un sumario de cada número –, el “metronómico” pero algo despistado Peirats nos mandó su colaboración para el siguiente. El grupo editor se las arregló, no sé cómo, para insertarla en ese número de despedida que tiene, pues, la particularidad bibliográfica, de albergar dos contribuciones del prolífico cronista: “Problemas del relanzamiento”, firmada José Peirats, y “Tecnología y humanismo”, firmada Pepet. ¡Una salida “en beauté” come se dice en Francia!

De las setenta y tres – si se añade la del “n° 0” – talentosas colaboraciones mandadas a Frente Libertario por Peirats a lo largo de esos siete años, mucho se podría decir sobre las temáticas escogidas y el estilo – tan caracterizado – de su prosa. Pero lo que merece ser recalcado, a mi parecer, es esa manera tan singular que tenía Peirats de situarse, como anarquista de toda la vida, en la compleja y a veces contradictoria tradición hispana del libertarismo obrero, que conocía al dedillo.

“La propaganda proselitista, puntualiza Peirats en una de sus primeras crónicas, es la literatura de peor calidad. […] Los misioneros de proselitismo no osan decir sinceramente al público las verdades que escuecen.” Ocultadas por un “oficialismo” cenetista acostumbrado a reescribir con gloria sus mediocres hazañas burocráticas, pero también por una militancia satisfecha de ser alabada por la prensa “legitimista” del exilio libertario, esas “verdades” son precisamente las que Peirats remueve, de crónica en crónica, con pluma ágil y con intención afirmada: recordar la dignificación que el anarquismo obrero de los orígenes supuso para los descamisados – “En mi hambre, mando yo” – y estudiar, sin glosas inútiles y de manera siempre crítica, su trayectoria a lo largo de la historia social de España. De ahí, su evidente admiración hacia personajes como Lorenzo, Salvochea, Mella, Prat, innegables figuras de un anarquismo abierto a la experimentación y rematadamente opuesto a todo espíritu de secta.

Curiosamente a Peirats se le tildó a veces, y con malas intenciones, de “ortodoxo”. A decir la verdad, esa caracterización no le molestaba demasiado cuando la acusación le venía de “heterodoxos” exageradamente adictos a las nuevas modas conceptuales “sesentayochistas” o de historiadores marxistizados de nueva extracción, pero no dejaba de extrañarle, eso sí, que se le pueda relacionar con cualquier tipo de “ortodoxia” – salvo quizá la que le hacía sentirse íntimamente ligado a la condición proletaria y, lógicamente, al anarcosindicalismo como método de emancipación. Por lo demás, en cuanto a mecánica orgánica se refiere, sus ideas eran sencillas: o sirven los “principios, tácticas y demás” o no sirven. Si sirven, se aplican; si no sirven, se cambian. Ahora bien, añadía Peirats, “los principios (ya lo dice la palabra) son un punto de partida que en nosotros está no convertir en decorativos”. Ni cerrazón ortodoxa, pues, ni inclinación particular por el revisionismo. Práctico más bien. En cuanto a las nuevas temáticas emancipadoras de la época, las miraba con curiosidad, pero sin fascinación. Cuando le parecían ser dignas de interés y renovadoras del pensamiento ácrata, como fue el caso de las que teorizó Murray Bookchin (dos largas crónicas le dedica Peirats en Frente Libertario), las valoraba – siempre de forma crítica – y terminaba por integrarlas a su ya nutridísimo vademécum anarquista íntimo. Ortodoxo tampoco lo era, ya se ha dicho, en su reprobación manifiesta y repetida de la fascinación ejercida por la violencia en algunos anarquistas de su tiempo, en su impugnación argumentada de esa forma tan particular de “redentorismo” libertario repleto de fetichismo y de misticismo. La inapetencia de Peirats por el martirologio fue reincidente, como lo fue su rechazo de todo acomodamiento ideológico – y aún más burocrático – exclusivista. Hombre de matices, Peirats era ciertamente un anarquista más inclinado a cuestionar las ideas que a repetir las falsas evidencias de une verdad autoconstruida. Así que eso de “ortodoxo” se lo dejaremos a los que, pobres de imaginación, lo dedujeron de las justificadísimas críticas de Peirats a los “militantes destacados” de la CNT-FAI que, en cuatro días, se saltaron a la torera los principios del anarcosindicalismo para adaptarlos a las circunstancias de la guerra pero sin pensar, como bien decía Peirats, que, si la guerra se  hace contra la revolución, grande es el riesgo de perder en los dos frentes. Por falta de entusiasmo. Y así sucedió.

En ese tema, sin embargo, Peirats no era el rabioso que se dijo, ni mucho menos. Desconfiaba, y lo dejo escrito, de los extremismos baratos – a la Vernon Richards – o de las intransigencias sin sustancia – a la Carlos Semprún Maura. Para él, las “circunstancias” eran innegables. La fuerza de su crítica residía precisamente en esa capacidad de evaluar a rajatabla une situación complicadísima para el anarquismo. Numerosas son las crónicas, a menudo en forma de reseñas, que Peirats dedicó, en Frente Libertario, a ese acontecimiento de importancia. En ellas, al analizar la política de los aparatos de la CNT-FAI en ese periodo, no se habla, es de ser notado, de “traición”, de “capitulación” o de otras lindezas por el estilo. El autor puntualiza, detalla, estudia, desmenuza, pero no anatemiza, no se deja llevar por ninguna pasión (ortodoxa). En conversaciones privadas, Peirats no se mordía la lengua – lo puedo atestiguar –, pero, en materia periodística, sabía guardar el tono. No por miedo a la polémica (lanzó algunas cuando se justificaban), sino por sentido de la responsabilidad ética. Periodista obrero desde sus años de juventud – su primer artículo se lo publicó, en 1927, el Boletín del ladrillero, portavoz de los obreros del barro –, sabía que los escritos exigen más reflexión que demagogia barata. No solo porque quedan, sino porque lo impone ese tipo de ejercicio si no se quiere caer en la simplificación o en la caricatura. Por lo menos, así lo veía él y así lo práctico. Con espíritu batallador, pero honestamente.

Críticas de libros, artículos historiográficos, estampas del exilio, semblanzas de militantes obreros, intervenciones sobre la contemporaneidad del anarquismo, reflexiones sobre su trayectoria histórica, meditaciones sobre principios, tácticas y finalidades, cavilaciones sobre su hipotético porvenir, las setenta y tres crónicas de Peirats en Frente Libertario constituyen indudablemente, por su eclecticismo, diversidad, estilo y sutileza, una prueba evidente de su gran talento de ensayista. Con el paso del tiempo, es un auténtico gustazo releerlas. Porque son piezas de majestad y porque intuyen, à la lettre, lo que el anarquismo hispánico de los tiempos heroicos ha producido de mejor: el obrero ilustrado que podía competir, sin el menor complejo, con la intelectualidad burguesa. A riesgo, para está, de quedar, a veces, ridiculizada por el ladrillero.

 

Freddy Gómez

 

JOSÉ PEIRATS I VALLS (1908-1989)

La gran calamidad de las dictaduras no consiste sólo
en sus atropellos al derecho de los ciudadanos y contra
las personas físicas, sino en el gran vacío que dejan
al desaparecer. Todo tiene que improvisarse tras la desaparición
del poder personal. Una gran hambre física y de libertad se
despierta súbitamente.

José Peirats i Valls.

LA VOZ DE UN HISTORIADOR ANARQUISTA

La historia de la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco es un tema que en forma conjunta no ha sido tratado por muchos exiliados, no ya por los historiadores, sino tampoco por aquellos que por diversos motivos escriben historia, y así vemos que José Peirats, histórico militante de la CNT y de la FAI, publica La CNT en la Revolución española (3 vols., 1951, 1952 y 1953), obra escrita como justificación de la CNT y del movimiento libertario, especialmente contra el PCE, en los dos últimos volúmenes estudia la guerra civil; escribió también un ensayo sobre Los anarquistas en la crisis política española (1962). Está considerado el más importante historiador anarquista español desde Anselmo Lorenzo.

El sindicalista, periodista e historiador José Peirats i Valls, nace en Vall de Uxó, Castellón, el 15 de mayo de 1908 y fallece en Burriana el 20 de agosto de 1989.

Hijo de una familia de alpargateros, a los cuatro años emigra con su familia a L’Hospitalet de Llobregat. Comienza a trabajar a la edad de ocho años, desempeña varios oficios, pero el más habitual fue el de ladrillero.

Con catorce años se afilia a la Confederación Nacional del Trabajo. Participa en la fundación de Ateneo Nacionalista de la Torrasa.

Es encarcelado por vez primera, en 1927, durante la Dictadura de Primo de Rivera, ya en la II República se integra en la Federación Anarquista Ibérica, llegando a ser secretario de la FAI de Barcelona.

Ingresa en las Juventudes Libertarias. Redactor de Solidaridad Obrera, órgano de la CNT, es delegado por L’Hospitalet en el histórico Congreso de la CNT, celebrado en 1936, en Zaragoza, en el que se opuso a la alianza con la Unión General de Trabajadores (UGT).

En la célebre jornada del 19 de julio de 1936, participa en el asalto del cuartel de Bruc, de Barcelona.

Se integra en la redacción de Acracia. Durante la guerra se opone a la colaboración política de la CNT con el Gobierno republicano.

En la primavera de 1937 se hace cargo de Ruta, órgano de las Juventudes Libertarias de Cataluña y, a finales de ese año, se alista como voluntario en la columna Durruti, en la que alcanza el grado de sargento.

Al finalizar la guerra cruza los Pirineos con el resto de su división y es internado en el campo de concentración francés de Vernet d’ Ariège.

En diciembre de 1939, en el vapor francés La Salle, parte hacia Santo Domingo, desde donde pasa a Ecuador, Panamá y Venezuela, trabajando en diversos oficios.

Colabora en el periódico venezolano El País.

En abril de 1947 asiste a la Conferencia Internacional del Movimiento Libertario Español celebrada en Toulouse.

En junio de ese año entra clandestinamente en España. Es nombrado secretario general del MLE. Regresa a Francia y en octubre de 1947, en Toulouse, es elegido secretario de la CNT en el exilio, de la fracción ortodoxa.

En mayo de 1950, vuelve a ser reelegido y es director del semanario CNT.

Muerto el dictador regresa a España en 1976.

En la escisión CNT-CGT de 1979-1980 sigue a los “posibilistas”, aunque se retira, con su compañera Gracia Ventura, a su tierra natal.

Entre las obras de Peirats, además de las citadas, destacan:

Diccionario del anarquismo (1977),

Emma Goldman, anarquista de ambos mundos (1978),

Figuras del movimiento libertario español (1978)

Mecanismo orgánico de la Confederación Nacional del Trabajo.

Y como dijo el historiador anarquista: «El principio de “la victoria ante todo” es no tener principios».

Francisco Arias Solís.

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