La CNT ante el golpe militar fascista de 1936. Un ejemplo de responsabilidad colectiva

Publicado el 29 julio, 2013

Mariano R. VÁZQUEZ

cnt-faiParece que fue ayer. Del 12 al 19 de julio. Una semana de febril impaciencia. Todos esperábamos. El Comité Nacional de la Confederación Nacional del Trabajo nos había dado la voz de alerta. Desde la Secretaría del Comité Regional de Cataluña habíanse dado las orientaciones precisas.

Los anarquistas, los militantes de la CNT no descansaban, no dormían. Unos acariciaban la pistola. Otros desenterraban el fusil. Se engrasaban las armas. Y quienes carecían de ellas esperaban el toque de la sirena señal de que la reacción aparecía en la calle, para lanzarse a los lugares de combate y apoderarse de la primera arma que un caído dejara inactiva.

Por fin, en la madrugada del 19, el alzamiento se produjo. Y la militancia, que llevaba una semana sin dormir salió al encuentro de los traidores, cerrándoles el paso, en unos lugares; asaltando sus fortalezas, en otros; buscándoles en sus guaridas, los de más allá.

Rápidamente la CNT vio el presente y el porvenir. Adivinó que la guerra sería larga, y decidió estudiar la situación con calma, con sensatez, con la responsabilidad exigible en la histórica hora que se vivía.

En Cataluña, la tarde del día 20, se reunía la organización confederal en un Pleno Regional de Locales y Comarcales. Y no se dejó impresionar por el ambiente, ni se emborrachó por la victoria rápida y rotunda, que había logrado. Por las calles de Barcelona sólo había CNT-FAI. Todos los coches llevaban estas letras estampadas. El pueblo escribía en las paredes las iniciales gloriosas, como laurel a los héroes. En las alturas ondeaba la bandera rojinegra. En las barriadas nuestra militancia era dueña absoluta. Los cláxones repetían los tres toques, «CNT-CNT-CNT», como un grito de guerra. El pueblo había visto luchar en primera línea a los anarquistas. Había visto a las figuras del anarquismo, dirigiendo las batallas, multiplicándose, dando el pecho a las balas enemigas, mientras sus fusiles, sus ametralladoras escupían granizadas de fuego sobre el enemigo. Ascaso, García Oliver, Durruti… eran el alma del combate barcelonés. El pueblo les aclamaba.

El salvoconducto que daba el paso libre era de la CNT y en medio de este dominio absoluto de la situación la militancia examinaba el panorama y exclamaba: «A conquistar las posiciones que tiene el fascismo», «No hay Comunismo libertario», «Primero a batir al enemigo allá donde se encuentre». Y decidía: «Constrúyase el órgano aglutinador de todos los antifascistas». Y surgía el Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, con representación de la CNT, FAI, Esquerra, PSUC, UGT, POUM, Acción Catalana y Rabassaires.

Era la primera nota de responsabilidad colectiva. Éramos dueños de la calle, de la situación y nos hicimos con ella. Y respetamos a los demás. ¿Habrían hecho lo mismo en nuestro lugar, con nuestras posibilidades, los otros sectores antifascistas? La Historia registra en el comportamiento posterior de cada cual, la respuesta: no. Sólo el anarquismo noble, responsable, sensato, era y es capaz de tratar de igual a quien podía eliminar, a quien era inferior.

La CNT se reunía en un Pleno Nacional de Regionales a primeros de agosto. Y decidía lo mismo que la Regional Catalana había acordado el 20 de julio: «No hay Comunismo libertario. Primero aplastemos a la facción».

En septiembre se determinaba en un Pleno Nacional de la CNT abogar por el Gobierno Revolucionario del pueblo en el cual decidíamos intervenir, y redactaba un programa completo para facilitar la victoria. En el mismo mes de septiembre la CNT intervenía en el Consejo de la Generalidad.

En noviembre, la presión en la calle determinaba que la CNT entrara a formar parte del Gobierno Central. La presión de la calle y la agobiante situación exclusiva de nuestros camaradas; y en aquellos días febriles, de peligro, era la CNT, los jóvenes libertarios de los ateneos de Madrid, los que se multiplicaban en el arrojo y dinamismo para contener el avance de los mercenarios.

Desde los ministerios que ocuparon los delegados de la CNT se trabajó intensamente para realizar la tarea positiva que había de llevar a cabo. Ni un solo caso de partidismo ni un acto de bandería puede encontrarse en nuestra gestión en el Gobierno y así vemos como en Justicia y Sanidad, los subsecretarios de nuestros camaradas son republicanos no anarquistas. Cómo el director general de Industria, cargo de indiscutible importancia, y desde el cual puede realizarse una intensa obra partidista, era socialista. Son estos, elocuentes botones de muestra.

A nuestro camarada García Oliver le compitió organizar las Escuelas Populares de Guerra. Ya antes las había organizado en Cataluña, desde el Comité de Milicias Antifascistas. Y desde estas escuelas de oficiales del Ejército, donde el organizador podía situar a elementos de su preferencia se realiza la obra imparcial que nos caracteriza. Prueba elocuente es que la CNT es la que obtiene menos oficiales. ¿Pudo hacerse trampa? Nadie ha de dudarlo. Pero no se hizo. Frente a esta gestión, cuyos resultados incontrovertibles son los números en el comisariado, desde el primer momento, hasta hoy, algún partido va al copo. Y es quien más comisarios tiene.

Se nos desplaza del Gobierno. Pudimos provocar una situación violenta en la retaguardia. Y no lo hicimos. Por el contrario, la CNT estudió la situación y elaboró un programa mínimo de gobierno, cuya característica era la sensatez y cuyo objetivo era facilitar la rápida victoria, sacando de cada resorte gubernamental el rendimiento necesario. Lo ofrecimos al jefe del Gobierno. No se nos atendió. Pasó un mes.

El día 1 de julio sometimos a las organizaciones nuestro programa para elaborar uno conjunto y formar el Frente indestructible de todos los sectores antifascistas. El Partido Comunista y el Socialista lo torpedean, y no hay manera de hacer el Frente de Unidad Antifascista.

Esta es, a grandes rasgos, la línea que ha seguido la Confederación Nacional del Trabajo, su comportamiento y sus actos responsables. ¿Pueden decir otro tanto todos los sectores antifascistas? Estamos satisfechos del espejo que podemos ofrecer a los demás, para que en él se miren.

Publicado en Polémica, n.º 22-25, julio 1986

 

 

marianetMariano Rodríguez Vázquez (Marianet). De etnia gitana, entra en contacto con militantes anarquistas en la cárcel, donde cumplía condena por hurto. De inmediato se convierte en militante anarcosindicalista y llega a ser Secretario del Comité Regional de Cataluña de la CNT entre noviembre de 1936 y junio de 1939 en que muere ahogado en un accidente nunca aclarado totalmente.

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