Mariano Rodríguez Vázquez “Marianet” (Vida y obra)

Mariano Rodríguez Vázquez  (1909 – 1939) nacio en Barcelona, (España) en 1909 y murió en La Ferté-sous-Jouarre, Champaña, (Francia) el 18 de julio de 1939.

Fue un anarcosindicalista español, conocido popularmente como a Marianet y que firmaba como Mariano R. Vázquez.

Fue secretario Regional de Catalunya de la Confederación Nacional del Trabajo entre noviembre de 1936 a junio de 1939. Desempeñó un papel decisivo en el devenir anarcosindicalista y la vida política y social de la Guerra Civil Española (1936 a 1939).

Era de etnia gitana, y conoció las ideas anarquistas al coincidir en prisión, en la que estaba por hurtos, con militantes libertarios, quedando profundamente convencido por las ideas ácratas que le llevaron a un cambio radical de vida, abandonando la delicuencia, para pasar a participar en las organizaciones libertarias.

Tras el descontento por parte de los anarquistas hacia los comunistas en la Guerra Civil Española. El 8 de febrero de 1939, participó en una reunión celebrada en París, a la que asistió como jefe del Comité Nacional de la CNT y proponía una resistencia prolongada de la República, para según él << hacerse temer >>.

Biografía de Mariano R. Vázquez “Marianet”

por Federica Montseny

Extraído de la revista “CENIT: Sociología, ciencia y literatura”, número 103 de Julio de 1959. Enviado por Corinne Flores y digitalizado por el Portal Libertario OACA.

El día 18 de julio de 1939, bañándose en el río Marne, encontró la muerte Mariano R. Vázquez. Los años han pasado acumulando hechos, pérdidas de vidas humanas, tragedias individuales y colectivas sobre ese drama que sería casi olvidado, si no sobreviviésemos los que, compañeros de luchas, de trabajos o de vida de Marianet, seguimos recordándolo y marcando cada año en nuestro corazón el triste aniversario.

Además, en Marianet queda vinculado, con cuanto tuvo de grandezas, de fallas de desfallecimientos, de errores y de aciertos, el gigantesco episodio, de la Revolución de 1936. El Secretario del Comité Regional de Cataluña el 19 de julio de 1923; secretario del Comité Nacional de la C. N. T. a partir de noviembre del mismo año cuando la Organización sancionó con la destitución de Horacio Prieto, el abandono de Madrid en los chas álgidos del sitio de la ciudad mártir, hasta el fin de la guerra; secretario del Consejo General del Movimiento Libertario desde su constitución hasta su muerte, Marianet fue el centro y el eje de un periodo de actuación del Movimiento de capital importancia para el mismo, quizá el más trascendente de su larga historia.

Murió muy joven apenas tenía 32 años. La Revolución le sorprendió cuando aún no estaba plenamente formada su conciencia de militante. A golpes con la vida, cruenta y ásperamente, tuvo que formarse su conciencia de hombre. Y en un momento dacio, sobre él cayó la terrible responsabilidad de la dirección de un Movimiento, zarandeado a diestro y siniestro, enfrentado con formidables problemas. Los que hemos vivido aquellos días y los que conocemos la vida íntima de nuestra Organización, sabemos que en ella, en horas determinadas, todo cae, todo se desploma sobre un hombre, obligado de arrostrar todas las responsabilidades, dejado solo para el trabajo y para las decisiones capitales; solo también después para la crítica y para la justificación de una gestión, severa e implacablemente exigida.

¡Y Marianet en el fondo era un niño, falto de experiencia, incalculablemente cándido!

EL HOMBRE

Tenía una capacidad de trabajo increíble, una robustez física que hacia de él la Imagen viva de la salud y de la fuerza. El uso y el abuso de esta naturaleza generosa, las muchas emociones contenidas, la fatiga de los nervios duramente sometidos a prueba, incubaron en él, silenciosamente la dolencia cardiaca que ocultó a todos, con pudor salvaje, y que le produjo el colapso destinado a ocasionar la muerte.

Era rudo, de carácter hosco, poco expansivo. Su semblante atezado, su ancho corpachón, su pelo revuelto, y rizado, cayendo sobre su frente, te daban un aspecto primitivo, un poco raro y repelente a la primera impresión. Sin embargo, ha sido el hombre que más amigos tuvo en nuestro Movimiento, por un don de simpatía personal, por un atractivo que apenas puede definirse con palabras. Abandonado a sí mismo, puesto en confianza, se entregaba moralmente y dejaba ver el fondo de su alma, afectuoso y pueril y de juventud sorprendente.

Tuvo muchos defectos, fallas capitales en su carácter y en su actuación. De ello tenía conciencia, aunque, con el orgullo de todo hombre, jamás lo hubiera reconocido ni lo reconoció ante otros mejor dotados que él. Por el contrario, poner de manifiesto su insuficiente cultura, su falta de conocimientos, era la mejor forma de enajenarse su confianza y de impedir que él mismo, en silencio, corrigiese sus defectos y rectificase sus errores.

Ante él siempre sentí una mezcla indefinible de piedad y de admiración. Pocos conocen sus orígenes, su vida de hijo de la calle, criado como un árbol selvático, sin amor y sin cultivo.

Quedó sin madre muy pequeño. Su padre volvió a casar y encerró en el hospicio a los dos hijos del primer matrimonio. Por odio a este padre, que no lo fue para ellos, Mariano suprimió el Rodríguez de su primer apellido y fue para todos Mariano R. Vázquez. A los nueve años escapó del hospicio y vivió mendigando y de pequeños hurtos. Detenido muchas veces como quincenario, en la cárcel aprendió a leer y a escribir; en la cárcel conoció las ideas leyendo Novelas Ideales y folletos de Sánchez Rosa, de Matatesta, de Reclus o de Grave. Y a los 18 años el hombre que en él iba naciendo se prometió a sí mismo:

– No volveré a robar.

Y trabajó en la carga y descarga del muelle; de peón, de lo que fuese. Trabajos todos duros, pues no tenía ningún oficio, no tenía más que sus brazos robustos y jóvenes y su voluntad de recobrarse.

Todas sus lecturas fueron ésas: toda su cultura eran algunos libros leídos con esfuerzo. Su conciencia se formó sola, como reacción contra el medio. Y lo curioso, lo extraordinario, lo que yo admiraba y en cierto modo me impresionaba moralmente, era el prodigioso sentido práctico, la lucidez, la claridad de sus juicios; la ascensión penosa, pero constante, de esa conciencia desde el fondo de su ignorancia, desde el abismo de miseria y de rencor de sus primeros años, a una concepción elevada y generosa de la vida y de la lucha.

Era, realmente, un diamante en bruto, rudo y tosco, sin pulir por dentro ni por fuera, todo aristas e impurezas, pero con un fondo de aguas límpidas que cada día se hubieran ido puliendo y perfeccionando.

Lo terrible, lo trágico para él, y para todos nosotros, para cuantos vivimos aquellos días destinados a transformar un mundo, es que la Revolución le sorprendió cuando aún no estaba completamente formado; que el constante desgaste de hombres y las necesidades de las luchas le llevasen a ocupar un puesto para el que todavía no tenla experiencia ni la preparación suficientes.

En cierto modo Marianet es el símbolo vivo de nuestro pueblo, encerrado con un problema de vida o muerte; enfrentado con una revolución que se vio obligado a hacer, aunque tuviese conciencia que no estaba ni maduro ni preparado para ella. Y sobre la marcha, creciéndose a si propio, autoformándose, adquiriendo lo que le faltaba, supliendo por sí mismo a sus propias fallas, construyendo una obra gigantesca y defectuosa, enorme y trascendente por su resonancia en el futuro.

EL MILITANTE

En mi ya larga vida de actuación y de lucha, he convivido y compartido responsabilidades orgánicas con muchos hombres. Incorporada al Comité Peninsular de la F. A. I. en agosto de 1936; agregada más tarde al Comité Nacional; vuelta a él cuando, a finales de mayo de 1937, cayo el gobierno Largo Caballero, compartí constantemente estas responsabilidades con Marianet, desde esas fechas hasta el exilio, en el SERE y en el día fatal de su muerte.

Siempre le vi en su sitio, incansable, tenaz, supliendo a los que fallaban, con un sentido de responsabilidad que no se encuentra siempre en nuestra militancia. En situaciones difíciles, poniendo de manifiesto un tacto y una habilidad que nadie hubiese sospechado bajo su ruda y tosca apariencia.

¡Y qué horas tan terribles debimos compartir, codo con codo, luchando silenciosamente, a veces en medio de la hostilidad y de la incomprensión’ de nuestros propios compañeros! Los días trágicos de noviembre en Madrid, después de la muerte de Durruti, con los problemas creados por lo que quedaba allí de su gloriosa división; los días de los sucesos de Vilanesa y de la Columna de Hierro; los días más trágicos todavía de mayo del 37 en Barcelona; la lucha secreta, callada, de voluntad y de astucia a astucia, con los embajadores soviéticos en Valencia; la lucha con el conjunto de factores confabulados que iba gestando la tragedia final, en la que debía verse envuelto y sumergido el mundo entero. La lucha por los puestos de embarque, ya en París, áspera, inmisericordiosa, en la que nos encontramos solos contra todos, hasta contra nuestros compañeros, que ignoraban nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, que eran los primeros en hacernos la vida imposible.

Durante una etapa, nos encontramos, no codo con codo, sino frente a frente. Nos separó una diferencia fundamental de apreciación de la manera de llevar la lucha, de la línea seguida por la organización. Pero si bien me coloqué frente a Marianet en un momento que le juzgué desviado, desbordado por los acontecimientos, arrastrado a una actuación suicida y arrastrando con él a toda la organización, jamás dudé de su buena fe y lealtad, aun en el error. Creía así servir mejor al Movimiento; no vela para la C. N. T. y para el pueblo español otra salida. La historia tiene que decir todavía si estaba o no en lo cierto; sí su instinto no le guió quizás más certeramente que nuestra Inteligencia y nuestras consideraciones tácticas.

Como militante fue el hombre total y absolutamente entregado a la Organización, sin hogar, sin vida privada, esclavo de sus deberes, siempre en su puesto, haciendo frente a todas las situaciones, solo o acompañado. ¿Defectos? ¿Quién no los tiene? ¿Errores? ¿Quién no ha cometido errores? Y de ellos no puede hacérsele exclusivamente responsable, porque esta responsabilidad debemos compartirla todos; debe compartirla la Organización entera, cuando deja solo un hombre en su sitio, delegando en él una responsabilidad de gestión que debería compartir celosamente. Pero yo he asistido a escenas en la que he visto a Marianet, como he visto después a otros compañeros en los mismos cargos orgánicos obligado a asumir actitudes y a arrostrar responsabilidades ante el silencio y la inhibición total de los que eran sus compañeros de gestión, silencio e inhibición hijos de la incapacidad o del temor.

SU FUERZA MORAL

Algunas veces, evocando esos días tan densos, me he preguntado:

– ¿Y cómo ese muchacho, militante de poca veteranía, al que muchos conspicuos contemplaban con cierto desdén, consiguió mantenerse en su puesto e imponer incluso una disciplina a los que, llevados a los ministerios y consejerías, podían escapar fácilmente a su control?

Algunos escaparon, evidentemente. En el terreno de los engaños y las triquiñuelas económicas y políticas, se le burló muchas veces. Pero en general se le respetaba y cuando elevaba su vozarrón y daba un puñetazo sobre la mesa, lanzando algunas de sus frases rudas y tajantes, era escuchado.

Vestido siempre con su eterno «mono» contenía las veleidades indumentarias de algunos que, corno alguien cuyo nombre callo por piedad, estaba preocupadísimo sobre la resolución que tomaría el Comité Nacional si unas unidades de la escuadra inglesa llegaban a Valencia; esto es si se autorizaría orgánicamente el smoking para los ministros de la C. N. T. en la recepción que se preveía.

– ¡Hay que conservar el ritmo proletario! – decía iracundo Marianet.

Recuerdo que cuando el 7 de noviembre de 1936 el gobierno abandonó Madrid, y, tras él, o antes que él, Horacio M. Prieto, secretario entonces del Comité Nacional; cuando nos íbamos acercando a Valencia, donde estaba reunido el Pleno Nacional de Regionales que destituyó a Horacio yo, que había salido de Madrid dejando la villa en plena fiebre defensiva, llorando de vergüenza al ver cómo todo el mundo se aprestaba para la lucha mientras nosotros huíamos, obligados por una resolución corporativa del Gobierno, pensaba con angustia:

– ¿Qué dirá Marianet cuando nos vea?

Y cuando me presenté ante él y vi sus ojos severos fijos en mí, cuando le oí decir sin cólera, pero con tristeza:

– ¡A lo menos tú te hubieses quedado! – incliné la frente y estalló en sollozos como una criatura.

Hubiera podido decirle que no era yo, una mujer, la que debía quedarme en Madrid sitiado cuando los hombres huían, cuando lo abandonaba el propio Secretario del Comité Nacional, pero yo comprendí el sentido profundo de ese : ¡A lo menos tú te hubieses quedado!

Podían haberse marchado todos, pero si yo me hubiese quedado, en Madrid hubiera permanecido el símbolo de la C. N. T. personificado en una figura de mujer que encarnaba la parte más intransigente, más clásica, más histórica y más representativa del anarquismo español.

Aquella misma noche regresé a Madrid queriendo rescatar con mi entereza y ml desafío de un peligro al que nunca temí, el error cometido al secundar y respetar un acuerdo corporativo que quiso tomarse con la complicidad explícita e implícita de la C. N. T.

En una humilde sepultura del cementerio de la Ferté-sous-Jouarre, sin cruz ni piedra que marque su lugar duerme el sueño eterno Mariano R. Vázquez,

Muchos años han pasado, arrastrando, en su vorágine, miles de vidas asolando hogares, destruyéndolo todo. Quizá fue el más dichoso, descansando antes que nosotros del gran combate.

En ese aniversario de su muerte he sentido el deseo de dedicarle públicamente este recuerdo; de evocar, para los viejos que le conocieron y le amaron con sus cualidades y sus defectos; para los jóvenes que no le conocerán nunca, esta silueta compleja, rica en matices, vinculada a un momento crucial de la vida de España y de la C. N. T.

Tantos días de prueba vividos juntos, esa fraternidad de armas que se conoce solamente en las guerras y las revoluciones, establecieron entre nosotros una hermandad moral, una afección honda y sincera que no destruyeron nuestras diferencias de posición; ni han destruido las visiones deformadas del hombre combativo y discutido; ni ha destruido la muerte. Le conocí; aprecié en él lo mejor de sí mismo; vi sus defectos; me esforcé en ayudarle a corregirlos, no en hundirle porque los tenía.

Muerto, se le han atribuido y se le atribuirán las más caprichosas actitudes; se dice y se dirá que hubiera adoptado ésta o estotra posición.

Está muerto. Dejémosle en paz, en un reposo que merece ese luchador Infatigable; ese hombre que se prodigó sin tasa ni medida, símbolo y encarnación del esfuerzo y de la tragedia de un pueblo que, como él, asciende trabajosamente de su miseria y de su ignorancia, autoformándose penosamente, primitivo, tosco, rudo, diamante en bruto cuyo valor nadie ha podido ni podrá calibrar justa ni exactamente; digno de mejor suerte, detenido en su ascensión gloriosa, pero, aun vencido, aun muerto, invencible e inmortal siempre.

Federica Montseny
 
 
 

Un gitano secretario general de CNT

Mariano Rodríguez Vázquez, conocido como Marianet, gitano y Secretario General de la CNT de Cataluña durante el periodo de la Guerra Civil.

Empezar a hablar de memoria histórica gitana durante la Guerra Civil es una tarea cada vez más urgente. Mariano Rodríguez Vázquez, conocido como Marianet, gitano y Secretario General de la CNT de Cataluña durante el periodo de la Guerra Civil.

Empezar a hablar de memoria histórica gitana durante la Guerra Civil es una tarea cada vez más urgente, no solo por la propia autoestima del Pueblo Rroma en España sino también para que desde la sociedad mayoritaria se cree esa empatía necesaria para obtener un respeto tanto tiempo perseguido, todos y todas sufrimos en esa guerra fraticida. Hasta el momento a los Rroma nos han relegado a la invisibilidad o como mucho se ha explotado un estereotipo folclórico y/o conservador nacionalcatólico, imagen que ha visto reforzada con la beatificación de Ceferino Gimenez Maya “El Pele” por parte de Juan Pablo II que se encargo de hacer “beatificaciones express” de algunos caidos del Frente Nacional, los militares golpistas y fascistas. No voy a dedicar muchas líneas sobre la historia oficial de este beato, aunque otras fuentes no coinciden con esa versión oficial de candida beatitud, pero si me parece poco coherente como persona de izquierdas y progresista que esa referencia reaccionaria sea la única que se maneja popularmente sobre los gitanos en ese periodo amargo y que incluso los más “progresistas” comulgen con ese ensalzamiento que más parece una maniobra política conservadora que un acto de justicia real.

Para saber algo sobre este luchador anarquista debemos constatar que existen ciertos obstáculos que dificultan poder dar una visión detallada no solo por la “amnesia histórica” impuesta también por la poca información recopilada sobre este personaje en concreto. Para poder retratarlo debemos acudir a referencias más o menos directas que se han registrado en biografias o apuntes sobre otros personajes relevantes coetáneos, esto provoca una impresión, como poco, de curiosidad más cuando además desarrollo su labor como Secretario General de la CNT justo en el periodo de la Guerra Civil. Fue contemporaneo y vecino de Helios Gómez, otro gitano revolucionario anarco-comunista, aunque de este último tenemos un poco más de información debido a su actividad artística en favor de la causa republicana.

Es importante que nos situemos en el contexto ideológico e histórico si queremos comprender este periodo acelerado de convulsiones y el papel que Mariano Rodriguez Vazquez, “Marianet” jugó en este momento histórico no tan lejano.

En la España de los años 30 la presencia de un amplio movimiento anarquista era una anomalía con respecto a lo que ocurría en otros países europeos.
CNT cartel por las milicias

La CNT fue fundada en 1910 en Barcelona. Era una asociación sindicalista revolucionaria que continuaba la tradición anarquista de España. Desde su introducción en España en 1868 por el amigo de Bakunin, Giuseppe Fanelli, el anarquismo tenía sus seguidores en Cataluña, sobre todo en Barcelona y entre los obreros rurales y campesinos pobres en Andalucía. A principios del siglo veinte el centro de las actividades se encontraba en Cataluña entre los trabajadores industriales que estaban bajo la influencia del sindicalismo francés.

Para muchos anarquistas la huelga general era el arma principal que, en su opinión, conduciría a la revolución y el derrumbamiento del Estado. Los anarcosindicalistas rechazaban toda organización política. Querían organizar la sociedad a base de sindicatos que deberían controlar la producción y la distribución de manera que todo poder viniera a los producentes.

En la España de los años 30 la presencia de un amplio movimiento anarquista era una anomalía con respecto a lo que ocurría en otros países europeos. La CNT que, en un principio, era una organización sindicalista revolucionaria, derivó hacia el anarcosindicalismo. Para muchos trabajadores de la época, la utopía anarquista era una realidad alcanzable. Lejos de plantear la lucha proletaria como un empeño por conseguir únicamente mejoras concretas en las condiciones de trabajo y en el nivel de vida, los anarquistas más radicales creían en una revolución libertaria que acabase con el injusto régimen social imperante en aquella época y trajese una nueva era de fraternidad e igualdad universal basada en una federación universal de comunas libres y en la abolición del dinero y de la propiedad privada. Ese modelo de sociedad futura se denominaba“comunismo libertario”.

En este contexto se desarrolla la vida de “Mariano Rodríguez Vázquez, conocido como Marianet. Mariano Rodríguez Vázquez, era un joven albañil de etnía Rromani (gitana) que conoció las ideas anarquistas en una estancia en prisión, hecho que le que influyo profundamente y que lo convirtió en un completo convencido por las ideas ácratas y que le hizo participar en las organizaciones libertarias. Tal es su implicación que acabará convirtiendose en Secretario General de la Confederación Nacional del Trabajo (1936 – 1939) cargo donde desempeñó un papel decisivo en el devenir anarcosindicalista y la vida política y social de la Guerra Civil Española.

Poco sabemos de su vida dentro del ámbito privado. Tuvo una compañera sentimental que se llamaba Conxita Dávila de la que no sabemos su fecha y lugar de nacimiento pero si que se exilió a México hasta el fin de sus días en 1974.

Tampoco manejamos demasiados datos de él hasta el estallido de la sublevación militar fascista y el registro de las acciones que realizan en la Cataluña de aquellos días y que finaliza, en esa primera avanzada, con el aplastamiento del movimiento golpista, es en ese momento cuando “Marianet” entra en escena con toda su fuerza.

Cuando el alzamiento militar nacionalista estalló, los anarcosindicalistas, ya lo esperaban y se habían entrenado.
Milicianas en una barricada en Barcelona, año 36

Cuando la Guerra Civil Española estalló el 18 de julio 1936, los anarcosindicalistas, que ya lo esperaban y se habían entrenado, prepararon un plan de defensa de la ciudad, coordinando la acción de los también clandestinos grupos de defensa de barriada y de sindicato. Este plan, aunque pobre en medios, fue muy efectivo y llamo a la unión de otras fuerzas políticas pero también de algunos destacamentos de la Guardia Civil, Carabineros y de Asalto que se integraron de forma espontánea en los grupos de la CNT.

El golpe militar nacionalista es vencido en Cataluña y es la CNT quien se encuentra en una situación de superioridad respecto al resto de las fuerzas del Frente Popular y otros sindicatos, así como del estado republicano en Cataluña.

Con este éxito a sus espaldas, se ofrece la posibilidad de crear un gobierno a la CNT en Cataluña, sin embargo, después de muchas deliberaciones dicidieron anteponer a la realización total de la revolución social anarquista, la victoria en la guerra, pues de haberse llevado ésta a cabo hubiera supuesto una cesura en la zona antifascista, así como hubiera dejado aislada internacionalmente a Cataluña y además pensaban que hubiera sido una imposición de los principios anarquistas sobre población no totalmente anarquista, repitiendo pues vicios autoritarios. Marianet en Julio del 36 mantiene, por tanto, posiciones conciliadoras tratando de unir grupos minoritarios antifascistas antes de llegar a la Revolución Social por los motivos anteriormente expuestos y se crea el 21 de julio en Cataluña el Comité Central de Milicias Antifascistas. El Comité presentaba un claro predominio de las organizaciones anarquistas, si bien también se encontraban representadas en el mismo todas las fuerzas del Frente Popular (ERC, POUM, PSUC,Unión Republicana, Unió de Rabassaires y UGT).

El CCMA constituía mas que una duplicidad de funciones con respecto a la Generalidad y se creo debido a la confusión y caos reinante con respecto a las ciudades y sus cambios de bando, sin embargo no fue muy efectiva y se disuelve en septiembre para crear una gobierno de la Generalidad más fuerte, lo que choca con lo que estaba sucediendo en la calle, que estaba dominada por comités de barriada (casi siempre formados a iniciativa de militantes de la CNT); en los sindicatos, que estaban comenzando a incautar empresas; y de las milicias, que se habían convertido en ejércitos obreros. Decidida la supresión del Consejo, se procedió a la negociación de la ampliación del gobierno de la Generalidad para incluir a todas las fuerzas antifascistas y sindicales. La idea era ganar eficacia y evitar la duplicidad de poder.

Unos meses después en 1937, y gracias a la experiencia recogida en la “Escuela de Militante, Manuel Buenacasa elabora el “Manual para el Militante” que fue aprobado por el Secretario General de la CNT, “Marianet”, con este manual se persigue que el militante aprenda cuales son sus obligaciones y que sea consecuente con los principios y la conducta moral de la organización a la que se obligan a servir además de hacer hincapie en el analfabetismo que impedía la “Militancia Consciente” El manual fue duramente criticado posteriormente por otros autores anarquistas que ven en este libro una contradicción con el espíritu libertario y una perversión del ideal en favor del “bochevismo”. Cuando se publica este libro ya hace más de un año que se está realizando una revolución autogestionaria desde la base, por los mismos trabajadores, sobre todo de CNT y UGT, y varias etiquetas sindicales y políticas, y sin etiqueta alguna.

“Marianet” tuvo que lidiar con momentos difíciles y complejos, en el año 38 con Aragón tomada por los Nacionales y Vinaroz recibiendo avanzadillas, queda el bando republicano partido en dos y las anteriores divisiones sindicales deciden olvidar sus diferencias y es así como surge la Alianza Sindical de la CNT con UGT. La premura, la descoordinación debida a la guerra y otros factores provocan reacciones precipitadas que en condiciones normales no se habrían producido y quizás en ese momento era la única decisión posible, pero trajo consigo grandes concesiones casi impensables para la CNT. Es el principio del fin del sueño de una Cataluña libertaria.

Un gran número de expertos apuntan como causa de la derrota del movimiento anarquista en Cataluña a la degeneración burocrática del anarquismo catalán, su rápida “bolchevización” a partir de 1937 y su renuncia a cuotas de poder que se había ganado en la lucha callejera antifascista aunque el análisis debería ser mucho más profundo porque las circunstancias son demasiado complejas para ser explicadas exclusivamente con una sola razón. Desde luego, la guerra no es cualquier razón sin más, quizá sea la más irracional de todas. Pero la rapidez con la cual los comités superiores de las organizaciones libertarias cayeron bajo el control de una burocracia emergida de su propio seno tiene que ver también con razones endógenas del propio movimiento.

“Marianet” ha sido acusado injustamente por algunos como el responsable de estos desaguisados en periodos de guerra. Gracias a él se conservan los archivos de la CNT. El contrato referente a los archivos de la CNT fue firmado el 11 de mayo de 1939 por él a título personal para evitar reclamaciones eventuales de parte del régimen de Franco. En este contrato se trata de 21 cajas con 106 paquetes. Estas cajas fueron enviadas a Inglaterra al mismo día. El inventario del archivo CNT hecho en aquella época (sin título y sin fecha) contiene descripciones concisas de los paquetes de documentos.

Gracias a “Marianet” se consevan los archivos históricos de la CNT. Él encargo esta misión de rescate de los archivos a Simón Radowitzky

La mayoría de los documentos se refieren a organizaciones nacionales y proceden del archivo del Comité Nacional. Datan del período del secretariado de Mariano Vázquez. El encargado de esta misión de rescate de los archivos no es otro que Simón Radowitzky, al que “Marianet” le dice que tenía que llevarse los archivos de la CNT. Radowitzky los llevó a Francia. Él, junto a Martin Gudell, que era su superior, los llevan hasta la frontera. Vuelve, se queda unos días más, y pasa la frontera, y va a parar al campo de concentración de Saint Cyprien sobre las costas del mar mediterráneo, donde el hambre y el frío eran constantes, donde había un kilo de pan para repartir entre 25 compañeros. Logra escapar, ayudado por otros compañeros. Lo llevan a Montpellier, luego a París, para pasar a Bélgica y después a México con identidad cubana donde fallecería en el exilio en 1956.

En 1947 los archivos de la CNT y FAI fueron transportados a Amsterdam, al Instituto Internacional de Historia, donde quedaron cerrados en custodia durante 36 años en espera de un desarollo favorable en España donde la CNT existía clandestinamente

En cuanto a sus ideas, siempre lucho por mantener la unidad y evitar la atomización de la CNT lo que le llevo a un pequeño enfrentamiento que se puede resumir en esta frase cuando Lucía Sánchez Saornil, ex secretaria de redacción de CNT de Madrid, fue invitada por Mariano R. Vázquez, Marianet, Secretario General de la CNT catalana, a ocupar una tribuna femenina, responde: “No recojo tu sugerencia porque mis ambiciones van más lejos; tengo el proyecto de crear un órgano independiente para servir exclusivamente a los fines que me he propuesto”.

Conocer la historia de “Marianet” es una labor complicada no solo por la “amnesia histórica” impuesta, también por la poca información recopilada sobre su persona.

Según algunas anotaciones e informes referidos por otros se cita su exilio a Francia y de su destino en este país. Manel Aisa Pampols hace mención en un artículo suyo sobre la organización de los libertarios en la clandestinidad. Como indica el autor del artículo, con la perdida de Cataluña, Mariano fijo su residencia en Paris junto a otros anarquistas que huyen y consiguen organizarse fuera de España y forma el Consejo General del Movimiento Libertario, organismo del que fue nombrado Secretario. Desde esta posición trata de mantenerse en comunicación con los que se hayan agrupados en los campos de concentración y también con aquellos que seguían en España, procurando en algunos casos las conexiones necesarias para que pudieran huir. En “Represión contra la CNT (1939-1949) de Angel Herrín López, en el apartado en el que habla de la Brigada Politico-Social de Franco en todo lo relativo a sus métodos de infiltración y control, afirma que esta infiltración de la policia fascista no solo se producía en territorio español sino también en el exilio y fruto de una de estas, José Hungría, Teniente Coronel Jefe de los Servicios de Información Militar, recibe la notificación en julio de 1939 de que “Marianet” se haya en Francia y que el infiltrado se ha ganado su confianza. Sin embargo, no será el franquismo lo que mate a “Marianet”, en junio del año 1939 fallece debido a un accidente, muere ahogado, algo que no deja de extrañar puesto que se comentaba que era un excelente nadador.

PUBLICADO POR FRANCISCO CORTÉS

 

UNA HISTORIA DESCONOCIDA “El pueblo gitano en la Guerra Civil”

Las vicisitudes de la minoría más grande del Estado español en una contienda que les sobrevino.

David Martín Sánchez
Donostia 10/07/13 · 7:30
19 DE JULIO DE 1936. Helios Gómez, con corbata, durante el asalto al Cuartel de la Montaña en Madrid.

19 DE JULIO DE 1936. Helios Gómez, con corbata, durante el asalto al Cuartel de la Montaña en Madrid.

¿Dónde estaban los gitanos y las gitanas durante la Guerra Civil? ¿Acaso desaparecieron? ¿Cuál fue su comportamiento ante los acontecimientos que estaban sucediendo? Ninguna respuesta en los libros de texto, y eso que es la minoría más numerosa de todo el Estado.

El pueblo gitano siguió conviviendo con el resto de la sociedad, también vivió el exilio, la lucha por una determinada causa, por ideales o por la fuerza de la coacción, y, sobre todo, sufrió las consecuencias de la barbarie. Pero han de tenerse en cuenta una serie de cuestiones intrínsecas a la naturaleza de este pueblo que nos ayudarán a comprender cómo afrontó las penurias de esta guerra.

El pueblo gitano, como grupo humano, no se posicionó a favor o en contra de ninguna facción de la contienda, evitaban verse involucrados en una guerra que no era la suya. Su alto sentimiento apátrida y su fuerte repulsa a la política impuesta por los Estados eran razones suficientes para justificar esta distancia. Sin duda, entre el resto de españoles la pertenencia a uno u otro bando durante la guerra se debió a diferentes factores, como la ideología o el lugar donde residían cuando se produjo el levantamiento. El pueblo gitano, como grupo humano, no se posicionó a favor o en contra de ninguna facción de la contienda En el caso de los componentes de esta etnia, al no recibir ningún trato de favor destacable por parte de los nacionales ni por parte de los republicanos, no supieron muy bien dónde situarse. No obstante, esto no significa que no hubiese casos anecdóticos de implicación en la propia guerra.

El ideal anarquista fue el que más atrajo a estos miembros de la comunidad gitana que sí participaron. Encontramos casos como el de un secretario general de la CNT llamado Mariano Rodrí­guez Vázquez y apodado Marianet, un joven gitano que se empapó de la ideología anarquista durante su estancia en la cárcel, donde conoció a otros libertarios, y cuya biografía está recogida en un libro escrito por Manuel Muñoz y publicado en México en 1960; o el caso de Helios Gómez, otro gitano, famoso internacionalmente por su obra pictorica, muy vinculado al anarcosindicalismo andaluz desde antes de la guerra, aunque en 1930 pasara a formar parte de las filas del comunismo; u otros muchos casos anónimos, como los gitanos y gitanas que formaban parte de la Colectividad Adelante de Lleida, o los gitanos milicianos capturados tras la caída de San Sebastián y trasladados al campo de trabajo de Gurs, en Francia.Encontramos casos de implicación en ambos bandos, como el de “Marianet”, secretario general de la CNT, o el de “El Pele”, defensor de la tradición y la religión, beatificado por el Vaticano en 1997.

Por otro lado, si debemos destacar un gitano posicionado en el polo contrario, ése sería Ceferino Jiménez Malla, “El Pele”, que fue más un defensor de la tradición y la religión que icono de la causa nacional. Tanto es así que en 1997 fue beatificado por el Vaticano.

Las fuentes orales del propio pueblo gitano dejan traslucir esa desconfianza por la participación en una guerra de “payos”, en una guerra que no era suya pero cuyo horror vivieron hasta las ultimas consecuencias, recordando los fusilamientos sufridos por parte de ambos bandos, las vejaciones soportadas a manos de las autoridades militares y policiales durante y después de la contienda, y el exilio forzado que tuvieron que realizar a Francia e incluso a América.

Se ha dado el caso también de algún componente del pueblo gitano que, huyendo de la Guerra Civil española, acabó en el campo nazi de Auschwitz, donde, aparte de judíos, se exterminaba a los gitanos. Más ancianos nos cuentan que cuando estaban en el frente intentaban pasar desapercibidos respecto a su condición de gitanos, ya que no les favorecía en absoluto dados los múltiples prejuicios que se arrastran desde hace siglos acerca de su pueblo. Gitanos vascos que hablaban euskera y francés sirvieron a las órdenes de famosos oficiales como Beorlegui, aprovechando su conocimiento de estas lenguas y del territorio; otros, por el contrario, ayudaron a cruzar la frontera a numerosos exiliados.

Y así, cientos de anécdotas que conforman las piezas de un puzle que poco a poco se van juntando. Son sus recuerdos, su participación en los episodios de la Historia de este país, su reivindicación a la aportación de la creación de esta sociedad en la que vivimos, haya sido buena o mala la deriva de la sociedad.

Asignatura pendiente de la historiografía

Este pequeño acercamiento nos sirve para adentrarnos, aunque sea de manera somera, en un mundo apenas conocido y en el que encontramos a un pueblo arrastrado a una contienda plagada de ismos, sin que políticos y teóricos se dieran cuenta de que los gitanos y las gitanas tenían un sentido de comunidad solidaria mayor que muchos comunistas, que su carácter apátrida, anticapitalista e independiente era superior al de un gran número de anarquistas, que su devoción religiosa era similar a la de los franquistas. Es un apartado que necesita un estudio riguroso para completar así la historiografía de la llamada Guerra Civil española.

MARIANO RODRIGUEZ VAZQUEZ, “MARIANET”

Pertenecía a la etnia gitana y quedó huérfano de niño, razón por la cual pasó parte de su infancia en el Asilo Durán, de donde huyó a menudo. De jovencito se dedicó a la delincuencia y fue encerrado en la prisión, donde el contacto con prisioneros libertarios y maestros racionalistas adoptó el anarcosindicalismo y abandonó la delincuencia. Trabajó como albañil y en 1931 se afilió a la CRTC de CNT . En agosto de ese mismo año asistió al Plenario de Sindicatos en Barcelona como delegado del Sindicato de la Construcción. En septiembre fue uno de los organizadores de la huelga de la construcción que llevará cuatro meses y debido a su participación en un tiroteo con las fuerzas del orden en el local de la calle Mercaderes fue detenido y confinado en el barco Antonio López, pasando después a la prisión de Mataró ya la cárcel Modelo de Barcelona .

Entre 1934 y 1936 fue presidente del Sindicato de la Construcción de CNT, secretario de la Federación Local de Sindicatos de CNT de Barcelona y secretario de la CRTC. Combinó la pertenencia a cargos dirigentes del sindicato con la participación en los grupos de acción. En enero de 1933 participó en el ataque a las Atarazanas de Barcelona y en la sublevación de la Federación Anarquista Ibérica, y fue nuevamente encarcelado en el buque Manuel Arnús. A principios de 1935 fue nuevamente encarcelado en San Miguel de los Reyes (Valencia).

En febrero de 1936 fue miembro del Comité Pro Presos y redactor de la página sindical local de Solidaridad Obrera. Finalmente, en noviembre de 1936 fue nombrado Secretario General de CNT en sustitución de Horacio Martínez Prieto, manteniéndose en el cargo durante toda la guerra civil española. Logró una gran popularidad. Durante estos años vivió en Madrid y en Valencia siguiendo el gobierno republicano, convirtiéndose en un partidario acérrimo de la colaboración con el gobierno asumida por CNT-FAI, al tiempo que asumía una férrea labor de centralización del poder. Durante los hechos de mayo de 1937 fue duramente censurado por pedir moderación y apoyar sin condiciones el gobierno de Juan Negrín. El 23 de enero de 1939, cuando ya era próxima la derrota definitiva, trasladó los comités anarquistas a Figueres y atravesó la frontera para San Juan de las Abadesas .

Una vez en el exilio se estableció en la Champaña, donde encabezó el Consejo General del Movimiento Libertario Español e intentó reorganizar el Comité Nacional de CNT, del que seguía siendo secretario general. Firmó el contrato de depósito de los archivos de CNT en el International Institute of Social History de Amsterdam. Murió poco después en extrañas circunstancias cuando se bañaba en el río Marne. Su compañera, Conchita Dávila, se exilió en México donde murió el 30 de agosto de 1974 .

Obras

Presente y futuro (1938)

El 19 de julio y apoyo significaciones (1938)

 

 

MARIANO RODRIGUEZ VAZQUEZ, “MARIANET”, GITANO Y DIRIGENTE LIBERTARIO DURANTE LA GUERRA CIVIL

Por Demetrio Gómez

Mariano Rodríguez Vázquez, conocido como Marianet

Mariano Rodríguez Vázquez, conocido como Marianet

Mariano Rodríguez Vázquez, conocido como Marianet, gitano y Secretario General de CNT durante el periodo de la Guerra Civil.

Empezar a hablar de memoria histórica gitana durante la Guerra Civil es una tarea cada vez más urgente, no solo por la propia autoestima del Pueblo Rroma en España sino también para que desde la sociedad mayoritaria se cree esa empatía necesaria para obtener un respeto tanto tiempo perseguido, todos y todas sufrimos en esa guerra fraticida. Hasta el momento a los roma nos han relegado a la invisibilidad o como mucho se ha explotado un estereotipo folclórico y/o conservador nacionalcatólico, imagen que ha visto reforzada con la beatificación de Ceferino Giménez MayaEl Pele” por parte de Juan Pablo II que se encargo de hacer “beatificaciones express” de algunos caídos del Frente Nacional, los militares golpistas y fascistas. No voy a dedicar muchas líneas sobre la historia oficial de este beato, aunque otras fuentes no coinciden con esa versión oficial de candida beatitud, pero si me parece poco coherente como persona de izquierdas y progresista que esa referencia reaccionaria sea la única que se maneja popularmente sobre los gitanos en ese periodo amargo y que incluso los más “progresistas” comulguen con ese ensalzamiento que más parece una maniobra política conservadora que un acto de justicia real.

Para saber algo sobre este luchador anarquista debemos constatar que existen ciertos obstáculos que dificultan poder dar una visión detallada no solo por la “amnesia histórica” impuesta también por la poca información recopilada sobre este personaje en concreto. Para poder retratarlo debemos acudir a referencias más o menos directas que se han registrado en biografías o apuntes sobre otros personajes relevantes coetáneos, esto provoca una impresión, como poco, de curiosidad más cuando además desarrollo su labor como Secretario General de CNT justo en el periodo de la Guerra Civil. Fue contemporáneo y vecino de Helios Gómez, otro gitano revolucionario anarco-comunista, aunque de este último tenemos un poco más de información debido a su actividad artística en favor de la causa republicana.

Es importante que nos situemos en el contexto ideológico e histórico si queremos comprender este periodo acelerado de convulsiones y el papel que Mariano Rodríguez Vázquez, “Marianet” jugó en este momento histórico no tan lejano.

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En la España de los años 30 la presencia de un amplio movimiento anarquista era una anomalía con respecto a lo que ocurría en otros países europeos.

En la España de los años 30 la presencia de un amplio movimiento anarquista era una anomalía con respecto a lo que ocurría en otros países europeos.
CNT cartel por las milicias

La CNT fue fundada en 1910 en Barcelona. Era una asociación sindicalista revolucionaria que continuaba la tradición anarquista de España. Desde su introducción en España en 1868 por el amigo de Bakunin, Giuseppe Fanelli, el anarquismo tenía sus seguidores en Cataluña, sobre todo en Barcelona y entre los obreros rurales y campesinos pobres en Andalucía. A principios del siglo veinte el centro de las actividades se encontraba en Cataluña entre los trabajadores industriales que estaban bajo la influencia del sindicalismo francés.

Para muchos anarquistas la huelga general era el arma principal que, en su opinión, conduciría a la revolución y el derrumbamiento del Estado. Los anarcosindicalistas rechazaban toda organización política. Querían organizar la sociedad a base de sindicatos que deberían controlar la producción y la distribución de manera que todo poder viniera a los producentes.

En la España de los años 30 la presencia de un amplio movimiento anarquista era una anomalía con respecto a lo que ocurría en otros países europeos. CNT que, en un principio, era una organización sindicalista revolucionaria, derivó hacia el anarcosindicalismo. Para muchos trabajadores de la época, la utopía anarquista era una realidad alcanzable. Lejos de plantear la lucha proletaria como un empeño por conseguir únicamente mejoras concretas en las condiciones de trabajo y en el nivel de vida, los anarquistas más radicales creían en una revolución libertaria que acabase con el injusto régimen social imperante en aquella época y trajese una nueva era de fraternidad e igualdad universal basada en una federación universal de comunas libres y en la abolición del dinero y de la propiedad privada. Ese modelo de sociedad futura se denominaba “comunismo libertario”.

En este contexto se desarrolla la vida de Mariano Rodríguez Vázquez, conocido como Marianet. Mariano Rodríguez Vázquez, era un joven albañil de etnía Rromaní (gitana) que conoció las ideas anarquistas en una estancia en prisión, hecho que le que influyo profundamente y que lo convirtió en un completo convencido por las ideas ácratas y que le hizo   participar en las organizaciones libertarias. Tal es su implicación que acabará convirtiéndose en Secretario General de la Confederación Nacional del Trabajo (1936 – 1939) cargo donde desempeñó un papel decisivo en el devenir anarcosindicalista y la vida política y social de la Guerra Civil Española.

Poco sabemos de su vida dentro del ámbito privado. Tuvo una compañera sentimental que se llamaba Conxita Dávila de la que no sabemos su fecha y lugar de nacimiento pero si que se exilió a México hasta el fin de sus días en 1974.

Tampoco manejamos demasiados datos de él hasta el estallido de la sublevación militar fascista y el registro de las acciones que realizan en la Cataluña de aquellos días y que finaliza, en esa primera avanzada, con el aplastamiento del movimiento golpista, es en ese momento cuando “Marianet” entra en escena con toda su fuerza.

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Cuando el alzamiento militar nacionalista estalló, los anarcosindicalistas, ya lo esperaban y se habían entrenado. En la foto milicianas en una barricada en Barcelona, año 36

Cuando el alzamiento militar nacionalista estalló, los anarcosindicalistas, ya lo esperaban y se habían entrenado.
En la foto milicianas en una barricada en Barcelona, año 36

Cuando la Guerra Civil Española estalló el 18 de julio 1936, los anarcosindicalistas, que ya lo esperaban y se habían entrenado, prepararon un plan de defensa de la ciudad, coordinando la acción de los también clandestinos grupos de defensa de barriada y de sindicato. Este plan, aunque pobre en medios, fue muy efectivo y llamo a la unión de otras fuerzas políticas pero también de algunos destacamentos de la Guardia Civil, Carabineros y de Asalto que se integraron de forma espontánea en los grupos de CNT.

El golpe militar nacionalista es vencido en Cataluña y es CNT quien se encuentra en una situación de superioridad respecto al resto de las fuerzas del Frente Popular y otros sindicatos, así como del estado republicano en Cataluña.

Con este éxito a sus espaldas, se ofrece la posibilidad de crear un gobierno a la CNT en Cataluña, sin embargo, después de muchas deliberaciones decidieron anteponer a la realización total de la revolución social anarquista, la victoria en la guerra, pues de haberse llevado ésta a cabo hubiera supuesto una cesura en la zona antifascista, así como hubiera dejado aislada internacionalmente a Cataluña y además pensaban que hubiera sido una imposición de los principios anarquistas sobre población no totalmente anarquista, repitiendo pues vicios autoritarios. Marianet en Julio del 36 mantiene, por tanto, posiciones conciliadoras tratando de unir grupos minoritarios antifascistas antes de llegar a la Revolución Social por los motivos anteriormente expuestos y se crea el 21 de julio en Cataluña el Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA). El Comité presentaba un claro predominio de las organizaciones anarquistas, si bien también se encontraban representadas en el mismo todas las fuerzas del Frente Popular (ERC, POUM, PSUC, Unión Republicana, Unió de Rabassaires y UGT).

El CCMA constituía mas que una duplicidad de funciones con respecto a la Generalidad y se creo debido a la confusión y caos reinante con respecto a las ciudades y sus cambios de bando, sin embargo no fue muy efectiva y se disuelve en septiembre para crear una gobierno de la Generalidad más fuerte, lo que choca con lo que estaba sucediendo en la calle, que estaba dominada por comités de barriada (casi siempre formados a iniciativa de militantes de la CNT), sindicatos (que estaban comenzando a incautar empresas) y milicias (que se habían   convertido en ejércitos obreros). Decidida la supresión del Consejo, se procedió a la negociación de la ampliación del gobierno de la Generalidad para incluir a todas las fuerzas antifascistas y sindicales. La idea era ganar eficacia y evitar la duplicidad de poder.

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Unos meses después en 1937, y gracias a la experiencia recogida en la “Escuela de Militante”, Manuel Buenacasa elabora el “Manual para el Militante” que fue aprobado por el Secretario General de CNT, “Marianet”, con este manual se persigue que el militante aprenda cuales son sus obligaciones y que sea consecuente con los principios y la conducta moral de la organización a la que se obligan a servir además de hacer hincapié en el analfabetismo que impedía la “Militancia Consciente” El manual fue duramente criticado posteriormente por otros autores anarquistas que ven en este libro una contradicción con el espíritu libertario y una perversión del ideal en favor del “bolchevismo”. Cuando se publica este libro ya hace más de un año que se está realizando una revolución autogestionaria desde la base, por los mismos trabajadores, sobre todo de CNT y UGT, varias etiquetas sindicales y políticas, y sin etiqueta alguna.

Marianet” tuvo que lidiar con momentos difíciles y complejos, en el año 38 con Aragón tomada por los Nacionales y Vinaroz recibiendo avanzadillas, queda el bando republicano partido en dos y las anteriores divisiones sindicales deciden olvidar sus diferencias y es así como surge la Alianza Sindical de CNT con UGT. La premura, la descoordinación debida a la guerra y otros factores provocan reacciones precipitadas que en condiciones normales no se habrían producido y quizás en ese momento era la única decisión posible, pero trajo consigo grandes concesiones casi impensables para CNT. Es el principio del fin del sueño de una Cataluña libertaria.

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Un gran número de expertos apuntan como causa de la derrota del movimiento anarquista en Cataluña a la degeneración burocrática del anarquismo catalán, su rápida “bolchevización” a partir de 1937 y su renuncia a cuotas de poder que se había ganado en la lucha callejera antifascista aunque el análisis debería ser mucho más profundo porque las circunstancias son demasiado complejas para ser explicadas exclusivamente con una sola razón. Desde luego, la guerra no es cualquier razón sin más, quizá sea la más irracional de todas. Pero la rapidez con la   cual los comités superiores de las organizaciones libertarias cayeron bajo el control de una burocracia emergida de su propio seno tiene que ver también con razones endógenas del propio movimiento.

Marianet” ha sido acusado injustamente por algunos como el responsable de estos desaguisados en periodos de guerra. Gracias a él se conservan los archivos de CNT. El contrato referente a los archivos de CNT fue firmado el 11 de mayo de 1939 por él a título personal para evitar reclamaciones eventuales de parte del régimen de Franco. En este contrato se trata de 21 cajas con 106 paquetes. Estas cajas fueron enviadas a Inglaterra al mismo día. El inventario del archivo de CNT hecho en aquella época (sin título y sin fecha) contiene descripciones concisas de los paquetes de documentos.

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Gracias a “Marianet” se consevan los archivos históricos de CNT. Él encargo esta misión de rescate de los archivos a Simón Radowitzky

Gracias a “Marianet” se consevan los archivos históricos de CNT. Él encargo esta misión de rescate de los archivos a Simón Radowitzky

La mayoría de los documentos se refieren a organizaciones nacionales y proceden del archivo del Comité Nacional. Datan del período del secretariado de Mariano Vázquez. El encargado de esta misión de rescate de los archivos no es otro que Simón Radowitzky, al que “Marianet” dice que tenía que llevarse los archivos de CNT. Radowitzky los llevó a Francia. Él, junto a Martin Gudell, que era su superior, los llevan hasta la frontera. Vuelve, se queda unos días más, y pasa la frontera, y va a parar al campo de concentración de Saint Cyprien sobre las costas del mar mediterráneo, donde el hambre y el frío eran constantes, donde había un kilo de pan para repartir entre 25 compañeros. Logra escapar, ayudado por otros compañeros. Lo llevan a Montpellier, luego a París, para pasar a Bélgica y después a México con identidad cubana donde Radowitzky fallecería en el exilio en 1956.

En 1947 los archivos de CNT y FAI fueron transportados a Ámsterdam, al Instituto Internacional de Historia, donde quedaron cerrados en custodia durante 36 años en espera de un desarrollo favorable en España donde CNT existía clandestinamente

En cuanto a sus ideas, siempre lucho por mantener la unidad y evitar la atomización de la CNT lo que le llevo a un pequeño enfrentamiento que se puede resumir en esta frase cuando Lucía Sánchez Saornil, ex secretaria de redacción de CNT de Madrid, fue invitada por Mariano R. Vázquez, Marianet, Secretario General de CNT, a ocupar una tribuna femenina, responde: “No recojo tu sugerencia porque mis ambiciones van más lejos; tengo el proyecto de crear un órgano independiente para servir exclusivamente a los fines que me he propuesto”.

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Conocer la historia de “Marianet” es una labor complicada no solo por la “amnesia histórica” impuesta, también por la poca información recopilada sobre su persona.

Conocer la historia de “Marianet” es una labor complicada no solo por la “amnesia histórica” impuesta, también por la poca información recopilada sobre su persona.

Según algunas anotaciones e informes referidos por otros se cita su exilio a Francia y de su destino en este país. Manel Aisa Pampols hace mención en un artículo suyo sobre la organización de los libertarios en la clandestinidad. Como indica el autor del artículo, con la perdida de Cataluña, Mariano fijo su residencia en Paris junto a otros anarquistas que huyen y consiguen organizarse fuera de España y forma el Consejo General del Movimiento Libertario, organismo del que fue nombrado Secretario. Desde esta posición trata de mantenerse en comunicación con los que se hayan agrupados en los campos de concentración y también con aquellos que seguían en España, procurando en algunos casos las conexiones necesarias para que pudieran huir. En “Represión contra la CNT (1939-1949)” de Angel Herrerín López, en el apartado en el que habla de la Brigada Politico-Social de Franco en todo lo relativo a sus métodos de infiltración y control, afirma que esta infiltración de la policía fascista no solo se producía en territorio español sino también en el exilio y fruto de una de estas, José Hungría, Teniente Coronel Jefe de los Servicios de Información Militar, recibe la notificación en julio de 1939 de que “Marianet” se haya en Francia y que el infiltrado se ha ganado su confianza. Sin embargo, no será el franquismo lo que mate a “Marianet”, ya que en junio del año 1939 fallece debido a un accidente, muere ahogado, algo que no deja de extrañar puesto que se comentaba que era un excelente nadador.

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CNT Mexico DF mayo 1956

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1936

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