Shūsui Kōtoku (幸徳 秋水 Kōtoku Shūsui) conocido en occidente como Denjiro Kotoku (Vida y obra)

Shūsui Kōtoku.

 Shūsui Kōtoku (幸徳 秋水 Kōtoku Shūsui?) Nacio el 22 de septiembre de 1871 y murió ejecutado el 24 de enero de 19111, también conocido en occidente como Denjiro Kotoku, fue un socialista que desempeñó un papel decisivo en el análisis del anarquismo europeo en Japón a principios del siglo XX, especialmente por la traducción al japonés de las obras de contemporáneos, como Piotr Kropotkin. Fue un periodista radical y es a menudo considerado como un mártir de la izquierda, al ser ejecutado acusado de traición por el gobierno japonés.

Años socialistas en prisión.

Kotoku es trasladado de su lugar de nacimiento, la ciudad de Nakamura en la prefectura de Kōchi, a Tokio a mediados de su adolescencia donde se convirtió en periodista en 1893. Desde 1898 en adelante fue columnista delEvery Morning News, uno de los diarios más radicales de la época, sin embargo, renunció a esa posición cuando el periódico cambia su postura poniéndose a favor de la guerra ruso-japonesa. El mes siguiente cofundó Common Peoples Newspaper con otro periodista del Morning News, Toshihiko Saka. Este diario está abiertamente contra la guerra y su postura de desprecio a las leyes de prensa del estado les creó problemas con el gobierno en numerosas ocasiones, y él mismo Kotoku cumplió cinco meses de prisión de febrero a julio de 1905.

La influencia anarquista americana.

En 1901, cuando Kotoku intentó fundar el Partido Social Demócrata Japonés con Sakai, no era anarquista, sino un socialdemócrata , de hecho, Sakai y Kotoku fueron los primeros en traducir El Manifiesto Comunista al japonés, que apareció en un artículo del Common People’s Newspaper y por el que fueron fuertemente multados. Su pensamiento político se transformó de socialismo estatal a filosofía socialista libertaria cuando leyó Campos, Campos, fábricas y talleres de Piotr Kropotkin en la cárcel. En sus propias palabras, “fue a la cárcel como un socialista marxista y regresó como un anarquista radical”.

En noviembre de 1905 Kotoku viajó a los Estados Unidos con el fin de criticar libremente al Emperador de Japón, a quien veía como el eje del capitalismo. Durante su estancia en los EE.UU., se fue introduciendo en las filosofías de anarcocomunismo y sindicalismo europeo.

Tomó las Memorias de un revolucionario de Kropotkin como material de lectura para el viaje por el Pacífico, cuando llegó a California, comenzó a escribirse con el anarquista ruso y en 1909 tradujo La conquista del pan del inglés al japonés. Mil copias de su traducción se publicaron en Japón en marzo de ese año y se distribuye entre estudiantes y trabajadores.

Regreso a Japón.

El 28 de junio de 1906 volvió a Japón y se celebró un mitin para darle la bienvenida, en el que habló sobre “La Marea del Movimiento Revolucionario en el Mundo”, de la cual dijo que fluía contra la política parlamentaria (es decir, la política marxista de partidos) y en favor de la huelga general como “la clave para el futuro la revolución”. Ésta fue una visión anarcosindicalista, y un deseo, ya que el anarcosindicalismo estaba creciendo en los EE.UU. en ese momento, con la fundación de la Industrial Workers of the World. En ese mitin , puso de manifiesto claramente la influencia americana.

Le siguieron a este discurso una serie de artículos, el más conocido de los cuales fue El cambio en mi pensamiento (en el sufragio universal); en esos artículos, Kotoku defendió la acción directa en lugar de los objetivos políticos, tales como sufragio universal. Ello supuso un shock para muchos de sus compañeros y provocó un cisma entre anarquistas, comunistas y social demócratas japoneses del movimiento obrero. La separación se hizo más evidente cuando se reinició Common People’s Newspaper en abril de 1907 y fue sustituido dos meses más tarde por dos revistas: La social demócrata Social News y el Osaka Common People’s Newspaper, con una posición anarquista, y en favor de la acción directa.

Aunque la mayoría de anarquistas preferían medios pacíficos, como la difusión de propaganda, muchos otros en este período emplean acciones violentas como medio para lograr la revolución y el comunismo libertario, o al menos golpear al Estado y la autoridad. La represión de publicaciones y organizaciones, como el Partido Socialista de Japón, y “la Ley Policial de Paz Pública”, que prohibió las organizaciones sindicales y las huelgas, son dos ejemplos de la nueva tendencia en Japón. Sin embargo, el único incidente grave fue cuando cuatro anarquistas fueron detenidos por posesión de material para hacer bombas. Aunque los ataques no se habían llevado a cabo, el 18 de enero de 1911 veinte y seis anarquistas fueron declarados culpables de complot para asesinar al emperador, aunque sólo a cuatro de los detenidos se les comprobó que estaban involucrados en un proyecto de atentado contra la vida del monarca. Kotoku fue ahorcado junto con otros diez compañeros el 24 de enero de 1911 (su compañera sentimental, Suga Kanno, fue ejecutada al día siguiente porque se hizo de noche, no por razones de humanidad). Ese episodio fue conocido como “El Incidente de Alta Traición”.

Enlaces externos.

Referencias.

 

 

Sobre la muerte de Kôtoku Shûsui (Denjiro Kotoku), Kano Sugano (Suga Kanno) y sus 11 compañeros (1911)

  • Escrito por  José Antonio Gutiérrez D.

Sobre la muerte de Kôtoku Shûsui (Denjiro Kotoku), Kano Sugano (Suga Kanno) y sus 11 compañeros (1911)

El 24 de Enero de 1911, doce anarquistas japoneses murieron en la horca bajo presuntos cargos de haber sido parte de una conspiración para asesinar al Emperador Meiji. Otros 12 anarquistas, entre cientos de sospechosos que fueron arrestados, recibieron cadena perpetua. En realidad, jamás se pudo comprobar que tal conspiración haya existido ni mucho menos que estos doce anarquistas hayan tomado parte alguna en ella*. Como se desprende de un comunicado de la Embajada Japonesa en los EEUU, publicada en el Washington Herald, publicada el 30 de Diciembre de 1910, los condenados eran ante todo llevados a la horca por ser anarquistas: “El juicio de Denjiro Kotoku y los otros acusados, ha demostrado que son anarquistas comunistas. Ellos idearon un plan secreto para asesinar el pasado Agosto al Emperador así como a los ministros de Su Majestad, con el fin de propagar sus ideas de esta manera, a la vez que se entregaban al incendio y saqueo. Estos hechos han sido establecidos por sus confesiones, por la existencia de bombas y otras pruebas”.

Entre estos anarquistas se encontraba el fundador del anarquismo japonés, Kôtoku Shûsui (cuyo nombre real era Kôtoku Denjirô, nombre con el cual es llamado en el artículo a continuación), quien de hace tiempo se había convertido en una piedra en el zapato para las clases dominantes japonesas por su prédica antimilitarista, anti imperialista, socialista, libertaria y revolucionaria que conducía hacía casi una década. Otra de las víctimas de esta masacre por decreto legal fue su compañera Kano Sugano la cual recibe un elogio destacado en este artículo.

Este crímen fue denunciado por varios medios libertarios alrededor del mundo, principalmente en los EEUU, donde tanto Kôtoku como Sugano, habían pasado una temporada. De hecho, en EEUU es donde se afianzaría el pensamiento libertario de Kôtoku, por lo cual no es de extrañar que en este país los anarquistas hayan sido más activos que en ninguna otra parte, al menos de occidente, para lograr su liberación y parar su asesinato. En Nueva York se formó un Comité por la Defensa de Kôtoku y se realizó una movilización pública a favor de los sentenciados anarquistas el día 12 de Diciembre de 1910; en este ambiente, el juicio recibió la atención de la prensa capitalista norteamericana. Sin embargo, fue la prensa anarquista la cual tuvo, como es lógico, un interés mayor en el caso, denunciando frecuentemente el rol de la prensa capitalista en desfigurar los hechos. Hippolyte Havel (1869-1950), el autor del artículo que publicamos a continuación sobre el martirio de los anarquistas japoneses, fue un anarquista checo exiliado que tras pasar por París, Berlin y Londres terminó asentándose en Nueva York en 1900 con quien fuera por un período de tiempo su amante: Emma Goldman, anarquista de orígen ruso editora de la revista Mother Earth, donde este artículo fue publicado.

* Si se comprobó que uno de los acusados, Tokichi Miyashita, había comprado artefactos explosivos y habían hecho pruebas en campo abierto, pero jamás se había diseñado un plan de acción. Esto, sumado a la retórica innecesariamente violenta que habían hecho en el pasado algunos anarquistas (incluyendo un folleto titulado Ansatsushugi -Terrorismo, de 1907), fueron utilizados para generar la histeria que permitió al Estado dar el golpe de gracia al movimiento anarquista, el cual entraría desde entonces en el período conocido como “invierno”, el cual terminaría solamente en 1918 con los disturbios del arroz y la vuelta del anarquismo al movimiento de masas.

¡Viva la Anarquía!
Hippolyte Havel

    Los hombres más grandes de una nación son aquellos que ella condena a muerte.
    (Ernest Renan)

El obscuro acto ya ha sido realizado. Los mejores y más nobles han caído, asesinados de la manera más diabólica y bárbara.

Un crímen, sin comparación en su atrocidad, se ha cometido el día veinticuatro de Enero de mil novecientos once. Se ha dado un enorme golpe a la humanidad, y se ha arrojado el guante a la cara de la civilización. El barbarismo más implacable ha estrangulado, a sangre fría, a los heroicos pioneros de una nueva idea y se ha regocijado con la agonía de sus víctimas indefensas.

Y sin embargo no estamos llorando. Más bien es nuestra tarea revelar al mundo la pureza y la inocencia, la honestidad y la lealtad, el espíritu de sacrificio y devoción de nuestros compañeros asesinados. No lloramos: nuestros amigos han alcanzado la inmortalidad.

Su martirio marca una nueva época que comienza en el Japón. Cuando la era de Mikado Mutsuhito [1] se haya desvanecido de la memoria de los hombres, cuando el bushido  [2] no sea más que una fábula y un mito, los nombres de nuestros mártires anarquistas serán cubiertos de gloria en las páginas del progreso humano. Cuando los miembros del Daishinin  [3] que entregaron a lo más noble de la humanidad a las manos del verdugo sean todos olvidados, los mártires de Tokio serán respetados y admirados por las futuras generaciones.

El movimiento revolucionario en el Oriente ha recibido su bautizo de sangre. Los gobernantes bárbaros piensan que así habrán erradicado al movimiento por la emancipación. ¡Qué estupidez! Han destruido los cuerpos de doce representantes de esta idea nueva que conquista al mundo, y han silenciado a otros más en sus mazmorras; ¡pero su espíritu vive! Ese espíritu, el grito eterno de libertad –no puede silenciarse, no se le puede asesinar. Fue, es y será. Como un conquistador sigue avanzando hacia adelante, siempre hacia adelante, hacia la libertad y la vida.

¡Viva la Anarquía! Este histórico grito ha encontrado su eco en el Lejano Oriente. Frecuentemente se le ha escuchado de boca de los Mártires de Chicago, París, Buenos Aires, Viena, San Petersburgo, Barcelona y de numerosos otros sitios. Ha aterrorizado por décadas a tiranos y opresores de todos los países. Han torturado, decapitado, electrocutado, descuartizado, fusilado y ahorcado a los pioneros de la nueva idea. Pero sus voces no han sido silenciadas.

¡Viva la Anarquía! El veinticuatro de Enero este grito una vez más se escuchó de boca de los doce nuevos mártires. Se ha coronado la solidaridad del proletariado internacional. Occidente y el Lejano Oriente se han dado la mano.

Con orgullo y alegría, nuestros compañeros enfrentaron a la muerte. ¡Viva la Anarquía! gritó Denjiro Kotoku. Banzai (i.e., por siempre) replicaron sus camaradas de lucha y de muerte.

Nos fueron muy queridos. No lloramos; pero nuestros corazones se entristecen con el recuerdo de la encantadora Sugano. Con gran afecto mantendremos su memoria. La vemos como a una tierna flor de loto destruida salvajemente por la mano del verdugo; la observamos, debilitada por la enfermedad, quebrada por la larga prisión, empero, enfrentando su fatal destino con alegría y calma. He vivido por la libertad y ahora muero por la libertad, pues la libertad es mi vida. Esto ha escrito recientemente a su maestro de inglés en San Francisco (EEUU).

¡Delicada Sugano! Tú, hija de Samurái, hija de un miembro del parlamento de tu país, talentosa escritora y autora, fuiste, tal cual lo hicieron tus hermanas rusas, al pueblo, exponiéndote voluntariamente al peligro, a las dificultades, al hambre. Han buscado difamar tu carácter y tu nombre. Los representantes de Mutsuhito, él mismo un hombre polígamo; su hijo, el posible heredero, vástago de una concubina; los lacayos del Primer Ministro Katsura, quien eligió a la hija del dueño de un burdel como esposa –todos estos honorables hombres buscan difamarte, adorable flor de loto, por tu amistad con Denjiro Kotoku.

¡Qué odiosos canallas! Pero llegará el día en que se levante un Turguenev en las tierras de Nipón y el nombre de Sugano Kano se reverenciará junto al de las Sofía Perovskayas, las Vera Figners y las María Spiridonovas  [4].

Con la pérdida de Denjiro Kotoku, el movimiento internacional ha perdido a uno de sus más nobles representantes. Él fue el pionero del pensamiento socialista y anarquista en el Lejano Oriente. Sus numerosas traducciones –El Capital de Karl Marx, El Apoyo Mutuo, La Conquista del Pan, Campos, Fábricas y Talleres y A los Jóvenes de Kropotkin, junto a otras obras contemporáneas- han logrado que se produjera la apertura real de Japón a la civilización occidental.

Denjiro Kotoku era, junto a Tolstoi, el más grande opositor a la guerra; y –al igual que Hervé  [5]– un propagandista de ideas antimilitaristas de lo más valiente y comprometido. Mientras los patrioteros celebraban, durante la guerra ruso-japonesa, las orgías de masacres al por mayor, Kotoku se ocupó de denunciar el negocio del asesinato con sus brillantes artículos del Yorozu-Choho. Pero la voz del profeta se perdió en la tormenta. Al igual que Víctor Hugo, Mazzini, Blanqui, Bakunin, Marx, y decenas de otros pioneros de la libertad antes que él, se vio forzado a abandonar su tierra natal, para exiliarse en San Francisco (EEUU), y una vez aquí, en la tierra de Patrick Henry, Thomas Paine, y Jefferson, sufrió nuevas persecuciones a manos del gobierno de Washington. ¡Qué vergüenza, qué desgracia!

Denjiro Kotoku, Sugano Kano, Dr. Oishi, y sus compañeros asesinados por la ley; ellos, de lo más noble e inteligente de su pueblo: escritores, médicos, representantes de la filosofía budista pura de la hermandad humana, y entre ellos intelectuales proletarios –ellos son quienes han sido masacrados con la esperanza de poder aniquilar todo vestigio de del pensamiento mundial moderno.

Hombres grandes y valientes. Con amor y ternura, leemos nuevamente una antigua carta enviada por el Dr. Oishi, lector de MOTHER EARTH. En un inglés fuerte y claro, envía sus saludos a los camaradas estadounidenses y solicita literatura anarquista para distribuir a sus connacionales. El muy querido, genial médico Shingo-Key, que trajo alegría y alivio a miles de enfermos y afligidos. Su única recompensa fue el patíbulo.

Nuestros ojos, por fin, han sido abiertos al verdadero carácter del gobierno de Mikado. Sabemos ahora de la infame conspiración montada por el gobierno japonés. Nos damos cuenta del pleno significado de esta conspiración atroz. Podemos seguir hasta su fuente de orígen todos los informes falsos, las desfiguraciones y las mentiras que hizo circular la agencia noticiosa Reuters, junto a los embajadores y cónsules japoneses, y especialmente la Oficina de Información Oriental de Nueva York. El misterioso velo oriental ha sido parcialmente levantado. El mundo civilizado está conciente ahora de que el juicio a nuestros camaradas mártires fue conducido en secreto  [6]; que los acusados fueron privados de una audiencia imparcial o de defensa; que la afirmación de que habían confesado su culpabilidad fue un invento; y que, finalmente, la declaración oficial sobre la presencia en el juicio de miembros de las embajadas extranjeras también fue absolutamente falso.

El juicio a Franciso Ferrer fue un acto ideal de justicia comparado con esta matanza judicial al por mayor. Desde los tiempos de los Decembristas (Dekabrists) en Rusia  [7], la humanidad no había sido testigo de un crimen tan monstruoso, tan monumental, como el que acaba de cometer el gobierno del Japón.

Los gobernantes de Japón han conseguido una cosa. Se han ganado el odio de los elementos libertarios de todo el mundo, que unirán sus manos con el proletariado japonés, que comienza a despertar, en su gran tarea de emancipación social.

La masacre no solamente ha convertido a nuestros compañeros en mártires; los ha hecho inmortales. De su sangre nacerán nuevos rebeldes; vengadores que barrerán de la faz de la tierra a estos asesinos y sus instituciones.

¡Viva la Anarquía!

 [1] Emperador japonés cuyo nombre oficial era Meiji, que gobernó desde 1867 hasta 1912, período en el cual la sociedad japonesa fue modernizada desde el Estado, convirtiéndose Japón en una potencia industrial en el Oriente. Él sienta las bases del imperialismo japonés del siglo XX.
 [2] “Camino del guerrero” –filosofía y código ético de los Samurái.
 [3] Antigua Corte Suprema japonesa.
[4] Perovskaya y Figner fueron dos populistas rusas involucradas en el atentado al Zar Alexander II. Spirodonova fue una social revolucionaria de izquierda quien también participó en atentados contra agentes zaristas.
 [5] Gustave Hervé fue un socialista que en momentos de escribirse este artículo, se encontraba preso por sus actividades antimilitaristas. Una vez salido de la prisión en 1912, se convirtió en un ferviente patriota desarrollando posteriormente simpatías por el fascismo.
 [6] Sobre las objeciones levantadas por el movimiento solidario en los EEUU y otros países, el gobierno imperial nipón se vio en la obligación de justificar esta decisión atendiendo al orden público y afirmando la constitucionalidad de conducir un juicio en secreto. Como siempre, la legalidad terminó siendo amañada según los intereses de los poderosos. Ver nota periodística en el New York Times, 30 de Diciembre de 1910 http://query.nytimes.com/gst/abstract.html?res=9507E6D6…6D6CF
 [7] Los Decembristas era un grupo de oficiales rusos que lideró una revuelta de inspiración democrático-burguesa, liberal, en contra de la autocracia rusa en Diciembre de 1825. Sus principales líderes fueron ahorcados, otros condenados al exilio, prisión perpetua y trabajados forzados.

Kôtoku Shûsui, la razón anarquista

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kotokuEste año se cumple el centenario del asesinato de Denjiro Kôtoku Shûsui y otros anarquistas por parte del Estado japonés en el deno-minado como Taigyaku Jiken (incidente de alta traición). Seguramente, para la inmensa mayoría del mundo libertario occidental, este hecho ha pasado sin ningún recuerdo, inad-vertido, sepultada su memoria en el olvido de la historia. Y sin embargo, a Kôtoku debemos la difusión de las ideas anarquistas en el Japón que a principios del siglo XX frenó la im-parable propagación de los partidos políticos socialistas entre la clase proletaria nipona, en esos momentos inmersa en un proceso de industrialización salvaje. Vayan, pues, estas líneas en sentido homenaje a este anarquista que tuvo la posibilidad de encumbrarse perso-nalmente pero que prefirió seguir el postulado de Kropotkin y acudir al pueblo, mezclarse con él, para enseñarle un futuro libre e igua-litario.

Denjiro Kôtoku Shûsui nace en 1871 en la localidad de Nakamura, en la prefectura de Kôchi, siendo hijo de un farmacéutico, lo que le permitió acceder a estudios superiores. Como la inmensa mayoría de la juventud de su época, se trasladará a la ciudad de Tokio en busca de conocimientos y una nueva oportunidad, en donde trabajará como sirviente del político liberal Hayashi Yûzô, lo que le permitirá, por un lado, conocer los escritos del filósofo Atsusuke Nakae, principal traductor de Jean-Jacques Rouseau y otros pensadores franceses en Japón y, por otro lado, le abre las puertas a los diversos diarios liberales que se editaban por esa época, lo que le otorgaría cierta fama a partir de 1893 como columnista del diario más radical del momento, el Yorozu Chôhô (las noticias de cada mañana).

Por esa época, su credo político, liberal inicialmente, irá girando hacia la socialdemocracia, sobre todo tras su experiencia al seguir como reportero la huelga de ferroviarios de 1897, la primera gran lucha obrera del Japón moderno, en donde comprende que la clase obrera necesitaba de sus propios instrumentos de defensa, participando en la fundación del sindicato Rôdô Kumiai Kiseikai y del partido Shakai Minshutô (Partido Democrático Social) en 1901, automáticamente prohibido por el gobierno. Coherente con su posicionamiento socialista, cuando se desate la histeria belicista que conducirá a la Guerra Ruso-Japonesa de 1905, se negará a seguir colaborando con el periódico Yorozu Chôhô, claramente belicista, y decide, junto a Sakai Toshihiko, fundar un semanario pacifista, una operación bastante arriesgada, en 1903 bajo la cabecera de Heimin Shinbun (periódico del hombre común) que, por la represión gubernamental deberá ser sustituido por Chokugen (hablando francamente) y posteriormente Hikari (la luz) hasta que en febrero de 1905, con el estallido de la guerra, Kôtoku es detenido y condenado a cinco meses de prisión.

Esta condena supuso un antes y un después en los planteamientos de Kôtoku. Entre rejas leerá el libro de Kropotkin, Campos, fábricas y talleres, que le llegará de manos del anarquista norteamericano Albert Johnson, lo que le llevará a cuestionarse la opción política como instrumento de cambio social, sobre todo con el comportamiento de los socialistas frente a la guerra, al tiempo que comprende el papel fundamental jugado por el Emperador en el sostenimiento de la realidad social que le tocaba vivir. Hasta ahora, había considerado, de manera similar al SPD alemán, que los cambios sociales se podían lograr mediante la acción legislativa y que no era necesario derrocar al Estado y su representante el Emperador. Al contrario de lo que mantenían los socialistas, Kôtoku vislumbra que si se quería cambiar algo, se debía primero destruir el imperio para construir desde cero la igualdad pregonada por los anarquistas.

En carta a Johnson, expresa su evolución ideológica: “Cinco meses de prisión no han afectado a mi salud, aunque me han dado muchas lecciones sobre las cuestiones sociales. He apreciado y estudiado profundamente muchos de los denominados como “criminales” y me he convencido de que las instituciones gubernamentales -juzgado, ley, cárcel- son los únicos responsables de ellos -pobreza y crimen. (…) De hecho, llegué como socialista marxista y regreso como anarquista radical” (carta a Johnson, 10 de agosto de 1905).

Necesitando un cambio de aires y escapar de la presión policial, una vez cumplida su condena, emigrará a Estados Unidos, residiendo durante seis meses en California. A pesar del escaso tiempo que permaneció en el país fue un momento de rápida transición al anarquismo pues las ideas que venía barajando desde su permanencia en la cárcel, se verán plasmada en la práctica. Por una concatenación de casualidades, entrará en contacto con la comunidad anarquista rusa en California, a través de su casera, una tal señora Fritz, anarquista ella, la cual igualmente le pondrá en contacto con Kropotkin (traducirá las cartas de Kôtoku). Al mismo tiempo, será invitado a participar a las reuniones previas a la fundación de la IWW(Industrial Workers of the World, sindicato revolucionario), lo que le abrirá las puertas a la incipiente literatura obrera sobre la huelga general, como ocurrirá con el folleto de Siegfried Nacht, La Huelga General Social, publicado en Chicago bajo el pseudónimo de Arnold Roller y que posteriormente traducirá y editará Kôtoku en Japón bajo el título de Keizai Soshiki no Mirai (la futura organización económica) para burlar la represión estatal. Denjiro veía plasmada en la práctica esa herramienta proletaria que había concebido en su estancia en la prisión: una gran central obrera de marcado carácter ácrata.

A su regreso a Japón, pondrá en práctica estas ideas rompiendo con la socialdemocracia, haciendo suyo el consejo que le diera Kropotkin en el sentido de desvincular el movimiento obrero de los partidos políticos.

“Estoy seguro que le complacerá saber que desde el próximo 1 de noviembre comenzaremos a editar el nuevo periódico en lengua inglesa llamado Voice of Labor [la voz del obrero]. Buscando sobre todo la solidaridad entre todos los trabajadores, este nuevo periódico rechaza estar vinculado a cualquier tendencia política. En otras palabras, será un órgano de lo que en Francia y Suiza se conoce como sindicalismo anti-político (en Francia, el diario La Voix du peuple [la voz del pueblo] representa esta tendencia. En Lausana, el diario de igual nombre también representa esta tendencia). Esto supone una vinculación con el actual movimiento que está surgiendo por todos lados, dando lugar a unas organizaciones obreras sin relaciones con la opción parlamentaria de la socialdemocracia. Este movimiento es, en otras palabras, sindicatos anti-parlamentarios según la tradición de la antigua Asociación Internacional de Trabajadores. A la vez, este movimiento es más socialista que los actuales sindicatos británicos, negando su participación en la opción parlamentarista socialdemócrata. Nuestro periódico pretende representar este movimiento y esperamos que esto suceda” (carta de Kropotkin a Kôtoku, 25 de septiembre de 1906).

Esta ruptura con la socialdemocracia quedará expresada públicamente en un artículo que publicará el 5 de febrero de 1907 bajo el título de “El cambio de mi pensamiento”: “Como socialista, miembro del partido socialista, tengo más confianza para llegar a alcanzar nuestro proyecto -la revolución radical de la organización económica, es decir, la supresión del asalariado- en diez trabajadores conscientes y organizados que en mil personas que hayan firmado una petición reclamando el sufragio universal. Más que en gastar 2.000 yens para la propaganda electoral, creo que es urgente consagrar 10 yens para organizar a los trabajadores. No es por medio del sufragio universal y la política parlamentaria, en absoluto, como se hará una verdadera revolución; para lograr los objetivos del socialismo, no hay otro medio que la acción directa de todos los trabajadores unidos. Tal es ahora mi opinión”.

Estas palabras influyeron profundamente entre los militantes socialdemócrata, afiliados al Nippon Shakaitô (Partido Socialista de Japón, fundado en febrero de 1906) legalizado al renegar públicamente de cualquier acción revolucionaria y aceptar la legislación vigente, provocando Kôtoku una ruptura dentro del mismo al pasar los elementos más jóvenes al campo anarquista, como ocurriera con Ôsugi Sakae, Arahata Kanson o Yamakawa Hitoshi, y explica que en la conferencia del partido en febrero de 1907 se aprobara, en contra de sus propios estatutos, hacer un llamamiento a favor de la huelga general revolucionaria, lo que llevó a la inmediata ilegalización del partido y su desmantelamiento. La fuerza de las ideas libertarias pregonadas por Kôtoku y el ala libertaria del otrora Partido Socialista queda ejemplificada en el conocido como Incidente de las Banderas Rojas en 1908 en donde públicamente se sacan banderas de ese color, totalmente prohibidas por el gobierno, con las siguientes inscripciones: “Museifu” (anarquía), “Kakumei” (revolución) o “Museifu Kyousan” (comunismo libertario), al tiempo que se gritaban proclamas a favor de la revolución social y en contra del Estado y las fuerzas del orden. Las consiguientes cargas policiales conllevaron varios heridos y la detención, entre otros, de Sakae, Arahata y Yamakawa.

Consumada la ruptura con los partidos políticos, Kôtoku iniciará una frenética labor de propaganda, muchas veces sin trabajo ni medios de subsistencia, recorriendo el país divulgando los nuevos planteamientos, colaborando con los periódicos anarquistas (Ôsaka Heimin Shinbun, “periódico del hombre común de Osaka” posteriomente Nihon Heimin Shinbun, “periódico del hombre homún de Japón”; Kumamoto Hyôron, “revista de Kumamoto”; Yaradsu Chohu, “acción directa”; Tatsu Kwa, “hierro y fuego”; Hikari, “relámpago”; Chokugen, “adelante”; Shin-Shi-Cho, “la idea nueva”; Fiyu Shiso, “libre pensamiento”), al tiempo que traduce y publica, en muchos casos de manera clandestina, trabajos de Kropotkin como La conquista del pan, Campos, fábricas y talleres o El apoyo mutuo. El empuje de sus planteamientos queda ejemplificado en la amplísima difusión de su libro de recopilación de artículos entre los estudiantes de la Universidad de Tokio a pesar de ser secuestrada su edición por la policía. Es de considerar que en la Universidad estudiaba una amplia comunidad de jóvenes chinos que habían sido becados por el Estado y que, una vez vuelvan a China, divulgarán los escritos de Kôtoku, difundiendo el ideal libertario.

Por la propia dinámica económica del Japón, con un claro predominio del sector primario fuertemente afectado por la introducción de un incipiente de las relaciones capitalistas, hacía muy atrayente los postulados de Kropotkin a favor de la explotación comunal de las tierras a través del apoyo mutuo como tradicionalmente se realizaba en buena parte del agro nipón, dando lugar a un fuerte raigambre del anarquismo en el mundo rural a lo largo de buena parte del siglo XX y explica la amplia difusión de trabajos como el de Akaba Hajime, Nômin No Fukuin (el evangelio de los granjeros) en 1910, en donde se afirmaba: “Debemos enviar a los usurpadores de la tierra a la guillotina y volver a las ‘comunidades aldeanas’ tradicionales, para alegría de nuestros antepasados. Debemos construir el paraíso libertario del ‘comunismo libertario’, en donde podremos desarrollar la explotación comunitaria con los más avanzados desarrollos científicos y con la superior moralidad del apoyo mutuo”.

Si el anarquismo crecía fácilmente en el mundo rural, el anarcosindicalismo, aunque presente en el mundo urbano, tenía grandes problemas para desarrollarse. Los anarquistas tenían muy presente la situación creada por la insurrección de los mineros de Ashio en 1907; éstos habían logrado controlar la cuenca minera durante más de tres días y, desesperados, esperaron un levantamiento general en todo el país que nunca se produjo por la labor desmovilizadora de las fuerzas socialistas. Finalmente fueron doblegados por el gobierno al poder concentrar grandes contingentes militares en la zona. Esto demostraba que la clase obrera, actuando unida, podía derrocar al Estado aunque para ello era necesario una gran central sindical que permitiera coordinar revolucionariamente la acción conjunta de todo el proletariado. Sin embargo, eso también lo sabía el Estado y desarrolló una fuerte represión en los centros urbanos, creando incluso una unidad especial de la policía para vigilar las 24 horas del día a los anarquistas más destacados, y una legislación bajo la denominada “Ley policial de pacificación pública” que dejaba las manos libres a las autoridades para prohibir y sancionar cualquier atisbo de movilización social. Esta situación llevó a un grupo de anarquistas a desesperar por la lentitud de los progresos en cuanto a la movilización del proletariado y a buscar otra vía para hacer detonar la revolución social, tomando el ejemplo de los nihilistas y revolucionarios rusos en cuanto a ajusticiamiento de los represores, y comienzan hacia 1908 a concebir un plan para acabar con el emperador como máxima expresión del Estado. Comenzaron a investigar cómo fabricar una bomba, aunque al carecer totalmente de recursos y materiales, hacia 1910 sólo habían logrado fabricar unos simples petardos. Sin embargo, esto permitió al gobierno montar la gran farsa judicial conocida como Daigyaku Jiken (proceso de alta traición), concebida como un instrumento para descabezar todo el movimiento libertario.

Además de detener a los cuatro implicados directamente en los intentos de fabricación de las bombas, se produjo una intensa represión, encarcelando a cientos de anarquistas a lo largo del país, procediendo a montar un juicio sumario contra 26 de ellos, entre los que se encontraban Kôtoku y su compañera Kano Sugano.

Los medios libertarios occidentales se hicieron rápidamente eco de la situación, como ocurrió en la revista norteamericana Mother Earth, que inició una campaña de protesta, rápidamente seguida por Freedom en Inglaterra, Les temps nouveaux en Francia, Tierra y Libertad en España o Le Réveil en Suiza. Sin embargo, como reconocía el propio Alexander Berkman, poca agitación se pudo hacer pues parecía que la distancia era el olvido, incluso entre los anarquistas, como expresaba la propia Emma Goldman cuando se quejaba con cierta tristeza sobre el desinterés general incluso para levantar un monumento en recuerdo a Kôtoku: “Mi gran pesar en relación a Chicago fue mi fracaso para interesar a nuestros amigos en el monumento a Kôtoku. Existía una carencia de oradores, además de que Japón está muy lejos; incluso entre los anarquistas no es fácil superar las distancias”.

Para darnos cuenta de la falta de garantías judiciales, sólo tenemos que tener en cuenta lo relatado en las páginas de Mother Earth, en donde en un breve párrafo se condensa perfectamela secuencia de los hechos. “Kôtoku y otros fueron arrestados el último otoño bajo el cargo de conspiración, aunque la policía no pudo hallar ninguna prueba. Sin embargo, en Keishicho, el cuartel de la policía de Tokio, han manufacturado algunas evidencias, usando a infiltrados policiales y agentes provocadores, llevando a los detenidos ante un juzgado especial, no la corte suprema. Bajo esta corte especial no tienen posibilidad de apelar; el juicio no fue abierto para el público, salvo quince minutos en el primer día del juicio, el 10 de diciembre, pero nunca más. El juzgado estaba custodiado por cientos de policías y soldados armados. Sus abogados estaban designados por el gobierno y fueron sentenciados a la pena de muerte el 10 de enero” (Mother Earth 12, febrero de 1911)

A eso hay que añadir las presiones recibidas por un grupo de abogados que intentaron actuar en defensa de los acusados, a los cuales se les amenaza con su ejecución, lo que explica y da sentido a la carta recientemente descubierta de Kano Sugano dirigida al periodista Sugimura, en donde le ruega que busque un abogado que pueda defender a Kotoku.

Como se puede apreciar, los 26 procesados serán juzgados y sentenciados en un mes: 24 a la pena de muerte y 2 condenados a 8 y 11 años de condena; posteriormente, se conmutarán 12 penas capitales por cadena perpetua, ejecutando la sentencia el 24 de enero de 1911. Ese día perdieron su vida ahorcados, de uno en uno desde las 8 de la mañana hasta las 3 de la tarde, Kôtoku Shûsui (41 años), Kano Sugano (compañera de Kôtoku), Unpei Morichika (director de periódico), Tadao Niimura (25 años), Takichi Miyashita, Rikisaku Hurukawa (28 años), Keushi Okumiya (54 años), Seinosuke Ooishi (médico, 45 años), Heishiro Naruishi, Uichita Matsuo, Uichiro Niimi y Gudo Uchiyama (sacerdote budista), y todo ello sin pruebas directas, más allá de simples suposiciones nunca demostradas, que vincularan a la mayoría de los ajusticiados con los que planeaban atentar contra el emperador, como ocurrió con Kôtoku, a quien se le acusaba de haber actuado de inspirador del acto por sus charlas y escritos. Seguramente Vicente García, en las páginas de Tierra y Libertad del 28 de diciembre de 1910, resume perfectamente cuál era el objetivo de este asesinato: “El doctor Kotoku es el Ferrer nipón, y claro está que hombres así son peligrosos para los parásitos, y como ellos mandan, lo lógico, aunque sea bárbaro y criminal, es que el fuerte quite al débil que le estorba”.

Tal fue la ola de terror que agitó el país, con nuevos supuestos complots “descubiertos” meses después, como ocurrió en Nagoya en donde en casa de un tal Genmatsu Goto se encontró dinamita para atentar contra el Emperador y que “pertenecía al grupo de Kotoku”, que incluso un escritor conservador, como era Mori Ogai, narró en su relato corto La torre del silencio, la fuerte represión que se vivía en esos momentos contra los anarquistas, considerados como “demonios occidentales”:

“Todo escrito era requisado para buscar en él referencias al naturalismo o al socialismo. Todo escritor o literato resultaba un sospechoso naturalista o socialista, blanco de inquisición (…) Las peligrosas publicaciones extranjeras transmitían una ideología que alteraba la tranquilidad. La ideología que convulsiona la moralidad tiene su origen también en las peligrosas publicaciones extranjeras (…) Muerte a todo lector de las peligrosas publicaciones extranjeras”.

Alexis Rodríguez
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