Juan García Oliver (Vida y obra)

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Barcelona 19 de Julio de 1936

Juan García Oliver  nacio en Reus, Cataluña 20 de enero de 1901 y falleció en Guadalajara (Mejico) 13 de julio de 1980. Fue un anarquista español. Junto a Buenaventura Durruti, fundó el grupo de Los Solidarios, al cual posteriormente se le adjudicaron varios asesinatos, incluyendo el intento de asesinato del rey Alfonso XIII.

La figura de García Oliver está muy unida a la de Durruti, ya que después de las imputaciones de los asesinatos de este hubo de huir a Argentina y a otros países latinoamericanos y europeos. Regresó en 1931 y se integró en la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Empieza por difundir la práctica cenetista y así nació Nosotros, con Durruti, Ascaso, Jover y otros compañeros. Ahora bien, si Pestaña y Peiró dejaron esta táctica en 1923, Nosotros y García Oliver la continuaron hasta 1933.

En 1931 declaró que había que lanzarse a la revolución sin esperar, y que los treintistas la remitían a fechas completamente absurdas. Pero en diciembre de 1933 se opuso a la tentativa de Durruti y Ascaso y la Regional aragonesa, cuando estaba de acuerdo para la de enero, todo ello sin estar en la FAI que aparecía como responsable y cuyos militantes luchaban.

En el congreso de la CNT de mayo de 1936, afirmaba que fue el artífice de la reunificación pero que su proyecto de ejército no fue adoptado a causa de la actitud de Federica Montseny, Diego Abad de Santillán y Miró, entre otros. Se puede observar, según los textos que publicó Elorza en Revista del Trabajo, n.° 32, que los proyectos para el Congreso de Zaragoza de los sindicatos de Santillán y García Oliver no se diferencian mucho, en particular para la cuestión militar.

Tras los días de lucha de julio en Barcelona (debiéndose la victoria según García Oliver a la organización dada por él) tuvo lugar un pleno de locales y comarcales el 23 de julio (pp. 171 y 184 y ss. de El eco de los pasos). García Oliver y la comarcal del Bajo Llobregat propusieron ir a por todo (es decir proclamar el comunismo libertario) pero hubo unanimidad en contra, y García Oliver se planteó las causas, pareciendo sugerir dos explicaciones: a) la ignorancia del anarquismo; b) la actividad de los grupos disolventes.

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Juan García Oliver en su despacho del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña (1936)

Cuando la CNT decidió entrar en el Gobierno de la Segunda República durante la Guerra Civil Española, aceptó asumir el cargo de ministro de Justicia bajo la presidencia de Francisco Largo Caballero, entre septiembre de 1936 y mayo de 1937. Meses antes ya había sido consejero de la Generalidad de Cataluña. Intentó convencer a los trabajadores para que se desarmasen durante las Jornadas de mayo de 1937 en Barcelona, llamando a un cese del fuego. En su ejercicio como ministro, fueron abolidas las tasas juiciales y los expedientes penales destruidos. Durante la Guerra Civil, manifestó: «Se está dando un fenómeno en este guerra, y es que los fascistas cuando les atacan en una ciudad aguantan mucho y los nuestros no aguantan nada; ellos cercan una ciudad y al cabo de unos días es tomada. La cercamos nosotros y nos pasamos allí toda la vida».

En Barcelona hubo una serie de enfrentamientos entre grupos revolucionarios y el gobierno republicano. Entre los primeros estaban los militantes anarcosindicalistas de CNT, FIJL, FAI; y el comunista POUM, principalmente. La central de Telefónica, en manos de la CNT, fue desalojada por fuerzas del orden republicano lo que provocó el estallido del enfrentamiento; barricadas, muertos, una guerra civil interna en el bando republicano.

untitledAlgunos ministros del gobierno y/o dirigentes de la central sindical, como García Oliver, pidieron el cese del fuego así como la unión ante el fascismo, argumentando que era preferente ganar la guerra.

Algunos lo consideraron como un traidor hacia al anarquismo español, por haberse comprometido con el gobierno, mientras otros creen que aquellas concesiones eran necesarias para acabar con Franco.

En 1978 escribirá El eco de los pasos, de vital importancia para el entendimiento de la guerra del 36. Su intencionalidad en el libro se refleja claramente en la presentación donde textualmente dice:

En la medida de lo posible deben irse aportando ya los materiales de la verdadera historia del anarcosindicalismo en su aspecto humano, más importante que las manifestaciones burocráticas que tanto se han prodigado. Solamente la veracidad puede dar la verdadera dimensión de lo que fuimos. La verdad, la bella verdad solo puede ser apreciada si, junto a ella, como parte de ella misma, está también la fea cara de la verdad.

Al finalizar la guerra civil, se exilió en Guadalajara, México, donde murió en 1980.

Se conserva una grabación sonora de un discurso de Joan García Oliver1 donde califica los miembros del grupo, incluyéndose él mismo, como “los mejores terroristas de la clase trabajadora, los que mejor podían devolver golpe por golpe el terrorismo blanco contra el proletariado” como los asesinatos de Salvador Seguí o Francesc Layret por parte de la patronal.2

Libros

  • El eco de los pasos, autobiografía en la que García Oliver analiza también el anarcosindicalismo “en la calle”, “en el Comité de Milicias”, “en el gobierno ” y “en el exilio”.
  • Miguel Amorós, Durruti en el laberinto, Muturreko Burutazioak, Bilbao, 2006. ISBN 9788496044739. En este libro se hace referencia a la actuación de García Oliver durante la Guerra civil.
  • Fulvio Abbate, Il ministro anarchico, Baldini Castoldi Dalai, Milano, 2004.

 

Véase también

Referencias

Enlaces externos

 

A CONTROVERTIDA FIGURA DE JUAN GARCÍA OLIVER

El pasado 21 de noviembre se celebró en la librería LaMalatesta de Madrid la presentación de las memorias de Juan García Oliver, El eco de los pasos. Patrocinadas por la Fundación Aurora, contó con la participación de Rafael Cid, por los editores, y de Julián Vadillo, en calidad de miembro de la FAI e historiador, tal como habíamos anunciado en el blog.
La controvertida figura de García Oliver y su obra nos llevó dos horas de exposición y debate. Interesante debate por otra parte, en un momento donde el movimiento libertario esta necesitado de ello. Aquí vamos a tratar un poco acerca de la obra y el autor.
En primer lugar hay que establecer lo acertado de la reedición de la obra, a pesar que, tal como quedó plasmado en la presentación, son unas memorias castradas, ya que el Instituto de Historia Social de Ámsterdam y el Ateneu Enciclopedic Popular cuanta con una copia completa de las memorias, sin los cortes que el editor de Ruedo Ibérico, José Martínez Guerricabeitia, realizó. Importancia de esta obra por dos razones:
Porque significa rescatar la memoria de un personaje importante para la historia del anarquismo.
Porque es hacer accesible el libro, pues los editados por Ruedo Ibérico en 1978 se antojaban imposibles en las compras por la red de redes.El origen de las memorias de García Oliver se encuentra en el ya citado año 1978, siendo un libro contemporáneo a la obra de Abel Paz Durruti en la Revolución española. Aquí es donde se puede entender algunas de las cuestiones que plantea García Oliver en sus memorias, aunque en muchas ocasiones son muy desproporcionadas.
Ante todo nos encontramos con una figura controvertida. Y en la presentación se enumeró algunas de esas controversias. Por ejemplo que García Oliver es el forjador de algunos falsos mitos sobre el anarquismo que aun hoy se mantienen. Enumeremos algunos:
El mito de la Gimnasia Revolucionaria. Aunque García Oliver es protagonista en los intentos del primer bienio republicano (1931-1933) ante las medidas insuficientes de este, la concepción de “gimnasia revolucionaria” es un adjetivo que se incorpora muy posteriormente a la época por el mismo García Oliver. Exceptuando el levantamiento de Alto Llobregat en enero de 1932 y el de Casas Viejas de 1933 (si dejamos a un lado el de diciembre de 1933 tras el triunfo de los derechistas de la CEDA en las elecciones), el resto de movimientos campesinos no son patrocinados por la CNT y por la FAI. Los dos primeros son aprobados en Pleno Nacional de Regionales de la CNT. Pero movimientos como los de Arnedo o Castiblanco no son coordinados por nadie e inclusive es la UGT la organización mayoritaria en esas poblaciones. Desde este punto de vista incluso se puede afirmar que no existe tal “ciclo insurreccional”. La mayoría de esos movimientos son revueltas de hambre provocadas por los problemas estructurales de la Segunda República. Lo único que si es cierto es que esos movimientos responden perfectamente a una cultura obrera y, en su extensión, a una cultura libertaria de la que estaba impregnada la clase obrera en España.
García Oliver es también uno de los forjadores del mito del “faísmo”. El autor de El eco de los pasos no perteneció a la FAI hasta 1936. La FAI y las actividades de sus grupos tenía muy poco que ver con la propia visión de García Oliver. Él mismo en la página 535 habla del control de la FAI sobre la CNT, como si ese fuese el rol que la organización especifica debía de tener. Nada más lejos de la realidad. La fundación de la FAI en 1927 responde a la necesidad de unión de los grupos específicos del anarquismo, diseminados por la geografía española y en el exilio en Francia durante la dictadura de Primo de Rivera. No hay tal control sobre la CNT, merced por una parte a que la FAI es una organización mucho más pequeña que la sindical, y aquella nunca se dejaría controlar por esta. Incluso en el Congreso de 1931 en Madrid, los sindicatos de esa influencia “faísta” votan mayoritariamente por la Federaciones de Industria, base de crítica al sector posibilista de la CNT. Incluso de ese congreso Ángel Pestaña sale elegido secretario general y Juan Peiró director de Solidaridad Obrera. El control de la FAI sobre la CNT es todo un lugar común que han legado aquellos que han malinterpretado, de forma consciente o inconsciente, la labor de los grupos específicos. De hecho en la presentación se esbozó las grandes diferencias entre los “grupos de acción”, los “grupos específicos” y los “grupos de defensa confederal”, que en algún momento les dedicaremos un post en este blog.
Otro de los mitos de García Oliver es el de “a por el todo” tras la jornadas de julio de 1936. Este argumento choca, por una parte, de lo emanado en el Congreso Confederal de Zaragoza de mayo de 1936 y por otra del pragmatismo de la CNT y de su capacidad de análisis ante esa situación. En el primero de los casos porque, por el contrario de lo que siempre se establece respecto al congreso de Zaragoza, los dos grandes acuerdos de dicho comicio confederal con dos. A) La unificación con los sindicatos de oposición (la Federación Sindicalista Libertaria) de la ruptura treintista, y B) El pacto revolucionario con la UGT, tras el análisis que los libertarios han hecho de su lucha frontal contra el régimen capitalista durante el periodo 1931-1933. Es decir, tras mayo de 1936, la CNT ha dejado de pensar “a por el todo”, rechazando incluso la posibilidad de una revolución puramente libertaria por un proceso revolucionario en coalición con la UGT. Por otra cuando en Barcelona es aplastado el levantamiento de los militares rebeldes, el ir en la ciudad catalana “a por el todo” era viable. Pero haciendo un análisis pragmático, tal como hizo la CNT, había zona de fuerte influencia anarquista que había caído en manos sublevadas como Zaragoza, Cádiz o Córdoba, donde la represión fue brutal. Y otras, que quedaron en manos leales a la República, la CNT no era la organización mayoritaria, como en Madrid. Es tras ese análisis cuando se deshecha el “a por el todo” y se opta por una vía de colaboración con el resto de fuerza. Quizá el mayor error fue no debatir cual debería ser la posición ante la correlación de fuerzas con aquellos que no estaban para nada en acuerdo con las posiciones libertarias.
García Oliver realiza un ataque desenfrenado contra Federica Montseny. En un ejercicio poco serio hace una comparación entre Federica y otras dos mujeres de importancia en la época, Dolores Ibarruri La Pasionaria y Margarita Nelken. Esto lo hace en la página 258 de la obra. Aquí es donde vemos a un García Oliver mas pasional y poco reflexivo, que ataca sin ningún tipo de argumento contra Federica Montseny, que como todo militante en la época tuvo sus cosas, pero para nada es culpable total de algo.
También hay cuestiones menores como la formación de la bandera rojinegra, que en el capítulo de “Recuperación de fuerzas”, en la página 114 explica. Para nada el origen de la bandera se hizo como García Oliver lo plasma. Otro post quizá sea necesario para hablar solo y exclusivamente de la bandera rojinegra.

Por todas estas razones se ha creado toda una distorsión actual del momento histórico, cuando se toma a García Oliver como fuente única para estudiar la época. Por mucho que se esfuercen hoy desde algunos sectores, no existe actualmente un debate como el que había en la República. Hoy no hay “treintistas”, cuyo programa era muy revolucionario, contra un sector ortodoxo del anarquismo. Lo que existe hoy son otros debates, muy alejados de todo aquello.
Igualmente García Oliver no es la voz del anarquismo. Otros personajes son tanto o más importantes que el propio García Oliver. Olvidamos pronto a personalidades como Cipriano Mera, David Antona, Isaac Puente, Isabela Romero, Mauro Bajatierra, Ramón Acín, etc.
Igualmente es más que dudosa las acciones de García Oliver en su exilio en México, donde llega a adscribirse a la masonería, cuestión que no refleja en sus interesantes memorias.
Sin embargo, frente a todo esta carga de crítica, la importancia de García Oliver, paradójicamente, se establece al frente del Ministerio de Justicia, donde tiene una gestión brillantísima. Vamos a establecer una lista de las mismas:
a) Innovación en los Tribunales Populares. García Oliver los reforma para que no se comentan arbitrariedades. Regula la entrada en los mismos de miembros del Ejército y de las Milicias. Clausura las prisiones del Frente Popular (como Fomento, 9) o la justicia arbitraria como los grupos de Margarita Nelken. Frena las sacas de presos al nombrar, no sin dificultades, a Melchor Rodríguez como Director General de Prisiones.
b) Aprueba un decreto de Igualdad Hombre-Mujer. Algo que hoy es tan normal, necesitó un decreto ministerial del anarquista de Reus.
c) Establece la mayoría de edad a los 18 años.
d) Establece y gestiona los Campos de Trabajo, como medida para los presos, así como un Reglamento de Vigilantes de Campos de Trabajo. Todo ello con una humanidad y un trato exquisito al preso.
e) Reforma la plantilla de funcionarios del Ministerio de Justicia.
f) Deroga la Ley de Vagos y Maleantes de Jiménez de Asúa, y las leyes represivas del 11 de octubre de 1934, tras la Revolución de Asturias en ese año.
g) Reduce los plazos procesales en la sala de los social del Tribunal Supremo.
h) Acopla al personal del Secretariado y Auxiliar de la Administración de Justicia.
i) Traspasa el Consejo Nacional de Tutela de Menores al Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, que gestiona Federica Montseny.

Hay algún decreto más, todo ello innovadores en el campo de la justicia. La mano que ayuda a García Oliver es la de Eduardo Ortega y Gasset. Y todo esto lo realiza en apenas 6 meses, que pasa desde su nombramiento en noviembre de 1936 hasta el relevo gubernamental de Largo Caballero por Negrín en mayo de 1937. Este relevo, provocado por los sucesos de mayo, donde García Oliver tiene un papel destacado.
En el debate de la presentación se tocaron muchos puntos, como las estrategias anarcosindicalistas, las visiones de García Oliver de “todo el poder a los sindicatos”, su calificación, por parte de algunos como José Peirats, de “anarcobolchevique”, la participación ministerial de los anarquistas, el concepto confederal del comunismo libertario, etc. También surgió la reconstrucción de la CNT en 1977 y los problemas que conllevó.
Todo para concluir de la importancia de estas memorias, de lo acertado de su reedición, y de lo importante que es contrastar las fuentes leyendo estas memorias. Porque García Oliver escribió en 1937 un texto en la obra De julio a julio. Un año de lucha (Tierra y Libertad, 1937), donde dice cosas muy distintas a las que esboza en su El eco de los pasos.
Aun así estamos lejos de calificar estas memorias como cínicas, tal como hizo Ángel Viñas en su obra El escudo de la República.
Felicitemos pues la iniciativa de la reedición y lo acertado de esta presentación, pues nos hace tener una valoración de conjunto del anarquismo, no solo desde un punto de vista histórico sino desde la actualidad.

 (1902-1980)

Líder anarquista catalán, partidario de la línea dura de la CNT, dirige la resistencia contra la sublevación militar en Barcelona y en noviembre de 1936 acepta, después de muchas dudas, asumir la cartera de Justicia 

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Son las nueve y media de la noche del 2 de noviembre de 1936. Han transcurrido más de tres meses desde el fracaso del pronunciamiento en Barcelona y sólo un día desde que Juan García Oliver, uno de los miembros más destacados de la CNT, ha aceptado el cargo de ministro de Justicia en el Gobierno de Largo Caba­llero. Con un pie ya puesto en el automó­vil que debe llevarle a Madrid, García Oliver siente muchas dudas sobre la deci­sión que le conducirá a los despachos ministeriales. 

Apenas unas horas antes, se había negado insistentemente a consentir lo que consideraba una baja maniobra polí­tica: la entrada -por conveniencia- de la CNT en el nuevo Ejecutivo republicano. Para un hombre de acción como había demostrado ser desde el inicio de la gue­rra, este gesto supone una traición a los ideales anarquistas y a los cientos de mi­litantes muertos durante la contienda. Sin embargo, la insistencia de sus com­pañeros le hace transigir y Oliver acaba sometiéndose a la voluntad de una orga­nización que, tras una etapa revoluciona­ria pasa de la noche a la ma­ñana a desempeñar una ges­tión gubernamental, colabo­rando con sus enemigos del pasado. Hijo de familia humilde, Juan García Oliver trabaja desde los ocho años en una fábrica de papel de Reus, Tarragona. A los 15 emigra a Barcelona durante la huelga general de 1917, e inicia los primeros contactos con las aso­ciaciones sindicales. En la capital catalana comienza a trabajar en el hotel Moderno, donde impulsa la fu­sión de las sociedades de camareros la Alianza y la Concordia, de la que na­cerá el sindicato de industrias ho­teleras, restaurantes y cafés afi­liados a la CNT. 

En 1920 inicia su militancia en la Confederación Nacio­nal del Trabajo, a la vez que se une al colectivo anarquista Regeneración. A los 20 años crea junto a sus com­pañeros Durruti, Ascaso y Jover el grupo Los Solidarios, del que será secretarlo hasta 1931. Desde el comienzo de su militancia en la CNT, Oliver se integra en los núcleos más radicalizados del anarco­sindicalismo catalán y durante la Dictadura propone la agrupación de jóve­nes militantes en formaciones paramilitares. En 1927 colabora en la fundación de la FAI y en el 31, se manifiesta como uno de los más decididos oponentes al treintismo, movimiento liderado por Ángel Pestaña que se escinde políticamente de la CNT. Durante la sublevación de julio del 36 participa en los combates callejeros que hacen fracasar a los rebeldes en Barcelona, forma una columna de volun­tarios y la conduce al Frente de Aragón. Al constituirse el Comité de Milicias Antifascistas, se le confía la Sección de Operaciones, desde la que organiza la pri­mera Escuela Popular de Guerra. 

garciaoliver10Durante este periodo, crece su intolerancia hacia los componentes de la “política pequeño burguesa de la Esquerra Republicana”, como él mismo denomina a compañeros como Martín Barrera, Sebastián Ciará o Simón Plera que, “abusan­do de su preparación personal, abando­nan la CNT y se incorporan a la Esquerra para representarla como diputados al Parlamento de Cataluña”. Para Oliver, estos políticos son “simples traidores, tránsfugas del anarcosindicalismo”. No es de extrañar que, cuando él mismo se tras­lada a Madrid para ocupar el cargo de ministro, se sienta en parte un traidor a sus ideales. 

Al tomar posesión de la cartera de Justicia sus proyectos libertarios son numerosos y planea ordenar la puesta en libertad de todos los presos y eliminar los archivos de antecedentes penales. 

Sin embargo, ya durante el primer Consejo de Ministros, se produce un enfrentamiento entre el Ejecutivo de Largo Caballero y los recién incorporados miembros de la CNT. El nuevo presidente propone la evacuación del Gobierno a Valencia ante la caótica situación de Madrid, a lo que los cuatro ministros anarquistas, Oliver, Juan Peiró, Federica Montseny y Juan López, se oponen. 

garciaoliver12El 7 de noviembre, Largo Caballero vuelve a plantear en el Consejo la misma iniciativa y propone dejar una Junta de Defensa en la capital presidida por el general Miaja. Esta vez los ministros de la CNT aceptan, pero a los dos días Oliver se arrepiente de su decisión. Aprovechando la vuelta de Largo Caballero a Madrid para solucionar asun­tos pendientes, Oliver regresa con él, a fin de demostrar que los ministros de la CNT no han participado en la huida. 

Al llegar a Madrid le anuncian que dos obuses han causado graves destrozos en el Registro de Antecedentes penales. Según algunos autores, esta noticia le anima en su proyecto de destruir dicho archivo y quema todas las fichas utilizan­do las estufas del Ministerio. Otros, como Manuel Rubio Cabeza, afirman que esta idea nunca la llevó a cabo, aunque sí ordenó la cancelación de todos los ante­cedentes penales por delitos cometidos antes del 15 de julio de 1936. 

garciaoliver05El 13 de noviembre, Oliver propone al Consejo de Ministros la creación de un Consejo Superior de Guerra. Largo Caballero accede y le pide que se encar­gue de la Sección de Organización, lo que implica la creación de Escuelas populares de Guerra y Brigadas Mixtas. Oliver se vuelca en este proyecto, que comienza a funcionar en el primer tri­mestre de 1937. Según escribe el histo­riador Burnett Bolloten, “como jefe de la organización y la administración de las escuelas se ganó la admiración incluso de sus adversarios ideológicos”. 

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Además, según explica la Crónica de la Guerra Civil Española, “es con la llegada de García Oliver al Ministerio de Justicia, cuando los presos de la zona guberna­mental empiezan a disfrutar de ciertas garantías y seguridad”. 

El 31 de enero de 1937 pronuncia el que, en palabras de Hugh Thomas, es el “discurso más extraordinario que jamás ha pronunciado ningún ministro de Justicia”. “La Justicia ha de ser caliente, la Justicia ha de ser vida, la Justicia no puede estar encerrada dentro de los estrechos límites de una profesión. […] Cuando las relaciones entre los hombres sean las debidas, no habrá necesidad de robar ni de matar”, afirma García Oliver. 

anarquistes-barnaEn mayo, una serie de revueltas popu­lares en Barcelona provoca una crisis de Gobierno que culmina el día 15 con la dimisión de Largo Caballero y sus minis­tros. A pesar de ello, García Oliver juega un papel muy importante al conseguir que los anarcosindicalistas depongan las armas. A partir de ese momento, su figu­ra comienza a declinar hasta casi desa­parecer de la vida política. 

Tras la caída de Cataluña a finales de enero de 1939, García Oliver se exilia a Francia, de donde consigue huir a Suecia meses después. En el invierno de 1940 se marcha a México, de donde ya no volverá y en donde trata de crear un nuevo parti­do político, lo que le hace ser expulsado del movimiento libertario en el exilio. Muere en 1980.

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Publicado por Historia2.0 

Juan García Oliver – Mitin Valencia / CNT-AIT

SOLIDARIDAD DEL PUEBLO HACIA LAS VÍCTIMAS DEL FASCISMO
(FRAGMENTO) (1936)

Mitin dado por Juan García Oliver en Valencia. Documental hecho por CNT-AIT titulado “Solidaridad del pueblo hacia las víctimas del fascismo”
El reportaje original documenta la manifestación celebrada en Valencia en solidaridad con los heridos en la guerra. Este fragmento es una parte del discurso de García Oliver, en el balcón de las autoridades de la plaza de Castelar en Valencia, llamando a la solidaridad con los combatientes heridos.

 

Video del discurso de Juan García Oliver

Registro del discurso de Juan García Oliver, en esos momentos ministro de Justicia de la República, realizado por el director Mateo Santos, el 20 de noviembre de 1937 durante el acto de inauguración del mausoleo de Durruti, Ascaso y Ferrer Guardia en el cementerio de Montjuïc de Barcelona. El mausoleo fue destruido en 1939 por las tropas franquistas. Durante 40 años estuvo prohibido dejar flores o recuerdos, incluso acercarse según un reglamento del cementerio. Los nombres fueron borrados y las tumbas están vacías. (Imágenes cedidas por la Fundación Anselmo Lorenzo y la colaboración de Abel Paz para el proyecto La Ruta del Anarquismo del Colectivo Turismo Táctico). Para evitar malos entendidos y tener una mejor visión histórica es recomendable leer el libro del mismo Juan García Oliver “El eco de los pasos”. También el libro “Durruti en la revolución española” de Abel Paz entrega datos históricos para entender el anarquismo español en su contexto histórico.

 

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