Valeriano Orobón Fernández (Vida y obra)

Valeriano Orobón Fernández

orobon Valeriano Orobón Fernández nació en La Cistérniga, localidad situada a seis kilómetros de Valladolid, en la carretera que une a esta ciudad con Soria 14 de abril de 1901 y falleció en Madrid el 28 de junio de 1936

Fueron sus padres Mariano Orobón Martín y Luisa Fernández Barrios, que estaba emparentada con Manuel Azaña. Tuvieron seis hijos: Pedro, Valeriano, Angelita, Víctor, Luis y María. Valeriano vino al mundo el 14 de abril de 1901

La familia de Valeriano Orobón Fernández disfruaba de una excelente posición económica. Mariano Orobón trabajaba (aunque no es seguro) en los talleres de la Compañía Ferroviaria del Norte, ocupándose también de cultivar las tierras que había heredado de sus abuelos. Su esposa se dedicaba a sus labores del hogar y ambos, que sabían leer y escribir, dieron a sus hijos la mejor educación posible.

Valeriano acudió al colegio de La Cistérniga, hasta que los Orobón se trasladaron a Valladolid. No sabemos la fecha en que tuvo lugar este cambio de residencia. Según informaciones dadas por familiares, esto había sucedido cuando Valeriano tenía cinco o seis años. Ya en la capital, el pequeño asistiría a una escuela laica que contaba con dos conocidos pedagogos anarquistas: Eusebio Carbó Carbó y Luis García Muñoz, alias Zoais. Era Valeriano un niño inteligente y despierto, que desarrolló sus aptitudes gracias a la educación que recibió. Aquella escuela, relacionada con el republicanismo y el anarquismo, influiría decisivamente sobre él, naciendo así su pensamiento libertario.

Aunque en Valladolid el anarquismo siempre fue minoritario con respecto al socialismo, existieron en esta ciudad castellana numerosos núcleos ácratas que animaron diversas sociedades obreras y, sobre todo, numerosas iniciativas pedagógicas, en forma de periódicos o de creación de escuelas. La Primera Internacional fue fundada en Valladolid en 1869, por iniciativa de José Rodríguez Herreros y Francisco Cea, tipógrafo y tío materno del teórico anarquista Ricardo Mella. Cea estuvo presente en el Congreso Obrero de Barcelona (1870), representando a las secciones de tejedores, zapateros, sastres y tipógrafos de su ciudad. El núcleo internacionalista vallisoletano acudiría a los posteriores Congresos de Zaragoza y Córdoba. En éste último se decidió que Valladolid fuera la sede del próximo cónclave internacionalista. Tal elección, según el historiador ácrata Max Nettlau, se debió a que era la única ciudad ajena a Cataluña o Andalucía que contaba con una agrupación obrerista sólida. Y así estaban las cosas cuando el Gobierno de Sagasta ilegalizó a las secciones españolas de la I Internacional, desatándose una feroz represión por parte de las autoridades. En estas circunstancias, el siguiente Congreso tendría lugar no en Valladolid, sino en Madrid, y de manera clandestina. La sección vallisoletana acudió a esta conferencia, así como a las de 1876 y 1877.

En diciembre de 1882 se constituye en Barcelona la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), nueva sección de la I Internacional en España. Acudieron al Congreso constituyente de la FTRE unos 140 delegados, en representación de 162 sociedades obreras de 70 localidades. Los internacionalistas de Valladolid estuvieron representados en esta importante asamblea. Existía por aquel entonces en esta ciudad una agrupación de la Unión Manufacturera, organización nacida de la federación de dos sociedades obreras: Las Tres Clases de Vapor con las Sociedades de Tejedores. Pues bien, esta sección vallisoletana acudiría al Congreso que la Unión Manufacturera celebró en 1883. En ese mismo año, se decidió en el Congreso valenciano de la FTRE que su Comité Federal residiría en Valladolid. Aunque los internacionalistas pucelanos ya habían estado en la Conferencia de Gracia (febrero de 1881) en la cual se decidió la reconstrucción de la sección española de la I Internacional. Y asistieron también al Congreso de Sants de la Unión Manufacturera (1885). Hasta la creación de la CNT, el movimiento obrero vallisoletano hizo acto de presencia en los diversos intentos de organizar una central sindical de tendencia libertaria. También asistió al Congreso de Madrid de 1891 que organizó la Federación Española de Resistencia al Capital (organización obrera anarco-colectivista fundada por un sector de la FTRE) y a la constitución, en esa misma ciudad, de la Fereación de Sociedades Obreras de Resistencia de la Federación Española, heredera de la organización anterior. En 1904, los ácratas vallisoletanos estaban agrupados en una sociedad de albañiles denominada La Progresiva. Tenía ésta su sede en la calle Mantería nº 49, y convocaría un Congreso de Federaciones de Trabajadores de la Comarca Castellana.

Si el asociacionismo obrero de Valladolid tuvo continuidad durante aquellos años, la tuvo también la prensa obrerista. Durante los primeros años de la década de 1870 existió en la ciudad una cabecera llamada La Voz del Trabajador. En la siguiente década se editaron La Crónica de los Trabajadores (1883) y El Cosmopolita (1884-1885). Fueron directores del primer periódico el tipógrafo Indalecio Cuadrado (que emigraría después a la Argentina) y Miguel Lozano, miembros los dos del Consejo Federal de la FTRE residente en la ciudad durante estos años. En cuanto al segundo (de tendencia anarco-colectivista), hay que decir que sus responsables acudieron al Congreso obrerista de Reus, celebrado en 1885. En este mismo año dejó de publicarse, para reaparecer brevemente durante 1901. En esta segunda época, El Cosmopolita difundirá textos del relevante anarquista Fermín Salvochea, con quien los militantes obreros locales habían contactado durante su estancia en la cárcel de la ciudad, entre 1893 y 1898. A comienzos del siglo XX hace su aparición el periódico Tierra Libre, que duró cinco años. En él escribieron Miguel Ruiz (su administrador en la etapa final), Florencio Tapia, E. Pérez, F. Cámara o F. Martín. Tras su desaparición de 1905, fue relevado por El Nivel, gaceta obrerista que dejó de editarse en 1906.
Durante la primera década del siglo XX salen a la luz en Valladolid diversos periódicos de contenido pedagógico libertario. Entre 1910 y 1911 se imprimen Escuela Libre y La Enseñanza Moderna (del que se publicaron tres números), así como La Escuela Moderna. Estas tres publicaciones (en las que colaboraron profesores formados por Ferrer y Guardia) fueron dirigidas por Federico Forcada, maestro procedente de Irún, donde había fundado una escuela libertaria. En 1916 aparece otro periódico pedagógico y libertario, La Idea.

Estas publicaciones se relacionaban con la existencia de diversas escuelas de ideario laico y racionalista. De tendencia republicana (como “La Luz de Castilla”, creada en 1893), socialistas otras (como la “Universidad Popular Pablo Iglesias”) y, finalmente, las de ideas anarquistas, como la escuela fundada en 1913 por Miguel Campuzano García, joven maestro libertario natural de la ciudad. La existencia de esta última escuela fue corta, apenas un año, ya que las autoridades religiosas se opusieron a ella. Dos años más tarde, llega a Valladolid Luis García Muñoz, libertario que lleva a cabo una intensa actividad como maestro.

images_2

La escuela a la que acudió Valeriano Orobón era sucesora directa de la que había regentado Federico Forcada, quien tuvo que cerrarla en 1911 por problemas económicos. Fue el Ateneo Obrero Sindicalista quien tomó la iniciativa de reabrirla a finales de año. Durante 1912 se creó un grupo de apoyo para la apertura de una Institución Libre de Enseñanza. Finalmente, en el local del Ateneo de la calle Mantería (nº 49) se reanudarían las clases durante 1913. Dos años después, en junio de 1915, se incorporaron Luis García Muñoz y Eusebio Carbó Carbó. La actividad del primero fue notable: no sólo dio clases o impartió ciclos de conferencias para los afiliados a la CNT, sino que se convirtió en el animador de la Federación de Grupos Anarquistas de las Dos Castillas y León.

El joven Valeriano Orobón iba a los actos que tenían lugar en el local de la calle Mantería. Trabajaba como dependiente en La Casa Verde, un comercio de tejidos ubicado en la Plaza de España. Parece ser que trabajó también en Almacenes Guillén, la tienda de artículos de regalo de la calle Santiago. Por estos años, el joven ya deslumbraba por ser un orador excelente, de amplio léxico y posturas claras. Además, comenzó a militar en la CNT desde los 14 años, estando en contacto con Evelio Boal. Parece ser que participó en un piquete que, durante una huelga de camareros, entró en un café y esparció un líquido maloliente que hizo huir a la clientela. Entre el medio centenar de detenidos por este asunto estuvo Valeriano, si bien fue puesto en libertad pocas horas después.

Este incidente se produjo, tal vez, en el transcurso de la huelga general que paralizó Valladolid el 17 de mayo de 1920. Durante la primavera, la crisis de las subsistencias que padecía el país y la resistencia de los patronos ante los intereses obreros habían causado no pocos conflictos. En marzo se llevó a cabo en la ciudad una huelga de peluqueros y ferroviarios. En abril se sumaron a la huelga los marmolistas, canteros, carpinteros, camareros y panaderos. Finalmente, la pretensión de subir diez céntimos el precio del kilogramo de pan desencadenó en mayo una convocatoria de huelga general para el día 17. En esa fecha, fue asaltado el Círculo del Recreo de las clases altas y, por la tarde, 6000 personas se reunieron en la Plaza Mayor para escuchar al diputado socialista Óscar Pérez Solís. Mientras se desarrollaba el mitin, fue agredido el ex-alcalde Antonio Infante, seguidor de Antonio Maura.

Por esta época agitada comenzó Valeriano Orobón a ser un destacado integrante del pequeño núcleo anarcosindicalista local. Valladolid tenía por aquellas fechas unos 100000 habitantes, siendo la inmensa mayoría de sus trabajadores pertenecientes a los sectores ferroviario, metalúrgico y de la construcción. Por su situación geogrática se había convertido en el centro de control de tráfico de la Compañía de Ferrocarriles del Norte, y sede de sus talleres de reparaciones. Del ferrocarril había nacido el impulso industrializador de la ciudad, una quinta parte de los obreros vallisoletanos estaban ligados al mundo ferroviario o a su industria auxiliar, como los Talleres de Miguel Prado y de Gabilondo.

Pertenecían la casi generalidad de los trabajadores vallisoletanos sindicados a la UGT, y en menor medida, a un sindicato confesional católico. El poco más de un centenar de proletarios cenetistas pertenecían al mundo ferroviario, al transporte y a la metalurgia. La condición minoritaria del anarcosindicalismo pucelano y el boicot al que le sometía la prensa del lugar (El Norte de Castilla y el integrista Diario Regional) hacen difícil seguir las vicisitudes de la CNT vallisoletana. Los telegramas de los sucesivos gobernadores civiles de la provincia a las autoridades de Madrid (conservados en el Archivo Histórico Nacional de esta capital) nos describen a unos cenetistas activos, que inquietan a las autoridades por su posible expansión, a pesar de la continua identificación que los periódicos vallisoletanos hacían entre sindicalismo y terrorismo.

Valeriano Orobón siguió con sus actividades libertarias, hasta que le llegó el momento de hacer el servicio militar (1922). El joven se negó a ello, escapando a Asturias. Y de allí, huyó a Lyon, ciudad francesa en la que residía su hermano Pedro, obrero metalúrgico.

Por la documentación policial conservada, Valeriano llegó a esta ciudad francesa en julio de 1924, puesto que las autoridades le expidieron una cédula de identidad (con nº 89321) el día 30 de aquel mes. Declaró a la policía gala que no había cumplido el servicio militar español por haber sido declarado inútil. Dijo también que era estudiante y que vivía del dinero que él enviaba su familia. Frecuentó Valeriano Orobón el local sindicalista situado en el barrio de Villeurbanne, conociendo a numerosos exiliados españoles como él. Intervino en un debate sobre la naturaleza del fascismo italiano, ganándose no pocas simpatías. Impartió después conferencias sobre diversos temas en el Centro de Estudios Sociales de aquella ciudad. Se integró en el Grupo Internacional de Ediciones Anarquistas (creado con dinero apartado por Ascaso y Durruti) y, en enero de 1925, se hizo cargo de Tiempos Nuevos, el periódico de los libertarios españoles instalados en Francia. Pío Baroja, en su novela La Familia de Errotacho, afirma que Valeriano Orobón participó en el levantamiento ácrata de Vera de Bidasoa, que se saldó con la muerte de dos guardias civiles y la detención de algunos implicados.

Tiempos Nuevos, la gaceta dirigida por Orobón, incluía entre sus páginas artículos y colaboraciones de ilustres republicanos como Rodrigo Soriano, Blasco Ibáñez, Eduardo Ortega y Gasset, Unamuno. El primero escribió una serie de artículos que atacaban a Alfonso XIII. Los anarquistas más ortodoxos (entre ellos Diego Abad de Santillán) criticaron la línea del periódico de Orobón, favorable a colaborar con republicanos y catalanistas. Así, se acusó al vallisoletano de haber abierto las páginas de Tiempos Nuevos a politicastros, rechazando las colaboraciones anarquistas. Se le defendió argumentando que ninguna de aquellos artículos republicanos estaba en contradicción con los principios libertarios. La gestión de Orobón como director fue aprobada, aunque se le pidió el cese de las colaboraciones republicanas. La cuestión no terminó ahí, pues Valeriano dimitió y redactó un artículo en el que defendía sus posiciones, siendo apoyado por Sebastián Faure, icono del anarquismo francés.

Así andaban las cosas cuando el Ministro de Interior, Shramek, ordenó que Orobón fuese expulsado del país. Algunos afirman que se debió a su intervención en un mitin contra el régimen de Primo de Rivera, en el que parece ser que hablaron también Unamuno y Blasco Ibáñez. Por su condición de destacado militante libertario, y activo propagandista de la revolución relacionado con republicanos, Orobón estaba considerado un tipo peligroso por los gobernantes franceses. Pero Valeriano, temiendo ser entregado a la policía española, abandonó Francia en circunstancias desconocidas, tal vez por la frontera belga. Reapareció tiempo después en Amsterdam, pero, por sus antecedentes, la policía local le prohibió establecerse en aquella ciudad. Así que tuvo que dirigirse a Alemania.

Desde su llegada al país teutón, Valeriano entró en contacto con los exiliados españoles. Su situación económica era bastante precaria, ganándose la vida como profesor de lengua castellana. Pero, gracias a las ayudas económicas de su hermano Pedro, pudo Valeriano subsistir decentemente hasta que, con la documentación en regla, regresó a Francia. Su segunda estancia en el país galo fue efímera, ya que Valeriano se trasladó poco después a Viena. Le acompañaba una bella mujer llamada Hildegart Taege. Nacida en la localidad germano-polaca de Stettin, Hildegart militaba en las Juventudes Libertarias Alemanas, tenía amistad con el erudito libertario Rudolf Rocker y su compañera Milly Witcok.

Ignoramos cuando y en qué lugar se conocieron Valeriano y Hildegart, pero la relación sentimental sería especialmente intensa. Ella, su fiel compañera, le acompañó en todas sus vicisitudes.

Ya instalado en Viena, el vallisoletano trabajó como traductor de textos para Max Nettlau. Nacido en Austria (1865), Nettlau estaba considerado como el más importante historiador e investigador sobre todo lo relacionado con el anarquismo. Filólogo de formación, este intelectual escribió una extensa biografía de Bakunin en tres tomos, aún inédita.

Valeriano Orobón y Nettlau entablaron pronto una entrañable amistad. Su mutua confianza y sus capacidades intelectuales dieron sus frutos. Tradujo Valeriano a la lengua castellana la monumental obra de Nettlau sobre Eliseo Reclús. El primero de los dos volúmenes de esta obra se puso a la venta a mediados de 1929 con el título de Eliseo Reclús. La vida de un sabio justo y rebelde.

Tal vez a comienzos de 198, Orobón se despidió de Viena y de su admirado Nettlau, instalándose en Leipzig. Desde el año anterior colaboraba con La Revista Blanca de Joan Montseny (Federico Urales), cobrando 25 pesetas por artículo. Simultaneó su labor periodística con un empleo de profesor de castellano en una academia, la escuela Berlitz. En agosto recibió una oferta de la academia de trasladarse al centro de idiomas que tenía en Londres. Orobón se entusiasmó con la idea: podría aprender inglés y, al mismo tiempo, conocer la situación social de Inglaterra, cuna de la Revolución Industrial. Valeriano pasó en Londres no pocas estrecheces económicas, él se sentía aislado en aquella “colmena que come, trabaja, bulle y lee periódicos estúpidos, y que parece haber olvidado la facultad de pensar”. Enviaba dinero como podía a Hildegart, que estaba en Berlín. Residente en el 226 de King Street, junto a Ravenscourt Park, solía desplazarse a la Biblioteca Británica en busca de esparcimiento intelectual. Tras caer gravemente enfermo, decidió regresar a Berlín, donde creyó que se recuperaría más fácilmente, en compañía de su amada. Y así lo hizo.

la revista blanca

Tras recuperarse de sus dolencias, Valeriano se encontraba otra vez en condiciones de continuar con sus actividades. Se convirtió en secretario del Comité de la AIT (Asociación Internacional de los Trabajadores). Creada en 1922, este organismo transnacional agrupaba a los sindicatos libertarios de todo el mundo, como la CNT española. Se consideraba a la AIT como la sucesora legítima de la Primera Internacional, destrozada por las luchas entre autoritarios (marxistas) y antiautoritarios (bakuninistas). Tras participar en una conferencia internacional ácrata celebrada en París. Viajó a España para intervenir en las sesiones preliminares del Congreso de la AIT, planeado para octubre, en Barcelona. Fue detenido en la misma frontera, yendo a parar al penal de Figueras.

Por suerte para él, tan sólo permaneció encarcelado unos días. Después de aquel contratiempo, se dirigió a Barcelona y después, a Valladolid. Desde la ciudad del Pisuerga tenía previsto visitar Madrid, Toledo y, posiblemente, Sevilla. A esta última ciudad no llegó. Vigilado por las autoridades, permaneció en Valladolid, donde pasó las Navidades y el fin de año de 1930.

Eran días tormentosos. Desde los primeros días de octubre se esperaba un levantamiento militar de tendencia republicana. La CNT estaba perfectamente informada de las actividades que llevaban a cabo conspiradores republicanos militares como Díaz Sandino, Ramón Franco, Gonzalo Queipo de Llano y Alejandro Sancho, entre otros. De hecho, se llegó a decir que el día del levantamiento sería el 19. Tan en serio se lo tomaban las autoridades que el día 11 fueron detenidos algunos de los conspiradores. Por aquellas jornadas, Valeriano Orobón paseaba tranquilamente por las calles de Madrid. ¿Era un viaje de recreo? Ni él ni las autoridades lo consideraban así. Fue detenido brevemente otra vez, y él mismo escribió “el viaje de recreo apenas traerá recreo alguno”. La tensión que flotaba en el ambiente se mitigaría temporalmente con el fusilamiento de los cabecillas de la sublevación republicana de Jaca, Galán y García Hernández. Pocos días después de estos sucesos, Valeriano y Hildegart viajaron a Toledo, regresando después a Valladolid, donde fue detenido otra vez. Puesto en libertad bajo vigilancia, abandonó España en compañía de su fiel Hildegart. A principios de febrero de 1931, ambos estaban de nuevo en Berlín.

En la capital de Alemania Valeriano retomó su actividad como traductor de obras literarias, trabajando para la Editorial Zeus. “Cada cuarenta días un libro”, en sus propias palabras. Tradujo novelas de carácter social de Plivier, Vera Figner, Steinberg o Ludwig Renn. Pretendía establecerse en España, y para ello necesitaba dinero. Además, la situación política y social alemana era cada vez más insostenible por el ascenso imparable de los nazis.

Orobón regresó a España en junio de 1931. Quería asistir a los respectivos Congresos de la CNT y la AIT. Los dos tendrían lugar en Madrid, durante el mes de junio. Entre los días 11 y 16 el primero, entre el 16 y el 20 el segundo. Acompañado por sus correligionarios Agustin Souchy, Rudolf Rocker y Albert Jensen (representante del anarcosindicalismo sueco). Viajaron a París desde Berlín, y en la capital francesa tomaron el tren con destino a Barcelona. En esta última ciudad, visitaron al director del periódico cenetista, Joan Peiró, y a viejos conocidos como Ascaso y Durruti. Orobón intervino en un mitin cenetista, respondiendo a los ataques que la URSS lanzaba contra el anarquismo. Entre 15000 y 20000 personas oyeron su soflama.

El martes 9 de junio, Valeriano y sus camaradas de la AIT se trasladaron a Madrid. Fueron allí recibidos por el secretario nacional de la CNT, Ángel Pestaña. Rocker y Orobón intercambiaron con él sus impresiones sobre la situación de España. El vallisoletano intervino en el Congreso cenetista. En este acto chocaron pronto dos tendencias anarcosindicalistas: una que tendía a aclimatarse a la legalidad republicana y otra que pretendía realizar cuanto antes la revolución social. En la primera militaban figuras venerables como Pestaña, Peiró, Fornells, Clará, etc. La segunda, en cambio, estaba impulsada por Durruti, García Oliver, Gregorio Jover, Ascaso, es decir, los jóvenes y exaltados representantes del romanticismo revolucionario. Podemos decir que fue éste el Congreso más apasionado y menos productivo de la CNT. En cuanto al congreso de la AIT, Orbón intervino en él para traducir los discursos de los ácratas extranjeros como Rocker y Souchy. Tras estas experiencias, Orobón viajó a Estocolmo, asistiendo al Congreso de la SAC, el equivalente sueco de la CNT. Regresó posteriormente a Berlín, ciudad que abandonaría para siempre. Atrás quedaban años de intensa militancia, durante los cuales había madurado su pensamiento. Ahora, volvía a España como uno de los más renombrados referentes del pensamiento anarcosindicalista europeo. No iba a defraudar a sus compañeros de lucha. Le quedaban por delante apenas cinco años de vida, y no los desaprovecharía.

Hasta su prematura muerte, acaecida en junio de 1936, Valeriano desarrolló una actividad espectacular. Tanto en el terreno de la traducción como en el de la teoría anarquista y la lucha sindical. Quería fijar su residencia en Madrid, debido a la cercanía de esta ciudad con Valladolid, y porque allí era donde estaba instalada la editorial para la que trabajaba. Pero su militancia cenetista hacía que se sintiese atraído por Barcelona, epicentro del anarcosindicalismo español. Fue en la capital catalana donde Valeriano y su compañera se aposentaron primero, y donde el vallisoletano asistió a las disputas entre los libertarios moderados y los radicales. Orobón se entrevistó con defensores de ambas tendencias para convencerles de, al menos, llegar a ciertos acuerdos que impidieran el debilitamiento de la CNT.

Valeriano Orobón Fernándezcari caricatura

Tras esta experiencia, Orobón y Hildegart viajaron a Valladolid, donde pasaron las Navidades de 1931. Intervino en acto de la pequeña CNT local. Según El Norte de Castilla, su discurso fue muy vehemente. Hablaron, además, militantes de la provincia como Manuel Pérez Fernández, José Villaverde y Aurelio Álvarez. A comienzos de 1932, Valeriano se traslada a Madrid, donde traduce las memorias de la anarquista rusa Vera Figner. Después, en fecha que no podemos situar exactamente, entró a trabajar en Filmófono, empresa cinematográfica dedicada a la sincronización sonora de películas mudas. Esta compañía introdujo en España no pocas películas soviéticas. Valeriano se encargaba de traducir y redactar los inter-títulos de filmes mudos como El Acorazado PotemkinLa Madreoctubre La línea General. Entre él y Ricardo Urgoiti, el propietario de Filmófono, se desarrolló una profunda amistad. Tenemos diversas diferencias del afecto existente entre ambos. En una ocasión, ambos se encontraban en la azotea de un edificio de la Gran Vía. Urgoiti se tropezó y a punto estuvo de caer al vacío, si no fuera porque Valeriano le agarró en el último momento. El empresario sabría agradecer con creces este gesto.

Con el sustento económico resuelto, Valeriano ejerció una notable militancia en la CNT madrileña. Pocas semanas después de instalarse en Madrid, participó en un debate contra los comunistas Manuel Adame y José Bullejos. El vallisoletano mostró su oposición al régimen totalitario de la URSS. El 1º de mayo de 1932, Orobón interviene en un acto organizado por el Sindicato de la Construcción. Días después, impartió en el Ateneo madrileño, situado en la calle del Prado. Realizó diversos viajes por toda España. Cabe reseñar su intervención en un debate de controversia celebrado en Puertollano en julio de 1932. También realizó una gira de propaganda que le llevó por Asturias y Santander, a fines de agosto de 1933. Y haría acto de presencia en La Coruña para apoyar públicamente al Sindicato de la Construcción de esta ciudad.

Perfectamente informado de las vicisitudes internas del anarcosindicalismo, protagonizó algunas de ellas. Fue el caso de su intervención en el periódico CNT, editado en Madrid. La aparición de esta publicación se decidió en el Congreso madrileño de 1931, pero su alto costo y las dificultades para encontrar una imprenta retrasaron su aparición hasta mediados de noviembre de 1932. Desde su primer número, CNT sufrió no sólo las dificultades de la censura gubernamental, sino también la oposición interna de cenetistas que estaban en desacuerdo con su orientación. Frente a la idea de un periódico de contenido estrictamente anarquista, de combate frontal contra el Estado, se alzaban quienes opinaban que el periódico debía moderar sus expresiones y realizar una labor de difusión de ideas y fortalecer a los sindicatos cenetistas. Aunque desde un primer momento se daba por supuesto que Valeriano sería el director de CNT, al final la responsabilidad fue asumida por Avelino González Mallada, anarcosindicalista moderado. No tardó el periódico en ser suspendido por las autoridades republicanas, siendo detenidos varios de sus redactores. Tras superar estas dificultades, CNT contó con la brillante colaboración de Orobón, autor de una sección diaria llamada Perpectivas Internacionales. Escribió además numerosos artículos referidos a temas nacionales y confederales, como los titulados España y la Política de Alianzas (28-11-1932), Bola de Sebo (2-12-1932), Rudolf Rocker (25-3-1933) o Cristo en Casas Viejas (15-4-1933).

CNT

En 1933, el Secretariado Internacional de la AIT abandonó Amsterdam y se instaló en España. Orobón, representante de la CNT en este organismo desde abril del 32, se convirtió en uno de los dirigentes del Secretariado, junto a Rudolf Rocker y el veterano Eusebio Carbó, antiguo maestro libertario en Valladolid. Fue Valeriano el representante de la AIT en diversos congresos, como el de la Federación de la Industria Ferroviaria (julio de 1933). En octubre, acudió al Pleno de Regionales de la CNT. También asistió al Congreso de la Federación Nacional de Transportes Marítimos, que tuvo lugar en Gijón entre el 15 y el 18 de julio de 1933.

Periodista, conferenciante, propagandista, líder de la AIT, activista internacional, traductor, propagandista del anarcosindicalismo…La actividad de Valeriano Orobón Fernández era incansable. Hasta tuvo tiempo de adaptar al castellano la letra de una vieja canción revolucionaria polaca, La Varsoviana. El resultado fue el siguiente:

Negras tormentas agitan los aires,

nubes oscuras nos impiden ver,

aunque nos espere el dolor y la muerte,

contra el enemigo nos llama el deber.

El bien más preciado es la libertad.

hay que defenderla con fe y valor.

Alza la bandera revolucionaria,

que el triunfo sin cesar nos lleva en pos.

Alza la bandera revolucionaria,

que el triunfo sin cesar nos lleva en pos.

¡En pie pueblo obrero, a la batalla!

¡Hay que derrocar a la reacción!

¡A las barricadas! ¡A las barricadas

por el triunfo de la Confederación!

¡A las barricadas! ¡A las barricadas

por el triunfo de la Confederación!

Inicialmente, Valeriano tituló Marcha Triunfal a esta adaptación al castellano. Pero este título no cuajó, siendo sustituido por ¡A las Barricadas!, que son las palabras del comienzo del estribillo. El músico catalán Ángel Miret aportó arreglos musicales a esta letra, naciendo así el himno del anarcosindicalismo español.

A principios de 1934, Orobón publicó dos artículos trascendentales en el diario madrileño La Tierra. Se titulaban “Alianza revolucionaria, sí; oportunismo de bandería, no” y” Consideraciones sobre la unidad. La Plataforma de la Alianza”. En ellos, advertía de las peligrosas consecuencias que tendría la implantación del fascismo en España para las clases obreras nacionales. Las elecciones de noviembre de 1933 habían sido ganadas por la derecha, y según Orobón, primero formaría Gobierno el demagogo Lerroux y, después, Gil Robles, y con él llegaría el fascismo a España. Haciendo un llamamiento a la unidad de las fuerzas revolucionarias, Orobón proponía la formación de una Alianza Obrera para combatir al fascio. Sólo la CNT asturiana haría caso a Orobón, firmando un pacto de acción con la UGT. Juntas, ambas centrales sindicales se lanzaron al levantamiento asturiano de octubre de 1934.

Rafael Salazar Alonso, ministro de Gobernación en el primer Gobierno de Lerroux, ordenó el encarcelamiento de Orobón Fernández. Salazar, apresado y juzgado por los republicanos en julio de 1936, declararía entonces que mandó encerrar a Orobón por ser éste el principal defensor de la unidad CNT-UGT. El vallisoletano fue detenido el 8 de marzo, justo cuando se estaba gestionando el acuerdo entre la CNT y la UGT asturianas y cuando, en las restantes secciones regionales de la CNT, su propuesta estaba ganando adeptos. De hecho, una huelga general de la construcción convocada por ambos sindicatos paralizaría Madrid.

Valeriano fue detenido de madrugada en su domicilio. El motivo esgrimido fue el impago de una multa de 20.000 pesetas. Fue puesto en libertad el 31 de marzo. Ocupó la celda nº 45 de la primera galería de la Cárcel Modelo, donde continuó trabajando en las traducciones de Filmófono, cuyo propietario se interesó por su bienestar. Recibía a diario las visitas de su hermano Pedro, que le llevaba un cesto de comida para complementar el deficiente rancho allí servido. Liberado a fines de aquel mismo mes, volvió a ser detenido en abril. Este encarcelamiento fue mucho más duradero, prolongándose hasta marzo de 1935. Valeriano, que padecía tuberculosis desde los años 20, salió de prisión gravemente enfermo. No pudo seguir trabajando en el Secretariado de la AIT. En el verano de 1935 se retiró a la casa de Mercedes Comaposada Guillén, una de las fundadoras de la organización de féminas libertarias Mujeres Libres. Rodeado de familiares y amigos, Orobón tomaba una rigurosa medicación, pasando sus días tomando el Sol en el porche de aquella casa, ubicada en los alrededores de Madrid. Su amigo Urgoiti llegó a viajar a Suiza en busca de remedios para la enfermedad de Valeriano.


Pero todo fue inútil. Valeriano Orobón fallecía el domingo 28 de junio de 1936. Comenzó a agonizar en medio de un terrible ataque de tos, rodeado por su madre, su amada Hildegart y su hermano Pedro. Hacía sólo dos meses que había cumplido los 35 años. Fue enterrado en el cementerio de Aravaca.

Su fallecimiento levantó una ola de condolencias entre el movimiento anarquista español. Numerosas necrológicas aparecieron en periódicos obreros como LiberaciónTierra y Libertad o Solidaridad Obrera, así como en el parisino Le Libertaire. Sin embargo, en la “prensa burguesa” apenas hubo referencias al triste suceso. La personalidad de Orbón Fernández iba a perdurar en el tiempo. Su figura se vio engrandecida por la revolución que se desbarataría en julio de aquel año, tras ser momentáneamente derrotado el Ejército sublevado. Había comenzado la revolución tan esperada por Valeriano. Sus propuestas aliancistas contra la reacción, apoyadas por la CNT en su Congreso zaragozano, se veían confirmadas por los hechos.

En los inicios de la Guerra Civil, los militantes anarcosindicalistas madrileños crearon el Batallón Orobón Fernández, integrado en la Columna Del Rosal. Esta columna, que contaba con el valeroso militante Cipriano Mera, luchó en el frente de Madrid, así como en Cuenca y Teruel. Hasta 1936 hubo varios intentos de publicar una biografía completa de Orobón, y ya en el verano de 1938, la FAI quiso publicar sus obras completas. El archivo de Valeriano cayó en manos de los sublevados en otoño de 1936, resultando imposible compilar su extensa obra. Después de 1939, encontramos numerosas referencias a su figura en la prensa libertaria del exilio, y en obras como Figuras del Movimiento Libertario Español, de José Peirats o la Contribución a la Historia del Movimiento Obrero Español, de Diego Abad de Santillán. En 1968 existía un grupo anarquista llamado “Orobón Fernández”.

A pesar de que la obra de Orobón se perdiese casi por completo, los rastros de su actividad, tanto en la prensa como en el sindicalismo, permanecieron. Durante el exilio su recuerdo perduró…Aunque en la actualidad apenas haya referencias a este libertario, considerado como una rareza dentro del movimiento obrero. Ni una palabra aún sobre su excepcionalidad y sus cualidades intelectuales. Para el historiador Julián Casanova, fue Valeriano el primer anarquista notable que tendió un puente hacia los socialistas. En opinión de John Brademas, intentó una vía revolucionaria distante, a la vez, del radicalismo faísta y del anarcosindicalismo pactista y pro-republicano. Finalmente, para el valenciano Javier Paniagua, Orobón formuló una teoría económica sólida, para su aplicación tras el triunfo del anarquismo.

Anarcosindicalismo y Unidad Obrera: Valeriano Orobón Fernández (1901-1936)

Valeriano Orobón Fernández es una de las figuras fundamentales para entender la cuestión de la Alianza Obrera durante la Segunda República. Aunque no había sido el único, estuvo entre quienes más influencia tuvo en, tras los fracasos insurreccionales de 1933, advertir de la necesidad que tenía el anarcosindicalismo español de efectuar una rectificación táctica. Parecía evidente que la CNT, sólo con sus propias fuerzas, no podía llevar a cabo la revolución. Hacía falta atraerse a la UGT inmersa en un duro conflicto interno tras el fracaso de la política colaboracionista con los republicanos. La publicación, a fines de enero de 1934 en el periódico madrileño La Tierra, de su artículo “Alianza Revolucionaria, ¡Sí!, oportunismo de banderías, ¡No!” supuso un formidable revulsivo. Dotó de argumentos a los defensores de encontrar puntos de encuentro con el socialismo. Es lo que explica que en el Pleno Nacional de Regionales celebrado en Barcelona unas semanas después, a mediados de febrero, a pesar de la oposición de las regionales más poderosas de la Confederación, como Andalucía o Cataluña, elaborara un comunicado final proponiendo a la UGT, eso sí con unas condiciones imposibles, llegar a un acuerdo de acción.

La propuesta de Orobón no había nacido de un arrebato o una intuición más o menos genial. Ni siquiera de una corrección de su pensamiento. Se trataba de la evolución lógica de uno de los militantes anarcosindicalistas mejor preparados del momento. Vallisoletano de nacimiento, al igual que otros destacados anarquistas y cenetistas, como Ernesto Álvarez, Evelio Boal o Pedro Herrera, desarrolló su militancia en el exilio francés y alemán entre 1924 y 1931 y, después, de nuevo en España, en Madrid, hasta su fallecimiento a fines de junio de 1936. Cuando Valeriano salió de Valladolid ya militaba en el pequeño sindicato de la CNT local y había dado muestras de su capacidad. Desde su llegada a París, su mayor preocupación fue la de la renovación teórica del anarquismo que consideraba estancada desde hacía décadas. Pero también, las de estrechar los lazos de los anarquistas con otros sectores opuestos a la dictadura del general Miguel Primo de Rivera. Actitud que le creó problemas con quienes pensaban que debía primar la acción revolucionaria. Esta posición fue la que le llevó a abandonar la dirección del periódico parisino Tiempos Nuevos, portavoz de los anarquistas españoles en Francia. Fue muy criticado por abrir sus páginas a plumas no anarquistas, como la del republicano Rodrigo Soriano, quien unos años antes, a su vez, también había puesto al servicio de la CNT española el periódico España Nueva que editaba en Madrid.

Un año después de su llegada al país galo fue expulsado por el ministro del Interior. Sus arengas antimilitaristas en los actos públicos en los que intervenía no gustaban a unas autoridades que preparaban, junto al dictador español, la intervención que terminaría con el rebelde rifeño Abd-el-Krim. En Alemania, iba a encontrar no sólo a la compañera que le acompañaría hasta su muerte, Hilde, sino la amistad y enseñanzas de algunos de los más destacados anarquistas germanos. Como Max Nettlau y Rudolf Rocker. De ambos aprendió la necesidad de no aislar las luchas en su contexto más cercano. De no olvidar que la lucha obrera debía ser internacionalista. Hasta su regreso a España, Valeriano Orobón Fernández extrajo conclusiones de la situación alemana. Del fracaso de la oposición electoral socialista y comunista al ascenso del nazismo y del daño que hacía, para las aspiraciones revolucionarias, la inquina de la Unión Soviética hacia el anarcosindicalismo. Desde el secretariado de la AIT, reconstruida en Berlín en 1922, tradujo numerosos artículos y escritos que, publicado en La Revista Blanca, brindaron a los anarquistas españoles informaciones de primera mano sobre lo que sucedía en el resto de Europa. Con los ojos muy abiertos por lo que había visto en Alemania, a su regreso a España Orobón tenía muy claro cuáles eran las prioridades que debía tener la renacida, y en plena expansión, CNT. En primer lugar, su fortaleza orgánica que la convirtiera en la única fuerza auténticamente revolucionaria en Europa con capacidad para afrontar, con alguna garantía de éxito, el hecho revolucionario. En segundo lugar, crear una revista de debate teórico que trajera aire fresco, y removiera, la alicaída situación existente. Finalmente, tras instalarse en Madrid, su activa militancia en los sindicatos para ir ocupando espacios que hasta entonces estaban en manos de la UGT. Fruto de estas preocupaciones fue la labor de mediación que, en octubre de 1931, intentó en Barcelona entre los firmantes del “Manifiesto de los Treinta” y figuras como Durruti, Ascaso o García Oliver y el fallido intento de publicar La revolución social, la revista teórica que iba a llenar el vacío existente. Aunque la actividad más destacada la tuvo en su relación con el núcleo impulsor del Sindicato Único de la Construcción (SUC) de la CNT madrileña. Su relación con Cipriano Mera, Teodoro Mora, Feliciano Benito, Miguel González Inestal o Manuel Vergara, le llevó a conocer, y quizás a inspirar, de primera mano el proceso por el que la CNT madrileña logró anular la hegemonía que la UGT tenía en el sector de la construcción. Tras dos huelgas en 1933, en las que la unidad de los afiliados cenetistas y ugetistas logró vencer las reticencias de sus directivas, el SUC no sólo equilibró la influencia de la Federación Local de la Edificación de la UGT, sino que, también, puso las bases para convertirse en hegemónico en la primavera de 1936.

De este proceso, sin duda, extrajo Orobón Fernández las claves que le llevaron a escribir el artículo publicado en La Tierra. De la importancia que tuvo es buena muestra que sus propuestas unitarias despertaron la preocupación del ministro de la Gobernación, Rafael Salazar Alonso. Hasta el punto que ordenó la prisión de Orobón en marzo de 1934. Justo en las fechas en que se estaba gestionando el acuerdo entre la CNT y UGT asturianas; cuando, en las restantes regionales cenetistas, la propuesta estaba ganando adeptos y, causa directa del encarcelamiento, una huelga general de la construcción convocada por CNT y UGT paralizaba el sector en Madrid. De esta forma, las autoridades republicanas intentaban frenar el proceso que podía impedir que el régimen continuara escorándose hacia la extrema derecha y, aún más, fuera capaz de llevar a cabo una acción revolucionaria difícil de detener, como se demostró dos años más tarde cuando la unidad de las organizaciones obreras hizo fracasar el golpe militar y abrió las compuertas del torrente revolucionario.

La prisión que sufrió aceleró el deterioro de su salud. Valeriano apenas sobrevivió unos meses su puesta en libertad. Por semanas no pudo conocer que sus propuestas no sólo habían sido llevadas a cabo, sino que habían sido un componente esencial en el triunfo obrero. Como suele ocurrir en estos casos, las reticencias que existían sobre él desaparecieron y se convirtió en un elemento más de la iconografía unitaria revolucionaria. Después, el manto de olvido interesado, las propias deficiencias de la evolución del movimiento libertario llevaron a que su figura se desvaneciera. A que no sólo quedara sepultada su militancia anarcosindicalista, sino también, como en otros muchos casos, su intensa e importante labor como traductor de novelas para algunas de las más importantes editoriales del momento y películas para la casa Filmófono. Estos días, aunque sea con retraso sobre lo previsto, este trabajo pretende poner a disposición de las nuevas generaciones, la vida y la obra, reproducida en parte en el apéndice, de quien puede considerarse un destacado representante de aquellos hombres y mujeres que pudieron probar la fruta prohibida de la transformación social.

La tirrra 2

El año escaso que pasó Valeriano Orobón en Francia tiene dos etapas claramente diferenciadas. La primera, desde su llegada a Lyon hasta su traslado definitivo a París en el otoño de 1924. La segunda, es la de los meses que pasó en la capital francesa hasta su expulsión del país en junio de 1925. Son unos años que se conocen relativamente bien gracias a la documentación policial conservada en los Archivos Nacionales de Francia 40 y a diversos trabajos que nos proporcionan fuentes y datos suficientes para reconstruir estos meses. Unos son de historiadores, como Antonio Elorza 41, y otros, de refugiados anarquistas españoles que convivieron con Orobón Fernández. Entre ellos destaca el que Salvador Cano Carrillo publicó en la revista ácrata venezolana, animada por los exiliados confederales, Ruta 42.

La tirrra 1Cano asegura que Valeriano Orobón Fernández llegó a Lyon durante el mes de julio de 1924 procedente de Asturias. Escapaba a la persecución del capitán general de la región, Ricardo Burguete 43 que pretendía terminar con las actividades anarcosindicalistas en la región. Aunque, además, posiblemente, Orobón también escapara por su condición de prófugo y, posiblemente, como veremos más adelante, por su participación en un movimiento insurreccional que se preparaba contra Primo de Rivera. Lo seguro es que se dirigió a Lyon porque allí vivía su hermano Pedro, con quien siempre tuvo una especial relación. Manuel Pérez la califica de “verdadero delirio”44.

Conocedor de la débil salud de su hermano, procuró siempre ayudarle económicamente para que pudiera dedicarse a las tareas intelectuales para las que le consideraba especialmente preparado 45.

Algunos de estos datos lo confirman la documentación policial conservada. En efecto, Valeriano llegó a Lyon en julio de 1924 puesto que la prefectura del Rhône le expidió una cédula de identidad el día treinta de ese mes 46. Sin embargo, no aclara su situación militar. A la policía gala declaró que no había cumplido el servicio de armas por haber sido declarado inútil. Aunque también dijo que era estudiante, que no tenía antecedentes y que vivía del dinero que le enviaba su familia. Aunque, desde su llegada a la ciudad del Ródano, acudió al local sindical existente en el barrio de Villeurbanne. Este era uno de los centros más frecuentados por los refugiados españoles que habían convertido a Lyon en un importante núcleo de actividad anarquista. Cano relata que, recién llegado, el mismo día en que lo conoció, intervino en un debate sobre el fascismo italiano 47. Esta primera aparición pública le granjeó una gran simpatía y, sobre todo, una magnífica consideración de su capacidad intelectual. No extraña, por tanto, que, en los meses siguientes, hasta su marcha a París, no sólo impartiera, en el Centro de Estudios Sociales, situado en la cour La Fayette, numerosas conferencias sobre diversos temas, sino que, también, dirigiera un curso de lengua y literatura española que, celebrándose los domingos por la mañana en Oullins, una pequeña localidad del extrarradio lionés, contó con una numerosa concurrencia 48.

Valeriano Orobón Fernández2Aunque, Valeriano Orobón lo negara en 1928 49 parece que durante estos meses su salud se resintió. Cano 50 recuerda que numerosas tardes iba a recogerlo a donde vivía y daban largos paseos, conversando sobre las más diversas cuestiones, por el jardín botánico llamado “Tête d’Or”. Continuaba una actividad que había comenzado hacia las seis de la mañana. La misma hora en que se levantaba su hermano Pedro para acudir a la fundición donde trabajaba y desoyendo sus consejos de que lo hiciera más tarde y se cuidara. Pero hasta la crisis londinense de unos años más tarde, su trabajo fue constante. Durante estos meses, se integró en los grupos anarquistas en Francia 51 y, en octubre marchó a París con su hermano Pedro. Ambos se instalaron en una habitación del 125 del faubourg du Temple 52, en una de las zonas donde habitaban un mayor número de exiliados españoles.

Su actividad fue intensa. Se integró en el Grupo Internacional de Ediciones Anarquistas y, después, en enero de 1925, se hizo cargo de la publicación del nuevo periódico anarquista español en Francia, Tiempos Nuevos. Además de intervenir en numerosos actos 53, fueron estos meses durante los que, al parecer, estuvo ligado a la preparación del movimiento revolucionario que desencadenó los sucesos de las Atarazanas de Barcelona y Vera de Bidasoa en Guipúzcoa. Asuntos todos que tienen dos puntos de unión: en primer lugar, las discrepancias entre los anarquistas sobre cómo valorar la acción violenta de los años previos a la Dictadura en España. En segundo lugar, la discusión sobre si colaborar con otras fuerzas opositoras a la monarquía y Primo de Rivera para derrocar a ambos. Veámoslos de forma cronológica.

Durante el verano de 1924 se formó un comité anarcosindicalista encargado de preparar una insurrección contra Primo. Entre sus miembros estaban Buenaventura Durruti y Francisco Ascaso. Además, Eusebio Carbó, delegado del comité nacional de la CNT, se instaló en París donde buscó que las autoridades permitieran la propaganda anti-Dictadura anarquista. Mientras que Mauro Bajatierra, regresó de Bruselas para gestionar la obtención de los medios económicos necesarios. También se trató de aprovechar la enemistad de los grupos catalanistas que Primo de Rivera se había granjeado tras suspender la Mancomunidad catalana y perseguir las actividades regionalistas54. La operación contó, además, con un comité revolucionario en el interior de España en el que participaron los grupos anarquistas barceloneses y algunos elementos del Estat Catalá 55.

Antes de septiembre, Ángel Pestaña, recién nombrado secretario nacional de la CNT, viajó a París. El comité le habló de que existían unos veinte mil hombres armados dispuestos a entrar en España. Aunque el leonés no quedó muy convencido, los preparativos continuaron adelante. El grado de participación de Valeriano Orobón Fernández no está claro. El historiador Antonio Elorza le atribuye la redacción del folleto España. Un año de dictadura, firmado por el Grupo Internacional de Relaciones Anarquistas 56. Los argumentos utilizados contra la dictadura y, sobre todo, la idea de que bastaba un detonante para desencadenar la explosión en España contra el régimen de Primo, inspiraron los manifiestos que aparecieron antes de la invasión por Vera de Bidasoa.

Que, de alguna manera, intervino parece seguro. Que acudió a la despedida en París de los que marchaban hacia la frontera, también 57. Más dudosas y contradictoras resultan las informaciones sobre su viaje al Pirineo catalán o su presencia en la localidad guipuzcoana de Vera. Abel Paz, en su biografía sobre Durruti, reproduce párrafos de un folleto sobre Durruti, Ascaso y Jover, escrito por Valentín Roi. Pseudónimo que atribuye a Valeriano Orobón 58. De ser así, por su contenido, se puede deducir que, durante los meses anteriores a su salida de España, Orobón estuvo en Barcelona y que su marcha a Francia pudo estar relacionada con la intentona revolucionaria que se preparaba 59. De esta forma se explicarían mejor las relaciones que le unieron a destacados militantes catalanes como Juan Peiró 60 y su inmediata integración en el Grupo Internacional de Ediciones Anarquistas creado, con los fondos proporcionados por Ascaso y Durruti, para desarrollar campañas internacionales de propaganda anarquista 61. Es esta una cuestión tan oscura como su posible fugaz regreso a España, en abril de 1925, para asistir a un congreso anarquista ibérico en Barcelona. La policía francesa puso en duda su celebración, a pesar de contar con una supuesta acta de lo tratado en la reunión, aunque señaló al vallisoletano como el delegado de los grupos anarquistas españoles en Francia que defendieron continuar la relación con los grupos republicanos y crear una organización específicamente ácrata cuyo comité residiera en Francia mientras continuara la excepcional situación política en España 62.

De ser cierta la personalidad de Orobón, bajo el pseudónimo de Roi, y el relato del folleto, como su presencia en la ciudad condal, resultaría que Valeriano no sólo estuvo en la despedida parisina de los revolucionarios, sino que después se dirigió a la frontera catalana, en compañía de Ascaso. Al llegar conocieron el fracaso de la incursión guipuzcoana y que las autoridades, alertadas, habían enviado varios regimientos a la frontera. Entonces desistieron del ataque. El texto citado por Abel Paz describe la impotencia de los conjurados y esboza una justificación de la actuación de los implicados en una tentativa “ingenua, torpe” 63. Que las autoridades estaban prevenidas lo confirma el telegrama que el ministro de la Gobernación envió a los gobernadores civiles el mismo día cuatro de noviembre notificándoles que, para ese día, se esperaba un intento revolucionario anarquista al que denominaban “Abajo la guerra” 64.

Aun así, el movimiento comenzó con la salida del tren que llevó hacia la frontera a los grupos que se iban a infiltrar por Cataluña y el País Vasco. Cerca de un centenar de anarquistas llegaron a San Juan de Luz, en donde se le sumaron otro número indeterminado de activistas. Desde el cinco al siete de noviembre, en las cercanías de Vera de Bidasoa se produjo un tiroteo, en él murieron dos guardias civiles, la huida de la mayoría de los guerrilleros, hacia Francia, ante la llegada de refuerzos de tropas y la detención de algunos anarcosindicalistas. Tres de ellos, Enrique Gil Galán, Julián Santillán Rodríguez y Pablo Martín Sánchez fueron condenados a muerte, aunque el último se suicidó antes de ser ejecutado. Parecidas suertes corrieron los implicados en la entrada por Cataluña. Como se ha visto, alertadas las autoridades de lo ocurrido en Vera tomaron las medidas oportunas para impedirla. En Barcelona, intentaron el asalto del cuartel de las Atarazanas un menor número de los que, en principio, estaban comprometidos. Consecuencia del nuevo fracaso fueron las ejecuciones de José Llácer y Juan Montejo.

Pío Baroja, unos años más tarde, escribió una novela en la que hacía una amplia referencia a estos sucesos. Se llama La familia de Errotacho, la primera de la trilogía La selva oscura. En ella, entre la realidad y la ficción, hace un detallado recorrido por los sucesos, desde la llegada de los insurrectos hasta las ejecuciones de Pamplona 65. En diversas ocasiones se refiere a la participación de Valeriano Orobón Fernández en los acontecimientos. Todos los nombres de las personas que aparecen son correctos, aunque sus biografías acumulan acontecimientos, anteriores y posteriores a los hechos que relata. Es el caso de Orobón al que le atribuye 66, para el otoño de 1924, la dirección de Tiempos Nuevos, que no apareció hasta comienzos del año siguiente, y su pertenencia al secretariado de la AIT, hecho que no ocurrirá al menos hasta la segunda mitad de 1925. Sin duda, Baroja mezcla lo que conoce del asunto con la biografía de sus protagonistas hasta 1931, año durante el que escribió la novela.

El escritor sitúa los orígenes de la conspiración en los contactos entre anarcosindicalistas barceloneses y catalanistas exilados en el Mediodía francés 67. Una vez de acuerdo, fue en Lyon, en el local de la cour La Fayette, donde se examinó y dio vía libre al proyecto, la entrada de dos grupos por Port-Bou y Vera de Bidasoa, la organización se trasladó a París. Valeriano Orobón Fernández aparece 68 como uno de los organizadores del movimiento, perteneciente a un llamado “Comité de los Treinta” o “Comité de Relaciones Internacionales” 69 que se reunía en los locales sindicales de la avenida Mathurin Moreau, de la calle Chateau-d’Eau o, en un salón situado en las cercanías de la calle Grange-aux-Belles. La recluta de los participantes se había realizado en los barrios y talleres en los que existían un mayor número de exilados españoles. Como los barrios de Saint-Denis o Ménilmontant o a la factoría de automóviles de la Renault. También sirvieron de improvisados puntos de alistamiento los cafés de la avenida Gambetta o la calle Bretagne, el café Floreal, en la calle Permantier, y el Point de Jour, en las proximidades de la estación de metro Belleville. Además de otros locales como los ya citados sindicales o el centro vegetariano de la calle Mathis, en las proximidades del metro Crimea 70.

Una vez que llegó el telegrama dando vía libre al inicio de la operación, en una tumultuosa reunión celebrada en el local de la Bolsa de Trabajo de la calle Chateau-d’Eau, Orobón, al igual que otros, propusieron que se enviara un delegado a España para confirmar la efectiva preparación y descartar cualquier provocación policial 71. No se les escuchó y la expedición se puso en marcha. De todas formas, lo que nos interesa es que la participación de Valeriano nos pone de manifiesto su plena integración, a fines de 1924, en las estructuras del anarquismo español en Francia. De la consideración que se tenía de él fue buena muestra su nombramiento como nuevo director del periódico que el exilio ácrata hispano comenzó a publicar en París en enero de 1925.

Los anarquistas españoles en Francia habían comenzado a editar a comienzos de 1924 una revista denominada Liberión que pronto cambió el nombre de su cabecera por el de Iberión. Parece que estas publicaciones fueron uno de los frutos de la llegada a París de Francisco Ascaso y Buenaventura Durruti con parte del dinero obtenido del banco de España en Gijón 72. A fines de 1924, en el contexto de las conspiraciones, el periódico desapareció. De un lado estaban los problemas económicos, de otro, y de mayor importancia, estuvieron las diferencias entre los anarquistas sobre si colaborar, o no, con otros grupos de exilados. Discrepancias que ocasionaron una viva polémica. Valeriano Orobón y Diego Abad de Santillán fueron, respectivamente, destacados representantes de las dos tendencias. Cuestión que ocultaba, pienso, otras divergencias sobre los procedimientos revolucionarios y la propia concepción de la sociedad futura 73.

En enero de 1925, el Grupo Internacional de Ediciones Anarquistas decidió que apareciera una nueva revista, en español, dirigida a los exiliados y que llevara una activa campaña contra la Dictadura. La nueva publicación se llamó Tiempos Nuevos, “semanario de educación y lucha” 74. Se decidió que la gestión económica la llevara el Grupo Internacional y la orientación y dirección los grupos anarquistas. Estos nombraron a Valeriano Orobón Fernández que simultaneó su puesto con las colaboraciones en la Revista Internacional Anarquista, en su edición española llamada Acción75. Su elección, posiblemente, correspondió al estado de opinión existente entre los anarquistas españoles tras el fracaso de noviembre de 1924. Se tuvo que abrir una discusión sobre el uso de la violencia, la necesidad de colaborar con las demás fuerzas opositoras a Primo y la elaboración teórica del anarquismo. Debate en el que el nuevo periódico dirigido por Orobón adoptó una posición claramente partidaria a circunscribir la utilización de la violencia a momentos muy puntuales y quitarle la áurea de “solución mágica” que algunos sectores le atribuían; a incluir en sus columnas colaboraciones de políticos republicanos como Rodrigo Soriano y a exigir un debate teórico que evitara una excesiva intervención del azar en el proceso revolucionario y la construcción de la sociedad futura.

Según relata Salvador Cano 76 Valeriano puso dos condiciones para hacerse cargo de la edición del periódico: que cambiara de nombre y contar con total libertad para elegir a sus colaboradores y publicar lo que considerara oportuno. Ambas le fueron aceptadas 77 y se convirtió en un periódico anarquista en el que no sólo escribían anarquistas. En sus páginas aparecieron colaboraciones de exiliados de otras tendencias, en especial de intelectuales y republicanos como Rodrigo Soriano, Eduardo Ortega y Gasset, Unamuno o Blasco Ibáñez 78. Del primero apareció una serie de artículos titulados “El Vivillo” 79, sobre la figura de Alfonso XIII.

La orientación del periódico originó la oposición de los partidarios de continuar el camino de la acción y el rechazo a colaborar con republicanos o catalanistas. Quien la encabezó fue Abad de Santillán desde el periódico argentino La Protesta 80. Ya en junio, en el transcurso del congreso de los anarquistas españoles en Francia, se enfrentaron las dos tendencias. La reunión fue tumultuosa porque todavía coleaba el fracaso de la aventura de Vera de Bidasoa. El informe que presentó Orobón sobre su actuación en el periódico fue impugnado 81. Se le acusó de haber abierto las páginas del periódico a políticos, negando la colaboración de anarquistas. Se defendió demostrando que ninguno de los artículos publicados iba en contradicción con los principios ácratas. Su gestión fue aprobada, aunque se le pidió que pusiera fin a las colaboraciones con los políticos, como Rodrigo Soriano, que no aportaran ni fuerzas ni medios económicos a la lucha contra la dictadura 82.

Sin embargo, la cuestión no terminó aquí. Tras las reuniones de Lyon 83 tuvieron lugar otras dos en el local de la Bolsa de Trabajo de la calle Chateau d’ Eau. Orobón Fernández había presentado su dimisión y escrito un artículo llamado “Reflejos de un congreso” en el que defendió su posición. Además, denunció que el delegado de los grupos parisinos en Lyon, llamado Casals, no había informado correctamente sobre la decisión de no admitir más colaboraciones de Rodrigo Soriano en Tiempos Nuevos. Por los informes policiales que se conservan 84 sabemos que el vallisoletano contó con el apoyo de Sebastián Faure y Ferandel. Ambos, criticaron también lo ocurrido en Lyon. No era posible dejarse arrugar por los enfrentamientos. Aunque desaprobaron que las divergencias se hicieran públicas porque sólo darían satisfacciones a sus enemigos. Era preciso discutir a fondo hasta llegar a una verdadera entente entre todos los anarquistas. La situación era tan insostenible como la que padecía el periódico. Durante la primera mitad de 1925 el periódico sufrió el boicot de sus adversarios que sólo cesó cuando, en septiembre, la redacción fue sustituida con la intención de limar las diferencias 85. Para entonces, Orobón estaba en Berlín, desde donde mantenía una agria polémica con Abad de Santillán 86.

Las razones precisas por las que el ministro del Interior Schramek ordenó su expulsión no están del todo claras. Salvador Cano y Manuel Pérez afirman que se debió a su intervención en un acto organizado por el exilio español contra el régimen de Primo de Rivera y su actuación en la guerra de Marruecos. Durante 1925 los gobiernos español y francés decidieron tener una actuación conjunta contra Abd-el-Krim que, finalmente, se llevó a cabo en septiembre, cuando tropas de ambos países protagonizaron un desembarco en la bahía de Alhucemas 87. En este contexto, a pesar de las diferencias de fondo entre las autoridades galas e hispanas la actividad de los opositores al dictador español se mostraba como molesta. Los autores citados aseguran que en el acto también intervinieron Blasco Ibáñez y Unamuno 88. Afirman que el discurso que pronunció Orobón fue brillante y fogoso. La gota que colmó el vaso. Sus implicaciones en el asunto de Vera, su actividad editorial en Tiempos Nuevos, sus relaciones con los republicanos y su destacada militancia anarquista, le convertían en demasiado peligroso 89. Por ello, a las veinticuatro horas de celebrado el acto, recibió una orden de expulsión del territorio francés.

Sin embargo, los documentos de la policía francesa que conozco no hacen ninguna referencia a este acto. De ellos se desprende que la causa directa de su expulsión fueron sus intervenciones antimilitaristas. El informe que la prefectura de París realizó en mayo de 1925 hace hincapié en esta faceta de sus discursos. Sobre todo, en el que el 21 de enero pronunció en el mitin organizado por la Liga de Adversarios de todas las guerras. Argumento que parece lógico puesto que durante abril y mayo Francia y España comenzaron a pensar la conveniencia de llevar una política común en Marruecos. A las autoridades galas les preocupaba que Primo de Rivera y Abd-el-Krim pudieran llegar a un entendimiento que dejara a los rifeños libres para atacar al protectorado francés. Era preferible una acción conjunta con el gobierno español. Preferiblemente pacífica, pero si no quedaba más remedio, también, militar. Esta última opción contaba con el rechazo tanto de una parte de las fuerzas parlamentarias, como de la opinión pública 90.

Las encendidas proclamas en favor de la deserción de Orobón le pusieron en el punto de mira de las autoridades. A la vez que el diputado izquierdista Malvy viajaba a Madrid para plantearle a Primo la convocatoria de una conferencia en la que se definiría la colaboración franco-hispana para terminar de una vez con la sangría rifeña, el ministro Schramek ordenaba efectuar algunos gestos amistosos hacia el gobierno español. La expulsión de Orobón, un anarquista que, además, removía la opinión interna con sus llamamientos antimilitaristas, fue uno de ellos. Por los mismos días que en Madrid se abrían las sesiones del encuentro, la policía parisina detenía a Valeriano, le fichaba y entregaba la orden de expulsión que el ministerio del Interior había decidido unos días antes.

La secuencia de la expulsión se puede seguir perfectamente por los documentos policiales. Las actividades de Orobón no habían pasado desapercibidas para la policía. La petición de deportación que hizo el prefecto de policía de París al 2º Bureau de la Sûreté iba acompañada de un informe fechado en mayo. En él, además de hacer un exhaustivo seguimiento de la estancia del vallisoletano en Francia, parece deducirse que ya había registrado, en alguna ocasión, el cuarto que los hermanos ocupaban 91. La razón para ordenar su salida era que “no mantenía la actitud discreta que se supone deben mantener los extranjeros admitidos en Francia”. Por ello proponía que se le aplicaran los artículos 7º y 8º de la ley de 3 de diciembre de 1849. Por ellos se concedía al ministro del Interior la potestad de expulsar del país a todo extranjero, residente o de paso, que considerara oportuno y, en caso de que la orden fuera burlada o incumplida por el afectado, los tribunales podrían condenarle a una pena de entre uno y seis meses de prisión. El día doce ya estaba decidida la expulsión por “criticar tanto la guerra en Marruecos”. Orden que le fue comunicada al prefecto de París el día 19 con la indicación de que se le podía llevar a cualquiera de las fronteras salvo la suiza. Orobón la recibió, posiblemente en la comisaría en la que le fue abierta una ficha y fotografiado de frente y perfil. Esto ocurrió el día 26, después el vallisoletano desapareció. La posibilidad de que fuera trasladado a la frontera española no era muy tranquilizadora.

Desconozco las circunstancias concretas de su salida de Francia. En una reunión del Comité de Relaciones Anarquistas de París, que tuvo lugar el tres de julio, se comentó que continuaba en Francia y que tenía prevista su salida la noche del día seis hacia Suiza 92. En agosto, la policía informó que había abandonado el país el día cuatro en dirección desconocida. Seguramente lo hizo por la frontera belga. Era la costumbre habitual, incluso de la policía. Así les ocurriría en julio de 1927 a Durruti y Ascaso y, unos meses después, a Juan Manuel Molina, quien se había hecho cargo de la administración de Tiempos Nuevos 93. Por una nota de la policía holandesa sabemos que, en julio, Valeriano estaba en Amsterdam en donde, también, se le prohibió la residencia 94. Fue entonces cuando tuvo que dirigirse hacia Alemania. Como también acabaron haciendo otros expulsados españoles.

40 La documentación de los Archivos Nacionales de Francia se compone, fundamentalmente, del expediente de expulsión de Valeriano Orobón y de los informes policiales sobre el movimiento anarquista español en el país galo conservados en los depósitos de París y Fontainebleau.

41 Antonio Elorza, “El anarcosindicalismo español bajo la dictadura (1923-1930). La génesis de la FAI”, Revista de Trabajo, nº 39-40, 1972, págs. 123-477,

42 Salvador Cano Carrillo, Valeriano Orobón Fernández, Ruta, Caracas, nº 26, 1.2.1976. Cano (1900-1991), que conoció de cerca a Valeriano Orobón en Francia, trabajó como profesor racionalista y periodista. Durante la Dictadura de Primo de Rivera vivió, algún tiempo, en Melilla y Orán. En la Segunda República fue corresponsal de los diarios CNT y Solidaridad Obrera de Barcelona. Redactor de Fragua Social, en 1936, y director de Nosotros. Fue miembro de FAI y uno de los que con más ahínco difundió la nueva estructura acordada en el pleno valenciano de 1937 que convertía a la FAI casi en un partido político. Además de sus numerosos escritos en la prensa y el trabajo sobre Orobón para Ruta, es autor de dos novelas publicadas en la colección La Novela Ideal: Amor sin trabas y La cosecha, sus encantos y sus dolores. Ruta fue fruto del empeño de Germinal Gracia, cuando abandonó su vida nómada anterior que le valió el sobrenombre de “El Marco Polo del Anarquismo”. Se publicó entre 1962 y 1971, con algunos años de ausencia.

43 El general Ricardo Burguete Lana (1871-1937) se había destacado en la represión de la huelga ferroviaria de agosto de 1917 utilizando tropas para sembrar el miedo en las cuencas mineras. El resultado fue de ochenta muertos, 150 heridos y varios miles de detenidos, muchos de los cuales fueron torturados. Después, en 1922, sustituyó al Berenguer como Alto Comisario del Protectorado español en Marruecos. Su misión era la de pacificar el territorio, tras la derrota hispana de Annual, a base de concesiones y sobornos. Durante la Segunda República intentó afiliarse al Partido Socialista, que le rechazó recordando su actuación en 1917. Al parecer, durante la revolución y la guerra de 1936-1939, entró a formar parte del Partido Comunista y, ya en la reserva, ocupó un alto cargo en la Cruz Roja. En Paul Preston, Franco, “Caudillo de España”, Barcelona, Mondadori, 1998, págs. 43-44, 59 y 60 y la entrada correspondiente en Manuel Rubio Cabeza, Diccionario de la guerra civil española, Barcelona, Planeta, 1987, 2 vols

44 Manuel Pérez, 30 años de lucha. Mi actuación como militante de la CNT y anarquista español, mecanografiado, Río de Janeiro, 1951. Manuel Pérez Fernández es uno de los más importantes anarquistas españoles. Al parecer nació en Osuna (Sevilla) en 1887. A principios del siglo XX estaba en Brasil. Carpintero de oficio, participó en las luchas sociales de la época y se hizo anarquista. En 1918 era secretario de Aliança dos Trabalhadores y redactor de la revista Espartacus. Fue expulsado de Brasil en 1919. A su llegada a España fue encarcelado hasta que quedó en libertad en enero de 1920. Hasta la dictadura de Primo de Rivera actuó en Sevilla, en la redacción de Solidaridad Obrera y como contador del comité nacional de la CNT trasladado a la capital andaluza en el verano de 1923. Desterrado, en 1924 y 1925 vivió Portugal, y después, hasta1928, en Francia. Durante estos años fue miembro del Comité de Relaciones Internacional Anarquista y redactor y director de Tiempos Nuevos. En 1928 retornó a España y, de nuevo en Sevilla, trabajó en las obras de la Exposición Ibero-americana. Definitivamente en España desde 1931, se dedicó a la reorganización de los sindicatos cenetistas en diversas regiones: San Sebastián, Canarias, Zaragoza, Cádiz y Barcelona. Logró salir de Mallorca, tras la sublevación de julio de 1936. Hasta la derrota perteneció a diversos organismos confederales y dirigió el periódico Ruta. Preso en el campo de concentración de Albatera, fue liberada en 1941 por las presiones del consulado brasileño. Volvió al Brasil y se asentó en Río de Janeiro donde continuó con la defensa de sus ideales. Murió en 1966.

45 Pedro Orobón, al igual que Valeriano, fue políglota y tradujo las colaboraciones internacionales aparecidas en Tiempos Nuevos de París durante el periodo que estuvo dirigido por Manuel Pérez. Tras regresar a España en los años treinta se instaló en Valladolid desde donde colaboró en el periódico CNT. En 1936 se encontraba en Madrid. Fue miembro de su Comité de Defensa, capitán del ejército y jefe del negociado de Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra. Murió en febrero de 1937 durante un bombardeo de la aviación franquista. Referencias en Manuel Pérez, 30 años de lucha. Mi actuación como militante de la CNT y anarquista español, mecanografiado, Río de Janeiro, 1951; Archivo Histórico Nacional, sección Guerra Civil, Salamanca, Sección Político-Social, Madrid, Legajo 398 y Sección Militar, Mardid, Legajo 49. Agradezco a Ignacio Soriano de la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, su amabilidad en facilitarme estas referencias del archivo salmantino. Arturo Barea, hace un elogioso retrato de él cuando se refiere a la ayuda que le prestó evitando que fuera encarcelado por ser sospechoso de estar relacionándose con un espía. En Arturo Barea, La forja de un rebelde 3. La llama, Madrid, Turner, 1977, págs. 273-277. Su muerte en la plaza de la Cibeles también en el capítulo séptimo de la obra de Barea.

46 La cédula tenía el número 89.321. En Archivos Nacionales de Francia, depósito de Fontainebleau.

47 Salvador Cano Carrillo, Valeriano Orobón Fernández, Ruta, Caracas, nº 26, 1.2.1976, págs. 10-11.

48 Las conferencias en Lyon versaron sobre cuestiones específicamente anarquistas y otras de temas de filosóficos, sociológicos, artísticos y literarios. El curso en Oullins, en el Centro de Estudios Sociales de la localidad, organizado por el grupo “Cultura y Acción”, tenía un horario de 9 a11 de la mañana del domingo. La concurrencia se extendió más allá de los círculos ácratas españoles, sino que atrajo a franceses entre los que, algunos, le pidieron que les diera clases particulares. En Salvador Cano Carrillo, Valeriano Orobón Fernández, Ruta, Caracas, nº 26, 1.2.1976, págs. 10-11.

 

49 Tras su abandono de Londres, a fines de 1928, escribió a Max Nettlau contándole que “La “pequeña” Londres, como dice Nettlau, ha abatido a un “gran mozo” como él. Fuera por el clima, por la alimentación o por el cansancio, nunca se sintió tan “cerca del fin” Y eso que era la primera vez, en diez años, que caía enfermo”. En Correspondencia Valeriano Orobón Fernández con Max Nettlau, Berlín, 20.12.1928. Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam, Fondo Max Netllau [En adelante IIHS-FMN].

50 Salvador Cano Carrillo, Valeriano Orobón Fernández, Ruta, Caracas, nº 26, 1.2.1976, pág.11.

51 La fecha de creación de la Federación no se conoce con exactitud. Elorza dice que ya a fines de 1923 existían los primeros gérmenes de una organización de los anarquistas españoles divorciados a cuyo frente estaba Emilio Mira. A comienzos de 1924 se creó un comité de relaciones con sede en Lyon encargado de estructurar la federación. En abril de 1925, parece que se celebró una reunión de grupos españoles y de residentes en Francia que decidió que el comité de relaciones se trasladara a París. A mediados de mayo, en Lyon, representantes de unos cuarenta grupos, de los aproximadamente ochenta organizados en Francia, decidieron la creación formal de la Federación de Grupos Anarquistas de Lengua española en Francia. En mayo de 1926 celebró un nuevo congreso en Marsella. Después, su actividad se fue diluyendo en medio de un intenso debate sobre cómo debía funcionar y estructurarse, aunque participó en la creación de la Federación Anarquista Ibérica en julio de 1927 en Valencia, a medida que los exiliados fueron volviendo a España, sobre todo a partir de 1930. Para esta cuestión se puede consultar Antonio Elorza, “El anarcosindicalismo español bajo la dictadura (1923-1930). La génesis de la FAI”, Revista de Trabajo, nº 39-40, 1972, págs. 123-477, págs. 138, 148 y 195-199 y los números correspondientes de diciembre de 1926 a marzo de 1927 de la revista Tiempos Nuevos de París.

52 La policía situó la fecha exacta de la llegada de los hermanos Orobón el 19 de octubre. Por el alquiler del cuarto pagaban 35 francos semanales. Pedro entró enseguida a trabajar en la fábrica de la Renault en Billancourt. Archivos Nacionales de Francia, depósito Fontainebleau.

53 Según los informes policiales intervino en el 16 de noviembre de 1924 en el mitin internacional anarquista celebrado en el local sindical del número 33 de la calle Grange-aux-Belles. En su intervención criticó la dictadura de primo y la censura que imponía a la prensa, inclusive a la extranjera. Después, ya en 1925, el 20 de enero, participó en una velada que el grupo anarquista español “Amor y Libertad” realizó en el centro vegetariano de la calle Mathis. Leyó un trabajo titulado “Vida y muerte en el ser humano”. Al día siguiente lo hizo en un mitin de la “Liga de Rebeldes a todas las guerras”. Allí no sólo atacó a todos los ejércitos, sino que pidió a los asistentes que desertaran. Durante las semanas siguientes colaboró con las funciones que celebraba el “Grupo Artístico Español”, un ente cultural de tendencia ácrata, para recaudar fondos para sostener la propaganda anarquista y ayudar a los presos. El cinco de abril presidió el acto que la AIT celebró en París, en el local que la sociedad “La Igualitaria” tenía en la calle Sambre et Meuse. En Archivos Nacionales de Francia, depósito de Fontainebleau. Un ejemplo de programa del “Grupo Artístico” es este publicado en Tiempos Nuevos (26.2.1925): Comedia, en dos actos, Quisquillas de Carlos Arniches; diálogo antimilitarista de Torres y Brotons, Sin patria y el juguete cómico en un acto de A. Casero, El miserable puchero.

54 Para las tensas relaciones entre el catalanismo, fuera moderado, como el de la Lliga de Cambó, o radical, como el Estat Catalá de Maciá, se pueden consultar, Shlomo Ben-Ami, La dictadura de Primo de Rivera, 1923-1930, Barcelona, Planeta, 1983, págs. 133-137 y, del mismo autor, Los orígenes de la Segunda República española: Anatomía de una transición, Madrid, Alianza, 1990, págs. 137-138.

55 Un relato de uno de los participantes en los acontecimientos en Barcelona, Felipe Tiñena, “La CNT y la dictadura de Primo de Rivera”, CNT, Toulouse, 27.9.1959. Un análisis de estos sucesos en Antonio Elorza, “El anarcosindicalismo español bajo la dictadura (1923-1930). La génesis de la FAI”, Revista de Trabajo, nº 39-40, 1972, págs. 123-477, págs. s. 147-155. También AHN-FCMIN, legajo 42 A.

56 Antonio Elorza, “El anarcosindicalismo español bajo la dictadura (1923-1930). La génesis de la FAI”, Revista de Trabajo, nº 39-40, 1972, pág. 148.

57 La policía francesa intentó conocer quienes participaron en la intentona. La prefectura de Gard, envió diversos informes al ministerio del Interior, a la Sûreté Générale, sobre los integrantes de las diversas partidas que habían salido hacia la frontera. Uno de ellos, de fecha 13 de febrero de 1925, contiene 14 nombres y hace referencia a otros anteriores. En ANF, F/7/13443.

58 Según informaciones del propio Abel Paz, que Valentín Roi es Valeriano Orobón Fernández se lo confirmó Federica Montseny, cuando el autor escribía a fines de los años sesenta la biografía de Buenaventura Durruti. El folleto, titulado Durruti, Ascaso, Jover, fue editado en Buenos Aires por ediciones Antorcha en 1927.

59 Editado en la Argentina, a donde había regresado Diego Abad de Santillán tras su estancia en Alemania y, por lo tanto, es posible que Orobón, ya en Alemania también, le remitiera el manuscrito para apoyar, o celebrar su triunfo, la campaña por la liberación de los tres anarquistas españoles amenazados de extradición a España y la Argentina. Para estas cuestiones, Abel Paz, Durruti en la Revolución española, Sevilla, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, 1996.

60 Salvador Cano relata que, a fines de 1924, viajó a Barcelona. En este viaje, coincidente con los sucesos revolucionarios de Barcelona y Vera, se entrevistó con Juan Peiró a quien entregó una carta que le enviaba Valeriano Orobón. Peiró, según Cano, le contó entonces las intervenciones del joven vallisoletano en el congreso de 1919 y que, en 1923, había sido propuesto para dirigir Solidaridad Obrera. Puesto que se negó aceptar alegando falta de capacidad y experiencia. En Salvador Cano Carrillo, Valeriano Orobón Fernández, Ruta, Caracas, nº 26, 1.2.1976, págs. 12 y 13. Juan Peiro Belis (1887-1942) es uno de los más destacados anarcosindicalistas españoles. También se pudieron conocer cuando Peiró, a mediados de 1924, viajó a París para reunirse con Maciá con vistas a una acción revolucionaria conjunta. En CNT-AIT, “Memoria del Congreso extraordinario celebrado en Madrid del 11 al 16 de junio de 1931″, ciclostilado, s.f., s.l. Trabajador del vidrio, comenzó a militar en el obrerismo a principios del siglo XX. Hacia 1915 creó en Badalona una federación local de sociedades obreras. Secretario de la Federación Nacional del Vidrio evolucionó hacia el anarcosindicalismo. En 1918 asistió al Congreso de Sans y al año siguiente defendió las federaciones nacionales de industria en el Congreso confederal de Madrid. Durante los primeros años veinte tuvo una intensa militancia, secretario del comité nacional de la CNT, y sufrió varios atentados y encarcelamientos. Durante la dictadura de Primo de Rivera participó en las diversas conspiraciones y se mostró partidario de legalizar los sindicatos y llegar a acuerdos con los republicanos. Durante la Segunda república firmó el manifiesto llamado de los Treinta que se oponía a la presión revolucionaria inmediata contra el nuevo régimen. Expulsado, se reintegró a las filas confederales en 1936. Durante la Revolución y la guerra fue delegado de la CNT en el Consejo de Economía de la Generalidad y, después, en noviembre de 1936, Ministro de Industria en el Gobierno Central. Exiliado en Francia, tras su ocupación por Alemania, las autoridades lo entregaron a las autoridades franquistas. Al negarse a integrarse en los sindicatos verticales, fue fusilado.

61 Un resumen de sus actividades, desde su creación a mediados de 1924 hasta finales de 1925 en Acción, París, nº 7, enero 1926, págs. 11-13.

62 Antonio Elorza, “El anarcosindicalismo español bajo la dictadura (1923-1930). La génesis de la FAI”, Revista de Trabajo, nº 39-40, 1972, págs. 123-477, págs. 195-196. Los informes sobre el Congreso Nacional Anarquista de Barcelona y la participación de Orobón en ANF, F/7/13443.

63 Las citas del texto del folleto en Abel Paz, Durruti en la Revolución española, Sevilla, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, 1996, págs. 84 y 126-129.

64 El telegrama en AHN-FCMIN, legajo 42 A, expediente 9. En este mismo legajo se conserva el informe que el embajador español en Francia envió a principios de octubre sobre un acto anti-dictadura celebrado en un local sindical situado en la calle Grange aux Belles al que acudieron unas seiscientas personas. En él habló Rodrigo Soriano y el diplomático adjuntó un recorte del periódico comunista francés L’Humanité criticando la participación conjunta de anarquistas y burgueses en un acto. Otro telegrama del gobernador civil de San Sebastián, de fecha 13 de noviembre, citaba entre los organizadores, además de Durruti, a Juan Riesgo Sanz.

65 Pío Baroja, La familia de Errotacho, en Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1980, tomo VI, págs. 255-366. En el “Prólogo” (pág. 257) a la obra, Baroja dice que, como las otras de la trilogía, no pretende ser histórica. De un lado porque los personajes no son las “grandes personalidades” que llenan las páginas de los libros de historia, sino “individuos subalternos, del montón, moldeados por el ambiente, y muchas veces sacrificados por las circunstancias”. De otro, porque “la novela anda entremezclada con la crónica y la crónica con la novela”.

66 Pío Baroja, La familia de Errotacho, en Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1980, tomo VI, pág. 322.

67 Baroja dice que los auténticos iniciadores de la intentona fue un grupo anarquista de Barcelona que, durante los años anteriores a la dictadura de Primo de Rivera, había sido infiltrado por la policía. Aunque el principal confidente, Armengol, El Roig, fue muerto por sus compañeros, el grupo siguió actuando y había sido el indicador de la conspiración, a pesar de la oposición inicial de los comités de la CNT. En Pío Baroja, La familia de Errotacho, en Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1980, tomo VI, pág. 320. Todo ello es cierto. El confidente se llamó Bernardo Armengol, secretario del sindicato de la Madera de Barcelona y que entró a formar parte de la banda para-policial de Bravo Portillo y el barón Köening. Descubierto que era un confidente fue ejecutado en mayo de 1923. El relato, en líneas generales se ajusta a lo que, desde el punto de vista histórico, relata Elorza en el trabajo ya repetidamente citado.

68 Las referencias directas a Valeriano Orobón Fernández en Pío Baroja, La familia de Errotacho, en Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1980, tomo VI, pág. 322.

69 Este comité del que habla Baroja posiblemente sea el Grupo Internacional de ediciones Anarquistas. Comité al que perteneció, según Juan García Oliver, Pedro Orobón Fernández. En Juan García Oliver, El eco de los pasos. El anarcosindicalismo en la calle, en el Comité de Milicias, en el gobierno, en el exilio, Barcelona, Ruedo Ibérico, 1978 pág. 90. Quienes lo formaban, según el escritor, además de Valeriano Orobón, eran Buenaventura Durruti, Gregorio Jover, Miguel García Vivancos, Francisco Ascaso, Claramunt, Vidal, Agustín Gibanel y Bonifacio Manzanedo, detenido durante los sucesos en Vera. Además de otros, cuya personalidad me resultan desconocidas, como Casals, Recaséns, Gil, Naveira, Lamoy, Arranz, Sampere, marzo y Campona.

70 Pío Baroja, La familia de Errotacho, en Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1980, tomo VI, págs. 319-323.

71 Pío Baroja, La familia de Errotacho, en Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1980, tomo VI, pág. 324.

72 Tanto Liberión, como Iberión fueron dirigidos por Liberto Callejas otro de los anarquistas españoles más destacados del momento. Aunque el segundo en otoño tenía como director a José Martín. Ambos tuvieron su sede en el número 9 de la calle Louis Blanc y llevaron un subtítulo que los identificaba como “periódicos de ideas”. La llegada de Ascaso y Durruti a París, para escapar de la persecución de Martínez Anido, nombrado ministro de la Gobernación por Primo de Rivera, se produjo a finales de 1923 o comienzos de 1924. Para el asalto al banco de España en Gijón y las vicisitudes de Durruti y sus compañeros se puede consultar, Abel Paz, Durruti en la Revolución española, Sevilla, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, 1996, págs. 109-129. Liberto Callejas, cuyo nombre, al parecer, era Juan Perelló Sintes, ha sido una de las más destacadas plumas del obrerismo español. De probable origen mallorquín, en 1919 se encontraba en Barcelona. Trabajó de ebanista y, con el golpe de estado de Primo de Rivera, se exiló a Francia. Relacionado con Durruti, figuró en la Editorial Anarquista Internacional y el Comité Anarquista Internacional. Retornó a España con la proclamación de la Segunda República y dirigió el periódico CNT de Madrid y Solidaridad Obrera de Barcelona. Durante la Revolución española fue redactor del periódico Ideas de Hospitalet y miembro de la productora de cine creada por la CNT. Se exilió, primero en Centroamérica y, después, en Méjico. Allí fue unos de los redactores del periódico Tierra y Libertad hasta su muerte en 1970.

73 Sobre esta cuestión se puede consultar el apartado 3 del capítulo 2.

74 El primer número apareció a finales de enero de 1925. Su domicilio estuvo en el 14 de la calle Petit, el mismo local de la Librería Internacional. A fines de octubre de 1925 ambas se trasladaron al 72 de la calle de Prairies. Para cumplir con la legislación de prensa francesa tuvo como gerentes a Ferandel, hasta el número 28 de agosto de 1925; Louis Favier, hasta el otoño de ese mismo año; Maurice Vilatte lo fue desde principios de noviembre de 1925 hasta julio de 1927, fecha en la que fue sustituido por Jean Girardin hasta su desaparición a comienzos del otoño de 1927. Se imprimió en diversas imprentas: primero en la “Imprimerie spéciale de “Tiempos Nuevos”; después, al menos desde el número 40, de primeros de noviembre de 1925, en la imprenta J. Solsona situada en el número 9 de la calle Hallé. A finales de ese mismo mes se hizo cargo de la edición la imprenta Aurora, sita en el 63 de la calle Ramey. Finalmente, en febrero de 1927, se encargó la imprenta Internacional, situada en el número 74 de la rue des Prairies. De los cuatro gerentes franceses, el Dictionaire biographique du mouvement ouvrier français (Paris, Editions de l’ Atelier, CD) de J. Maitron contiene entradas de Severin Férandel (1896-1978) y Jean Girardin (1902-1952). Ambos fueron administradores del periódico anarquista francés Libertaire y estrechos colaboradores en las organizaciones ácratas del país vecino.

75 La Revue Internationale Anarchista fue otra de las publicaciones animadas por el Grupo Internacional de Ediciones. Se publicó entre noviembre de 1924 y junio de 1925, con una periodicidad mensual. En realidad, era tres revistas, en italiano, francés y español, en una. La sección española se llamaba Acción. Orobón, como se verá con detalle en el capítulo segundo colaboró con críticas bibliográficas y algunos artículos. Acción, según una nota aparecida en Tiempos Nuevos (nº 71, 25.11.1926) en diciembre de 1926 estaba previsto que reapareciera, editada por el Grupo Internacional de Ediciones Anarquistas.

76 Salvador Cano Carrillo, Valeriano Orobón Fernández, Ruta, Caracas, nº 26, 1.2.1976, pág. 14.

77 Resulta, al menos curioso, que el nombre elegido, Tiempos Nuevos, fuera el mismo que el del periódico que los socialistas vallisoletanos publicaban en la ciudad natal de Valeriano. Esta cabecera no contaba, al contrario que otras, con una gran tradición en el mundo anarquista español. Con anterioridad a este, sólo dos periódicos la habían utilizado: uno en Sevilla, entre 1900 y 1903, y otro en Gijón, en 1905. Con posterioridad, sí será un título que se repita hasta la actualidad: en Puertollano, 1932; Toulouse-París, 1945-1946 y Barcelona, entre 1934 y 1938 y 1979-1994. Aunque también es posible la inspiración, como en otras ocasiones, de cabeceras francesas. En este caso, concretamente, Les Temps Nouveaux de Jean Grave.

78 Rodrigo Soriano Barroeta-Aldemar (1864-1944) fue un periodista y político guipuzcoano, perteneciente a los sectores más radicales del republicanismo. Diputado y editor del periódico España Nueva, abrió en muchas ocasiones sus páginas a la CNT. Por ejemplo, fue el único periódico madrileño que siguió las sesiones del congreso del teatro de la Comedia en 1919. Desterrado por Primo de Rivera, se exiló en Francia de donde regresó en 1931. Fue diputado por Málaga en 1931 y, después, embajador en Chile hasta 1939. En este país murió. Eduardo Ortega y Gasset (1882-1955), hermano del filósofo, fue también un activo político republicano que, exiliado durante la Dictadura, editó las llamadas Hojas Libres que tanta influencia tuvieron en la denuncia de las corrupciones del régimen de Primo de Rivera. Durante la Segunda República, fue gobernador civil de Madrid y diputado a Cortes. Perteneciente al sector descontento con la moderación social del nuevo régimen fue de los pocos políticos que prestó atención a las demandas de la CNT. Abogado, defendió en ocasiones a cenetistas y, durante la guerra fue fiscal general de la República hasta fines de 1937. Se exilió a Francia y, después, a Cuba y Venezuela, donde falleció. El escritor y filósofo Miguel Unamuno Jugo (1864-1936) mantuvo duros enfrentamientos con Miguel Primo de Rivera que le valieron, primero ser desposeído de su cátedra en Salamanca y, después, confinado en Fuerteventura. De la isla Canarias se fugó y se exilió en París. Finalmente, el también conocido escritor Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928), escritor conocido internacionalmente, se exiló también tras la llegada al poder de Primo de Rivera. Vivió en su casa de Menton, en la Costa Azul, y escribió unos folletos antimonárquicos Alfonso XIII desenmascarado y Por España y contra el rey, que llegó a lanzar en avión sobre territorio español.

79 Rodrigo Soriano, “El Vivillo”, I-IV, Tiempos Nuevos, París, 20 y 27. 8 y 3 y 10.9.1925. El primero que publicó fue “Al pasar. Un nuevo redactor”, Tiempos Nuevos, 30.4.1925.

80 Para esta cuestión se puede consultar el apartado 3 del capítulo 2.

81 Quienes intervinieron en contra, según Salvador Cano, fueron Francisco Equisuain, un anarquista que fue expulsado de la Argentina a España. Se instaló en Asturias trabajando como panadero. Fue delegado en el congreso de la CNT de Madrid de 1919. Diego Parra era un ebanista levantino. También estuvo presente en el congreso madrileño. Objeto de en largo encarcelamiento y de la aplicación de la ley de fugas, logró escapar en 1923 a Francia de donde regresó con la proclamación de la Segunda República. Rafael Vidiella, pertenecía a la CNT casi desde su fundación. Como los anteriores asistió al congreso de 1919. Vidiella representó, de forma informal, al anarcosindicalismo en las reuniones de San Sebastián de agosto de 1930 que significaron la creación de un amplio frente contra la monarquía. Vidiella, tras más de veinte años de militancia confederal, durante la Segunda República se afilió al Partido Socialista y a la UGT y, en 1936, fue uno de los fundadores del PSUC.

 

82 Salvador Cano Carrillo, Valeriano Orobón Fernández, Ruta, Caracas, nº 26, 1.2.1976, págs. 15-17 y Antonio Elorza, “El anarcosindicalismo español bajo la dictadura (1923-1930). La génesis de la FAI”, Revista de Trabajo, nº 39-40, 1972, págs. 123-477, pág. 198.

83 No se elaboraron actas por el encrespado clima reinante y los enfrentamientos que se produjeron entre los aproximadamente doscientos asistentes. Las sesiones tuvieron lugar los días 14 y 15 de junio de 1925. Extensos informes policiales sobre las discusiones, documentación y temario se encuentran en ANF, F/7/13443. Un artículo sobre el congreso en Hugo Trene, “Riflessioni sul congresso degli anarchici spagnoli rifugiati in Francia”, La Tempra, París, 20.7.1925.

84 De fechas segunda quincena de junio y primera de julio de 1925. En ANF, F/7/ 13443.

85 Referencias al boicot a la revista en “Mesa revuelta”, Tiempos Nuevos, París, 3.9.1925. La nueva redacción, en El Comité de Relaciones Anarquistas de Francia, “Dos palabras a todos”, Tiempos Nuevos, 20.9.1925. En esta nota se recordaba a los anarquistas que el momento era “aciago” y que no era hora de discrepancias, que “se extendían de uno a otro continente consumiendo energías”, sino de recuperar la “inteligencia y confianza”. La nueva redacción, de la que no se daba ningún nombre de sus componentes, se eligió en una asamblea de los grupos e individualidades de París. Las dificultades ya se advirtieron en febrero de 1925, cuando sólo se habían publicado cinco números. Un editorial, “Tiempos Nuevos a todos los grupos y camaradas”, aparecido en el número correspondiente al 26 de febrero, se quejaba del “abandono” al que estaba sometido el periódico por los anarquistas españoles en Francia.

86 La polémica alcanzó su punto álgido a raíz del artículo de Valeriano Orobón Fernández, bajo el pseudónimo de Juan de Iberia, que utilizaba habitualmente en los artículos de fondo que publicaba en la revista, titulado “Teoría y Acción. Por nuestra capacidad revolucionaria” (Tiempos Nuevos, París, 20.8.1925). Lo escribió en Berlín, en agosto, recién llegado. En La Protesta de Buenos Aires apareció en contestación un virulento artículo en el que se le tildaba de “jovenzuelo sin antecedentes y sin calificación moral” en el que se acusaba a Orobón de haber permitido la publicación de una reseña del congreso de la AIT celebrado en Amsterdam, escrita por los opositores a la línea de la FORA en Argentina. Orobón respondió con otro nuevo artículo, “Para La Protesta de Buenos Aires. Contumaces en la calumnia” “(Tiempos Nuevos, París, 10.9.1925), en el que aclaraba lo ocurrido y mantenía sus posiciones. Para más detalles sobre esta cuestión se puede consultar el apartado 3 del capítulo 2.

87 Todas estas cuestiones de la guerra en Marruecos y la intervención final francesa en el cese de las hostilidades en Susana Sueiro Seoane, España en el Mediterráneo. Primo de Rivera y la “Cuestión Marroquí”, 1923-1930, Madrid, UNED, 1992, págs. 278-323.

88 Las referencias a la intervención de Orobón en el mitin proceden de Salvador Cano Carrillo, Valeriano Orobón Fernández, Ruta, Caracas, nº 26, 1.2.1976, pág. 17 y Manuel Pérez, Mi actuación como militante de la C.N.T. y anarquista español, mecanografiado, Río de Janeiro, 1951.

89 Referencias a la presión, contra las actividades anarquistas en Francia, de las autoridades se conservan en los archivos nacionales españoles y franceses. A título de ejemplo se puede citar el informe que la policía de Toulouse remitió, a fines de marzo de 1925, al director de la Sûreté Générale, comunicándole el contenido de una reunión que había celebrado el “Grupo de Estudios Sociales”, formado por ácratas españoles refugiados. En ella se analizó la situación de la organización anarquista española en Francia, muy débil por la presión policial. Según el informe policial, por estas fechas, sólo tenía cierta entidad en París, Lyon, Burdeos, Béziers, Toulouse, Narbona, Montpellier, Leziñan, Perpiñan y Tarbes. Además de individualidades aisladas en Limoges, Clermont-Ferrand, Libourne, Aviñon, Cette, Nimes y Marsella. En ANF, F/7/13443. Las referencias españolas en AHN-FCMI, Legajo 42 A.

90 Para estas cuestiones Susana Sueiro Seoane, España en el Mediterráneo. Primo de Rivera y la “Cuestión Marroquí”, 1923-1930, Madrid, UNED, 1992, págs. 205-212.

91 Informe de la policía sobre Valeriano Orobón Fernández, mayo 1925, ANF, depósito de Fontainebleau. Las informaciones que siguen provienen del expediente de expulsión conservado en este archivo. La orden de expulsión también quedó registrada en el Boletín del Ministerio del Interior, Nueva Serie, nº 616, agosto de 1925. En ANF F/7/14655.

92 En Informe policial de fecha 7 de julio en ANF F/7/13443.

93 La expulsión de Juan Manuel Molina en Le Libertaire, París, 7.10.1927. Juan Manuel Molina Mateo, más conocido por Juanel, es otro de los más destacados anarquistas españoles. Nacido en un pueblo de Murcia tuvo una temprana militancia obrera que le llevó al comité nacional de la CNT en los meses previos a la dictadura de Primo de Rivera. Exilado en Francia fue expulsado a Belgica, en donde estuvo con Durruti y Ascaso hasta su regreso a España en 1930 para ocupar la secretaría de la FAI. Más informaciones biográficas en la carta que Juanel envió a Juan Ferrer en el contexto de las diferencias de la CNT en el exilio. Agradezco a Helenio Molina su amabilidad en proporcionarme una copia. Tras la expulsión de Valeriano Orobón Fernández, se hizo cargo del periódico Agustín Gibanel y, después, Manuel Pérez. Tiempos Nuevos desapareció definitivamente en el otoño de 1927, tras la expulsión de Juanel. Su lugar lo ocupó La Voz Libertaria, aparecido en Bruselas, dirigido por Liberto Callejas. La orden del gobierno francés prohibiendo su publicación, de fecha 15 de septiembre, apareció en el único número de Le Libertaire (El Libertario) aparecido en Paris el 7 de octubre de 1927.

94 Agradezco a los amigos Eric Jarry y Rolf el proporcionarme esta información fruto de sus trabajos en los Archivos Nacionales Franceses.

 

Anuncios