Vsévolod Mijáilovich Eichenbaum – Volin (Vida y obra)


Vsévolod Mijáilovich Eichenbaum
, más conocido como Volin nacio en Vorónezh, 11 de agosto de 1882 y murió en París, el 15 de septiembre de 1945. Fue un anarcocomunista ruso. Hermano del eminente filólogo ruso Borís Eichenbaum, destacado representante del formalismo ruso.

Hijo de familia burguesa (sus padres eran médicos), motivo por el cual su formación académica fue muy superior a la de la mayoría de anarquistas a quiénes se unió.

Sus padres le ofrecieron la oportunidad de estudiar en los mejores colegios, donde aprendió francés y alemán, idiomas que se entendían esenciales en la Rusia zarista para poder codearse con la aristocracia. Estudió inicialmente en un colegio de Vorónezh, para continuar con la secundaria, inscribiéndose luego en la Facultad de Derecho de San Petersburgo, que abandonó pronto atraído por el Partido Social Revolucionario dentro del cual participó en la revolución de 1905.

Fue detenido, encarcelado y deportado a causa de sus actividades revolucionarias tras la Revolución de 1905. En 1907 escapó de prisión y se exilió en París, donde completó sus estudios y frecuentó los círculos revolucionarios.

En Francia, Volin se acercó a posiciones anarcosindicalistas, y decidío abandonar el Partido Socialista Revolucionario en 1913.1 Desde 1913 y durante los primeros meses de la Primera Guerra Mundial participó en la Comisión Internacional para la Sección Anti-militarista, por lo que fue detenido por las autoridades francesas en 1915. A esas alturas estaba casado y tenía cuatro hijos. Permaneció en un campo de concentración desde donde habría de ser deportado, pero volvió a escapar con ayuda de algunos camaradas franceses y embarcó en Burdeos hacia los Estados Unidos.

En ese país trabajó con la Federación de las Uniones Obreras Rusas, que contaba con más de diez mil afiliados.

En la federación fue muy bien recibido, encargándose de editar su órgano de expresión, Golos Trudá, La Voz del Trabajo, y asiduamente era requerido para conferenciar a lo largo y ancho de Estados Unidos y Canadá, ya que ésta carecía de conferenciantes y propagandistas. Su colaboración fue muy eficaz, pues era un gran orador, como la prensa rusa la había señalado durante los acontecimientos de 1905. Su fácil elocución, el tono persuasivo de su palabra, la elegancia de su lenguaje imaginativo y colorista, el vigor y la elevación de su pensamiento, le atrajeron la adhesión de las masas, que se agolpaban para escucharle.

Pero en 1917 abandonó el trabajo para volver a Petrogrado, en plena Revolución rusa. De vuelta en Rusia, comprobó la debilidad del movimiento anarquista, debido a la poca consideración que los ácratas le prestaban a la organización. Trató de solucionar la desunión, debida a la unión de anarquistas que vivían en Rusia y anarquistas que se exiliaron en tiempos del zar y volvían a ayudar a la revolución.

En aquella época se realizó un arduo trabajo de unificación entre los anarquistas rusos que quedaron en Europa, cuya memoria seguía la orientación de Pedro Kropotkin, y los que habían residido en América, un trabajo de unificación que se concretó en la Unión de Propaganda Anarcosindicalista de Petrogrado. Esta decidió continuar la publicación del Golos Trudá (periódico anarquista), del cual Volin fue designado redactor. Tras la revolución de octubre, el periódico se hizo diario y se le añadió un comité de redacción, de orientación bolchevique. Dicho comité no fue del agrado de Volin, que después de la ruptura de las negociaciones de paz de Brest-Litovsk, abandonó el periódico.

Se marchó a Brobov, donde trabajó en el soviet de la ciudad y se reunió con su mujer y sus cuatro hijos, de vuelta de Francia. Se encargó de la educación popular, con la tarea de llevar a la población a la comprensión de los acontecimientos revolucionarios. Poco después pasó al diario Nabat (La Campana) de la región, y se unió a los organizadores de la Conferencia de Kursk, la que le encargó redactar las resoluciones adoptadas y elaborar una declaración que pudiese ser aceptada por todas las tendencias y matices del anarquismo y que permitiese a todos trabajar en una organización única. Así, Volin formuló su idea de la Síntesis Anarquista, en la que cabían sindicalismo, comunismo e individualismo, ya que él consideraba que esos eran los tres aspectos básicos del anarquismo.

En otoño de 1918, Volin crea, junto con otros compañeros, la Federación Anarquista de Ucrania, conocida con el nombre de Nabat, organización que tuvo una gran capacidad de movilización debido a su elevado número de afiliados.2

En 1919, Volin decidió incorporarse al movimiento majnovista, en la sección de cultura y educación, para organizar reuniones, conferencias, charlas, consejos populares, ediciones de volantes y carteles y cuantas publicaciones eran reclamadas por los majnovistas. Ese mismo año, Volin fue electo presidente del Consejo de Insurgentes, en el que trabajó intensamente durante seis meses.3 Su labor fue interrumpida cuando enfermó de tisis; debido a su inmovilidad fue fácilmente detenido el 14 de enero de 1920 y trasladado a Moscú a manos de la Cheka.

Fue liberado en octubre de 1920, con motivo de la alianza firmada entre el Ejército Negro y el Ejército Rojo para combatir a las tropas del Barón de Wrangel, y por expreso deseo de Néstor Majnó.

Se trasladó a Járkov, donde, con la Confederación Nabat, preparó un Congreso anarquista para el 25 de diciembre. En la víspera, los bolcheviques detuvieron a Volin y a los anarquistas que habían militado con Majnó, por su pertenencia a grupos libertarios. Desde Járkov, Volin y el resto de prisioneros fueron transferidos a Moscú.

A partir de entondes estuvo encarcelado en la prisión de Butyrka y luego en la de Lefórtovo. En ambas prisiones todos conocieron las brutalidades de la Cheka, contra la que protestaron con una huelga de hambre que duró diez días y medio, y finalizó gracias a una intervención inesperada: convencidos por Emma Goldman, Alexander Berkman y Alexander Shapiro, los delegados del sindicalismo europeo asistentes a un Congreso del Profintern, obtuvieron la liberación de diez prisioneros, entre ellos Volin, bajo condición de destierro perpetuo y amenaza de muerte en caso de infringirlo. Todos pudieron viajar con sus familias en enero de 1922 repartiéndose en diferentes destinos: París, Berlín, Nueva York.45

Volin se instaló en Berlín, junto con su familia,6 y fundó una revista con Arshínov llamada Anarjícheski Véstnik (El Heraldo Anarquista). Junto con otros exiliados rusos integró varios comités de ayuda a sus camaradas presos por el régimen bolchevique. Posteriormente se trasladó a París, donde también con Arshínov participó en la publicación Dielo Trudá (Causa Obrera), del Grupo de Anarquistas Rusos en el Extranjero. A raíz de la publicación de la controvertida Plataforma Organizativa de los Comunistas Libertarios en 1926, Volin rompió con Néstor Majnó y Piotr Arshínov. La agria disputa marcó una profunda división dentro del movimiento anarquista ruso en el exilio. En 1927 Volin fundó la Association des Fédéralistes Anarchistes, una organización sintetista, y luego de varios reacomodamientos de las organizaciones anarquistas francesas, en 1934 integró la redacción de Terre Libre, junto a Prudhommeaux. Desde allí tuvo posiciones críticas a la colaboración con el Frente Popular y a la participación de la CNT española en el gobierno republicano. Durante la invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial, Volin tuvo que pasar a la clandestinidad y en condiciones de extrema necesidad se abocó a redactar su obra La Revolución desconocida. Murió de tuberculosis en 1945.7

Referencias.

Enlaces externos.

Véase también.

 

Vsévolod Mijáilovich Eichenbaum, más conocido como Volin

 

volineVsévolod Mijáilovich Eichenbaum, más conocido como Volin nacio en Vorónezh, el 11 de agosto de 1882 y murió en París, el 15 de septiembre de 1945 fue un anarcocomunista ruso hermano del eminente filólogo ruso Boris Eichenbaum, destacado representante del formalismo ruso.

Fue un destacado anarquista. Creador de los soviets en 1905, sufrió presidio en Siberia, de donde consiguió escapar para continuar desde el exilio primero en Francia y luego en Estados Unidos, la lucha contra el zarismo. Después de la revolución de febrero de 1917 regresó a Rusia y se consagró a la lucha libertaria en defensa de los soviets libres. Creó la organización Nabat con la pretensión de unir los diversos sectores que componían el movimiento anarquista ruso. Participó como encargado cultural del movimiento majnovista. Detenido por los bolcheviques consiguió escapar al fusilamiento al que le condenó Trotsky. Encarcelado en la prisión de Buitisky de Moscú, formó parte del grupo de anarquistas que en 1921 cambiaron la cárcel por el exilio gracias a las presiones de delegados obreros internacionales, especialmente movilizados por Gastón Leval, representante de la CNT.

De nuevo en el exilio colaboró en la prensa libertaria, escribió folletos, poesía y lo que fuera ser su gran obra, La revolución desconocida, que apareció póstumamente (1947), el mejor libro sobre la revolución rusa.

La excelente revista libertaria francesa Itineraire dedicó en 1996 un número a glosar su figura y obra. El presente artículo fue publicado en esa ocasión.

La etimología del término historiador es la de testigo. No obstante, en pocas ocasiones el testigo puede remontar la propia contingencia para unir sus vivencias a análisis y reflexiones sobre lo vivido. A su vez los historiadores profesionales acostumbran a elaborar sus estudios apartados de la inmediatez de los hechos, con lo cual se les suele escapar la voz de los acontecimientos mismos.

El caso de Volin y su obra La revolución desconocida es, en este sentido, excepcional. Protagonista directo del proceso revolucionario ruso desde 1905, como participante en el domingo sangriento y en la creación del primer soviet, hasta 1921, en que es expulsado de Rusia a perpetuidad, Volin reúne en su libro vivencias y análisis, documentos y anécdotas personales, esbozos biográficos,  relatos de acontecimientos políticos, retratos psicológicos y debates ideológicos. Se trata, pues, de una obra vasta y compleja.

El testimonio de Volin, no obstante, no tiene una intención autobiográfica. Al conocer otros datos de la vida del autor por otras fuentes, podemos calcular cuantas y cuan interesantes cosas pudo haber contado sobre sí mismo y, sin embargo, omitió. El testimonio personal queda como ilustrativo particular de lo general narrado y como dador de credibilidad. Al historiador, el que estuvo «ahí» y luego lo cuenta, según la acepción del término griego, no le guía otro propósito que el de describir los hechos desde la visión de quien los conoce por haberlos vivido, por hallarse inmerso directamente en ellos. El subjetivismo queda matizado por el análisis y por los documentos.

Volin cede el protagonismo de la narración a quienes fueron realmente los protagonistas: los obreros y campesinos rusos, a los que, sin embargo, se les escamoteó ese protagonismo para acabar sometiéndolos a un nuevo despotismo. La historia oficial, como se ha dicho en muchas ocasiones, es la historia de los vencedores. Contra esos anales capciosos del poder ofrece Volin, desde su destierro y marginación, la historia de la revolución que pudo haber sido y no fue, la revolución truncada y derrotada, la historia de la revolución desconocida.

Una teoría del cambio social

El postulado de la autoemancipación popular constituía desde tiempos de la Primera Internacional, el núcleo de la estrategia política libertaria, Esta concepción del protagonismo directo y autónomo de la población en el proceso revolucionario era la base de la actuación antiautoritaria y, a su vez, la condición sine qua non de la misma. Salvo en la efímera experiencia de la Commune, no había podido expresarse como estrategia consciente y activa hasta la revolución de febrero de 1917 en Rusia. Todo el esfuerzo de Volin será mostrar cómo se dio un proceso revolucionario de destrucción de la sociedad zarista y cómo, en cada momento, la opción bolchevique venía a reconstruir un orden estatal, jerárquico sectario y represivo en un contexto revolucionario de suyo horizontal, participativo y libre.

La revolución, en la interpretación del libertario alemán Gustav Landauer, es el momento de la utopía entre dos topías.1 Entre la topía del ancien Regime zarista y la nueva topía del orden totalitario soviético se sitúa el momento revolucionario libertario. La revolución, sea cual sea, es siempre obra del pueblo no de un partido, de una vanguardia iluminada.2

La filósofa Hannah Arendt, en su investigación sobre el fenómeno de la revolución precisa que: «Sólo estamos autorizados para hablar de revolución cuando está presente estePathos de la novedad y cuando ésta aparece asociada a la idea de libertad.3 Es obvio que en el caso de la revolución rusa se dan estas características, entre otras, que determinan y definen el hecho revolucionario, pero pocos son los textos donde de una manera más nítida se muestre ese Pathos revolucionario que en la obra de Volin. Como antes había hecho Kropotkin al estudiar la revolución francesa y luego harán Daniel Guerin, también sobre la gran revolución, da preeminencia al factor popular, a la corriente social que emerge en el momento revolucionario y se proyecta en la elaboración de formas de relación, gestión y convivencia social distintas, todas ellas transidas y orientadas por la idea de libertad, cuya fidelidad permite establecer el criterio revolucionario. Cuando el pueblo irrumpe en la historia para hacerse con las riendas de su propio destino es cuando nos hallamos en presencia de un hecho fehacientemente revolucionario. La institucionalización de un nuevo poder estatal en lugar de unas organizaciones sociales fieles a ese momento de utopía revolucionaria es lo que acaba matando a la revolución. Esta es la lección que brillantemente expone Volin, la concepción libertaria del cambio social.

Desde esta perspectiva La revolución desconocida muestra los momentos en los que el pueblo asumió directamente las tareas de organizar la sociedad. Para ello nos describe el autor con lujo de detalles los esfuerzos de los campesinos y obreros rusos para autoorganizar cooperativas, sindicatos, comunas, soviets… Ahí estaban los cauces en los que se proyectaba la sociedad libertaria. Frente a ellos sitúa Volin con precisión las iniciativas de los bolcheviques para someter y maniatar esas organizaciones populares bajo las instituciones del nuevo Estado que acabará con ellas.

Si la verdadera revolución fue truncada se debió, en opinión deVolin, a la «insuficiencia en la destrucción» del régimen zarista y de los valores y atavismos dominantes. Con el andar del tiempo se vio que lo peor fue la pervivencia de la «idea política». Después de la revolución el pueblo volvió a confiar en un partido, en unos dirigentes, aceptó la existencia de unos nuevos amos. No obstante, cuando resultó evidente la traición de los valores revolucionarios perpetrada por los nuevos zares, ya no fue posible cambiar el curso de los acontecimientos. La política absolutista y represiva acabó con la revolución. La enseñanza de la revolución rusa resulta, pues, obvia: «Para que el pueblo esté en condiciones de pasar del trabajo esclavo al trabajo libre –escribe Volin–, debe, desde el comienzo de la revolución, conducirla por sí mismo, con toda libertad e independencia. Sólo así podrá, concreta e inmediatamente tomar en sus manos la tarea que ahora le demanda la historia: la edificación de una sociedad basada en el trabajo emancipado».4

La revolución y los movimientos sociales

El régimen salido de la revolución queda caracterizado por Volincomo «capitalismo de estado». De hecho, cuando escribe La revolución desconocida, a finales de los años treinta y comienzos de los cuarenta, no se había abierto camino todavía el término totalitarismo. Luego se irá viendo que el totalitarismo tenía dos rostros: el nazi-fascista y el comunista. Volin había apuntado ya esta identidad básica entre ambos regímenes en su folleto Le fascisme rouge (1934).

El régimen bolchevique podía ser aludido como capitalismo debido a que el sistema de explotación se traspasaba del empresario particular al Estado, que se acabó convirtiendo en patrón único: «un capitalismo de Estado más abominable aún que el capitalismo privado».5 No se trata de un Estado obrero, sino de un Estado patrón. Volin se refiere, asimismo, a los nuevos privilegiados del régimen, los miembros y funcionarios del partido, los burócratas, lo que años después Milovan Djilasdenominará sin ambages la nueva clase dirigente y posteriormente se conocerá como la nomenclatura.

Para que todo este proceso de creación de un nuevo Estado pudiera darse fue necesario evitar que la revolución siguiera su curso insurgente y autónomo, hubo que acabar con las organizaciones populares revolucionarias. Contra el nuevo poder surgieron resistencias múltiples y diversas. Volin describe y analiza los dos movimientos más importantes: la rebelión deKronstadt y la makhnovitchina.

El trato dispensado por los bolcheviques a sus opositores fue el mismo en todos los casos: la represión arbitraria y brutal se tratase de oficiales blancos, funcionarios zaristas, campesinos insurrectos o marinos revolucionarios. Los movimientos sociales revolucionarios contra el poder bolchevique fueron aniquilados sin concesiones, pero además se silenció su recuerdo. Las voces de los anarquistas que denunciaron los hechos (E. Goldman, A. Berkman, R. Rocker, los anarquistas rusos…) no salieron, apenas, del contexto anarquista internacional. De este modo, treinta años después de la revolución, cuando se publicó la obra de Volin, en 1947, dos años después de la muerte de su autor, los hechos narrados seguían siendo desconocidos.

Desconocidos y tergiversados. En efecto, cada quien intentará salvar del naufragio revolucionario sus propios muebles. Trotsky, copartícipe con Lenin de todas las medidas dictatoriales que llevaron a la aniquilación de los valores revolucionarios y a la instauración de la política de terror sistemático, protestará enérgicamente contra Stalin cuando éste le aparte del poder y le obligue a exiliarse. Desde entonces marxistas no ortodoxos imputarán al camarada Stalin todos los males de la URSS. Volin, también en esto, se muestra clarividente y tajante. Stalin no hizo más que poner el pie en la huella dejada por Lenin y Trotsky: «el stalinismo fue la consecuencia natural del fracaso de la verdadera Revolución, y no inversamente; y tal fracaso fue el fin natural de la ruta falsa en que el bolchevismo la empeñó. Dicho de otro modo: la degeneración de la revolución extraviada y perdida trajo a Stalin, no Stalin quien hizo degenerar a la revolución.6

La revolución española, un epílogo

Volin tuvo ocasión de asistir a otro proceso revolucionario veinte años después de la revolución rusa. Cuando los militares fascistas se levantaron contra la segunda República española y se dio origen a la revolución y la guerra civil, se tuvo ocasión de poner en práctica las concepciones libertarias, A diferencia de Rusia, en España el movimiento anarquista era el mayoritario, tras cerca de ochenta años de propaganda y luchas ininterrumpidas. Volin fue designado director del periódicoL’Espagne antifasciste, órgano de expresión de la CNT-FAl en los medios internacionales. Desde un comienzo Volin fue aconsejando a los compañeros españoles que no repitieran los errores de los revolucionarios rusos, que demolieran la idea política. Mientras en Rusia no se puedo acabar completamente con el Estado y éste acabó con la revolución, en España –exponía Volin–, donde se acabó inicialmente con el Estado por la fuerza de las masas libertarias, no debía permitirse que éste renaciera para que no sucediera lo mismo que en Rusia.

Al ir pasando las hojas de los números de L’Espagne antifascisteno podemos menos que imaginarnos a Volin en la penosa tarea de intentar aconsejar a los anarquistas españoles que no hicieran ninguna concesión al Estado; pero, sin embargo, constatando día a día cómo sus observaciones eran desoídas o no llegaban, y cómo una vez más la revolución no acababa de romper el orden estatal, cuya reconstrucción llevaría fatalmente al aniquilamiento de la misma. La teoría del cambio social anarquista que tan nítidamente pudo constatar y fundamentar Volin en el proceso revolucionario ruso halló su confirmación en la revolución española, un epílogo a la revolución desconocida.

NOTAS

1. Véase Gustav Landauer, La revolución. Ed. Proyección, Buenos Aires, 1961.

2. El delegado de la CNT española al congreso de la III Internacional celebrado en Moscú, en 1920, intervino en una de las sesiones para salir al paso a la idea expuesta por Trotsky y Lenin según la cual el partido bolchevique había hecho la revolución. Pestaña les replicó: «Un partido no hace una revolución; un partido no va más allá de organizar un golpe de Estado, y un golpe de Estado no es una revolución». Ángel Pestaña, Informe de mi estancia en la URSS. Ed. Zero, Madrid, 1968, pp. 29 y 30.

3. Hannah Arendt. Sobre la revolución. Ed. Revista de Occidente, Madrid, 1967, p. 41.

4. Volin, La revolución desconocida, Ed. Campo abierto, Madrid, 1977, vol. I, p. 131.

5. Ibíd. Vol. II, p. 25.

6. Ibíd. Vol. II, p. 59.

 

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