Fernando Tárrida del Mármol (Vida y obra)

Fernando Tarrida del Mármol.

Fernando Tarrida del Mármol.

 Fernando Tarrida del Mármol (1861-1915) Nacio el, 2 de agosto de 1861 en Santiago de Cuba (Cuba) y murio el 15 de marzo de 1915 en Londres, (Inglaterra). Fue un pensador, activista y escritor anarquista cubano de origen español.
 

Nacido en Santiago de Cuba (Cuba) en 1861, en una adinerada familia de emigrantes catalanes, era sobrino del general cubano Donato Mármol.

Acompañó a sus padres en su regreso a la Península, instalándose en la localidad catalana de Sitges, donde abrieron una fábrica de calzado.

Estudió en el colegio Isabel la Católica de San Gervasio y en el Liceo Francés de Toulouse, antes de ingresar en la Universidad.

En su juventud apostó por el republicanismo federal, ideología que abandonó al conocer a Anselmo Lorenzo cuando contaba 18 años, lo que supuso un enfrentamiento y la ruptura con su familia.

Estudió ingeniería en Barcelona, Toulouse y Madrid y fue profesor y director de la Escuela Politécnica de Barcelona.

Como escritor difundió las teorías anarquistas, escribiendo artículos en las revistas Acracia, La Revista Blanca y “El Productor”, donde conoce a Federico Urales y colaborando en la Escuela Moderna de Francisco Ferrer Guardia. Además, fue corresponsal en Londres de El Heraldo de Madrid y colaboró con algunos de los más destacados periódicos de su tiempo, como La Dépêche de Toulouse, L’Intransigeant y Le Temps de París, y el Daily Mail de Londres, diario del que se le llegó a ofrecer la dirección.

Su prestigio en el campo libertario parte de la teoría del anarquismo sin adjetivos, definida a partir de un artículo publicado en La Révolte en 1889, de la que fue máximo exponente y aceptada por, entre otros, Max Nettlau y Ricardo Mella. Durante su exilio conoció y se relacionó con los más destacados anarquistas europeos, como Piotr Kropotkin y Errico Malatesta.

Tras los procesos de Montjuïc de 1896 se exilió en Francia, Bélgica y finalmente en Londres, donde sigue difundiendo el anarquismo y donde falleció en 1915.

Obras.

  • Anarquía, ateísmo y colectivismo. Centro de Amigos de Reus, Primer Certámen Socialista, 1885.
  • «La teoría revolucionaria»; «Harmonía pasional» y «La maquinaria en el porvenir», en ¡Honor á los Mártires de Chicago! Grupo «Once de Noviembre», Segundo certamen socialista. Celebrado en Barcelona el 10 de noviembre de 1889 en el Palacio de Bellas Artes, Barcelona, 1890.
  • Les Inquisiteurs d’Espagne. Montjuich, Cuba, Philippines. París, 1897.
  • Problemas trascendentales. [Estudios de sociología y ciencia moderna]. París, 1908.
  • La juventud actual, colaboraciones: F. Tarrida del Mármol, P. Kropotkine [sic], N. Estévanez [et al.]. La Coruña, 1913.
  • Estudio crítico-biográfico de Anselmo Lorenzo. Barcelona, 1915.

Bibliografía.

  • Abelló Güell, Teresa. Les relacions internacionals de l’anarquisme català (1881-1914). Barcelona: Edicions 62, 1987.
  • Abelló Güell, Teresa. «Tarrida del Mármol, Fernando», en: M. Teresa Martínez de Sas i Pelai Pagès (coord.), Diccionari biogràfic del moviment obrer als Països Catalans. Barcelona: Universitat de Barcelona / Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2000.
  • Abelló Güell, Teresa. «Fernando Tarrida del Mármol. Anarquisme i cosmopolitisme a finals del segle XIX», en Butlletí de la Societat Catalana d’Estudis Històrics, núm. XXVII (2016), p. 131-144.
  • Dalmau Ribalta, Antoni. Per la causa dels humils. Una biografia de Tarrida del Mármol (1861-1915). Barcelona: Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2015.
  • Dalmau Ribalta, Antoni. El procés de Montjuïc. Barcelona al final del segle XIX. Barcelona: Ajuntament/Editorial Base, 2010.
  • Dalmau Ribalta, Antoni. «Tarrida del Mármol. Una evocació», en L’Avenç, núm. 370, juliol-agost de 2011, p. 38-44.
  • Dalmau Ribalta, Antoni. «L’anarquisme en el tombant dels segles XIX i XX: l’acció de Tarrida del Mármol», en Butlletí de la Societat Catalana d’Estudis Històrics, núm. XXIV (2013), p. 19-31.

Enlaces externos.

FERNANDO TARRIDA DEL MARMOL – MILITANTE Y PENSADOR ANARQUISTA

Fernando Tarrida del Mármol   –  militante y pensador anarquista

El 2 de agosto de 1861 nace en La Habana (Cuba) (algunos citan Santiago de Cuba)  el militante y pensador anarquista Fernando Tarrida del Mármol. Hijo de emigrantes catalanes acaudalados de Sitges, Barcelona, (​​España). Era sobrino del general cubano Donato Mármol.

Cuando todavía era un niño, sus padres se trasladaron a Sitges. Su padre, Joan Tarrida Herrajes, instaló en 1874 en su domicilio de la calle Mayor de Sitges la primera fábrica de zapatos de la Península, actualmente una calle de esta localidad lleva su nombre.

Estudió en el Liceo Francés de Barcelona y entre 1879 y 1880 se relacionó con el círculo librepensador y anticlerical «La Luz», de la calle nueve de Barcelona, ​​el cual era frecuentado por republicanos y algunos anarquistas. Militó en el republicanismo federal, pero pronto abandonó estas ideas tras conocer Anselmo Lorenzo y leer Mikhail Bakunin, Piotr Kropotkin y Pierre-Joseph Proudhon cuando contaba 18 años, ingresando en la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE).

Este cambio de trayectoria desagradó su familia que dejó de ayudarle y para proseguir los estudios tuvo que hacer clases particulares ya colegios privados.

Pasó un tiempo en Madrid y terminó la carrera de Ingeniería Industrial en la Universidad de Barcelona, ​​luego completó sus estudios en una escuela politécnica en Toulouse.

En Barcelona participó en mítines obreros, aunque no solía frecuentar las redacciones de la prensa obrera a veces en El Productor, ni los locales obreros, sólo para dar conferencias, generalmente pedagógicas y doctrinales.

El 19 de septiembre de 1886 intervino con el mallorquín Francisco Tomás Oliver en una reunión en Madrid, en la que Enrique Borrel Mateo solicitó la intervención de los anarquistas en las luchas electorales; Tarrida, con Tomás, Lorenzo y Ricardo Mella, se opuso al proyecto.

Formó parte del círculo obrerista «Regeneración», de la calle de Sant Oleguer de Barcelona.

Su prestigio en el ámbito libertario está relacionado con los procesos de Montjuïc y con la teoría del anarquismo sin adjetivos, de la que fue el máximo exponente y que fue aceptada en un intento de superar la polémica entre anarcocolectivistas y anarcocomunistas por Max Nettlau y Ricardo Mella,.

De todos modos antes de la represión catalana era bien conocido: redactor de Acracia, asistencia en el Congreso de Enseñanza Laica de Barcelona (1888), representante español en la Conferencia Internacional Anarquista de París de 1889, presente en el Congreso Universal de Libre Pensamiento del mismo año, participación en los Certámenes Socialistas de Reus y de Barcelona (1889), delegado en el Congreso del Pacto de Madrid (1891) donde polemizó duramente con los socialistas, asistencia al Congreso de Bruselas de la II Internacional ( 1891), etc.

Fue profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Gracia. Dirigía la Academia Politécnica de Barcelona cuando fue encarcelado, el 21 de julio de 1896, tras el atentado de Cambios Nuevos del 7 de junio, y fue liberado, después de pasar por las cárceles de las Atarazanas, la calle de Amalia  donde enseñó física y química a los cerrados  y del castillo de Montjuïc, el 27 de agosto por presiones de Santiago Rusiñol y de algunos familiares Antonio Herrajes Mesa, marqués de Mont-Roig y senador por Barcelona su caso fue sobreseído el 21 de octubre de 1896.

Se exilió y desarrolló una virulenta campaña contra el terror gubernamental que tuvo gran eco, especialmente desde París con Charles Malato, de donde fue expulsado después de la muerte de Antonio Cánovas del Castillo, pero también desde Bélgica y Londres, donde se instaló albergado por Louise Michel y Kropotkin, y estableciendo relaciones con Nettlau Errico Malatesta, Gustav Landauer, entre otros.

El 30 de mayo de 1897 habló en el gran mitin manifestación en Trafalgar Square contra la represión del movimiento anarquista en la Península.

Solía ​​dar conferencias a los londinenses «Club Anarquista Judío» de la calle Jubilee, con Rudolf Rocker, Varlaam Cherkezishvili, John Turner, y «Círculo Anarquista» de la calle Charlotte, y según diversas fuentes estaba implicado en acciones contra la monarquía española y ejercía de agente del Comité Pro Cuba Libre.

También asistió al Congreso Sindicalista de Londres, con José Negro, y fue portavoz del grupo «Benevento». Kropotkin, íntimo amigo de Anselmo Lorenzo, éste le dedicó El proletariado militante, hombre inteligente y sencillo, se ocupó esencialmente de temas científicos y aspiró a dar fundamento racional y científico a las cuestiones sociales, como en la serie escrita en Acracia y la sección en La Revista Blanca de crónicas científicas, donde afirmaba que la sociedad sería lo que la ciencia permitiera. También se interesó por la crítica del poder, por el antipoliticismo y por la enseñanza.

Su teoría del anarquismo sin adjetivos la expuso en el Segundo Certamen Socialista de 1889, en diversos artículos de Le Révolté y en algunos folletos.

Considera que la decadencia del anarquismo en ciertas zonas y su desarrollo en España tiene una explicación: aquí se ha evitado las disputas internas y los individualismos y se ha implantado en el movimiento obrero. Tarrida aspira con ello a evitar la dura y desagradable discusión entre colectivistas y comunistas, sin embargo, tomó partido por los aliados en su enfrentamiento contra los alemanes durante la Gran Guerra.

Colaboró ​​en diversas publicaciones, como Acracia, Brazo y Cerebro, Ciencia Social, El Corsario, The Daily Chronicle, El Intransigeant, La Huelga General, La Luz, The Morning Post, Nineteen Century, El Porvenir del Obrero, El Productor, La Protesta, Le Révolté, La Revue Blanche, Tierra y Libertad, La Tramontana, La Voz del Obrero, La Voz del Pueblo, etc.

Tradujo Tolstoi y es autor de libros y de folletos como uAnarqía, ateísmo y colectivismo (1885), Las Inquisiteurs d’Espagne. Montjuich. Cuba. Philippines (1897), Problemas transcendentales (1908), Programa socialista libertario y la constitución del mundo (1908), Anselmo Lorenzo. Estudio crítico-biográfico (1927, póstumo), etc.

Francisco Tarrida del Mármol murió el 14 de marzo de 1915 en Londres (Inglaterra) y fue enterrado en el cementerio de Ladywell de esta ciudad.

En la necrológica que Malatesta le dedicó en la revista Freedom apunta que en los últimos años de su vida se acercó al liberalismo democrático.

Durante los años bélicos (1936-1939) la Ronda de Sant Antoni de Barcelona cambió su nombre por «Ronda Tarrida del Mármol».

 

Fernando Tarrida de Marmol y el anarquismo sin adjetivos

 Carta de Fernando Tarrida del Mármol a La Révolte

tarrida01-816x1024

Quisiera explicar con claridad la idea que me hago de la táctica revolucionaria de los anarquistas franceses; por ello, no pudiendo escribir una serie de artículos como haría falta, os envío esta carta. De ella extraeréis lo que contenga de bueno.

La decisión revolucionaria no ha faltado nunca en el carácter francés, habiendo demostrado los anarquistas, en infinidad de circunstancias, que no carecen de propagandistas y de revolucionarios. El número de adherentes es bastante grande y… con grandes pensadores, propagandistas decididos y adeptos entusiastas, Francia, en verdad, es el país donde se producen menos actos importantes para la Anarquía. He aquí lo que me hace pensar. He aquí por qué os he dicho que creía no ser buena vuestra táctica revolucionaria. Nada fundamental divide a los anarquistas franceses de los anarquistas españoles y, sin embargo, en la práctica, nos encontramos a gran distancia.

Todos nosotros aceptamos la Anarquía como la integración de todas las libertades; y su sola garantía, como la impulsión y la suma del bienestar humano. No más leyes ni represiones; desarrollo espontáneo, natural en todos los actos. Ni superiores ni inferiores, ni gobiernos ni gobernados. Anulación de toda distinción de rango; solamente seres conscientes que se buscan, que se atraen, discuten, resuelven, producen, se aman, sin otra finalidad que el bienestar común. Así es como todos concebimos la Anarquía, como todos concebimos la sociedad del porvenir; y es para la realización de esta concepción que trabajamos todos. ¿Dónde, pues, están las diferencias?

Según mi parecer, vosotros, extasiados por la contemplación del ideal, os habéis trazado una línea de conducta ideal, un puritanismo improductivo, en el cual malgastáis cantidad de fuerzas, que podrían destruir a los organismos más fuertes y que, así mal empleadas, nada producen. Olvidáis que no estáis rodeados por seres libres, celosos de su libertad y de su dignidad, sino por esclavos que esperan ser liberados. Olvidáis que nuestros enemigos están organizados y todos los días procuran fortalecerse más para continuar reinando. Olvidáis, en fin, que aun los que trabajan para el bien viven en la desorganización social actual y están llenos de vicios y prejuicios.

De todo esto se deduce que aceptáis una libertad absoluta y todo lo esperáis de la iniciativa individual, llevada a un punto tal en que ya no hay pacto o acuerdo posibles. Sin acuerdos, sin reuniones en las cuales se tomen resoluciones; lo importante y esencial es que cada uno haga lo que le plazca.

Resultado: alguien quisiera hacer algo bueno y carece del medio para reunirse con todos los que como él piensan para exponer su iniciativa, escuchar sus consejos y aceptar su concurso; se ve obligado a hacerlo todo solo o a no hacer nada.

Crear comisiones para trabajos administrativos, fijar contribuciones para hacer frente a tal o cual necesidad, es una imposición. Y de este modo, si un compañero o un grupo quiere ponerse en relación con todos los anarquistas de Francia o del mundo para tal cosa determinada, no tiene medio para hacerlo y debe renunciar a la idea. Todo lo que no es la Revolución social es una tontería: ¿No debe importar a los anarquistas que los salarios se vuelvan aún más insuficientes, que la jornada de trabajo se alargue, que se insulte a los obreros en los talleres o que las mujeres sean prostituidas por los patrones? Mientras dure el régimen burgués esas cosas ocurrirán siempre, y solamente hay que preocuparse de la meta final. Pero mientras tanto la masa de los proletarios que sufre y no cree en una liberación próxima, no escucha a los anarquistas.

Si continuara así podría amontonar ejemplos, siempre con el mismo resultado: impotencia. No porque carezcan de elementos, sino por encontrarse diseminados, sin ningún tipo de lazos entre ellos.

En España seguimos una táctica completamente diferente; ciertamente para vosotros será una herejía digna de la mayor excomulgación, una práctica falaz, que se debe separar del campo de acción anarquista y, sin embargo, creemos que solamente así podemos hacer penetrar nuestras ideas entre los proletarios y destruir al mundo burgués. Tanto como vosotros, deseamos la pureza del programa anarquista. Nada hay tan intransigente y categórico como las Ideas, y no admitimos términos medios ni ninguna clase de atenuantes. Para eso, tratamos en nuestros escritos de ser tan explícitos como podemos. Nuestro norte es la Anarquía, el punto que deseamos alcanzar y hacia el cual dirigimos nuestra marcha. Pero en nuestro camino hay toda clase de obstáculos y para derribarlos empleamos los medios que nos parecen mejores. Si no podemos adaptar nuestra conducta a nuestras ideas, lo hacemos saber, tratando de aproximarnos lo más posible al ideal. Hacemos lo que haría un viajero que quisiera ir a un país de clima templado y que para llegar a él debiera atravesar los trópicos y las zonas glaciales: iría provisto de buenas frazadas y de ropa ligera, que dejará de lado llegado a destino. Sería estúpido y también ridículo querer pelear con los puños contra un enemigo tan bien armado.

De lo expresado procede nuestra táctica. Somos anarquistas y predicamos la Anarquía sin adjetivos. La Anarquía es un axioma y la cuestión económica algo secundario. Se nos dirá que es por la cuestión económica que la Anarquía es una verdad; pero creemos que ser anarquista significa ser enemigo de toda autoridad e imposición, y por consecuencia, sea cual sea el sistema que se preconice, es por considerarlo la mejor defensa de la Anarquía, no deseando imponerlo a quienes no lo aceptan.

Lo que no quiere decir que pongamos de lado la cuestión económica. Al contrario, nos agrada discutirla pero solamente como una aportación a la solución o soluciones definitivas. Cosas excelentes han dicho Cabet, Saint Simon, Fourier, Robert Owen u otros; pero todos sus sistemas han desaparecido porque querían encerrar a la Sociedad en las concepciones de sus cerebros no obstante haber hecho mucho de bueno para el esclarecimiento de la gran cuestión.

Observad que desde el instante en que proponéis trazar líneas generales para la Sociedad futura por un lado surgen las objeciones y las preguntas de los adversarios; y por el otro, el natural deseo de hacer una obra completa y perfeccionada nos llevará a inventar y trazar un sistema que, estemos seguros, desaparecerá como los demás.

Del individualismo anarquista de Spencer y otros pensadores burgueses, a los anarquistas individualistas-socialistas (no encuentro otras expresiones) existe una gran distancia, como ocurre entre los colectivistas españoles de una región a otra; al igual que entre los mutualistas ingleses o norteamericanos; como entre los comunistas libertarios. Kropotkin, por ejemplo, nos habla del “pueblo industrial”, reduciendo su sistema, o si se quiere su concepción, a la reunión de pequeñas comunidades que producen lo que quieren, realizando por así decir la función bíblica del paraíso terrestre con el progreso actual de la civilización; mientras que Malatesta, que también es comunista libertario, indica la constitución de grandes organizaciones que intercambien sus productos y que aún aumentarán más esta potencia creadora, esta asombrosa actividad que despliega el siglo XIX, purgado de toda acción nociva.

Cada potente inteligencia señala y crea rutas nuevas para la Sociedad futura, haciendo adeptos por fuerza hipnótica (si así se puede decir), sugestionando en otros cerebros con estas ideas, y todos en general nos hacemos nuestro plan particular.

Convengamos, pues, como casi todos hemos hecho en España, en llamarnos simplemente anarquistas. En nuestras conversaciones, en nuestras conferencias y en nuestra prensa, discutamos sobre las cuestiones económicas, pero nunca estas cuestiones deberían ser una causa de división entre los anarquistas.

Para el desarrollo de la propaganda, para la conservación de la idea, tenemos necesidad de conocernos y vernos, debiendo para esto constituir grupos. En España los hay en casi todas localidades donde hay anarquistas y son la fuerza impulsiva de todo movimiento revolucionario. Los anarquistas no tienen dinero ni medios fáciles para procurárselo; para obviar esto, la mayoría de nosotros se ha impuesto una pequeña contribución semanal o mensual, de este modo podemos mantener las relaciones necesarias entre todos los asociados y podríamos mantenerlas entre toda la Tierra si los otros países tuviesen una organización como la nuestra.

En el grupo no hay autoridad; se pone a un compañero corno tesorero, a otro como secretario para recibir la correspondencia, etc., etc. Cuando son ordinarias, las reuniones se hacen cada semana o cada quince días; si son extraordinarias cuantas veces sea necesario. Para ahorrar gastos y trabajo y también corno medida de prudencia, en caso de persecución, se crea una comisión de relaciones a escala nacional. La que no toma iniciativas: quienes la componen deben dirigirse a su grupo si desean hacer proposiciones. Su misión es la de hacer conocer a todos los grupos las resoluciones y proposiciones que se le comunican desde un grupo, tomar nota de todas las direcciones que se le hacen llegar y enviarlas a los grupos que las solicitan, para ponerse en relación directa con otros grupos.

Tales son las líneas generales de la organización que fue aceptada en el congreso de Valencia y de la cual hablasteis en “La Révolte”. El bien que produce es inmenso; es la que atiza el fuego de las ideas anarquistas. Pero, estad seguros, si redujéramos la acción a la organización anarquista, obtendríamos poca cosa. Acabaríamos por transformarla en una organización de pensadores que discuten sobre las ideas y que con certeza degeneraría en una sociedad de metafísicos discutiendo sobre las palabras. Algo y mucho de esto os ocurre a vosotros. Empleando vuestra actividad solamente a discutir sobre el ideal, desembocáis en cuestiones de palabras. Se llaman unos “egoístas” y los otros “altruistas”, queriendo ambos la misma cosa; éstos se llaman “comunistas libertarios” y aquéllos “individualistas”, para en el fondo expresar las mismas ideas.

No debemos olvidar que la gran masa de los proletarios está obligada a trabajar un número excesivo de horas, que se encuentra en la mayor miseria y que, por consecuencia, no puede comprar libros de Buchner, Darwin, Spencer, Lombroso, Max Nordau, etc., de los cuales apenas si conoce los nombres. Y si aun el proletario pudiera procurarse sus libros, carece de estudios preparatorios de física,, química, historia natural y matemáticas necesarios para comprender bien lo que se lee; no tiene tiempo para estudiar con método, ni su cerebro está bastante ejercitado para poder asimilar bien estos estudios. Hay excepciones: como la de Esteban en “Germinal”, sedientas por saber devoran cuanto les cae en las manos, pero casi nada retienen.

Nuestro campo de acción no está, pues, en el seno de estos grupos, sino en medio de la masa proletaria.

Es en las sociedades de resistencia donde estudiamos y preparamos nuestro plan de lucha. Existirán estas sociedades mientras dure el régimen burgués. Los trabajadores que no son escritores, se preocupan poco si existe o no libertad de prensa; los trabajadores no son oradores, poco se ocupan de la libertad de las reuniones públicas; consideran que las libertades políticas son cosas secundarias, pero todos desean mejorar su condición económica y todos desean sacudir el yugo de la burguesía; debido a esto habrá cámaras sindicales y sociedades de resistencia mientras persista la explotación del hombre por el hombre. Aquí está nuestro lugar. Abandonándolas, como habéis hecho vosotros, se vuelven los lugares de reunión de cuatro vividores que hablan a los trabajadores de “socialismo científico” o de practicismo, posibilismo, cooperación, amontonamiento de capitales para sostener huelgas pacíficas, solicitud de ayuda y apoyo de las autoridades, etc., de manera de adormecerlos y de frenar su impulso revolucionario. Si los anarquistas estuviesen en estas sociedades, al menos impedirían que los adormecedores hicieran propaganda contra nosotros. Y si, además, ocurriese que los anarquistas, como en España, fuesen los miembros más activos de dichas sociedades, los que hacen los trabajos necesarios sin retribución alguna, contrariamente a los doblados defensores que los explotan, pasaría que estas sociedades estarían siempre de nuestro lado. En España son estas sociedades las que, todas las semanas, compran periódicos anarquistas en gran cantidad para distribuirlos gratis a sus miembros; son estas sociedades las que dan el dinero para sostener a nuestras publicaciones y para socorrer a los prisioneros y los perseguidos. Por nuestra conducta mostramos en estas sociedades que luchamos por amor a nuestras ideas; además, vamos a todas partes en donde hay obreros e incluso a donde no los hay, cuando creemos que nuestra presencia puede ser útil a la causa de la Anarquía. Así es como en Cataluña (y ahora comienza también en las otras regiones de España) no existe municipio en donde no hayamos creado o al menos ayudado a crear corporaciones con el nombre de círculos, ateneos, centros obreros, etc., que sin decirse anarquistas y sin serlo realmente, simpatizan con nuestras ideas. Allí damos conferencias puramente anarquistas, mezclando en las reuniones musicales y literarias nuestros trabajos revolucionarios. Allí, sentados en la mesa del café, discutimos, nos vemos todas las noches; o estudiamos en la biblioteca.

Allí instalamos la redacción de nuestros periódicos, y los que llegan como canje van al salón de lectura; todo esto con una organización libre y casi sin gastos. Por ejemplo, en el círculo de Barcelona no se está obligado ni a ser socio; lo son quienes quieren y la contribución, de 25 céntimas al mes, es también voluntaria. De los dos o tres mil obreros que vienen a los locales del círculo, solamente trescientos son socios. Podríamos afirmar que estos locales son los focos de nuestras ideas; y sin embargo, aunque el gobierno ha buscado siempre pretextos para cerrarlos, no los ha encontrado, porque no se dicen anarquistas y no es allí donde se tienen las reuniones privadas. No se hace nada allí que no se haría en no importa qué café público; pero como allí van todos los elementos activos, surgen a menudo grandes cosas, y esto sin formulismo, bebiendo una taza de café o un vaso de cognac.

Tampoco olvidamos a las sociedades cooperativas de consumo. En casi todos los pueblos de Cataluña, excepto en Barcelona, donde es imposible a causa de las grandes distancias y de la manera de vivir, se han creado cooperativas de consumo en donde los obreros encuentran los comestibles más baratos y de mejor calidad que en los minoristas, y esto sin que ninguno de los socios mire la cooperación corno meta final, sino solamente como un medio que se debe aprovechar. Hay sociedades que hacen grandes compras y que tienen un crédito de cincuenta o sesenta mil pesetas, las cuales han sido de gran utilidad en las huelgas, dando crédito a los obreros. En los ateneos de los “señores” (o de los sabios, cual se los llama) se discute sobre el socialismo; dos compañeros van en seguida a inscribirse como miembros (si no tienen dinero, se lo da la corporación) y van a sostener nuestras ideas.

Lo mismo hace nuestra prensa. Nunca deja de lado las ideas anarquistas; pero da cabida a manifiestos, comunicaciones y noticias que, aunque puedan parecer sin importancia, sirven, sin embargo, a hacer penetrar nuestro periódico y con él nuestras ideas, en los pueblos o en los medios que no las conocían. He aquí nuestra táctica y creo que, si se la adoptase en otros países, pronto verían los anarquistas ampliarse su campo de acción.

Pensad que en España la mayoría no sabe leer y, sin embargo, se publican seis periódicos anarquistas, folletos, libros y hojas sueltas en cantidad. Continuamente se hacen mítines y, sin tener grandes propagandistas, se producen hechos muy importantes.

En España, la burguesía es despiadada y rencorosa, no pudiendo sufrir que alguien de su clase simpatice con nosotros, y cuando algún hombre de posición se pone de nuestro lado, se le saca en seguida todo medio de vida, obligándolo a que nos abandone, de manera que sólo puede ayudarnos en privado. Al contrario, la burguesía le da cuanto desea, si se aleja de nosotros. Por consiguiente, todo el trabajo en favor de la Anarquía reposa en los hombros de los trabajadores manuales, que deben sacrificar para él sus horas de descanso.

Si en Francia, Inglaterra. Italia, Suiza, Bélgica y América del Norte hay un número bastante grande de buenos elementos, cambiando de táctica, ¡qué progreso haríamos!

Creo haber dicho bastante para hacer comprender mi idea.

Vuestro y de la Revolución Social.

En Barcelona, a 7 de agosto de 1890

Fernando Tarrida del Mármol

 
 
 
 
 

Fernando Tarrida del Mármol

 
Fernando Tarrida del Mármol se cree que nacio Santiago de Cuba(Cuba), 2 o 18 de agosto de 1861 y murió en Londres, 15 de marzo de 1915, fue un escritor anarquista cubano de origen español.
 
Su familia, emigrantes españoles de muy alto poder adquisitivo, pronto retornan a la Península para instalarse en Sitges y establecer su fábrica de calzado.

Su niñez y adolescencia transcurren de colegio en colegio hasta que, con 19 años, comienza los estudios de ingeniería en la Universidad de Barcelona. Allí empezará a destacar por sus ideales avanzados, ya que sus primeros escarceos con la política serán desde el lado de los republicanos federales. Tras conocer a Anselmo Lorenzo, uno de los grandes teóricos libertarios de la época, dejará las ideas republicanas apartadas para entregarse de lleno al anarquismo, lo que le generará numerosos conflictos con su familia con la que terminará por romper su relación.

Al finalizar sus estudios en Barcelona decide trasladarse a Francia para ingresar en la Escuela Politécnica de París.

En este exilio voluntario será donde nos encontremos con un Fernando que comienza a fomentar su espíritu participativo tomando parte en los congresos y reuniones anarquistas en las que será el representante de los numerosos grupos españoles existentes en la ciudad. Gracias a su carácter extrovertido y a sus grandes dotes como orador se ganará una notable fama entre los círculos libertarios parisinos, que le reportarán la amistad de las principales figuras del movimiento anarquista internacional como Errico Malatesta o Piotr Kropotkin.

De vuelta a España, y ya con ese grado de fama adquirido en el extranjero, comenzará una actividad propagandística muy importante en favor del anarquismo. Sus incisivos artículos denunciando los abusos de las clases dominantes le harán ganarse la enemistad de los gobernantes estatales, que no dudarán en encarcelar a Tárrida del Mármol de manera sistemática. Será acusado de la autoría del atentado de Cambios Nuevos, por el que volverá a ingresar en el presidio de Montjuic del que saldrá gracias a la creación de falsa coartada.

De nuevo en libertad vuelve a huir a París. En la capital francesa denunciará de manera sistemática y en ocasiones, muy violenta las atrocidades cometidas por las autoridades y el gobierno español en la cárcel de Montjuic. Todas ellas serán recogidas más tarde en un libro llamado Los inquisidores españoles.

El clima de protesta e inestabilidad que generarán sus reivindicaciones le convertirán en un personaje molesto para los gobiernos europeos, siendo expulsado de Francia, Bruselas, Lieja o Amberes. Finalmente se trasladará a Londres de donde sólo saldrá en contadas ocasiones para volver a su pueblo, Sitges.

Desde Inglaterra trabajará como corresponsal en diferentes periódicos europeos, como Heraldo de Madrid, La Dèpeche de ToulouseL´Intransigeant de París. A parte, colaborará con el Daily Mail londinense, del que le ofrecerán su dirección. Tárrida del Mármol no la aceptará alegando “que un anarquista no puede nunca moverse de un segundo plano, cuando no sea para una acción revolucionaria”.

En Londres, coincidirá con sus viejos compañeros Malatesta, Kropotkin y Federico Urales (Juan Montseny) con los que recordará sus años de juventud y activismo en el exilio parisino.

Finalmente, tras unos años de intensa actividad en favor de la propagación del anarquismo por toda Inglaterra, morirá en su casa de Londres en 1915 rodeado de sus amigos y fieles compañeros del ideal revolucionario.

 

 

Apuntes biográficos de Tarrida del Mármol

 
Noticia de la detención de Pedro Vallina, Ahora, Madrid, 23 de julio de 1931 (Archivo La Alcarria Obrera)

Noticia de la detención de Pedro Vallina, Ahora, Madrid, 23 de julio de 1931 (Archivo La Alcarria Obrera)

 
La historia del anarquismo español está entreverada por la biografía de una amplia nómina de hombres y mujeres excepcionales, que de haber aceptado las convenciones sociales y de haberse acomodado a la ideología dominante habrían sido reconocidos públicamente como figuras de extraordinario talento en tantos campos del conocimiento y de la creación artística. Una de estas personalidades es Fernando Tarrida del Mármol, científico, escritor, periodista, publicista y hombre de acción en el anarquismo español a caballo entre dos siglos. Sin embargo, los datos que de él se conocen y repiten son siempre escasos, por eso reproducimos un artículo escrito por Miguel Utrillo en la barcelonesa La Calle, que se titulaba revista gráfica de izquierdas, en su número del 17 de agosto de 1931.
 
La detención del doctor Pedro Vallina, alma del movimiento de Andalucía, evoca en nuestra memoria la figura de su gran amigo y protector en Londres, el famoso anarquista Fernando Tarrida del Mármol (Leslimay), corresponsal que era en Londres del Heraldo de Madrid cuando también colaboraba en este periódico Fermín Salvochea, en Madrid, y Luis Bonafoux, desde París, ambos también amigos de Vallina.
La historia de Fernando Tarrida del Mármol ocupó, y aún, a veces, ocupa, el primer plano de los comadreos mujeriles de mi pueblo de adopción, Sitges. Su nombre y su recuerdo aún perduran en ciertas mentes exaltadas y aún hoy, al sonar su nombre, muchos repiten los dicterios de antaño. Claro está, que no saben lo que dicen; pero así y todo, no podemos nosotros tolerar ciertas intervenciones y defendemos la figura, para nosotros interesantísima, de Fernando Tarrida del Mármol.
 
Y que conste, que no es que nosotros seamos anarquistas ni anarquizantes, no. Lo que nos pasa, es que lo mismo defendemos la verdad tratándose de un revolucionario cien por cien, que pondríamos nuestra pluma al servicio del Santo o de la Santa tal o cual. Con la misma imparcialidad, trataríamos las dos cosas. Ahora, que a ser posible, preferiríamos tratar lo primero. Es, a veces, mucho más interesante y útil.
 
Fernando Tarrida del Mármol, nació en La Habana el año 1861, de padres ricos, que a poco se trasladaron a España, estableciendo en Sitges una fábrica de calzado de las primeras que hubo en España.
 
Tarrida, al que familiarmente se le llamaba “Chico”, estudió primero en un colegio que había en San Gervasio, de Barcelona, llamado Isabel la Católica. A ese colegio iban los hijos de la gente acomodada, y tenían el privilegio, los que estudiaban en él, de poder usar el uniforme de guardia marina, con derecho a usar sable y todo, y además entrar en la Escuela Naval sin examen previo. Tarrida del Mármol, siempre llevaba el uniforme. Una vez, ya mayor, lo explicaba a un amigo suyo y le decía: “Ha sido la única vez en mi vida que he hecho el tonto públicamente…”.
 
Después que hubo dejado este colegio, su familia lo envió dos o tres años en un Liceo Francés, creo que de Toulouse. Pasados ya los primeros estudios, entró en la Universidad de Barcelona, hacia el año 1880, figurando a la cabeza de las juventudes más avanzadas, con gran enojo de su familia, la cual, burguesa que era, después de muchas amenazas, terminó no enviándole más dinero.
 
Tarrida del Mármol no cedió. Era un gran espíritu, y triunfó. Vivía estrechamente, y ganaba algún dinero dando lecciones a sus amigos universitarios y haciéndoles los ejercicios escritos. Esta fue una de las épocas más desgraciadas que Tarrida pasó, la época de la continua lucha, de la continua superación. Tarrida estaba ya en pleno campo anarquista, y poseía aquella gran cultura que tanto le sirvió.
 
Cansado ya de lucha y de sufrimientos, se trasladó a París, estudiando en la Escuela Politécnica, en donde conoció y tuvo íntima amistad con hombres que luego tanta notoriedad alcanzaron, entre ellos Barthou, futuro hombre de Gobierno.
 
En París, hacía una vida de completa actividad. Tomaba parte en Congresos y reuniones anarquistas, y era el representante de los grupos españoles, tan abundantes en aquella época. En París fue donde conoció a las primeras figuras del anarquismo internacional. Era ya ingeniero industrial y hablaba y escribía correctamente francés, inglés y alemán. Aparte de eso, era un gran orador, y tenía una voz semidébil, lo que le hacía, según gentes que tuvieron la suerte de oírlo, sumamente simpático.
En España fue un propagandista activísimo. Tomaba parte en todos los mitins que se organizaban y era colaborador asiduo de infinidad de revistas ya fuesen doctrinales, ya científicas. Logró varios premios en certámenes literarios, sufriendo varios encarcelamientos con motivo o con pretexto del 1º de Mayo, a pesar de la gran influencia política de su familia.
 
La Policía, a raíz de la redada que hizo de anarquistas por el atentado de “Cambios Nuevos”, le encarceló también, pero pronto le dieron libertad, debido no a la influencia de su familia, sino a que el padre del que firma este artículo y el gran Rusiñol, declararon que cuando estalló la bomba, Tarrida iba con ellos en el tren camino de Barcelona y que al llegar a Sans, la bomba había estallado ya. Es esta anécdota bastante interesante, y la refutación de aquella falsa versión de una mala intervención en la bomba que atribuyen al gran Tarrida. Hay que hacer resaltar que durante los días que estuvo preso, lo fue con sus amigos Urales y Lorenzo.
Una vez en la calle, Tarrida del Mármol escapó otra vez a París, en donde inició una violentísima campaña de denuncias a las autoridades y al Gobierno español por las atrocidades cometidas en Montjuich, denuncias que más tarde formaron un libro que si no recordamos mal se titulaba Los inquisidores españoles.
 
Fue expulsado por sus campañas, sucesivamente de Francia, Bruselas, Lieja y Amberes, teniendo que refugiarse en Londres, de donde ya no volvió a salir más, salvo unas pequeñas escapatorias que hacía, ya fuesen para venir de incógnito a su antiguo pueblo de adopción, ya para viajar por diferentes y para él desconocidos países.
 
En Londres vivió en amistad estrechísima con el príncipe Kropotkin, con Malatesta, con Federico Urales, en una palabra, con todos los anarquistas allí refugiados. Uno de éstos eral el actualmente confinado en Cádiz, doctor Vallina, el cual vivió ocho años en Londres e hizo con Tarrida del Mármol un drama titulado La bondad, del cual sólo se tiene un débil recuerdo.
 
Desde Londres, Tarrida del Mármol escribía en francés y en inglés crónicas científicas y literarias para La Dèpeche de Toulouse, L’Intransigeant de París, Le Temps de París y el Daily Mail de Londres, aparte de la corresponsalía del Heraldo de Madrid, al cual enviaba crónicas telegráficas.
 
Una cosa que es interesante, y que demuestra el talento de Tarrida del Mármol, es que durante la guerra del Transvaal publicó en el Daily Mail unas crónicas de guerra que le valieron infinidad de felicitaciones y la oferta de la dirección del periódico, que no quiso aceptar, alegando “que un anarquista no puede nunca moverse de un segundo lugar, cuando no sea para una acción revolucionaria”. Otra cosa interesante también fue su nombramiento de catedrático de la escuela de ingenieros navales, sin previa oposición.
Vivió tranquilo dentro de una semiholgura, pudiendo vivir en un plano muy superior; quiso mucho a los suyos, buen anarquista como era; nunca cedió en lo más mínimo en el campo de los ideales; tenía un corazón y un talento más que grandes, lo cual hizo que al morir, en 1915, todo el mundo sintiera su muerte y los anarquistas perdiesen a una de sus más interesantes figuras. Su muerte no pasó en vano, y tanto en los demás países, como en España, se le rindieron unos últimos y cariñosos recuerdos.
 
Merece especial mención la labor de Federico Urales, que recogió y publicó numerosos artículos suyos ya en su Revista Blanca, ya en otras publicaciones. Últimamente publicó sus celebrados Problemas trascendentales, lo que le valió muchas felicitaciones, a las cuales ahora, de paso sea dicho, incluimos la nuestra sincerísima de hoy, al recordar la figura interesantísima de aquel gran hombre que en vida se llamó Fernando Tarrida del Mármol, que aún a veces ocupa el primer plano de los comadreos mujeriles de mi pueblo de adopción.

Anarquía sin adjetivos – Fernando Tarrida del Marmol

 
Anuncios