Émile Armand seudónimo de Ernest-Lucien Juin (Vida y obra)

mile_Armand

Émile Armand, seudónimo de Ernest-Lucien Juin.

Ernest-Lucien Juin Armand nace el 26 de marzo de 1872 y falleció el 19 de febrero de 1963, Ruan, (Francia) a los noventa años.  Fue un influyente escritor y activista anarquista individualista francés, propagandista del amor libre/poliamor y anarco-pacifista.1 Escribió para revistas anarquistas como L’Ère nouvelle, L’anarchie, L’EnDehors1 y L’Unique. Su pensamiento esta principalmente influenciado por intelectuales como Max Stirner, Benjamin Tucker, Charles Fourier, Friedrich Nietzsche y el Trascendentalismo americano.

Fue el hijo de un participante en la Comuna de París. En un principio abraza el cristianismo. Alrededor de 1895-1896, descubrió el anarquismo a través de la revista Les Temps nouveaux, la cual era editado por Jean Grave. Después comienza a escribir artículos bajos el seudónimo de “Junius” en la revista Le Libertaire de Sébastien Faure.

Posteriormente Armand colaboró con otras revistas anarquistas y pacifistas como La Misère, L’Universel y le Cri de révolte. En 1901 establece con Marie Kugel (su compañera hasta 1906), el periódico L’Ère nouvelle el cual inicialmente adhiere al anarquismo cristiano para después tomar la bandera del anarcocomunismo y en 1911 finalmente adhiere al anarquismo individualista. Fundó la “Ligue Antimilitariste” en 1902 con Albert Libertad y George Mathias Paraf-Javal, otros anarcoindividualistas. Esta postura ideológica la busca aplicar dentro de espacios de experimentación social, eventos y comunas que los grupos anarquistas de ese entonces llamaba nmilieux libres (espacios libres).

Desde 1902 Armand escribe en Causeries populaires y en 1905 comienza a colaborar en el periódico L’anarchie. El activismo anarquista, pacifista y antimilitarista hace que Armand en este periodo sea encarcelado algunas veces. En 1908 publicó el libro Qu’est-ce qu’un anarchiste. En 1911 se casó con Denise Rougeault quien lo ayudó finacieramente y con esto logró dedicarse enteramente a su activismo. Desde 1922 publicó la revista L’EnDehors la cual duro alrededor de 17 años. En este tiempo escribió Poésies composées en prison, l’Initiation individualiste anarchiste (1923) & La révolution sexuelle et la camaraderie amoureuse (1934). En 1931 publica “Formas de vida comunal sin estado y autoridad. Experiencias económicas y sexuales en la historia”2 en el cual presenta comunidades intencionales de diferentes épocas. En este argumenta que estos experimentos eran formas de resistencia y propaganda por el hecho sobre la posibilidad de vivir en forma diferente dentro de una perspectiva de grupos de afinidad.2

emile_armand

En este tiempo, su pensamiento era ya muy influyente en círculos anarquistas españoles a través de la propaganda de anarquistas individualistas españoles como José Elizalde (su principal traductor al español) y su grupo “Sol y vida” y la prensa anarcoindividualista española como La Revista Blanca, Ética y Iniciales de Barcelona. Iniciales especialmente tiene una fuerte influencia por el pensamiento de Armand.1 En el debate sobre los lenguajes construidos toma partido por el ido sobre el esperanto.

A Armand le gustaba enfatizar la diferencia que su anarquismo individualista tenía con las corrientes más sociales. Así, rechazaba la llamada a la revolución habitual en otras escuelas anarquistas. Argumentaba que el esperar por la revolución significaba el esperar que las masas se concienticen y tengan la voluntad y así se terminaba postergando la experiencia individual de la libertad hasta que ese evento llegue. En vez de eso, el llamaba a vivir bajo las condiciones y formas propias deseadas en el presente, revelándose contra el condicionamiento social en la vida cotidiana y por medio del vivir con aquellos que se tiene una afinidad grupal a uno en acuerdo con los valores y los deseos que se comparte.3 El afirma que el anarquista individualista es un “presentista” y que “el no podría, sin mal razonamiento o uno ilógico, pensar en el sacrificar su ser, hasta la venida de un estado de cosas que el no disfrutaría inmediatamente”.4

De la influencia de Max Stirner abraza la negación egoísta de las convenciones sociales, dogmas y acuerdo, para vivir de acuerdo con las formas propias y los deseos propios en la vida cotidiana en tanto enfatizaba que el anarquismo era una forma de vida y de práctica. En tanto manifiesta “Así el anarquista individualista tiende a reproducirse a sí mismo, a perpetuar su espíritu para que otros individuos que comparten sus puntos de vista y que harían posible un estado de cosas en el cual el autoritarismo ha sido eliminado. Este es su deseo, esta voluntad, no solo de vivir, pero también de reproducirse a uno mismo” que llamará “actividad”.3

Emilearmand01

Su punto de vista sobre la sociedad contemporánea puede ser resumido en la siguiente forma: “Las clases dominantes, a través de la intermediación del estado, asegura que solo sus puntos de vista sobre la cultura, la moralidad, y las condiciones sociales, son permitidas que penetren en las masas. Estas construyen sus propios puntos de vista en la forma de dogmas civiles, los cuales ninguna persona puede violar bajo la pena de dolor o castigo, tal como era en tiempos anteriores, durante el dominio de la Iglesia, estas eran castigos severos por criticar dogmas religiosos”.3 Llama al estado “la forma laica de la Iglesia” y afirma que tanto el estado como la iglesia intentan “formar no seres libres sino creyentes verdaderos o ciudadanos perfectos. En otras palabras esclavos al dogma o la ley. El anarquista replica que cuando la solidaridad es impuesta desde afuera no sirve para nada; que cuando el contrato es puesto en práctica ya no hay cuestión alguna sobre derechos o deberes; que cuando la coerción lo expulsa de las ataduras a la llamada sociedad cuyos ejecutivos solo conoce en la forma de administradores, legisladores, jueces y policías; que el solo apoya la solidaridad de sus relaciones cotidianas. La solidaridad ficticia e impuesta es solidaridad sin valor”.3

Desde una perspectiva individualista Armand mira que los encuentros y las asociaciones de afinidad deberían ser escogidas y entabladas libremente con la posibilidad de interrumpirlas en cualquier momento que una de las partes lo deseen. Armand aplica esta regla a la amistad, el amor, los encuentros sexuales y las transacciones económicas.3 Adhiere a una ética de la reciprocidad y mira que las posibilidades de autorrealización son potenciadas por medio del ver las asociaciones libres con otros. En si mira que esta es la principal razón de la propaganda anarquista.3 Los puntos de vista de Armand “sobre la libertad en asuntos sexuales provienen de las ideas de Charles Fourier y su “teoría de los cuatro movimientos”…Fourier explica que los humanos tienen que seguir los patrones de un universo marcadamente sexual el cual siempre se mueve en armonía, proponiendo una nueva organización del mundo amoroso en el cual todos serían capaces de expresar su individualidad en la pluralidad de encuentros, lo cual permitiría toda forma de amor, incentivando cualquier tipo imaginable de asociaciones.”5

Un individualismo hedonista es defendido cuando manifiesta que “Fourier lo veía claramente cuando lanzo su majestuosamente verdadera expresión de la “utilización de las pasiones”. Un ser razonable utiliza; solo lo sin sentido suprime y mutila. “Utilizar las pasiones propias” si, pero en beneficio de quién? En beneficio de uno mismo, para hacer el ser de uno en alguna forma “más vivo”, o, más abierto a las múltiples sensaciones que la vida ofrece. La felicidad de vivir” La vida es bella para quien va más allá de los límites de la existencia convencional, para quien evade el infierno del industrialismo y del mercantilismo, o a quien rechaza la pestilencia de los callejones y tabernas. La vida es bella para quien la construye sin darle importancia a las restricciones de la respetabilidad, del miedo de “lo que vendrá” o de los chismes…Nuestro individualismo no es un individualismo del panteón, un individualismo de tristeza y sombras, un individualismo de dolor y sufrimiento. Nuestro individualismo es un creador de felicidad, en nosotros y fuera de nosotros. Queremos encontrar la felicidad donde se posible, gracias a nuestro potencial de buscadores, descubridores, realizadores.”.6

De esto una lógica hedonista se establece y así Armand no “clasifica a los placeres como superiores o inferiores, malos o buenos, útiles o dañinos, favorables o inconvenientes. Los que me hacen amar a la vida mas son más útiles. Los que me hacen odiarla o despreciarla son dañinos. Favorables son los disfrutes que me hacen sentir como si estuviera viviendo mas plenamente, desfavorables son los que contribuyen al encogimiento de mi sentimiento de sentirme vivo. Me siento como esclavo en tanto consienta el que otros juzguen mis pasiones. No debido a que no sea apasionado, sino debido a que quiera encarnar mis pasiones y apasionar mi carne.”.7

En economía se adhiere a la siguiente lógica pluralista: “Aquí y allá todo pasando-aquí todos recibiendo lo que necesitan, allá cada uno obteniendo lo que sea que se necesite de acuerdo con su capacidad. Aquí, el regalo y el trueque-un producto por otro; allá, el intercambio-un producto por valor representativo. Aquí, el productor es el dueño del producto, allá, el producto es puesto en posesión de la colectividad.”.8 Además afirma que el anarquista individualista “dentro de si se mantiene refractario-fatalmente refractario-moralmente, intelectualmente, económicamente (La economía capitalista y la economía dirigida, los especuladores…son igualmente repugnantes para el).3

Armand abogaba por el amor libre y el naturismo, y proveyó una concepción que llamó “la camaradería amorosa”.9 Escribió muchos artículos de propaganda sobre estos temas como “De la liberté sexuelle” (1907) en el cual apoyaba no solo un vago concepto de amor libre sino parejas múltiples en lo que llamó “amor plural”.9

Tomó la oportunidad de establecer estos postulado apoyando una sexualidad revolucionaria que era diferente de las visiones tradicionales sobre el amor libre. Dijo que desde la posición anarquista individualista nada era censurable sobre el tener sexo, inclusive si uno no tiene “sentimientos fuertes por la pareja” de ese momento. La tesis de la camaradería amorosa implica un libre contrato de asociación (que puede ser anulado sin aviso, después de acuerdo mutuo), alcanzado entre anarquistas individualistas de diferentes géneros, respetando unas normas de higiene sexual, con el objetivo de proteger a la otra parte del contrato de ciertos riesgos de la experiencia amorosa, como el rechazo, la ruptura, el exclusivismo, la posesividad, la unicidad, la coquetería, los caprichos, la indiferencia, el no tomar en cuenta a otros, y la prostitución”.9 También publicó Le Combat contre la jalousie et le sexualisme révolutionnaire (1926), seguido después por Ce que nous entendons par liberté de l’amour (1928), La Camaraderie amoureuse ou “chiennerie sexuelle” (1930), y finalmente La Révolution sexuelle et la camaraderie amoureuse (1934), un libro de 350 páginas con la mayoría de sus escritos sobre la sexualidad.

En un texto de 1937, menciona dentro de los objetivos individualistas la práctica de formar asociaciones voluntarias solamente para propósitos sexuales de naturaleza heterosexual, homosexual, o bisexual o una combinación de todo o algo de esto. También apoyó el derecho de los individuos a cambiar de sexo y estableció su voluntad de rehabilitar los placeres prohibidos y la sodomía. Esto le hizo estudiar con mayor detalle a los que denominó como “los no conformistas sexuales”, mientras excluía la violencia física de las prácticas sexuales.9 Su militancia incluyó el traducir textos de intelectuales del amor libre como Alexandra Kollontai y Wilhelm Reich.9

El prestigio de Emile Armand sobre el tema del amor libre dentro del anarquismo internacional era tal que motivó a la joven anarquista argentina América Scarfó a pedir el consejo de Armand sobre cómo enfrentarse los problemas alrededor de su relación con el famoso anarquista italiano Severino Di Giovanni.10 Di Giovanni estaba todavía casado cuando esta relación ya había empezado.10 La carta fue publicada por Armand en “L’en dehors” el 20 de enero de 1929 bajo el título “Una experiencia”, junto con la respuesta de Emile Armand.10 Armand respondió a Scarfó: “Camarada: mi opinión cuenta poco en este tema sobre el que me preguntas. ¿Estás tú o no íntimamente de acuerdo con tu concesión personal de la vida anarquista? Si lo estás, entonces ignora los comentarios e insultos de otros y sigue persiguiendo tu propio camino. Nadie tiene el derecho de juzgar tu forma de conducirte a ti misma, inclusive en el caso de que la esposa de tu amigo sea hostil a esta relación. Toda mujer unida a un anarquista (o viceversa), sabe muy bien que ella no debe implementar en él, o aceptar de él, dominación de ningún tipo”10

Escritos

  • L’idéal libertaire et sa réalisation., 1904.
  • De la liberté sexuelle, 1907.
  • Mon athéisme, 1908.
  • Qu’est-ce qu’un anarchiste? Thèses et opinions, Paris, Éditions de l’anarchie, 1908, 179 p.
  • Le Malthusianisme, le néo-malthusianisme et le point de vue individualiste, 1910.
  • La Procréation volontaire au point de vue individualiste, 1910.
  • Est-ce cela que vous appelez « vivre?», 1910.
  • Les Ouvriers, les syndicats et les anarchistes, 1910.
  • Mon point de vue de « l’anarchisme individualiste», 1911.
  • La Vie comme expérience, 1916.
  • Les besoins factices, les stimulants et les individualistes, 1917.
  • Le plus grand danger de l’après-guerre, 1917.
  • Lettre ouverte aux travailleurs des champs, 1919.
  • L’illégalisme anarchiste. Le mécanisme judiciaire et le point de vue individualiste, 1923.
  • L’illégaliste anarchiste est-il notre camarade?, 1923.
  • L’Initiation individualiste anarchiste, 1923.
  • Entretien sur la liberté de l’amour, 1924.
  • L’ABC de « nos» revendications individualistes anarchistes, 1924.
  • Liberté sexuelle, 1925.
  • Amour libre et liberté sexuelle, 1925.
  • La révolution sexuelle et la camaraderie amoureuse, 1934.

Obras en castellano

Referencias

Enlaces externos

 

ÉMILE ARMAND, INDIVIDUALISMO ANARQUISTA Y CAMARADERÍA AMOROSA

Émile ARMAND fue el teórico más importante del individualismo anarquista y del amor libre en los primeros años del siglo 20. Ejerció una gran influencia especialmente sobre grupos catalanes y valencianos, aunque últimamente su obra haya caído en el olvido. Para él, el anarquismo constituye una lucha contra los prejuicios y el sexual es uno de ellos.

Amor libre, promiscuidad y celibato

El amor libre ha sido identificado erróneamente con la promiscuidad. Este prejuicio ha existido desde el siglo XIX cuando era defendido por liberales, anarquistas y marxistas y gente dentro de la bohemia o círculos artísticos de vanguardia. Hace algunas décadas este prejuicio se renovó asociado con la consigna del movimiento hippie del “amor libre” que solía juntar confusamente en un mismo grupo la promiscuidad de la moda juvenil con los encuentros sexuales libres responsables, eso sumado a los comportamientos que se les han atribuido a los hippies en el imaginario o estereotipo popular.

Cuando los (anarquistas) reivindican la libertad sexual, ¿qué quieren decir? ¿Es la “libertad de la violación” o de la depravación que reclaman? ¿Aspiran al exterminio del sentimiento en materia amorosa, a la desaparición de la ternura o del afecto? ¿Glorifican, acaso, la promiscuidad inconsciente o la satisfacción bestialmente sexual? No, cuando reclaman libertad sexual quieren sencillamente que todo individuo pueda disponer a su antojo y durante todas las circunstancias de su vida sexual -según el temperamento, sentimiento o razón propias-. Atención: su vida sexual, que no implica la de los otros. No reclaman, tampoco, una libertad sexual ajena a la educación sexual. Creen por el contrario que, gradualmente, en el período que precede a la pubertad, el ser humano no debe ignorar nada de lo que concierne a la vida sexual -en otras palabras: la atracción ineluctable de los sexos-, sea considerada desde el punto de vista sentimental, emocional o fisiológico.

Émile Armand

Por otro lado el amor libre tampoco niega la opción personal de comportamientos que pudieran ser vistos por otros como de promiscuidad siempre que la persona que entre en ese comportamiento tenga sus contactos con otras personas dentro de marcos del respeto a la libre elección de los otros. En resumen, los partidarios del amor libre incluyen la promiscuidad como posibilidad legítima y hasta ven con respeto la libre decisión hacia el celibato o conductas austeras.

“Los sexos se atraen mutuamente, se buscan naturalmente, normalmente: este es el hecho original, primordial, la base fundamental de las relaciones entre las dos mitades del género humano. Por otro lado, es una locura querer reducir el amor a una ecuación o limitarlo a una forma única de expresión. Aquellos que lo intentaron se dieron cuenta bien pronto de que habían equivocado el camino. La experiencia amorosa no conoce fronteras. Varía de individuo a individuo”.

Émile Armand, sacado de su libro “La vida sensual, la camaradería amorosa”

Emile Armand

El amor entre anarcoindividualistas

Antes de exponer el punto de vista individualista-anarquista frente a la cuestión “sexual”, es necesario ponerse de acuerdo sobre la expresión libertad. Se sabe que la libertad no podría ser un fin, ya que no hay libertad absoluta; como tampoco hay ver­dad general, prácticamente hablando; no existen sino libertades particulares, individuales. No es posible escapar a ciertas con­tingencias. No se puede ser libre, por ejemplo, de no respirar, de no asimilarse y desasimilarse… La Libertad, como la Verdad, la Pureza, la Bondad, la Igualdad, etc., no es más que una abstracción. Luego, una abstracción no puede ser un objetivo.

Considerada, al contrario, desde un punto de vista particular, dejando de ser una abstracción, tornándose una vía, un medio, la libertad se comprende.

En este sentido, se reclama la libertad de pensar, es decir, de poder, sin ningún obstáculo exterior, expresar de palabra o por escrito los pensamientos de la forma que se presenten ante el espíritu.

Vida intelectual, vida artística, vida económica, vida sexual: los individualistas reclaman para ellas la libertad de manifes­tarse plenamente, según los individuos, a tenor de la libertad de los individuos, fuera de las concepciones legalistas y de los prejuicios de orden religioso o civil. Reclaman para ellas, consideradas cual inmensos ríos, por donde se vierte la actividad humana, que puedan resbalar sin ningún obstáculo; sin que las esclusas del “moralismo” y del tradicionalismo atormenten o enloden su caudal. Mejor que éstos son las libertades con sus errores impetuosos, con sus nerviosos sobresaltos, con sus impulsivos malos efectos de retroceso. Entre la vida al aire libre y la vida de bodega, elegimos la vida al aire libre.

Los individualistas han rendido un merecido servicio a los que quieren conquistar la libre discusión de las cuestiones sexua­les, extendiendo las nociones de libertad sexual y de amor libre, sin que por ello creyeran haber descubierto el amor libre: desde tiempos inmemoriales, el coito ha sido practicado extramoralmente y extralegalmente; hubo esposas que tuvie­ron amantes y maridos que tuvieron queridas.

Los individualistas no quieren codificar el amor en un sen­tido o en otro. Tratan la cuestión sexual como un capítulo de historia natural. Después de haber demostrado que el amor era tan analizable como cualquier otra facultad humana, reivindican para cada uno la absoluta facultad de adherirse a la tendencia amorosa que pueda responder mejor a su temperamen­to, favorecer su desarrollo y corresponder a sus aspiraciones.

Así, pues, los constituyentes de una pareja dada pueden permanecer unidos toda su vida a la costumbre monógama, como una puede practicar la unicidad y la otra la pluralidad. Puede suceder que, después de cierto tiempo, la unidad en amor aparezca preferible a la pluralidad, y viceversa. La existencia de experiencias amorosas simultáneas puede comprenderse tan­to mejor cuanto que de experiencia a experiencia los grados de sensación morales, afectivas o voluptuosas, varían a veces hasta el punto en que puede deducirse que ninguna se parece a las que la precedieron o se siguen paralelamente. Son solamente cuestiones individuales, y nada más. Tal es el punto de vista individualista.

El amor libre comprende -y la libertad sexual implica- una serie de variedades adaptables a los diversos temperamentos amorosos o afectivos: constantes, volátiles, tiernos, apasionados, voluptuosos, etc. Y reviste una multitud de formas, va­riando desde la monogamia simple a la pluralidad simultánea: parejas pasajeras o duraderas; hogares de más de dos, poligínicos-poliándricos; uniones únicas o plurales, ignorando la cohabitación; afecciones centrales basadas sobre afinidades de orden más bien sentimental o intelectual, en torno de las cuales gravitan amistades, relaciones de un carácter más sensual, más voluptuoso, más caprichoso; no miran los grados de parentesco y admiten muy bien que un lazo sexual pueda unir también parientes muy cercanos; lo que importa es que cada cual encuentre en ello su parte; y, como la voluptuosidad y la ternura son aspectos de la alegría del vivir, que todos vivan con plenitud su vida sexual o sentimental, haciendo dichoso a otro en torno suyo. El individualista no desea otra cosa.

Hay gente que no acierta a comprender cómo un hombre llegado a edad madura pueda enamorarse de una joven. O, recíprocamente, que una joven pueda enamorarse de un hombre llegado al otoño de su vida. Es un prejuicio. Hay años en los que el otoño es tan bello que hace reflorecer los árboles. Así es también con ciertos seres humanos, que poseen un temperamento amoroso hasta la penúltima aurora de su existencia, la cual no cede a su primera juventud ni la espontaneidad ni la frescura. Un ser llegado a su otoño puede poseer dones naturales que engendren la seducción; por ejemplo, ser atrayente debido a un pasado aventurero y fuera de lo ordinario.

Los que han experimentado y sentido mucho en el dominio de la sensualidad sexual están, indudablemente, más calificados para iniciar a los jóvenes porque, generalmente, proceden con una delicadeza y una suavidad que ignora la fogosidad de la adolescencia.

Por otra parte, las necesidades sexuales son más imperiosas en ciertos períodos de la vida individual que en otros: existen estadios de la existencia personal durante los cuales la ternura y el arraigo son de un más alto valor que el de la pura satisfacción sensual. La observación de todos estos matices es la que constituye el amor libre aplicado, la práctica de la libertad sexual. Como todas las fases de la vida individualista, el amor libre, la libertad sexual, son una experiencia de la que cada uno extrae las conclusiones que mejor convienen a su propia emancipación.

No he llegado a las ideas que expongo sin haber reflexionado larga y profundamente. Ni la pareja ni la familia me parecen aptos, bien convencido estoy, para desarrollar la concepción anarquista de la vida. La familia es un Estado en pequeño hasta cuando los padres son anarquistas; con mucha más razón cuando no lo es más que uno de ellos, y cuando los chicos se ven sometidos a un contrato muy parecido al social, un contrato impuesto. No niego que la cuestión es ardua y delicada en exceso; pero admitidas las mejores condiciones, la convivencia constante en un mismo medio familiar crea en la criatura una disposición de hábito, una adquisición de costumbres, la práctica de una cierta rutina ética cuyos residuos conserva por mucho tiempo y que salen al paso de su formación autónoma. Bien raro es el medio familiar en que al niño no se lo haga doblegarse a la mentalidad media, o hacer como que se doblega, que es aún peor.

Lo mismo ocurre con la pareja que ignora “los amores laterales”, cuyos constituyentes terminan por compenetrarse en la manera de ver las cosas, de sentir, hasta en las manías de uno y otro. Aquí su individualidad desaparece, su personalidad se anonada, se quedan sin iniciativa propia.

Yo no niego -nadie ha habido que lo niegue- que la monogamia no convenga a ciertos -pongamos muchos- temperamentos. Mas basándome en el estudio profundo que de estas cuestiones tengo hecho, me reservo proclamar que la monogamia o la monoandria empobrecen la personalidad sentimental, estrechan el horizonte analítico y el campo de adquisición de la unidad humana.

Oigo decir que la monogamia es superior a otra forma cualquiera de unión sexual. Diferente, sí; superior, no. La historia nos muestra que los pueblos no monógamos en nada ceden, en cuanto a literatura o ciencia se refiere, a los monógamos. Los griegos eran disolutos, incestuosos, homosexuales, enaltecían la cortesana. Veamos la obra artística y filosófica que realizaron. Comparemos la producción arquitectónica y científica de los árabes polígamos con la ignorancia y la tosquedad de los cristianos monógamos de la misma época.

Además, no es cierto como se presume que la monogamia o la monoandria sean naturales. Son artificiales, por el con­trario. En donde quiera que sea, si el arquismo no interviene (el arquismo, es decir, la ley y la policía) ni impone su severidad, hay impulso a la promiscuidad sexual. Representémonos las bacanales, saturnales, florales de la Antigüedad -fiestas carnavalescas medioevales, kermesses flamencas, clubs eróticos del siglo de los enciclopedistas-, verbenas contemporá­neas. Reacciones que pueden o no gustarme, pero reacciones al fin.

Los sentimientos se hallan sujetos a enfermedades, al igual que todas las facultades o funciones, lesionadas o desgastadas. La indigestión es una enfermedad de la función nutritiva, lle­vada al exceso. El cansancio es el “surmenage” producido por el ejercicio. La tisis pulmonar es la enfermedad del pulmón lesionado. El sacrificio es la ampliación de la abnegación. El odio es, a menudo, una enfermedad del amor. Los celos, otra.

El nacionalismo, el chauvinismo o la patriotería, la belicosidad, la explotación y la dominación se encuentran en ger­men en los celos, en el acopio, en el exclusivismo amoroso, en la fidelidad conyugal. La moralidad sexual aprovecha siem­pre a los partidos retrógrados, al conservadorismo social. Moralismo y autoritarismo están enlazados uno a otro como la hiedra al roble.

En una novela utópica de M. Georges Delbruck, En el país de la armonía, uno de los personajes, una mujer, define los celos en términos lapidarios: “Para el hombre, afirma ella, el don de la mujer implica la posesión de dicha mujer, el derecho de dominarla, de apalear su libertad, la monopolización de su amor, la interdicción de amar a otro; el amor sirve de pretexto al hombre para legitimar su necesidad de dominio; esta falta de concepción del amor está de tal forma anclada entre los civilizados que no dudan en pagar con su libertad la posibilidad de destruir la libertad de la mujer que pretenden amar”. Este cuadro es exacto, pero se aplica tanto a la mujer como al hombre. Los celos de la mujer son tan monopolizadores como los del hombre.

El amor tal y como lo entienden los celosos es, por consi­guiente, una categoría del arquismo. Es una monopolización de los órganos sexuales, palpables, de la piel y del sentimiento de un humano en provecho de otro, exclusivamente. El estatismo es la monopolización de la vida y de la actividad de los habitantes de toda una comarca en provecho de los que la administran. El patriotismo es la monopolización en provecho de la existencia del Estado, de las fuerzas vivas humanas, de todo un conjunto territorial. El capitalismo es la monopolización a beneficio de un pequeño número de privilegiados, en cuya posesión se encuentran las máquinas y los géneros necesarios a la vida, de todas las energías y facultades productoras del resto de los hombres.

La monopolización estatista, religiosa, patriótica, capitalista, etc., está en germen en los celos, pues es evidente que éstos han precedido las dominaciones política, religiosa, capitalista.

A los celosos convencidos que afirman que los celos son una función del amor, los individualistas recordarán que, en su sentido más elevado, el amor puede también consistir en querer, por encima de todo, la dicha de quien se ama, en querer hallar alegría en la realización al máximo de la personalidad del objeto amado. Este razonamiento, este pensamiento, en quienes lo alimentan, termina casi siempre por curar los “celos sentimentales”.

En amor, como en todo lo demás, sólo es la abundancia lo que aniquila los celos y la envidia. De la misma forma que la satisfacción intelectual se deriva de la abundancia cultural puesta a la disposición del individuo; del mismo modo que aplacar el hambre se deduce de la abundancia de alimento puesto a la disposición del individuo…, la eliminación de los celos depende de la “abundancia” sensual y sentimental que pueda reinar en el medio en donde el individuo se desenvuelve.

¿Y de qué forma se aderezará esta abundancia para que nadie sea dejado a un lado, puesto aparte, “sufra”, por así decirlo? He aquí la cuestión que ha de resolverse. En su Teoría Universal de la Asociación, Fourier lo tenía resuelto constituyendo el matrimonio de tal forma “que cada uno de los hombres pueda tener todas las mujeres y cada una de las mujeres todos los hombres”.

Ése es el remedio para los celos, el exclusivismo sentimental o la apropiación sexual, remedio que yo resumiré en esta fór­mula tomada a Platón: “Todos a todas, todas a todos”. ¿Podrá este remedio conciliarse con los principios del individualismo anarquista, convenir a individualistas?

Mi respuesta es que conviene ciertamente a los individualistas prestos, para tomar una expresión de Stirner, perder algo de su libertad para que se afirme su individualidad. ¿Qué persiguen asociándose, en el dominio sentimental sexual, un número dado de individualistas? ¿Será aumentar, mantener o reducir más y más el sufrimiento? Si lo que persiguen es este último fin, si es en la desaparición del sufrimiento donde se afirma su individualidad de asociados, en la esfera que nos ocupa, el amor perderá gradualmente su carácter pasional para llegar a ser una simple manifestación de compañerismo; el monopolio, la arbitrariedad, el reparo a darse desaparecerán cada día más, haciéndose cada vez más raros. Ésa es la camaradería amorosa.

¿Qué se entiende por camaradería amorosa? Una concepción de asociación voluntaria englobando las manifestaciones amorosas, los gestos pasionales o voluptuosos. Es una comprensión más completa del compañerismo que la sola camaradería intelectual o económica. Nosotros no decimos que la camaradería amorosa es una forma más elevada, más noble, más pura; decimos simplemente que es una forma más completa de compañerismo. Toda camaradería que comprende tres, dígase lo que se quiera, es más completa que la que sólo com­prende dos.

Practicar la camaradería amorosa quiere decir para mí ser un camarada más íntimo, más completo, más próximo. Y por el mero hecho de estar ligado por la práctica de la camaradería amorosa con el que es tu compañero, tu compañera, tú serás para mí -su compañera o su compañero- una o un camarada más cercano, más alter ego, más querido. Entiendo, además, que esto significa servirme de la atracción sexual como de una palanca de compañerismo más amplia, más acentuada. Tampoco he dicho nunca que esta ética estuviese al alcance de todas las mentalidades.

Se nos dice que es necesario indicar a qué puerto ha de ir a parar el individuo que se lanza al océano de la diversidad de las formas de vida sentimental o sexual; el medio anarquista individualista al que yo pertenezco sustenta otro punto de vista. Pensamos nosotros que es a posteriori y no a priori, según la experiencia, la comparación, el examen personal, que el individualista debe decidirse por una forma de vida sexual antes que por otra. Nuestra iniciativa y criterio existen para que nos sirvamos de ellos sin dejarnos disminuir por la diversidad o pluralidad de las experiencias. La tentativa, el ensayo, la aventura no nos da miedo. Embarcarse lleva consigo riesgos que conviene calcular; hay que mirar bien de frente antes de tomar el barco. Una vez sobre el mar, ya veremos bien por dónde empuja el viento; lo esencial es que fijemos los ojos en la brújula a fin de quedar con la completa lucidez, aptos siem­pre a “faire le point”. Calcular dónde estamos. Consideramos la vida como una experiencia, y la experiencia por la expe­riencia queremos.

 

Anuncios