Ramón Vila Capdevila, el ultimo guerrillero anarquista catalán. (Vida y obra)

caraquemada

Ramón Vila Capdevila “Passosllargs”, “Caracremada”, “Jabalí”, “Maroto” o “Lleig”, natural del pueblo prepirenaico de Peguera, nacido el 1 de abril de 1908, de profesión minero, que participó en la insurrección libertaria de Figols en 1932, de cuyo trabajo resultó su habilidad con la dinamita y otros explosivos, combatiente de la Columna de Hierro (hasta la militarización), por la que fue liberado del penal de San Miguel de los Reyes, condecorado en Francia como héroe de la resistencia aunque renunció a las medallas y posteriormente guía confederal, integrante de la partida de Massana y finalmente saboteador por su cuenta o en compañía de otro compañero que iba cambiando con los años. Entre los compañeros que trataban de seguir su larga zancada, encontramos a “el Gallego”, José García, Jesús Martínez Maluenda “el Maño”, Martí Mascort Busquets, “el Pernales” y Pedro Antonio Sánchez Martínez “Fechorías”.
De su paso por tierras francesas sabemos que estuvo internado en los campos de San Cebrián y posteriormente en el de Argelers, del que huyó para incorporarse a las redes de evasión, entre otras conocemos su trabajo para la red Buckmaster,  fue capturado por los alemanes y encerrado durante unos cuantos meses en la ciudadela de Perpiñán, tras su liberación es incorporado a la organización Todt y llevado a trabajar a las minas de bauxita de Bedarius. A principios de 1944, nueva huida e integración, esta vez en la red Menessier, encargada de la recuperación de las armas que los aliados enviaban a la resistencia. En abril del mismo año se integra en la resistencia francesa, en los FTP del bosque de Rochechouart (Alta Viena) donde se le conoce bajo el nombre de “Capitán Raymond”. Posteriormente, se integra en el libertario “batallón libertad”, actuando en la poche de Royan y en la pointe de Grave hasta bien entrado 1945.

Grupos de resistentes, recogiendo los parachutajes enviados por los aliados.

Grupos de resistentes, recogiendo los parachutajes enviados por los aliados.

A partir del año 46 empieza a cruzar asiduamente la raya fronteriza, ya sea como guía, como compañero de Marcelino Massana o como experto saboteador. La primera referencia que nos llega es guiando al grupo del “Quico” hacia Barcelona en un trasporte de armas que tenía como colofón la eliminación de Eliseo Melís. El paso fronterizo lo realizaron el 21 de abril, cuatro días después, mientras se encontraban en Bañolas, fueron interceptados por una pareja de la guardia civil, la cosa se saldó con el guardia José Codón García muerto por un disparo realizado por Ramón. Ese mismo año también lo encontramos junto a Massana, atracando la empresa “Lignitos de Serchs”.

Carta remitida por Ramón Vila a Josep Ester, el 24 de octubre de 1952.

Carta remitida por Ramón Vila a Josep Ester, el 24 de octubre de 1952.

 

El año 47 empieza igual que acabó el anterior, con un atraco en marzo a la misma empresa, realizado por el mismo grupo. En mayo, 50 guerrilleros libertarios intentan acabar con la vida de Franco durante su visita a Cataluña, Ramón en labores de guía. Al final el intento se frustra al ser descubierto el grupo. A finales de año lo encontramos enseñando los caminos guerrilleros al que fue otro de los grandes guías confederales, Jesús Martínez “el Maño”.
En las labores de guía, Ramón dejaba a los grupos en los alrededores de Sabadell, Terrassa, Sallent o Sant Vicenç de Castellet, nunca bajaba a Barcelona o se metía en sitios grandes donde pudiera ser reconocido por las quemaduras de su cara.
Durante el año 48, mas concretamente en verano, vuelve a dar golpes con Massana y también realiza alguna voladura de torres de alta tensión. En julio de ese mismo año es detenido en Francia, en la base del “Tartás”, donde los gendarmes descubren un arsenal de la guerrilla, lo que mantuvo a Ramón dos meses tras las rejas en el país vecino. A finales de año, en compañía del “Pernales”, cuando se acercan a una masía en Santa Mª de Merlés para comprar víveres, son recibidos a tiros por la benemérita resultando Ramón herido en la cara y en el pecho (para este hecho, Juan Busquets lo data a finales del 48 y Josep Clara el 24 de febrero del 49).

 Mapa extraído del libro sobre Ramón Vila escrito por Josep Clara.

Mapa extraído del libro sobre Ramón Vila escrito por Josep Clara.

  

En mayo del 49, divididos en varios grupos, realizan la voladura de 40 torres de alta tensión y de la línea férrea. El 4 de junio, la gendarmería vuelve a descubrir un nuevo arsenal en el mas Tartás, deteniendo a Manuel Sabaté, Helios Ziglioli y a Ramón Vila, condenando a este último a tres meses de prisión, siendo de dos meses la condena para los otros dos inculpados. Tras salir de prisión, en septiembre sirve nuevamente como guía para acercar al grupo de “los Primos” hasta Terrassa,  junto a él, los dos detenidos en la base francesa bajaban por primera vez a España para irse fogueando. Debido a un tiroteo durante el viaje, la guardia civil estaba en estado de alerta, lo que no solo impidió los presumibles sabotajes de la vuelta, sino que provocó que cayeran en una emboscada que causó la muerta de Helios, la detención de Manuel Sabaté y heridas a Ramón que tuvo que tirarse a un barranco para salvar la vida. A finales de diciembre acompaña a “los Maños” en lo que iba a ser el último viaje de este grupo, aprovechando el regreso para la voladura de dos torres en el término de Sant Vicenç de Castellet.
En marzo del 50, voladura de una torre en Santa Mª d´Oló, otra en el término de Serchs y explosión en la vía férrea en las cercanías de Sant Vicenç de Castellet. El 11 de abril nueva detención en Francia por paso ilegal de fronteras y tenencia de armas por lo que será nuevamente condenado a tres meses de reclusión.

 La actividad favorita de Ramón, el sabotaje de líneas eléctricas.

La actividad favorita de Ramón, el sabotaje de líneas eléctricas.

     

El 11 de febrero de 1951 nueva detención tras el asalto a un furgón postal de Lión realizada por un grupo anarquista y que desencadenó una gran represión sobre el movimiento libertario en el país vecino, aunque fue liberado 15 días mas tarde. El 17 de julio voladura de una torreta eléctrica en el Coll de Plana, el 26 del mismo mes tres torres afectadas cerca de Sant Vicenç de Castellet. El 4 de agosto tres torres afectadas y un tramo de la vía férrea entre Barcelona y Lérida. El 3 de octubre Ramón vuelve a cruzar la frontera, acompañado de Martí Mascort, José García y “el Gallego”, con la intención de realizar varios sabotajes e incluso la eliminación de un molinero de Berga por colaborar con la guardia civil. Atracaron el hostal Alfa en Figols el 15 de octubre, ese mismo día intentaron volar la vía férrea entre Guardiola y Figols, pero fallaron los explosivos. Tras comprobar que había mucho movimiento por parte de los civilones deciden  suspender los sabotajes momento que aprovecha Martí Mascort para separarse del grupo e ir a ver a su familia a Llagostera donde será detenido el día 25. Al día siguiente el resto del grupo realiza un asalto en Olvan, antes de regresar a la seguridad de la frontera. A finales de año, junto a Jesús Martínez y entre una gran nevada volvían a cruzar los Pirineos para recoger a Luís Agustín Vicente “Metralla”, fugado recientemente del castillo de Montjuic.

La base guerrillera del Tartás, entre julio de 1948 y abril de 1950, Ramón fue detenido tres veces en ella por paso ilegal de fronteras, tenencia  y deposito ilegal de armas de fuego.

La base guerrillera del Tartás, entre julio de 1948 y abril de 1950, Ramón fue detenido tres veces en ella por paso ilegal de fronteras, tenencia  y deposito ilegal de armas de fuego.

 

Del año 52 solo sabemos de sus servicios de guía, entre otros a Edgar Rodríguez Zurbarán “Mejias Peña” (impresor de Solidaridad Obrera) y de su posible implicación en un atraco en Figols el 15 de mayo.
Durante el verano del 53, la policía acusa a Ramón de los sabotajes de final de junio junto a Sant Vicenç de Castellet en conducciones eléctricas y otro al ferrocarril,  a principios de julio en las líneas de alta tensión de Gurb y Santa Mª del Estany  y 15 días mas tarde de las voladuras en las cercanías de Pont de Vilomara. El día 25 de ese mismo mes resulta muerta Dora Phoebe Peck, en la collada de Tosses, cerca de la frontera francesa, al ser detenido el coche donde viajaba con su marido resultando este herido y también es acusado Ramón, sin llegar a aclararse quién fue realmente el culpable de este hecho y en el que llegó a especularse con gran variedad se sospechosos.

Recorte del Paris-Presse del 1-8-1951, inculpando a Ramón Vila sobre el asunto de la collada de Tosses.

Recorte del Paris-Presse del 1-8-1951, inculpando a Ramón Vila sobre el asunto de la collada de Tosses.

 

Entre 1954 y 1960, se desconoce si Ramón realizó algún tipo se sabotaje, pero en febrero de 1961 vuela las conducciones eléctricas en el término de Rajadell y después en Pla de Vilamajor. También puede estar Ramón involucrado en la muerte de Alfons Sansa que trata de detenerle porque estaba llevándose vino de su bodega y en la pelea recibe un disparo, hechos acaecidos el 6 de marzo.
En julio de 1962 en compañía Pedro Antonio Sánchez Martínez “Fechorías”, cruzan la frontera por las cercanías de la Molina, bajando hasta el Término de Fonollosa y a fecha de 24 de julio, colocan cargas explosivas en tres torres que interrumpieron el servicio eléctrico entre Manresa y Sabadell. El día 28 son descubiertos por la guardia civil en las proximidades de Santa Mª de Marlés, los tirotean pero consiguen huir aunque se separan el uno de el otro. Pedro Sánchez volverá a ser sorprendido y tiroteado esa misma noche, logrando huir de nuevo, y teniendo otro encuentro el 1 de agosto de madrugada con el mismo resultado, pero una vez amaneció estando ya en el Término de Borredá fue finalmente detenido. Juzgado el 16 de octubre de 1962 fue condenado a 30 años de reclusión. Salió en libertad el 18 de abril de 1973.

Contenido de la mochila de Ramón, tras su muerte junto al mas la Creueta.

Contenido de la mochila de Ramón, tras su muerte junto al mas la Creueta.

 

Un año después, el 2 de agosto, esta vez en solitario, en las cercanías de Rajadell, elige tres torretas eléctricas en las que coloca los explosivos, que poco después detonarán, tumbando una de las torres y afectando a las otras dos. La guardia civil prepara un gran dispositivo para su detención, poco a poco, Ramón retorna hacia la frontera. Recién nacido el día 7 de agosto, junto a la casa de la Creu del Perelló, un caporal y dos números de la benemérita vieron la silueta de Ramón a la luz de la luna, dieron el “alto a la guardia civil” que fue contestado a tiros, pero esta vez la suerte no estuvo de su parte. Veinticuatro años después de acabada la guerra civil, moría con las armas en la mano el último guerrillero anarquista.

Cadáver de Ramón Vila Capdevila, tras el enfrentamiento con la guardia civil.

Cadáver de Ramón Vila Capdevila, tras el enfrentamiento con la guardia civil.

 

Recorte de prensa del 8-8-1963, referido a la muerte de Ramón Vila.

Recorte de prensa del 8-8-1963, referido a la muerte de Ramón Vila.

Fuentes: Ramón Vila, Caracremada, el darrer maqui català (Josep Clara), Marcel.lí Massana, l´home més buscat (Josep Clara), El maquis anarquista (Ferrán Sánchez), L´ombra del maquis (Jaume Serra), Los senderos de la libertad (Pons i Prades), Veinte años de prisión (Juan Busquets),  Sabaté  (Antonio Téllez), Ruta marzo 1980 (Pedro Flores) y http://losdelasierra.info/

 

Un guiño a la historia. Ramón Vila Capdevila “Caraquemada”

Ramón Vila Capdevila, también conocido como “Pasos Largos”, “Maroto”, “Caraquemada” y por “Capitán Raymond” en la resistencia francesa. Nació en Peguera, un pequeño lugar de la comarca del Berguedà, el día 1 de abril de 1908, en el seno de una familia modestísima. De los cuatro o cinco hijos que tuvieron sus padres, la mortandad infantil de aquella época, se cebó con ellos como con la mayoría de las familias, sólo le sobrevivió una hermana, Josefa (Pepeta) que era once años más joven que Ramón.

El sobrenombre de Caraquemada proviene de las quemaduras que se produjo de niño en la cara y mano cuando se incendió la casa donde vivían, pereciendo en el siniestro su hermana pequeña. Era un hombre inquieto de gran movilidad, según testimonio de su hermana, a veces desaparecía una temporada sin que nadie supiera de su paradero.
Robusto, de gran alzada, pasaba del 1,80 mtrs., de fuerte constitución, quiso ser boxeador en la época de Paulino Uzcúdum.
De muy joven se afilió a la CNT, porque su prédica colmaba todas sus expectativas de justicia social.
La instauración de la II República levantó unas esperanzas entre la clase obrera que no se vieron cumplidas ni en el tiempo ni en el contenido y en la cuenca del Llobregat, zona eminentemente industrial, estalló una sublevación obrera en 1932, algo parecido ocurriría poco después en Casas Viejas en Andalucía y aunque de gran violencia, no fue sangrienta como la andaluza.
A los cabecillas de la sublevación se les deportó a Guinea y Canarias. A Ramón Vila lo encierran en la cárcel de Manresa. A partir de aquí se le pierde un poco la pista y sabemos de él que marcha a vivir a Valencia porque en 1935 es detenido en Castelló acusado de haber tomado parte en un atraco en Algemesí, donde de nuevo conoce los establecimientos penitenciarios de Valencia, allí le sorprende la rebelión militar y es puesto en libertad junto con las demás reclusos y sin dudarlo, se incorpora a la mítica Columna de Hierro que combatió con extraordinario valor. En 1938, cuando es llamada su quinta de reemplazo se incorpora a la 153 Brigada Mixta con la que lucha hasta que en febrero de 1939 pasa a Francia donde es internado en el campo de Sant Cebrià del Roselló. No duró mucho su estancia allí, como tantos otros tuvo que pasar por la dureza del campo de Argelés.

En la Resistencia francesa

Al año siguiente, Ramón Vila salta las alambradas y se incorpora a la lucha clandestina organizando grupos volantes. En 1944 pasa a la Resistencia Francesa. Primero en la “reseau” o red Menessier, luego pasa al grupo de Franc-Tireurs et Partisans (FTP) y por último a la l’Armée Secrète donde se hizo llamar Ramón Laugí Pons, que después usaría en distintas ocasiones de su azarosa vida. En el verano de 1944, el penal de Nontrón fue asaltado en un espectacular golpe de mano por fuerzas guerrilleras, la mayoría españolas, y rescataron a todos los presos políticos. Entre los destacamentos asaltantes estaba el de Ramón Vila Capdevila «Raymond». El mismo que, con el nombre de «Caracremada», actuaría por tierras de Catalunya, con su partida de guerrilleros, en el período 1945-1963.
En la lucha contra los nazis, se le recuerda como especialista en explosivos y en voladura de puentes viaductos y líneas ferroviarias. Al terminar la II Guerra Mundial, Ramón Vila fue desmovilizado y entonces, fiel a sus ideas, se puso a las órdenes de la organización anarquista de Toulousse para luchar en el puesto que le fuera asignado, en la lucha contra el franquismo.

Vuelta a España

Su primera misión fue la de guía permanente del movimiento libertario puesto que era gran conocedor de la zona montañosa y fronteriza, por donde se introducían los grupos armados y cuanta gente dispuesta a trabajar en la clandestinidad. “Quico” Sabaté, Facerías y otro muchos fueron sus “clientes habituales”.
Sobrio, casi ascético, con pocas ambiciones personales. Téllez señala que cuando a Ramón le sobraba algún dinero, no quería que le dieran más. Tenía un sueldo fijo de aproximadamente 3.000 pesetas al mes.
Los libertarios impulsaron la guerrilla urbana en Barcelona, pero las divisiones internas restaron efectividad a la lucha que, llevada con unidad y mejor ardor podía haber conseguido sobresalientes resultados. El Movimiento Libertario de Resistencia (rama militar del Movimiento Libertario) fue desautorizado oficialmente, pero en contraposición en el Congreso del MLE de octubre de 1947 se acuerda intensificar la lucha y se facilitan armas a los guerrilleros. Naturalmente con situaciones tan kafkaianas no es extraño que todo el esfuerzo de aquellos hombres se diluyera en tener que atracar para hacerse con el efectivo que les regateaba la Organización de Francia en lugar de dedicarse a la agitación popular y al sabotaje selectivo. También es cierto que quizás estaban acostumbrados a la ayuda de ingleses y americanos que recibieron en el maquis francés que como es lógico aquí no existió.
Las relaciones entre Marcel.lí Massana y Ramon Vila siempre fueron cordiales, de buena amistad, pero aunque colaboraron en muchas ocasiones no hay que confundir las acciones de uno y de otro. Pedro Flores apunta: ”La relación entre ambos era intermitente, pero siempre que era útil o necesaria la comunicación entre uno y otro se hacía espontáneamente, mediante los “correos” naturales que eran los campesinos, pastores, enlaces orgánicos, etc. Lo que no quiere decir que esa falta de relación constante, aconsejable para su propia seguridad, hacía que a veces se encontraban sin saberlo en un mismo sector, lo que les costó más de una carrera”.
La dictadura mantuvo el estado de guerra hasta 1948 y dicta nuevas leyes excepcionales que situaban las técnicas represivas dentro de la jurisdicción militar. Todas las leyes de excepcionalidad dictadas, fueron reforzadas y actualizadas con el decreto de 21 de septiembre de 1960.
En abril de 1946 se encomendó a “Quico” Sabaté, Ramón Vila, Antonio Malpica, José Gay, José y Aurelio Martí, la conducción de un importante cargamento de material que fue dejado en deposito a un grupo afín de Banyoles. El día 25, José, Malpica y Martí, en el ómnibus de la mañana partieron para Girona, los demás esperarían al día siguiente para acompañar al camión que tenia que trasladar el material hasta Barcelona.
Después de comer como era día de mercado en Banyoles y las calles estaban animadas salieron a dar un paseo. Una pareja de la Benemérita les pidió la documentación y ante la renuencia de los guerrilleros a seguirles a la Casa Cuartel donde querían llevarlos uno de los agentes intentó sacar el arma y sólo quedó en el intento, pues Ramón Vila que estaba atento a la escena, fue más rápido y lo mató a quemarropa. En la confusión que de inmediato se produjo, como es lógico, ante el suceso, lograron Ramón y Gay huir a la montaña mientras Sabaté, dando otra vez muestras de sangre fría, volvió a la Fonda donde estaban alojados para esconder las maletas con el armamento.
Las actuaciones de Ramón Vila siguen en las comarcas catalanas ahora con unos u otros, es un experto en el conocimiento del terreno y es reclamado por la mayoría de las partidas pues como normalmente las marchas son nocturnas y a campo traviesa, sin él se encuentran perdidas.
El 24 de julio, el teniente Oriol, del servicio de aduanas de Bourg-Madame acompañado de seis subalternos y el inspector Pascal oficial de la policía judicial, registra el mas Tartàs d’Oceja, muy cerca de la frontera franco-española, que era una de las bases desde donde operaban los guerrilleros libertarios. Fueron recibidos por Justo Domingo y por Ramón Vila.
“Los dos españoles citados -afirma un informe guardado en el archivo del Gobierno Civil de Girona, cosa que corrobora que los servicios de información de la policía francesa pasaban información a la española- reconocieron que almacenaban armas y municiones destinadas a los maquis españoles y el registro efectuado seguidamente permitió descubrir en las distintas piezas del inmueble y en el granero, oculto bajo la paja, el material que se detalla a continuación.
Como el transporte de los explosivos en gran cantidad y mal conservado se consideró peligroso, se decidió esperar la llegada de un especialista artificiero requerido al efecto, quedando no obstante el material bajo la custodia de un pelotón de Guardia Móviles destacado en Osseja. Los españoles en cuestión fueron conducidos a los calabozos de la gendarmería de Bourg-Madame…” y continúa con una larga y detallada relación del material incautado que al final decidieron explosionar en lugar adecuado. Ramón Vila asumió toda la responsabilidad que por cierto aun aparece en los informes que se reciben en Girona, como Ramón Llaugí, el seudónimo con el se le conocía en el maquisard. Fue condenado a dos meses de prisión.
El año 1949 será el más activo de Ramón Vila, el 24 de febrero cuando acompañado de otro hombre, costumbre que mantendrá a lo largo de los años en sus actuaciones, entran can Miquel de Pinós para pedir alimentos; antes han dejado las mochilas fuera de la casa. La Guardia Civil les descubre y comienza el tiroteo sin que se puedan acercar a las mochilas donde llevan las metralletas, en el intercambio de disparos Ramón es alcanzado y herido gravemente en la cara, de ahí data la cicatriz de la cara que muestran las fotografías policiales.
Herido, escapó por el bosque hasta la base de casa Moreno de Santaeugenia, donde es atendido por el farmacéutico de Cosp de Berga que es obligado a auxiliarle a Ramón. Este acto humanitario luego le costaría un juicio y tres años de cárcel al pobre farmacéutico.
Una vez curado y repuesto volvió al mas Tartàs donde será requerido como guía de una expedición de explosivos a la Base de Manresa. Una vez allí se planea una actuación conjunta importante: hacer volar unas cuantas torres de alta tensión y la vía del ferrocarril. La operación tuvo un éxito total y diversas zonas de Manresa quedaron sin suministro eléctrico y el tren dejó de circular durante unos días. Entresacamos de una nota informativa del 19 de mayo de la Dirección General de Seguridad, sobre los sabotajes ocurridos en la zona, enviada al gobernador de Girona:
“…Los mismos informes señalan que Massana tiene como lugarteniente a otro peligrosísimo sujeto llamado Ramón Llaugí Pons o Ramón Gay Pons…”
De retorno a Francia, Ramón Vila y sus compañeros son detenidos al encontrarles en un registro armas y munición y son condenados a dos meses de prisión. Hasta septiembre no vuele a servir de guía a un grupo que quería llegar hasta Barcelona. Una vez los hubo acercado al destino se despidió y retorna a Francia con Manuel Sabaté (hermano pequeño de “Quico” de triste fin) y Elio Ziglioli. Son delatados y sorprendidos por la Guardia Civil, y el único que se salva es Ramón porque se tira por un barranco de tal manera que todos creen que se ha matado. Durante los interrogatorios ambos dan toda la información sobre escondites donde guardan los arsenales.
Ramón Vila, magullado por la caída logra volver a la base de Francia y una vez recuperado el 22 de Diciembre se vuelve a hacer cargo de la conducción del grupo “Los Maños” hasta el pueblo de Matadepera. Una vez cumplido el encargo comienza el camino de regreso que aprovecha para volar dos torres de conducción eléctrica y sigue en solitario, en otra acción, el 20 de marzo al día siguiente, provoca la voladura de la vía férrea de la línea de Barcelona a Manresa.
Al volver a la base de Oceja es detenido de nuevo por la policía francesa y lógicamente la Guardia Civil tiene información puntual. Esta vez es condenado a tres meses de prisión.
Durante los meses siguientes al cumplimiento de la condena se le atribuyen varios hechos que por lo visto fueron ejecutados por Massana y su grupo. Es posible que les acompañara, como hacía normalmente con los distintos grupos.
A principios de 1951, elementos anarquistas asaltan en Lyon una furgoneta postal, suceso que va a tener malas repercusiones para los refugiados españoles. Son detenidos casi dos mil españoles que una vez fichados son puestos en libertad. “Quico” va a ser imputado y condenado y Ramon Vila también es perseguido por este hecho pero logra escapar.
Aquel verano vuela unas torres de conducción eléctrica de Yuca en el Berguedà, tres dias después saltan por los aires tres torres más, el 4 de agosto sigue otro trío torres y vuela la línea férrea de Madrid-Zaragoza. Vuelto a Francia la antigua base de Tartàs estaba quemada, por tanto su nuevo domicilio fue en Perpinyà en un piso y como era hombre de grandes espacios se revolvía en el cuarto como una fiera enjaulada, abría las ventanas y exclamaba “Aire, aire, ¿Dónde están mis montañas? Aquí no hay más que paredes y me ahogo.” Tuvo que estar apartado de toda actividad hasta que se apagaron los ecos del asalto a la furgoneta correo de Lyon. Oficialmente la guerrilla queda liquidada en 1952. Cesar M. Moreno escribe “El periodo que va de 1954 a 1960 fue el más sombrío de toda la historia de la CNT. Asqueados, agotados por largos años de prisión, vigilados por la policía, ávidos de un poco de reposo, los militantes del interior se retiraron uno a uno del combate.”
A pesar de todo en este año, Ramón Vila acompañado de otro (hasta la última salida, siempre se procuro una persona de acompañante) vuela en Sant Vicenç de Castellet tres torres de conducción eléctrica y más tarde coloca un petardo en vía del ferrocarril en Sant Joan de las Abadesses.

El asunto de Collada de Tossas

Pero en este año también, acaece un suceso que marcará el resto de la vida de Ramón y va a tener una gran repercusión internacional.
El 25 de julio, poco antes de las dos de la tarde, dos individuos pararon un coche inglés con matricula HCO-543 ocupado por un médico inglés, Bernard Joseph Peck y su esposa, les arrebataron la máquina de fotografiar. Los ocupantes creen que les han hecho una seña para seguir cosa que hacen de inmediato, siendo detenidos por una ráfaga de tiros los cuales hieren al médico y matan a la esposa.
Cuando la policía le enseña a Mr. Peck varias fotografías reconoce la de Ramón Vila. Una información periodística explica que el médico ha dicho “Esa sonrisa no se me olvidará en la vida, es como una mueca provocada por la cicatriz”.
La repercusión que alcanza es considerable, ayudado todo ello por los medios de difusión periodísticos, y se cursa orden de busca y captura internacional. El Movimiento Anarquista le ofreció la ocasión de emigrar a América, quizás con el deseo de quitárselo de encima, pero el se negó a huir.
Entre los años 1953 a 1960 en la documentación de las fuerzas de represión española, no aparece ninguna actuación atribuible a Ramón Vila.
Hasta el 8 de febrero de 1961, no se tienen noticias documentadas de la actuación de Ramon Vila, pues en esta fecha son voladas tres torres de conducción eléctrica cerca de Manresa. El 6 de marzo quiso entrar en una casa de campo para proveerse de alimentos y se encontró con la sorpresa de que le estaba esperando varios entre ellos un tal Sansa con el que se enzarzó en pelea con el resultado de caer el atacante mortalmente herido.
Al año siguiente entre el 5 ó 6 de julio la comarca del Bages registró su paso con la voladura de otras tres torres eléctricas colocando en una la bandera de la CNT. Los daños fueron valorados en 66.135 ptas. Amén de la suspensión del suministro durante unos días a las ciudades de Manresa y Sabadell.
Poco después, cuando regresaba, fue localizado por la Guardia Civil y tiroteado a discreción. La oscuridad de la noche le salva, pudiéndose adentrar en lo profundo del bosque, no corrió la misma suerte su compañero que se perdió por aquellos parajes y al cabo de unos días cayó en manos de la fuerza pública. Fue juzgado y condenado a treinta años de cárcel.
De la declaración de éste, podemos entrever el drama que supuso el incidente de la collada de Tossas: “Manifiesta que durante los días que convivió con el Caraquemada, éste le manifestó que no podía residir ni en Francia ni en España, ya que en Francia la Policía le buscaba por su participación en la muerte de un matrimonio inglés, realizado este hecho en las inmediaciones de Puigcerdà, y que el marido que resultó herido lo había reconocido en una fotografía. También le dijo el Caracremada que aquél había sido fortuito, pues él solamente se había acercado al coche para pedirles dinero, pero como viera que los ocupantes, después de parar el vehículo, intentaron darse a la fuga. Se vio obligado a disparar sobre ellos. Añadió el Caraquemada que, por estas circunstancias, le era igual vivir en Francia que en España. También le habló sobre otros viajes que había realizado él solo, y en los cuales, valiéndose de unas sierras, cortaba las patas de las torretas, al objeto de que al ponerles una sola carga, se produjese la caída de las mismas. El Caraquemada se lamentó de que a partir del accidente con el matrimonio inglés, la Organización se había desentendido de él, incluso durante tres o cuatro años no había tenido contacto con la misma, pues los dirigentes temían que le resultase perjudicial y les ocasionara una represión por parte de la Policía francesa- No obstante, por manifestaciones del Carballeira sabe que ha sido la Organización la que, por falta de hombres para realizar estas operaciones, ha iniciado nuevamente la colaboración del Caraquemada”.
Al año siguiente, por las mismas fechas aproximadamente y en la misma zona vuelve a volar tres torres eléctricas. No le importa repetir el “modus operanti” como si estuviera deseoso de ser localizado y de dar fin a tan ajetreada vida. Curiosamente en esta ocasión prescinde de acompañante y va solo. No deja de ser sorprendente esta forma de actuar en un hombre tan cauto. No se apresura en el regreso y lo hace lentamente dando un considerable rodeo.
Según fuentes de la Guardia Civil “Conocida la técnica terrorista del Caraquemada, se aguardó pacientemente. Para su captura o eliminación, habíase estudiado un plan a fondo, sacando conclusiones por la forma de repetirse las voladuras en los años anteriores, horas de realizarse, días, fases de la luna, etc.”

 La muerte de “Caraquemada”

El final estaba cerca y la transcripción del parte de la patrulla que acabó con su vida, nos ahorra cualquier comentario. La prosa castrense es suficiente elocuente y descriptiva:
“Obedeciendo órdenes superiores se hallaba prestando servicio de apostadero, desde la puesta del sol del día seis de los corrientes, en el lugar denominado La Creu del Perelló, a fin de lograr la captura del autor que el día dos del actual puso unas cargas explosivas en las torretas de alta tensión eléctrica del término de Rajadell, y como quiera que se tenia sospecha de que muy bien pudiera pasar en su huida hacia Francia el sujeto en cuestión, por el camino o vía pecuaria que atraviesa dicho lugar, con dirección a la frontera, el deponente encontrándose apostado como antes ha dicho, formando grupo de tres con los guardias de la misma Unidad, Añádelo Adeva Sanz y Evangelista Fernández García, éstos en puntos inmediatos al dicente, sobre la parte izquierda del camino, también en servicio de apostadero; el deponente sintió sobre cero cinco horas de este día, siete del actual, que una persona se acercaba al punto donde se encontraba, caminando a paso muy lento con dirección Súria-Balsareny. y no obstante la alta hora de la noche, pudo observar perfectamente que dicho individuo caminaba vigilando las márgenes del camino, llevando un gran bulto a la espalda y con la mano derecha empuñaba una pistola, perfectamente visible en su silueta a través de la claridad de la luna que iluminaba el terreno porque transitaba.
Que antes de lo expuesto, el que declara adoptó las precauciones debidas dejando que dicho sujeto rebasara como unos cuatro pasos y al momento darle la voz reglamentaria de “alto a la Guardia Civil”, cuya frase concretamente no pudo terminar porque a la voz de “alto a la Guar…” contestó con fuego de pistola, con asombrosa rapidez, dando el proyectil en una piedra inmediata al declarante, como unos treinta centímetros.
Por ello. y también con rapidez, el deponente repelió la agresión con fuego de su pistola reglamentaria, viendo entonces que había sido alcanzado al segundo disparo y caía seguidamente al suelo quedando tendido e inmovilizado sobre el macuto que portaba a una distancia de unos cuatro metros aproximadamente.
Que a los pocos momentos y tras comprobar que el individuo en cuestión no daba, al parecer, señales de vida, el declarante optó por enviar a su auxiliar. Guardia Adeva Sanz, a la Masía denominada Vilamiijana, para que por medio de un propio se comunicase la novedad a los superiores». Ramón Vila no fue un superhombre, sino un miembro de la generación quemada por la guerra y el franquismo. Marginal y rebelde, fue un hombre de acción directa, idealista, primitivo en algunos detalles, pero concienciado políticamente, se jugaba la vida combatiendo contra los totalitarismos y nunca tuvo un momento para la tregua. La fuerza, el valor, el atrevimiento y la determinación guiaron sus pasos. Si pudo tener una vida guerrillera tan larga fue porque era un guerrillero rural, un hombre del bosque que conocía el medio donde se movía y las estrategias para camuflarse. Fue seguramente menos espectacular que “Quico” Sabaté, pero su acción continuada y valiente no fue menos importante.
A este hombre, para más escarnio se le enterró sin caja, fuera de la tapia del cementerio, sin señal alguna que indicase donde estaba su cuerpo y aunque es de suponer que a él poco le importaba, el cura del pueblo se negó a cualquier ceremonia religiosa.
El tiempo que acostumbre a poner las cosas en su sitio hizo que en unas reformas del cementerio, sus restos quedaron en el interior y sus correligionarios, a la vuelta del exilio, le rindieron el homenaje que se merecía y en su tumba hay colocada una placa que le recuerda.

       

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