Rafael Barrett. ( Vida y obra )

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Rafael Barrett, de nombre completo Rafael Ángel Jorge Julián Barrett y Álvarez de Toledo nace en Torrelavega, Cantabria, España el 7 de enero de 1876 y muere en Arcachón, Francia, 17 de diciembre de 1910.

Fue un escritor español -narrador, ensayista y periodista- que desarrolló la mayor parte de su producción literaria en Paraguay, resultando una figura destacada de la literatura paraguaya durante el siglo XX. Es particularmente conocido por sus cuentos y sus ensayos de hondo contenido filosófico, exponente de un vitalismo que anticipa de cierta forma el existencialismo. Conocidos son también sus alegatos filosófico-políticos a favor del anarquismo.

Barrett nació en Torrelavega (Cantabria) en el año 1876, con el nombre de Rafael Ángel Jorge Julián Barrett y Álvarez de Toledo, en el seno de una adinerada familia hispano-inglesa, son sus padres George Barrett Clarke, natural de Coventry (Inglaterra) y María del Carmen Álvarez de Toledo y Toraño, natural de Villafranca del Bierzo, provincia de León. Con veinte años se trasladó a estudiar ingeniería a Madrid, donde trabó amistad con Valle-Inclán, Ramiro de Maeztu y otros miembros de la Generación del 98. En Madrid vivió como un señorito calavera, duelista y pendenciero, que se pasaba insistentemente de casino en casino y de mujer en mujer, alternando visitas a importantes salones literarios de París y Madrid.

Sus constantes arrebatos le llevaron a enfrentar un altercado en 1902 con un alto miembro de la nobleza, el duque de Arión, a quien agredió en plena sesión de gala del Circo de París. El duque de Arión era presidente del Tribunal de Honor que lo ha inhabilitado para batirse en duelo contra el abogado José María Azopardo, este último lo había calumniado. Todo esto provoca un escándalo, a sus 26 años y en el breve lapso de apenas seis meses.

Dicha situación le llevó, en 1903, con su honra y su peculio seriamente mermados, a viajar primero a Argentina donde comenzó a escribir para distintos periódicos, luego a Paraguay, el país en el que se asentó finalmente a los 29 años. En el año 1904 en el mes de octubre llega a Villeta (Paraguay) como corresponsal del diario argentino El Tiempo para informar sobre la revolución liberal, que en aquel país se estaba produciendo, enseguida conecta con los jóvenes intelectuales que en su mayoría se habían sumado a la revolución. En Paraguay formó una familia y es donde, según sus propias palabras, se volvió “bueno”. Años después llega a Brasil, producto del exilio forzado, y a Uruguay.

En diciembre de 1904 Barrett se instala en Asunción donde ha llegado junto con las huestes revolucionarias. Trabaja en la Oficina de Estadística. En 1905 contrae matrimonio con Francisca López Maíz, participa en la creación del grupo y tertulia literaria “La Colmena”, y manifiesta los primeros síntomas de la tuberculosis.

En 1906 a raíz de una polémica periodística originada por la presencia de Ricardo Fuente en Buenos Aires, se concierta un duelo entre Barrett y Juan de Urquía (Capitán Verdades). Pero Juan de Urquía elude batirse con Barrett alegando su descalificación en Madrid. Días después Barrett apalea públicamente a un Sr. Pomés al confundirle con Juan de Urquía en un céntrico hotel de Buenos Aires.

En abril de 1906 contrae matrimonio con Francisca López Maíz y en 1907, nace en Areguá su único hijo, Alejandro Rafael. En julio de 1908, da un golpe militar del mayor Albino Jara. Barrett organiza la atención a los heridos por las calles de Asunción. El 3 de octubre del mismo año, Barrett es apresado como consecuencia de las denuncias sobre abusos y torturas que publica en “Germinal” (un periódico anarquista de su autoría) y el día 13 de octubre, gracias a las gestiones del cónsul inglés, Barrett es liberado. Se le destierra a Corumbá en el Matto Grosso brasileño.

En febrero de 1909 la situación política ha mejorado sensiblemente en Paraguay. Aunque el estado de sitio no será levantado hasta marzo, Barrett recibe garantías y se instala en AREGUA, cerca de Asunción. Los diarios paraguayos vuelven a abrirle sus páginas. En septiembre embarca en Asunción con destino a Francia. Ha mantenido correspondencia con el doctor Quinton y ha decidido seguir su tratamiento contra la tuberculosis.

En 1908 llega a Montevideo donde sus costas, su viento y el aire le ayuda, según las costumbres de la época, con su enfermedad. También, le da la oportunidad de publicar en periódicos de la época como La Razón dirigido por Samuel Blixen.

Su paso por Argentina, Uruguay, y en particular Paraguay, lo definieron como literato mientras efectuaba en paralelo sus trabajos periodísticos. Arruinado como estaba, en ningún momento dudó en abrazar la causa de los más débiles blandiendo su afilada pluma contra la injusticia social. En cierto modo su descenso a los infiernos de la miseria le permitió liberarse de una vida falsa y entregarse a la más noble y digna tarea de vivir para los otros.

La incidencia de las que por entonces eran miserables condiciones de vida en gran parte de Sudamérica repercutieron fuertemente en sus escritos, que iban volcándose insistentemente hacia el periodismo de denuncia. Su viraje hacia una posición inequívocamente anarquista no sólo le acarreó problemas con las clases pudientes y con el gobierno de Paraguay (donde fue encarcelado en varias ocasiones), muchos intelectuales paraguayos también le dieron la espalda.

La obra de Rafael Barrett es en general poco conocida. Corta y asistemática como su propia vida, se publicó casi íntegramente en periódicos de Paraguay, Uruguay y Argentina. Y sin embargo, su pensamiento ha ejercido en Latinoamérica, y especialmente en el ámbito del Río de la Plata, una notable influencia. Si bien es cierto que se trata de una influencia un tanto subterránea, fue lo suficientemente fuerte como para que Ramiro de Maeztu le considerara “una figura en la historia de América”.

Algunas de sus ideas literarias centrales se enmarcan y definen en el estilo regeneracionista. Resulta evidente, en estos breves ejemplos, la coincidencia de Barrett con el tono característico de la oleada “regeneracionista” que inundó el pensamiento español a raíz del “desastre” del 98 y que tuvo sus principales exponentes en Costa, Picavea, Isern, etc., y su punto álgido en la prensa con el famoso artículo “Sin pulso” de Francisco Silvela publicado en “El tiempo”, órgano de la oposición conservadora, el 16 de agosto de 1898. Las constantes metáforas médicas, la percepción de España como un país gravemente enfermo, la convicción de que la derrota militar era sólo un síntoma de males mayores y más profundos, la extrañeza ante la falta de reacción de un pueblo que ha sido víctima inútil de una derrota lamentable, el diagnóstico de un progresivo hundimiento del país y la necesidad de su “salvación” (resbaladizo término en política),

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“El dolor paraguayo” de Barrett “vemos reflejado el profundo amor que sentía hacia el pueblo paraguayo; ese amor, esa preocupación por la gente del pueblo, es una constante plenamente “noventayochista”

Los escritos de Barrett son de una calidad intrínseca notable. En opinión de José María Fernández Vázquez, si hubiera tenido más tiempo para desarrollar su obra, “estilo literario y vigor ideológico hubieran creado uno de los corpus textuales más interesantes del continente americano” (Fernández Vázquez 100).

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En el nuevo continente, y más específicamente en el Paraguay, fue donde se hizo escritor, conoció el verdadero amor y la paternidad, sin embargo, alcanzadas esas cimas, enfermó gravemente. La circunstancia histórica que vivía el Paraguay no era la más propicia para recibir positivamente ni sus ideas radicalmente críticas, ni su pensamiento cuestionador e inquietante.

Con la publicación de la serie de artículos Lo que son los yerbales paraguayos, en los que revela la explotación esclavista de los mensús por las empresas yerbateras, Barrett se enfrenta ya a poderosos intereses económicos y políticos. Se le comienzan a cerrar las páginas de los diarios en los que publicaba y comienza también a sentir el progresivo rechazo de la intelectualidad local, lo que le conduce a un penoso aislamiento, al no encontrar un núcleo suficientemente amplio de población ajena a eso grupos que pudiera suplir el rechazo de sus interlocutores naturales. Como amargamente confiesa, “la costumbre de pensar a todas horas tiene algo de vicio bochornoso ante el común de las gentes, y me ha convertido en un ser inútil, a veces nocivo, odiado, despreciado”

Por sus ideas políticas anarquistas y su denuncia de la injusticia social es apresado y desterrado primero al Mato Grosso brasileño y finalmente a Montevideo. En Uruguay conecta enseguida con las vanguardias intelectuales uruguayas. Pero la tuberculosis le aprisiona y regresa al Paraguay en cuanto los caudillos de turno se lo permiten, y los periódicos locales le abren de nuevo sus puertas.

Aquejado de tuberculosis, viajó a Francia en 1910 para intentar un nuevo tratamiento. Embarca en Asunción y llega a Montevideo donde es objeto de un jubiloso y cariñoso recibimiento, parte finalmente a Europa. El 17 de diciembre del año 1910 muere a las cuatro de la tarde en el Hotel Regina Forêt en Arcachón, asistido por su tía Susana Barrett. Murió a los 34 años alejado de su familia y de la que él consideró su única patria, Paraguay, y sin haber podido disfrutar de un mínimo reconocimiento en el país del que tuvo que escapar: España.

Durante su vida sólo vio publicado un libro, “Moralidades actuales”, que cosechó un gran éxito en Uruguay, cuya intelectualidad siempre conectó con Barrett. La estela luminosa de Rafael Barrett reaparece brevemente en el firmamento madrileño de 1919 cuando la Editorial América de Rufino Blanco Fombona edita algunas de sus obras. La publicación de esos libros hace desempolvar viejos recuerdos de quienes lo conocieron en su juventud madrileña.

Tres de los más grandes escritores del Cono Sur americano han expresado, con encendidos elogios, su profunda admiración por la obra de Barrett y la influencia de él recibida.

En Paraguay, Augusto Roa Bastos ha dicho:

Barrett nos enseñó a escribir a los escritores paraguayos de hoy; nos introdujo vertiginosamente en la luz rasante y al mismo tiempo nebulosa, casi fantasmagórica, de la “realidad que delira” de sus mitos y contramitos históricos, sociales y culturales.

En Argentina, Jorge Luis Borges decía en una carta de 1917 a su amigo Roberto Godel:

Ya que tratamos temas literarios te pregunto si no conoces un gran escritor argentino, Rafael Barrett, espíritu libre y audaz. Con lágrimas en los ojos y de rodillas te ruego que cuando tengas un nacional o dos que gastar, vayas derecho a lo de Mendesky o a cualquier librería- y le pidas al dependiente que te salga al encuentro un ejemplar de “Mirando la vida” de este autor. Creo que ha sido publicado en Montevideo este libro. Es un libro genial cuya lectura me ha consolado de las ñoñerías de Giusti, Soiza O’Reilly y de mi primo Alvarito Melián Lafinur.

En Uruguay, José Enrique Rodó, que coincidió con Barrett en Montevideo y quedó deslumbrado por sus artículos en la prensa, escribía:

[…] hace tiempo que, apenas tropiezo con persona a quien se pueda pedir ese género de albricias, le pregunto, venga o no venga a cuento -¿Lee usted La Razón? Se ha fijado en unos artículos firmados por R. B.?.

Francisco Pérez-Maricevich dice respecto a Rafael Barrett que su importancia en el proceso cultural del Paraguay acabó siendo singular “y nadie abriga hoy la más mínima duda respecto de su notable precedencia en muchas de las actitudes que definen en el presente la función del intelectual”. Pérez-Maricevich expone de resalto que existen tres puntos esenciales que marcan la diferencia entre Barrett y otros maestros de la literatura. Primero, la tenacidad de su postura crítica del presente que le tocó vivir; segundo, su visión estrictamente moral de la condición humana y su exaltación de los valores sociales superiores que conducen a la perfección del hombre; y tercero, la profundidad de sus principios y la solidez teorética de sus conceptos.

El texto de Barrett, además del singular compromiso con su tiempo y su circunstancia, contiene una belleza y un valor estético excepcionales. En Paraguay prima la convención de que desde Barrett parte la concepción del realismo crítico en la visión de la materia narrativa, y sus cuentos breves revelan gran parte de su notable don estético para la construcción del relato. La ironía y la paradoja, recursos esencialmente intelectuales, no son dejados de lado por el autor, que a través de su obra, con destreza, sensibilidad y belleza, dan exuberancia a su obra.

Una de las facetas de mayor interés en el pensamiento de Rafael Barrett radica en su condición de exponente privilegiado de la “crisis de fin de siglo”.

Nacido en 1876, año clave en tantos aspectos (creación de la Institución Libre de Enseñanza; publicación de la obra de Draper Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia con prólogo de Nicolás Salmerón, del libro Porvenir de los pueblos católicos de Laveleye y de las primeras traducciones de Darwin; punto álgido en la llamada “polémica de la ciencia española” e inicio de encendidas discusiones sobre el evolucionismo; época clave en la difusión del pensamiento positivista a través del krausismo; promulgación de la constitución de la Restauración, etc., etc.), educado en Francia e Inglaterra, Barrett es un hombre esencialmente europeo, lo que constituía un referente ideal para los jóvenes finiseculares que en su mayoría hubieron de realizar el reglamentario viaje iniciático a París.

Barrett es, además, plenamente consciente del momento crítico que le ha tocado vivir, y así lo expresa con extraordinaria clarividencia:

  • “La humanidad es hoy un caos, sí, pero un caos fecundo.” (O.C., IV, p. 149).
  • “Se siente universal inquietud. Los menos perspicaces aguardan graves sucesos. Se teme, se espera.” (O.C., II, p. 305).
  • “Cuando la humanidad está de parto, confiemos en lo invisible.” (O.C., II, p. 249).

Y certeramente diagnóstica que esa “universal inquietud” se manifiesta en la forma de una recuperación de la fantasía, de la magia y del misterio en abierto rechazo a la filosofía positivista:

Socialistas, anarquistas, neocristianos, espiritualistas, teósofos… ¿Qué quiere decir todo esto? ¿Qué quiere decir esta universal reacción hacia lo religioso, esta filosofía que se vuelve sentimental y profética, esta literatura preocupada del más allá, estos poetas, historiadores y críticos que se hacen reformadores sociales, estos propagandistas de unas bellezas que se habían declarado inútiles? ¿Qué quiere decir este renacimiento de la inquietud, del misterio, de la sagrada angustia salvadora de gérmenes?

(O.C., II, p. 295)

Define Barrett la filosofía afirmando que “no se trata de una ciencia, sino de la trayectoria que sigue el centro de gravedad de nuestro espíritu” (O.C., II, p. 249); definición que, además de su evidente aroma vitalista, se enmarca de lleno en el ámbito dinámico de una filosofía del cambio. En la vieja disyuntiva HeráclitoParménides (cuestión básica para todo pensamiento filosófico) Barrett se sitúa decididamente junto al primero. Todo cambia, nada permanece.

La filosofía dinámica va desalojando a la filosofía estática (…) Todo se agita en lo infinitamente grande y todo se agita también en lo infinitamente pequeño. Los átomos imitan a los astros. Se deslizan, pasan, se precipitan. En un líquido fluyen constantemente las moléculas; en un gas bombardean a velocidades locas las paredes que lo encierran.

(O.C., II, p. 226)

En el pensamiento de Barrett confluye la filosofía genuinamente vitalista (Bergson es uno de sus filósofos más admirados) con la reacción antipositivista que caracterizó al modernismo. Para Barrett, la realidad es la vida, en su compleja e inaprehensible movilidad y capacidad de acción; es esencialmente energía, fuente de movimiento, y esa virtud operativa escapa al análisis racional. Lo real se siente y se ejecuta, no se explica. La realidad profunda de la vida es inalcanzable para la razón. Lo real es inefable.

En este aspecto Barrett se muestra de nuevo como un joven enteramente de su generación. Según José Luis Abellán, en los primeros años del siglo XX “la vida como principio filosófico vuelve con todas sus exigencias” (Abellán, vol. 5/I, p. 70). Y a la hora de definir la vida, Barrett sigue a Bergson más una buena dosis de lirismo:

La vida es un aire sutil, invisible y veloz, cuyos remolinos agitan un instante el polvo que duerme en los rincones. El inmortal torbellino pasa, torna a la pura atmósfera, a lo invisible, y el polvo se desploma inerte en su rincón. Los sabios no ven más que el polvo: palpan minuciosamente los cadáveres.

(O.C., II, p. 251)

El pensamiento vitalista se coloca necesariamente en las antípodas del racionalismo y por regla general conecta con posturas idealistas o espiritualistas. Barrett coincide en el rotundo rechazo al racionalismo, como pone de manifiesto, por ejemplo, en su negativa valoración de la filosofía griega:

Para ellos, fuera de la conciencia no había nada. No se alejaron del luminoso círculo, centro de la inteligencia, y por eso lo que construyeron es tan claro, tan elegante, tan evidente y tan falso.

(O.C., II, p. 231)

Esto supone, desde luego, una puerta abierta al idealismo (“¿Existir? Todo existe, y lo ideal más que lo real”, O.C., III, p. 118) con la aceptación de lo misterioso como componente objetivo de la realidad; en el ámbito del espíritu, por la importancia que Barrett concede a lo inconsciente; y en el ámbito del cosmos, porque el enigma es una parte muy significativa de nuestro conocimiento de una realidad que, inaccesible a la razón, es esencialmente misteriosa.

El pensamiento social y político de Rafael Barrett experimenta, a lo largo de los escasos siete años en que se expresa, una clara transformación que va desde un individualismo en el que confluyen rasgos vitalistas de tipo nietzcehano, hasta un anarquismo solidario plenamente asumido.

El punto de inflexión en esa evolución se produce entre finales de 1906 y principios de 1907. A partir de esas fechas, su preocupación por los temas sociales va siendo cada vez mayor y cada vez más radical su posición crítica. Posiblemente fue el tiempo necesario para asimilar la dura realidad americana (el “dolor paraguayo”) en cuyo contacto Barrett sale espiritualmente enriquecido. La exuberante y conflictiva vitalidad americana llenó, sin duda y con creces, el hueco que en él pudieron haber dejado los ambientes intelectuales europeos.

Es a partir de 1908 cuando Barrett comienza a autodefinirse como anarquista, al respecto es célebre su panfleto Mi anarquismo.

Me basta el sentido etimológico: “ausencia de gobierno”. Hay que destruir el espíritu de autoridad y el prestigio de las leyes. Eso es todo. Será la obra del libre examen. Los ignorantes se figuran que anarquía es desorden y que sin gobierno la sociedad se convertirá siempre en el caos. No conciben otro orden que el orden exteriormente impuesto por el terror de las armas. El anarquismo, tal como lo entiendo, se reduce al libre examen político. […] ¿Qué hacer? Educarnos y educar. Todo se resume en el libre examen. ¡Que nuestros niños examinen la ley y la desprecien!

Mi anarquismo

En el año 2009 la banda argentina de punk Eterna Inocencia, cuya trayectoria iniciada en los 90′ agrupa infinidad de letras dedicadas a la luchas sociales entre otras temáticas, le dedica un su disco homónimo EI el tema “Barret y las misiones” a él a su nieta Soledad Azurieta y al escritor Rodolfo González Pacheco.

Trabajos publicados

  • 1897 publica en la Revista Contemporánea dos artículos de divulgación científica: “El postulado de Euclides” (30/V/1897) .
  • 1898 publica “Sobre el espesor y la rigidez de la corteza terrestre” (28-II-1898). Son los dos únicos artículos publicados por Barrett en España de los que hasta ahora se tenga noticia.
  • En el año 1904 escribe en El Correo Español de Buenos Aires y actúa como secretario de la Liga Republicana española en esa ciudad.
  • En el año 1905 escribe regularmente en El Diario de Asunción. Comienza a trabajar en el departamento de Ingenieros y en el Ferrocarril.
  • En el año 1906 su labor periodística se va incrementando progresivamente. Escribe para Los Sucesos, La Tarde, Alón, El Paraguay, El Cívico. Al mismo tiempo sus escritos se van acercando a los problemas sociales con profunda visión crítica
  • Junio del año 1908, Publica en El Diario el suelto “Lo que son los yerbales paraguayos” denunciando la situación de esclavitud a que son sometidos los “mensús” (peones yerbateros) en el Alto Paraná. La presión de las empresas yerbateras consigue que se le cierren las páginas de El Diario.
  • En el año 1909 Su libro “Moralidades Actuales” (editado por Pepitas de Calabaza, Logroño, 2010. ISBN 978-84-938349-0-6) ha tenido un “éxito loco”.
  • Marcos, Juan Manuel. “El problema de la historia en Barrett”. Estudios Paraguayos, vol. IV, nº 1. Asunción: Universidad Católica, 1976.
  • Maeztu, Ramiro de. “En Madrid”, en Lo que son los yerbales paraguayos, de Rafael Barrett. Montevideo: Claudio García, 1926.
  • De sus muchas obras, varias publicadas póstumamente, se destacan en particular: El dolor paraguayo (1909), Lo que son los yerbales (1910), Cuentos breves (1911), Al margen; Estudios literarios (1912), Diálogos, conversaciones y otros escritos (1918).
  • Sus Obras Completas se publicaron en Buenos Aires en 1943.
  • En 1990 aparecieron sus Obras Completas (en cuatro volúmenes) en Asunción (edición a cargo de Francisco Corral y Miguel Angel Fernández).
  • En 1967 el Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social de Uruguay publicó ‘Rafael Barrett. Cartas íntimas con notas de su viuda Francisca López Maíz de Barrett

Bibliografía

Véase también

Enlaces externos

 

Rafael Barrett, la ternura y la rabia

La editorial Libros de Itaca recupera en ‘Y el muerto nadó tres días’ la obra narrativa de Rafael Barrett.

Adrián Bernal
“Yo también, a los veinte años, creía tener recuerdos”. Rafael Ángel Jorge Julián Barrett y Álvarez de Toledo llega a Amé­rica del Sur en 1903, intentando dejar atrás la memoria y con ella el peso de tantos nombres y apellidos. Hijo de un adinerado matrimonio hispano-británico, había nacido veintisiete años antes en Torrelavega; morirá siete años después en un sanatorio, en Francia, víctima de la tuberculosis. Tras abandonar Madrid –tratando de escapar de los escándalos y peleas en los que se ve constantemente envuelto– llega a Buenos Aires, pero no hay olvido para él en la ciudad porteña. Allí su condición de dandi arruinado y una antigua descalificación en un duelo provocan igualmente el rechazo de la buena sociedad argentina, lo que se traduce en más duelos y enfrentamientos. En una huida hacia delante recala en Para­guay, donde cubre como corresponsal la revolución liberal de 1904, en pos de “la bala que me mate”. Sin embargo, hallará otra cosa, tal vez lo que andaba buscando: “Todo aquí es nuevo, empezando por los hombres. Nación sin viejos, sin recuerdos casi”.
 
Aunque era un Estado joven, lo cierto es que Paraguay había perdido los recuerdos, junto con gran parte de su población, apenas unas décadas atrás: la Guerra Grande –un conflicto por el territorio con Brasil, Argentina y Uruguay– significó un verdadero desastre demográfico para el país; una masacre que algunos autores no han dudado en calificar de genocidio. En “este pequeño jardín desolado” que, como él, lo había perdido todo, o casi, encuentra Barrett la esperanza. “La vida es un arma”, dirá en un artículo de Germinal, el periódico libertario que funda en Asunción. La vida es un arma, en su caso una que dispara palabras. En 1907 le diagnostican tuberculosis y sus escritos se vuelven, si cabe, más urgentes, más certeros: chispas para comenzar el fuego “y esperar sin temblar la marea humana, la marea salvaje que abandonará sobre la playa el botín del futuro”.

Fracasa mejor

Barrett pasa de ser un burgués bohemio y calavera a descubrir la dignidad en el pequeño país americano

En el prólogo de Y el muerto nadó tres días Francisco Corral define la biografía de Rafael Barrett como “la crónica brillante de un fracaso”. Contempo­ráneo de los noventayochistas, recorre el camino inverso al de muchos compañeros de generación que cambiarán el radicalismo político de juventud por posturas conservadoras. Barrett, a quien la enfermedad no permitirá envejecer, pasa en cambio, en muy poco tiempo, de ser un estudiante prometedor y pendenciero, un burgués bohemio y calavera, a descubrir la dignidad en el pequeño país americano: en los campesinos, en los obreros, en los desheredados. Como comenta Corral: “Esta transformación corresponde exactamente al tránsito que va de un rebelde a un revolucionario”. El periodismo y la literatura será –a pesar de la falta de reconocimiento; a pesar de las represalias y el exilio– la forma que 

tome su lucha, la manera de enfrentarse a la violencia del sistema: “Lanzado a un siglo donde todo es comercio se obstinaba en no comerciar. […] Pero, ¿tenía talento? Sus continuos fracasos le daban a pensar que sí”.
 
Los cuentos de Barrett parten de la estética y temáticas modernistas para ir un paso más allá: se mueven en una difusa frontera entre el romanticismo imperante en el XIX y un anticipo del existencialismo del XX; una mirada que anuncia también los derroteros de la literatura latinoamericana, de “esa luz rasante y al mismo tiempo nebulosa” que el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos llamó “la realidad que delira”. El propio Rafael parece un personaje sacado de un libro de Valle-Inclán –aunque Valle-Inclán también parece un personaje sacado de un libro de Valle-Inclán–: el preso anarquista de Luces de Bohemia o uno de los revolucionarios de Tirano Banderas. En 1908, tras el golpe militar de Albino Jara, es deportado a causa de sus continuas críticas y denuncias, primero a Brasil y después a Uruguay. No tardará, sin embargo, en regresar a Paraguay, donde permanece hasta 1910. En septiembre de ese año embarca rumbo a Francia para seguir un tratamiento contra la tuberculosis. Muere en diciembre, con 34 años, en la localidad de Arcachon. Sólo publica en vida Moralidades actuales 
–una recopilación de artículos periodísticos–, aunque deja listo para su edición póstuma El dolor paraguayo.
 
Por las páginas de Y el muerto nadó tres días deambulan, dialogan, combaten poetas malditos y burócratas grandilocuentes; pobres hermosos y ricos miserables; emperadores aterrados por el aullido de la dinamita y conspiradores contra lo viejo. La vida contra la muerte, la desesperación del capitalismo contra la esperanza. Barrett, que se sabe sin futuro, “en eterno coloquio con la sombra que me invade”, escribe para el futuro de otros, y lo hace abrazando, en un mismo gesto, la ternura y la rabia. “Todo es digno de amor o de odio. Así debió ser.

 

Frases y Citas Célebres de Rafael Barrett.

“La naturaleza no podría engendrar nada nuevo, si la obligasen a conservar lo viejo. Las formas son infinitas, pero la materia no, y es forzoso fundir el bronce de las estatuas pasadas para hacer las futuras. Por eso, si los ancianos no murieran, los niños cesarían de nacer. Por eso la muerte mantiene el amor sobre la Tierra.”
Rafael Barrett
 

“La civilización no consiste en exportar mucho, ni en caminar de prisa, ni en escribir con ortografía. Consiste en la dulzura de las costumbres, en el amor y en la tolerancia, en la elevación nativa de los sentimientos y de las ideas.”

 ― Rafael Barrett
 

“Los ignorantes se figuran que anarquía es desorden y que sin gobierno la sociedad se convertirá siempre en el caos. No conciben otro orden que el orden exteriormente impuesto por el terror de las armas”

― Rafael Barrett

“En política no hay amigos; no hay más que cómplices.”

― Rafael Barrett

“El amor no desconfía, no se venga, no hiere; el amor siempre cree y perdona y vive y hace vivir.”

― Rafael Barrett

 “En la escuela hay que adquirir el hábito de no mentir y de atender a las molestias y a los sufrimientos del prójimo. Hay que salir de ella verídico, compasivo y cortés. Esto es lo importante. Y de lo que nadie se ocupa.”

― Rafael Barrett

“Como trabajador que soy, tiemblo a la idea de que un químico humanitario y genial descubra una alimentación baratísima. Si bastan diez centavos al día para no perecer, el salario corriente del obrero en los distritos de alta civilización será de diez centavos con toda evidencia, y los demás salarios —incluso el mío— se resentirán de una ciencia tan misericordiosa.”

― Rafael Barrett

“Desprenderse de una realidad no es nada; lo heroico es desprenderse de un sueño”

― Rafael Barrett

“Los que no comen del Estado sienten arder el patriotismo en sus venas, y se lanzan a la lucha.”

― Rafael Barrett
“Las leyes y las constituciones que por la violencia gobiernan a los pueblos son falsas. No son hijas del estudio y del común asenso de los hombres. Son hijas de una minoría bárbara, que se apoderó de la fuerza bruta para satisfacer su codicia y su crueldad”
[Mi anarquismo]
― Rafael Barrett

“La cortesía es el aceite que suaviza los frotamientos inevitables de la máquina social.”

― Rafael Barrett

“¡Siempre la habilísima estratagema de convertir en cuestiones de beneficencia las cuestiones de derecho!”

― Rafael Barrett

“Es evidente que las leyes escritas no se parecen, ni por el forro, a las leyes naturales. ¡Valiente majestad la de esos pergaminos viejos que cualquier revolución quema en la plaza pública aventando las cenizas para siempre! Una ley que necesita del gendarme usurpa el nombre de ley. No es tal ley: es una mentira odiosa”

― Rafael Barrett

“Matrimonio: amor enjaulado.”

― Rafael Barrett

“¿Quién dijo que en nuestra vida no vuelve la primavera? Vuelven amorosamente sobre nosotros innumerables primaveras. Nos renovamos siempre; vivir es renovarse. Olvidemos los fantasmas; esperemos en lo único que existe: en el porvenir.”

― Rafael Barrett

“Descubrir la energía interior y entregarla para renovar el mundo; he aquí el altruismo.”

― Rafael Barrett

“Si delante del enemigo la cortesía es heroica, delante de la mujer es deliciosa, y sublime delante de la muerte.”

― Rafael Barrett

“¿Qué nos queda, qué queda al destino si no viven nuestros hijos, si no son dioses en nuestro corazón y en nuestra mente? Ellos lo son todo, toda la belleza, toda la verdad, toda la esperanza. Por eso estoy seguro de que festejáis conmigo el nacimiento de nuestro hijo, de nuestro querido hijo que duerme.”

― Rafael Barrett

“Dichoso el día en que ni la fortuna ni la miseria se hereden.”

― Rafael Barrett

“¿Qué es lo más interesante de la vida? —Lo imposible.”

― Rafael Barrett

“El amor cruel es mentira. No hay amor donde no hay piedad. ¿Qué es el amor más elevado, sino una piedad devoradora?”

― Rafael Barrett

“Es humillante la corona adquirida por el hecho de haber nacido; al lograr el honor en virtud del propio esfuerzo, introducimos en nuestra existencia la lógica, la unidad indispensable a los bellos destinos.”

― Rafael Barrett

“¿Qué hacer? Educarnos y educar. Todo se resume en el libre examen. ¡Que nuestros niños examinen la ley y la desprecien!”

― Rafael Barrett

“Nuestra raza y nuestra descendencia nos habitan sin que las veamos.”

― Rafael Barrett

 

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Cronología de Rafael Barrett

Francisco Corral Sánchez-Cabezudo
Instituto Cervantes
Actualizado: junio 2000
   

1876 7 de enero – Nace en Torrelavega (Santander) Rafael Ángel Jorge Julián Barrett y Álvarez de Toledo. Son sus padres George Barrett Clarke, natural de Coventry (Inglaterra) y María del Carmen Álvarez de Toledo y Toraño, natural de Villafranca del Bierzo, provincia de León.
1897- 1898 Cursa estudios de Ingeniería en Madrid. Publica en la Revista Contemporánea dos artículos de divulgación científica: “El postulado de Euclides” (30/V/1897) y “Sobre el espesor y la rigidez de la corteza terrestre” (28-II-1898). Son los dos únicos artículos publicados por Barrett en España de los que hasta ahora se tenga noticia.
1902 24 de abril – Agrede en plena función de gala del Circo de Parish de Madrid al duque de Arión, presidente del Tribunal de Honor que le había inhabilitado para batirse en duelo contra el abogado José María Azopardo que había calumniado a Barrett de pederasta. Uno de los padrinos de Barrett en el frustrado duelo era Manuel Bueno.

27 de junio – El diario “El País” publica la carta de Barrett “Yo y un Tribunal de Honor” en la que éste refiere los sucesos de la calumnia, duelo, descalificación y agresión al duque. Ramiro de Maeztu se refiere al asunto en varios artículos que aparecen en la prensa madrileña.

16 de noviembre – La prensa madrileña recoge una noticia según la cual Rafael Barrett se habría suicidado en San Sebastián.

1903 Se encuentra ya en Argentina. Su firma aparece en publicaciones de Buenos Aires a partir de agosto. Según referencias familiares, funda la Unión Matemática Argentina junto con Julio Rey Pastor. Comunica a Henri Poincaré una fórmula matemática por la que el sabio francés le felicita.
1904 Escribe en El Correo Español de Buenos Aires y actúa como secretario de la Liga Republicana española en esa ciudad.

26 de abril – A raíz de una polémica periodística originada por la presencia de Ricardo Fuente en Buenos Aires, se concierta un duelo entre Barrett y Juan de Urquía (Capitan Verdades). Pero Juan de Urquía elude batirse con Barrett alegando su descalificación en Madrid.

29 de abril – Barrett apalea públicamente a un Sr. Pomés al confundirle con Juan de Urquía en un céntrico hotel de Buenos Aires.

Octubre – Llega a Villeta (Paraguay) como corresponsal del diario argentino El Tiempo para informar sobre la revolución liberal que en aquel país se estaba produciendo. Enseguida conecta con los jóvenes intelectuales que en su mayoría se había sumado a la revolución.

Diciembre – Se instala en Asunción donde ha llegado junto con las huestes revolucionarias. Trabaja en la Oficina de Estadística.

1905 Escribe regularmente en El Diario de Asunción. Comienza a trabajar en el departamento de Ingenieros y en el Ferrocarril. Dicta clases y conferencias en el Instituto Paraguayo. Es nombrado secretario del Centro Español.
1906 18 de enero – El Diario informa que los padrinos de Rafael Barrett y de Miguel Guanes realizan gestiones para concertar un duelo entre ambos. Finalmente Guanes rechaza batirse con Barrett.

Su labor periodística se va incrementando progresivamente. Escribe para Los Sucesos, La Tarde, Alón, El Paraguay, El Cívico. Al mismo tiempo sus escritos se van acercando a los problemas sociales con profunda visión crítica.

20 de abril – Contrae matrimonio con Francisca López Maíz.

Participa en la creación del grupo y tertulia literaria “La Colmena”.

Noviembre/Diciembre – Manifiesta los primeros síntomas de la tuberculosis.

1907 Enero – Realiza trabajos de agrimensura en Arroyos y Esteros.

24 de febrero – Nace en Areguá su único hijo, Alejandro Rafael (Alex).

Dicta algunas conferencias para la Unión Obrera.

1908 Mayo – Inicia una serie de “Conferencias Populares” dirigidas a las organizaciones obreras.

Junio – Publica en El Diario el suelto “Lo que son los yerbales paraguayos” denunciando la situación de esclavitud a que son sometidos los “mensús” (peones yerbateros) en el Alto Paraná. La presión de las empresas yerbateras consigue que se le cierren las páginas de El Diario.

 

2 de julio – Golpe militar del mayor Albino Jara. Barrett organiza la atención a los heridos por las calles de Asunción.

2 de agosto – Primer número de la revista Germinal dirigida por Barrett. Publica un total de 11 números hasta su cierre el 11 de octubre.

3 de octubre – Barrett es apresado como consecuencia de las denuncias sobre abusos y torturas que publica en Germinal.

13 de octubre – Gracias a las gestiones del cónsul inglés, Barrett es liberado. Se le destierra a Corumbá en el Matto Grosso brasileño.

7 de noviembre – Viaja desde Corumba hasta Uruguay por río, atravesando todo el Paraguay y haciendo una breve escala en Buenos Aires.

15 de noviembre – Llega a Montevideo. Se instala en el Hotel Globo.

4 de diciembre – Comienza a escribir para El Liberal que dirigía la librepensadora española Belén de Sárraga; y poco más tarde también para La Razón y otros periódicos uruguayos. Frecuenta el café Polo Bamba y conecta enseguida con los activos grupos de intelectuales uruguayos.

1909 3 de enero – Ingresa en el Hospital de Caridad (Maciel) como consecuencia de una crisis con fuertes vómitos de sangre.

7 de enero – El mismo día que cumple 33 años es dado de alta en el Hospital Maciel y trasladado al Fermín Ferreira para una cura de aislamiento y reposo.

26 de febrero – Sale mejorado del Hospital pero los médicos le recomiendan un cambio de clima.

28 de febrero – Deja Montevideo. Se embarca con destino a Corrientes.

Marzo – Desde Corrientes cruza clandestinamente el río Paraná y se instala de nuevo en Paraguay, en la estancia Laguna Porá, cerca de Yabebyry. Mantiene sus publicaciones en la prensa uruguaya.

Julio – Su mujer y su hijo se reúnen con él en la estancia. Revisa las pruebas de su libro Moralidades Actuales que se editará en Montevideo.

1910 21 de febrero – La situación política ha mejorado sensiblemente en Paraguay. Aunque el Estado de Sitio no será levantado hasta el 31 de marzo, Barrett recibe garantías y se instala en San Bernardino, cerca de Asunción. Los diarios paraguayos vuelven a abrirle sus páginas.

1 de septiembre – Embarca en Asunción con destino a Francia. Ha mantenido correspondencia con el doctor Quinton y ha decidido seguir su tratamiento contra la tuberculosis.

5 de septiembre – Escala en Montevideo donde es objeto de un apoteósico y cariñoso recibimiento. Su libro Moralidades Actuales ha tenido un “éxito loco”.

22 de septiembre – Llega a Barcelona y al día siguiente se dirige en tren hacia París.

24 de septiembre – Comienza el tratamiento con el Dr. Quinton. Su salud no mejora.

12 de noviembre – Llega a Arcachon donde el Dr. Quinton le ha recomendado instalarse para cambiar de aires y seguir el tratamiento con su discípulo el Dr. Lalesque.

17 de diciembre – Muere a las cuatro de la tarde en el Hotel Regina Forêt, asistido por su tía Susana Barrett.

1911 Enero – La noticia de su muerte genera una gran cantidad de artículos en los periódicos de Uruguay y de Paraguay. A raíz de estas publicaciones se produce una acalorada polémica sobre su obra entre el diario conservador católico El Bien y el diario liberal La Razón, ambos de Montevideo.
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