Johann Rudolf Rocker (Vida y obra)

Rudolf Rocker. CP, Fonds Chambelland

Johann Rudolf Rocker

Johann Rudolf Rocker nacio en Maguncia, Alemania el 25 de marzo de 1873 y murió cerca de Nueva York, Estados Unidos el 19 de septiembre de 1958, fue un anarcosindicalista, escritor y activista alemán. Autodeclarado anarquista sin adjetivos, Rocker llegó a la conclusión de que las escuelas anarquistas representan sólo “diferentes métodos de la economía” y que el primer objetivo de los anarquistas era “garantizar la libertad personal y social de los hombres”.

Nacido en Maguncia, Hesse (actualmente, Renania – Palatinado), Alemania el 25 de marzo de 1873 Rudolf Rocker fue el segundo de tres hermanos.

Sus padres, un litógrafo, Georg Philipp Rocker, y su esposa Anna Margaretha Naumann, católicos[3] aunque no particularmente devotos, murieron cuando Rocker tenía corta edad.

Su padre venía de una familia de tradición democrática y anti-prusiana que se remonta al abuelo de Rocker, participante en la Revolución de marzo de 1848. Sin embargo, Georg Philipp murió sólo cuatro años después del nacimiento de Rocker.[4] Después de esto, la familia logró eludir la pobreza, gracias al apoyo masivo de la familia de su madre. El tío y padrino de Rocker, Carl Rudolf Naumann, largo tiempo miembro del Partido Socialdemócrata (SPD), se convirtió en un sustituto de sus padres muertos y un modelo, que dirige el desarrollo intelectual del niño. A Rocker le contrariaban los métodos autoritarios de su maestro de escuela llamando al hombre un “corazón déspota”. Fue, por tanto, un mal estudiante. Cuando tenía diez años, su madre se casó de nuevo, con Ludwig Baumgartner.

Rocker sufrió una profunda conmoción cuando su madre murió en febrero de 1877. Poco después de que su padrastro se casase de nuevo, Rocker fue enviado a un orfanato. Hastiado por la incondicional obediencia exigida por el orfanato católico y atraído por la perspectiva de aventura, Rocker se fugó del orfanato en dos ocasiones.

La primera vez se marchó solo a los bosques de los alrededores de Maguncia con ocasionales visitas a la ciudad para conseguir alimentos, siendo atrapado tres noches más tarde. La segunda vez, a la edad de catorce años, como reacción a que el orfanato quería hacerle aprendiz de hojalatero. Durante ese tiempo trabajó de chófer para Köln-Düsseldorfer Dampfschiffahrtsgesellschaft. Le gustaba salir de su ciudad natal y viajar a lugares como Rotterdam. Después de su regreso, comenzó un aprendizaje para convertirse en tipógrafo, como su tío Carl.

Carl también tenía una importante biblioteca que constaba de literatura socialista. Rocker estuvo particularmente impresionado por los escritos de Constantin Franz, un federalista y opositor del centralizado Imperio alemán de Bismarck, de Eugen Duhring, un socialista anti-marxista, en cuya teoría había algunos aspectos anarquistas; novelas como Los miserables de Víctor Hugo y Looking Backward de Edward Bellamy, así como la tradicional literatura socialista, tales como El capital de Karl Marx y Ferdinand Lasalle y los escritos de August Bebel.

Aunque es poco probable que hubiese comprendido todas las implicaciones políticas y filosóficas de lo que había leído, [cita requerida] se convirtió en socialista y regularmente discutía sus ideas con los demás. Su empleador se convirtió en la primera persona que convirtió al socialismo. Bajo la influencia de su tío, se afilió al Partido Socialdemócrata Alemán[5] (SPD) y al sindicato de tipógrafos en Maguncia.

Rocker en el movimiento socialdemócrata

En 1890 se ofreció para la campaña electoral del SPD, que se organizó en semi-clandestinidad a causa de la continua represión del gobierno, ayudando al candidato Franz Jost a conseguir el asiento para el distrito Maguncia-Oppenheim en el Reichstag. Debido a que el puesto estaba muy disputado, importantes figuras como August Bebel, Wilhelm Liebknecht, Georg von Vollmar, y Paul Singer visitaron la ciudad para ayudar a Jost, y así Rocker tuvo la oportunidad de escucharles.

En 1890, se abrió una gran brecha en el SPD acerca de las tácticas a llevar a cabo tras la entrada en vigencia de las Leyes Anti-Socialistas. Se formó entonces un grupo de oposición dentro del partido, los llamados Die Jungen (Los jóvenes). Si bien el partido dirigente consideró el parlamento como un medio de cambio social, Die Jungen pensó que podría ser utilizado para difundir el mensaje socialista. Ellos no estaban dispuestos a esperar el colapso de la sociedad capitalista, tal como se predijo por el marxismo, sino que querían iniciar una revolución tan pronto como fuera posible. Este grupo fue especialmente fuerte en Berlín, Magdeburgo y Dresde, aunque había unos pocos adeptos en Maguncia, entre ellos Rudolf Rocker. En mayo de 1890, comenzó un círculo de lectura, llamado Freiheit (Libertad), para estudiar los temas teóricos más intensamente.

Después de que Rocker criticara a Jost y se negara a retractarse de sus declaraciones, fue expulsado del partido. Lo mismo ocurrirá con el resto de Die Jungen en octubre de 1891. Sin embargo, se mantuvo activo e incluso ganó influencia en el movimiento obrero socialista en Maguncia. Aunque había conocido las ideas anarquistas como resultado de sus contactos con Die Jungen en Berlín, su conversión al anarquismo no se produjo hasta el Congreso de Bruselas de la Internacional Socialista en agosto de 1891. Acabó decepcionado con los debates en el Congreso, ya que, sobre todo los delegados de Alemania, se negaron explícitamente a denunciar el militarismo.[cita requerida] Le impresionó el socialista holandés y más tarde anarquista Domela Nieuwenhuis, que atacó a Liebknecht por su falta de militancia.

Rocker conocería a Karl Hofer, un alemán activo en el contrabando de la literatura anarquista de Bélgica a Alemania. Höfer le dio Dios y el Estado de Bakunin y La moral anarquista de Kropotkin, dos de las más influyentes obras anarquistas clásicas, así como ejemplares del periódico Autonomie. Rocker se convenció de que el origen de las instituciones políticas estaba en una creencia irracional en una autoridad suprema, como Bakunin afirma en Dios y el Estado. Sin embargo, Rocker no compartía con el ruso el rechazo de la propaganda teórica y su afirmación de que sólo las revoluciones pueden lograr un cambio. De todos modos, se sintió muy atraído por el estilo de Bakunin, marcado por su pathos, emoción, y entusiasmo, diseñado para dar al lector una impresión del calor de los momentos revolucionarios.[cita requerida] Rocker incluso trató de emular este estilo en sus discursos, pero no era muy convincente.[cita requerida] Los escritos anarcocomunistas de Kropotkin, por otra parte, estaban estructurados de forma lógica y contenían una descripción elaborada de la sociedad anarquista del futuro. Su premisa básica, que un individuo tiene derecho a recibir los medios básicos de vida de la comunidad independientemente de su contribuciones personales, impresionó a Rocker.

En 1891, todos los Die Jungen fueron expulsados del SPD o lo dejaron voluntariamente. Luego se fundó la Unión de Socialistas Independientes (VUS). Rocker se convirtió en miembro y fundó una sección local en Maguncia, en su mayoría activa en la distribución en la ciudad de literatura anarquista procedente del contrabando de Bélgica o de los Países Bajos. Fue un habitual orador en las reuniones sindicales. El 18 de diciembre de 1892, habló en una reunión de los trabajadores desempleados. Impresionado por el discurso de Rocker, el orador que lo siguió, que no era de Maguncia, y por tanto no sabía en qué punto la policía intervendría, incitó a los desempleados a tomar de los ricos, y no dejarse morir de hambre. La reunión fue luego disuelta por la policía. El orador fue detenido, mientras Rocker consiguió escapar. Decidió huir de Alemania a París a través de Fráncfort, con el fin de aprender nuevas lenguas, conocer a grupos anarquistas en el extranjero, y, sobre todo, para escapar de la conscripción.

Exilio

París

En París, estuvo por primera vez en contacto con el anarquismo judío. En la primavera de 1893, fue invitado a la reunión de judíos anarquistas, asistió a la reunión y quedó impresionado. [Cita requerida] Aunque ni judío por nacimiento ni por creencias, frecuentó la reunión del grupo y la celebración de conferencias. Salomón Rappaport, más tarde conocida como S. Ansky, permitió Rocker vivir con él, como eran tipógrafos y compartían las herramientas de Rappaport. Durante este período, Rocker también llegó por primera vez en contacto con la mezcla de ideas anarquista y sindicalista representada por la Confederación General del Trabajo (CGT), que influyó en él en largo plazo. En 1895, como resultado de la lucha contra el pensamiento anarquista en Francia, viajó Rocker a Londres a visitar el consulado alemán y examinar la posibilidad de regresar a Alemania, pero se le dijo que sería encarcelado a su regreso.

Londres

Rocker decidió entonces ir a Londres. Obtuvo un trabajo como bibliotecario de la Unión Comunista de los Trabajadores de la Educación, donde conoció a Louise Michel y Errico Malatesta, dos influyentes anarquistas. Consternado, fue testigo de la pobreza en el predominantemente judío East End. Se incorporó a los judíos anarquistas Arbeter Fraint, grupo del que había conocido gracias a sus compañeros franceses. Allí, conoció a la que sería su compañera el resto de su vida, Milly Witkop. Milly era una ucraniana de origen judío, que había huido a Londres en 1894.

En mayo de 1897, habiendo perdido su puesto de trabajo y con poca oportunidad de re-empleo, Rocker fue persuadido por un amigo para ir a Nueva York. Rocker y Witkop llegaron el día 29 a Nueva York, Estados Unidos. Sin embargo, no fueron admitidos en el país, al no estar casados jurídicamente. Se negaron a formalizar su relación. Rocker explicó que su relación era un acuerdo libre entre mi esposa y yo. Es un punto de vista puramente privado que sólo nos concierne a nosotros mismos, y que no necesita ninguna confirmación de la ley. Witkop agregó: El amor es siempre libre. Cuando el amor deja de ser libre es prostitución. La noticia mereció la primera página en la cobertura de la prensa nacional. El Comisionado General de Inmigración, el ex Caballero de Trabajo Terence V. Powderly, aconsejó a la pareja casarse para resolver el asunto, pero se negaron y fueron deportados a Inglaterra en el mismo barco en que habían llegado.

Los años dorados del anarquismo judío

Incapaz de encontrar un empleo a su regreso, Rocker decidió dirigirse en Liverpool. Un ex compañero de Whitechapel lo convenció para convertirse en el editor de un periódico semanal en yiddish recién fundado llamado Dos Fraye Vort (La palabra libre), a pesar de que no hablaba yiddish por entonces. Sólo aparecieron ocho números del periódico. A pesar de que recibió algunos fondos de judíos en Nueva York, la supervivencia financiera de la revista es precaria desde sus inicios. Sin embargo, muchos voluntarios ayudaron a través de la venta del periódico en las esquinas y en los talleres. Durante este tiempo, Rocker se dedicó sobre todo a luchar contra la influencia del marxismo y el materialismo histórico en el movimiento obrero judío de Londres. La Arbeter Fraint publicaría un total de 20 ensayos de Rocker sobre el tema, siendo el primer examen crítico del marxismo en yiddish, según William J. Fishman. Los problemas financieros del Arbeter Fraint significarían para Rocker que rara vez vería dinero por su labor como cuando se comprometió a hacerse cargo de la revista. La revista dependía de la ayuda financiera de Witkop, viéndose obligada finalmente a cesar su publicación por falta de fondos.

No queriendo quedar sin medios de propaganda, Rocker fundó Zsherminal or Germinal, en marzo de 1900. En comparación con Arbeter Fraint, era más teórica, una aplicación del pensamiento anarquista al análisis de la literatura y la filosofía. Se trataba de una evolución hacia el pensamiento kropotkiano. La revista consiguión sobrevivir hasta marzo de 1903. En 1902, los judíos de Londres fueron víctimas de una ola de antisemitismo, mientras Rocker estaba ausente en la ciudad de Leeds. Al regresar en septiembre, contempló con agrado que los anarquistas judíos habían mantenido viva a la Arbeter Fraint. El 26 de diciembre, en una conferencia de todos los anarquistas judíos de la ciudad, se decidió relanzar la Arbeter Fraint como el órgano de todos los anarquistas judíos de Gran Bretaña y París, convirtiéndose Rocker en su editor. El primer número apareció el 20 de marzo de 1903.

A raíz del progromo de Kishinev en Rusia, Rocker encabezó una manifestación en solidaridad con las víctimas, siendo el mayor acto de los judíos de Londres hasta entonces. Posteriormente viajó a Leeds, Glasgow y Edimburgo, dando conferencias sobre este tema. Desde 1904, el movimiento anarquista en los trabajadores judíos llegaría a sus “edad dorada”, de acuerdo con William J. Fishman. En 1905 se reanudaría la publicación de Germinal, con una tirada de 2.500 ejemplares, mientras la Arbeter Fraint alcanzaría una tirada de 5.000. En 1906, se creó un club para los trabajadores judíos y gentiles, un objetivo deseado por el grupo en torno a Arbeter Fraint desde hace años. El “Club Amigo de los Trabajadores”, sería fundado en una antigua iglesia metodista en la calle Jubileo. Rocker, entonces un orador muy elocuente, se convirtió en su portavoz. La popularidad tanto del club como del mismo Rocker resonaría fuera de la escena anarquista, entablando Rocker relación con varios judíos no anarquistas, como con el filósofo sionista Ber Borochov.

Desde el 8 de junio de 1906, Rocker participaría en una huelga de los trabajadores textiles. Los salarios y condiciones laborales en East End eran peores que en el resto de Londres. Rocker fue miembro del comité de huelga, como otros dos miembros del Arbeter Fraint. La huelga fracasó debido a la falta de fondos. El 1 de julio, todos los trabajadores regresarían a los talleres. En 1907, Rocker acudiría al Congreso Anarquista de Ámsterdam, y se convirtió el secretario de la nueva internacional anarquista, que solo duraría hasta 1911. En 1907 nacería su hijo Fermín. En 1909, durante una visita a Francia, tras una protesta contra el asesinato del pedagogo anarquista Ferrer Guardia, volvería a ser deportado a Inglaterra.

En 1912, Rocker destacaría, otra vez, en una huelga de los encargados de tiendas de ropa. A finales de abril de 1500 sastres del barrio de West End, mejor pagados y cualificados que los de East End, se pusieron sorprendentemente en huelga. En mayo, el número de huelguistas era de entre 7.000 y 8.000. Dado que gran parte del trabajo de West End se estaba realizando en el East End, los sastres sindicados, bajo influencia del Arbeter Fraint, declararon su apoyo a la huelga. Rocker vio esto como una oportunidad para los sastres de East End para luchar por sus condiciones de trabajo, aunque tenía miedo de una reacción antisemita. Hizo un llamamiento a la huelga general. Su llamamiento no tuvo mucho seguimiento, ya que el 70% de los sastres de East End, se dedicaban a la fabricación directa al comercio. No obstante, 13.000 inmigrantes se declararon en huelga el 8 de mayo. Rocker se convertiría en miembro del comité de huelga y presidente de la sub-comisión financiera, siendo responsable de la recogida de dinero y otros artículos de primera necesidad para los trabajadores en huelga. El 24 de mayo, una asamblea masiva decidió continuar la huelga, influida por un discurso de Rocker. Al día siguiente, se cumplieron todas las demandas de los trabajadores.

La Gran Guerra

Rocker se opuso a ambos bandos de la Primera Guerra Mundial por razones internacionalistas. Aunque la mayoría en el Reino Unido y en Europa continental esperaba una corta guerra, Rocker previno el 7 de agosto de 1914 “el mundo conocería un período de asesinato en masa nunca visto anteriormente”, y atacó a la Segunda Internacional por no oponerse a la guerra. Rocker, junto a otros miembros de Arbeter Fraint, organizó un comedor de beneficencia sin precios fijos para aliviar el empobrecimiento seguido durante la Gran Guerra. Hubo un debate entre Kropotkin, que apoyó a los aliados, y Rocker en Arbeter Fraint entre octubre y noviembre. El 2 de diciembre sería detenido y encarcelado como enemigo extranjero, tras hacer un llamamiento contra la guerra. Su detención fue resultado de un sentimiento anti-alemán en el país. Arbeiter Fraint sería prohibida en 1915. El movimiento anarquista judío de Gran Bretaña no se recuperaría de estos golpes.

Regreso a Alemania

De la FVdG a la FAUD

En marzo de 1918, Rocker llegaría a los Países Bajos en virtud de un acuerdo de intercambio de prisioneros a través de la Cruz Roja. Allí se quedó en casa del líder socialista Domela Nieuwenhuis.

Regresaría a Alemania en noviembre de 1918 invitado por Fritz Kater a unirse a él en Berlín para volver a construir la Asociación Libre de Sindicatos Alemanes (FVdG). El FVdG sufriría una transformación radical tras salirse en 1908 del DOCUP haciéndose cada vez más sindicalista y anarquista. Durante la Primera Guerra Mundial, no pudo continuar sus actividades por temor de la represión gubernamental, permaneciendo como una organización clandestina. Rocker se opone en la FVdG a una alianza con los comunistas durante la revolución de noviembre, debido a su rechazo del marxismo, especialmente a su concepto de dictadura del proletariado. Poco tiempo después, Rocker enfermaría, pasando un tiempo convaleciente.

Comenzó a dar discursos públicos en marzo de 1919, uno de ellos en el congreso de trabajadores de municiones de Erfurt, donde se les instó a dejar de producir material de guerra. Durante este periodo, la FVdG creció rápidamente y la coalición con los comunistas pronto comenzó a derrumbarse. Eventualmente, todos los sindicalistas miembros del Partido Comunista de Alemania (KPD) fueron expulsados. Entre los días 27 y 30 de diciembre de 1919, la organización celebró su duodécimo congreso en Berlín. Entonces la FVdG decidió cambiar su denominación por la de Unión Libre de Trabajadores de Alemania (FAUD), sobre la base de una declaración escrita por Rocker, Prinzipienerklärung des Syndikalismus (Declaración de principios sindicalistas). En ella, se rechazaba a los partidos políticos y la dictadura del proletariado como conceptos burgueses. El programa defendía la propiedad pública de la tierra, los medios de producción y las materias primas, siendo rechazadas la estatalización y la idea de un estado comunista. Rocker también denunciaba al nacionalismo como la religión del Estado moderno y se opuso a la violencia, defendiendo el derecho de los trabajadores al uso de la acción directa y a la educación.

Ascenso y ocaso del movimiento sindicalista

Tras el asesinato del anarquista Gustav Landauer durante el levantamiento de la República de los Consejos de Baviera, Rocker se hizo cargo de la edición en alemán de los escritos de Kropotkin. En 1920, el ministro de Defensa socialdemócrata Gustav Noske, comenzó la represión contra la izquierda revolucionaria, acabando Rudolf Rocker y Fritz Kater en prisión. Allí, Rocker convirtió a Kater, que todavía defendía algunos ideales socialdemocráticos, totalmente al anarquismo.

En los años siguientes, Rocker se convirtió en uno de los colaboradores más habituales del órgano de la FAUD Der Syndikalist. En 1920, la FAUD acogió una conferencia sindicalista internacional, que condujo a la fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) en diciembre de 1922. Augustin Souchy y Alexander Shapiro se convertirían en sus secretarios, y Rudolf Rocker escribiría su programa. En 1921 también escribió Der des Bankrott russischen Stattskommunismus (La bancarrota del comunismo de Estado ruso), acerca de la Unión Soviética. Acusó a la Unión Soviética de instaurar una gran opresión sobre cada una de las libertades y de reprimir a los anarquistas desde la purga del 12 de abril de 1918. Apoyó a los trabajadores que participaron en el levantamiento de Kronstadt y al movimiento campesino del anarquista Nestor Makhno, al que conocería en Berlín en 1923. En 1924, Rocker publicaría una biografía del anarquista alemán Johann Most llamada Das Leben eines Rebellen (La vida de un rebelde). En 1925, Rocker convenció al historiador anarquista Max Nettlau para iniciar la publicación de su antología Geschichte der Anarchie (Historia de la anarquía).

Durante mediados de los años 1920, comenzó el descenso del movimiento anarcosindicalista en Alemania. La FAUD llegó a su pico de 150.000 miembros en 1921, pero luego empezó a perder afiliados en relación al KPD y al SPD. Rocker atribuyó esta pérdida a la mentalidad de los trabajadores alemanes, acostumbrados a la disciplina militar, acusando a los comunistas de la utilización de tácticas similares a la de los nazis, y por tanto, atraer a así a los trabajadores. Por aquel entonces planificó trabajar en un breve libro sobre el nacionalismo, que acabaría convirtiéndose en el libro Nacionalismo y Cultura, que se publicaría en 1937, convirtiéndose en una de las obras más conocidas de Rocker.

En 1925, Rocker realizó una visita a Norteamérica, dando una gira de conferencias con un total de 162 apariciones. Volviendo a Alemania en mayo de 1926, le preocupó cada vez más el ascenso del nacionalismo y del fascismo. Escribió a Nettlau en 1927: Todo comienza con el nacionalismo de un Mazzini, pero en su sombra acecha ya un Mussolini. En 1929, Rocker co-fundó la editorial Gilde freiheitlicher Bücherfreunde (Gremio de bibliófilos libertarios). Ese mismo año realizó una gira por Escandinavia y, al igual que le pasó en Estados Unidos y Canadá, quedaría impresionado por el movimiento anarcosindicalista sueco. A su regreso a Alemania, se preguntó incluso si los alemanes eran capaz de comprender el pensamiento anarquista. En las elecciones de 1930, el Partido Nazi consiguió el 18,3% del de los votos, sumando 6 millones en total. Rocker se mostraba preocupado: Una vez que los nazis lleguen al poder, vamos a seguir todos el camino de Landauer (que fue asesinado por los reaccionarios durante el levantamiento de la República Soviética en Múnich.

Ascenso de los nazis al poder

En 1931, Rocker asistió al Congreso de la AIT en Madrid y a la inauguración del memorial de Nieuwenhuis en Ámsterdam. En 1933, los nazis llegaron al poder. Después del incendio del Reichstag el 27 de febrero, Rocker y Witkop decidieron salir de Alemania. A medida que se marchaban, recibieron la noticia de la detención del anarquista Erich Müsham. Después de su muerte en julio de 1934, Rocker escribiría un texto llamado Der Leidensweg Erich Müsham (La vida y sufrimiento de Erich Müsham), sobre la suerte seguida por el anarquista. El 8 de marzo Rocker llegaría a Basilea, Suiza. Dos semanas más tarde, Rocker y Mitkop se unirían a Emma Goldman en St. Tropez, Francia. Allí escribió Der Weg ins Dritte Reich (El camino hasta el Tercer Reich), acerca de los acontecimientos en Alemania, siendo publicado solo la versión castellana.

En mayo, Rocker y Witkop llegaron hasta Londres. Allí Rocker sería recibido con beneplácito por muchos judíos anarquistas, compañeros de años atrás. Dio una serie de conferencias por la ciudad. En julio, asistió a una reunión extraordinaria de la AIT, que decidió hacer entrar clandestinamente en la Alemania nazi su órgano Die Internationale.

Estados Unidos

Primeros años

El 27 de agosto, Rocker se estableció en Nueva York con su compañera. Allí se reunieron con su hijo Fermín, que se había establecido allí después de que acompañara a su padre en 1929 durante su gira por los EE.UU. La familia Rocker se fue a vivir con una hermana de Witkop en Towanda, Pennsylvania, donde vivían muchas familias de ideología libertaria o progresista. En octubre, Rocker daría otra gira de conferencias por los Estados Unidos y Canadá, hablando sobre el racismo, el fascismo, la dictadura o el socialismo en yiddish, inglés y alemán. Se encontró con muchos de sus antiguos compañeros en Londres, que habían emigrado a América, y se convirtió en editor de Freie Arbeiter Stimme, un periódico anarquista judío.

De nuevo en Towanda en el verano de 1934, comenzó a trabajar en una autobiografía, pero la noticia de la muerte de Müsham le obligó a detener su trabajo. Él estaba trabajando en Nacionalismo y cultura, cuando estalló la guerra civil el 19 de julio en España, devolviendo a Rocker parte de su optimismo. Publicó entonces un folleto titulado Verdad sobre España y más tarde el libro Tragedia en España, que analizaba los acontecimientos con más detalle. En septiembre de 1937, él y Witkop se trasladaron a la comuna anarquista Colonia Mohegan, a 50 millas (80 km) de la ciudad de Nueva York.

En 1937, fue publicado Nacionalismo y cultura, libro que había comenzado doce años antes. Rápidamente se publicaría una edición en castellano en tres volúmenes en Barcelona. Sería el más conocido de sus trabajos. En 1938, Rocker publicaría una historia del pensamiento anarquista, donde rastrearía ecos del pensamiento anarquista hasta en los tiempos antiguos. Una versión de dicho ensayo se publicará en 1949 con el título de Anarquismo y anarcosindicalismo.

La Segunda Guerra Mundial y sus últimos años

En 1939, Rocker tuvo que someterse a una operación seria y se vio obligado a renunciar a seguir dando conferencias. Muchos de sus amigos murieron por aquella época: Alexander Berkman en 1936, Emma Goldman en 1940, Max Nettlau en 1944, y muchos antiguos compañeros en Alemania que fueron a parar en los campos de concentración de los nazis. Aunque se había opuesto firmemente a la posición de Kropotkin en la Primera Guerra Mundial, Rocker sostuvo que los esfuerzos de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial  fueron justos, y a última instancia permitiría la supervivencia de los valores libertarios. Aunque veía cada Estado como un aparato coercitivo destinado a garantizar la explotación económica de las masas, defendió las libertades democráticas, que consideraba resultado de un deseo de libertad por parte de la opinión pública. Esta posición fue criticada por muchos anarquistas estadounidenses, que no apoyaron ninguna guerra.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en un informe en el Fraye Arbeter Shtime, se detalla la situación de los anarquistas alemanes y se hace un llamamiento a los estadounidenses para apoyarlos. En febrero de 1946, organiza envío a gran escala de paquetes de ayuda a los anarquistas en Alemania. En 1947 publicó Zur Betrachting der Lage in Deutschland, sobre la imposibilidad de otro movimiento anarquista en Alemania. En él Rocker manifestaba que el pensamiento de los jóvenes alemanes fue o bien totalmente cínico o incluso inclinado al fascismo, y espera que pase una nueva generación antes de que el anarquismo pueda florecer de nuevo en su país. Sin embargo, en 1947 se fundó la Federación de Socialistas Libertarios (FFS), fundada por antiguos miembros de la FAUD. Rocker escribió para su órgano, Die Freie Gesellschaft (La comunidad libre), que sobrevivió hasta 1953. En 1949 publicaría Pioneros de la libertad americana. En su octogésimo cumpleaños en 1953, se celebró una cena en honor a Rocker. Recibió mensajes de felicitación de personalidades como Thomas Mann, Albert Einstein, Herbert Read o Bertrand Russell.

Moriría el 10 de septiembre de 1958, en la Colonia Mohigan.

Pensamiento

Nacionalismo y cultura

Nacionalismo y cultura sería la obra más conocida de Rudolf Rocker. En ella Rocker afirma que “toda política es en última instancia religión”: ambas esclavizan a su creador, el hombre, y ambas afirman ser la fuente de todo progreso cultural. En Nacionalismo y cultura, Rocker aspira demostrar la afirmación de que la cultura y el poder son esencialmente conceptos antagónicos. Aplica este modelo a la historia de la humanidad, analiza la Edad Media, el Renacimiento, la Ilustración, la sociedad capitalista moderna y al movimiento socialista. Llega a la conclusión de la necesidad de promoción de un “nuevo socialismo humanitario”.

En resumen, señala la ruptura existente entre el nacionalismo moderno y el proceso general de la cultura, considerando el ambiente intelectual en que se mueve un individuo más fuerte que las supuestas influencias del “espíritu nacional”. En el primer capítulo de la obra, titulado La insuficiencia del materialismo económico, sitúa la voluntad de poder como un factor histórico en el desarrollo de la humanidad. De igual manera plantea, como lo hiciera Max Weber años antes, la imposibilidad de analizar la historia con métodos científicos y critica la visión de “mera superestructura”, que la escuela marxista tiene sobre el Estado.

Asimismo, la obra contiene una variada cantidad de capítulos que abarcan desde el absolutismo europeo a las manifestaciones del arte contemporáneo

Pioneros de la libertad americana

Publicada en 1949, Pioneros de la libertad americana, consiste en una serie de ensayos, que analiza las raíces nativas del liberalismo libertario y del anarquismo individualista en los Estados Unidos, tratando de desenmascarar la idea de que el pensamiento radical era ajeno a la historia y cultura de América y que el pensamiento libertario había sido importado por los inmigrantes.

Bibliografía.

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Referencias.

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  5. «Rocker, Rudolf, 1873-1958». Consultado el 2009. Texto « libcom.org » ignorado (ayuda)

Véase también.

Enlaces externos.

¿Por qué soy Anarquista? (Rudolf Rocker)

 

Rudolf Rocker

Rudolf Rocker

Soy anarquista, no porque crea en un futuro milenio en donde las condiciones sociales, materiales y culturales serán absolutamente perfectas y no necesitarán ningún mejoramiento más. Esto es imposible, ya que el ser humano mismo no es perfecto y por tanto no puede engendrar nada absolutamente perfecto. Pero creo en un proceso constante de perfeccionamiento, que no termina nunca y sólo puede prosperar de la mejor manera bajo las posibilidades de vida social más libres imaginables. La lucha contra toda tutela, contra todo dogma, lo mismo si se trata de una tutela de instituciones o de ideas, es para mí el contenido esencial del socialismo libertario. También la idea más libre está expuesta a este peligro, cuando se convierte en dogma y no es accesible ya a ninguna capacidad de desenvolvimiento interior. Donde una concepción se petrifica en dogma muerto, comienza el dominio de la teología. Toda teología se apoya en la creencia ciega en lo firme, lo inmutable, y lo irreducible, que es el fundamento de todo despotismo. A dónde llega eso, nos lo muestra hoy la URSS, donde incluso se prescribe al hombre de ciencia, al poeta, al músico y a los filósofos lo que deben pensar y crear, y eso en nombre de una teología de estado omnipotente, que excluye todo pensamiento propio e intenta introducir con todos los medios despóticos la era del hombre mecánico.

Que también en nuestras filas hay seres que han sido atacados por esta peste y que quieren prescribir a cada uno lo que debe pensar, no es ciertamente alentador, pero tampoco debe asustarnos. Lo mejor que debe hacerse es no tener en cuenta tales pretensiones jactanciosas y seguir tranquilamente el propio camino. Ninguno de nosotros, ni siquiera el mejor, tiene para ofrendar verdades absolutas, pues no existen. Las ilusiones sólo cumplen su cometido cuando están inspiradas por el espíritu de la tolerancia y de la comprensión humana y no pretenden ninguna infalibilidad. Si no es así, todas las discusiones son infecundas y sólo se pierde en ellas un tiempo que podría ser mejor empleado.

Jamás en mi vida he estado tan firmemente persuadido como lo estoy hoy de la exactitud interior de nuestras concepciones. Justamente por eso, cuando un nuevo absolutismo brutal del pensamiento amenaza envenenar todas las ramas de la vida social, es preciso defender con todas las fuerzas el gran tesoro ideal de nuestros precursores. Pero eso no se hace elevando cada frase de nuestros grandes pensadores (escrita hace 100 años e incluso hace 50 años), con encarnizamiento unilateral, a la categoría de una verdad absoluta, sino aplicando a todos los nuevos problemas de la era novísima la filosofía de la libertad, y buscando para ella una actuación práctica. El Anarquismo no es un sistema cerrado de ideas, sino una interpretación del pensamiento que se encuentra en constante circulación, que no se puede oprimir en un marco firme si no se quiere renunciar a él. Esto es lo que sostuvo siempre Max Nettlau y lo que no deberíamos olvidar nunca. Cada uno de nosotros no es más que un ser humano, y como tal expuesto al error. Todos aprendemos solamente por las experiencias, los unos más, los otros menos. Pero los pequeños o grandes Papas que nos quieren prescribir lo que debemos pensar, no tienen felizmente todavía ningún valor en el movimiento libertario. La línea pura se adapta a los hombres del Kremlin y a sus adeptos, pero no ciertamente a nosotros. Por esta razón habría que examinar toda opinión y respetarla, mientras surja de una convicción honrada. El que se estima a sí mismo, estima también a los otros. Este es el fundamento natural de todas las relaciones humanas, lo único que es obligatorio también para nosotros.

Escrito por Rudolf Rocker

Extraido de http://www.nodo50.org/

 

Socialdemocracia y anarquismo – Rudolf Rocker

La oposición entre la socialdemocracia y el anarquismo no reside tan sólo en la diversidad de sus métodos tácticos, sino en primer término en diferencias de principios. Se trata de dos concepciones distintas sobre la posición del individuo en la sociedad, de dos interpretaciones diferentes del socialismo. De esta diferencia en las premisas teóricas resulta por sí sola la diferencia en la elección de los métodos tácticos.

La socialdemocracia, principalmente en los países germánicos y en Rusia, se titula con preferencia partido del «socialismo científico» y acepta la doctrina marxista, que sirve de base teórica a su programa. Sus representantes afirman que el devenir de la sociedad debe ser considerado como una serie indefinida de necesidades históricas cuyas causas han de buscarse en las condiciones de producción de cada momento. Estas necesidades hallan su expresión práctica en la lucha continua de clases divididas en campos enemigos por intereses económicos distintos. Las condiciones económicas, esto es la forma en que los hombres producen y cambian sus productos, constituyen la base férrea de todas las demás manifestaciones sociales o, para emplear la frase de Marx, «la estructura económica de la sociedad es la base real sobre la cual se levanta la superestructura jurídica y política y a la que responde una determinada forma de la conciencia social». Las representaciones religiosas, las ideas, los principios morales, las normas jurídicas, las manifestaciones volitivas, etc., son meros resultados de las condiciones de producción de cada momento, porque es «la forma de producción de la vida material la que determina en absoluto el proceso de vida social, política y psíquica». No es la conciencia de los hombres la que plasma las condiciones en que viven, sino a la inversa, las condiciones económicas las que determinan su conciencia.

Así considerado el socialismo no es la invención de algunas cabezas ingeniosas, sino un producto lógico e inevitable del desarrollo capitalista. El capitalismo debe crear primero las condiciones de producción —división del trabajo y centralización industrial— en las cuales únicamente el socialismo puede realizarse. Su realización no depende de la voluntad humana, sino meramente de un determinado grado de la evolución de las condiciones de producción. El capitalismo es la premisa necesaria e ineludible que debe conducir al socialismo; su significado revolucionario reside precisamente en que lleva en sí, desde un principio, el germen de su propia destrucción. La burguesía moderna, en la que el capitalismo se sustenta, hubo de llamar a la vida, para fundar su poder, al proletariado moderno, creando así sus propios enterradores. Porque el desarrollo del capitalismo se efectúa con el rigor de una ley natural en vías perfectamente determinadas de las cuales no hay escape posible. Pues está en la esencia de este desarrollo el absorber las empresas industriales pequeñas y medianas, reemplazándolas por empresas cada vez mayores de modo que las riquezas sociales se concentren cada vez más en menos manos. Simultáneamente se realiza en forma incontenible la proletarización de la sociedad, hasta que por fin llega el momento en que se encuentran frente a frente una inmensa mayoría de esclavos asalariados y una minoría pequeñísima de empresarios capitalistas. Y como para entonces hará tiempo que el capitalismo se haya vuelto un estorbo para la producción llegará necesariamente la época de la revolución social, el momento en que pueda llevarse a cabo la «expropiación de los expropiadores».

Para que el proletariado esté en condiciones de asumir la dirección de la tierra y de los medios de producción debe apoderarse antes del poder político, el cual después de cierta época de transición, esto es después de la supresión total de las clases, se irá extinguiendo paulatinamente. La conquista del poder político es así la tarea principal de la clase obrera y para preparar la realización de esta obra es necesario que los trabajadores se organicen en partido político independiente para la lucha política contra la burguesía. En este tren de ideas la socialdemocracia ha convertido la acción parlamentaria en el punto central de su propaganda, subordinándole toda otra forma de acción. Bajo la influencia de la Socialdemocracia alemana la mayor parte de los partidos socialistas de los demás países han adoptado en mayor o menor grado el mismo carácter. En el transcurso de los últimos cincuenta años han conseguido organizar en sus filas millones de trabajadores, sentar pie en todos los cuerpos legislativos del Estado moderno de clases y penetrar en numerosos casos hasta la rama ejecutiva del gobierno. Una prensa fuertemente desarrollada y una propaganda impresa realizada en gran escala han ido abriendo constantemente a la socialdemocracia nuevos círculos en el mundo obrero y en la clase media. Esta obra es apoyada todavía por todo un ejército de agitadores a sueldo y empleados del partido que actúan en interés de sus respectivas organizaciones. Por la exclusión de los anarquistas y de otras tendencias que repudian la acción parlamentaria, la Socialdemocracia alemana consiguió aun eliminar sistemáticamente toda oposición real en los congresos socialistas internacionales. En esta forma dondequiera que le obedecían masas obreras considerables, este partido se ha desarrollado como un Estado dentro el Estado y por muchos años ha estado en condiciones de aplastar, con desconsideración sistemática e inescrupulosa, toda otra tendencia socialista. Sólo la catástrofe terrible de 1914 reveló el verdadero carácter de la socialdemocracia, destruyó su prestigio internacional y abrió brecha en un edificio que parecía ser para siempre invulnerable a todo ataque.

El anarquismo, es decir aquella tendencia en la ideología del socialismo que se enfrenta más irreconciliablemente con la socialdemocracia, parte de otras premisas en sus ideas sobre las condiciones sociales y la posición del individuo en la evolución histórica. Sus partidarios en manera alguna desconocen la poderosa influencia de las condiciones económicas en el proceso general de la evolución social, pero rechazan la fórmula unilateral y fatalista que Marx dio a esta comprobación. Ante todos son de opinión que en la investigación y apreciación de los fenómenos sociales puede sí procederse por métodos científicos, pero que de ningún modo es lícito considerar a la historia y a la sociología como ciencias. La ciencia sólo reconoce aquellos hechos ciertos que hayan sido irrefutablemente establecidos por la observación o la experimentación. En este sentido sólo pueden considerarse científicas las ciencias llamadas «exactas», como la física, la química, etcétera. La famosa ley de la gravitación de Isaac Newton, en que se apoyan todos nuestros cálculos astronómicos, es una ley natural, científica, porque se verifica en todos los casos y no admite jamás «la excepción a la regla».

El desarrollo de las formas sociales en la historia no se efectúa empero con la forzosa necesidad de las leyes de la física. Podemos en verdad hacer conjeturas sobre la conformación social de las condiciones de vida futuras, pero no existe la ciencia capaz de prever las condiciones sociales del futuro y establecerlas científicamente, como puede calcularse el período de revolución de un planeta. Y es complicada y muy desconocidos son aun sus detalles elementales para que podamos hablar de una que la historia de las formas sociales es demasiado ley natural férrea que pueda servir de base para apreciar siquiera con relativa certidumbre las fuerzas motrices del devenir histórico en los tiempos pasados o acaso aun para averiguar las formas sociales del futuro. Por esta razón el socialismo no es una ciencia, no puede serlo, y cuanto se diga de un «socialismo científico» es vana presunción y frívolo desconocimiento de los verdaderos principios de la ciencia.

Quien acepte la concepción anarquista no compartirá la creencia de que el desarrollo de las condiciones económicas deba conducir indefectiblemente al socialismo, que el sistema capitalista lleve ya en sí, por así decirlo, el germen del socialismo y que sólo sea preciso esperar su madurez para que rompa la envoltura. No verá en esta creencia otra cosa que la traducción del fatalismo religioso al campo de la economía, lo que resulta igualmente peligroso, pues ambas creencias paralizan el sentimiento impulsivo y el instinto de acción y engendran, en lugar de una visión viviente en constante lucha por ampliar sus perspectivas, la misma y yerta fe dogmática. El anarquismo en manera alguna ve en la división del trabajo y en la centralización industrial las condiciones previas que deban conducirnos al socialismo, sino por el contrario las condiciones elementales del sistema capitalista de explotación, agudamente opuestos por su propia esencia al socialismo. Bien puede conducirnos el desarrollo económico a nuevas fases de la existencia social, pero bien podrá también significar el ocaso de toda civilización. La horrible catástrofe de la guerra mundial habla en este sentido un lenguaje elocuente para todo aquél que tenga oídos y quiera oír. Si los pueblos de Europa no consiguen con su esfuerzo surgir del caos presente a formas nuevas y superiores de la civilización social ningún profeta será capaz de presagiar hacia qué abismo nos arrastra la fatalidad.

No, el socialismo no vendrá porque deba venir con la inalterabilidad de una ley natural; sólo vendrá si los hombres se arman de la firme voluntad y fuerzas necesarias para llevarlo a la práctica. Ni el tiempo, ni las condiciones económicas, sólo nuestra convicción interior, nuestra voluntad, podrá tender el puente que conduzca del mundo de la esclavitud asalariada a la tierra nueva del socialismo.

Tampoco comparte el anarquista la opinión de que la evolución de las formas sociales capitalistas constituyen el necesario antecedente psicológico que prepara la mentalidad del proletariado. Inglaterra, la patria del capitalismo y la gran industria, no ha provocado a pesar de ello un movimiento socialista de consideración, en tanto que otros países de economía casi exclusivamente agraria, como la Andalucía y la Italia meridional, cuentan desde hace muchos años con fuertes organizaciones socialistas. El campesino ruso, que trabaja todavía en condiciones primitivas, de producción, está más cerca de la ideología socialista porque está vinculado con sus vecinos mucho más íntimamente que nosotros. El comunismo agrario que el paisano ruso practicó por siglos implica una constante colaboración y solidaridad y ha desarrollado así un instinto social tal que difícilmente se hallará igual en el proletariado industrial de la Europa occidental y central. No obstante esto los teóricos de la Socialdemocracia rusa han anunciado en nombre de la ciencia que las instituciones comunales anticuadas de la población rural rusa están destinadas a desaparecer por no estar en concordancia con el desarrollo moderno y constituir en consecuencia un obstáculo para el socialismo.

Para los partidarios del anarquismo las formas del Estado y la legislación no son exclusivamente la superestructura política de la estructura económica de la sociedad; las ideas, los conceptos de justicia y otras formas de la conciencia humana no son meros productos del proceso productivo de cada momento, sino factores determinantes del espíritu humano que son, sí, influidos por las condiciones económicas pero que reaccionan a su vez sobre esas mismas condiciones económicas de la sociedad. En esta forma se origina una serie infinita de efectos recíprocos hasta ser a menudo imposible comprobar un factor básico. Pueden ser consideradas como materiales todas estas manifestaciones y puede suponerse con Proudhon que todo ideal es una flor cuyas raíces se encuentran en las condiciones materiales de vida. Pero en este caso las condiciones económicas serían sólo una parte de esas llamadas condiciones materiales generales; no constituirían la base férrea, determinante del absoluto proceso evolutivo de todas las demás manifestaciones vitales de la sociedad sino que estarían sometidas a la misma y nunca interrumpida interacción de todos los demás factores de la vida material. Así por ejemplo el Estado sería, sin la menor duda, en primer término un producto de monopolio privado de la tierra, institución nacida con la escisión de la sociedad en distintas clases con intereses también distintos. Pero habría también que admitir que una vez existente dedica todas sus fuerzas a la perpetuación de ese monopolio y a la manutención de las diferencias entre las clases con el objeto de conservar así la esclavitud económica. Se ha convertido de este modo el Estado, en el curso de su evolución, en el más formidable organismo de explotación de la humanidad. Tales efectos recíprocos pueden ser comprobados a voluntad en cualquier número y en todas las formas imaginables; son en verdad neomarxistas se ven obligados a hacer continuas y nuevas concesiones ante la crítica despiadada que va destruyendo su interpretación de la historia.

Si para la socialdemocracia la conquista del poder político es la tarea principal, previa a la realización del socialismo, para el anarquismo es de importancia decisiva la supresión de todo poder político. El Estado no ha sido formado por un acto de la voluntad social, sino que es una institución nacida en una determinada época de la historia humana como consecuencia del monopolio y de la división de la sociedad en clases. Es Estado no surgió para la defensa de los derechos de la colectividad, sino exclusivamente para la defensa de los intereses materiales de pequeñas minorías privilegiadas a expensas de la gran masa. El Estado no es otra cosa que el agente político de las clases poseedoras, la fuerza organizada que mantiene en pie el sistema de la explotación económica y el gobierno de clase. Han variado sus formas en el curso de la historia pero su índole esencial, su misión histórica, es siempre la misma. Para la gran masa del pueblo el Estado en todo tiempo y en cualquiera de sus formas sólo constituyó un instrumento brutal de opresión; por esto es imposible que sirva alguna vez a esas mismas masas como instrumento de liberación. La socialdemocracia, que en sus distintos matices estás todavía empapada de las ideas del jacobinismo, cree que es imposible prescindir del Estado porque sólo concibe la realización del socialismo de arriba abajo por medio de decretos y úcases. El anarquismo, que aspira a la destrucción del Estado, no ve más que un camino para la implantación del socialismo y ese camino va de abajo arriba por la actividad creadora del pueblo mismo y con ayuda de sus propias organizaciones económicas.

Surge aquí una cuestión en la que aparece claramente la diferencia fundamental entre ambas tendencias: la relativa a la posición del individuo en la sociedad. Para los teóricos del socialismo el individuo aislado es sólo un elemento insustancial en el engranaje general de la producción social, una «fuerza de trabajo», instrumento inanimado de la evolución económica, la cual determina irrevocablemente su vida mental y sus manifestaciones volitivas. Esta concepción es el resultado necesario de toda su doctrina. En cuanto tratan del individuo lo consideran siempre como un producto medio social al que aplican con todo rigor los conceptos generales. Los socialdemócratas se han amoldado a una determinada visión de la realidad viviente y son en cierta manera víctimas de una ilusión óptica en cuanto confunden el espejismo de su imaginación con la realidad misma. No ven en la evolución histórica sino las ruedas muertas, el mecanismo exterior, y olvidan así asaz fácilmente que detrás de las fuerzas y condiciones de producción hay seres vivos, hombres de carne y hueso, con deseos, inclinaciones e ideas propias y por eso las diferencias personales —que constituyen después de todo la verdadera riqueza de la vida— sólo les parecen aditamento superfluo y la vida misma algo completamente descolorido y esquemático.

El anarquismo sigue también aquí otras sendas. El punto de partida de sus especulaciones sociales es el individuo aislado; no el individuo como sombra abstracta desasida de su medio social, sino como ente social vinculado a los demás hombres por mil lazos materiales y espirituales. Para apreciar el bienestar social, la libertad y la civilización de un pueblo el anarquista no se basa en la producción cuantitativa o la «libertad» formal establecida en cualquier constitución ni en el grado cultural de un determinado período. Tarta de determinar por el contrario la participación individual que en el bienestar toca a cada ser, en qué medida éste se encuentra en condiciones de satisfacer dentro del marco de la colectividad sus inclinaciones, deseos y necesidades de libertad. Según estos datos formulará su juicio sobre el carácter general de la sociedad. Para el anarquista la libertad personal no es una representación indefinida y abstracta, sino que la concibe por el contrario como la posibilidad práctica de que cada cual deba desenvolver sus fuerzas, talentos y aptitudes naturales. Y como reconoce en la conciencia de la personalidad la expresión suprema del instinto de libertad rechaza fundamentalmente todo principio de autoridad, toda ideología de la fuerza bruta. La completa libertad basada en la igualdad económica y social es para él la premisa única de un futuro digno del hombre. Sólo en estas condiciones puede darse, según su opinión, la posibilidad de que se despliegue hasta su máxima aflorescencia en cada hombre el sentimiento de responsabilidad personal y de que se desarrolle en él la conciencia viva de la solidaridad en un grado tal que sus deseos y necesidades aparezcan, por así decirlo, como resultados de sus sentimientos sociales.

Para el carácter de los movimientos sociales su forma libertaria de organización es de importancia decisiva; pues es la que mejor responde a su naturaleza íntima; así es sólo natural que también en este sentido haya un abismo insalvable entre la socialdemocracia y el anarquismo. Los partidarios de la socialdemocracia, ya se titulen mayoritarios, independientes o «comunistas», son, por íntima convicción, jacobinos, representantes del principio de la centralización. La socialdemocracia es por su propia índole centralista, de igual manera que el federalismo responde mejor a la naturaleza íntima del anarquismo. El federalismo ha sido siempre la forma natural de organización de todas las corrientes realmente sociales y de las instituciones basadas en los interese colectivos, como han sido, por ejemplo, las federaciones libres de las tribus en los tiempos primitivos, las federaciones de las cooperativas de las ferias en los comienzos de la Edad Media, las guildas o corporaciones de artesanos y artistas en las ciudades libres y las uniones federativas de las comunas libres a las cuales debe la Europa una cultura tan maravillosa. Estas han sido normas de organización verdaderamente sociales, en la acepción amplia de la palabra; en ellas armonizaban la libre actividad individual y los intereses generales de la colectividad; eran agrupaciones humanas engendradas espontáneamente por las necesidades de la vida. Cada grupo era señor de sus propios asuntos y estaba federado al mismo tiempo a otras corporaciones para la defensa y la prosperidad de sus intereses comunes. El interés colectivo constituía el eje de sus aspiraciones y la organización de abajo arriba era la expresión más acabada de estas aspiraciones.

Sólo con la formación del Estado moderno comienza la era del centralismo. La Iglesia y el Estado fueron sus primeros y más conspícuos representantes. Los determinantes de la nueva forma de organización no fueron más los intereses de la colectividad, sino los intereses de las minorías privilegiadas que fundaban su poder en la explotación y en la esclavitud de la gran masa. El federalismo, la organización natural de abajo arriba, fue substituida por el centralismo, la organización artificial de arriba abajo. La libertad hubo de ceder ante el despotismo, el viejo derecho consuetudinario se transformó en la ley, la variedad en la uniformidad y el esquema, la educación y la formación de la personalidad en el amaestramiento intelectual, la responsabilidad personal en la obediencia ciega, el ciudadano libre en el súbdito. Es significativo para el carácter despótico de la socialdemocracia el hecho de que haya copiado su forma de organización en los modelos proporcionados por el Estado. La disciplina ha sido siempre y sigue siendo la divisa más característica de sus métodos educativos y con los mismos medios con que el Estado forma súbditos leales y buenos soldados, la socialdemocracia forma compañeros de disciplina probada. Ha unido a millones de partidarios bajo su bandera, pero ha ahogado también la iniciativa fecunda y la capacidad de acción autónoma en las masas. Ha engendrado en fin un árido gobierno de empleados, una nueva jerarquía, una especie de providencia política ante la cual la libre iniciativa y la independencia de pensamiento deben amainar las velas.

Sólo así se explica que la socialdemocracia haya podido extraviar completamente su acción en la atmósfera chata del parlamentarismo burgués, que la menuda y mezquina política del día pudiera llegar a constituir el ambiente espiritual de toda su propaganda. Ha organizado ella sus electores como el Estado sus ejércitos y ha erigido, como éste en principio supremo la impotencia espiritual. En el camino del poder político ha enterrado todo lo que originariamente había en ella de socialista, de tal suerte que no ha quedado otra cosa que un encubierto capitalismo de Estado que se introduce en el mercado político bajo un rótulo falso.

La burguesía no ha encontrado aun su «propio enterrador», pero no es por cierto debido a la socialdemocracia el hecho de que aquélla no haya podido llegar a ser hasta ahora la enterradora del socialismo.

El anarquismo es el enemigo indomeñable del Estado; rechaza en principio toda colaboración en los cuerpos legislativos, toda forma de acción parlamentaria. Sus partidarios saben que ni la más libre ley electoral será capaz de atenuar los abismales contrastes en la sociedad moderna y que el sistema parlamentario no tiene otro objeto que el de prestar apariencias de legalidad al sistema de la mentira y de las injusticias sociales e inducir al esclavo a sellar él mismo, con el sello de la ley, su propia esclavitud. El método táctico del anarquismo es la acción directa contra los defensores del monopolio y del Estado; trata de iluminar la conciencia de las masas por la palabra hablada y escrita. Participa en todas las luchas directas, económicas y políticas, de los oprimidos contra el sistema de la esclavitud asalariada y la tiranía del Estado y trata de comunicar a estas luchas, por su colaboración, un más profundo significado social, trata en fin de fomentar las propias iniciativas de las masas y de fortalecer el sentido de responsabilidad en ellas. Los anarquistas son los genuinos sostenedores de la revolución social, los que llevan adelante por todos los medios la guerra contra el poder y contra la explotación del hombre por el hombre, los que tienen como bandera de combate la liberación social, económica y política de la humanidad. Constituyen las huestes del socialismo libertario, los heraldos de la civilización social del porvenir.

Rudolf Rocker
Fuente: http://es.theanarchistlibrary.org/library/rudolf-rocker-socialdemocracia-y-anarquismo

 

Rudolf Rocker – Marx y anarquismo 1/2

 

Rudolf Rocker Marx y anarquismo 2/2

 

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