Mujeres libres

Mujeres Libres fue una organización feminista dentro del anarcosindicalismo español que existió entre abril de 1936 a febrero de 1939, durante la Guerra Civil Española. Junto a la Confederación Nacional del Trabajo, la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias y la Federación Anarquista Ibérica constituyó una de las organizaciones clásicas del movimiento libertario español.

A pesar de la igualdad de género que proponía la CNT desde sus orígenes, muchas de las mujeres que militaban en el movimiento pensaron que era necesario que hubiera una organización específica para desarrollar plenamente sus capacidades y su lucha política.1

Historia.

Cubierta del número 9 de la revista "Mujeres Libres" (1938).

Cubierta del número 9 de la revista “Mujeres Libres” (1938).

 En 1934 Amparo Poch y Gascón, Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Comaposada fundaron la revista Mujeres Libres, que era portavoz de la Federación Mujeres Libres, en pro de la liberación de la mujer obrera. La Federación creció rápidamente y en octubre de 1938 tenía más de 20 000 integrantes.2 Era una revista para mujeres y escrita por mujeres. Vetó la colaboración de hombres, a excepción del artista Baltasar Lobo, que era ilustrador y maquetista de la publicación.

En mayo de 1936 apareció el primer número de la revista. El editorial decía:

… encauzar la acción social de la mujer, dándole una visión nueva de las cosas, evitando que su sensibilidad y su cerebro se contaminen de los errores masculinos. Y entendemos por errores masculinos todos los conceptos actuales de relación y convivencia: errores masculinos, porque rechazamos enérgicamente toda responsabilidad en el devenir histórico, en el que la mujer no ha sido nunca actora, sino testigo obligado e inerme… no nos interesa rememorar el pasado, sino forjar el presente y afrontar el porvenir, con la certidumbre de que en la mujer tiene la Humanidad su reserva suprema, un valor inédito capaz de variar, por la ley de su propia naturaleza, todo el panorama del mundo. … que miles de mujeres reconocerán aquí su propia voz, y pronto tendremos junto a nosotras toda una juventud femenina que se agita desorientada en fábricas, campos y universidades, buscando afanosamente la manera de encauzar en fórmulas de acción sus inquietudes.2

La educación y la capacitación profesional eran premisas determinantes a la hora de conquistar los derechos de las obreras en el ámbito de una formación libertaria. Su objetivo era la emancipación de la mujer de la servidumbre, de la ignorancia y de la sumisión sexual.2

Las agrupaciones Mujeres Libres de Madrid y el Grupo Cultural Femenino de Barcelona se fusionaron en septiembre de 1936 en la Agrupación de Mujeres Libres. En Barcelona la Agrupación de Mujeres Libres estableció comedores colectivos, organizó cursillos de alfabetización, enfermería y puericultura y envió víveres al Madrid asediado.2

La Agrupación Mujeres Libres abrió una Escuela de Chóferes para mujeres para ser útiles en los Servicios de Sanidad de la retaguardia. También impartió cursillos para capacitar a mujeres como conductoras de tranvías.2

Logros.

Teniendo en cuenta la afirmación anarquista de que el significado de la lucha revolucionaria debe modelar la organización la sociedad revolucionaria deseada, desecharon la idea típica y mayoritaria del anarquismo español de que la igualdad femenina vendría inmediatamente seguida a la revolución social. En lugar de esto, las Mujeres Libres promovieron la educación y la igualdad a través de la lente del movimiento libertario. En los primeros meses de la organización las integrantes se centraron en formar conciencia y crear redes de activismo. Para esto produjeron programas de radio, hicieron recorridos por librerías y por diversos entornos rurales españoles para promover la causa, formalizando diferentes colectivos y logrando apoyos para las mujeres en el país. Detuvieron y reportaron también acciones chovinistas de sus pares masculinos. El número de membresías aumentaba a la vez que lo hacía su involucración política; cuando la guerra empezó las Mujeres Libres habían formado una red estable de activismo anarquista, preparada para participar en ella.

Igualdad.

Al contrario que otras organizaciones de izquierda españolas, las Mujeres Libres fue la única que insistió en permanecer autónoma de la CNT, AIT o FIJL y luchó por un estatus igual al de estas organizaciones anarquistas establecidas. Las Mujeres Libres también organizaron programas para ayudar a las mujeres a insertarse como fuerza de trabajo, proveyéndolas de las habilidades necesarias. Sus esfuerzos estuvieron sobre todo dirigidos a crear lazos con uniones locales, los que cooperaban porque tenían que llenar los puestos dejados por los hombres al irse al frente. Las Mujeres Libres también proveyeron de apoyo a su causa durante la guerra.

Revista.

Las Mujeres Libres crearon una revista dirigida por mujeres para mantener a sus integrantes informadas. El primer número de la revista, que sería mensual, fue publicada en mayo de 1936. La revista llegaría a alcanzar las 14 publicaciones, el último de todos publicado cuando el frente de la guerra civil alcanzó Barcelona, no quedando de éste número ningún ejemplar. La revista, dirigida a las mujeres de clase obrera, centraba su atención en el despertar de la conciencia femenina en pos de las ideas libertarias.

Servicio de cuidados.

El grupo formó un sistema que proveía cuidados de atención infantil para mujeres que estuvieran sirviendo como delegadas de la unión. Éste fue un fuerte condicionan para las futuras seguidoras de la causa.

Como complemento a esto, a las mujeres se les ofrecían programas educativos sobre desarrollo y cuidado infantil.

En los años 1970, durante la Transición Española se reactivó la organización en Madrid, Valencia, Barcelona y Andalucía estructurándose en federaciones de agrupaciones locales hasta lograr una coordinación a nivel estatal, potenciando en cada zona de actividad grupos de Mujeres autónomas y federadas en los centros de trabajo.3

Filmografía.

Referencias.

  1. Liaño Gil, Conchita. Mujeres Libres. Luchadoras libertarias. Fundación Anselmo Lorenzo. ISBN 84-86864-33-X en la página 151
  2. :a b c d e Rodrigo, Antonina (2002). Una mujer libre. Amparo Poch y Gascón, médica y anarquista. Flor del Viento Ediciones. p. 300. ISBN 84-89644-76-4.
  3. Pilar Escario; Inés Alberdi; ana Inés López Accotto. Lo personal es político. El movimiento feminista en la transición (Instituto de la Mujer. Ministerio de Asuntos Sociales edición). p. 371. ISBN 84-7799-132-4.

Biografía.

Véase también.

Enlaces externos.

 

El feminismo anarquista desde sus orígenes internacionalistas a Mujeres Libres

Laura Vicente

 

Fotos de Francisco Javier Lopez

Fotos de Francisco Javier Lopez

El 28 de septiembre de 1864 se fundó en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT). Unos meses antes en Sheffield reventaba el muro del embalse de Dale Dyke mientras se llenaba por primera vez y en la violenta inundación murieron 244 personas. Por esas fechas Prusia avanzaba hacia su unificación a través de grandes victorias en breves guerras: en febrero se rindió Dinamarca y en octubre Austria. En Estados Unidos de América se estaba en la recta final de la Guerra Civil, que acabó al año siguiente, y el republicano Abraham Lincoln logró ser reelegido presidente. Más al sur se vivía un hecho insólito cuando el archiduque Maximiliano de Austria recibió el título de Emperador

de México ofrecido por Napoleón III de Francia, un breve reinado que
acabó con el fusilamiento del Emperador tres años después. También en el año fundacional de la Internacional, la Convención de Ginebra aprobó la Mejora de la Condición de los Heridos y Enfermos en Campaña defendido por el suizo Jean-Henri Dunant promotor de la Cruz Roja. El Papa Pio IX, en una línea de conservadurismo extremo, condenó en el Syllabus Errorum el racionalismo, el liberalismo, la democracia, el sindicalismo, el escepticismo científico y otros movimientos e ideas modernizadoras.
En España, el reinado de Isabel II parecía inmune a los aires modernizadores que soplaban en los países vecinos y los sucesivos gobiernos defendían los intereses de la rica oligarquía que, a través del voto censitario y merced a una Constitución conservadora, cerraba el paso a cualquier opción política que no fuera la del Partido Moderado. Faltaban dos años para que los partidos Progresista y Demócrata firmaran el llamado Pacto de Ostende (agosto de 1866) al que se unió, a principios de 1868, la camaleónica Unión Liberal. Este pacto fue el origen de la Revolución “Gloriosa” que se produjo cuatro años después de la fundación de la AIT y que acabó con el reinado de Isabel II. Estos acontecimientos abrieron paso a un sistema liberal progresista, partidario de amplias libertades individuales y que legalizó el derecho de asociación, permitiendo la rápida formación del primer núcleo internacionalista en España de la mano de Giusseppe Fanelli, enviado de la AIT, que visitó España en octubre de 1868.
Fanelli, que formaba parte de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, no vino a España solo a difundir las ideas de la Internacional sino también la línea anarquista que compartía con Bakunin. En este complejo contexto, que empezó a provocar enfrentamientos en el seno de la AIT entre los seguidores de Karl Marx y los de Mijaíl Bakunin, se desarrollaron entre los anarquistas españoles dos líneas de pensamiento acerca de la naturaleza de las relaciones hombre-mujer. Una inspirada en los escritos de Pierre-Joseph Proudhon, que murió pocos meses después de la fundación de la AIT, en enero de 1865, que consideraba a las mujeres esencialmente como reproductoras que contribuían a la sociedad a través de su papel en el hogar, siendo el trabajo fuera de este ámbito indeseable y, en todo caso, siempre secundario al del varón. La otra línea de pensamiento se inspiraba en los escritos de Mijaíl Bakunin y las consideraba en un plano de igualdad con el hombre. Esta segunda opción fue la elección mayoritaria en el movimiento anarquista español.
Bakunin, partiendo de la relevancia que daba a la libertad, tanto en el orden social como personal, concluía que el ser humano tenía que actuar según los dictados de la propia voluntad, asentando la soberanía individual y, por tanto, el poder que cada persona debía preservar sobre su presente y su destino. El ser humano nunca era un medio, sino un fin en sí mismo, que tenía el derecho inalienable de buscar la verdad a través de la libertad. Para poder consolidar la libertad individual era necesaria la muerte de lo absoluto, de cualquier principio trascendente superior. Era imposible dejar fuera de esa soberanía individual a las mujeres, y Bakunin no lo hizo, apostando desde muy pronto por una posición emancipadora y desarrollando un pensamiento crítico con el matrimonio monógamo y la familia burguesa.
En la carta que escribió a su hermano Pablo (Bakunin, 1845) tejió sus principales ideas respecto a cómo concebía el papel
de la mujer y el amor de pareja que, poco tiempo después, amplió, también con brevedad, en el texto La mujer, el matrimonio y la familia (Bakunin). En estos textos hizo una defensa apasionada del amor activo para el que era necesario que la pareja fuera libre y con sentimiento de su propia dignidad, instinto de rebeldía e independencia. La igualdad requería la abolición de la legislación que, en toda la Europa decimonónica, consideraba a la mujer un ser inferior y dependiente. Este cuestionamiento de las leyes familiares y matrimoniales conducía a Bakunin a una clara defensa de las uniones libres basadas en el amor.
Ideas que tuvieron gran influencia sobre las primeras mujeres que en España, desde las propuestas bakuninistas, empezaron a reclamar la emancipación femenina. Guillermina Rojas y Orgis, maestra gaditana, clamó, en una fechatan temprana como 1871, contra la familia en un mitin de la Federación Madrileña de la AIT. La intervención de Rojas fue considerada escandalosa por la prensa que, según palabras de Anselmo Lorenzo, arremetió especialmente contra ella por tomar la palabra en público, algo fuera de lugar para una mujer, y censurar (Lorenzo, 1974, p. 185) “(…) la propiedad individual por injusta; la idea de patria, por antihumanitaria, y la actual constitución de la familia, por deficiente respecto de la mujer, afirmando que no es concebible racionalmente
la unión del hombre y la mujer más que por el amor, y por tanto se declaró opuesta al matrimonio”.
La defensa de la emancipación, la libertad y la igualdad de los sexos, el amor libre y el fin de una legislación discriminatoria, constituyeron la base de una genealogía femenina que va, desde la mencionada Guillermina Rojas, a las internacionalistas Manuela Díaz y Vicenta Durán, las librepensadoras Amalia Carvia y Belén Sárraga, las auténticas creadoras del feminismo anarquista, Teresa Claramunt y Teresa Mañé, y alcanza a la generación que en los años treinta, hizo posible Mujeres Libres: Mercedes Comaposada, Soledad Estorach, Lola Iturbe, Amparo Poch y Lucía Sánchez Saornil entre otras muchas.
Estas ideas de Bakunin estuvieron muy presentes entre los internacionalistas españoles de primera hora como Anselmo Lorenzo y marcaron la línea de pensamiento mayoritaria en el anarquismo español. La Federación Regional Española (FRE) asumió la crítica bakuninista a la familia burguesa y a la inferioridad y dependencia legal de la mujer. Tras el debate que se produjo en las Cortes sobre la I Internacional que acabó con su ilegalización, el Consejo Federal de la Región Española emitió dos comunicados, en octubre de 1871 y en enero de 1872, que entre otros muchos aspectos defendían el amor como base de la familia, no el interés, y se cuestionaba la desigualdad por razón de sexo en la educación defendiendo la “enseñanza integral para todos los individuos de ambos sexos” (Lorenzo, 1974, pp. 190 y 193). La nueva familia tenía que apoyarse en la igualdad de ambos miembros de la pareja y en la libertad; de esta forma se podía lograr el libre acuerdo entre hombre y mujer basado en el amor.
La presencia de mujeres en la Internacional nunca fue numerosa pero sabemos que, desde el primer Congreso celebrado en Barcelona (1870), hubo un pequeño núcleo de obreras interesadas, destacando el protagonismo de Guillermina Rojas que debió ser la impulsora de iniciativas que fructificaron en el Congreso de Zaragoza (1872) al aprobarse un dictamen titulado “De la mujer” (Lorenzo, 1974, p. 423)/1, que tomaba como fundamento la libertad de la persona para oponerse con claridad a recluir a la mujer en el hogar y a su dedicación exclusiva a las faenas domésticas y el cuidado de la familia. El trabajo asalariado era “poner a la mujer en condiciones de libertad” para evitar la dependencia respecto al hombre: “La mujer es un ser libre e inteligente, y, como tal, responsable de sus actos, lo mismo que el hombre (…) lo necesario
es ponerla en condiciones de libertad para que se desenvuelva según sus facultades”.
Los acuerdos del Congreso fueron claros al respecto señalando que la clave de la emancipación estaba en transformar “la propiedad individual en colectiva, y se verá cómo cambia todo por completo”, incluida la familia. Los objetivos del internacionalismo quedaron claros: integrar a la mujer en el movimiento obrero para contribuir a la obra común, la emancipación del proletariado, no eran necesarias las organizaciones femeninas específicas.
Fueron Claramunt y Mañé, las “dos Teresas”, quienes impulsaron el feminismo en los medios anarquistas como resultado de la confluencia de diversas influencias que procedían de la tradición del obrerismo francés de las utópicas y visionarias (Nash, 2004, p. 85)/2 vinculadas al saintsimonianismo y al fourerismo, del propio internacionalismo bakuninista, del movimiento librepensador y del neomaltusianismo/3. Claramunt conjugó sin reparos los feminismos librepensador y obrerista, el primero interclasista, con predominio de la clase media, y organizaciones específicamente femeninas que centraban sus reclamaciones en el acceso a la educación y al trabajo. El feminismo obrerista, de clase, con organizaciones basadas en la sociedad obrera, era partidario de unir emancipación femenina y de clase. Su definición anarquista no era exhaustiva pero fundamentaba su idiosincrasia. Ambos feminismos compartían espacios de sociabilidad en los círculos librepensadores formados por republicanos, espiritistas, masones y anarquistas.
Teresa Claramunt se integró en la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) en Sabadell y, tras una larga huelga textil, encabezó la iniciativa para crear la Sección Varia de Trabajadoras Anarco-Colectivistas de Sabadell (octubre 1884-julio 1885). Esta iniciativa, que se dirigía a las asalariadas, era, en sí misma, insólita e inhabitual dentro del movimiento obrero. La Sección Varia se constituyó como asociación en defensa de las obreras con el objetivo de lograr la emancipación de los dos sexos, ya que la lucha era común, aunque planteaban la necesidad de remarcar la lucha contra la explotación femenina/5. A la identidad de clase, punto central de los postulados sindicales, se superponía de manera inédita la identidad de sexo.
La Sección Varia fue para Claramunt la llegada al activismo en favor de la emancipación de la mujer, que se puede rastrear a través de múltiples artículos en la prensa/6, y de su folleto La mujer. Consideraciones Generales sobre su estado ante las prerrogativas del hombre, editado en 1905. Su opción de vehiculizar la lucha para la emancipación a través de organismos específicamente femeninos, ya fueran anarquistas o librepensadores/7, fue muy clara desde el inicio de su activismo.
Aunque las “dos Teresas” no se definieron como feministas, conocían este movimiento y cuestionaban el feminismo sufragista existente por considerarlo un movimiento burgués y por la defensa que hacía de la vía electoral, no porque aceptaran ninguna limitación del sexo femenino.
Igual que el resto del feminismo español del XIX, defendían un feminismo social que se basaba en la diferencia de género y en la proyección del rol social de esposa y madre hacia la esfera pública. Este planteamiento aceptaba distinciones entre los sexos, tanto biológicas como culturales, y de esta concepción se derivaba una naturaleza femenina diferente a la masculina que justificaba la división sexual del trabajo y unas funciones propias dentro de la familia y la sociedad. Era feminista porque reclamaba los derechos de las mujeres como
tales, definidas por su capacidad para engendrar y criar a los hijos/as. Insistía en la distinta cualidad, en virtud de esas funciones, de la contribución de las mujeres a la sociedad y por consiguiente reclamaba los derechos que le confería dicha aportación.
Por vías diferentes las dos constataron que la mujer estaba en una situación de inferioridad y que la responsabilidad de esta inferioridad era de los hombres.
Admitían la existencia de un sistema patriarcal cuando afirmaban que
sobre el principio de desigualdad de los sexos se había constituido la sociedad y había generado los antagonismos de sexo que habían envenenado el espíritu de los hombres, haciéndoles despóticos y tiranos con sus semejantes.
El movimiento obrero y el movimiento librepensador condicionaron la experiencia femenina y sus contestaciones colectivas. En este sentido los asuntos centrales debatidos respecto a la mujer en los medios anarquistas fueron tres y en ellos se centraron los escritos de las “dos Teresas”: educación, trabajo y relación de los sexos en el ámbito doméstico.
Claramunt, Mañé y el pequeño núcleo femenino que se articulaba a su
alrededor exigían trabajo y educación para recuperar la independencia del varón y, con ello, su dignidad y libertad. Fueron tan lejos como para darse cuenta que la discriminación no era solo legal y que estaba anclada en el ámbito doméstico, en las relaciones con la pareja y en el trato que recibían.
No sorprende el énfasis de Claramunt para poner en marcha una auténtica “revolución doméstica” Ella, a diferencia de Mañé, fue partidaria de constituir organizaciones autónomas de mujeres para conservar el protagonismo total de su emancipación.
Mañé, y después su hija Federica Montseny, confiaron en los organismos mixtos y en la labor concienciadora del publicismo y por ese motivo rechazaron la constitución de Mujeres Libres.
Las integrantes de Mujeres Libres pertenecen a una generación posterior a la de las “dos Teresas” pero las conocían, bien porque habían asistido a las tertulias que se organizaban en casa de la hermana de Claramunt, donde esta vivió hasta su muerte en 1931, bien porque las conocían por su activismo y sus escritos. Muchas otras, además de las “dos Teresas”, constituyeron un eslabón entre estas dos generaciones.
Mujeres Libres no fue un organismo sindical, su base organizativa eran las Agrupaciones fundamentadas en las preferencias, gustos e “inclinaciones de pensamientos” (Nash, 1975, p. 77) de sus componentes. Era una organización autónoma de mujeres que luchaban por su emancipación
con conciencia de clase y con una definición anarquista explícita.
Los primeros pasos para la formación de esta organización se dieron en ciudades industriales de Cataluña antes de acabar la Dictadura de Primo de Rivera por parte de aquellas que pretendían formarse para poder intervenir con mayor seguridad en las discusiones de los sindicatos de CNT a los que estaban afiliadas.
Partiendo de estas inquietudes, en 1934 se creó en Barcelona el Grupo
Cultural Femenino, con Soledad Estorach, Lola Iturbe, Pepita Carpena y Concha Liaño, entre otras, que procedían de la CNT y cuyo objetivo era fomentar la solidaridad entre ellas, adoptando un papel más activo en los sindicatos y el Movimiento Libertario. Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Comaposada emprendieron una tarea similar, pero no idéntica, ya que tenían objetivos más centrados en la formación y disfrute de la cultura que en la actividad sindical y así nace Mujeres Libres en Madrid.
No fue hasta principios de 1936 cuando cada grupo supo de la existencia
del otro y con la alegría compartida del encuentro empezaron a reunirse conjuntamente, adoptando el grupo catalán el nombre de Agrupación Mujeres Libres. Enseguida se planteó la posibilidad de fundar una revista del mismo nombre y Lucía Sánchez, Mercedes Comaposada y Amparo Poch Gascón serán las grandes animadoras de la idea. El primer número de Mujeres Libres fue publicado el 20 de mayo de 1936 y el objetivo de la revista era “despertar la conciencia femenina hacia las ideas libertarias”.
Respecto a las ideas, Mujeres Libres estaba ligada al resto del Movimiento Libertario, aceptaba el sindicalismo revolucionario y las ideas anarquistas, mientras el librepensamiento había perdido importancia desde la segunda década del siglo XIX. Las ideas feministas enlazaban también con las pautas marcadas por las pioneras: rechazaron considerarse feministas al igual que las “dos Teresas”, manteniéndose dentro del feminismo social iniciado por estas.
La dependencia económica respecto a los hombres y las carencias educativas eran señaladas como las causas de la infravaloración de las mujeres y su falta de autoestima; de ahí que el acceso al trabajo (manual o intelectual) y la educación para capacitar a las mujeres continuaran siendo elementos claves para Mujeres Libres. Por último, insistieron mucho en la necesidad de que la igualdad entre hombres y mujeres se diera en el ámbito de las relaciones personales e íntimas.
Durante la Guerra Civil, llegaron a promover una fórmula de doble lucha: una lucha antifascista, revolucionaria y anarquista, y una paralela lucha de emancipación femenina. Esta propuesta de autonomía dentro del Movimiento Libertario no fue bien recibida y las relaciones con la CNT, la FAI y las Juventudes Libertarias se desarrollaron en un ambiente de considerable tensión.
Mujeres Libres intentó, con dificultades derivadas de la mencionada tensión, que los organismos libertarios percibieran la necesidad de integrar a la mujer en todos los aspectos de la vida política y económica.
La defensa de su autonomía organizativa dentro del movimiento anarquista, al no acatar las directrices de supeditación de la causa femenina al programa revolucionario de transformación anarquista, les permitió definir sus propios objetivos en los programas de organización y capacitación, concentrándose en ellos a pesar de las exigencias de la situación bélica. No quiere decir que las realidades de la guerra no afectasen a su programa, pero la autonomía les protegió del control que las organizaciones del Movimiento Libertario intentaron
imponer.
Mujeres Libres pagó un alto precio por su autonomía, nunca tuvo los fondos o el apoyo organizativo que sus líderes habían deseado. Les fue negado el acceso a las discusiones y a los debates sobre tácticas políticas en curso, limitación que intentó superar solicitando la incorporación autónoma al movimiento en octubre de 1938; pero el Movimiento Libertario negó dicha incorporación y no llegó a incorporar plenamente a las mujeres ni los temas de su interés en sus programas.

 

Laura Vicente es doctora en Historia por la Universidad de Zaragoza, catedrática de Historia de enseñanza secundaria y autora, entre otras obras, de Historia del anarquismo en España, Catarata, 2013.

 

Bibliografía citada
Ackelsberg, M. (1999) Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres. Barcelona: Virus.

 

Bakunin, M. (1845) Carta a Pablo París. Disponible en: http://www.taringa.net/posts/ info/2051886/Carta-a-Pablo-Bakunin.html

Bakunin, M. La mujer, el matrimonio y la familia. Disponible en: https://www.marxists.org/ espanol/bakunin/derechosmujer.htm
Diez, X. (2007)

El anarquismo individualista en España (1923-1938). Barcelona: Virus.

Lorenzo, A. (1974) El proletariado militante (Memorias de un internacional). Madrid: ZEROZYX.

Masjuan, E. (2009) Un héroe trágico del anarquismo español. Mateo Morral, 1879-1906. Barcelona:
Icaria.

 Nash, M. (1975) Mujeres Libres: España 1936-1939. Barcelona: Tusquets.

 Nash, M. (2004) Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos. Madrid: Alianza.

 Vicente, L. (2005) “Teresa Claramunt. Des de l’altre banda de la “Perfecta casada”. La dona

 

sotmesa al tirano de blusa y alpargata. Revista Cercles, Universitat de Barcelona, 8/01/2005,
pp. 231-256,

 

— (2006) Teresa Claramunt. Pionera del feminismo obrerista anarquista. Madrid: Fundación
Anselmo Lorenzo.

 

— (2014) “Mijaíl Bakunin (1914-1876). Mujer, Libertad y Amor”. Diagonal, n. º 223,
22/05/2014-04/06/2014.

Mujeres, revolucionarias y anarquistas

En octubre de 1936 nacía la Agrupación de Mujeres Libres. Anarquista, libertaria y emancipadora, fue el germen de un movimiento que llegó a tener 20.000 afiliadas.

Kamala Orozco / Madrid

Quedan pocas de aquellas mujeres con vida. Concha Liaño es una. Tiene 94 años y conserva una enorme energía. Vive en Venezuela desde que se exilió durante la Guerra Civil. Formó parte de las mujeres que iniciaron Mujeres Libres y recuerda la situación de la mujer en aquellos días: “Ahora no se pueden imaginar cómo era la vida de la mujer entonces. El esposo mandaba y gobernaba. Aceptaban ese sometimiento. Nosotras entendimos que si se liberaban económicamente, ya no tendrían que soportar eso”.

La idea de la revista de la que DIAGONAL publicó un extenso reportaje en su número 161– surgió en el otoño de 1935 de la mano de la militante anarquista Lucía Sánchez Saornil, a la que luego se unieron Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón. Lucía y Mercedes “habían enseñado en cursos de instrucción elemental para obreros y obreras, promovidos por la CNT de Madrid en los años ‘30. Vieron la necesidad de realizarlos específicamente para las mujeres, dada la misoginia y los prejuicios existentes”, indica Eulàlia Vega, autora del libro Pioneras y revolucionarias.

Mientras la revista se gestaba y salía a la calle en Madrid, en Barcelona se había formado la Agrupación Cultural Femenina, en su mayoría militantes de la CNT y de otros organismos libertarios como los ateneos y las Juventudes Libertarias. Conocían la revista que se hacía en Madrid. Mercedes Comaposada se presentó en Barcelona buscándolas. Llevaba con ella los estatutos de una Federación Nacional. Les informó de que en Madrid y en Guadalajara ya se había constituido una agrupación con los mismos objetivos. Habían llamado a esta organización Federación Nacional de Mujeres Libres y propuso que Cataluña formara parte de la misma. Las catalanas aceptaron entusiasmadas.

Una organización de masas

Llegaron a contar con 20.000 afiliadas y 170 secciones locales en todo el país sin cobrar ninguna cuota. La Comisión de Solidaridad se encargaba de gestionar donativos o subvenciones con sindicatos, ateneos y otras entidades.

Pura Pérez, militante de la organización, explicaba en 1999 que “se gestaba una revolución femenina, de la misma forma que entre todos se hacía una Revolución Social. Obreras, campesinas, enfermeras, licenciadas…Todas eran guiadas por el deseo de emancipación, su empeño era lograr una sociedad equitativa y un futuro mejor”.

Martha Ackelsberg, autora de Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres señala que había dos tendencias en sus actividades: capacitación (clases de alfabetización, aprendizaje en el trabajo, información sobre sus propios cuerpos, sensibilización y apoyo mutuo); y captación, con programas para animar a las mujeres a unirse al movimiento libertario. “Sin la completa participación de las mujeres, estaban convencidas, la revolución no podría triunfar realmente”,explica Ackelsberg.

Lo que las diferenciaba de otras agrupaciones de mujeres, como las comunistas o antifascistas, era que “su principal objetivo, incluso en mitad de la guerra, era la capacitación de las mujeres, no sólo su movilización en las actividades deapoyo al esfuerzo de guerra”, apunta Ackelsberg. “Insistían en que la participación de las mujeres en el mercado laboral, por ejemplo, no debería ser un cambio temporal, debido a las necesidades de guerra, sino un cambio más permanente en la forma en que las mujeres eran vistas en sus roles en la sociedad”.

Además, según Eulàlia Vega, “sus objetivos se diferenciaran de los otros grupos femeninos de la época, que no tenían en cuenta las diferencias de género, como la comunista Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA)”.

En 1937 en Valencia se establecen los Estatutos de la Federación Nacional de Mujeres Libres con el objetivo de capacitar a la mujer y emanciparla de la triple esclavitud a la que está sometida: “Esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud productora”.

Con el inicio de la guerra, desde la Agrupación Mujeres Libres, Concha Liaño señala que su objetivo, además de “la lucha por la liberación femenina”, también era “aportar una ayuda ordenada y eficiente a la defensa de nuestra República”. “Los hombres al frente,las mujeres al trabajo”, fue una de sus consignas. Invitaban a las mujeres a inscribirse para su adiestramiento en los campos de tiro y realizaron propaganda a favor de los Liberatorios de Prostitución o contra el analfabetismo. La respuesta de las mujeresespañolas fue “vibrante”, una “explosiva toma de conciencia” pero, en la mayoría de los casos, terminó con el exilio.

Sin embargo, Concha Liaño recuerda que “era emocionante, conmovedor, comprobar cómo las mujeres se esforzaban en aprovechar una ocasión que les permitía salir de su resignada impotencia y (…) de tantos siglos de injusto sometimiento (…) Para la mujer española ése fue su momento estelar”.

“Humanismo integral”

“Nunca se definieron como “feministas”. Para ellas, ‘feminismo’ era un movimiento burgués, centrado en ganar el derecho al voto y entrar en el mercado laboral en los mismos términos que el varón. Pero tenían claro que, para la clase obrera, el trabajo no era necesariamente ‘liberador’. Lo que querían no era acceso igualitario a un sistema de privilegios, sino un nuevo sistema sin privilegios”, explica la escritora Martha Ackelsberg.

La mejor definición la hacen ellas mismas en el número 1 de la revista Mujeres Libres: “Esto es ya más que feminismo. Feminismo y masculinismo son dos términos de una sola proporción; (…) la expresión exacta: humanismo integral”. Y añaden: “El feminismo lo mató la guerra dando a la mujer más de lo que pedía al arrojarla brutalmente a una forzada sustitución masculina. Feminismo que buscaba su expresión fuera de lo femenino, tratando de asimilarse virtudes y valores extraños no nos interesa; es otro feminismo, más sustantivo, de dentro a afuera,expresión de un modo, de una naturaleza, de un complejo diverso frente al complejo y la expresión y la naturaleza masculinos”.

LA HERENCIA DE
‘MUJERES LIBRES’

Eulàlia Vega, autora de Pioneras
y revolucionarias
, destaca

que «es innegable la modernidad»
de los planteamientos de
la Agrupación de Mujeres
Libres. «El hecho de unir la
lucha contra la explotación
capitalista con la opresión
patriarcal marca su importancia
y su originalidad, siendo
sus militantes, en cierto sentido,
las pioneras de las organizaciones
feministas creadas
posteriormente con el final del
franquismo». Para la escritora
Martha Ackelsberg, su mayor
legado fue que «ofrecieron una
visión de cambio social, y una
sociedad revolucionaria, en la
que las mujeres fueran totalmente
participantes».

La publicación pionera para las mujeres libres

‘Mujeres Libres’, ideada por Lucía Sánchez Saornil, publicó 14 números entre 1936 y 1938 y fue el germen de una federación de 20.000 afiliadas

Foto: Lucía Sánchez Saornil.

Foto: Lucía Sánchez Saornil.

El 20 de mayo de 1936, nacía la revista Mujeres Libres. Anarquista, libertaria y emancipadora, se dirigía a las mujeres obreras y tenía como meta “despertar la conciencia femenina hacia ideas libertarias” y sacar a la mujer “de su triple esclavitud: de ignorancia, de mujer y de productora”. El primer número se agotó casi inmediatamente, el segundo apareció el 15 de junio y el tercero justo antes de comenzar la Guerra Civil. En total se publicaron 14 números mensuales hasta 1938. Pero fue el germen de algo más: la Agrupación de Mujeres Libres, que nació en Madrid, Barcelona,Guadalajara y San Sebastián y apareció en más lugares hasta llegar a tener 20.000 afiliadas. Aunque sus fundadoras eran anarquistas, pertenecientes a la CNT y/o a las Juventudes Libertarias, muchas de las que se acercaron a ellas no lo eran. Su mérito fue llegar a todas y formarlas para lograr su emancipación económica, social e intelectual.

Como recordaba Sara Berenguer, miembro de Mujeres Libres y recientemente fallecida, en el libro colectivo Mujeres Libres. Luchadoras libertarias (Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 1999), la idea de la revista surgió en otoño de 1935 en las columnas del periódico Solidaridad Obrera, donde Lucía Sánchez Saornil, ex secretaria de redacción de CNT de Madrid, invitada por Mariano R. Vázquez,Marianet, secretario general de la CNT catalana, a ocupar una tribuna femenina, responde: “No recojo tu sugerencia porque mis ambiciones van más lejos; tengo el proyecto de crear un órgano independiente para servir exclusivamente a los fines que me he propuesto”.

Sánchez Saornil encontró en Mercedes Comaposada, ensayista y periodista como ella, y la doctora Amparo Poch y Gascón, a las colaboradoras entusiastas y competentes con las que, después de muchas vicisitudes, pudo realizar el proyecto en mayo de 1936. Según la militante de CNT y ex secretaria del Sindicato Antonia Fontanillas, que las conoció, “Mercedes y Lucía confirieron a la revista una personalidad anarquista revolucionaria altamente crítica”.

Para Martha Ackelsberg, autora de Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres (Virus, Barcelona, 1991), “tenían diferentes prioridades. Para Mercedes, uno de los más importantes objetivos era la formación. Defendía artículos que educaran a las mujeres sobre una variedad de temas y posibilidades para sus vidas. Lucía era, entre otras cosas, una poetisa con talento. Algunos de sus poemas se publicaron en la revista”.

Además, relata Ackelsberg, Sánchez Saornil “escribió un irónico artículo sobre ‘una fábrica de bodas en serie’. Amparo Pochera, médico muy radical verbalmente en temas de sexo y género, probablemente fue la autora de muchos artículos que aparecieron sobre la salud de mujeres y niños”

El cuerpo de redacción estaba formado por ellas tres, que solían firmar con seudónimo, lo que hace difícil atribuir los textos. Al mismo tiempo buscaban colaboraciones exclusivamente de mujeres, como la influyente anarquista Emma Goldman.

Las numerosas cartas de Lucía muestran cómo convenció a Lola Iturbe, que colaboraba también en Solidaridad Obrera, para que escribiera en la revista. Trataba de enseñar a las mujeres que querían colaborar qué datos y qué imágenes les tenían que enviar de sus pueblos para publicar artículos sobre huelgas y colectivizaciones en el campo. Fueun trabajo arduo que retrasó varias veces la salida de la revista, que se distribuía por correo y a través de quiosqueros anarquistas o afines. El primer editorial expresaba la intención de “hacer oír una voz sincera, firme y desinteresada; la de la mujer; pero una voz propia, la suya (…); la no sugerida ni aprendida en los coros teorizantes”. Así, “tratará de evitar que la mujer sometida ayer a la tiranía de la religión caiga (…) bajootra tiranía, no menos refinada y aún más brutal, que ya la cerca y la codicia para instrumento de sus ambiciones: la política”, ya que “no entiende de problemas humanos, sino de intereses de secta o de clase. Los intereses de los pueblos no son nunca los intereses de la política. Ésta es la incubadora permanente de la guerra”.

Lucía Sánchez explicaba que “la revista despertó un vivo interés. Nuestras ideas fueron acogidas como la única esperanza de salvación por millares de mujeres”. La primeraacogida superó los cálculos y para el segundo número tuvieron que doblar la tirada. Ackelsberg señala que “muchas mujeres encontraron interesante y desafiante esta apertura de nuevas direcciones y oportunidades”. Esos caminos se iban a concretar en la Agrupación Mujeres Libres. La guerra empieza justo después del tercer número. Ya no es aquella revista de 14 páginas, sencilla, de dos meses atrás. Ahora,metidas de lleno en los cambios revolucionarios que la guerra y el fascismo desataron, “hacemos de Mujeres Libres el periódico estremecido, caliente y vibrante que pueda reflejar con toda intensidad la imponente grandeza del momento”.

Aumenta su tamaño y enriquece su lenguaje, que refleja preocupación y aporta soluciones, pero también críticas a la realidad que se vive. En 1938 la revista dejó de aparecer. Muchas de las militantes salieron de España, algunas se mantuvieron en contacto y publicaron varios números de Mujeres Libres en el Exilio. Pero la organización como tal finalizó con el triunfo de las tropas de Franco en 1939.

Aunque tuvo una corta duración, la revista Mujeres Libres no sólo contribuyó a aglutinar a un movimiento de mujeres que lucharon por la emancipación y que dejaron honda huella en quienes las conocieron y formaron parte, sino que también supuso un estallido de originalidad y creatividad que, con esfuerzo y mucha ilusión, produjo una de las revistas más interesantes del periodismo español.


DOS MISTERIOS

No se sabe a ciencia cierta qué sucedió con Lucía Sánchez Saornil. Como Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gastón, Lucía también se exilió de España en un primer momento, pero luego regresó. Se escondió en Valencia hasta su muerte en 1970. Pasó 12 años oculta en la clandestinidad hasta que regularizó su situación. Se dedicó a pintar cuadros de pintores conocidos por encargo de un marchante.

Jamás volvió a dedicarse a actividades periodísticas. Por su parte, Mercedes Comaposada intentó hacer un libro tras la muerte de Franco sobre Mujeres Libres.Pidió la colaboración de las veteranas para que le enviaran por carta todo lo que recordaran. Llegó a redactar un manuscrito que, junto con la documentación,desapareció tras su muerte.

Mujeres Libres de España 1936-1939:

Cuando florecieron las rosas de fuego

Nelson Méndez P.

<mendezn@camelot.rect.ucv.ve>

Departamento de Enseñanzas Generales,

Ciclo Básico, Facultad de Ingeniería,

Universidad Central de Venezuela Caracas

A Concha Liaño, que construyó la utopía y la lleva en la mirada

Resumen:

En la década de 1930, en una dramática coyuntura dominada por la Guerra Civil, existió en España la Agrupación de Mujeres Libres, iniciativa de organización femenina radical de masas como no ha habido otra en el ámbito iberoamericano, tanto por su desarrollo cuantitativo como porque ha sido la expresión más acabada de los vínculos históricos entre feminismo y anarquismo. Se expone aquí el proceso social, político y cultural que rodeó a dicha organización, apuntando las circunstancias de su aparición y desarrollo, su ideario específico para la emancipación de la mujer por la mujer, y lo más resaltante de su acción concreta. Se rescata la importancia de esa experiencia, por lo general desconocida o toscamente malinterpretada, como hito pionero e inspirador para el feminismo radical contemporáneo.

 Se ha dicho que la historia la escriben los vencedores, pero más importante aún es que por mucho tiempo ha sido escrita fundamentalmente por varones que se precian de realistas, así que ocuparse de unas fantasiosas mujeres derrotadas pasa por tema de poca entidad como para que investigadores serios se dignen examinarlo. Por ello, en lo dedicado a la Guerra Civil de España (1936-1939), probablemente el evento histórico del Siglo XX sobre el cual se ha producido más abundante documentación en lengua castellana dentro y fuera del mundo académico, las consideraciones acerca de la Agrupación de Mujeres Libres (en adelante indicada como MM. LL.) y sus huellas en el proceso social ibérico de aquel período por lo general son inexistentes del todo, cuando más reducidas a escuetas menciones de cliché tipo “pequeño grupo de feministas románticas” o “sección de mujeres de las organizaciones anarquistas ya existentes” – y al limbo de las notas al pie de página.

De hecho, en la indagación de fuentes para preparar este texto, que gracias a Internet puede ser hoy día bastante prolija y permite verificar lo existente en fondos documentales como los de la Biblioteca del Congreso en Estados Unidos y las Bibliotecas Nacionales de España, Francia y otros países, no encontramos referencia a ningún producto académico originalmente escrito en castellano, como artículo en revista arbitrada, tesis de pregrado o de postgrado dedicado específicamente al tema, aunque si localizamos un libro que a pesar de titularse “El Feminismo Ibérico” y ser escrito por una docente universitaria catalana (1), no menciona en sus 150 páginas a MM. LL., a ninguna de las tantas y visibles militantes libertarias españolas por los derechos de la mujer, y ni siquiera al anarquismo. Apenas se pudo consultar la versión resumida de un trabajo académico en italiano [Giambelli, 1998] y una tesis de doctorado originalmente en inglés [Ackelsberg, 1998]. Ello a pesar de que se han publicado recopilaciones muy completas de fuentes primarias y testimonios detallados de muchas protagonistas, a saber: el # 4 del boletín EL NOI [1996], Iturbe [1974], Liaño [1999a], Liaño y otras [1999b] y Nash [1975]; aparte de ser nada menos que el primer movimiento feminista radical de auténtica base popular en el ámbito iberoamericano, precursor en la lucha por reivindicaciones que después de tantos años conservan plena vigencia, con el extraordinario mérito de iniciar con coraje la construcción de utopías en un entorno de enorme atraso social y cultural del cual la mujer era víctima por excelencia.

* Las raíces de MM. LL.

Un profundo vínculo entre feminismo y anarquismo se establece desde los orígenes de ambas corrientes, luego de la Revolución Francesa y en los comienzos del capitalismo industrial en Europa Occidental, de manera que en precursoras como la inglesa Mary Wollstonecraft (1759-1797) (2) o la francesa de ascendencia peruana Flora Tristán (1803-1844) se evidencia afinidad con las mismas tendencias sociopolíticas e intelectuales que en el segundo tercio del Siglo XIX, con Pierre J. Proudhon y Mijail Bakunin como sus figuras más destacadas, darían pie al ideal socialista libertario moderno.

Cuando hacia el último cuarto del Siglo XIX y primeras décadas del Siglo XX, el anarquismo se estructura como una opción teórico-práctica bien diferenciada del marxismo y otras corrientes radicales, mujeres como la francesa Louise Michel (1830-1905), la inglesa Charlotte Wilson (1854-1944), las norteamericanas Lucy Parsons (1853-1942) y Voltairine De Cleyre (1866-1912), la judía rusa Emma Goldman (1869-1940), las italianas Leda Rafanelli (1880-1971) y Virgilia D’Andrea (1890-1933), la hispano-argentina Juana Rouco (1889-1969), la puertorriqueña Luisa Capetillo (1879-1922) y la brasilera María Lacerda de Moura (1887-1945), entre muchas otras, representan toda una riqueza de pensamiento y acción que se tradujo en la constitución de un feminismo libertario específico. Por supuesto en España, donde el ideal ácrata arraigó como en ningún otro lugar, éste tendrá muy pronto expositoras destacadas que comenzaron a divulgar el ideario anarcofeminista y a enriquecerlo con sus aportes [véase García-Maroto, 1996], como Belén Sárraga (1873-1951), Teresa Claramunt (1862-1931) y Teresa Mañé o “Soledad Gustavo” (1865-1939), esta última madre de Federica Montseny (1905-1994), que sería la mujer de trayectoria más resaltante en el anarquismo español de la decisiva década de 1930 (3).

Desde su fundación, ocurrida en 1910, la Confederación Nacional del Trabajo – CNT, central sindical orientada por el anarquismo y fuerza fundamental en el movimiento obrero español en las primeras décadas del Siglo XX – había tenido afiliación femenina y reconocido el derecho de las mujeres a su libertad económica y a salario igual que el hombre, pero poco o nada se planteó por mucho tiempo como iniciativas de lucha específica en relación a ellas, pues apenas es a fines de los años de 1920 y comienzos de los 30 cuando la presencia femenina empieza a hacerse más notoria en el espacio laboral de las empresas capitalistas hispánicas; además que con la concesión a las mujeres del derecho al voto (octubre de 1931) a poco de establecerse la II República, se generó una dinámica política y cultural que abría nuevas posibilidades para la participación de las mujeres en la lucha social..

En esa circunstancia es que en 1934 se funda en Barcelona el Grupo Cultural Femenino, núcleo pionero de articulación femenina dentro de la CNT, al tiempo que otras instancias del movimiento ácrata peninsular como los ateneos libertarios y las revistas GENERACIÓN CONSCIENTE (luego rebautizada como ESTUDIOS) y REVISTA BLANCA, procuran atraer a sus filas a mujeres provenientes del reducido sector de las españolas con alguna formación académica (4). El objetivo inicial, en ambas vertientes, era alentar a más mujeres a acercarse al ideal libertario, pero la acelerada dinámica que se puso en marcha con el estallido de la guerra civil (19 de julio de 1936), impulsó a una rápida unificación de esfuerzos y a evolucionar a un planteamiento feminista muy activo, que tuvo la virtud de calar en muchas mujeres de los sectores populares y todavía hoy nos resulta inspirador.

El grupo que política e intelectualmente propugnaba las perspectivas feministas más consecuentes estaba en Madrid, con la escritora Lucía Sánchez Saornil (1895-1970), la abogada y educadora Mercedes Comaposada Guillén (1901-1994) y la médica Amparo Poch y Gascón (1902-1968). Desde esa ciudad, el 2 de mayo de 1936, sale a la calle el primer número de la revista MUJERES LIBRES, con 13 ediciones publicadas hasta 1938, donde se recogería lo esencial de las ideas que impulsaban a este colectivo y de las acciones que emprendió en medio de las complejas circunstancias de la Guerra Civil, además del esfuerzo para entonces inédito en el ámbito de habla castellana de hacer una publicación donde todos los textos y buena parte del componente gráfico eran creación femenina (5).

El nombre de esa revista lo tomará poco más adelante la organización específica que constituirían las mujeres anarquistas desde septiembre de ese año en las zonas liberadas del fascismo, aún cuando el congreso que formalizó su fundación (que fue el único que pudieron realizar) ocurrió en agosto de 1937 en Valencia. Para la creación de esta agrupación como un colectivo con significación social real, las más dedicadas activistas fueron mujeres provenientes del ambiente anarcosindicalista de Cataluña, como Soledad Estorach (1915-1993), Pepita Carpena (1919- ), Sara Berenguer (1919- ), Pepita Estruch (1920- ), María Jiménez, Concha Pérez (1915- ) y Concha Liaño (1919- ), pero no hay que olvidar a otras destacadas animadoras de ese proceso como Lola Iturbe (1902-1990), Carmen Conde (1907-1996), Pilar Grangel (1893-1987), Isabel Mesa (1913-2002), Áurea Cuadrado (1900-1969), Pura Pérez (1919-1995), Suceso Portales (1904-1999), Concha Guillén (1919- ) y Antonia Fontanillas (1917- ). El esfuerzo de todas las mencionadas y muchas otras se tradujo en una organización que llegó a contar con 147 agrupaciones locales – con un mínimo de 10 afiliadas cada una – y, según la cautelosa estimación de Nash [1975: 16] que rebajó 25% de la cifra que MM. LL. dio a conocer entonces, congregaba unas 21000 mujeres en 1937, con evidente presencia política y cultural en regiones como Cataluña, Aragón y Valencia. Incluso hay referencias a que se constituyeron agrupaciones de MM. LL. en el exterior, concretamente en Argentina, Bélgica, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Holanda y Polonia.

* Lo específico en las ideas de MM. LL.

El feminismo hispano anterior al nacimiento de MM. LL. era un movimiento que expresaba visiones y objetivos de sectores de clase media, con énfasis en el logro paulatino de los derechos políticos y en ir disminuyendo lo más absurdo de una tradición espiritual y jurídica misógina, ocupándose relativamente poco de la discriminación social, educativa y cultural que padecían las españolas obreras y campesinas. La aparición de este colectivo libertario marca una ruptura con esas limitadas experiencias previas, así como con el esfuerzo paralelo en el tiempo de comunistas, socialistas y falangistas de crear las secciones femeninas de los respectivos partidos, concebidas como meras correas de transmisión para llevar consignas y ordenes a un sector de la población para el que no se definían políticas específicas y que en lo esencial debía someterse a la dirección partidista, integrada siempre por varones, si acaso con alguna mujer que aceptara esa dominación de género. Al respecto, hasta el mismo nombre de Mujeres Libres enuncia una perspectiva teórico-práctica fundamentalmente distinta a lo que expresaba, por ejemplo, la Asociación de Mujeres Antifascistas controlada por el Partido Comunista, en cuya denominación ya se apunta que los objetivos específicamente femeninos son secundarios en la estrategia partidista de constituir – y controlar – un frente popular antifascista.

A pesar de la afluencia de activistas provenientes de las otras instancias del movimiento libertario (CNT, Federación Anarquista Ibérica – FAI – , Juventudes Libertarias, los ateneos libertarios), desde el principio MM. LL. funcionó de modo autónomo, sin subordinarse a ninguna de las estructuras previamente existentes, pues se consideraba que la organización separada permitiría una acción más eficaz en los temas que particularmente concernían a la mujer, ya que sólo con la acción femenina autogestionada se podría adquirir la confianza y capacidad para participar como iguales a los hombres en la tarea de construir un mundo mejor. Esto se explicaba así en la revista MUJERES LIBRES: “No luchamos contra los hombres, No pretendemos sustituir el dominio masculino por el femenino. Es necesario trabajar y luchar juntos pues sino nunca tendremos la revolución social. Pero necesitamos nuestra propia organización para luchar por nosotras mismas” [citado en Liaño y otras, 1999b: 18]. Esa misma autonomía se manifestó en las relaciones con otras organizaciones de mujeres del campo republicano, a las que repetidamente se tuvo que aclarar que MM. LL. no estaba dispuesta a limitar su acción en pro de transformar radicalmente la condición femenina, en aras de compromisos políticos coyunturales como el de la “unidad antifascista”.

MM. LL. compartía sin duda la estrategia anarcosindicalista de lucha de clases y la visión comunista libertaria de la CNT y la FAI (6), pero entendía que en ese marco cabía desarrollar sus objetivos organizacionales específicos, resumidos en dos consignas: capacitación y captación. Lo primero se refería al trabajo educativo, para ayudar a las mujeres obreras y campesinas a superar las enormes carencias de instrucción formal que padecían, lo cual era condición básica para acceder a lo segundo, pues las mujeres que se superaban a través de la educación podrían incorporarse y participar activamente en ese proceso de transformación social profunda impulsado por el movimiento libertario español en las áreas donde tenía predominio (particularmente en Cataluña y Aragón).

Como propuestas para modificar a corto plazo la situación femenina en España, los esfuerzos más insistentes de la Agrupación apuntaron a lo siguiente:

– Sobre el trabajo asalariado: La participación de la mujer era indispensable, porque en ello se fundaba la independencia económica femenina. Por las urgencias de la guerra civil se aceptó la incorporación masiva de las mujeres a laborar en las fábricas, pero MM. LL. no quería simplemente esa función de emergencia, pues propugnaba un derecho definitivo al trabajo. Para que ese derecho no fuese mera acumulación de cargas adicionales sobre las espaldas femeninas, propugnaban la instalación generalizada de comedores populares y guarderías, así como que las faenas hogareñas fuesen compartidas.

– Relaciones de pareja: Este aspecto lo vinculaban con la independencia económica, pues sin ésta no es posible construir el amor libre, que es la relación basada en la libertad para asumir conscientemente el acuerdo de compartir la existencia, y nada tiene que ver con esa caricatura de promiscuidad sexual sin compromiso que ha promovido como espantajo el conservadurismo religioso de entonces y de ahora. En tanto anarquistas, repudiaban el control y sanción institucional (estatal o eclesiástico) sobre las uniones, porque tal ingerencia refuerza el papel dominante de esas estructuras de poder, además de consolidar la desigualdad hombre-mujer en las relaciones interpersonales.

– Prostitución : Sobre este tema hicieron proposiciones originales. La consideraban como un resultado inherente al sistema capitalista y estaban en su contra, pero a favor de las prostitutas. Decían que no se podía acabar con la explotación sexual sólo con medidas policiales, pues ello supondría dejar sin trabajo a muchas mujeres. Plantearon que inicialmente debía existir una prostitución liberatoria, con exámenes y tratamientos médico-sicológicos, orientación y capacitación en trabajos sustitutos, ayuda moral y económica, que progresivamente llevasen a la desaparición de este “oficio”.

– Educación infantil: siendo un asunto al que prestaron la mayor atención, sostenían que en las escuelas capitalistas se adquiría una mentalidad encasillada por los valores burgueses, por lo que era esencial que todos los involucrados diesen un giro total al proceso educativo, potenciando una escuela para la libertad a la que asistiesen juntos niñas y niños, iniciativa radical para la época en España. Además se reivindicaba la teoría y la experiencia de la pedagogía libertaria que desde el Siglo XIX se había asociado estrechamente con el movimiento anarquista (7).

– Familia: Criticaban la jerarquización autoritaria que imperaba en su seno y su sometimiento al poder paternal. En opinión de MM. LL., la mujer y los hijos carecían de todo derecho a expresarse dentro de la familia tradicional, siendo que el sistema capitalista utiliza esta institución para favorecer la propiedad privada y la sumisión a los poderes autoritarios, de modo que la estructura familiar debía transformarse radicalmente en términos de igualdad, libertad y solidaridad unidos con lo que se planteaba respecto a las relaciones de pareja.

– Educación sexual: Enfrentando al oscurantismo de raíz clerical que para entonces campeaba en la península ibérica, con tanta fuerza que era visible hasta entre quienes se consideraban “de izquierdas”, MM. LL. insistió en abrir canales para informar y discutir sobre la sexualidad, incluyendo temas para entonces tabú como los métodos anticonceptivos o el aborto, en tanto la consideraban un aspecto esencial de la vida humana, que debía ser conocido para ser transformado en el sentido más positivo para la felicidad individual y colectiva.

Es necesario apuntar que las ideas y la existencia misma de MM. LL. enfrentaron resistencias incluso dentro del ámbito libertario, donde a pesar de brindarse cierto apoyo económico, locales de funcionamiento y espacio en la prensa ácrata, no se quiso aceptar a la Agrupación como un organismo igual a la CNT, la FAI y las Juventudes. Cuando MM. LL. solicitó formal reconocimiento en un pleno nacional del movimiento libertario en octubre de 1938, se le respondió que “una organización femenina sería para el movimiento obrero un elemento de desunión y desigualdad, con consecuencias nefastas en el desarrollo futuro de la clase obrera.” [citado por Nash, 1975: 19]

Ciertamente tal resistencia a reconocer la especificidad y necesidad de autonomía en la lucha femenina puede interpretarse como una muestra de la opresiva tradición del dominio de género, presente con todo su peso en la España de entonces, que llevaba a la mayor parte del anarquismo ibérico a ver la lucha de MM. LL. con condescendencia pero como algo secundario, mientras que los libertarios de talante más puritano se incomodaban porque esa lucha asomaba en tópicos tan escabrosos como los relacionados con la sexualidad. Ni que decir que fuera del ámbito ácrata eran vistas como la expresión más acabada y pintoresca de la “locura anarquista”, infamia que luego se usaría para justificar un desdén – vigente aún para muchos – hacia esa experiencia de lucha.

* MM. LL. en acción

Para aclarar que no hablamos de un colectivo cuya existencia fuese básicamente testimonial o teórica, se impone destacar la labor concreta que en menos de 3 años de existencia realizó la Agrupación:

– Aparte de la revista ya mencionada, muchas de las agrupaciones locales de MM. LL. tenían sus propias publicaciones, además de difundir textos e informaciones en el resto de la prensa libertaria. También hay testimonio de la impresión de un sinnúmero de folletos, hojas de propaganda, afiches y libros, para cuya referencia más detallada se puede ver lo indicado en Ackelsberg [1999], Giambelli [1998], Iturbe [1974] y Liaño y otras [1999].

– Realización de una amplísima labor de capacitación educativa básica y aprendizaje laboral dirigida a las mujeres obreras y campesinas. Para ello, en muchos sitios se participó dentro de las iniciativas impulsadas por los sindicatos, mientras que en Barcelona MM. LL. puso en marcha de modo independiente el “Casal de la Dona Treballadora”, donde se atendían entre 600 y 800 mujeres en clases de alfabetización, instrucción básica, mecánica y agricultura, sin olvidar enseñanza sindical y temas económico-sociales.

– Vale indicar que si bien en los primeros días de la Guerra Civil hubo una espontánea integración de mujeres a las milicias anarquistas, eso no ocurrió por iniciativa de MM. LL., desde donde se hizo todo lo posible a favor de esas combatientes, que fueron excluidas de la línea de batalla con la militarización de las milicias en noviembre de 1936. En todo caso, MM. LL. mantendría su esfuerzo a favor de canalizar el máximo de suministros hacia el frente.

– Se promovieron jornadas de agitación y propaganda, programas de radio, bibliotecas móviles y eventos culturales resaltando el papel de las mujeres organizadas para transformar por si mismas las condiciones de la existencia femenina, lo que resultaba imprescindible en el proceso hacia la revolución social que proponía el anarquismo. Se enfatizó en orientar estas actividades hacia las colectividades agrarias e industriales impulsadas por la CNT y la FAI.

– Participación directa en la creación y gestión de guarderías y comedores populares, respondiendo a una reivindicación inmediata de las trabajadoras. También se impulsó el funcionamiento de orfanatos y centros de apoyo a los refugiados, en auxilio a las víctimas más desvalidas del conflicto armado.

– En el área de salud, MM. LL. fomentó la creación de una Escuela de Enfermeras y el Instituto Materno-Infantil Louise Michel, ambos en Barcelona. Debe decirse que – habiendo tomado la CNT la polémica decisión táctica de participar en el gobierno republicano – la Ministra de Sanidad era Federica Montseny, a quien correspondería la paradójica circunstancia, para una anarquista, de ser la primera mujer en el mundo que ocupase una cartera ministerial.

– También en conjunto con el Ministerio de Sanidad, se trabajó en hacer funcionar los “liberatorios” de prostitución.

Toda esa fulgurante actividad y reflexión se vio truncada por el triunfo de los fascistas de Franco, que condujo a estas mujeres a la cárcel, al exilio, a volver a la situación contra la que se habían rebelado, o lo que tal vez fue peor, a un silencio que negaba a muchas tan siquiera mencionar la experiencia más rica de sus vidas. Entre la desesperanza y debilitamiento que significó el exilio para el anarquismo español, parte de lo peor le tocó a las veteranas de MM. LL., a quienes ni siquiera les fue posible mantener estructuras organizadas en la clandestinidad o en el exterior, como si pudieron hacerlo otras expresiones del movimiento libertario ibérico. Apenas si se registró el esfuerzo, iniciado por Suceso Portales, Sara Berenguer y otras, de publicar la revista MUJERES LIBRES DE ESPAÑA EN EL EXILIO, que comenzó a aparecer en Londres en 1964, luego se siguió editando en Francia y se mantuvo por 47 números hasta 1976, pero que fue prácticamente desconocida fuera de reducidos círculos de la envejecida emigración ácrata española.

Aquellas extraordinarias mujeres tuvieron que esperar muchos años para al menos rememorar en conjunto, y también para que hubiese oídos atentos a escucharlas, así como a seguir el rumbo que ellas abrieron, tomando el mismo nombre de Mujeres Libres para iniciativas anarcofeministas que ahora funcionan en Francia, Colombia, Argentina, Estados Unidos y España. La herencia principal que han legado a la posteridad es que si es posible construir pese a estar en medio de una difícil coyuntura un movimiento feminista radical de masas, que a través de la acción directa promueva cambios sustanciales e inmediatos en la condición de sometimiento a la cual están sujetas tantas mujeres. Por decirlo con palabras de Concha Liaño: “Hoy apenas quedamos las veinteañeras de esa gesta. Todas las mencionadas han desaparecido. Bastantes somos las que les debemos mucho. Y la autora de estas líneas más que ninguna. Desde aquí quiero reiterar que nunca las olvidé y que las he llevado en mi corazón a través de tantos años de ausencia física. ¡Ya ves Mercedes, no hemos desaparecido!… Aquella semillita que con tanta fe, ardor y esfuerzo sembramos, luchando contra reloj, porque teníamos el tiempo contado, corto, ¡GERMINÓ!” [Liaño, 1999a: 4].

Notas

  1. María A. Capmany (con la colaboración de Carmen Alcalde), editado por Oikos-Tau de Barcelona en 1970
  2. Su marido William Godwin hizo la primera exposición filosófica moderna de los fundamentos del anarquismo en la obra “Inquiry Concerning Political Justice” (1793).
  1. Una concisa reseña informativa sobre cada persona, evento, publicación y organización del anarquismo ibérico que se menciona en este trabajo puede localizarse en el muy documentado volumen de Íñiguez [2001].
  2. A principios de la década de 1930 se estimaba en más de 50% el analfabetismo femenino en España, según indica Giambelli [1998], siendo de suponer un porcentaje más alto entre los sectores populares
  3. La excepción a la regla fue la colaboración permanente como diseñador y dibujante de Baltasar Lobo, esposo de Mercedes Comaposada, que después sería un artista mundialmente conocido.
  4. Su formulación más conocida está en las resoluciones del IV Congreso de la CNT, Zaragoza, mayo 1936.

7. Esta asociación había tenido un exponente ilustre en el catalán Francisco Ferrer (1859-1909), fusilado por quienes no hallaron otro modo de detener su innovadora acción pedagógica.

* Bibliografía

ACKELSBERG, Martha (1999) Mujeres Libres. El Anarquismo y la Lucha por la Emancipación de las Mujeres. Barcelona, Virus, 320 p.

EL NOI (1996) Boletín de la Fundación Salvador Seguí, Valencia, # 4 (monográfico dedicado al tema “La Mujer en la Revolución Española”), 24 p.

GARCÍA-MAROTO, María Ángeles (1996) La Mujer en la Prensa Anarquista. España 1900-1936. Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 285 p.

GIAMBELLI, María A. (1998) “Mujeres Libres” (Versión resumida en italiano de tesis presentada ante la Facultad de Ciencia Política de la Universitá degli Studi de Milán), en http://www.club.it/culture/culture99/maria.giambelli/.

ÍÑIGUEZ, Miguel (2001) Esbozo de una Enciclopedia Histórica del Anarquismo Español. Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 645 p.

ITURBE, Lola. (1974) La Mujer en la Lucha Social y en la Guerra Civil en España. México, Editores Mexicanos Unidos, 220 p.

LIAÑO, Concha (1999a) “Sobre Mujeres Libres”. EL LIBERTARIO, Caracas, # 14, p. 4 (también en http://samizdata.host.sk/LIB14mujeres.html ).

LIAÑO, Concha y otras (1999b) Mujeres Libres. Luchadoras Libertarias. Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 291 p.

NASH, Mary prólogo, selección y notas – (1975) Mujeres Libres. España 1936-1939. Barcelona, Tusquets, 358 p.

ROSELL, Thyde (2000) “Mujeres Libres Femmes Libres”. ALTERNATIVE LIBERTAIRE, Bruselas, # 233 (se consultó la versión en francés que está en http://bibliolib.net/Rosell-mujereslibres.htm

En el WWW, en inglés y francés, se encuentran diversos textos sobre el tema, que esencialmente repiten lo expuesto en los libros de Ackelsberg y Nash, pero desconociendo los testimonios de las protagonistas recogidos en el boletín EL NOI y, particularmente, en el indispensable volumen recopilatorio editado por la Fundación Anselmo Lorenzo en 1999. En nuestro idioma sólo se localiza un trabajo de alguna extensión sobre el asunto, que es un primer borrador más “periodístico” de este texto http://www.analitica.com/bitblioteca/nelson_mendez/mujeres_libres.asp. Para información general sobre la historia del feminismo anarquista, especialmente en el ámbito de habla inglesa, ver los websites “Anarcha-Feminism” http://burn.ucsd.edu/~mai/afem_kiosk.html y “AnarchaFeminism” http://www.geocities.com/Paris/2159/anarfem.html. En castellano no hay nada equivalente al momento de escribir estas líneas, aunque se puede encontrar alguna documentación de interés en “Mujeres Creativas” http://mujerescreativas.web1000.com y en “CGT-Mujer” http://www.cgt.es/mujer.

Otras referencias, al parecer con valiosa información pero que no fue posible revisar en la investigación para este artículo, son un par de documentales donde se recogen testimonios de sobrevivientes de Mujeres Libres: “All Our Lives De Toda La Vida”, de Lisa Berger y Carol Mazer (Estados Unidos España, 1986, 54 minutos) y “Mujeres del 36”, de Ana Martínez y Llum Quiñonero (España, 1999, 86 minutos). Hay también un film de ficción histórica: “Libertarias”, de Vicente Aranda, España, 1996, que se centra en lo anecdótico y casi nada se ocupa de la trascendencia histórico-social del tema.

Caracas, octubre 2002.

Educar para liberar a la mujer

Foto: Mujeres de la época que trabajaban como mecánicas. CNT

Foto: Mujeres de la época que trabajaban como mecánicas. CNT

La agrupación anarquista Mujeres Libres consiguió, entre 1936 Y 1939, que 20.000 mujeres se formaran profesionalmente, conociesen su cuerpo y cuestionasen su papel en la sociedad.

JENNIFER TEJADA @jenntejada92

MADRID.- Acabar con la ignorancia, la esclavitud y la sumisión sexual eran los principales objetivos de Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón, las impulsadoras de Mujeres libres, una revista cultural y de documentación social que vivió entre los años 1936 y 1939. Poco después crearían la agrupación anarquista vinculada a la CNT con el mismo nombre, a través de la cual llevarían a cabo diferentes proyectos para luchar por la emancipación de la mujer frente a la relación jerárquica que sufrían en la sociedad.

Este fin de semana en el Ateneo de Madrid se celebraron las jornadas Mujeres libres y feminismo en tiempos de cambio, organizadas por La Fundación Andreu Nin. En la mesa redonda La educación como vía de la emancipación de la mujer, se contó con la participación de Laura Sánchez Blanco, profesora de Historia Moderna en la Universidad de Salamanca, que destacó el papel que tuvo Mujeres Libres en la lucha por la igualdad en los años 30.

“Miles de mujeres tienen que reconocer su propia voz porque ha sido silenciada por la historia”. Las palabras de Sánchez Saornil describen el objetivo de la publicación nacida en una época en la que el analfabetismo femenino superaba el 47% y la mujer se veía obligada a estar en un segundo plano, siempre subordinado al hombre. La revista pretendía atraerlas al movimiento libertario y enseñarles los pasos que tenían que seguir para ser libres. La agrupación, con clases teóricas y prácticas, capacitaba a la mujer con la formación que requería para ser más independiente.

La educación triple vs la triple esclavitud

La escritora y periodista María Ángeles García-Maroto también estuvo en la mesa redonda, donde defendía la idea de que la educación “puede hacer esclavos, pero también puede hacernos libres”. “Es más”, añadía, “es un arma revolucionaria”. 

El proyecto de Mujeres Libres se planteó con la idea de una triple educación para abolir la triple esclavitud a la que estaban sometidas las mujeres. En primer lugar, se luchó por acabar con la ignorancia: “si no podemos hacer uso de la palabra, no podemos defendernos, por lo que somos esclavas de aquellos que nos dicen lo que tenemos que hacer”, explicaba Sánchez Blanco.

El segundo paso era ofrecerles una formación de esa revolución social que se perseguía. En la revista se explicaban los principios básicos del anarquismo: “Había que abolir el Estado, el Gobierno, y toda autoridad que nos convierta en esclavas” aclara la profesora.

Según Sánchez Blanco, otro de los temas en los que se centraron es en la condición sexual de la mujer: “Estaba destinada a ser una buena madre y dueña de su hogar”. Lo que se pretendía desde la agrupación era reeducar a la sociedad y que fuese la mujer la que decidiese si quería ser madre o no. También desarrollaron una campaña importante sobre la maternidad consciente, es decir, en la cual se lanzó el mensaje de “procrear con cabeza”.

Los proyectos educativos para las mujeres

Mujeres Libres creó 147 agrupaciones, a las que estaban inscritas 20.000 mujeres. “Comparada con otras agrupaciones femeninas podemos considerarla pequeñita”, dice Sánchez Blanco, refiriéndose al número de inscritas, “pero si consideramos todos los proyectos que han desarrollado podemos considerarla grande, por todas las buenas ideas e intenciones que tenían y los logros que consiguieron, a pesar de las barreras que se encontraron en el camino”.

Para demostrar esta idea, la profesora universitaria destacó algunos de los trabajos importantes que se fueron expandiendo por los diferentes barrios de Madrid, que fue el foco inicial del proyecto.

Se impartieron clases elementales de cultura general y de idiomas para acabar con la ignorancia. Se creó una escuela teórico-práctica de automovilismo para que las mujeres aprendiesen a conducir. Y, en algunos barrios, hacían charlas dominicales para que entendiesen que “la política era la tiranía que las había hecho esclavas”. Además, las mujeres no tenían ninguna independencia económica ya que estaban bajo la tutela del padre si estaban solteras o del marido si estaban casadas. Por ello, Mujeres libres les ofrecía una formación que las capacitaría profesionalmente, lo cual les permitiría ser realmente libres.

Sin dejar de lado la lucha de la mujer, por las circunstancias bélicas del momento, mostraron apoyo en la retaguardia: “Crearon una lechería, un huerto donde hacían prácticas agrícolas, tenían talleres de confección de ropas y recibieron formación en asistencia sanitaria”.

Las agrupaciones avanzaron tanto que decidieron crear un instituto de cultura para recibir a más mujeres. Fue entonces cuando incorporaron una oferta de enseñanza superior de contabilidad, anatomía y fisiología.

Amparo Poch y Gascón era la encargada de impartir lecciones de anatomía. No conocían ni su propio cuerpo femenino porque era un tema tabú. En las clases se hablaba abiertamente sobre el aparato genital de la mujer y la prevención de enfermedades. La prostitución fue otro tema que se abordó: “No queremos tener hijas. Es una preocupación porque pueden acabar siendo prostitutas”. Así reflexionaban las mujeres embarazadas con las que trabajaba Poch y Gascón. “Sin embargo no se preocupaban cuando era el hombre o los hijos los que iban a los prostíbulos”, destaca Sánchez. Por ello, las clases de Poch y Gascón fueron fundamentales para entender la liberación de la sumisión sexual de la mujer.

La mujer en la actualidad

A pesar de toda la lucha que hicieron mujeres como Sánchez Saornil, Poch y Gascón o Comaposada, la mujer actual todavía se encuentra con una triste realidad: “Todavía estamos más en casa que los hombres, cuando hay un enfermo en casa somos normalmente las cuidadoras, a los niños somos nosotras quienes le damos el biberón…”, lamenta la periodista García-Montoro. Recuerda, además, que la revista Mujeres Libres abogó siempre por una maternidad libre, y por desgracia, en la actualidad todavía parece que las mujeres tienen asignado el papel de madres en esta sociedad. “A los hombres no se les exige casarse o ser padre”, zanja.

Durante la exposición de ideas en la mesa redonda, Laura Sánchez Blanco mostró una fotografía de mujeres que trabajaban de mecánicas para ilustrar el avance social que se consiguió en esos años, pero añadió: “Es muy triste que a día de hoy fotos como éstas sigan sorprendiendo”.

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