Mijaíl Alexandrovich Bakunin (Vida y obra)

Mijaíl Alexándróvich Bakunin Revolucionario anarquista ruso

Mijaíl Alexándróvich Bakunin Revolucionario anarquista ruso

“Todo aquél que desee sinceramente la paz y la justicia internacional debería renunciar de una vez y para siempre a lo que se llama la gloria, el poder y la grandeza de la patria, a todos los intereses egoístas y vanos del patriotismo”

Bakunin

Mijaíl Aleksándrovich Bakunin (Михаил Александрович Бакунин en ruso y Miguel Bakuninen español) nacio en Pryamukhino, Torzhok, Imperio ruso, el 30 de mayo de 1815  y murió en  Berna, Suiza, 1 de julio de 1876, fue un anarquista ruso. Es posiblemente el más conocido de la primera generación de filósofos anarquistas y está considerado uno de los padres de este pensamiento, dentro del cual defendió la tesis colectivista y el ateísmo.

Nació en mayo de 1814 en la aldea de Pryamukhino, en el distrito de Torzhok, provincia de Tver. Su padre era de ideología liberal y había sido diplomático en París durante la toma de la Bastilla.1 Cuando subió al trono Nicolás I, se retiró a vivir al campo, donde poseía tierras y mil trabajadores. Mijaíl era el primogénito de cinco hermanos y cinco hermanas.1 Su familia era religiosa, pero no excesivamente.2 Cuando tenía 11 años se produjo la represión de los “decembristas” en Rusia por parte del zar.

A los 15 años ingresó en la Academia de Artillería de San Petersburgo. Allí comenzó a escribir, a divertirse con bebida con sus amigos y a endeudarse. Pasará allí tres años, pero será expulsado por un comportamiento indisciplinado. Fue trasladado como oficial subalterno (práporshchik) de la Guardia Imperial Rusa a Minsk y a Goradnia. Desde Minks escribió a su familia:

Estoy completamente solo. Un silencio eterno, una eterna tristeza, una nostalgia infinita son los compañeros de mi soledad. He descubierto, por experiencia, que la perfecta soledad, tan predicada por la filosofía de Ginebra, es el más idiota de los sofismas. El hombre está hecho para la sociedad. Un círculo de relaciones y de amigos que le comprendan y dividan con él sus alegrías y sus dolores le es indispensable. La soledad voluntaria es idéntica al egoísmo y ¿puede ser feliz un egoísta?

En ese momento se produjo la represión de los polacos, que ayudó a Bakunin una posición contraria al despotismo. En 1834 abandonó el ejército y se trasladó a Moscú, entonces ya imbuido en el romanticismo europeo. Estudió filosofía durante seis años. Leyó habitualmente a los enciclopedistas franceses y también desarrolló admiración por Fitche y por Hegel. Entabló amistad con Herzen y Ogarev, partidarios de las ideas del socialista Saint-Simón, y que compartían su admiración por Hegel. Es en este mismo periodo cuando, en Berlín, Carlos Marx desarrolla las mismas simpatías hacia Hegel. Es también en esta etapa cuando desarrolla una relación amorosa epistolar y celos hacia su hermana Taniusha.

Con el objetivo de lograr una cátedra de filosofía o de historia en la universidad de Moscú, organizó un viaje para estudiar a los filósofos alemanes. En 1840 embarcó hacia Berlín, donde se encontró con su hermana Bárbara y vivió con Iván Turgheniev.6 Allí escribirá:

La Alemania de 1840 está en plena transformación; nace la industria y, con esta, el proletariado industrial, que aún no es una amenaza. Es la burguesía enriquecida la que reclama sus derechos al poder feudal; Alemania, que hasta ahora solo ha sido un montón de pequeños estados, quiere ser una nación y exige unidad y libertad.

En 1842 se estableció en Dresde, capital de Sajonia, donde conoció a Ruge, director de la revista Deutsche jahrboucher, donde escribió un artículo revolucionario bajo el seudónimo de Jules Elysard. Este artículo tuvo bastante éxito en Rusia. En 1843 se trasladó a Suiza, donde se refugiaban muchos disidentes políticos alemanes.7 Allí escribió una carta a Ruge que fue publicada en París en 1849 en la revista Deutsche-franzosiche jahrboucher. En Suiza conoció a Weitling, el primer comunista alemán, y se puso en contacto con la familia Vogt. La policía suiza le invitó a abandonar el país y la embajada rusa le compelía a volver a Rusia, por lo que escapa a Bélgica en 1844 y, de ahí, se traslada a París. En París conoció a Proudhon, a George Sand, a Marx, a Engels y a algunos exiliados polacos. Sobre Marx escribió:

Fuimos bastante amigos. […]; entonces yo no sabía nada de economía política y aún no me había liberado de las abstracciones metafísicas y mi socialismo era tan solo instintivo. Él, aunque era más joven, era ya ateo, un sabio materialista y un socialista consciente […] Nos vimos a menudo, porque yo le respetaba mucho por su sabiduría y por su devoción apasionada y seria, aunque mezclada con vanidades personales, a la causa del proletariado, y buscaba con avidez su conversación, siempre instructiva y espiritual cuando no estaba inspirado por un odio mezquino, lo que, por desgracia, sucedía con mucha frecuencia. Sin embargo no existió entre nosotros una verdadera intimidad. Nuestros temperamentos no se soportaban. Él me llamaba idealista sentimental, y tenía razón; y yo a él, vanidoso y pérfido, y también tenía razón.

De Engels escribió:

Hacia 1845, Marx se puso a la cabeza de los comunistas alemanes, y poco después, con Engels, su amigo constante, tan inteligente como él, aunque menos erudito, pero en cambio más práctico y dotado, no menos que él, para la calumnia política, la mentira y la intriga, fundó una sociedad secreta de comunistas alemanes o socialistas autoritarios.

En 1848, tras regresar a la capital francesa, publicó una ardiente proclama contra Rusia, tras la cual lo expulsaron de Francia. El movimiento revolucionario de 1848 le proporcionó la ocasión de participar en una violenta campaña de agitación democrática y por su participación en la Insurrección de Dresde de 1849 se le detuvo y condenó a muerte, pena posteriormente conmutada a la cadena perpetua. Finalmente, Bakunin fue entregado a las autoridades rusas, que lo encarcelaron en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo en 1851, donde permaneció hasta 1857, cuando fue desterrado a un campo de trabajo en Siberia. Aprovechando un permiso, se escapó a Japón, arribando al puerto de Hakodate en 1861. Desde Yokohama, viajó a San Francisco, en California, cruzó Panamá, llegó a Nueva York -donde fue recibido por algunos personajes ilustres, como el escritor Henry Longfellow y se reunió con personas allegadas a los movimientos obreros locales- y se trasladó a Inglaterra en 1861. El resto de su vida transcurrió en el exilio en Europa Occidental, principalmente en Suiza.

Rivalidad con Karl Marx

 Grabado de Bakunin en 1868.

Grabado de Bakunin en 1868.

Bakunin entabló una amistad más constructiva con Proudhon que con Marx, al que acusó de autoritario.Sobre esta relación escribió:

Marx, como pensador, va por buen camino. Ha establecido como principio que todas las revoluciones filosóficas, políticas, religiosas y jurídicas no son las causas, sino los efectos de las revoluciones económicas. Es un pensamiento grande y fecundo que no ha sido inventado por él, ni mucho menos, porque ya fue entrevisto y expresado, en parte, por muchos otros. Pero de todas maneras, a él el honor de haberlo establecido solidamente y de haberlo puesto como base de todo su sistema económico. Por otra parte, Proudhon, cuando no hacía doctrina y metafísica, poseía el verdadero instinto del revolucionario. […] Es muy probable que Marx se eleve “teóricamente” a un sistema más racional de la libertad, pero le falta el instinto de Proudhon.

Bakunin y Marx mantuvieron constantes fricciones dentro de la Primera Asociación Internacional del Trabajo (AIT), fundada en 1864, a la que ambos pertenecían. En 1868 Bakunin fue acusado por Marx de ser un agente ruso y le pidió que se disculpara públicamente y en 1869 es acusado por el marxista Karl Liebknecht de los mismos cargos. Marx lo acusará de nuevo de ser un agente paneslavista y de cobrar por ello 25 000 francos anuales. Bakunin, además, abogaba por posturas anarquistas dentro de la AIT, lo que lo llevó a ser acusado de conspirador por Marx, cuyos seguidores esgrimían supuestas cartas escritas por Bakunin a Serguéi Necháyev donde se jactaba de las conspiraciones que perpetraba.

Tras las disputas con los miembros marxistas, Bakunin entró en contacto con Necháyev, que le pide que se concentre en hacer la revolución en Rusia y lo convence con sus ideas terroristas y nihilistas. Un año más tarde, en 1870, Bakunin decide romper la amistad con Necháyev lamentándose de esta experiencia.

Alianza Internacional de la Democracia Socialista

A comienzos de la década de 1860 Bakunin funda en Italia una sociedad secreta, la Fraternidad Internacional. En 1864 la organización ya tenía miembros italianos, franceses, escandinavos y eslavos. En los textos de la organización se dice:

Esta organización tiene como objetivo la victoria del principio de la revolución sobre la tierra, con la disolución radical de todas las organizaciones existentes en la actualidad, religiosas, políticas, económicas o sociales, y la formación de una sociedad primero europea y después universal, basada en la libertad, en la razón, en la justificia y en el trabajo.

En 1867, un grupo de burgueses demócratas de varias naciones fundaron la Liga de la Paz y la Libertad y convocaron un congreso en Ginebra. Bakunin participó en dicho congreso y fue elegido miembro del comité central. Uno de los fundadores de esa liga fue Charles Lemonnier, un saintsimoniano.

En 1868 se celebró el segundo congreso de la Liga en Berna, Bakunin y otros miembros de la Fraternidad Internacional intentaron que la Liga votase resoluciones socialistas, pero como los socialistas revolucionarios eran minoría deciden serpararse y fundar la Alianza Internacional de la Democracia Socialista.

La Alianza Internacional de la Democracia Socialista se fundó en 1868 y su programa reivindicaba una serie de reformas que constituían las bases de su doctrina política:

  • La supresión de los Estados nacionales y la formación en su lugar de federaciones constituidas por libres asociaciones agrícolas e industriales.
  • La abolición de las clases sociales y de la herencia.
  • La igualdad de sexos.
  • La organización de los obreros al margen de los partidos políticos.

Sin embargo, se rechazó la entrada de la Alianza en la Internacional Obrera por ser una organización internacional, puesto que solo se admitían organizaciones nacionales. Por esa razón, la Alianza se deshizo y sus miembros se integraron separadamente en la Internacional.

Propagación del anarquismo

En 1869 encargó al anarquista italiano Giuseppe Fanelli la divulgación del anarquismo en España. Fanelli visitó Madrid y Barcelona y conoció a Anselmo Lorenzo, que a la postre fundaría el sindicato CNT en 1910 y que compartiría escasa correspondencia con Bakunin.

En 1870 fundó el Comité para la Salvación de Francia, asociación que dirigió la insurrección de la Comuna de Lyon.

En 1871 Marx convocó una conferencia secreta en Londres que estaba compuesta casi exclusivamente por sus partidarios, en la que se tomaron decisiones que muchos consideraron que eliminaban la autonomía de las secciones de la AIT. Las Federaciones del Jura (una zona montañosa entre Francia, Suiza y Alemania), así como la mayoría de las secciones de todos los países, rechazaron estos acuerdos. En este contexto Bakunin se unió a los disidentes. Desde el Consejo de Londres son atacados varios dirigentes de la AIT disconformes con las decisiones adoptadas por los marxistas, y son acusados de ser títeres de Bakunin, que entonces se encontraba en Locarno, Suiza, en la zona del Jura.

En 1872 se celebró el Congreso de La Haya, donde asisten 21 delegados obreros representantes de distintas secciones y 40 hombres a título individual elegidos y simpatizantes de Marx. En la última votación, cuando ya un tercio de los representantes se habían marchado, se vota la expulsión de Bakunin, a modo de tribunal a puerta cerrada. Bakunin es acusado de haber fundado sociedades secretas, de haber cobrado trescientos rublos como anticipo de la traducción de El capital, y por haberse interceptado una supuesta carta de Bakunin a Necháyev, con el cual hacía dos años que había roto. En dicha carta, se hacía alusión a la creación por parte de Mijaíl Bakunin de una sociedad secreta que conspiraría para tomar el control «dictatorial» de la AIT. En el mismo congreso se ratificaron las proposiciones de la conferencia de Londres y se decidió trasladar el Congreso a Nueva York.

Al día siguiente de terminar el Congreso de La Haya se celebra otro en Saint-Imier, en el Jura suizo, con delegados de Italia, España, el Jura y representantes de Francia y América, que acuerda por unanimidad rechazar todas decisiones del congreso de La Haya. A este acuerdo se suman la mayoría de las secciones francesas, la federación belga, la americana y, en Inglaterra, los amigos de Marx, Eccarius y Jung, que se separaron de él. El Consejo de Nueva York expulsó a la Federación del Jura, pero la sección holandesa, que se había mantenido neutral, se unió a las otras siete federaciones y se negaron a reconocer la expulsión de esa federación.

Marx y sus simpatizantes publican en 1873 un panfleto titulado La Alianza de la Democracia Socialista y la Asociación Internacional de los Trabajadores, donde criticaba de manera furibunda la Alianza. Bakunin, prematuramente viejo, cansado y enfermo solicitó la baja de la Federación.

Bakunin pasó sus últimos años en Suiza, viviendo en la pobreza y sin más aliento que la correspondencia que mantenía con pequeños grupos anarquistas. Por problemas de salud, ingresó en el hospital de Berna, donde falleció el 1 de julio de 1876. Su tumba se encuentra en el cementerio de Bremgarten-Friedhof de Berna, Suiza, ennegrecida por los humos de la cercana autopista Ginebra-Zúrich. En su tumba está escrito: «Recuerda al que lo sacrifica todo por la libertad de su país

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Se ha denominado al anarquismo que él desarrolló anarcocolectivismo o anarquismo colectivista. Junto con Proudhon y luego Kropotkin es uno de los teóricos más importantes del anarquismo, y prácticamente es el primer gran impulsor del anarquismo como movimiento político y popular.

Bakunin propone una organización antiestatista, esto es, la supresión del Estado, sin rechazar el término en sí mismo. Bakunin apuesta por la creación de los Estados Unidos de Europa como modo de acercarse a la idea liberal de la Revolución estadounidense de 1776, cuando se independiza del Reino Unido. Para Bakunin el fallo de la revolución liberal de Estados Unidos es que la libertad que proclamaba la constitución era solamente para una minoría que oprimía al resto. El reto para Bakunin era lograr una democracia como la estadounidense en Europa pero que ampliara la democracia a todos y liberara además al hombre del sistema monetario, el poder político, el poder económico y la religión.

A diferencia del marxismo, que consideraba que la política debía crear unas condiciones sociales que permitieran al individuo vivir por encima de la opresión económica, Bakunin consideraba que la revolución tenía que empezar en la propia persona. Él establecía un orden político de individuos que conformasen comunas, que a su vez estas comunas se federaran entre sí para colaborar y que estas federaciones se federaran entre sí en confederaciones. En dicho proceso, a diferencia del marxismo, Bakunin no separa campesinos de obreros urbanos y considera que esa revolución corresponde a ambos al mismo tiempo.

Para Marx, que entendía la Historia por fases, la revolución debía de empezar en las ciudades, núcleo industrializado y estado último en la evolución del capitalismo, para extenderse luego sobre territorios que abarcaran el campo. Es por esto que en países profundamente agrarios como la España de finales del siglo XIX y principios del siglo XX los postulados anarquistas eran mucho más aceptados que los marxistas, aunque también triunfaron en núcleos industrializados.

Bakunin daba gran importancia al trabajo y a que este se desarrollara en libertad:

Como el mundo antiguo, nuestra civilización moderna, que comprende una minoría comparativamente muy restringida de ciudadanos privilegiados, tiene por base el trabajo forzado (por el hambre) de la inmensa mayoría de las poblaciones.

Bakunin. Federalismo, socialismo y anteologismo. 1867.

Para Bakunin el anarquismo supone una liberación social, sin necesidad de gobierno ni autoridades oficiales cuyo centro de gravedad se sitúa en el trabajo, el factor de producción, sus medios y distribución. La sociedad debería organizarse mediante la federación de productores y consumidores (a nivel de base) coordinados entre sí mediante las confederaciones. No habría necesidad, pues, de gobiernos, sistemas legislativos o poderes ejecutivos que monopolizaran la violencia.

El comunismo libertario de Kropotkin objetó que la visión de Bakunin mantenía el concepto de burocracia en tanto en cuanto organismo encargado de vigilar y regular el trabajo y su remuneración, a fin de cuentas, un núcleo gubernamental. El colectivismo bakuninista entra a valorar debidamente el trabajo de las masas y considera injusta su remuneración en el capitalismo:

A falta de todo otro bien, esa educación burguesa, con ayuda de la solidaridad que une a todos los miembros del mundo burgués, asegura a quien la ha recibido, un privilegio enorme en la remuneración de su trabajo -el trabajo de los burgueses más mediocres se paga casi siempre tres o cuatro veces más que el del obrero más inteligente.

Bakunin. Federalismo, socialismo y anteologismo. 1867.
Carné de miembro de Bakunin de la Liga de la Paz y de la Libertad.

Carné de miembro de Bakunin de la Liga de la Paz y de la Libertad.

 En una extensa carta firmada en Marsella en 1870, trata el tema de la justa repartición de la riqueza producida por el trabajo nacional. Para Bakunin, a medida que la riqueza nacional aumenta esta tiende a concentrarse en las manos de cada vez menos personas. Los burgueses argumentan que la mejora de las condiciones del proletariado pasa primero por la prosperidad burguesa, sin embargo la realidad que se hacía patente es que la situación de las clases obreras en Europa empeoraba mientras que la de la burguesía mejoraba. El sistema burgués producía, además, crisis comerciales por superproducción que dejaban sin trabajo a miles de personas, y la supresión de las pequeñas empresas industriales, comerciales y financieras.

En la misma carta hace una descripción de las consecuencias del capitalismo bien conocidas. El hecho de que en el capitalismo se precisen vender las mercaderías al precio más bajo posible hace que los salarios sean muy bajos, para disminuir los gastos de producción. Entonces, el trabajo de las personas se convierte también en una mercadería, regida por la oferta y la demanda. Con frecuencia sucedería, pues, que una industria próspera, con productos muy demandados, aumentase su producción por ello reclamase muchos obreros, atrayéndolos con un aumento del salario. Sin embargo, en cuanto la oferta de trabajo supera a la demanda el salario comienza a bajar.

Resulta interesante, también, describe, que en los países políticamente más democráticos, como Inglaterra, Estados Unidos, Suiza o Bélgica los trabajadores, aún con derechos políticos, son esclavos de sus patronos y por eso no tienen ni el tiempo ni la independencia necesarias para ejercer sus derechos ciudadanos. Esos países, dice Bakunin, tienen un día de “de reinado” o “de saturnales”, que es el de las elecciones, donde sus amos van a hablarles de igualdad y fraternidad y a decirles que son el pueblo soberano, pero pasado ese día todo sigue igual. Bakunin dice que eso no significa que él, como socialista revolucionario, no esté a favor del sufragio universal, sino que está a favor de ejercerlo para construir una sociedad sin desigualdad económica y social.

Para Bakunin, los socialistas que participan en las elecciones burguesas, como el caso de los socialistas de Alemania, o bien son personas equivocadas o bien son embusteros, ya que lo único que se consigue con eso es apartar a los trabajadores de la revolución social que es la única que, según él, traería la libertad real, la justicia y el bienestar social. Esto es debido a que el Estado no es más que un yugo opresor, y las instituciones y las autoridades políticas sirven para garantizar los privilegios de las clases opresoras y el socialismo solo se puede obtener si, al mismo tiempo, se destruye el Estado. La alternativa sería, dice textualmente, “la vía de una federación libre, de la libertad y el trabajo de todos, pueblos, provincias, comunas, asociaciones e individuos, sobre la base única de la igualdad y de la fraternidad humanas”.

Bakunin era extremadamente crítico con la religión y abogaba por el ateísmo. De su obra se deduce un ateísmo muy intenso e incluso una admiración declarada por la figura de Lucifer, que considera un revolucionario en el cielo contra el poder autócrata de Dios.

Para Bakunin, el católico era la persona egoísta por antonomasia, ya que realizaba el Bien por amor a sí mismo, para tener acceso al Cielo, y no por amor a los demás. Bakunin situaba al cura católico a la altura de los brujos, y no distinguía entre el cristianismo y cualquier forma de magia o religión primitiva.

Bakunin se remonta al Antiguo Testamento, para dirigir una crítica furibunda a Moisés. Moisés, en el Antiguo Testamento, recibe las leyes directamente de Dios y las impone al pueblo de Israel. Es decir, el Estado, el legislador, en primer lugar busca su legitimación en Dios para poder ser un dictador.

También considera la religión perniciosa para los hombres porque les hace aceptar de manera más sencilla que en el mundo haya jefes, acuñando la frase: «Un jefe en el cielo es la mejor excusa para que haya mil en la Tierra».

Si bien el ateísmo bakuninista es muy popular en el anarquismo, este desprecio extremo a la religión no es extensible a todo el anarquismo. Kropotkin, a pesar de conocer la obra de Bakunin, no da ninguna importancia en sus textos a la religión. Para Proudhon, el origen del Estado no es en absoluto religioso, sino que surge de la repartición de la propiedad agraria. En la historia, además, abundan los anarquistas cristianos como León Tolstói o Melchor Rodríguez García.

Tumba de Bakunin en el cementerio de Bremgarten-Friedhof de Berna.

Tumba de Bakunin en el cementerio de Bremgarten-Friedhof de Berna.

Bakunin era contrario a la politización de las organizaciones. Gran parte de sus desavenencias dentro de la AIT fueron por la crítica a Marx de intentar convertir la AIT en un instrumento para hacer política en lugar de un instrumento para la libre asociación de trabajadores en su liberación. Bakunin también era contrario a las doctrinas y negaba calificarse a sí mismo como filósofo.

Expuso su pensamiento en una voluminosa obra, y fue su discípulo James Guillaume quien, entre los años 1907 y 1913, en París, se encargó de recopilar y editar todos sus libros. Del conjunto de su voluntariosa obra (la mayoría quedaron sin terminar) destacan:

Existen además obras que han sido editadas en tomos:

  • La Revolución social en Francia. Dos tomos
  • Escritos de filosofía política. Dos tomos. Recopilación de G.P. Maksímov
  • Tomo I. Crítica de la sociedad.
  • Tomo II. El anarquismo y sus tácticas. Con un esbozo biográfico de Max Nettlau
  • Obras completas. Cinco tomos

Véase también

Bibliografía

  • Mijaíl Bakunin (1867. Reedición de 1979). «Federalismo, socialismo y anteologismo». Obras completas 3 (Ediciones la piqueta). pp. 41-163. Edición on line
  • Anselmo Lorenzo. «El proletariado militante. Memorias de un internacional». Biblioteca promoción del pueblo. Serie P I (74) (Zero S. A).
  • Piort Kröpotkin (1892. Reedición de 1973). «La conquista del pan». Libros río nuevo (Ediciones 29). Edición on line
  • Pierre-Joseph Proudhon (1840. Reedición de 1978). ¿Qué es la propiedad?. Júcar. ISBN 978-84-334-1515-8. Edición on line
  • Max Nettlau (1934. Reedición de 1979). «La anarquía a través de los tiempos». Colección documento (Antalbe). ISBN 84-365-1445-9. Edición on line
  • Carlos López Cortezo (1ª ed. de 1966. 2ª ed. de 1976). «Miguel Bakunin (apuntes biográficos)». Colección Lee y Discute. Serie verde (14) (Zero S. A.).

 

BIOGRAFIA DE BAKUNIN MIJAIL EL ANARQUISMO VIDA POLÍTICA

RESUMEN DE LA BIOGRAFÍA Y VIDA POLÍTICA DE MIJAIL BUKANIN

Mijaíl Alexándrovich Bakunin fue un revolucionario anarquista ruso (Torzk, 1814 – Berna, 1876). Participó en los movimientos revolucionarios de 1848 y fue encarcelado en Rusia.  Fundó la Alianza de la Democracia Socialista y la secta de los Hermanos Internacionales. Preconizó el ateísmo, la abolición de clases, la igualdad de los sexos, la propiedad en común de la tierra y las riquezas, la desaparición de todos los estados y de las autoridades. En 1872 creó una liga, germen del anarquismo.

Hijo de una familia aristócrata rusa del siglo XIX, destacado en la historia del pensamiento humano por  su credo anarquista, que fue una verdadera filosofía de la naturaleza y del hombre. De Bakunin, este «titán con cabeza de león», anarquista y revolucionario, su amigo Herzen decía: «En el fondo de la naturaleza de este hombre se encuentra el germen de una actividad colosal, que no logró su consumación».

Partidario del colectivismo antiautoritario, Bakunin participó en todas las luchas revolucionarias y presintió los excesos futuros en la aplicación del pensamiento marxista. Dedicó su vida a la difusión de su doctrina anarquista por todo Europa.

Entre sus principales obras figuran: El Imperio Knuto-Germánico e Internacional, La teología política de Mazzini, Dios y el Estado, El catecismo revolucionario y Los principios de la Revolución.

Mijail Bukanin (1814-1876)

Mijail Bukanin (1814-1876)

Bakunín, dos años más joven que su amigo Herzen, procedía también de una antigua familia rusa, y fue oficial, antes de hacerse revolucionario. Fue mucho más lejos que Herzen. En 1845, en París, también conoció a Michelet, a Lamennais y a Proudhon.

Nació el 18 de mayo de 1814 en la provincia rusa de Tver y disfrutó de una infancia feliz en la hacienda paterna, rodeado de sus cuatro hermanas, por las cuales sentía un gran cariño. Recibió una educación escolar de buen nivel gracias a los servicios de un preceptor privado y se interesó por la vida de los campesinos.

A los catorce años fue enviado a San Petersburgo para estudiar en la academia militar. Al cabo de cinco años se convirtió en oficial de un regimiento apostado en Polonia. Sin embargo, preso del aburrimiento y del ocio, desertó en 1835 y se inscribió en la universidad de Moscú, donde estudió filosofía hasta 1840. Durante esa época se familiarizó con el pensamiento de Hegel. En Moscú también frecuentó los círculos literarios que se reunían en torno a Turguéniev; fue allí donde conoció al que sería su amigo más querido, más allá de las desavenencias políticas: Alexandr  Herzen.

Herzen fue otro revolucionario ruso que abandonó su país en 1847 y se instaló en Londres, allí publicó una revista, «La estrella Polar», seguida, a partir de 1857, por un diario, «La Campana» (Kolokol). A pesar de la censura, el diario llegó a todas partes en Rusia. Herzen tomó de Proudhon la idea de que el advenimiento del socialismo se produciría por el libre juego de las relaciones económicas. El mir (comunidad) sería la base de la revolución, que debe surgir desde abajo. Herzen lleva la eslavofilia (defensa de los eslavos) a conclusiones revolucionarias. A los estudiantes, entre quienes creció su influencia rápidamente, les dió consignas, la primera de las cuales fue la de «ir al pueblo».

En 1848-49, Bakunin participó en los movimientos revolucionarios y nacionalistas de Europa central. Fue detenido y encarcelado, durante varios años, en Austria, porque predicaba la peligrosa idea de una Federación de Naciones eslavas libres y autónomas.

Deportado a Siberia, se escapó a Japón y luego a América, hasta que eligió como residencia Inglaterra. Herzen decía de él: «Avanzaba con botas de siete leguas, a través de los montes y los mares, a través de los años y los siglos».

En 1861, cuando llegó a Londres tras huir de Siberia, se encontró con su compatriota y amigo Alexandr Herzen, que editaba un periódico socialista en ese país; sin embargo, a diferencia de éste, cuya principal preocupación era el pragmatismo político, Bakunin privilegió entonces la insurrección y elaboró una teoría de la revolución que pronto lo convertiría en el «padre del anarquismo».

Tras el fracaso de la insurrección polaca de 1863, organizó su acción sobre un programa socialista, cuya idea central seguía siendo la autonomía de las individualidades nacionales, dentro de un marco federativo.

En 1864 se estableció en Italia por cuatro años. Durante esa época, su aporte específico al pensamiento anarquista y revolucionario tomó forma.

En 1868 se adhiere a la Primera Internacional de Trabajadores, organización que nació en septiembre de 1864 en torno a los revolucionarios europeos emigrados, después de las revoluciones de 1848-1850. Fue concebida como un gran partido internacional y no como una federación de partidos nacionales. Sin embargo, los distintos países no tenían la misma importancia en el seno de la Asociación y las tendencias políticas eran muy diversas, del tradeunionismo inglés al anarquismo de las federaciones italiana, española.

Marx, había redactado los estatutos de 1864, intentó darle una orientación revolucionaria y proletaria, por lo que Bakunin protagonizó un áspero debate con Marx, encabezando la disidencia anarquista con respecto a las propuestas más autoritarias y centralistas que el socialismo marxista estaba imponiendo en el movimiento obrero; dicho enfrentamiento, que marcó toda la vida de la Primera Internacional, desembocó en la expulsión de Bakunin (Congreso de La Haya, 1872). Su pensamiento radical y romántico, plasmado en obras como El Estado y la anarquía (1873), influyó especialmente sobre los nihilistas rusos.

En 1869, se tradujo al ruso el Manifiesto Comunista de Marx y Engels.

En el Congreso de Basilea, del mismo año, Bakunín formuló los principios de su programa: «Liquidación social, expropiación de todos los propietarios, destrucción de todos los Estados nacionales, y, sobre sus ruinas, edificación del Estado Internacional de los Trabajadores». Trata de conciliar, en su pensamiento, las contradicciones de anarquismo y colectivismo. Dotado de una prodigiosa vitalidad, Bakunín gana muchos adeptos, con el príncipe Kropotkín entre ellos, pero Herzen, su amigo, se aparta, en aquel momento, de los nuevos revolucionarios.

El pensamiento político ruso avanza y surgen distintas corrientes. A partir de 1867, Lavrov publica en una revista, con el seudónimo de Pyrtov, sus «Cartas Históricas», chocando con las posiciones nihilistas. Desterrado en París, en 1870, desarrolló sus tesis: con la idea de Herzen de «ir al pueblo», afirmó la necesidad de educar políticamente a ese pueblo, antes de conducirlo a la revolución social y política. Sus escritos tuvieron un gran éxito en Rusia.

Inmediatamente, muchos jóvenes se dedicaron a aquella labor educativa, mientras el mir se convertía en el tema de estudio y de conversación más apasionante. Estaba a punto de formularse el populismo, pero la propaganda abierta en favor de unas tesis es más fácil de yugular que los movimientos subterráneos y anarquistas de las sociedades secretas. La policía zarista era implacable, y el populismo tuvo que dejar paso al socialismo terrorista preconizado por Bakunín, cuyos únicos medios de propaganda eran la octavilla, el revólver y la bomba, a falta de toda posibilidad de representación.

Kropotkin (1842-1921) y Bakunin (1814-1876) fueron los más destacados teóricos del anarquismo. Exaltaban al individuo y creían en la acción directa, que llevaba a negar poder creador a las masas. Según su concepción, el atentado terrorista superaba en eficacia a la organización de carácter político. Algunos contraponían el sindicalismo revolucionario a todo tipo de acción política.

Siempre se caracterizó por su espíritu inquieto y preocupado por la dura realidad de los obreros, y no se condicionó al pensamiento teórico, sino que fue un hombre de de acción: luchó en las barricadas de la Revolución de 1848 en París, Polonia y Alemania. Detenido en Sajonia, fue condenado a muerte en Prusia, Austria y Rusia, indultado y confinado en Siberia. Consiguió escapar a Japón en 1861 y desde allí regresó a Europa a través de Estados Unidos.

Sostenido económicamente por su amigo Herzen, participó en las luchas de la unificación italiana, en la revolución de Polonia de 1863 y en un intento de extender a Lyon la insurrección de la Comuna de París (1870). Militó en la Liga por la Paz y la Libertad.

 Al igual que Bakunin, Herzen fue prisionero en Siberia antes de exiliarse. Si bien en un primer momento se dejó seducir por el modelo occidental, terminó por juzgarlo decadente.

Al igual que Bakunin, Herzen fue prisionero en Siberia antes de exiliarse. Si bien en un primer momento se dejó seducir por el modelo occidental, terminó por juzgarlo decadente.

Durante el congreso de La Haya, en septiembre de 1872, sus partidarios fueron excluidos de la Asociación Internacional de Trabajadores y formaron una Internacional antiautoritaria. Sin embargo, la espontaneidad revolucionaria de las masas también desilusionó a Bakunin en septiembre de 1870 en Lyon, al igual que en mayo del año siguiente en París, cuando la Comuna fue aniquilada, o incluso en mayo de 1874 en Bolonia: los proyectos de rebelión fracasaron.

Pasó sus últimos años en Suiza, viviendo en la miseria, planeando conspiraciones que nunca llegaron a realizarse y manteniendo correspondencia con pequeños grupos anarquistas, alentados por su ferviente inspiración. Bakunin murió en Berna en medio de la miseria, el 1 de julio de 1876.

Sus obras se convirtieron en la fuente teórica del anarquismo de finales del siglo XX: Dios y el Estado, El Estado y la anarquía, El Imperio Knuto-Germdnico e Intemacional, La teología política de Mazzini, Dios y el Estado, El catecismo revolucionario y Los principios de la Revolución.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1814 Nacimiento de Mijaíl Alexándrovich  Bakunin en Priamujino, provincia de Tver, el 18 de mayo.

1828 Es enviado a San Petersburgo para  estudiar en la academia militar.

1835 Abandona el ejército para estudiar  filosofía en Moscú.

1840 Viaja a Berlín.

1841 Publicación de la Esencia del  cristianismo de Feuerbach.

1844 El gobierno ruso le retiene su  pasaporte.Viaja a París.

1844-1847 Conoce a Marx y Proudhon.

1847 Lanza un Llamamiento a los hermanos polacos y es expulsado de Francia.

1848 Regresa a Francia y luego viaja al  congreso eslavo en Praga.

1849 Participa en la revolución de Dresde.

1850 Es condenado a cadena perpetua.

1851 Es entregado a Rusia.

1857 Bakunin, condenado a un exilio perpetuo en Siberia.

1861 Logra huir de Siberia y llega a Londres.

1864 Fundación en Londres de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT).

1865 Teoría de la propiedad de Proudhon.

1867 Marx publica el primer libro del Capital.

1868 Bakunin adhiere a la Primera Internacional.

1872 Excluído de la AIT durante el congreso de La Haya.

1876 Muerte de Bakunin en Berna, el I de julio.

Fuente Consultadas:

HICIERON HISTORIA Biografías Editorial Larousse Entrada: Bakunin Mijail
ENCICLOPEDIA HISPÁNICA Tomo 12 Entrada: Bakunin Mijail
CIVILIZACIONES DE OCCIDENTE Tomo B Jackson J. Spielvogel – El Anarquismo
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre CODEX Tomo X

El legado filosófico de Bakunin

Este año 2014 se cumplen 200 años del nacimiento de Mijaíl Aleksándrovich Bakunin, un buen motivo para hablar una vez más del pensamiento de uno los incuestionables padres del anarquismo moderno. Más allá de la veneración que suscita a veces por ser uno de los principales representantes en la historia de las ideas libertarias, es importante preguntarse si este hombre es un pensador primordial para el pensamiento contemporáneo.

BakuninPara considerar la respuesta afirmativa, es importante revisar su obra (bastante caótica, todo hay que decirlo, comprensible en una agitada y apasionantes vida llena de conspiraciones) y disfrutar de ella desprendido de prejuicios (positivos o negativos). Demasiado conocida es también su ruptura con Marx, pero también inestimable su juicio avant la lettre respecto al socialismo de Estado o autoritario (la expresión de Bakunin sobre ese “comunismo de cuartel” en que iba a desembocar el marxismo se convirtió en una triste realidad). El gigante ruso conoció muy bien el pensamiento de su época, pasando de Kant a Fichte, de ahí a Hegel, y relacionándose con personalidades relevantes del momento. Su pensamiento ético y filosófico pasó por varias etapas, que pueden reducirse a tres según algunos autores, pasando de un idealismo metafísico a un idealismo dialéctico para desembocar en la que más nos interesa y que puede considerarse el culmen de su pensamiento: la materialista.

El materialismo o el verdadero idealismo

Bakunin consideraba el desarrollo gradual del mundo material perfectamente concebible por la experiencia del hombre gracias a la lógica y la mente; en su opinión, consistía en un movimiento natural desde lo simple a lo compuesto, desde lo inferior a lo superior. En cambio, el sistema de los idealistas era para él lo opuesto, la completa inversión de cualquier experiencia humana y del sentido común. Para nuestro autor, la base del conocimiento y de la condición necesaria para el entendimiento entre los hombres solo podía estar en la experiencia y en la observación, en la especulación científica más sublime y complicada que se inicia en la verdad más simple y admitida. Los metafísicos seguirían un camino muy diferente, no admitirían que el pensamiento y la ciencia sean manifestaciones de la vida natural y social y se empecinarían en levantar un ideal conforme a su propio pensamiento y a su imperfecta concepción de la ciencia. Por metafísicos, Bakunin entendía a los hegelianos, a los positivistas y a todos los que habían convertido a la ciencia en una diosa; en general, a aquellos que habían levantando un ideal de organización social en el que querían encasillar a toda costa a las generaciones futuras. Los idealistas, cegados por el fantasma divino, se negarían a emprender un camino desde lo inferior a lo superior, desde la materia hasta el ser pensante, y comenzarían por la perfección absoluta hasta caer en el mundo material o imperfección absoluta. El misterio de ese Ser Divino, eterno, perfecto, infinito, ha seducido a grandes pensadores a lo largo de la historia, con bellas y grandes palabras al respecto, incluso con el descubrimiento de verdades importantes, pero sin que ninguno de ellos haya sido capaz de resolver lo incomprensible, lo arcano. El misterio es obviamente inexplicable, por lo cual puede considerarse lógicamente absurdo (porque absurdo es lo inefable). El resumen de la teología es para el anarquista ruso la frase de Tertuliano, y de todos los sinceros creyentes, “creo porque es absurdo”, con la que cesaría toda discusión entre la sinrazón de la fe y la razón científica.

Los idealistas desprecian la lógica y extraen su inspiración de la experiencia de la vida. Pero el poder y la opulencia de la teoría idealista sería solo aparente, ya que chocaría enseguida con una contradicción lógica. Esta contradicción estriba principalmente en querer a Dios y a la humanidad a la vez. Por mucho que conecten ambos términos, por mucho que representen a su divinidad movidos por el amor hacia la libertad humana, la mera existencia de un Dios (de un Señor) implica convertir al hombre en su sirviente. Para Bakunin, el idealismo religioso o filosófico (interpretación más o menos libre uno del otro) era la bandera de la fuerza bruta, de la explotación material desvergonzada. Por el contrario, tal y como entendía el materialismo, éste posibilitaba la igualdad económica y la justicia social y constituía la más alta expresión idealista, de libertad y de fraternidad, de las masas oprimidas. Por lo tanto, los auténticos idealistas no eran los de la abstracción que ponían su atención en el cielo, sino los de la tierra y la vida. El idealismo teórico o divino, por mucho espíritu y buena voluntad que le mueva, y por mucho que se presente al servicio de la humanidad, suponía la renuncia a la lógica, a la razón y a la ciencia. Bakunin consideró que lo que movía a los idealistas era un poderoso motivo de índole moral, el pensar que sus creencias eran esenciales para la grandeza y dignidad del hombre; al mismo tiempo, creyeron que lo contrario, las teorías materialistas, reducían al hombre al nivel de la bestia. Nuestro autor sostenía lo contrario, que al partir del materialismo, de la totalidad del mundo real, se llega lógicamente a la verdadera idealización, a lo que consideraba la humanización o completa emancipación de la sociedad.

Bakunin comenzaría su obra Dios y el Estado formulando una de las grandes preguntas de la filosofía: “¿Quiénes tienen razón, los idealistas o los materialistas?” Aunque el anarquista ruso continuaría tomando partido tajantemente por el materialismo, es decir, afirmando que el mundo material precede al del pensamiento y los hechos estarían antes que las ideas, más tarde trataría de suavizar tan categórica posición y mostraría la necesidad de analizar el mundo de las ideas en aras de una perfección moral y social. El determinismo que, supuestamente, supondrían las condiciones materiales de existencia puede ir paralelo a la incidencia de aspectos ideológicos y culturales, tal y como han sostenido autores posteriores a Marx y Bakunin. La capacidad de perfeccionar ese medio y de fomentar tanto el desarrollo individual como los hábitos de cooperación pueden ser el camino para conquistar la auténtica libertad. Una libertad que, recordando también a Bakunin, solo adquiere su verdadero significado para el hombre en sociedad.

El ateísmo y la libertad humana

En 1864, Bakunin expresa su conocida afirmación: “Dios existe; por consiguiente el hombre es su esclavo. El hombre es libre; por lo tanto no hay Dios. ¡Escape quien pueda a este dilema!”. El anarquismo y el ateísmo de Bakunin se producen, con lógica, de forma conjunta; se trata de la renuncia a toda teología religiosa y política, a la Iglesia y al Estado, ambas instituciones centralistas y trascendentes. Da una idea de lo adelantado de este pensador, cuando en 1868, como parte del programa para la Liga para la Paz y la Libertad, de cuyo comité directivo formaba parte, afirma la necesidad, junto a un cambio radical en el sistema económico, de excluir la religión de la educación y de las instituciones públicas. En ese momento, su punto de vista era similar al de Marx: solo unos cambios radicales en la estructura social, una revolución, podría hacer superar la religión y toda creencia atávica que maniataba al ser humano. Bakunin se mostrará orgulloso de que la Internacional sea atea y materialista, ya que solo esa condición favorecerá la emancipación de la clase trabajadora.  La evolución final hacia el ateísmo en Bakunin supone al mismo tiempo apostar por una sociedad sin clases y sin Estado. También acabará viendo a la religión, junto con Marx, como un reflejo ideal de lo real, un producto ideológico de las condiciones económicas reinantes en lo social. En este punto, se aprecian las influencias del materialismo histórico en Bakunin, según el cual no son las ideas y las creencias el motor de la historia, sino los hechos económicos. Sin embargo, Bakunin se mostrará mucho más flexible que Marx, ya que no verá nunca el materialismo histórico como una férrea filosofía de la historia y tampoco, necesariamente, un método infalible de interpretación histórica. La historia de las religiones la terminará viendo Bakunin, en su madurez intelectual, como el desarrollo de la inteligencia y de la conciencia colectiva de los hombres; la influencia de Feuerbach quedará de manifiesto cuando afirme sin tapujos que la creencia religiosa ha supuesto el empobrecimiento del hombre y la naturaleza para enriquecer a Dios y a lo sobrenatural, aunque fuera en origen una posible necesidad histórica, un error en el desarrollo de la facultad humana. Al igual que Proudhon, Bakunin se acabará considerando no solo ateo, sino antiteísta, ya que se vincula la idea de Dios a la de la esclavitud humana.

El anarquista ruso consideraba que, al no poder encontrarle en el exterior, el hombre terminó por buscar a Dios en el interior de sí mismo; la manera de buscarle fue despreciando todas las cosas reales y vivientes, y todos los mundos visibles y conocidos. Tal y como lo expresaba Bakunin, el hombre al término de este viaje solo se descubre a sí mismo, despojado de todo contenido y de todo movimiento, convertido en una abstracción, en un ser inmóvil y vacío. Sería un no-ser absoluto, pero la fantasía religiosa lo ha denominado el ser supremo, Dios.

El hombre se condujo a esta abstracción debido a la diferencia que estableció, e incluso también conflicto, entre cuerpo y alma (entendiendo ésta en realidad como el pensamiento y la voluntad). Bakunin, por supuesto, entendía que el “alma” era solo el producto o expresión última del organismo humano, algo que no comprendió el hombre religioso. Éste, quería observar que el cuerpo obedecía siempre a las sugestiones del pensamiento y la voluntad, por lo que su facultad de abstracción los convirtió en el alma del universo entero (en Dios). Así, un Dios universal, externo e inmutable, generado por la imaginación religiosa y por la facultad abstractiva del hombre, se instaló por primera vez en la historia. En el siguiente paso, el hombre fue sucesivamente incapaz de reconocerse en su propia creación y empezó a adorar a ese supuesto Dios. Así, se invirtieron los papeles, la cosa creada se transformó en creador, y el hombre ocupó su lugar entre las demás criaturas miserables.

Bakunin pensaba que el desarrollo posterior de las teología, una vez que se instaló Dios, se explica como reflejo del desarrollo histórico de la humanidad. Si la idea de un ser sobrenatural y supremo se instala en la imaginación humana, y toma posesión de ella convirtiéndose en una convicción hasta el punto de parecerle al hombre más real que las cosas producto de su experiencia, también se convierte en algo natural que esta idea sea la base primordial de toda experiencia humana. Enseguida, el “ser supremo” se convirtió en dueño absoluto, y el pensamiento y la voluntad pasaron a ser la fuente universal. Nada podía ya rivalizar con esta idea y todo se desvanecería ante su presencia (incluido el hombre), ya que la verdad con mayúsculas estaba en Dios. A pesar de todo, Bakunin quería observar la lógica en este proceso, para comprender por qué Dios se había convertido en un ser supremo, omnipotente y absoluto; en caso contrario, Dios no podría existir de modo alguno.

El hombre atribuyó a Dios todas las cualidades, potencias y virtudes que acababa descubriendo en sí mismo. Como ese ser supremo es solo una abstracción, sin ningún contenido real, solo se llena y enriquece con las realidades del mundo existente, apareciendo ante la imaginación religiosa como el gran señor y el gran maestro. En una definición nada delicada, Bakunin definía a la divinidad como el saqueador absoluto; lo que definía a la religión era el antropomorfismo, y el cielo solo suponía un reflejo, invertido y engrandecido, de la visión del creyente. El cometido de la religión sería entonces arrebatar al mundo terrenal sus riquezas y fuerzas naturales para transferirlas al mundo celestial y transmutarlas en tantos seres o atributos divinos. En este proceso transformador, se cambia también la naturaleza de esos poderes y cualidades, se falsifican y se corrompen adquiriendo una dirección opuesta a su tendencia original.
La razón, el órgano que tiene el ser humano para discernir lo correcto, se convierte en razón divina, deja de ser inteligible y se impone a los creyentes apelando a lo absurdo. El respeto al cielo y la divinidad se convierten en desprecio al hombre y al mundo terrenal. El amor humano, la gran solidaridad universal que tiene que vincular a todos los pueblos del mundo, se transforma en amor divino y caridad religiosa, convirtiéndose en una tremenda aflicción para la humanidad. La justicia, que debería ser la que garantice la igualdad, al ser transportada en tiempos de la fantasía religiosa hacia terrenos celestiales, regresa a la tierra en forma de gracia divina, la cual suele ser cómplice del más fuerte y asegura los privilegios. Por supuesto, Bakunin no era simplista, hablaba de cierta necesidad histórica de la religión y no la consideraba un mal absoluto dentro de la historia. Habría sido un primer despertar de la razón humana como sinrazón divina, un primer destello de la verdad humana a través del velo divino de la falsedad.

La religión habría sido también el primer paso de la humanidad para emerger desde la bestialidad, aunque deberá desprenderse de ella para potenciar lo humano y conquistar la razón y la libertad. El cristianismo es considerado la religión por excelencia, ya que muestra claramente la esclavitud y degradación de la humanidad en beneficio de la divinidad. Esto era lo que Bakunin consideraba el principio supremo de toda religión, y también de toda escuela metafísica, deísta o panteísta. Además, al ser el hombre incapaz por sí solo de encontrar el camino hacia la verdad y la justicia, se recibe como una revelación del más allá y se genera una clase intermediaria elegida y enviada supuestamente por la gracia divina. Se produce, por lo tanto, también una jerarquía terrenal y los hombres, además de esclavos de Dios, pasan a ser esclavos de la Iglesia y del Estado. El epítome de toda esta visión es la Iglesia Católica Romana, la cual la ha extendido y proclamado con vehemencia absoluta.

No habría que hace la más mínima concesión a la teología, si de verdad amamos la libertad; para Bakunin, amar a Dios es renunciar a la libertad y a la dignidad humana. Además, la religión se ha mostrado históricamente, siempre, al lado de la tiranía; incluso, aquellos sacerdotes perseguidos que se enfrentaban al poder establecido, no tardaban demasiado en imponer una nueva obediencia y en establecer los fundamentos de una nueva tiranía. La religión, como proclamadora de la costumbre, de la paciencia, la resignación y la sumisión, es habitual aliada de todo Estado, incluso aunque sus gobernantes aseguren no ser metafísicos, teólogos o deístas, ni tampoco ser creyentes. Bakunin creía firmemente que la influencia religiosa era un obstáculo para la emancipación humana y social; las energías laborales y la razón, instrumentos esenciales para la liberación, son mitigados por causa de la religión. El trabajo, en el que había que volcar todo esfuerzo liberador, se convierte así en una maldición o en un castigo merecido, mientras el ocio queda reservado a la divinidad. Para el anarquista ruso, la manera de combatir la religión, y preservar así la libertad, sería mediante la razón, la ciencia y el socialismo. Por sí sola, la propaganda del libre pensamiento, aunque muy útil, no podrá acabar con la superstición religiosa; es necesario que las personas adquieran una existencia digna, para evitar que tengan la necesidad de entrar en una iglesia (o en una taberna, con la cual Bakunin realizaba cierta analogía). La revolución social puede y debe otorgar esa existencia a la humanidad.

También hay que recordar una actitud encomiablemente antiautoritaria, y también lúcidamente premonitoria, cuando Bakunin se niega a derogar por decreto alguno los cultos públicos ni expulsar de ningún modo al clero: “si se ordena por decreto la abolición de los cultos y la expulsión de los sacerdotes, ya podéis estar seguros de que hasta los campesinos menos religiosos tomarán partido por el culto y por los sacerdotes, aunque más no sea por espíritu de contradicción y porque en todo hombre existe un sentimiento legítimo, natural (base de la libertad), que se subleva contra toda medida impuesta, aun cuando esta tenga por fin la libertad”.

La unión de los mundos físico y social

Para Bakunin, la naturaleza es la suma de todas las cosas que tienen existencia real. No obstante, aclara ante tan aséptica definición, que lo que caracteriza a la naturaleza es la existencia de vida, la transformación y el movimiento, por lo que podemos mejorar la cuestión del siguiente modo: la naturaleza es la suma de las transformaciones efectivas de las cosas que existen y que se producirán incesantemente dentro de su seno. Todas las cosas existentes en el mundo, al margen de su naturaleza, cantidad o calidad, realizan de forma necesaria, unas sobre otras, consciente o inconscientemente, directa o indirectamente, una acción y reacción constante. Bakunin denominaba a la combinación de esta infinidad de acciones y reacciones de diversos modos: vida, solidaridad, causalidad universal, naturaleza… Incluso, llegaba a decir que podemos ponerle el nombre de Dios o de Absoluto, siempre y cuando no nos apartemos de la definición anterior, que en ningún caso presupone ninguna predeterminación, preconcepción o conocimiento previo. Así, tal como lo quería ver el anarquista ruso, esa naturaleza o solidaridad universal se impone a nuestra mente como una necesidad racional.

La solidaridad universal no adquiere el carácter de una primera causa absoluta, más bien al contrario, se trata de la acción espontánea de causas particulares, cuya totalidad podemos denominar causalidad universal. Es una constante creación, desde el punto de vista de la partes, y desde el punto de vista del todo, con la constante transformación de todas las cosas existentes. Si la causalidad universal ha dado lugar a los mundos, con su estructura mecánica, física, geológica y geográfica, del mismo modo ha producido a la humanidad y las sociedades, con todos sus desarrollos pasados, presentes y futuros. Cada parte en la naturaleza posee sus propias leyes, con sus peculiares transformaciones y acciones, las cuales a su vez están sujetas a cambios bajo la influencia de nuevos condiciones y determinantes. Es lo que Bakunin llamaba el “método legislativo” en la naturaleza, la constante repetición de los mismos hechos a través de la acción de las mismas cosas, un orden en la infinita diversidad de hechos y fenómenos.

Si concebimos de esta manera el universo, no parece haber cabida para ideas a priori, ni para leyes preconcebidas o preordenadas. Vemos aquí un rechazo al idealismo filosófico, cuando Bakunin afirma que las ideas solo existen sobre la tierra en cuanto son producidas por la mente, incluyendo entre estas ideas la de Dios. Las ideas habrían surgido muchos después de los hechos naturales y de las leyes que los gobiernan; si las ideas son ciertas, se corresponden con esas leyes, y sin son falsas las contradicen. Es posible llegar a conocer esas leyes naturales en nuestra mente, gracias a una observación más o menos exacta de las cosas, de los fenómenos y de la sucesión de los hechos. Antes de aparecer el pensamiento humano, esas leyes existían solo en el estado de procesos reales o naturales, que ya hemos visto que están determinados por la indefinida concurrencia de condiciones. Tal y como lo contempla Bakunin, estas influencias y causas particulares repetidas con regularidad excluyen cualquier idea mística o metafísica de una substancia, de una causa final o de una creación producida y dirigida por una providencia. Cuando el ruso habla de “creación”, se refiere al proyecto infinitamente complejo de un número ilimitable de causas ampliamente diversas, conocidas o no, cuya combinación dio lugar a un hecho determinado.

La existencia de una mano creadora, de un regalador, de Dios, supondría la negación de las leyes naturales, las cuales aseguran el orden universal. Bakunin identificaba lo natural con lo lógico, por lo que la intervención de un ser superior vendría a ser lo mismo que aceptar lo ilógico, lo absurdo. Sin embargo, se plantea la pregunta de cómo y por qué existen las leyes del mundo natural y social, ya que no han sido producto de una voluntad creadora y gobernadora. Por supuesto, no está en manos de nadie resolver este problema. Se entenderá ahora perfectamente la conocida frase de Bakunin: “Yo no pongo mi ignorancia en un altar y le llamo Dios”. Buscar una primera causa es absurdo, máxime cuando lo probable es que no exista, solo podemos hablar de una causalidad universal producto de múltiples causas particulares. La confianza en la ciencia hace que podamos eludir las falacias y fantasías de metafísicos, y teólogos, preferimos asumir nuestras ignorancia a presentar hipótesis inverificables como verdades absolutas. En cualquier caso, la ciencia no substituirá un absurdo por otro, jamás extraerá consecuencias de lo que desconoce. Bakunin admitía los límites del conocimiento humano, una especie de ciencia universal se antoja una nueva clase de ideal. El hombre, gracias a la ciencia y a su mente, aspira a sistematizar y clasificar todas esas características y combinaciones de cosas, gracias a la observación y la experimentación, y es lo que podemos denominar “leyes naturales”.

Como buen materialista, Bakunin reconoce la materia como el único ser real y universal, base de todas las cosas existentes; las leyes generales serían inmanentes a esa materia. Incluso, la voluntad, el sentimiento y la inteligencia del hombre (lo que podemos llamar el “mundo ideal”), también estarían sujetas a estas leyes, ya que también son funciones materiales. Se presupone la existencia de leyes generales, al igual que de leyes particulares (dentro de las cuales estaría el desarrollo ideal y social del ser humano), pero Bakunin advierte que no existen departamentos estancos en la ciencia, todo está estrechamente relacionado en la naturaleza. Del mismo modo, no hay que observar un carácter absoluto en lo que denominamos leyes naturales, debido precisamente a que los fenómenos se reproducen constantemente y a la gran variedad de hechos concurrentes. A pesar de sus evidentes limitaciones, el hombre debe lanzarse a conocer, sin caer en abstracción religiosa alguna, para tratar de comprender la naturaleza y otorgar sentido a la vida. De esta manera, se niega así toda fatalidad y emprendemos el camino de la conquista de la libertad.

Conclusiones

Desde el punto de vista filosófico, el pensamiento bakuniano se funda en un completo materialismo (que él llamó “el verdadero idealismo”, afirmación de la realidad en el mundo terreno), en el ateísmo (o antiteísmo: para afirmar la libertad terrenal del hombre es necesario desterrar la mística leyenda del libre albedrío metafísico, que acaba negando la auténtica libertad, social y política, del hombre) y en la unión de los mundos físico y social. Consideraba que la libertad de la voluntad existe, aunque considerándola relativa y cualificada en última instancia y no incondicional, y definió la libertad como “el dominio sobre las cosas exteriores, basado en la observación respetuosa de las leyes de la naturaleza”. En cuestiones éticas, para Bakunin la “moralidad anarquista” es la “moralidad verdaderamente humana”; gracias a la ciencia, el materialismo y el socialismo, es posible conquistar un moralidad elevada. Consideró que el concepto de divinidad expropiaba la vida real y los más altos valores humanos (justicia, amor, razón…) en nombre de la nada convirtiéndolos en insondables para los hombres. Por otra parte, el Estado moderno, no muy diferente del Estado teológico, se legitima en un supuesto contrato libre y se arroga la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, la moral se reduce finalmente a “razón de Estado”. La diferencia entre Estados no es en el fondo más que un cambio de religión y el nuevo Estado laico pregonará la fe del “patriotismo”. Bakunin reconocía los méritos del liberalismo en la evolución del pensamiento (al restarle atributos al Estado), aunque recordaba que finalmente requería de la protección del Estado para preservar los privilegios de la burguesía. Pero la crítica a los liberales no es solo ésta, también negó el anarquista ruso el contractualismo y la existencia ontológica del individuo previa a la de la sociedad: para él, la libertad humana es una creación histórica y social, el hombre solo puede ser auténticamente libre en sociedad mediante la reflexión y el reconocimiento en los demás (solo la igualdad y cooperación hacen verdaderamente libre al hombre).

Fuentes:
Ángel. J. Cappelletti, “La evolución del pensamiento ético y filosófico de Bakunin”.
B. Cano Ruiz, El pensamiento de Miguel Bakunin (Editores Mexicanos Unidos, México D.F., 1978).
Mijail A. Bakunin, Escritos de filosofía política (Ediciones Altaya, Madrid 1994).
Sam Dolgoff, La anarquía según Bakunin (Tusquets, Barcelona 1983).

Capi Vidal
http://reflexionesdesdeanarres.blogspot.com.es/
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