Salvador Puig Antich (Vida y obra)

Salvador Puig Antich.

Monumento a Salvador Puig Antich en la Plaza con su nombre inaugurada en Barcelona en marzo de 2016

Monumento a Salvador Puig Antich en la Plaza con su nombre inaugurada en Barcelona en marzo de 2016

Salvador Puig Antich  nacio en Barcelona (Cataluña) el 30 de mayo de 1948 y fue condenado a pena de muerte y ejecutada por garrote vil en Barcelona (Cataluña) el 2 de marzo de 1974)1.
Fue un anarquista y antifascista español, apodado “El Metge” (“El Médico” en castellano) que formó parte del Movimiento Ibérico de Liberación, organización anticapitalista que apoyaba la agitación armada y fomentaba la lucha obrera. Fue detenido en el otoño de 1973 y condenado a muerte en Consejo de Guerra por un tribunal militar por el homicidio del subinspector del Cuerpo General de Policía en Barcelona, brigada anti-atracos, Francisco Anguas Barragán, de 24 años, durante un tiroteo que se produjo durante el operativo de su detención junto a otros miembros del MIL. Murió ejecutado en el garrote vil en la mañana del 2 de marzo de 1974. Fue el último preso ejecutado en España por este método.

Salvador nació en Barcelona, Cataluña (España), el 30 de mayo de 1948. Hijo de una familia trabajadora con una ideología burguesa, cristiana y progresista, Salvador era el tercero de seis hermanos. Su padre, Joaquín Puig, había sido militante de Acció Catalana durante la República; exiliado en Francia en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, a su vuelta a España fue condenado a muerte e indultado en el último momento. Su madre, Immaculada Antich, era una mujer activa con una amplia vida social, de temperamento extrovertido y alegre, referente de la vida familiar.

La madre y la abuela de Salvador, junto a la figura de su hermano mayor Joaquim, fueron de gran influencia durante su infancia. Su padre, por lo contrario, siempre se mantuvo un tanto al margen de su educación.

El joven Salvador empezó a estudiar en el colegio religioso La Salle Bonanova junto a su hermano Joaquim hasta que fue expulsado por indisciplina (por pegar a un profesor que había faltado a un compañero de clase). Después estudió en los Salesianos de Mataró en régimen de internado, tras haber pasado por la escolanía de los capuchinos de la Iglesia de Pompeya, donde, como otros compañeros, compaginó con algún trabajo esporádico.

A partir de los dieciséis años compaginó el trabajo en una oficina con los estudios nocturnos del Bachillerato y preuniversitario en el Instituto Maragall, donde hizo amistad con Javier Garriga y los hermanos Solé Sugranyes, Oriol e Ignacio), todos ellos futuros compañeros del Movimiento Ibérico de Liberación (MIL). Serían Ignacio y Javier quienes iniciaría a Salvador en la política. Javier era militante de las Fuerzas Socialistas Federadas (FSF) e Ignacio de Acción Comunista, donde también militaba Santi Soler, quien luego sería uno de los ideólogos del MIL.

Los episodios del “Mayo francés” de 1968 y la muerte del estudiante Enrique Ruano en la Dirección General de Seguridad en 1969 fueron decisivos para que Puig Antich decidiera implicarse activamente en la lucha contra la dictadura franquista. Su primera militancia sería en 1967 en las plataformas de Comisiones Obreras del barrio Sant Josep Oriol, formando parte de la Comisión de Estudiantes del Instituto Maragall. Ideológicamente, pronto evolucionó hacia posiciones anarquistas, que rechazaban cualquier tipo de dirigismo y jerarquía dentro de las organizaciones políticas y sindicales en la lucha de la clase obrera hacia su emancipación. Tras iniciar estudios universitarios de Ciencias Económicas, hace el servicio militar en Ibiza, donde es destinado a la enfermería del cuartel. Una vez licenciado, se incorpora al Movimiento Ibérico de Liberación (MIL), integrándose en su rama armada, en lucha contra el capitalismo.

Puig Antich y sus compañeros se movían con facilidad en el mundo de la lucha clandestina. Puig participa, haciendo de chófer, en las acciones del grupo, que consistían generalmente en atracos a bancos. Los botines se destinaban a financiar las publicaciones clandestinas del grupo. Crearon la revista “CIA” [Conspiración Internacional Anarquista] y la editorial “Mayo 37”. También se ofrecieron para ayudar económicamente a huelguistas, pero a éstos les daba miedo recibir un dinero proveniente de los atracos. Viajaban a menudo al sur de Francia, donde se relacionaban con viejos militantes cenetistas.

El 2 de marzo de 1973 un contable de la sucursal del Banco Hispanoamericano de Barcelona resultó herido de gravedad durante un atraco perpetrado por Salvador Puig Antich, Jean Marc Rouillant, José Luis Pons Llobet y Jordi Solé Sugranyes.2 A partir de entonces la policía creó un grupo especial para desarticular esta banda. La nueva situación creó dudas y contradicciones en el seno del MIL. En agosto de 1973, en una reunión en Francia, la mayoría de sus miembros, descontentos con la trayectoria del grupo, decidieron su disolución. Sin embargo, Puig Antich, los hermanos Solé Sugranyes y José Luis Pons decidieron continuar.3

El 15 de septiembre de 1973, en lo que fue el último atraco del MIL, en Bellver de Cerdaña la Guardia Civil detuvo a Oriol Solé y a José Luis Pons, mientras que Jordi Solé consiguió escapar a Francia.2 Unos días después la policía detuvo a la novia de Pons y a Santi Soler que, al ser interrogado, acabó confesando que tenía una cita el 25 de septiembre con Xavier Garriga en el bar El Funicular. Se preparó un operativo para ese día esperando detener a Garriga. Aunque no se esperaba la presencia de Puig Antich, finalmente los dos anarquistas son abordados. Garriga iba desarmado y no opuso resistencia. Puig se resistía al arresto, por lo que entre los inspectores Bocigas y Santorum y el subinspector Anguas trataron de reducirle con una zancadilla y mediante golpes en la cabeza con la culata de las pistolas.[cita requerida] En ese momento le requisaron una pistola Kommer, calibre 6,35 mm, cargada y sin montar. Sin embargo el forcejeo continuó y cinco policías introdujeron a Puig y a Garriga en un portal situado en el número 70 de la calle Girona. En ese momento se escuchó un disparo, que aprovechó Garriga para escapar, aunque fue perseguido por los policías Rodríguez y Algar y atrapado gracias a la colaboración ciudadana. Mientras tanto se produjo un tiroteo en el portal donde habían quedado Puig Antich, Bocigas, Anguas y Fernández Santorum, resultando malherido Puig Antich y muerto el subinspector Francisco Anguas Barragán, de 23 años.4 2

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Puig Antich fue encarcelado, acusado de ser el autor de los disparos que causaron la muerte al subinspector del Cuerpo General de Policía en Barcelona Anguas Barragán y, posteriormente, juzgado en consejo de guerra y condenado a la pena capital “por la muerte de un funcionario público por razones políticas”.2 Partidos políticos, colectivos de derechos humanos y mandatarios extranjeros, como la Santa Sede o el canciller alemán Willy Brandt pidieron su indulto. Los abogados, hermanas y novia de Puig Antich coinciden en afirmar que los partidos y sindicatos tradicionales de oposición no se movilizaron para pedir el perdón del sentenciado y así evitar su muerte o, al menos, buscar postergarla. Salvador pasó su última noche en la celda 443 de la cárcel Modelo de Barcelona, y fue ejecutado mediante garrote vil por el verdugo titular de la Audiencia de Madrid, Antonio López Sierra, en la sala de paquetería de la prisión el 2 de marzo de 1974 a las 9:20 , certificando su muerte un capitán médico a las 9:40. En muchos países de Europa se organizaron manifestaciones como protesta por la ejecución.5 6 2

El mismo día, casi simultáneamente y por el mismo método fue ejecutado en Tarragona Georg Michael Welzel (alias Heinz Chez) en lo que se consideró un intento de las autoridades franquistas de distraer la atención respecto a la ejecución de Puig Antich.[cita requerida] Puig Antich está enterrado en el Cementerio de Montjuïc (agrupación 14, nicho 2737).

El 31 de octubre de 2014, la jueza argentina María de Servini, instructora de la causa penal contra el franquismo, y basándose en el Principio de justicia universal, envía una orden de detención internacional contra varios cargos de la dictadura franquista implicados en su ejecución, solicitando su extradición con el objetivo de interrogarles. Imputados, entre otros delitos, por firmar la sentencia de muerte de Salvador Puig Antich están los ex-ministros franquistas Antonio Carro Martínez, José Utrera Molina, Antonio Barrera de Irimo y Licinio de la Fuente.7

Según Jean-Marc Rouillan, uno de sus compañeros que le esperaba en un coche cuando se produjo la emboscada policial, Puig Antich disparó a los policías que le detuvieron.8

Cine, literatura, teatro, pintura y música.

En 1974 mientras Salvador esperaba su ejecución y el mundo se movilizaba para conseguir su indulto, Joan Miró pintó la serie La esperanza del condenado a muerte.

En 1974 mientras Salvador esperaba su ejecución y el mundo se movilizaba para conseguir su indulto, Joan Miró pintó la serie La esperanza del condenado a muerte.

El grupo de teatro Els Joglars produjo en 1977 la obra La torna que trataba sobre la ejecución de Heinz Chez como distracción del caso Puig Antich. Por esa obra el grupo fue sometido a un Consejo de Guerra que generó un fuerte movimiento a favor de la libertad de expresión. Lluís Llach dedicó a su memoria el tema “I si canto trist”, que daba título al disco publicado el mismo año 1974. Años más tarde el cantautor participó en la banda sonora de la película Salvador. El también cantautor Joan Isaac compuso en 1976 su tema “A Margalida” en homenaje a Puig Antich y a su compañera. En 2005 Loquillo hizo también una canción dedicada a su memoria en el disco “Mujeres en pie de guerra” llamada “El año que mataron a Salvador”.

En 1985, se publicó el primer libro de investigación sobre el tema: La torna de la torna. Salvador Puig Antich i el MIL, Editorial Empúries, obra del colectivo Carlota Tolosa, integrado por Ramon Barnils, Elisabet Bonshoms, Montse Majench, Xavier Montanyà, Margarida Palomar, Carles Ruiz, Elisabet Sabartés, Rosa Serra, Carles Serrat y Dolors Tubau.

images (1)En 1996 el Ateneu Enciclopèdic Popular de Barcelona publica el libro Antologia Poètica a la Memòria de Salvador Puig Antich, selección y prólogo de Ricard Vargas Golarons, que incluye poemas anónimos y firmados de autores como Ferran Aisa, Neil Amaro, Víctor Esteban, Vicent Andrés Estellés, Antoni Dalmases, Pere Gimferrer, Valentí Gómez i Oliver, José Agustín Goytisolo, Sara Guillén, Joan Isaac, Gerard Jacas, Lluís Llach, Ramon Muns, Agustí Pons, Marcel·lí Reyes, Anton Sala-Cordanó, Segimon Serrallonga, Josep-Miquel Sevià, Ricard Vargas Golarons, Andreu Vidal…

En 2001, el periodista catalán Francesc Escribano escribió el libro Cuenta atrás. La historia de Salvador Puig Antich, en el que cuenta los hechos que llevaron a la ejecución de Puig Antich. En septiembre de 2006, con guion basado en el libro de Escribano, se estrenó la película española Salvador, protagonizada por Daniel Brühl y dirigida por Manuel Huerga.

Homenajes.

Plaza Salvador Puig Antic inaugurada en Barcelona en marzo de 2016

Plaza Salvador Puig Antic inaugurada en Barcelona en marzo de 2016 

El 5 de marzo de 2016 la alcaldesa de Barcelona Ada Colau inauguró un mirador con vistas a la ciudad en el barrio de Roquetes con su nombre. En la plaza se ha colocado un monumento en memoria del joven anarquista, obra del arquitecto Nicolás Aparicio y Gerard Cuartero.9 Colau reivindicó en su intervención la memoria anarquista de la ciudad de Barcelona y reclamó la Barcelona “anticapitalista, feminista y antisistema“. También condenó la impunidad de los crímenes del franquismo. Asistieron también al homenaje sus hermanas, el ex-alcalde Xavier Trias, la presidenta del Parlamento de Cataluña Carme Forcadell y el cantante Joan Isaac que interpretó varias de sus canciones, entre ellas “A Margalida” dedicada al joven anarquista.10

En Madrid, horas antes, el 4 de marzo, se organizó un homenaje en Centro Cultural Casa del Reloj, en el que intervino su hermana Merçona y se leyeron en el escenario tres de las cartas que Salvador escribió desde la prisión. 42 años después de su ejecución, fue el primer homenaje que se celebra para honrar su memoria.11

Referencias.

Enlaces externos.

Salvador Puig Antich, anarquista ejecutado por el régimen franquista

Salvador Puig AntichSalvador Puig Antich (Barcelona, 1948-1974) fue un anarquista catalán, activo durante los años sesenta y comienzos de los setenta, que murió ejecutado por el régimen franquista tras ser juzgado por un tribunal militar y condenado como culpable de la muerte de un guardia civil en Barcelona.

Hijo de una familia trabajadora de clase media, Salvador era el tercero de seis hermanos. Su padre, Joaquim Puig, había sido militante de Acció Catalana durante la república. Exiliado en Francia en el campo de refugiados de Argelès, fue condenado a muerte cuando volvió a España e indultado en el último momento.

El joven Salvador empezó a estudiar en el colegio religioso La Salle Bonanovahasta que fue expulsado por indisciplina. A partir de los dieciséis años compaginó el trabajo en una oficina con los estudios nocturnos en el instituto Maragall, dónde hizo amistad con Xavier Garriga y los hermanos Solé Sugranyes (Oriol e Ignasi), todos ellos futuros compañeros del Movimiento Ibérico de Liberación (MIL).

Los episodios del mayo francés de 1968 fueron decisivos para que Puig Antich decida implicarse en la lucha contra la dictadura franquista. Su primera militancia será en Comisiones Obreras, formando parte de la Comisión de Estudiantes del instituto Maragall. Ideológicamente pronto evolucionó hacia posiciones anarquistas, que rechazaban cualquier tipo de dirigismo y jerarquía dentro de las organizaciones políticas y sindicales en la lucha de la clase obrera hacia su emancipación. Tras iniciar estudios universitarios de Ciencias Económicas, hace el servicio militar en Ibiza, donde es destinado a la enfermería del cuartel. Una vez licenciado, se incorpora al MIL, integrándose en la rama armada. Participa, haciendo de chófer, en las acciones del grupo, que consistían generalmente a realizar atracos a bancos. El botín se destinaba a potenciar las publicaciones clandestinas del grupo y a ayudar a los huelguistas y a los obreros detenidos.

Puig Antich y sus compañeros se movían con facilidad en el mundo de la lucha clandestina y viajaban a menudo al sur de Francia, dónde se relacionaron con viejos militantes cenetistas.

En agosto de 1973, se reunieron en Francia para celebrar el congreso de autodisolución del MIL. El mes siguiente, tras el atraco a una oficina de La Caixa, empezaría una fuerte ofensiva policial contra los militantes del MIL.

Primero cayeron Oriol Solé Sugranyes y Josep Lluís Pons Llobet, y, a continuación Santi Soler, que es detenido, interrogado y torturado y acaba confesando los lugares de encuentro clandestino de sus compañeros. El mismo Santi Soler será utilizado de trampa por la policía de paisano para detener a Xavier Garriga y Salvador Puig Antich. La operación, minuciosamente preparada, se efectuó el 25 de septiembre de 1973 en Barcelona. Los dos anarquistas son detenidos y, acto seguido en el portal del número 70 de la calle Girona, tiene lugar un tiroteo a consecuencia del cual Puig Antich queda malherido y el joven guardia civil Francisco Anguas Barragán resulta muerto.

Puig Antich fue encarcelado, acusado de ser el autor de los disparos que causaron la muerte a Anguas Barragán, y posteriormente juzgado en consejo de guerra y condenado a muerte por un régimen con sed de venganza tras el atentado contra Carrero Blanco. En toda Europa se organizaron manifestaciones pidiendo la conmutación de la pena capital, pero Franco se mantuvo firme y no concedío el indulto. Salvador Puig Antich, de 25 años, fue ejecutado mediante garrote vil en una celda de la Cárcel Modelo de Barcelona el 2 de marzo de 1974 a las 9:40 horas de la mañana.

Por más que callen
por más vueltas que de el mundo
por más que nieguen los acontecimientos
por más represión que el Estado instaure;
por más que se laven la cara con la democracia burguesa;
por más huelgas de hambre que callen;
por más que tengan saturadas las cárceles;
por más pactos que desarrollen con los controladores de clase;
por más guerras y represión que impongan;
por más que intenten negar la historia y la memoria de nuestra clase;
Más alto diremos:
asesinos de pueblos
miseria de hambre y libertad
negociadores de vidas ajenas
más alto que nunca, en grito o en silencio,
recordaremos vuestros asesinatos
de gentes, vidas, pueblos y naturaleza.
De labio en labio, paso a paso, poco a poco.

Salvador Puig Antich

La novia de Puig Antich recuerda que «murió solo, nadie se movilizó por él»

Margalida Bover participó en el homenaje al anarquista que el régimen franquista ejecutó en 1974 04-03-2014 | Efe

MADRID. TRIBUNALES. EL SUPREMO DENIEGA REVISAR LA CONDENA A MUERTE DEL ARANQUISTA SALVADOR PUIG ANTICH . 04-03-2014 | Efe

MADRID. TRIBUNALES. EL SUPREMO DENIEGA REVISAR LA CONDENA A MUERTE DEL ARANQUISTA SALVADOR PUIG ANTICH . 04-03-2014 | Efe

Un largo y sentido aplauso del alrededor del centenar de asistentes rubricó anoche el homenaje que se le rindió en Can Alcover de Palma, organizado por el Ateneu Pere Mascaró, al anarquista Salvador Puig Antich con motivo del cuarenta aniversario de su ejecución, el 4 de marzo de 1974, en la cárcel Modelo de Barcelona mediante el garrote vil. Entre los participantes se encontraba Margalida Bover, la novia mallorquina del activista que puso el contrapunto de emoción al evocar aquel trágico día señalando que «lo pasé sola. Hay ocho horas de aquel día que le mataron que no logro recordar. Pero debo decir que él murió solo, no hubo manifestaciones de apoyo para detener la ejecución de Salvador Puig Antich. Nadie se movilizó».

Bover recordó que «Salvador era un idealista con ganas de cambiar el mundo. Luchaba por lo que creía» precisando que «los atracos en los que participaba eran para financiar las huelgas contra el régimen y la edición de pasquines», cuestión sobre la que coincidieron el resto de participantes para desmentir que el Movimiento Ibérico de Liberación (MIL), en el que militaba Puig Antich, tuviese un afán violento.

Los maquis

Palma local mesa redonda asesinato 40 años Puig Antich foto Joan torres 04-03-2014

Palma local mesa redonda asesinato 40 años Puig Antich foto Joan torres 04-03-2014

En esta línea, la historiadora Dolors Marín señaló que «los atracos tenían un punto de comicidad, como cuando enviaron una caja de cava al delegado de una sucursal que habían atracado». Marín destacó que el MIL «heredó el espíritu de los maquis», razón por la que el franquismo fue especialmente cruel en su represión que culminó con la ejecución de Salvador Puig Antich.

Miquel Rosselló, preso político entre 1970 y 1973, enfatizó que a Puig Antich «se le juzgó bajo la legalidad franquista y su condena la ratificó Franco un año y 9 meses antes de morir. Esto demuestra que el franquismo fue una dictadura hasta el último día».

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Rosselló también quiso señalar que la ejecución «fue la primera acción del llamado ‘Espíritu del 12 de Febrero’ -que se quiso interpretar como un signo aperturista de régimen- que proclamó Arias Navarro, el sustituto de Carrero Blanco».

Biel Mayoral, por su parte, coincidió en apuntar que «él representaba la continuidad del maquis» y recitó diversos poemas inspirados en la ejecución del joven anarquista. Al finalizar el acto, se abrió un breve coloquio con los asistentes que moderó la periodista Marisa Goñi.

El verdugo del anarquista Salvador Puig Antich cobró 8.000 pesetas por su ejecución

Un funcionario de la Audiencia Territorial de Madrid cobró “11.000 pesetas”, de las cuales 8.000 responden a la ejecución del joven anarquista ejecutado el 2 de marzo de 1974, y las otras 3.000 en concepto de dietas.

Imagen de Salvador Puig Antich.

Imagen de Salvador Puig Antich.

Según un informe recogido por Crónica Global, Antonio López Guerra, un funcionario “en servicio ejecutor judicial” de la Audiencia Territorial de Madrid cobró “11.000 pesetas”, de las cuales 8.000 responden a la ejecución de Puig Antich el 2 de marzo de 1974 y las otras 3.000 en concepto de dietas -500 pesetas durante seis días- por “el traslado del ejecutor de Badajoz a Barcelona y regreso”.

Antonio López Guerra, un funcionario de la Audiencia Territorial de Madrid cobró 8.000 pesetas por ejecutar al anarquista Puig Antich

Según recoge este diario, “la caja de Capitanía General del ejercito en Cataluña le pagó estos honorarios pocos minutos después de la ejecución”. También se hace constar que una vez cumplido el trabajo “el verdugo regreso a Badajoz para ponerse a disposición de la Audiencia de Madrid”.

Dudas sobre el juicio

Otros documentos de la fuerzas de seguirdad y de los servicios de inteligencia de la época acumularon decenas de informes sobre las circunstancias de la detención, la investigación, el juicio y la ejecución del joven anarquista a los que ha tenido acceso Crónica Global, y que plantean serias dudas sobre las garantías procesales o el juicio que se llevó a cabo contra Antich, quien, tras ser condenado el día 9 de enero, fue ejecutado el día 2 de marzo de 1974 mediante garrote vil.

Los documentos aglutinan las pruebas que no le permitieron presentar a Puig Antich, vulnerando de esta forma su derecho a la defensa

Según recoge el diario, los servicios de inteligencia de la época recogen un listado de “irregularidades” durante la tramitación de la causa, como la que se recoge bajo el enunciado “Denagación a la defensa de las pruebas”, que aglutina las pruebas que no le permitieron presentar a la defensa, vulnerando de esta forma su derecho a la defensa. El tribunal rechazó que los doctores Pedro Munné Más, Ramón Barjau Vinyals y Joaquín Latorre Martí, que estaban de guardia el día del asesinato y “vieron el cadáver del policía muerto y podían dictaminar bajo juramento si los disparos que tenían eran 5 (en su opinión) o 3 ( tal y como recoge la autopsia)”. El tribunal no aceptó su comparecencia, porque “eso retrasaría el proceso”.

Además, se le negó a la defensa presentar un “informe pericial balístico de las distancias y trayectorias de los posibles tiradores”. Este informe, sin sello oficial pero supuestamente elaborado por los policías que analizaron el proceso judicial, según recoge Crónica Global, apunta que “Lo más oscuro del juicio es el peritaje balístico. La pistola de Puig –un nueve largo–, expulsa el casquillo tras el disparo. Puig declara haber disparado dos veces, tres a lo máximo, pero se hallan cuatro casquillos. Un bala se estrelló en la pared y el certificado de la autopsia dice que tres balas atravesaron al policía (saliendo incluso). Pero estas balas –reconoce ese escrito–, no han sido halladas. Los médicos de guardia y las enfermeras del Clínico testimoniaron que en el cuerpo del policía había cinco impactos, pero esta prueba ha sido denegada”. Sin embargo, la autopsia que aparece en el sumario se realizó, según consta, en la comisaría del distrito de Universitat.

Otros elementos no recogidos en el juicio al anarquista catalán fueron las agresiones sufridas por Antich durante su detención, dado que “la sentencia olvidó anotar los culatazos que sufrió Puig Antich”, o, tal y como recoge el informe, como “dos inspectores de policía, entre ellos D. Julián Gilentonces jefe de la Brigada político-social de Barcelona, entraron en el locutorio de abogados de la cárcel Modelo y coaccionaron a Salvador Puig Antich”.

Historia inacabada de Puig Antich

Un libro revisa documentación policial, judicial y diplomática para rebatir tópicos sobre el último ejecutado a garrote vil del franquismo

NATALIA JUNQUERA

Madrid 19 ENE 2015 – 21:57 CET
 
Juan Luis Cebrian y Angel Juanes, presentan el libro Puig Antich, la transición inacabada, de Gutmaro Gomez Bravo.

Juan Luis Cebrian y Angel Juanes, presentan el libro Puig Antich, la transición inacabada, de Gutmaro Gomez Bravo.

Tras 20 minutos de agonía, moría en la cárcel Modelo de Barcelona Salvador Puig Antich, el último ejecutado a garrote vil en España. Corría el 2 de marzo de 1974. Tenía 25 años. Cuatro décadas después, el profesor de historia de la Complutense Gutmaro Gómez Bravo presenta Puig Antich. La transición inacabada (Taurus), un libro que, revisando documentación policial, judicial y diplomática sobre aquella “ejecución política”, pretende “desmentir los tópicos de un episodio que marcó la hoja de ruta del final de una dictadura incapaz ya de mantenerse sin el uso de la fuerza”, en palabras de su autor. Le arroparon en la presentación de la obra ayer en la Fundación Bertelsmann, Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo del Grupo PRISA y de EL PAÍS y académico de la lengua, y Ángel Juanes, vicepresidente del Tribunal Supremo.

El historiador considera que el asesinato del almirante Carrero Blanco, cometido por ETA siete semanas antes, “influyó evidentemente” en la pena de muerte dictada por un tribunal militar contra el joven militante del MIL (Movimiento Ibérico de Liberación), acusado de haber matado al subinspector de policía Francisco Anguas. Pero el libro recuerda que cuando ETA hizo volar por los aires el coche del entonces presidente del Gobierno, el 20 de diciembre de 1973, un fiscal militar había solicitado ya dos penas de muerte para Puig Antich. Su ejecución fue “mucho más que una simple venganza”, concluye.

¿Por qué recuperó entonces el régimen franquista un método de ejecución que había utilizado por última vez en 1959, con una envenenadora y con el asesino de cuatro personas, entre ellas una embarazada? ¿Por qué fue juzgado Puig Antich por la jurisdicción militar? ¿Por qué no sirvió de nada la presión de la Iglesia o las amenazas para frenar la integración de España en el entonces Mercado Común Europeo? ¿Por qué no se movilizó ningún partido?

El autor argumenta que el Régimen nunca consideró levantar aquella pena de muerte porque en aquel momento le interesaba aplacar a la extrema derecha -que entonces salía a manifestarse al grito de “¡No queremos apertura. Queremos mano dura!”- y congraciarse con el Ejército y la Policía -varios agentes acudieron al hospital donde curaban a Puig Antich de varias heridas de bala recibidas durante el tiroteo en el que murió el subinspector Anguas con la intención de llevárselo para darle “el paseo”, como en la Guerra Civil-. Para apoyar su interpretación, cita Gómez Bravo informes como este que el embajador estadounidense, Horacio Rivero, envió a su secretario de Estado, Henry Kissinger: “El interés del Gobierno en el orden público y su sensibilidad a las presiones de la extrema derecha explican la decisión de ejecutar al anarquista catalán Puig Antich”.

Cebrián recordó que el mismo día, a la misma hora y por el mismo método, fue ejecutado el polaco Heinz Chez, condenado por la muerte de un guardia civil. Probablemente, sugirió el académico, el preso habría tenido un final distinto de no haberlo necesitado el Régimen para disimular las implicaciones políticas de la ejecución de Puig Antich. 

Además de analizar toda la instrucción del caso, Gómez Bravo se detiene en su libro en el fallido proceso de revisión, cuando tanto el Tribunal Supremo como el Constitucional rechazaron los recursos de la familia  Puig Antich para que la justicia estableciese, ya en democracia, que aquel juicio militar contra su hermano había sido una farsa.

El subinspector Anguas falleció en un tiroteo entre cinco agentes y Puig Antich producido en los seis metros cuadrados del portal 70 de la calle Girona de Barcelona. Para apoyar su recurso de revisión, el abogado de la familia presentó una infografía elaborada por dos peritos que mostraba que los disparos se produjeron desde distintos ángulos y que era imposible determinar si había sido Puig Antich quien había matado a Anguas. Las armas de los agentes implicados en el tiroteo nunca llegaron a ponerse a disposición del tribunal militar que le condenó a muerte y los casquillos desaparecieron. La autopsia del cadáver del subinspector, que tenía cinco impactos de bala, se realizó en una comisaría.

Juanes, que participó en la revisión del caso ante el Supremo y consideró entonces que había base suficiente para admitir el recurso de la familia Puig Antich, aseguró ayer, durante la presentación del libro, que los magistrados tienen hoy muy poco margen, más allá de la presentación de “hechos nuevos” para revisar este tipo de procesos. Así, recordó que la ley de memoria histórica, aprobada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2007, declaró “ilegítimos” los tribunales franquistas, pero no anuló las condenas que habían impuesto, por lo que considera “prácticamente imposible” que puedan revisarse esos juicios, como reclaman, desde hace años, decenas de familiares de represaliados.

El autor del libro recordó que los miles de paseados y fusilados del franquismo que permanecen en fosas comunes sin abrir convierten a España en el segundo país del mundo con más desaparecidos, solo por detrás de Camboya, y en una “anomalía” mundial, que le ha valido al Gobierno varios reproches de la ONU.

En un momento en que la Transición española recibe múltiples reproches en algunos sectores de la opinión pública, Cebrián quiso defenderla:  “Quienes la critican se olvidan de que ese fue el verdadero final de la Guerra Civil; la reconciliación entre los hijos de los vencedores y los hijos de los vencidos”, dijo. La falta de reparación a las víctimas del franquismo fue “el precio” que tuvo que pagar la izquierda a cambio de que los fascistas aceptaran un proceso democrático que devolviera la soberanía al pueblo, añadió. “Deberíamos tratar de hacer un esfuerzo colectivo por recuperar la memoria y aprender de esa victoria histórica tras una Guerra Civil que duró 40 años y generó una fractura de la que todavía no hemos sabido recuperarnos”, concluyó Cebrián. 

Reflexiones sobre Puig Antich

El coloquio, con Gutmaro Gómez Bravo, el periodista Juan Luis Cebrián y el vicepresidente del Supremo Ángel Luis Peces, versará sobre un importante capítulo de la dictadura.

MIGUEL PÉREZ MARTÍN

Salvador Puig Antich en una imagen del archivo de EL PAÍS.

Salvador Puig Antich en una imagen del archivo de EL PAÍS.

“Los detalles del proceso contra el anarquista Salvador Puig Antich, último ejecutado por garrote vil en España hace cuarenta años, son aún hoy materia reservada. Solo gracias a la revisión del caso, que sigue abierto en Argentina, y a la documentación que se conserva en archivos de todo el mundo, ha sido posible desmentir una serie de tópicos de un episodio que marcó la hoja de ruta del final de una dictadura, incapaz ya de mantenerse sin el uso de la fuerza”. Con esta presentación se invita a profundizar en el proceso de Salvador Puig Antich de la mano de su autor, Gutmaro Gómez Bravo, el periodista Juan Luis Cebrián y Ángel Luis Peces, vicepresidente del Tribunal Sipremo. La charla que servirá de marco para la presentación del libro Puig Antich, la transición inacabada será en el Espacio Bertelsmann (O’Donnell, 10) este lunes a las 19.30. En esta revisión de uno de los momentos más tensos se afronta la causa 106 abierta por un juzgado de Barcelona y que ocupó un largo proceso entre 1973 y 1974. Algunos dicen que fue una respuesta al atentado contra Carrero Blanco, y otros que fue una muestra de poder de un Arias Navarro que había tomado las riendas en los últimos años del régimen. “Tal y como revelan los informes de la embajada estadounidense, el principal interés del gobierno al retomar la pena de muerte era terminar con el malestar presente en los sectores más inmovilistas, especialmente entre el Ejército y la policía política”, dice el autor del libro. Una conferencia-coloquio para comprender uno de los últimos capítulos de la dictadura.

 

El historiador Gutmaro Gómez Bravo revela detalles del proceso al último muerto a garrote vil

El anarquista Salvador Puig Antich fue ejecutado hace cuatro décadas

GUTMARO GÓMEZ BRAVO

Portada de El Caso, semanario especializado en sucesos, con la noticia de la ejecución, el 2 de marzo de 1974, de Puig Antich, en la prisión Modelo de Barcelona, y Heinz Ches (transcrito como Chez), en Tarragona. Fueron los últimos condenados a los que se aplicó en España el garrote vil.

Portada de El Caso, semanario especializado en sucesos, con la noticia de la ejecución, el 2 de marzo de 1974, de Puig Antich, en la prisión Modelo de Barcelona, y Heinz Ches (transcrito como Chez), en Tarragona. Fueron los últimos condenados a los que se aplicó en España el garrote vil.

El 2 de marzo de 1974, hace ahora 40 años, un médico militar certificaba la muerte en la cárcel Modelo de Barcelona de Salvador Puig Antich “por parada cardiorrespiratoria por garrote”. Tenía 25 años. Su figura ha sido popularizada por el cine, pero las circunstancias de su caso siguen envueltas en una espesa niebla. El caso fue decretado “materia informativa reservada” y así sigue.La solicitud de revisión del proceso contra Puig Antich ha sido denegada dos veces, pero el caso sigue abierto en Argentina — en manos de la juez María Servini de Cubría, que recibió la querella por genocidio de las víctimas del franquismo iniciada por Baltasar Garzón— La prohibición de acceder a la documentación policial custodiada por el Ministerio del Interior continúa vigente. Esta imposibilidad de acceder a los documentos oficiales, ha mantenido vivos una serie de tópicos que ocultan la dimensión de una ejecución que marcó la hoja de ruta del final de la dictadura, incapaz ya de mantenerse sin el uso de la fuerza.

 El proceso, desarrollado entre septiembre de 1973 y marzo de 1974, fue mucho más que una simple venganza por la muerte del presidente del Gobierno Carrero Blanco. Se cruzó con la primera crisis del Gobierno de su sucesor, Arias Navarro, abierta por la decisión de endurecer a toda costa la política represiva y terminar con cualquier experimento reformista.

Arias, que había sido director general de Seguridad y ministro de Interior, fue el elegido por Franco para ello. Al contrario de lo que se suele asegurar, Arias no se planteó ni siquiera la posibilidad del indulto a Puig Antich, asunto al que apenas dedicó tiempo. Sus planes no pasaban por contrariar la sentencia de un tribunal militar, y mucho menos la de un asesino de un policía de la Brigada Político Social. La correspondencia del Gobierno Civil de Barcelona, y, sobre todo, dos documentos inéditos, los informes de 28 de febrero y de 29 de marzo de 1974 de la Embajada de Estados Unidos en Madrid, así lo demuestran.

La causa judicial estaba prácticamente terminada antes de la muerte de Carrero. A finales de noviembre de 1973, el fiscal militar emitió sus conclusiones provisionales en las que pedía ya la pena capital. El atentado del 20 de diciembre aceleró su tramitación, pero no alteró el rumbo. Fueron declarados hábiles los días de Navidad y, el 31 de diciembre, mientras Arias Navarro era recibido en El Pardo con honores, el fiscal reiteraba su petición de pena de muerte para Puig Antich.

El Gobernador Civil de Barcelona, Tomás Pelayo Ros, intentó mediar antes de que la sentencia se hiciera definitiva en el consejo de guerra fijado para el 8 de enero. Escribió una carta el 1 de enero al nuevo ministro de Interior haciendo dos observaciones sobre el proceso. “La primera es la duda existente sobre si Puig Antich tiene un perfecto conocimiento de los hechos realizados o se encuentra afectado por algún trastorno mental. La segunda, si los disparos que recibió el cuerpo del policía señor Anguas procedían todos ellos del arma empuñada por Puig Antich, puesto que no está suficientemente demostrado cuántas veces disparó”. La respuesta fue esta breve nota manuscrita: “Al subsecretario de despacho para que me hable y prepare contestación evasiva”. El Ejército tenía luz verde.

El 8 de enero, Puig Antich era condenado a muerte por un tribunal en el que el mismo capitán general de Cataluña había pedido la presencia de “capitanes jóvenes resolutivos”. La sentencia fue ratificada por el Consejo Supremo de Justicia Militar, un día antes del discurso de toma de posesión de Arias Navarro ante las Cortes, el conocido como Espíritu del 12 de febrero.

El Gobierno no tenía dudas, solo calculó el momento para solapar la presión interior y exterior con una clara intencionalidad política: desacreditar a los reformistas, aplacar a la extrema derecha y congraciarse con el Ejército y la Policía. Así lo explicaba el embajador norteamericano, Horacio Rivero, al secretario de Estado Henry Kissinger: “El interés del Gobierno en el orden público y su sensibilidad a las presiones de la extrema derecha, explica la decisión de ejecutar al anarquista catalán Puig Antich. Para tomar esta decisión, el Gobierno se ha mostrado públicamente del lado de la ley y el orden antes que de la moderación de los países extranjeros y los grupos liberales españoles”.

“En la clase política española”, según Rivero, “prevalecía el sentimiento favorable a la ejecución, pero era un asunto delicado que podía írsele de las manos al Gobierno. Además de empeorar la mala imagen ante Europa y bloquear el ingreso en el Mercado Común, una política favorable a la pena de muerte produciría una división con los aperturistas, incluida parte de la Iglesia”. No se equivocó. El 24 de febrero estallaba la crisis: el obispo de Bilbao, Antonio Añoveros, era acusado de alentar el separatismo en sus homilías. Arias pidió al secretario de Exteriores que convocara al nuncio apostólico el 1 de marzo.

Esa misma tarde estaba convocado un consejo de ministros para aprobar la ejecución. A Puig Antich le quedaban exactamente 12 horas de vida. El jefe de Policía de Bilbao comunicó al obispo que debía abandonar el país. El cardenal Tarancón informó al Gobierno de que esas amenazas podían ser sancionadas con la excomunión, forzando la implicación del propio Franco en el asunto Añoveros, pero no intervino en el de Puig Antich, como a veces se ha dicho.

La decisión de no conmutar la pena de muerte estaba tomada bastante tiempo atrás. El 28 de febrero, Rivero informó sobre su encuentro del día anterior con el secretario general de Iberia, Carlos Viniegra, quien le habría asegurado que la decisión del Gobierno de ejecutar a Puig Antich se habría tomado “hace semanas, pero no se haría pública hasta el regreso del viaje de los Príncipes”, que se encontraban de gira oficial por Filipinas, India y Arabia Saudí. Los príncipes habían regresado a Madrid el 27 de febrero y la crisis debía resolverse de manera inmediata de orden del propio Arias, que quería evitar a toda costa los problemas provocados tras los indultos del proceso de Burgos a varios miembros de ETA.

Las verdaderas razones de la ejecución de Puig Antich, por tanto, estaban radicadas en el malestar anterior a la muerte de Carrero. Así lo señaló el embajador Rivero en un documento crucial fechado el 29 de marzo: “Todo indica que al optar por una ejecución rápida, el Gobierno quería evitar a toda costa la lección del proceso de Burgos de 1970, donde las dudas y las vacilaciones finales que llevaron al indulto preocuparon muy seriamente a los militares, la policía y a sus aliados más conservadores, que lo vieron como una prueba de debilidad convertida en una victoria por los agitadores de dentro y fuera de España”. El tiempo de las conmutaciones y los indultos había pasado, como quedó demostrado poco después.

Fragmento del libro ‘Puig Antich: la transición inacabada (1973-2013)’, de próxima aparición, de Gutmaro Gómez Bravo, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense.

REPORTAJE:NUEVOS DATOS SOBRE UN CASO CONTROVERTIDO

Puig Antich disparo

Jean-Marc Rouillan, compañero de armas del joven anarquista, revela en sus memorias que este disparo a los policías que le detuvieron.

IGNACIO CEMBRERO

Salvador Puig Antich, el joven anarquista catalán al que sus compañeros de armas apodaban El Metge, divisó a su contacto en el lugar de la cita, en Consell de Cent [Ensanche barcelo-nés]. “Está ahí”, gritó y se bajó enseguida del vehículo sin tomar las precauciones habituales en aquella tarde del otoño de 1973. “Dad una vuelta, compro cigarrillos, me reúno con El Pequeño”, espetó al conductor, Jean-Claude Torres, y al copiloto, Jean-Marc Rouillan, que permanecieron en el coche. “Después nos recogéis en un pispás”, añadió. Nunca más le volvieron a ver.

“A mi izquierda, cuatro hombres irrumpen entonces de una amplia cochera”, prosigue Rouillan el relato de aquella tarde trágica. “Corren hacia el bar sin prestarme atención. El último hace un gesto que dispara mis temores: coloca su mano derecha en su costado, como cuando hay que salir corriendo sujetando un arma. Desenfundo enseguida mi revólver y me coloco en la alineación de los árboles (…). En medio del bosque de piernas distingo un cuerpo en el suelo. Mi instinto me dice que no es el de El Metge”. Es el de un policía.

La Asamblea de Cataluña (oposición antifranquista) pidió a la izquierda radical una ayuda de 50 millones de pesetas

A Salvador Puig Antich, de 25 años, sus dos compañeros de armas, los franceses Rouillan y Torres, que le condujeron en un Simca destartalado hasta el bar Funicular, nunca le recogieron en su vehículo ese 25 de septiembre de 1973. El Metge y otro miembro del extinto Movimiento Ibérico de Liberación (MIL), Xavier Garriga, fueron detenidos ese día por la Brigada Político Social (BPS).

Puig Antich recibió dos balazos, en la mandíbula y en el hombro, durante un tiroteo en el que murió un joven policía de 23 años, Francisco Anguas, de la BPS, cuyo cuerpo tendido Rouillan entrevió. Un tribunal militar consideró al anarquista culpable de la muerte del agente y le condenó a muerte. Fue ejecutado a garrote vil el 2 de marzo de 1974. El Metge, un apodo que se ganó en la mili porque administraba el botiquín, fue el último ajusticiado en España con este sistema medieval que provoca la asfixia del reo apretando su cuello una anilla de metal. La muerte tardó 18 minutos en sobrevenirle.

Treinta y seis años después de la emboscada del bar Funicular, Jean-Marc Rouillan, que junto con Torres logró escapar de la policía tras una espectacular persecución, da su versión de la detención de su amigo, con el que compartió piso, atracó bancos y planeó atentados en la Barcelona de finales del franquismo. Rouillan acaba de publicar en Francia el segundo tomo de sus memorias, El duelo de la inocencia: un día de septiembre de 1973 en Barcelona (Editorial Agone, Marsella).

Rouillan, que entonces tenía 21 años y era militante del MIL, huyó a Toulouse, mientras en España era condenado a muerte en ausencia. Aún tenía por delante en Francia una larga carrera como “revolucionario”. Fue cofundador del grupo terrorista Acción Directa y participó en los asesinatos de Georges Besse, presidente de Renault, y del general René Audran. Su fama suscita aún vocaciones. Hace tan sólo 10 días, los autores de un bombazo en Providencia (Chile) lo reivindicaron en nombre de Rouillan.

Condenado en 1989 a cadena perpetua, disfrutó de un régimen de semilibertad a partir de 2007, pero una respuesta ambigua, en una entrevista con L’Express, dio pie al semanario a afirmar que no se arrepentía de su pasado. El juez de vigilancia penitenciaria suspendió entonces su permiso para trabajar en una editorial de Marsella. Hace dos semanas que está ingresado en el Hôpital Nord. El Nuevo Partido Anticapitalista (extrema izquierda francesa) exige su liberación.

El segundo volumen de las memorias de Rouillan es un apasionante viaje por la Cataluña de los estertores del franquismo que se lee como una novela negra en la que los buenos son los ladrones -el autor narra emocionado el aplauso de decenas de obreros tras atracar una sucursal de Banesto- y los malos son policías.

Contiene además algunas revelaciones como los contactos que Puig Antich mantuvo, como representante del MIL, con la Asamblea de Cataluña, que reagrupaba a casi toda la oposición antifranquista, desde los democristianos hasta los comunistas del PSUC pasando por nacionalistas como Jordi Pujol. “Sus emisarios pidieron que les financiásemos con 50 millones de pesetas”, asegura Rouillan, a sabiendas -sostiene Rouillan- de que el MIL sólo podía conseguir tal cantidad mediante atracos. Se negó.

En su último capítulo, el autor del libro denuncia una Transición española en la que “ningún torturador, ningún asesino, ningún responsable de los tiempos de la dictadura tuvo motivo alguno de preocupación y, por supuesto, no ha sido juzgado”.

“En este ambiente de gran renuncia”, Rouillan afirma “poder comprender” la iniciativa de Imma, Montse, Carme y Merçona, las hermanas de Salvador, que durante años se esforzaron por obtener la revisión del juicio de su hermano alegando, entre otras cosas, que no era el autor de los disparos que causaron la muerte del policía.

“Dispararé, y si no consigo abatirles acabarán conmigo”, recuerda Rouillan haberle escuchado decir a El Metge cuando evocaban el día en que la policía les diese al alto. “No nos íbamos a dejar detener sin resistirnos con nuestras armas”, afirma el fundador de Acción Directa. “No era una consigna de la organización, sino la opción de cada uno de nosotros”. “Él no era inocente”. “Ninguno de nosotros lo era”. “Habíamos elegido combatir a la dictadura con las armas”.

Pero este chaval con un aire al actor francés Jean-Paul Belmondo, como lo describió Rouillan tras su primer encuentro, preveía que la dictadura acabaría pronto. “Franco ha preparado su sucesión. El joven Príncipe, educado con paciencia, ocupará su lugar. Todo está listo para los primeros pasos de la Monarquía constitucional y la entrada en el Mercado Común Europeo (…)”, repetía.

“Y todos y todas olvidarán lo contentos que estuvieron con la dictadura. Todos aquellos que nos darán lecciones baratas de democracia apenas habrán movido un dedo cuando el fascismo imperaba”. Tras pronunciar esta frase, El Metge bajó el cristal trasero del automóvil y escupió al suelo.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de marzo de 2009

El Supremo resta credibilidad al testimonio de los dos médicos que cuestionaron las pruebas contra Puig Antich

MANUEL ALTOZANO

Ni la prueba infográfica que trató de reconstruir el tiroteo en el que murió el policía Francisco Anguas, ni el testimonio de los dos médicos que cuestionaron que Salvador Puig Antich -condenado a garrote vil en enero de 1974 por esos hechos- fuera el único autor de los disparos que acabaron con su vida, han sido pruebas suficientes para el Tribunal Supremo. La Sala de lo Militar publicó ayer el auto por el que deniega a las hermanas de Antich la autorización para pedir la revisión de su condena. Dos de los cinco magistrados de la Sala, Ángel Juanes y José Luis Calvo Cabello, formularon votos particulares en los que aseguran que la autorización se debió conceder basándose en el testimonio de los médicos y en la falta de garantías del consejo de guerra que lo condenó a muerte.

El tribunal considera que “no existen nuevos elementos probatorios” que puedan considerarse suficientes “para calificar como evidentemente erróneo el fallo” del consejo de guerra. Los médicos Ramón Barjau, que certificó la muerte de Anguas, y Joaquín Latorre aseguraron que vieron cinco heridas de bala en el cuerpo del policía cuando fue trasladado al hospital y no tres como se indicó en la autopsia. Para la familia de Puig Antich, eso demuestra que los disparos no provinieron sólo de su pistola y sí de la de otro de los policías involucrados en el tiroteo, ya que en el arma del condenado sólo había cuatro de las ocho balas que podía cargar, según la sentencia que pretenden anular.

El tribunal resta credibilidad a esos testimonios “prestados 30 años más tarde y que llevaron a cabo un análisis superficial”. La sala considera “formalmente ajustado a la realidad” el contenido de la autopsia, realizada en una comisaría en lugar de en el Instituto Anatómico Forense gracias a una orden judicial que los jueces consideran “coherente” con la ley.

Los dos magistrados discrepantes justificaron su desacuerdo por la duda razonable que, a su juicio, introdujeron las declaraciones de los médicos y la ausencia de garantías del proceso que lo llevó al patíbulo. “Salvador Puig Antich no tuvo un proceso justo, lo cual no prejuzga la licitud de su conducta tanto en el plano jurídico e incluso en el ético”, relata Juanes en su voto particular. “La primera declaración de Puig Antich fue prestada sin intervención de defensor tan sólo 72 horas después de haber recibido dos disparos”, constata Calvo Cabello, que subraya que, durante el consejo de guerra, ni siquiera se hizo una prueba de balística.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de julio de 2007

Un esbozo de la historia del MIL

por Sergi Rosés Cordovilla en ‘alasbarricadas.org’ – 7 de septiembre de 2009

“Un esbozo de la historia del MIL” [1]. Article (en espagnol ) de Sergi Rosés sur l’histoire du MIL (Movimiento Ibérico de Liberación) publié dans “Balance” N° 32 (novembre 2008). Sergí Rosés est l’auteur du livre “El MIL: Una historia política” (Alikornio, Barcelone, 2002), édité aussi en français: “Le MIL: Une histoire politique” (Acratie). Une version française de cet article existe ici et dans le livre “Révolution, lutte armée et terrorisme” (L’Harmattan, 2006). Un fonds d’archives numériques du MIL en français existe ici.

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El MIL es un grupo prácticamente desconocido fuera de Catalunya. Cuando es evocado, lo es siempre en términos simplistas, y rodeado del mito. Este mito, que le ha sido creado a su pesar tanto por la izquierda como por la historiografía y el periodismo oficiales, se alimenta de las acciones armadas del grupo y especialmente del asesinato de uno de sus miembros, Salvador Puig Antich, por el estado burgués en marzo de 1974 mediante el “garrote vil”. Pero esta mitificación esconde, evidentemente, lo que es más interesante del MIL: las motivaciones de sus acciones, sus aportaciones a la lucha de clases en la Barcelona de principios de los 70, su discurso político. Este artículo no pretende ser más que una presentación general de su teoría y su práctica, con la esperanza de contribuir a rescatar al MIL tanto del olvido como de su caricaturización.

Intentar recuperar la verdadera historia de lo que fue el Movimiento Ibérico de Liberación-Grupos Autónomos de Combate (MIL-GAC), es mucho más que hacer una crónica detallada de sus acciones de expropiación y de la detención, proceso y asesinato de Salvador Puig Antich. Es mostrar por qué y cómo se formó este grupo, qué propuesta política defendía y la alternativa revolucionaria que ofrecía. Haciéndolo así, se descubre que el MIL no era un grupo anarquista o incluso terrorista de lucha armada, catalán o no, con un mártir recuperado por el sistema, sino un grupo con una propuesta nítidamente diferenciada de la oposición antifranquista, totalmente original en el panorama español de la época, con fuertes raíces teóricas en corrientes revolucionarias de matriz marxista antileninista y que se consideraba a sí mismo no como otro grupo político más de la extrema izquierda, sino como un grupo de apoyo al movimiento obrero del momento. De esta manera, hablar del MIL-GAC exige hablar, sobre todo, de su itinerario político: sólo así se puede descubrir qué había detrás de este grupo de revolucionarios que han pasado de ser considerados, durante el franquismo, como “gángsters”, a convertirse después, simplemente, en “alocados utópicos” o, en el mejor de los casos, en luchadores antifranquistas. Para ello, hace falta comenzar a desmontar los mitos.

Estos mitos empezaron a fabricarse pronto, dado que el tema del MIL ha interesado desde la feroz represión que se abatió en septiembre de 1973 sobre sus componentes, con lo que en la actualidad contamos con un considerable dossier de libros, artículos, documentales y hasta una película que lo han abordado. Desgraciadamente, la gran mayoría de una manera doblemente falseadora: primero, por ocuparse no del MIL sino prioritariamente de uno de sus componentes individuales, Puig Antich, al que se ha añadido últimamente el interés por el otro activista muerto, Oriol Solé Sugranyes; segundo, porque el tratamiento dado a estos trabajos se ha centrado, en el caso de Puig Antich, en los aspectos más despolitizados del tema, buscando el lado más sensible (o más morboso) de la cuestión y evitando o maquillando el verdadero sentido de su lucha [2], y en el de Solé Sugranyes, falsificando grosera y profundamente su compromiso político [3]. Como resultado, sabemos hoy mucho sobre las doce últimas horas de Salvador Puig Antich, algo sobre las expropiaciones del MIL, y casi nada sobre la auto-organización de la clase y los grupos de apoyo.

Sí se han realizado esfuerzos serios para arrojar luz sobre el tema: centrándonos sólo en las monografías, a los libros editados a finales de los 70 y principios de los 80 de Telesforo Tajuelo [4] (el primer historiador en analizar seriamente la cuestión), de “Carlota Tolosa” [5] de Antonio Téllez [6], y las dos antologías de textos del MIL -realizada una por diversos colectivos libertarios barceloneses [7] y la otra preparada por “André Cortade” [8] (desgraciadamente no editada en España), se han añadido recientemente, después de un silencio de casi dos décadas, unas cuantas obras más (además de las reimpresiones de la mayoría de las obras anteriormente mencionadas), señalando un renovado interés en el MIL: una selección de textos del MIL, GAI y GARI [9] un volumen realizado a partir de testimonios y entrevistas de los protagonistas [10], unas memorias de un protagonista directo [11], y la apertura de un archivo en internet conteniendo los textos originales del grupo [12]. Pero en el caso de los textos de síntesis histórica que conforman la mayor parte de estas obras, al lado de aciertos hay serios errores de interpretación y, a pesar de la buena voluntad de los autores, esta amalgama ha ido conformando una historia oficial que ha colaborado, también, a la perpetuación de algunos de los mitos que rodean al MIL [13].

Para hacer la historia del MIL hace falta enmarcar a este grupo en el contexto no sencillamente de la España del tardofranquismo, sino específicamente en el del movimiento obrero del área de Barcelona y dentro de todo un proceso de clarificación teórica, política y organizativa de éste. El grupo no fue la invención más o menos exótica de un grupo de jóvenes, ya que sus orígenes están íntimamente ligados con la aparición, en la Barcelona de finales de los años 60, de un movimiento obrero que estaba rompiendo con las organizaciones de la izquierda e iniciando una marcha hacia la configuración de una autonomía obrera, mediante una tendencia surgida en las Comisiones Obreras [14] que se llamaba Plataformas de CC.OO.

Resumiendo mucho todo el proceso, se puede considerar 1970 como el año clave en el itinerario que llevó a la constitución del MIL, que se formó “oficialmente” en enero de 1971. El grupo se creó básicamente a instancias de Oriol Solé Sugranyes; este revolucionario, ex-militante del PSUC [15] y después del PCE(i) [16], rompió con el stalinismo y evolucionó hacia la autonomía obrera al contactar con Plataformas. Exiliado en Toulouse, consiguió unir dos núcleos de personas en torno a un proyecto consistente en la creación de grupos de acción que apoyasen las luchas de la clase obrera: por un lado, jóvenes tolosanos provenientes de medios libertarios y dispuestos a pasar a la acción (entre ellos, Jean-Marc Rouillan), y por el otro, en Barcelona, otros jóvenes provenientes de un grupo marxista heterodoxo, Acción Comunista. Este segundo núcleo estaba formado por uno de los hermanos de Oriol Solé Sugranyes, Ignasi, y por Santi Soler Amigó, que buscaban seriamente una salida al marasmo grupuscular que existía en aquel momento y que veían el inicio de un nuevo movimiento obrero en las Plataformas de CC.OO. y en su posterior debate en pro de la constitución de la “Organización de Clase”, una organización unitaria que superase el encuadramiento tradicional de partidos y sindicatos. Buscando incidir en este debate, elaboraron el primer gran texto de lo que se podría denominar “pre-MIL”, titulado “El movimiento obrero en Barcelona”. A todas estas personas se añadieron muy poco después otros compañeros.

Este nuevo grupo no pretendía ser la vanguardia de la revolución ni el germen de ningún partido, y era consciente de su situación de ser elementos “exteriores” a la clase: por ello no querían dirigirla sino ser un “apoyo”, ya que consideraban que la clase misma era la que debía auto-organizarse, sin tener que esperar a nadie que se lo dijera desde fuera. Ésta era una nueva concepción dentro del panorama de la izquierda en España, ya que rompía con el modelo formalmente leninista de toda la izquierda marxista. Esta nueva concepción enlazaba directamente con las vías marxistas revolucionarias que desde los años 20 se habían opuesto a la III Internacional y que se transformarían en las corrientes consejistas; a ella se añadió también la influencia del bordiguismo y del situacionismo: es innegable que las inspiraciones teóricas de MIL se encontraban aquí, y no en el anarquismo, como tanto se ha repetido y se continúa repitiendo. En este devenir teórico del grupo, en el que el personaje clave es Santi Soler, aparece uno de los factores importantes pero a la vez más ignorados en la historia de esta experiencia: el papel de clarificación y orientación teórica que tuvieron respecto al MIL los miembros del grupo informal que se reunía en la librería La Vieille taupe, en París. Esta librería no fue sólo la fuente más importante de donde provenían los textos teóricos que influenciaron al MIL, sino que sus miembros, especialmente Pierre Guillaume y sobre todo Jean Barrot se convirtieron en los principales interlocutores con quienes se discutían estos textos y la situación política general. Barrot estableció una notable relación con Santi Soler y fue una influencia constante en las cuestiones teóricas, incluso jugando un papel durante la autodisolución del grupo en 1973.

La intervención del MIL para “apoyar” las luchas del movimiento obrero se realizó básicamente con dos proyectos paralelos. El primer proyecto fueron las acciones armadas –teorizadas como “agitación armada”, en contraposición a la “lucha armada”–, que tenían un triple sentido: 1) luchar contra la represión [17], 2) auto-financiarse y, si era posible, financiar las luchas de la clase, y finalmente, 3) mostrar al movimiento obrero que el nivel de violencia que se podía ejercer contra el estado burgués era más grande de lo que los propios trabajadores podían percibir subjetivamente. La decisión de utilizar la violencia no fue una elucubración más o menos iluminada de este grupo, sino que se enmarcaba dentro del debate sobre la violencia obrera que se dio en estos años en todo el movimiento obrero autónomo y que llevó, por ejemplo, a la constitución de algún grupo de autodefensa obrera. El segundo proyecto fue la difusión masiva de literatura revolucionaria anticapitalista –básicamente marxista- en el proyecto llamado “biblioteca socialista” y que tomó cuerpo finalmente con la creación de unas ediciones un tiempo después, en 1973, llamadas significativamente “Ediciones Mayo 37” [18], nombre que reivindicaba la última insurrección proletaria que cerró el ciclo revolucionario de 1917 a 1937. El MIL era consciente de que estos dos proyectos tenían que estar unidos al movimiento obrero autónomo, por lo que era necesario establecer fuertes lazos con las Plataformas. Se realizó entonces un serio estudio teórico-político que fundamentase la crítica al leninismo e hiciera difusión del marxismo heterodoxo, titulado Revolución hasta el fin, que fue el texto teórico más importante del MIL y que se escribió básicamente porque tenía que servir para clarificar posiciones y ayudar en el debate político con los miembros de las Plataformas. Pero finalmente este intento de discusión con la dirección de las Plataformas fracasó y estos dirigentes obreros crearon los Grupos Obreros Autónomos (GOA). No obstante, una parte de las bases de las Plataformas sí que continuó esta relación y finalmente se consiguió una participación real de trabajadores en el proyecto de biblioteca y en su distribución: éstos hicieron circular miles de ejemplares de estos folletos, a la vez que el MIL ayudó en la infraestructura y en la impresión de materiales de estos grupos de obreros, como por ejemplo en el caso del Boletín de los obreros de Bultaco [19] o en la donación de diversa maquinaria de impresión.

Hacia la segunda mitad de 1972, el MIL decidió pasar seriamente a la acción, firmando sus acciones como MIL-GAC (Movimiento Ibérico de Liberación-Grupos Autónomos de Combate) [20]. A pesar de que Oriol Solé estaba en estos momentos en la cárcel en Francia, el grupo creció (en este período entró, entre otros, Puig Antich) y las acciones armadas –básicamente atracos a bancos y también “recuperaciones de material” (material de impresión, documentación…)– se dispararon, posibilitando el fortalecimiento de la infraestructura, además de contactos con otros grupos en diversos lugares y el cercano paso al establecimiento de las ediciones, una vez robada una imprenta en Toulouse.

Pero las contradicciones y tensiones que se acumularon a lo largo de este período de más intensa acción armada condujeron a una crisis entre los integrantes de los dos proyectos –básicamente en torno a Rouillan por un lado y de Santi Soler por el otro– durante la primavera de 1973. Esta crisis comportó también la expulsión del grupo de Ignasi Solé, a la vez que el papel de Puig Antich creció al conseguir salvar la unidad del grupo en este momento. Pero a pesar de este compromiso, la crisis siguió latente hasta el verano, momento en el que se acordó realizar un congreso haciéndolo coincidir con la liberación de Oriol Solé de la cárcel, y en el que se decidió de común acuerdo disolver el MIL para facilitar las actuaciones separadas de la agitación armada y de las ediciones. Esta decisión no fue, de hecho, ningún replanteamiento de la política que había llevado el MIL hasta entonces, sino simplemente la separación de los dos proyectos para posibilitar un mejor funcionamiento, dejando, por lo tanto, de estar unificados en un mismo grupo llamado MIL. Lo que sucedió inmediatamente, sin embargo, es que un mes después de adoptada esta decisión la represión se abatió sobre el grupo, yendo la mayoría a la cárcel e impidiendo continuar lo que se había decidido en el congreso de autodisolución.

Este es, pues, el resumen histórico de la experiencia del MIL, en la que lo que sobresale no son los aspectos mediáticos -que son los que han estado valorados en la mayoría de trabajos, casi siempre artículos, sobre el tema-, sino los aspectos políticos. Y esto es así porque lo que en realidad caracteriza al MIL-GAC, lo que lo diferencia de las formaciones políticas de la izquierda y lo convierte en algo original, es su pensamiento político.

Otros grupos, desde el nacionalismo hasta el anarquismo pasando por el estalinismo y puntualmente por algún grupo que se reclamaba del trotskismo, habían practicado las acciones armadas, ya fuera para dirigir la insurrección armada, intentar crear una lucha guerrillera, hacer campañas de sabotaje contra el régimen o sólo como expropiaciones puntuales para conseguir dinero o material. El fenómeno tampoco era exclusivo de España ni de aquel momento histórico: los anarquistas españoles en los años 20, los bolcheviques a principios del siglo XX, prácticamente cualquier movimiento revolucionario había hecho uso de acciones violentas armadas en algún momento, como medio de supervivencia o por necesidades tácticas.

Así pues, es sólo la teoría de este grupo la que surge como lo realmente novedoso en España. En el aspecto organizativo, nunca en este país había existido ninguna organización a la izquierda de la tradición trotskista, a excepción del Fomento Obrero Revolucionario dirigido por Munis, que sin embargo tenía sus orígenes en el trotskismo. En el de la teoría, a parte de algunos pocos artículos, el único libro de Pannekoek aparecido hasta aquel momento en España había sido un pequeño folleto editado por el POUM en 1937; de Otto Rühle sólo se habían editado hasta el momento sus escritos sobre pedagogía y sobre la crisis; lo más accesible de Gorter había sido editado en México en 1971; y Karl Korsch y Paul Mattick tendrían sus primeras ediciones españolas de 1973 a 1975. Y en este panorama totalmente ignorante de toda la tradición comunista a la izquierda del trotskismo apareció un grupo que llegó al descubrimiento de que las vías del comunismo revolucionario no se acababan en las tradiciones de la III Internacional, y que hizo suyas muchas de las concepciones consejistas de la revolución, fundamentalmente en el rechazo al partido de vanguardia leninista y a los sindicatos, en la oposición al capital, tanto el privado como el considerado de estado, y en la preparación de la revolución socialista mediante la auto-organización y los consejos obreros. Sin embargo, también es cierto que este “consejismo” tiene características propias.

Dos son los factores principales que lo diferencian del consejismo “clásico”. En primer lugar, es un consejismo tamizado por la influencia de Jean Barrot y en general de los participantes en La Vieille taupe, aunque esta influencia no quiere decir acuerdo absoluto. Es gracias a las discusiones con este núcleo parisino que se abandonaron viejas concepciones y que se descubrieron otras experiencias históricas del movimiento obrero revolucionario. También hubo diferencias, notablemente sobre la cuestión armada y la organizativa. En este último punto, el MIL rechazó el papel que el núcleo de París aún otorgaba al partido revolucionario y llegó, más allá de la “Organización de Clase” propuesta por el movimiento autónomo barcelonés organizado en las Plataformas de CC.OO., a la proclamación de que la tarea de “la organización es la organización de tareas”, es decir, a estar en contra de organizaciones estructuradas y a abogar por grupos de afinidad. Existió, por lo tanto, un constante hilo conductor en la historia del MIL que llevó de la crítica al “grupusculismo” hecha en 1969 en El movimiento obrero en Barcelona hasta el rechazo a toda organización estructurada en 1973, hecho que ayuda a comprender el por qué de la autodisolución.

El segundo factor característico de este consejismo es el que hace referencia a la práctica revolucionaria con utilización de la violencia. El uso de ésta será el componente más alejado de la práctica tradicional de los grupos consejistas, ya que ningún grupo que se haya reclamado del consejismo ha estado involucrado en acciones armadas, y sólo algunos individuos en relación con estos grupos la practicaron en los años 20 y principios de los 30. A nivel teórico, el MIL-GAC buscó un equilibrio entre el rechazo a la “lucha armada” (tal como la practicaban en ese mismo momento la RAF o las BR, por ejemplo) y la práctica real de la violencia armada, teorizando entonces sobre la “agitación armada”, es decir, la necesidad de multiplicar acciones realizadas por diferentes “grupos de apoyo” (de los cuales el MIL-GAC sólo sería uno entre más) a las luchas de la clase obrera, y que servirían además para mostrar que las luchas, que interpretaban que pasaban de defensivas a ofensivas, podían convertirse en la insurrección revolucionaria. Pero la propia práctica de expropiaciones hizo pervertir esta concepción, porque los atracos se fueron transformando desde su papel de fuente de subvención de otras actividades (principalmente la editorial), a convertirse en fuente de supervivencia, para acabar generando su propia justificación teórica dentro de un sector del grupo en base a que hacía falta “unir teoría y práctica”. Fue en este momento cuando algunas personas, tanto dentro del grupo como en los núcleos relacionados, dieron la voz de alarma y comenzó el intento de reorientación que, fracasado, sólo dejó la vía de la autodisolución.

Pero más determinante para llegar a esta decisión fue la contradicción flagrante entre lo que se había iniciado en 1969, fundamentalmente, el rechazo a la grupusculización, y lo que en realidad era el MIL-GAC en 1973: un grupo de revolucionarios profesionales y especializados. En el MIL existieron siempre las dos líneas que ya han sido mencionadas, que se definen más que por la teoría, por tener dos concepciones diferentes de la acción revolucionaria y de cómo organizarse para llevarla a cabo. Durante un tiempo se consiguió la convivencia, pero ésta se rompió cuando el factor armado tomó la preeminencia en la vida del grupo. La comprensión del sector encargado de las ediciones de la existencia y prolongación de esta contradicción, y el interés del sector armado de poder hacer uso de una autonomía total respecto a todas sus actuaciones, convergieron en la misma solución: la autodisolución, aceptada sin mucha oposición ni dramatismo. En realidad, la razón de la autodisolución no estuvo ni en las diferencias personales, aunque éstas pudieran existir, ni por la dicotomía marxismo-anarquismo, ya que la teoría del grupo como tal siempre fue marxista. La razón última fue la organizativa, porque con o sin autodisolución, la práctica de cada sector seguiría siendo fundamentalmente la misma: la palabra o el acto, pero bien realizados bajo unas siglas comunes o bien sin ninguna relación organizativa. Los miembros del MIL no cuestionaron sus concepciones y su práctica anterior, sino cómo organizarse para realizarlas [21].

Sin embargo, también es cierto que toda autodisolución significa un fracaso. En el caso del MIL-GAC, el fracaso es doble: no sólo el grupo no pudo superar sus contradicciones y tuvo que desaparecer, sino que la vía abierta en el año 1969 con el rechazo del vanguardismo y el descubrimiento del comunismo de los consejos no tuvo continuidad. La represión que comenzó en septiembre de 1973 rompió toda posibilidad de continuación de una política consejista diferenciada del leninismo y del anarquismo. Sólo un año y medio después de la autodisolución, muchas de estas personas, no sólo del MIL-GAC sino también de los GOA y de los restos de las Plataformas, acabaron incluso colaborando en el proceso que llevó a la refundación de la CNT, es decir, de otra opción política (aunque hacia 1979 la mayoría había abandonado o había sido expulsada de la organización anarcosindicalista). Por su parte, algunos miembros del sector armado que pudieron escapar continuaron la actividad armada en diferentes grupos, participando finalmente en la constitución de Action directe: a día de hoy Jean-Marc Rouillan continua preso a perpetuidad desde febrero de 1987 en cárceles francesas por actividades relacionadas con este grupo, como otros de sus compañeros [22].

En este fracaso, sin duda el factor más importante fue la imposibilidad de poder desarrollar ampliamente su propuesta política, por lo que el MIL-GAC fue ciertamente marginal. Sus contactos innegables con el movimiento obrero, que explican su origen y desarrollo, fueron demasiado débiles en el momento de crecimiento, ya que el vínculo definitivo con elementos de Plataformas para a un trabajo común y estable se consiguió en 1972, es decir, en un momento en que éstas empezaban su declive, con lo que el gran magma autónomo de 1969-1970 era en 1972-1973 mucho más reducido. Además, el MIL-GAC no pudo disponer de un aparato editorial serio hasta muy poco antes de su caída, y los folletos de las Ediciones Mayo 37 vieron la luz cuando la mayoría de los componentes del MIL-GAC estaba en la cárcel y el resto en el exilio -además de uno muerto-, impidiendo por tanto una recuperación política de esa difusión.

Su propuesta quedó así aislada dentro de una izquierda clandestina donde los modelos imperantes, en razón de esa clandestinidad, eran los que se habían mantenido desde la guerra. De un lado, un modelo predominante, formalmente marxista-leninista, y del otro, el papel de oposición a éste, reservado a un movimiento anarcosindicalista que resurgía. Sin las posibilidades de trabajo a través de las ediciones, la propuesta por la auto-organización de la clase hecha por el MIL quedó totalmente ignorada, cuando no manipulada. Para la izquierda “marxista”, el tildarlos de ”anarquistas” significó evitar que se conociera un modelo marxista revolucionario alternativo que iba más allá del modelo de partido y enfatizaba la propia iniciativa de la clase; para el anarquismo, después de ignorar totalmente esta experiencia mientras estuvo viva, quedó la oportunidad de recuperar sus frutos políticos a posteriori, una vez que la brutal represión franquista les ofreció la posibilidad de obtener uno, o dos, nuevos mártires: Salvador Puig Antich y Oriol Solé Sugranyes [23]. Surgió así la invención del grupo “anarquista” llamado MIL y se olvidó soberanamente la posición inequívocamente comunista de los miembros del ex-MIL, posición que se resumía sucintamente en su manifiesto elaborado en octubre de 1973 en la cárcel Modelo de Barcelona y que acababa con la proclama “¡Ni mártires, ni juicios, ni cárceles, ni salarios! ¡Viva el comunismo!”.

Pero a pesar de no haber conseguido abrir una vía fecunda en el desarrollo de la lucha de clases, el MIL-GAC representa, con todo, una de las experiencias más importantes dentro del panorama revolucionario español. Es por esto que Telesforo Tajuelo, uno de los pocos historiadores en estudiar este fenómeno -mayoritariamente tratado por periodistas-, y uno de los escasos en analizarlo políticamente, señaló que “el MIL ha sido el grupo más radical del movimiento obrero español después de la guerra civil”. En todo caso, sí es cierto que representó una de las contadas formaciones auténticamente revolucionarias del panorama político del momento. Decimos “auténticamente revolucionarias” porque el MIL nunca fue “anti-franquista”, su objetivo no fue nunca derribar al franquismo y conseguir un régimen democrático más o menos avanzado, una democracia más o menos participativa, sino, enlazando de lleno con la tradición marxista revolucionaria, luchar directamente contra el estado burgués, contra el capital, por la independencia de clase que, mediante la auto-organización, acabara con el trabajo asalariado y la división de la sociedad en clases: en definitiva, ni más ni menos que la auto-emancipación del proletariado. Reconocer que ésta fue su lucha y librarla de todas las mistificaciones que ha sufrido servirá para restaurar la verdad histórica que muestra, por un lado, que los integrantes del MIL no fueron ni “alocados” ni tampoco “pobres chicos”, sino revolucionarios anticapitalistas y, por el otro, que dado que su lucha no fue anti-franquista sino anti-capitalista, las tareas por las que lucharon siguen inconclusas.

NOTAS

[1] En el 2004 Balance publicó por primera vez este artículo en su edición web; posteriormente ha aparecido en los libros colectivos Révolution, lutte armée et terrorisme (Paris: L’Harmattan, 2005) y Por la memoria anticapitalista: reflexiones sobre la autonomía ([Madrid]: Klinamen, 2008). Lo reproducimos ahora corregido y actualizado para la versión en papel de Balance, número 32.

[2] La película Salvador, dirigida por Manuel Huerga, con guión de Lluís Arcarazo y producida por Jaume Roures, representa el máximo exponente de esta caracterización.

[3] Es el caso del periodista Joaquim Roglan y su libro Oriol Solé, el Che català (Barcelona: Edicions 62, 2006) que falsifica la historia reconvirtiendo al comunista revolucionario Oriol Solé en un luchador nacionalista, utilizando además para ello un método de trabajo deshonesto.

[4] TAJUELO, Telesforo. El Movimiento Ibérico de Liberación, Salvador Puig Antich y los grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista : teoría y práctica, 1969-1976. París : Ruedo Ibérico, 1977.

[5] “TOLOSA, Carlota”. La torna de la torna: Salvador Puig Antich i el MIL. Pròleg de Ramon Barnils. Barcelona : Empúries, 1985.

[6] TÉLLEZ SOLÁ, Antonio. El MIL y Puig Antich. Barcelona : Virus, 1994.

[7] Las 1000 y una del 1000. Barcelona : Ateneus Llibertaris del Barcelonès ; Colectivo Autónomo de Trabajadores S/O del Besòs ; Dones Vipera Aspis, 1984.

[8] “CORTADE, André”. Le 1000 : histoire désordonnée du MIL, Barcelone 1967-1974. Paris : Dérive 17, 1985.

[9] El Fons MIL : entre el record i la història. Edició, introducció i notes : Antoni Segura i Jordi Solé. Catarroja : Afers, 2006.

[10] Mouvement ibérique de libération : mémoires de rebelles. Jean Claude Duhourcq & Antoine Madrigal [eds.]. Toulouse : CRAS, 2007.

[11] Jann-Marc Rouillan, prolífico escritor desde la cárcel, ha escrito sobre su periodo inmediatamente anterior al MIL en De mémoire (I) : les jours du début : un automne 1970 à Toulouse (Marseille : Agone, 2007; de próxima edición en castellano por Virus), al que debe seguir una segunda parte sobre los años del MIL. También cabe señalar que Emili Pardiñas Viladrich ha publicado Si este año no tocamos la revolución me aventuro con los caballos salvajes (Paiporta : Denes, 2004), pero juega con realidad e imaginación en la narración de su juventud, incluyendo su paso por el MIL.

[12] El archivo en línea “MIL-GAC/Mayo 37″ (http://www.mil-gac.info/) se abrió a principios del 2007 y permite la consulta de los principales textos, tanto públicos como internos, del MIL-GAC y de las Ediciones Mayo 37.

[13] Esta terca persistencia de los viejos clichés se da incluso en textos de antiguos miembros del MIL y de reputados historiadores, como es el caso con el libro El Fons MIL, una buena recopilación de textos realizada por el catedrático de historia Antoni Segura y por el ex-miembro del MIL Jordi Solé Sugranyes, pero que ya en la tercera línea de su introducción sigue calificando al MIL como “grup d’oposició antifranquista”.

[14] Las primeras Comisiones Obreras (CC.OO.) nacieron durante las huelgas de los mineros asturianos de 1962, extendiéndose durante la década de los 60 a todo el movimiento obrero de España. Después de varias luchas fraccionales, el PCE logró hacerse con su control a finales de los 60, convirtiéndose en su sindicato.

[15] El partido comunista oficial en Catalunya, “hermanado” con el PCE.

[16] Partido Comunista de España (internacional): escisión estalinista del PSUC.

[17] Los últimos años del franquismo, al contrario de lo que afirman ciertos discursos históricos y políticos, fueron años de una especial y dura represión política y social, con muertos no sólo en enfrentamientos armados o en fusilamientos o agarrotamientos –como Puig Antich y los fusilados del FRAP y de ETA de 1975-, sino también en el curso de huelgas y manifestaciones, como los obreros muertos en las huelgas de la SEAT y de la Térmica del Besòs, en Barcelona, los de El Ferrol, Granada, etc.; en estos años fue común trasladar los conflictos laborales a la jurisdicción militar, juzgándose en consejos de guerra.

[18] Se editarán folletos de Balazs, Barrot, Baynac, Berneri, Canne-Meijer, Ciliga, la Internacional Situacionista, Pannekoek, Révolution internationale…

[19] Bultaco era una de las fábricas de motocicletas más importantes de España.

[20] El nombre “Movimiento Ibérico de Liberación” es en realidad una adaptación de la cifra 1000, cifra con la que se firmó el primer folleto del grupo y que no tenía ningún significado específico; si acaso, la voluntad de ser muchos. El añadido de “GAC” daba contenido político al nombre de la organización, al designar dos parámetros claves: autonomía y acción.

[21] El análisis y crítica realizado en 1974 por Barrot respecto al MIL continúa siendo uno de los más lúcidos y el primero en señalar cómo la autodisolución “era más una medida organizativa que un cambio de práctica” (Violence et solidarité révolutionnaires: les procès des communistes de Barcelone. Paris: Éd. de l’Oubli, 1974; las propias Ediciones Mayo 37 tradujeron y editaron en un folleto diversos capítulos de este texto).

[22] Encarcelado desde hace más de dos décadas, Rouillan ha pasado una parte importante de su condena en prisiones de máxima seguridad en condiciones durísimas. A pesar de esto, ha continuado luchando por sus derechos, hasta el extremo de realizar varias huelgas de hambre. Su lucha consiguió diversos traslados y un atenuamiento de sus condiciones penitenciarias y, finalmente, en septiembre del 2007, la obtención de un régimen de semi-libertad que empezó en diciembre de ese año, por el cual se le permitía salir de la cárcel durante el día, volviendo a prisión por las noches y días de fiesta. Sin embargo, en octubre del 2008, a dos meses de poder acceder a la libertad condicional, el estado francés le ha retirado escandalosamente este régimen y Rouillan vuelve a estar de nuevo completamente encarcelado, a la espera de un dictamen definitivo a inicios del 2009 que le devuelva el régimen de semi-libertad o que confirme el encarcelamiento a perpetuidad. Sus experiencias de la vida en prisión las ha reflejado en varios de sus libros, especialmente en Je hais les matins (Paris : Denoël, 2001; traducción castellana: Odio las mañanas (Barcelona : Llaüt, 2004)).

[23] Salvador Puig Antich fue detenido y herido en un tiroteo con la Policía en septiembre de 1973, condenado a muerte por la muerte de un policía en esa detención y asesinado legalmente por medio del garrote vil en marzo de 1974. Oriol Solé Sugranyes había sido detenido diez días antes que Puig Antich, tras un atraco fallido, y fue condenado a 48 años de prisión en 1974; fugado de la cárcel en abril de 1976 en la famosa “fuga de Segovia” preparada por ETA (p-m), fue muerto al día siguiente por la Guardia Civil en los montes navarros, cerca de la frontera.

El nuevo producto “Puig Antich” se vende bien

…, y sin embargo las posiciones de Puig Antich y del M.I.L. eran claras y precisas:

“La organización, la política, el militantismo, el moralismo, los mártires, las siglas, nuestra propia etiqueta, forman ya parte del viejo mundo…”

La película “Salvador” ya está en los cines. Dirigida por Manuel Huerga (realizador de audiovisuales de la órbita del psc-psoe) y producida por Jaume Roures Llop (propietario de Mediapro, ex-troskista de LCR y representante de Johan Cruif) el film está basado en la novela “Compte enrere” de Francec Escribano (director de tv3-televisión autonómica catalana) Todos ellos se han juntado con mucho dinero por enmedio, para realizar este film rosa y lacrimógeno que a muchos hará llorar pero que nunca explicará la verdad, la vida y lucha de subversión anticapitalista de Salvador.

La película oculta el contenido político de la vida y la muerte de Salvador Puig Antich, transformándolo en un buen chico que por culpa de las malas compañías se convierte en un atracador de bancos.

Han optado por la simple evocación de los acontecimientos ocurridos y explotandolos de forma descaradamente sentimentalista, sin aportar ningun tipo de reflexion sobre la ideología de Puig, ni del MIL. Salvador, que durante su encarcelamiento manifestó que no quería hacer el juego a los politicos de la Asamblea de Catalunya (grupo político hegemónico en Cataluña durante los 70) ha sido convertido por el “establishment” en un simple producto comercial de Roures.

Tanto el libro como la película han recibido fuertes críticas por parte de antiguos/as militantes del MIL, los y las compañeros y compañeras de militancia de Salvador, que afirman que vacían de contenido político al personaje de Puig Antich, al tiempo que se dignifica falsamente la imagen de su carcelero, del juez militar y de la Brigada Político-Social, la policía franquista encargada de la represión política.

Ex-miembros del
MIL-GAC, OLLA,
GARI
manifiestan que:

Nosotros, testigos directos de la época que trata la película “Salvador”, ex-miembros del MIL, OLLA y GARI, ante la indignidad que representa para todos y todas nosotras la exhibición del mencionado film manifestamos:

1. Que ésta no es la historia política de Salvador Puig Antich ni la de sus compañeros de lucha, porque esconde deliberadamente la historia de subversión revolucionaria contra el capitalismo, sin la cual, la vida y la muerte de Salvador no tienen ningún sentido.

2. Denunciamos esta película como un nuevo producto desinformador y falsificador de la realidad en la que Puig Antich es mitificado como un luchador por las libertades democráticas, basada en la novela Cuenta Atrás de Francesc Escribano, donde se mezcla hábilmente el arte de la manipulación y tergiversación de los hechos con intencionadas ocultaciones y mentiras.

3. Denunciamos este film como un producto de ficción consumista, en la que la trágica muerte de Salvador Puig Antich se aprovecha para hacer un gran espectáculo morboso, extremadamente dramático, con el fin de sacar
provechosos réditos económicos.

4. Denunciamos la gran relevancia que se le da a anécdotas intranscendentes con objeto de desfigurar y disminuir el carácter anticapitalista y autónomo del MIL, compartido con la clase obrera más combativa, la cual es ignorada olímpicamente en el film.

5. Insistimos en la denuncia de la ocultación de los hechos histórico-sociales y del movimiento obrero de donde nace y se desarrolla el MIL, así como de sus aportaciones revolucionarias, que abrieron paso, entre otras cosas, a la autogestión, el asamblearismo, la autoorganización, el antiautoritarismo y el antimilitarismo.

6. Denunciamos el claro mensaje reaccionario y de moral y valores dominantes burgueses que respira el film, contradictorios con las ideas y a la manera de sentir y vivir de Salvador.

7. Y denunciamos de forma contundente que en este estadio intensivo de la economía capitalista (crecimiento cuantitativo y cualitativo sobre una base técnica compleja y en constante renovación), esencialmente en lo que respecta a la vida cotidiana de los ciudadanos y asalariados, ésta vida está cada vez más dirigida y controlada por los diferentes poderes. En este sentido, el mensaje que se desprende de la película tiene una clara intencionalidad política en el momento actual: impedir la radicalización de los movimientos alternativos mediante la supuesta derrota del MIL y la dramática muerte de Salvador…: “El enfrentamiento total al sistema no vale la pena”.

8. Por último denunciamos también el silencio que mantienen los medios de comunicación y especialmente la mencionada película sobre la situación de Jean Marc Rouillan, ex-miembro del MIL y ex-compañero de Puig Antich, encarcelado todavía en Francia, pese a haber cumplido la condena, con quien nos solidarizamos y de quien exigimos su libertad inmediata, junto con los otras compañeros de Acción Directa

Para conocer mas sobre Salvador Puig y el MIL

* Tajuelo, Telesforo. El Movimiento Ibérico de Liberación, Salvador Puig Antich y los grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista: teoría y práctica, 1969-1976. París. Ruedo Ibérico,
1977 (Referéncia en Ruedo Ibérico)

* Cortade, André. Le 1000: histoire désordonnée du MIL, Barcelone 1967-1974. París. Dérive 17, 1985.

* Téllez Solá, Antonio. El MIL y Puig Antich. Barcelona. Virus, 1994 (Referéncia en Virus Editorial)
Re-edicion proximamente.

* Tolosa, Carlota. La torna de la torna: Salvador Puig Antich i el MIL. Barcelona. Empúries, 1999.

* Rosés Cordovilla, Sergi. El MIL: una historia política. Barcelona. Alikornio, 2002(Referéncia en Alikornio)

Más información en:
http://www.salvadorpuigantich.info

 

MUERTE DEL ANARQUISTA SALVADOR PUIG ANTICH POR GARROTE VIL

Salvador Puig Antich

Salvador Puig Antich, caso abierto

Homenaje a Salvador Puig Antich: Madrid 04.03.16

EJECUCION PUBLICA La pena de muerte en España. / CHICHO SANCHEZ FERLOSIO

A Margalida (1977)

Joan Isaac interpreta ‘A Margalida’

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