Anselmo Lorenzo Asperilla “El llamado padre del anarquismo español”. (Vida y obra)

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Anselmo Lorenzo Asperilla nacio en Toledo. 1 el  21 de abril de 1841 y falleció en Barcelona el 30 de noviembre de 1914 a veces llamado «el abuelo del anarquismo español», fue uno de los primeros anarquistas españoles.

Militante y teórico anarquista.

Fue muy activo en el movimiento desde su reunión con Giuseppe Fanelli en 1868 en Madrid hasta su muerte en 1914. Autor de numerosas obras y folletos para propagar la ideología ácrata, formó parte del consejo de dirección de La Emancipación de Madrid (1871) como secretario.

Congreso de la I.ª Internacional.

En el año 1871 participó con Francisco Mora Méndez y Tomás González Morago de la sección española de la Primera Internacional, participando en una conferencia en Londres en 1871 defendiendo una postura no marxista. Entre 1886 y 1888 tuvo parte en la dirección y redacción del periódico Acracia, de Barcelona.

Lápida en el nicho de Anselmo Lorenzo en el cementerio de Montjuic

Lápida en el nicho de Anselmo Lorenzo en el cementerio de Montjuic.

Exilio francés y fundación de la CNT.

Se exilió en París tras verse perseguido por la policía, acusado de inductor en el proceso de Montjuïc (1896-1897). A su vuelta colaboró en Barcelona con la editorial de la Escuela Moderna junto a Francisco Ferrer Guardia.2 En 1910 participó en el congreso de Barcelona y en la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

En la actualidad la CNT cuenta con una fundación que lleva su nombre, la fundación Anselmo Lorenzo.

Falleció el 30 de noviembre de 1914 en Barcelona.1

Obras.

  • Fuera política (1886)
  • Acracia o república (1886)
  • Biografía de Pedro Kropotkin (1893)
  • Sinopsis ortográfica a la tipografía española. Reglas para el uso de las letras dudosas y de los acentos. Barcelona, Tip. La Académica, de Serra Hermanos y Russell, 1900.
  • Criterio libertario (1903)
  • Vía libre. El trabajador. Su ideal emancipador. Desviaciones políticas y económicas. Prólogo de J. Mir y Mir y prefacio de Tarrida del Mármol. Barcelona: Ed. F. Granada y Cía. Barcelona, 1905.
  • El pueblo (estudio libertario) Valencia: F. Sempere y Compañía Editores, s. a. (prefacio de Kropotkin de octubre de 1907).
  • Solidaridad (1909)
  • La Anarquía Triunfante (1911)
  • Contra La Ignorancia (1913)
  • El proletariado militante, 2 vols. (1901, vol. 1-1923, vol. 2). Muy reimpreso.
  • El Sindicalismo Barcelona: Editorial “Tierra y Libertad,” ca. 1930s.
  • El Banquete de la vida. (Con un Esbozo Biográfico de Anselmo Lorenzo por Manel Aisa) Barcelona: Ed. Sintra, 2006.

Traducciones.

  • Eliseo Reclus, El hombre y la tierra, Barcelona: Casa Editorial Maucci, 1906, 6 vols. Versión española de Anselmo Lorenzo y revisión de Odón de Buen.
  • Pedro Kropotkin, La gran revolución 1789-1793. Barcelona: Publicaciones de La Escuela Moderna, 192… 2 vols.

Véase también.

Referencias.

Bibliografía.

Enlaces externos.

Anselmo Lorenzo Asperilla “El llamado padre del anarquimos español”

No deja de resultar curioso la amnesia social que se tiene alrededor de algunos personajes fundamentales para la historia de España. No es un problema individual sino es una cuestión social. No ya por las declaraciones que muchas personas tienen en clara consonancia con un franquismo sociológico que perdura en el tiempo. Fuera de ámbitos académicos o de ámbitos militantes es dificil que encontremos personas que conozcan la existencia de algunos personajes que marcaron el devenir del país.
La amnesia y el silencio de la democracia fue igual de negativo que los años de dictadura

El próximo 30 de noviembre se cumplieron cien años de la muerte de uno de esos personajes: (1841-1914). Prácticamente desconocido para la mayoría de la gente en la actualidad, Anselmo Lorenzo fue una de las figuras fundamentales en la historia de España entre el último tercio del siglo XIX y los primeros años del siglo XX. ¿La razón? Porque fue uno de los articuladores del movimiento obrero organizado, protagonista en la introducción de la Primera Internacional en España, fundador de diversas asociaciones obreras y partícipe, también como fundador, de la que será la central sindical más importante de España en los años siguiente, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Con semejante curriculum Anselmo Lorenzo debería ser de sobra conocido. Pero no es así.

La primera explicación a este desconocimiento parte del resultado de la Guerra Civil española. El triufo de Franco en la guerra significó la represión física de todos aquellos que salieron derrotados. Pero también la machacante propaganda contra los llamados “enemigos de España”, el falseamiento histórico y la demonización y enterramiento de muchas de sus figuras en el ostracismo de la historia. Anselmo Lorenzo no fue menos en este aspecto.

Pero la muerte de Franco y el restablecimiento de un régimen de libertades no fue suficiente para volver a colocar en el lugar que debían estas figuras. La amnesia y el silencio de la democracia fue igual de negativo que los años de dictadura.

Sin embargo Anselmo Lorenzo es una figura que por su trascendencia merece ser rescatada. Vamos a rescatar aquí alguno de los hitos de la vida de Anselmo Lorenzo. Nacido en Toledo en 1841 se traslada muy pronto a Madrid donde trabaja en una cerería de un tío suyo. Pero aquel trabajo no era del gusto de Anselmo. Aprendiendo a leer y escribir acabó consiguiendo un puesto de trabajo como tipógrafo. Un trabajo que le mantuvo toda su vida cercano al mundo de la cultura y pudo acceder a muchos conocimientos.

Vinculado al Fomento de las Artes donde fue un alumno destacado en distintas materias, politicamente se inició en la escuela del republicanismo federal de Francisco Pi i Margall, como la gran mayoría de los primeros internacionalistas. Pero la llegada de Fanelli a España en diciembre de 1868, la efervescencia política del momento y la conformación de un nucleo de internacionalistas en España, hizo que Anselmo Lorenzo y otros adoptasen las ideas que legaba la Asociación Internacional de los Trabajadores, que había nacido en Londres cuatro años antes.

Desde la constitución del primer grupo internacionalista se puede comprar la capacidad que Anselmo Lorenzo tiene para el desarrollo de dichas ideas. Comenzaron a participar en diversos debates confrontando ideas y cualquier tribuna era buena para poder mostrar lo que los ideales de la AIT ofrecía.

En 1870, Anselmo Lorenzo junto a Manuel Cano, Tomás González Morago, Francisco Mora y otros fundan un periódico La Solidaridad e impulsan la celebración del primer congreso obrero que se desarrolló en España. Celebrado en Barcelona en junio de 1870, dicho congreso debatió las formas organizativas e ideológicas de la Internacional en España. Allí nació la Federación Regional Española de la AIT y Anselmo Lorenzo que acudió como delegado fue elegido parte del Consejo federal.

La enorme importancia que tomaba el obrerismo, el avance de la FRE y los sucesos de la Comuna de París de 1871, pusieron en alerta a las autoridades del momento que debatieron y aprobaron en el Congreso la ilegalización de la Internacional. Mientras Sagasta la definía como “la utopía filosofal del crimen”, los republicanos Nicolás Salmerón y Francisco Pi i Margall salían en su defensa.
Condenados a la ilegalidad, los internacionalistas se frangmentan para que la persecución no merme sus fuerzas. En ese contexto Anselmo Lorenzo junto a González Morago y Francisco Mora viajan a Portugal y participan de la consolidación de primeros núcleos de la AIT portuguesa.

Pero las desavenencias personales internas y los debates internacionales que enfrentaban las posiciones de Marx y Bakunin, iban a marcar la agenda de la FRE en los años 1871 y 1872. De regreso a España Anselmo Lorenzo participó en la Conferencia de Valencia celebrada en septiembre y fue enviado como delegado español a la Conferencia de Londres. Allí el anarquista toledano vio de primera mano la diferencias que existían en el seno de la AIT. Algo que en sus memorias El proletariado militante achacó a una pugna de personalismos que conducían al movimiento obrero a la división.

El regreso de Anselmo Lorenzo a España coincide casi en fechas con la llegada de Paul Lafargue. El yerno de Marx había huido de Francia perseguido por la represión contra la Comuna de París. Alcanzó la frontera española y tras una estancia en San Sebastián y Huesca, pasó a Madrid donde tomó contacto con los internacionales de la capital de España. Anselmo Lorenzo siempre mostró admiración por la persona de Lafargue y por su mujer Laura Marx. Sin embargo la ya palpable diferencia entre las posiciones de Francisco Mora y José Mesa y las de Tomás González Morago fue algo que Lafargue aprovechó. Alrededor del periódico La Emancipación se fue conformando el primer núcleo marxista. Más en la forma que en el fondo, porque lo que caracterizó la disputa de los internacionalistas españoles fue, como Anselmo Lorenzo planteó, los personalismos de unos y de otros. Lafargue colaboró de forma asidua con La Emancipación y empezó a denunciar la existencia de la Alianza de la Democracia Socialista bakuninista como elemento controlador de la FRE. Punto que negaban la otra parte que comenzó a escribir en el periódico madrileño El Condenado dirigido por Tomás González Morago. Lafargue actuó en el seno de los grupos madrileños y de Alcalá de Henares. Por esta ciudad acudió como delegado al Congreso de Zaragoza de 1872 bajo el seudónimo de Pablo Farga. En este congreso, junto a Anselmo Lorenzo, redactaron el concepto de la propiedad. Un extenso dictamen donde se muestra el conocimiento que ambos personajes tenían de economía. De ese congreso salió también la disposición de igualdad hombre-mujer en el seno del obrerismo, si bien ya se había abordado en el congreso de Barcelona de 1870.

Aunque el congreso de mayo en Zaragoza fue un bálsamo, la tormeta se desató poco despues. Las disputas entre La Emancipación y El Condenado no cesaron. Lafargue publicó en un periódico suizo que en España los bakuninistas intrigaban contra la Internacional. Los bakuninistas acusaban a los marxista de intento de control por parte del Consejo General sobre las sección y de autoritarismo. En el Congreso de La Haya de septiembre de 1872, sin apenas representación del sector antiautoritario, se produce la expulsión de la AIT de Bakunin, Guillaume y Schwitzguebel. Acto seguido los antiautoritarios celebran un congreso en Saint Imier (Suiza). La AIT se ha dividido.

En España Anselmo Lorenzo ve con dolor como la FRE también se divide. Mayoritariamente se queda con su posición: el antiautoritarismo. Pero un pequeño nucleo en Madrid al que le siguen escaso número de nucleos en el resto de España, se escinde. Nació la Nueva Federación Madrileña, admitida de inmediato en el seno del Consejo General de Londres. Muy buenos amigos de Anselmo Lorenzo, como Francisco Mora, acabaron en el nucleo marxista. Este núcleo procederá a la fundación del PSOE en 1879 y de la UGT en 1888.

Lorenzo decide en ese momento salir de España y buscar suerte en Francia. Viaja a Burdeos, Toulouse, Montpellier y Marsella. No tiene suerte en el trabajo pero participa de numerosas conferencias donde da la visión del internacionalismo antiautoritario de los sucesos de españa, que vivía momento trascendentales con la proclamación de la Primera República, las guerras carlistas y los levantamientos cantonales.

A su vuelta a España, Anselmo Lorenzo se establece en Barcelona. Allí volvió a tomar contacto con los internacionalistas encabezados por Rafael Farga Pellicer y Jose Llunas. Participa en el desarrollo de numerosas asociaciones obreras y fue uno de los fundadores de la Sociedad de Tipógrafos en 1885.
“Ante vosotros el libro de la historia presenta una página en blanco. Preparaos a rellenarla, futuros”

Pero de esta época hay que destacar la labor intelectual de Anselmo Lorenzo. Vinculado a la masonería desde 1883, Anselmo Lorenzo publica desde ese momento numerosos artículos y folletos para la extensión de los ideales anarquistas. Pero la dura represión que sufre el anarquismo en aquellos momento no fue ajena al propio Anselmo Lorenzo. En 1881 los anarquistas habían levantado una nueva asociación, la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE). El número de sus afiliados es alto y, en un importante momento de desarrollo sindical, la fuerza de la FTRE comienza a ser un problema para las autoridades de la Restauración. Los sucesos de la Mano Negra sirvieron como excusa para la persecución contra la FTRE, así como los sucesos de Jerez de 1892. La FTRE se disolvió y sumió al anarquismo en una profunda crisis de la que no saldrá hasta el siglo XX. Es el llamado periodo de la bombas, donde como dice el historiador Juan Pablo Calero, se tiraron más periódicos que bombas. A pesar de ello y de que muchos de los atentados acontecidos entre 1892 y 1908 en España son de procedencia dudosa o directamente policial, el anarquismo de forma mayoritaría no aprobó la violencia como medio para la consecución de la anarquía. Ya Pedro Kropotkin había advertido en el Congreso de Londres de 1881, junto a Errico Malatesta, de las consecuencias devastadoras que tendría para el anarquismo la adopción de esta línea.

Anselmo Lorenzo, profundo defensor de societarismo obrero y de la lucha educativa del anarquismo, fue detenido y deportado tras la bomba de Cambios Nuevos en 1896. A pesar de que condenaba cualquier acción de ese tipo tuvo que salir exiliado durante un tiempo a París, donde coincidió con las figuras más representativas del anarquismo y del socialismo interancional: Charles Malato, Jean Grave, Jean Jaurès, etc. Allí conoció también a Francisco Ferrer Guardia con el que a su vuelta a España comenzó a colaborar en diversos proyectos periodisticos y en el nacimiento y desarrollo de la Escuela Moderna en 1901. La labor de Anselmo Lorenzo al frente de la editorial de la Escuela Moderna es una de las claves de su éxito. Y todo esto convinandolo con su trabajo usuario: tipógrafo.

La persecución contra la Escuela Moderna que llevó al cierre y encarcelamiento de Ferrer tras el atentado de Mateo Morral contra Alfonso XIII en mayo de 1906 y a la posterior dentención y ejecución de Ferrer tras los sucesos de Barcelona de julio de 1909 no detuvo a Anselmo Lorenzo en su labor editorial. Y eso que tras la Semana Trágica fue nuevamente detenido y deportado a Alcañiz (Teruel).

Un Anselmo Lorenzo ya achacoso y avenjetando todavía tendría una importante labor. Los días 30 y 31 de octubre y 1 de noviembre de 1910 se celebró en Barcelona un congreso obrero impulsado por Solidaridad Obrera que sirivió como congreso fundacional de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Anselmo Lorenzo, como veterano internacionalista, dirigió unas palabras a los allí congregados: “Ante vosotros el libro de la historia presenta una página en blanco. Preparaos a rellenarla, futuros”. Palabras premonitorias del abuelo de anarquismo, pues la CNT con el paso de los años fue la organización obrera más influyente de España.

Pero la salud de Anselmo Lorenzo poco le permitía hacer ya. Siguió escribiendo y dando aportaciones teóricas al anarquismo. Y cuando Europa comenzaba una guerra fratricida, Anselmo Lorenzo dejaba de existir el 30 de noviembre de 1914. Su entierro en cementerio de Montjuich se convirtió en una gran manifestación obrera, donde todas las tendencias del obrerismo rindieron un sentido homenaje a una de las personalidades más influyentes para el desarrollo de los derechos de los trabajadores.

Eje fundamental de la historia, hoy Anselmo Lorenzo apenas es recordando. Aprovechamos la efeméride que significa el centenario de su muerte para la recordar la labor y la importancia que tuvo para uno de los agentes más importantes de la historia

ANSELMO LORENZO O EL PROLETARIADO MILITANTE

Todas las cosas tienen una explicación. Y la persona que da nombre a nuestra Fundación pasa por ser una de las más trascendentales en la historia del movimiento obrero español. Es pues de recibo que se dé una semblanza biográfica de Anselmo Lorenzo y poder así comprobar, aunque sea de forma breve, la trascendencia e importancia de este personaje.

Anselmo Lorenzo Asperilla nació el 21 de abril de 1841 en Toledo. Su familia era muy humilde, por lo que en 1852 manda a Anselmo a Madrid a trabajar en la cerería que un tío suyo regentaba en la capital de España. Pero la cerería no era el oficio que más entusiasmaba al joven Anselmo, con lo que rápidamente busca trabajo en una tipografía. Decisión que no será baladí en el futuro, ya que muchos de los fundadores de los primeros núcleos internacionalistas en España tienen ese oficio. Serán conocidos como la “aristocracia obrera” debido a que están más cerca del mundo de la cultura y de las noticias de actualidad. Pero no fue Anselmo un estudioso de academia, sino que se forjó en el autodidactismo, algo común en la clase obrera de la época.

Debido a ello va entrando en contacto con los grupos más avanzados de la política española. De esa manera se acerca al republicanismo federal, que en ese momento encabeza la figura de Francisco Pi i Margall. Fue quizá uno de los políticos mas destacados y preclaros de la historia española. Conocedor de idiomas, Pi i Margall es artífice de que en España se conozca la obra de Proudhon. Y fue precisamente Pi i Margal quien hizo ver a Anselmo Lorenzo que el republicanismo se quedaba estrecho y que era la concepción anarquista de la sociedad lo que abría esos horizontes con los que Lorenzo se sentía identificado. Anselmo Lorenzo frecuentaba el Fomento de las Artes, local donde toma contacto con otros personajes que fueron en las fechas inmediatas, fundadores del primer núcleo de la Internacional en España (Morago, Robau Donadeu, Enrique Simancas, Francisco Mora, etc.) España vivía por entonces momentos agitados. La monarquía borbónica representada en la figura de Isabel II sufría un lento pero inexorable proceso de descomposición. El pueblo pedía mayores libertades y oportunidades que la monarquía cercenaba. Un pueblo al que habían estado ahogando durante tiempo en guerras interiores (la Guerras Carlistas), en proyectos hacia el exterior y con una represión enorme cuando se producían movimientos de renovación. Tras varias intentonas, en septiembre de 1868 se produce un movimiento contra la monarquía isabelina, que provoca la caída de la monarquía borbónica.

Es el momento en que se comienzan a desarrollar las organizaciones obreras de la Asociación Internacional de los Trabajadores. En diciembre de 1868 llega a España el italiano Guiseppe Fanelli Rivera, miembro de la AIT y de la Alianza de la Democracia Socialista, bakuninista, que viene con el objetivo de constituir los primeros núcleos de la AIT en España. En Barcelona encuentra a Rafael Farga Pellicer y en Madrid, en el Fomento de las Artes a los personajes antes citados, entre ellos a Anselmo Lorenzo. Constituida la sección de la AIT en España, que responde al nombre de Federación de la Región Española (FRE), Anselmo Lorenzo es uno de los máximos defensores de la misma en la corriente bakuninista. Su figura se hace trascendental tanto dentro como fuera de las fronteras españolas. En la Conferencia de Londres de 1871, Anselmo Lorenzo va como delegado de la sección española, alojándose en la casa de Karl Marx, con quien debate el modo de organización de la AIT. Allí comprueba que la forma de entender la Internacional por los marxistas difiere de la de los bakuninistas.

La AIT en España avanzaba y superaba a las organizaciones conservadoras como la Unión Manufacturera de Barcelona o a la moderada de Las Tres Clases del Vapor. Como uno de los vehículos principales para extender la propaganda revolucionaria era la prensa, y Anselmo Lorenzo tenía conocimientos contrastados para este cometido, funda en 1870 el periódico Solidaridad, donde se defienden las concepciones anarquistas de la Sociedad. Promueve también la celebración del Primer Congreso Obrero en España, celebrado en Barcelona en junio de 1870 y al que Anselmo Lorenzo asiste como delegado de la sección de Madrid. Allí se revela que Anselmo Lorenzo, junto con Rafael Farga Pellicer y Tomás González Morago, son las cabezas más claras de todo el movimiento obrero internacional en España. Pero el avance de las ideas bakuninistas en España era algo que para Marx y Engels, al frente del Consejo General de la AIT en Londres, no se podía permitir. Por ello mandan como delegado a España al cuñado de Marx, Paul Lafargue, que actúa bajo el seudónimo de Pablo Farga.

En Madrid contacta con un pequeño grupo dentro de la sección, de tendencia marxista, y que tiene como figura más representativa a Pablo Iglesias. Aun así, el primer contacto de Lafargue es con Anselmo Lorenzo, al que conocía con anterioridad. Y es precisamente Anselmo Lorenzo quien le presenta a ese pequeño grupo que con posterioridad provocará la ruptura de la sección española de la AIT. En el Congreso de Zaragoza de 1872 se ven las dos posturas que hay dentro de la Internacional y la ruptura está servida. Lafargue acude como delegado a este congreso por la sección de Alcalá de Henares. Ese pequeño grupo marxista de Madrid constituye la Nueva Federación Madrileña alrededor del periódico La Emancipación, que rápidamente es aceptado por el Consejo General en Londres, en manos de Marx y Engels. En el Congreso de La Haya de 1872 la Internacional queda divida y la mayoría de la sección española pasa a engrosar las filas bakuninistas.

Ese pequeño grupo madrileño fiel a Marx será el que con posterioridad fundará el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en 1879 y la Unión General de Trabajadores (UGT) en 1888. Al poco de producirse la ruptura internacionalista se proclama en España la Primera República, que tiene una vida efímera, acosada por la Guerra Carlista, la sublevación cantonal, el asedio borbónico y los gritos de independencia de las colonias. Caída la República comienza una nueva etapa donde los internacionalistas son fuertemente perseguidos. Durante ese tiempo Anselmo Lorenzo realiza algunos viajes a Portugal, con el objetivo de desarrollar en el país luso los núcleos internacionalistas a semejanza de los españoles. Pero la vuelta de la monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII, y la subida al poder de Canovas del Castillo, provoca una persecución contra los Internacionalistas. Sagasta llega a calificar la Internacional como la “utopía filosofal del crimen”. En el tiempo de la clandestinidad, Anselmo Lorenzo también funda una familia. Se une a Francisca Concha y producto de dicha unión nacen Mariana, Marina y Flora. Disperso en Internacionalismo de raíz ácrata, vuelve a intentar formar organización cuando en 1881 funda la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE).

La mecha nunca se durmió. Anselmo Lorenzo participa de todas las iniciativas de organización obrera, así como de propuestas de periódicos como El Socialismo, impulsado por el gaditano Fermín Salvochea. Pero también es un momento difícil para el movimiento anarquista. La dispersión hace que se ejecuten acciones individuales que son pretexto para las autoridades para reprimir al conjunto del movimiento anarquista. Esto, junto a montajes estatales como el de la Mano Negra, hace que Anselmo Lorenzo esté mas de una vez en prisión, en un momento donde su salud ya está fuertemente quebrantada. Alojado en Barcelona impulsa el movimiento obrero en Cataluña. Merced a la oleada de atentados en Barcelona, la enorme conflictividad social y el asesinato de Cánovas del Castillo en agosto de 1897 por el anarquista italiano Michelle Angiolillo, hace desatar una oleada represiva que culmina con los famosos “Procesos de Montjuïc”, donde Anselmo Lorenzo, muy enfermo de una dolencia cardiaca acaba en la cárcel y sufriendo las mayores penalidades. Allí se junta la flor y nata del anarquismo español. Junto a él coinciden en la cárcel Tarrida de Mármol, Teresa Claramunt, Juan Montseny, Pedro Corominas, José López Montenegro, etc. Desterrado a París, Anselmo Lorenzo siguió allí, con su salud muy deteriorada, trabajando por la propaganda y la cultura anarquista. Toma contacto con Charles Albert, Jean Grave, Sebastián Faure. También debate con los socialistas mas prestigiosos de Francia, como Jean Jaurés.

Concedida amnistía comenzando el siglo XX, Anselmo Lorenzo vuelve a España y comienza una frenética labor en su producción intelectual, tanto a través de libros como de folletos y artículos en la prensa anarquista. Se posiciona a través de La Huelga General y de Tierra y Libertad (fundado por Juan Montseny) a favor la oleada huelguística de 1900-1902. Igualmente es el momento en el que traba relación con el pedagogo libertario Francisco Ferrer Guardia, al que conoció en París. Ferrer tenía un proyecto educativo con el que Anselmo Lorenzo estaba completamente de acuerdo. Así, en septiembre de 1901 Ferrer funda en Barcelona “La Escuela Moderna”, en cuya editorial colabora Anselmo Lorenzo, ya sea a través de artículos de su boletín, o en las traducciones de textos para la editorial de autores anarquistas como Reclús (tradujo su gran El hombre y la Tierra), Pedro Kropotkin, Pouget, etc. Todo esto no le evita que vuelva a ir a la cárcel por cuestiones de conflictividad social en Cataluña. También merced a la infiltración policial en las filas anarquistas, como fue el caso de Rull.

En 1906 la Escuela Moderna es clausurada al vincular a Ferrer con el atentado que Mateo Morral ha perpetrado contra el cortejo nupcial de Alfonso XIII y Maria Eugenia de Battenberg el día de su boda. Aunque se demostró sobradamente la inocencia de Ferrer, la Escuela Moderna no fue abierta nuevamente. Aun así la editorial siguió adelante y con ella Anselmo Lorenzo. Tras el juicio por el intento de regicidio frustrado, el enemigo a batir por el Estado y la Iglesia era Ferrer. Y aprovechó la llamada Semana Trágica de Barcelona en julio de 1909 para inculparle de todos los males y llevarle al paredón en octubre de ese año. Por los acontecimientos de julio de 1909 Anselmo Lorenzo es detenido, junto a otros integrantes del equipo de la Escuela Moderna. Por todo ello Lorenzo es desterrado primero a Alcañiz y luego a Teruel, junto a la compañera sentimental de Ferrer, Soledad Villafranca. Pero su deteriorada salud no le impidió seguir en su puesto histórico. El sucesor de Ferrer, Lorenzo Portet, siguió confiando en Anselmo Lorenzo. Su labor intelectual no falló.

Al igual que su contribución al desarrollo del sindicalismo. En octubre de 1910 asiste al nacimiento de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), y con ello al nacimiento del movimiento sindical más dinámico y fuerte de España y Europa. En ese congreso Anselmo Lorenzo se dirigió a los asistentes con las siguiente palabras: “Ante vosotros el libro blanco de la historia presenta una página en blanco. Preparaos a rellenarla, futuros” Fue uno de los últimos actos del “abuelo” del anarquismo. Tras ello la enfermedad le fue minando más y más, hasta que el 30 de octubre de 1914 moría en su domicilio de la calle Casanovas. Con él desaparecía una primera generación de hombres de lucha, de anarquistas, de dinamizadores del movimiento obrero. Pero su trabajo no cayó en saco roto. Sus luchas fueron ejemplo para que las posteriores generaciones de luchadores tuvieran una base y unos cimientos en los que asentar sus cometidos. Para ello Anselmo Lorenzo dejó una amplia gama de obras de toda índole. Sin contar sus innumerables artículos, Anselmo Lorenzo es autor de uno de los libros más importantes para conocer la historia del internacionalismo español. El proletariado militante pasa por ser la gran obra de los orígenes del movimiento obrero, escrita por uno de los participantes de la misma, y por tanto escrita por obreros. Inicia así una saga de escritores que continuará Manuel Buenacasa y Juan Gómez Casas. Pero es autor de otros textos como El banquete de la vida, Criterio libertario, Hacia la emancipación, El pueblo, Igualdad, libertad y fraternidad, Generalidades sociales, Fuera política, El derecho a la salud, El trabajador libre, Vía libre, etc. Esta es la vida de Anselmo Lorenzo. Esta es su obra. Y con ella todos sus cometidos.

Anselmo Lorenzo

(Toledo, 1841 – Barcelona, 1914) Pensador anarquista y activista sindical español. Nacido en el seno de una familia humilde perteneciente a la clase trabajadora (sus padres eran unos campesinos que, en busca de mejor fortuna, se establecieron con sus hijos en Madrid cuando el pequeño Anselmo era aún un niño de corta edad), aprendió el oficio de tipógrafo. Integrado en círculos revolucionarios, recibió en la capital española al activista italiano Giuseppe Fanelli, enviado a la Península Ibérica por Bakunin, con el propósito de constituir los primeros núcleos internacionalistas españoles y propagar la doctrina de la I Internacional.

Fanelli había entrado por Barcelona en noviembre de 1868, acompañado por otros destacados anarquistas como Alfred Nacquet, Élisée Reclus y Aristide Rey, para organizar y unificar en la Ciudad Condal a las sociedades obreras revolucionarias lideradas por Farga Pellicer, Ramón Cartañá y Ramón Costa. Poco después, a instancias del citado Elisée Reclus (un escritor y geógrafo francés que luchó de forma incansable en favor del anarquismo), la “mano derecha” de Bakunin en la Europa mediterránea viajó hasta Madrid para entrevistarse con Anselmo Lorenzo, encuentro del que nació, en enero de 1869, el primer núcleo provisional de la Internacional en Madrid. A partir de entonces la doctrina de Bakunin se difundió por España.

Alentado por las ideas de Giuseppe Fanelli, en 1870 se unió a Francisco Mora y González Morago para fundar la Sección Federal Española de la AIT, organización a la que representó, al año siguiente, en la Conferencia de Londres. En los procesos de Montjuïc (1896-1897), se le acusó de haber tomado parte en una serie de actos terroristas en los que no tenía ninguna responsabilidad. Se vio obligado a abandonar España y tomó el camino del exilio rumbo a París, donde estaban refugiadas algunas de las figuras más notables del anarquismo español, como el pedagogo catalán Francisco Ferrer y Guardia, que introdujo en España el racionalismo pedagógico y puso en marcha la célebre Escuela Moderna, en cuya editorial halló un sólido recurso Anselmo Lorenzo cuando regresó a España.

Colaboró con la Escuela Moderna hasta la muerte de Ferrer (fusilado el día 13 de octubre de 1909, después de habérsele imputado la quema del convento de Premiá, durante los episodios conocidos como Semana Trágica). En 1910 a tomó parte activa en el Congreso Obrero de Barcelona, sin temor a las represalias dirigidas contra los anarquistas desde los sucesos del año anterior; y, en 1911, se convirtió en uno de los fundadores de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

Lorenzo fue un precursor de la acción política en defensa de la clase trabajadora, como quedó bien patente en su ensayo El proletario militante (1901-1923), una de las mejores fuentes testimoniales para conocer la evolución en España del movimiento libertario entre 1868 y 1882, así como los ecos de la Primera Internacional que llegaron hasta la Península Ibérica. Aunque el pensamiento de Anselmo Lorenzo carece de aportaciones originales respecto a la ideología anarquista, su obra ensayística y periodística contribuyó decisivamente a divulgar algunas de las ideas de los teóricos del anarquismo internacional: el francés Pierre Joseph Proudhon y los rusos Piotr Alexeievich Kropotkin y Bakunin.

ANSELMO LORENZO, TIPÓGRAFO ANARQUISTA 

Vamos a ver la vida de un cajista de imprenta, estudioso, recogido, candoroso y lleno de fe en un ideal. Con la palabra, con la pluma y con el ejemplo de su trayectoria luchó por la liberación de la Humanidad.

Anselmo Lorenzo Asperilla nació en Toledo, en 1841. Eran sus padres de condición humildísima, y no pudieron dar al muchacho los estudios para los que mostraba afición y aptitud. Así que sólo concurrió a una pobre escuela primaria, y cuando vieron que no andaba mal de cuentas y escribía con clara letra, le enviaron a Madrid al lado de su tío, para que éste le colocase como recadero.
Pero aquel chico de los recados no sentía la menor afición por su empleo, y sí la sentía, en cambio, por la lectura. Al final, se inició en el arte de la tipografía. Grande fue el desencanto del muchacho cuando, en vez de trabajar en lindas historias y bellos romances, como él imaginaba, se veía obligado a componer originales del Diario Oficial de Avisos de Madrid, o bien de la Gaceta de Registradores y Notarios.
Para ampliar su cultura, el joven tipógrafo acudió a las clases nocturnas que organizaba La Velada del Artesano benemérita sociedad de menestrales y hombres de las clases medias que después recibiría el nombre de Fomento de las Artes. Anselmo Lorenzo estudió allí aritmética, gramática y francés. Por causa de sus grandes conocimientos, fue galardonado con dos o tres medallas por el director de estudios de la sociedad, el señor Segismundo Moret y Prendergast, futuro presidente del Gobierno por el Partido Liberal. Lorenzo y Moret se hicieron amigos, y sólo la muerte de éste último en 1913 interrumpió su amistad.
Se creó en el Fomento de las Artes un coro, en él entró Lorenzo. Aprendió rudimentos de música y depuró su buen gusto, además de hacer un significativo número de amistades.
En septiembre de 1868 estallaba la Revolución Gloriosa, que destronaba a la reina Isabel II, iniciándose así un período de libertad política y asociativa, que repercutirá en los movimientos obreros españoles. Dos meses más tarde, llegaba a Barcelona (procedente de Génova) el diputado italiano Giuseppe Fanelli Ribera.
Nacido en Martinafranca (Salerno) en 1827, Fanelli había participado en la revolución de 1848. Partidario de la unidad de Italia, había sido compañero de armas del patriota Garibaldi. Fue elegido diputado en 1865, y reelegido en 1867. A partir de éste año entró en contacto con Bakunin, residente en Nápoles. Fanelli ingresaría en la I Internacional, y se convertiría en uno de los 80 fundadores de la clandestina Alianza para la Democracia Socialista, cuya piedra angular era el propio Bakunin. Una vez conocida la noticia de la caída de Isabel II, la sección ginebrina de la I Internacional (controlada por los partidarios de Bakunin) encargó a Fanelli que viajara a España, para establecer relaciones con su movimiento obrero.

Así, como ya hemos dicho, Fanelli hizo acto de presencia en Barcelona. Contactó con el hermano del teórico anarquista Elisée Reclús y, días más tarde, se trasladó a Valencia, acompañado por Fernando Garrido (escritor y propagador del republicanismo) y José María de Orense (uno de los firmantes del Pacto Federal Castellano). Tras mantener una serie de reuniones con obreros valencianos, Fanelli viajó a Madrid. En esta ciudad castellana logró relacionarse con algunos de los afiliados al Fomento de las Artes, entre ellos Anselmo Lorenzo. Corpulento, de gran estatura, con una gran barba negra y ojos saltones, Fanelli causó una gran impresión entre aquellos obreros madrileños. En una reunión a la que asistieron 21 jóvenes obreros (entre ellos Anselmo Lorenzo) el italiano expuso las teorías de Bakunin. Como no dominaba el castellano, se expresó en italiano y francés. A pesar de Anselmo Lorenzo era el único de los obreros allí presentes conocía el francés, le entendieron gracias a su mímica expresiva. Así pudieron seguir su discurso, que les causó gran impresión.
De esta manera, aquel grupo de trabajadores adoctrinados por Fanelli, todos de cierta instrucción, crearon la Federación Madrileña de la I Internacional. Al lado de estos pioneros del anarquismo español, no existía ni asomo siquiera de organismos proletarios. Mientras que en Barcelona existía ya un movimiento obrero potente, con cierto grado de reformismo, en Madrid, sin una clase obrera potente, podían imponerse con más facilidad las tesis ilegalistas y pro-terrorismo de los dirigentes bakuninistas. Desde los primeros momentos, el núcleo madrileño de la I Internacional mezcló sus objetivos ideológicos con los de la Alianza para la Democracia Socialista, probablemente porque Fanelli no había distinguido las diferencias entre ambas organizaciones y había mezclado sus programas. El 22 de diciembre de 1868, la sección madrileña sacó a la luz su primer manifiesto, en el que se proclama que “como trabajadores os llamamos, no como políticos ni como religiosos (…), ni esperamos en la política ni tenemos confianza en la religión”.

Anselmo Lorenzo se convirtió en el vocal del grupo internacionalista madrileño, cuyo secretario sería Francisco Mora. El núcleo madrileño se constituiría el 21 de diciembre de 1868, haciéndose oficial el 24 de enero del año siguiente. Amante de la literatura, de gustos refinados y estudioso de los maestros, Lorenzo sería además el responsable de la propaganda, llevando el peso del periódico La Solidaridad, órgano de expresión del grupo. Habló simepre en aquellas reuniones de propaganda improvisadas en casas de corredor y aun en los paseos públicos, de los que salían disgustados los propagandistas por la total indiferencia del público; habló también en la Bolsa, en las reuniones organizadas por los librecambistas, así como en asambleas organizadas por los internacionalistas en la Escuela de Arquitectura.
En 1870, los núcleos de la I Internacional dispersos por España acordaron celebrar un Congreso. La iniciativa partió de Francisco Mora. Se votó la ciudad adecuada para el encuentro, los resultados fueron de 10030 votos para Barcelona, 3737 a favor de Madrid. Las otras ciudades propuestas (Zaragoza, Valencia, Reus y Alcázar de San Juan) obtuvieron unos resultados irrelevantes. Sólo votaron por Madrid los tejedores de lana de Sabadell y Alcoy, el Centro Federal de Cádiz, los tejedores de velos de Barcelona…Y los propios internacionalistas madrileños, claro.
Así, el Congreso tuvo lugar en Barcelona, el día 19 de junio. Cada sección eligió delegados en proporción al número de afiliados; a Madrid le correspondieron cuatro: Enrique González Borrel, Tomás González Morago, Francisco Mora y Anselmo Lorenzo. Los dos últimos trabajaron en un esbozo de un proyecto de organización, que en teoría era perfectísimo, más cuando se aproximaba la fecha del Congreso barcelonés, ocurrió que ninguno de los cuatro delegados tenía dinero, ni lo tenía la sección madrileña. Había que pagar el viaje, el hospedaje en Barcelona y dejar recursos para las respectivas familias…
Alguien apuntó la idea de escribir a Barcelona; se escribió, y la respuesta fue un envío de 200 pesetas. Con este dinero pudieron los delegados pagarse el viaje. Ya presentes los cuatro en el Congreso barcelonés, hay que decir que tuvieron allí lugar resoluciones importantísimas. Se acordó constituir el Consejo Federal, organismo que tendría por tarea apoyar a las ditintas secciones españolas, extender el ideal y dar muestras de actividad. La sede del Consejo se establecería en Madrid, y Anselmo Lorenzo sería elegido para figurar en él. Por lo demás, tuvo Lorenzo en aquel Congreso un papel importante: fue miembro de las comisiones que prepararon los dictámenes sobre resistencia y cooperación, y defendió vivamente la tesis bakuninista de que la clase obrera debía ser apolítica.
Antes de regresar a su ciudad, los delegados de Madrid fueron a Valencia para fines de propaganda; y ya en Madrid se repartieron los cargos, eligiendo a Francisco Mora como secretario general, cargo que la I Internacional repudiaba entonces por lo que tiene de autoritario y propicio al endiosamiento. Poco después, Anselmo Lorenzo viajó a Londres, para asistir a la Conferencia que la I Internacional haría en aquella ciudad. La noche de su llegada, durmió en casa de Karl Marx, y al día siguiente éste le presentó a su familia, y a varios delegados. He aquí un fragmento de sus experiencias en casa de Marx:

“La hija mayor -Juana Marx-, joven de hermosura ideal, incomprensiblemente para mí por no tener semejanza con nada, en cuanto respecta a hermosura femenina, de lo que había visto hasta entonces, conocía el español, aunque como su padre pronunciaba mal, y me tomó por su cuenta para que le leyera algo, por gusto de oír la pronunciación correcta; me llevó a la biblioteca grande y atestada de volúmenes, y de un armario dedicado a la literatura española, tomó dos libros; uno, El Quijote; otro, una colección de dramas de Calderón. Del primero leí el discurso de Don Quijote a los cabreros, y del otro aquellas tiradas de versos grandilocuentes y sonoros de La vida es sueño, reconocidos como joyas del idioma español y concepciones sublimes del pensamiento humano. Las explicaciones que intenté para hacer resaltar los primores de fondo y de forma resultaron inútiles, porque mi joven y hermosa interlocutora tenía ilustración y delicadezas sobradas para el caso, como lo demostró añadiendo a mi exposición muchas otras consideraciones oportunas y atinadas que jamás se me habrían ocurrido”.
 
La Conferencia que tuvo lugar produjo en el ánimo de Lorenzo un gran desaliento, porque sólo vió en ella la lucha de dos hombres por hacerse con el control de la I Internacional: Marx y Bakunin, lucha envenenada por las pasiones. Allí se acordó no tolerar organismos secretos dentro de la organización, hacer disolver la Alianza para la Democracia Socialista y la necesidad de la acción política para la lucha obrera. No votó Lorenzo contra éste último principio, a pesar de las resoluciones del Congreso de Barcelona, adversas a la política. Les habló a los allí presentes de las estructuras de la I Internacional en España y, según cuenta, “causó gran efecto aquel engranaje de sociedades y federaciones de todos los oficios, de oficios similares y de oficio único, con sus comisiones de propaganda y correspondencia, sus estadísticas, sus congresos, sus cajas de resistencia y toda aquella vida intelectual y de acción capaz, de ser bien practicada, de efectuar no sólo la revolución social, sino de organizar por su propio funcionamiento la sociedad futura”.

 Hubo, al término de la Conferencia, una especie de merienda de despedida, hablando con tal motivo delegados de diversos países. Lorenzo, a instancias de sus colegas, tuvo que decir unas palabras en castellano, que fueron aplaudidas cuando Friedrich Engels las tradujo al francés y al inglés.
Ya en Madrid, Lorenzo se encontró con que era miembro del Consejo Federal, y dió a éste cuenta puntual de todo lo ocurrido en Londres, sin ocultar sus opiniones negativas. Siguió trabajando como cajista de imprenta a destajo, y además de participar en las reuniones del Consejo Federal, fue secretario de la comarca Este, la de más afiliados a la I Internacional.
A este respecto, hay que abrir aquí un paréntesis. Para mantener contacto con todos los núcleos internacionalistas de España, se habían creado en el Consejo Federal cinco secretarías, a saber: Comarca del Norte (Pablo Iglesias), Comarca del Sur (José Mesa),  Comarca del Este (Lorenzo), Comarca del Oeste (Hipólito Pauly), Comarca del Centro (Víctor Pagés). Muchos años después, Pauly contaría que su secretaría era tan descansada que difícilmente cada dos o tres semanas recibía carta de un pobre pastor de Extremadura que pagaba puntualmente su cuota de socio y el abono del diario La Emancipación.
Viajó Lorenzo por Andalucía cuando así lo acordó el Consejo Federal (al igual que Mora por Cataluña y Baleares) y después intervino en discusiones, sufrió todos los sinsabores de aquel triste período de luchas enconadas, y conoció a un hombre extraordinario: Pablo Iglesias.
En 1872 llegaba a nuestro país Paul Lafargue, el yerno de Marx. Activo militante republicano en tiempos de Luis Napoleón y antiguo miembro del Consejo de la Comuna de París, tuvo que huir a España por una reclamación del Gobierno francés. Acompañado por su esposa y su hijo de pocos meses, constituyó una sección de la I Internacional en San Sebastián, tras lo cual se trasladó a Madrid. Tras algunas andanzas, Lafargue contactó con los hombres del Consejo Federal, publicando varios artículos en La Emancipación. Se dedicó más que nada a difundir el pensamiento de Marx.
A principios de abril de aquel año, se celebraría el II Congreso de la I Internacional en España. Para aquel acontecimiento, que tendría lugar en Zaragoza, Lafargue redactó un dictamen acerca de la propiedad, con todos los elementos del análisis marxista acerca del tema. Lorenzo colaboraría con él en la redacción del texto: “Su inspirador y casi autor es Paul Lafargue, si bien yo puse algún dato español y algo de mi cosecha, y le dí una forma española, porque aquel, aunque hablaba el español, como cubano que era, no dominaba el idioma para poder escribirlo, por haber recibido educación francesa”. Este documento notabilísimo formó parte del folleto titulado Actas del Congreso de Zaragoza, editado en Madrid por el Consejo Federal. Lorenzo lo reproduce en el segundo volumen de su obra El Proletariado Militante.

Pero la discordia había empezado ya. González Morago, que odiaba a Francisco Mora (y cuyo odio era correspondido) editaba un semanario llamado El Condenado, y desde él molestaba a Mora. La visita de Lafargue a Madrid importunó a Morago, que elevó el nivel de las ofensas en su publicación. Y ocurrió que allá por marzo de 1872, el Consejo Federal publicó en La Emancipación un escrito en el que pedía a los asistentes a una asamblea del Partido Republicano Federal que expresasen su opinión sobre la I Internacional. González Morago llevó el escrito a una reunión de la Federación Madrileña de la Internacional, que acordó expulsar a sus redactores, o sea, al Consejo Federal en pleno. Lorenzo no estuvo entre los expulsados, por hallarse fuera de Madrid.

Bandera del Partido Republicano Federal

Y llegó el Congreso de Zaragoza, y la expulsión se resolvió con un borrón y cuenta nueva. No hubo tiempo para discutir el texto de Lafargue,y se nombró a Lorenzo secretario general del Consejo Federal, que se trasladría a Valencia, para llevar una vida de peripecias durante algún tiempo.
Despidióse cordialmente Lorenzo de su familia, de Lafargue y de sus camaradas de Madrid, para marchar a Valencia. En la capital del Turia sería recibido con alegría por sus compañeros, aunque no tan efusivamente como él esperaba. Partidarios de Bakunin y su Alianza a más no poder, los internacionalistas valencianos sospechaban de Lorenzo por haber colaborado con el marxista Lafargue.
Pero las disputas seguían: La Emancipación, que se seguía publicando, publicó una serie de textos que provocaron las expulsión de los nueve hombres que redactaban el periódico, entre ellos José Mesa y Paul Lafargue. Crearon éstos una “Nueva Federación Madrileña”, de ideas marxistas.
En el V Congreso de la I Internacional en La Haya, celebrado en septiembre de 1872, Bakunin y sus partidarios fueron expulsados de la organización, quedando ésta en manos de los autoritarios Marx y Engels. Se acusaba a Bakunin y a los suyos de mantener en secreto la Alianza, para captar partidarios a través de la I Internacional. Lafargue participó en éste Congreso, representando a la “Nueva Federación Madrileña”, de corta vida.

Lorenzo (que, recordemos, estaba en Valencia como secretario general del Consejo Federal) estuvo indeciso, sin dejar por ello de cumplir sus deberes. Los expulsados de Madrid le invitaban a sumarse a ellos y él, que profesaba las ideas de la Alianza, que era anarquista casi sin saberlo, contestaba con vaguedades. Por otra parte, sus colegas del Consejo General le interrogaban sobre el tema y le abrían las cartas a él dirigidas desde Madrid. Al final, decidió dimitir. El Consejo General admitió su dimisión, afirmando que Lorenzo había cumplido su tarea con plena satisfacción de todos.
Así, Lorenzo abandonó Valencia para recalar en Barcelona. Se dirigió después a Vitoria, donde se instaló en casa de Manuel Cano Martínez, un antiguo camarada. Vivió de su hospitalidad durante dos meses, y contra su voluntad marchó a Bilbao, no sin antes haber creado una sección de la I Internacional.
En Bilbao trabajó algún tiempo; organizó algo más de lo que había hecho, y como su situación era un poco insegura, decidió irse a Burdeos. Estaría una temporada en aquella ciudad francesa, haciendo propagandas antielectorales que le trajeron algún disgusto.
Anduvo perplejo. París le atraía, España también (Lorenzo siempre quiso a España y a Castilla) pero al final se encaminó a Marsella, tan escaso de recursos económicos que tuvo que detenerse en Montpellier y Cette para trabajar no más que medio día. Gracias a la ayuda de sus correligionarios ( y a la venta de su reloj por 20 francos) pudo llegar a Marsella.
Después de un tiempo subsistiendo con empleos inseguros, Anselmo Lorenzo dejó Marsella y se dirigió a Barcelona, en vísperas del pronunciamiento del general Pavía contra la I República; en vísperas de las persecuciones contra la I Internacional en suelo español, sancionadas desde el Ministerio de Gobernación por el señor García Ruiz, persecuciones que continuaron durante los días del presidente Cánovas del Castillo.

Ya en la capital de Cataluña, se presentó a los amigos. Gracias a ellos tuvo trabajo como corrector en una imprenta. Y un camarada de Madrid, José Miranda, le llevó a vivir con él. Anselmo fue como un familiar más en aquel hogar ocupado por Miranda, su esposa (una alcarreña limpia y hacendosa) y un niño de unos cuatro o cinco años. Pero por desgracia, Miranda murió repentinamente, dejando desamparados a la mujer y al pequeño, y tal vez con deudas. Lorenzo se hizo cargo de los dos, y acabó uniendo su suerte a la de aquella mujer, con la que llegó a tener hijas.
En junio de 1874 se celebró en Madrid el IV Congreso internacionalista, de poca trascendencia. Se resolvió que el Consejo Federal se trasladase a Barcelona, y Lorenzo, residente en ésta ciudad, fue elegido miembro de su Consejo Local. Como los internacionalistas que lo formaban no podían reunirse sin riesgos, periódica y frecuentemente, se designó una comisión formada por tres compañeros con poderes para resolver los asuntos de extrema urgencia. Los tres individuos veíanse en un café, en el paseo o en casa de cualquiera de ellos; el Consejo Local en pleno se congregaba donde podía, o sea, o aquí y mañana ni se sabe…

Lorenzo se comportó con discreción y con diligencia, como de costumbre. A los pocos meses, su correligionario García Viñas (que, al igual que él, había sido adoctrinado por Fanelli) le preguntó a Lorenzo qué opinaba. Dijo éste su sentir: debía restaurarse la Alianza, crear un núcleo de elementos ilustrados y resueltos que trabajaran unidos, y que dieran conciencia a los afiliados del montón. García Viñas aparentó estar contentísimo con la opinión de Lorenzo, y le invitó a reunirse con él y sus amigos en un almuerzo al aire libre. Lorenzo acudió a la cita. Allí, en grata camaradería, se juntaron 12 hombres, y Lorenzo se dió cuenta de que lo que él proponía existía y funcionaba de verdad. Y fue admitido en la organización secreta. El grupo secreto de la Alianza en el que entró Lorenzo se trasladó a Manresa.
El Congreso internacionalista de 1875 se celebró de manera totalmente clandestina, con un mínimo de riesgos personales y de gastos. En vez de celebrar una reunión de internacionalistas en una ciudad determinada, se resolvió que en cada comarca (Norte, Sur, Este, Oeste, Centro) se reuniera una conferencia, a la que asistiría un representante del Consejo Federal. Y se llegó a dividir cada comarca, de modo que estas conferencias venían a ser pequeñas reuniones y tertulias de unos pocos hombres. Reunidos después los representantes del Consejo Federal, se computaban los votos y se publicaban los acuerdos en una circular fechada en España. Se redujo el papeleo todo lo posible, se usaron claves secretas, se suprimió el sello en los documentos y se sustituyeron nombres y apellidos por iniciales.
A pesar de las dificultades, los internacionalistas se las apañaron para editar un semanario público (La Revista Social) más tres periódicos mensuales clandestinos, dos en Madrid y tres en Barcelona. Según nos cuenta el propio Lorenzo, trabajó como cajista de imprenta en la revista de Barcelona, dirigida por García Viñas.
En 1877 Lorenzo asistió a la Conferencia Comarcal de Sants, y un año después sería elegido representante de los internacionalistas españoles para un Congreso en París, convocado principalmente por elementos “autoritarios” (esto es, marxistas). Pero no asistió a él, ya que el Gobierno francés encarceló a a los responsables de la convocatoria. Si este Congreso se hubiera celebrado, Lorenzo se habría encontrado con sus antiguos camaradas José Mesa y Pablo Iglesias.

La rama de la I Internacional controlada por los anarquistas (o bakuninistas) se disolvió en Verviers en 1877, mientras que la rama marxista se había deshecho en Nueva York dos años atrás. En aquellos años de decadencia pasó Lorenzo ciertas amarguras. Un compañero influyente le acusó de haber falseado los resultados de unas elecciones. Lorenzo se defendió, pero fue excluído y hasta se intentó dejarle sin empleo. Sufrió en silencio, sin protestar, estoicamente. Por estos años, se inició en el seno del anarquismo español la pugna entre el anarco-colectivismo (representado por teóricos como José Llunas o Ricardo Mella) y el anarco-comunismo del príncipe Kropotkin, difundido por militantes andaluces. El tipógrafo suizo E. Sergi Herzig anduvo por Barcelona, precediendo a su amigo Kropotkin. Difundiendo el anarco-comunismo, se topó con Lorenzo, que se adhirió a esta doctrina.
Por aquella época estaba Lorenzo dentro de la Sociedad Tipográfica de Barcelona, peleando contra su dirigente, un tal Manuel Fernández Herrero. Éste quería mantener  a su Sociedad Tipográfica al margen de las luchas sindicalistas, en una esfera estrictamente laboral. Lorenzo intentó hacerse con el liderazgo de aquella Sociedad, pero fue derrotado por Toribio Reoyo.

Pero he aquí que llegó el florecimiento en Barcelona del anarquismo. Lorenzo, solicitado por todos, escribía textos revolucionarios después de su agotadora jornada laboral de 10 horas. Escribió en perfecto castellano artículos bellos, llenos de emoción, en publicaciones como Tierra y Libertad, Solidaridad Obrera, La Revista Blanca, El País y El Porvenir del Obrero. Reclamado por sociedades obreras, Lorenzo daría conferencias y mítines aquí y allá. Escribió también no pocos folletos, y hasta un libro titulado El Pueblo. Ayudó al anarquista Farga Pellicer en la redacción de una extensa obra sobre Garibaldi. Tradujo Las Aventuras de Nono (de Jean Grave), El Hombre y la Tierra (de Réclus) y La Gran Revolución (de Kropotkin). También publicó una novelita (titulada Justo Vives) acompañada de un manual para el ejercicio de los derechos políticos, escrito por José Llunas. Esta novelita es emocionante, se lee con gusto y hay en ellas hermosos pasajes.
Presidiendo el Ateneo Barcelonés el republicano federal J. Tutau y Verges, se organizó un debate cuyo tema era: “El Socialismo ¿es contrario al progreso humano?”. Entre los que participaron en aquella discusión estaban Anselmo Lorenzo y José Llunas, en representación de los anarquistas.

Trabajó Anselmo Lorenzo en la Escuela Moderna de Ferrer y Guardia. Al ser éste arrestado y fusilado en Montjuich, acusado de los graves disturbios de la Semana Trágica, Anselmo Lorenzo se encontró sin trabajo y con pocas posibilidades de encontrar alguna ocupación (a causa de su avanzada edad). Ocupó con la escritura sus forzados ocios. Levantado el secuestro judicial a la Escuela Moderna, volvió a traducir libros revolucionarios.

Volvió a Madrid en 1911, para dar una conferencia titulada “El Proletariado Emancipador”. Tuvo lugar en aquella ciudad una extraña huelga general y el Gobierno, presidido por el liberal Canalejas, suspendió las garantías constitucionales y empezó a encarcelar obreros. Lorenzo se escondió en casa de su hermana. Temía que le detuvieran en Madrid, estaba débil y enfermo, necesitaba volver a Barcelona. Habló con el socialista Juan José Morato. Éste habló con Canalejas, gran amigo suyo. A su vez, Canalejas trató el asunto con Manuel Portela Valladares, gobernador civil de Barcelona. Y gracias a las gestiones de éste último, pudo Lorenzo regresar sin contratiempos a su amada Barcelona.
En septiembre de 1911, en el salón de Bellas Artes de Barcelona, tuvo lugar el I Congreso de la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores). La CNT, prolongación a escala catalana de los anarco-sindicalistas de Solidaridad Obrera (organización que agrupaba a diversos sindicatos), contaba en el momento de su aparición con el apoyo de 96 sociedades obreras. Anselmo Lorenzo apoyó tanto a Solidaridad Obrera como a la CNT, aunque ambos movimientos le parecieran poca cosa.
Idolatrado por las masas proletarias de toda España, tras cerca de medio siglo de actividad revolucionaria, Anselmo Lorenzo falleció en diciembre de 1914. Legiones de obreros marcharon tras su féretro, su muerte fue llorada por los humildes y los oprimidos. Anselmo Lorenzo, llamado por entonces “el santo laico” , había dejado de existir.

Ni Catalanistas ni Bizkaytarras
de Anselmo Lorenzo

Artículo de Anselmo Lorenzo aparecido en el periódico La Huelga General, Barcelona, número 2, de noviembre de 1901.

Lo dije tiempo atrás en La Protesta, de Valladolid, y juzgo conveniente repetirlo hoy en esta publicación barcelonesa, donde quiera que se considera y estudia un derecho, individual ó colectivo, surge un atropello cometido por el Estado, esa entidad destinada teóricamente a garantir al individuo y a las colectividades el uso de sus legítimos derechos, aunque en la práctica sólo consiga lesionarlos.

Cataluña y las Provincias Vascas tienen de seguro fundados motivos de queja contra el Estado español, como lo tienen todas las demás regiones y provincias, aunque no se quejen; como lo tienen todos los individuos; como los tendrá el respetable lector; como los tengo yo, porque al fin, como dijo Renan, el Estado es un autócrata sin igual que tiene derechos contra todos y nadie los tiene contra él.

Es, pues, el caso que sólo las dos regiones nombradas formulan más abiertamente quejas y cierto número de aspiraciones, y sobre esto, a fin de que los trabajadores no sufran desviación en el camino que conduce a su emancipación, me propongo exponer las consideraciones siguientes.

Sucede que en cuanto se trata de levantar una bandera, lo primero que salta a la vista es la necesidad de soldados que den por ella su sangre. Tratándose de alistar soldados para una causa, en seguida se ocurre quiénes han de ser éstos, y claro está, no pueden ser otros que los trabajadores, el último mono social, el que lleva siempre la peor parte en todo.

Paralelamente se observa que los iniciadores, los portaestandartes, los hijos del privilegio que quieren lucirse, ponen especial cuidado en asegurarse la retirada en caso de derrrota y los medios de monopolizar los beneficios en caso de triunfo. Vedlos, oidlos, leed lo que dicen en los mitins catalanes o en sus discursos en el Congreso de diputados; tienen dos caras, o, por mejor decir, dos caretas: la separatista o la nacionalista autonomista; con la una contentan a San Miguel; con la otra, al diablo, y para amenizar la cosa no falta algún insulto o alguna alabanza a los trabajadores, según caen las pesas.

Ahora (…) la atención en este hecho: el catalanista (…) esto también el bizkaytarra, echan pestes contra el madrileño, pobre diablo que en la asamblea de las regiones viene a ser lo que el burro en la de los animales, y lejos de censurar al Estado por lo que como tal institución tiene de absorbente, tiránica y odiosa, aspiran a fundar nuevos Estados más pequeños, en que ellos, los propagandistas de hoy y los gobernantes de mañana, conserven sin alteración los mismos males que la sana crítica halla siempre en todos los Estados.

En las Provincias Vascas, lo mismo que en Cataluña, hay un proletariado numeroso, inteligente y activo, en general conocedor de las cuestiones sociales, con aspiraciones definidas y concretas, y que es una esperanza para la futura renovación social que ha de dar forma adecuada y justa a la organización del trabajo y a la distribución de los productos, y conviene que esas fuerzas no se distraigan de su objeto ni se desmenbren por servir ideales que les son por lo menos extraños, por no decir absolutamente perjudiciales.

Los trabajadores no deben luchar por un nuevo amo ni por una nueva clase de amos, y es preciso que manden a paseo a los que vengan con músicas regionales de esas que dejan subsistentes como si tal cosa el propietario, el capitalista, el explotador y el usurero; es decir, el usurpador y el ladrón legales.

Al seguir a catalanistas y bizkaytarras, los trabajadores que tal hiciesen por lo pronto sólo conseguirían desvirtuar con los hechos aquella gran verdad tiempo ha reconocida: “La emancipación de los trabajadores no es un problema local (ni regional añado yo) ni nacional”, y se harían enemigos de los trabajadores de otras regiones, incluso los de Madrid, donde también hay obreros, aunque otra cosa quieran hacer creer los catalanistas y bizkaytarras que llevan un madrileño montado en la nariz.

Semejante enemistad, por lo absurda y por lo inconveniente, salta a la vista; se necesita ser burgués incurable o loco de atar para sostenerla y fomentarla, y es dudoso que haya ni en Cataluña ni en las Provincias Vascas un trabajador con dos dedos de frente que la patrocine.

Todo eso aparte de esta consideración que dejo para final: yo no sé cómo anda la administración municipal y provincial en Vizcaya, pero sí diré que en Barcelona no se echa de menos a los madrileños para administrar a la diabla. Catalanes, y bien catalanes, más o menos catalanistas, son los que en el Municipio y la Diputación han manejado el tinglado hasta ahora, y para juzgar de su moralidad no hay más que dar un vistazo a la prensa barcelonesa, y se verá a cada paso un gazapo. De donde se saca la consecuencia que si nuestros gobernantes fueran de los que saben decir setse jutges menjan fetje, igual pelo nos luciría, porque los que estamos dedicados a ser vasallos, súbditos o ciudadanos en lo que existe o en lo que catalanistas y bizkaytarras tratan de implantar, siempre nos ha de tocar roer el hueso de la explotación.

He aquí por qué lo mejor que los trabajadores catalanes y vascos pueden hacer es ir directamente a la huelga general, a la revolución social, y dejar que catalanistas y bizkaytarras saquen las castañas del fuego con sus propias manos.

Carta de Anselmo Lorenzo leída durante el primer Congreso de la CNT, Barcelona, 8 de septiembre de 1911.

 Compañeros:

Permitidme que, sin más títulos para distraer momentáneamente vuestra atención que mi osadía, os dirija fraternal saludo y cariñosa excitación (sic).

Vuestra reunión, más que el cumplimiento de un acuerdo y de una prescripción reglamentaria, representa el momento destinado a tomar una determinación reflexiva antes de seguir obrando, por no decir rodando, inconscientemente por el despeñadero de los acontecimientos.

Pensad en que habéis de cumplir el mandato de los que os delegaron, en robustecer y dar forma viable y progresiva a la Confederación de que formáis parte, sin olvidar que todo movimiento obrero consciente parte del impulso racional y enérgico que dio la Internacional en el pasado siglo, proclamando que la emancipación de los trabajadores es un problema internacional, que cuantos se agrupen para resolverlo han de proponerse la extinción de todo privilegio y que la realización de ese ideal ha de ser obra de los trabajadores mismos.

Con ese criterio considerad que un número inmenso de trabajadores españoles vegetan en la ignorancia, la miseria y la indiferencia, dando comparsería a cuantos mixtificadores burgueses o aburguesados les piden su concurso; que cada año emigran cien mil de ellos, no por falta de trabajo, puesto que en España escasean vías de comunicación, cultivo, riego, buenas habitaciones, cultura, higiene y otras muchas cosas necesarias, sino por falta de jornales, debido a que propietarios y capitalistas, monopolizadores de los medios de producir, no necesitan mayor m5mero de trabajadores que el empleado para que por accesión aumenten su ganancia.

Tened presente que la lucha entablada entre explotadores y explotados, cada día más aguda en todo el mundo, cuenta ya una historia de la que se desprende una experiencia que nos enseña a abandonar errores y a no extraviamos por influencia de desviadores, y que la organización de que formáis parte no es un conjunto de egoístas que se propongan mejoras en el jornal y en el trabajo como único fin a cambio de una cuota mínima, ni de mutualistas que funden el derecho sobre la base del pago de la cuota mensual y nieguen su solidaridad a todo trabajador que no la compre a ese precio.

El sindicalismo es una organización de egoístas, mutualistas y altruistas en una sola pieza que tratan de reunir a todos los desheredados en una acción común para la abolición de las clases y la reconstitución de la sociedad humana, no en fracciones nacionales encerradas en fronteras, sometidas a Estados políticos y regidas por Constituciones democráticas, sino extendida a todo el mundo sobre la base de amplísima igualdad que, respetando y aun fomentando todas las aptitudes individuales, constituya el universal concierto de la vida por el trabajo y por la solidaridad.

Buena, excelente es la organización de los trabajadores si se sostiene en condiciones progresivas; pero pierde su bondad y su excelencia si, por atavismo y a semejanza de los Estados, se hace estacionaria o si, aconsejada por políticos o economistas burgueses ahorra dinero para negociar, o para pagarse jefes y representantes parlamentarios, o para obtener el aprovechamiento de algunos desperdicios del privilegio y llega hasta ser preferible la desorganización si los trabajadores asociados, después de pagar su cuota, creen haber cumplido sus deberes, se entregan al abandono, dejan a compañeros diligentes la marcha administrativa del sindicato y por añadidura expulsan y desprecian al que no puede cotizar.

La organización sindicalista no toma al trabajador para engrandecer la asociación, sino al revés, ofrece la asociación al trabajador para fortalecerle y dignificarle.

Es ya de toda evidencia que el sindicalismo no logra sus fines por la cuota en metálico, aunque la utilice para la vida ordinaria, sino por la cuota en especie, formada por el pensamiento, por la voluntad, por la energía, por la esperanza, cuota que han de pagar con su asistencia, su acción y su responsabilidad todos los trabajadores para alcanzar los bienes individuales y colectivos correspondientes al hombre y a la humanidad, es decir, para realizar la emancipación.

Con estas breves indicaciones y confiado en vuestra juventud y en vuestro entusiasmo por el ideal os saluda fraternalmente vuestro compañero.

Anselmo Lorenzo.

Barcelona, 8 septiembre 1911.

Anselmo Lorenzo (1841-1914): el proletario militante


Anselmo Lorenzo Asperilla (Toledo. 1841—Barcelona. 1914) es uno de los máximos representantes del anarquismo en España. Organizador del movimiento obrero en sus orígenes. a partir de 1868. impul4or de La comente anarquista o anti-autoritaria; divulgador de Las ideas de Bakunin y de Las doctrinas libertarias y propagandista incansable.

Lorenzo destacó también por su vinculación con Francisco Ferrer i Guardia y llegó a ser director de La Escuela Moderna que aquél había fundado. Asistió a todos los congresos obreros que tuvieron lugar en España y como representante de la sección español de la 1 Internacional visitó Londres donde conoció a Marx y Engels.

Su labor como pensador y divulgador social es muy extensa. EL proletariado militante (1901) fue su obra más importante y ha inspirado el subtítulo de esta biografía. La cuaL pretende acercarnos a la vida de este toledano tan desconocido en su tierra y permitirnos saber algo más sobre los orígenes del movimiento obrero en Castilla-La Mancha en el final del siglo XIX y comienzos del XX. 

 

Obras.

  • Fuera política (1886)
  • Acracia o república (1886)
  • Biografía de Pedro Kropotkin (1893)
  • Sinopsis ortográfica a la tipografía española. Reglas para el uso de las letras dudosas y de los acentos. Barcelona, Tip. La Académica, de Serra Hermanos y Russell, 1900.
  • Criterio libertario (1903)
  • Vía libre. El trabajador. Su ideal emancipador. Desviaciones políticas y económicas. Prólogo de J. Mir y Mir y prefacio de Tarrida del Mármol. Barcelona: Ed. F. Granada y Cía. Barcelona, 1905.
  • El pueblo (estudio libertario) Valencia: F. Sempere y Compañía Editores, s. a. (prefacio de Kropotkin de octubre de 1907).
  • Solidaridad (1909)
  • La Anarquía Triunfante (1911)
  • Contra La Ignorancia (1913)
  • El proletariado militante, 2 vols. (1901, vol. 1-1923, vol. 2). Muy reimpreso.
  • El Sindicalismo Barcelona: Editorial “Tierra y Libertad,” ca. 1930s.
  • El Banquete de la vida. (Con un Esbozo Biográfico de Anselmo Lorenzo por Manel Aisa) Barcelona: Ed. Sintra, 2006.

Publicado por Librepensador Acrata

ANSELMO LORENZO ASPERILLA, LÍDER SINDICAL ANARQUISTA

Biografía escrita por Marie-Angèle Orobon. Profesora titular en el departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Université de la Sorbonne Nouvelle-Paris 3. Dedica su investigación a la historia de las representaciones en la España del siglo XIX, los procesos de construcción nacional en sus aspectos políticos, ideológicos e identitarios, así como a la imaginería política liberal y republicana (emblemas, símbolos y caricatura).


Anselmo Lorenzo Asperilla.  Líder sindical anarquista.
Toledo, 21.IV.1841 – Barcelona, 30.XI.1914.
Nació en una familia muy humilde en Toledo. Tras haber cursado estudios primarios con aptitudes y afición, sus padres lo mandaron a Madrid cuando sólo contaba once años para ser dependiente en la cerería de un tío suyo. A los quince años, por encima de presiones y disgustos familiares, abandonó la cerería y entró de aprendiz en una tipografía madrileña. Como buena parte del proletariado urbano ilustrado de la época, Anselmo Lorenzo fue adquiriendo conciencia de clase en los centros de educación obrera y ateneos. En su caso, entre los años 1864 y 1868, asistió a las clases nocturnas de Aritmética, Gramática y Francés en el Fomento de las Artes de Madrid, obteniendo varias distinciones. Completó su formación con la lectura de Proudhon y Fourier. La campaña socialista de Francisco Pi y Margall en el diario demócrata La Discusión acabaría de despertar su sensibilidad política y social, como había de recordarlo el mismo Lorenzo en la obra que es tanto la historia de la Primera Internacional en España como parte de su autobiografía política, El proletariado militante. En efecto, la vida de aquél a quien las posteriores generaciones de anarquistas llamarían cariñosamente el Abuelo estuvo íntimamente entrelazada con el desarrollo del movimiento internacionalista y anarquista en la España de la segunda mitad del siglo xix.
A finales de 1868, la llegada a España de Giuseppe Fanelli, delegado de la Alianza de la Democracia Socialista, para organizar una sección de la Primera Internacional, marcaría un decisivo viraje en la vida del joven tipógrafo. De las reuniones celebradas en Madrid en casa del litógrafo catalán Julio Rubaudonadeu en torno a la carismática figura de Fanelli, nació el primer núcleo de la Internacional en Madrid, al que perteneció Lorenzo. Poco después, en enero de 1870, participó en la fundación de La Solidaridad, órgano de la Asociación Internacional de los Trabajadores de la sección de Madrid, y en el mes de junio, en el primer congreso obrero español celebrado en Barcelona, representó a la sección de Madrid junto con Ángel Cenagorta, Tomás González Morago y Francisco Mora, quien después habría de fundar la Unión General de Trabajadores (UGT), inclinándose por el marxismo. De ese congreso, en el que se optó por la línea bakuninista, es decir por la forma descentralizada de la acción revolucionaria y por el rechazo de la acción política parlamentaria, surgió la Federación Regional Española, acordándose que el Consejo Federal, que contaba a Anselmo Lorenzo entre sus cinco miembros, residiera en Madrid.
La persecución de la Internacional en España, a consecuencia de los acontecimientos de la Comuna de París y de su sangrienta represión, significó para Lorenzo la partida hacia Lisboa en el verano de 1871con otros dos miembros del Consejo Federal —Tomás González Morago y Francisco Mora— para seguir allí con la actividad organizadora y propagandística. Elegido en la conferencia secreta de Valencia para representar a la sección española en la conferencia de la Internacional en Londres, conoció personalmente en esa ocasión a Karl Marx. De la estancia londinense de septiembre de 1871, había de sacar Lorenzo una impresión en la que se mezclaban la admiración ante la inteligencia y la cultura de Marx y la profunda desilusión ante la Conferencia en la que no vio sino la lucha por el liderazgo del movimiento entre Marx y Bakunin.
Ante las amenazas gubernamentales, el Consejo Federal había preparado un plan de organización clandestino capaz de suplir a la Internacional en caso de su disolución violenta, creando Grupos de Defensores de la Internacional en cada localidad donde existieran secciones de oficio y federación local. De las dos excursiones acordadas por el Consejo al Este y al Sur de España, Lorenzo se vio encargado de la excursión de propaganda por Andalucía. Las visitas a las federaciones de Sevilla, Carmona, Utrera, Jerez, Cádiz —donde conoció a Fermín Salvochea, en quien admiraba “el heroísmo” y “las virtudes revolucionarias”—, San Fernando, Puerto Real, Málaga, Loja, Granada y Linares, que realizó entre los meses de febrero y marzo de 1872, le dejaron gratos recuerdos fielmente consignados en El proletariado militante.
Pero la escisión entre bakuninistas y marxistas, que empezó a perfilarse en España a partir de febrero de 1872 y que habría de consumarse en el congreso de La Haya en septiembre con la expulsión de Bakunin y Guillaume, había de marcar con el sello de la amargura la vida de Anselmo Lorenzo. En efecto, por haber conocido a Karl Marx, por su amistad con el yerno de éste, Paul Lafargue, con quien había colaborado en la redacción del dictamen sobre la propiedad presentado en el congreso de Zaragoza de abril de 1872, y también por su pertenencia a la redacción de La Emancipación, que claramente se había decantado hacia el marxismo, Lorenzo había despertado la desconfianza de sus compañeros del Consejo Federal, del que había sido nombrado secretario general en Valencia tras el congreso de Córdoba. Su situación incómoda lo incitó a dimitir del Consejo Federal el 20 de junio del mismo año y a alejarse del movimiento, sin acabar de entender aquel conflicto que vio marcado, sobre todo, por los intereses personales, “una divergencia doctrinal en su origen que no hubiera tenido consecuencias lamentables, si la pasión, falseando los principios, no hubiera acudido a envenenarla”.
Los dos años que mediaron hasta su ingreso en la sección de tipógrafos de la Federación barcelonesa de la Internacional fueron de andanzas por España y Francia, en busca de trabajo y sin desistir de su actividad propagandística. Después de residir dos meses en Vitoria, donde se alojó en casa de su antiguo camarada Manuel Cano, viviendo de la hospitalidad fraternal, permaneció dos meses en Bilbao, trabajando en una pequeña imprenta, cuando se hallaba la ciudad en los albores de una nueva guerra civil. De allí pasó a Francia: primero residió en Burdeos, donde se relacionó con el medio obrero que le pareció saturado de “preocupaciones políticas” y luego, por faltarle el trabajo, decidió ir a Marsella. En esa ciudad, entró en la imprenta de Le Sémaphore de Marseille, alternando el trabajo en las obras y en el diario. En marzo de 1874, embarcó rumbo a Barcelona en la que ya habría de fijar definitivamente su residencia. En 1876, contrajo matrimonio con Francisca Concha, viuda de su amigo José Miranda, con la que tuvo tres hijas. En esta ciudad, sintió Lorenzo renovarse su entusiasta energía al contacto de aquellos jóvenes que dirigían en Barcelona y Cataluña el movimiento obrero revolucionario: Rafael Farga, Francisco y Gabriel Albagès, Antonio Pellicer, José Llunas, Pedro Gasull y Miguel Nacher, a los que conoció a través de su amigo y compañero José García Viñas. Ingresó entonces en el grupo secretamente reconstituido de la Alianza de la Democracia Socialista, reanudando su actividad como líder en tanto que miembro de la Comisión Federal en 1877, nuevamente en 1879 y al ser elegido para representar a la Federación Regional Española en el Congreso Internacional de París en 1878, finalmente prohibido por la policía francesa. Pero el protagonismo de Lorenzo en la Federación clandestina se vio frustrado poco después, en 1881, cuando, acusado de haber ejercido coacción en las elecciones de la Comisión Federal, fue expulsado de la Federación Regional Española. De hecho, la expulsión de Lorenzo, y su consiguiente marginación de la Sección de Tipógrafos de Barcelona, no fue más que uno de los avatares de la crisis por la que estaba atravesando el movimiento anarquista en aquella época. El congreso anarquista que se había celebrado en Veviers, en Suiza, en septiembre de 1877 había significado la muerte de la I Internacional y, aunque la Federación Regional Española había conseguido sobrevivir a la forzada clandestinidad celebrando conferencias comarcales en sustitución de los congresos regionales, la organización se resintió de la disminución del número de asociados (de treinta mil en 1873 a tres mil en 1881), de la progresiva separación de la base obrera, así como de las divisiones internas en el seno de la misma Alianza de las que acabó siendo víctima Lorenzo. La conferencia extraordinaria reunida en Barcelona en febrero de 1881 en la que había sido decidida la expulsión de Lorenzo también correspondió a la disolución de la Federación Regional Española que habría de reconstituirse en el mes de septiembre como Federación de Trabajadores de la Región Española, circunscrita a España, pero sin renegar de ninguno de los principios de la Internacional.
Había de coincidir la forzada marginación de Anselmo Lorenzo del movimiento anarquista con su ingreso en la masonería. Fue iniciado en la logia barcelonesa “Hijos del Trabajo” en el mes de diciembre de 1883, escogiendo el simbólico nombre de Gutenberg, como muchos otros masones tipógrafos. Al año siguiente de su ingreso, en octubre de 1884, fue nombrado representante en la Junta de Escuelas Laicas que patrocinaba la masonería barcelonesa. A partir de 1886, como orador, fue uno de los principales impulsores de la logia “Hijos del Trabajo”. Desempeñó dicho cargo hasta 1891, siendo activo en la logia hasta, probablemente, 1895. Hizo pública Lorenzo su pertenencia a la masonería, cuando fue invitado por Juan Tutau en abril de 1887 con el también masón Llunas a dar una conferencia en el Ateneo de Barcelona sobre las relaciones del socialismo con el progreso. Se declaró entonces “francamente masón”, reivindicando la compatibilidad entre anarquismo y masonería.
Tras reincorporarse en 1885 al movimiento anarquista, ingresando en la Sociedad de Obreros Tipógrafos, se dedicaría principalmente a escribir una obra monumental que constituye la base de la ideología del anarquismo español de entre siglos, colaborando en numerosas publicaciones periódicas, redactando monografías y folletos, pronunciando múltiples conferencias en sociedades obreras. Premiado en el primer Certamen Socialista celebrado en Reus en 1885 por su ponencia “El ciudadano y el productor”, publicó en 1886 en Sabadell sus primeros folletos ¿Acracia o República? Fuera política. Pero Anselmo Lorenzo habría de recobrar un lugar destacado entre los dirigentes anarquistas con el manifiesto del 23 de febrero de 1886. Con éste terciaba en las encendidas polémicas que arreciaban entonces en el anarquismo español entre los partidarios del colectivismo de raíz bakuninista y los del comunismo libertario inspirado por Kropotkin y Malatesta, inclinándose más bien, en una postura conciliatoria, hacia lo que pronto se dio en llamar la “anarquía sin adjetivos”, que tendría gran influencia a través de Acracia, a cuya redacción se incorporó Lorenzo aquel mismo año.
El atentado contra la procesión del Corpus Christi, el 7 de junio de 1896 en la barcelonesa calle de Cambios Nuevos, dio pie a una amplia persecución gubernamental contra el anarquismo: unas cuatrocientas personas fueron detenidas, entre ellas Anselmo Lorenzo, que tras su encierro en la fortaleza de Montjuic y negándose a pedir el indulto, fue deportado a París. Estuvo trabajando de corrector de las obras españolas que se imprimían para la casa Garnier en Levallois- Perret y trabó entonces conocimiento con Charles Albert, Jean Grave, alternando con el grupo de jóvenes socialistas de la escuela de Jules Guesde. Gracias a la amnistía de 1899, pudo volver a Barcelona. Los años inmediatos a su regreso a España fueron de intensa producción intelectual, con la publicación de numerosos trabajos periodísticos y la redacción de la primera parte de sus memorias El proletariado militante, aparecida en 1901, así como de las obras Vía Libre El banquete de la vida, publicadas ambas en 1905. Fue en 1901 cuando empezó su intensa colaboración con Francisco Ferrer Guardia, a quien había conocido en los años de su exilio parisino. En efecto, participó en el proyecto pedagógico ideado por Ferrer, colaborando en elBoletín de la Escuela Moderna y traduciendo a autores franceses relacionados con el anarquismo: Jean Grave (Las aventuras de Nono, Tierra libre), Élisée Reclus (El hombre y la tierra), Émile Pataud y Émile Pouget (Cómo haremos la revolución), Paul Gille (Historia de las ideas morales). También se incorporó a la redacción de La Huelga General (1901- 1903), publicación periódica fundada por Ferrer y dirigida por José Clariá, colaborando por la misma época en La Revista Blanca de Federico Urales.
Precisamente, a raíz de la campaña periodística a favor de la huelga general que había llevado junto con López Montenegro, fue encarcelado nuevamente en la fortaleza de Montjuic durante varios meses en 1902. Posteriormente, a consecuencia de los sucesos de la Semana Trágica (1909), que acarrearon una durísima represión gubernamental de la que no habría de salvarse Francisco Ferrer, ejecutado en los fosos de Montjuic, fue deportado Anselmo Lorenzo con su familia a Alcañiz (Teruel). Durante este nuevo aislamiento, empezó la redacción de la segunda parte de El Proletariado militante, publicada póstumamente en 1923. De vuelta a Barcelona a partir de 1910 y hasta su muerte ocurrida el 30 de noviembre de 1914, a pesar de los achaques, atacado de disnea, prosiguió incansablemente su labor de divulgación y propaganda, intacta la fe en el papel del proletariado. Aún escribía en una carta dirigida a su amigo Tarrida del Mármol el 2 de septiembre de 1914: “Soy viejo, estoy cada día más achacoso […]; pero deseo vivir, porque frente al impaso [sic] que ha producido a la humanidad la gente que manda, tengo la seguridad de que el proletariado emancipador, tal como yo lo entiendo, ha de hallar e imponer la solución radical y práctica, y deseo manifestar esa seguridad y sugerirla al mundo”.

Obras de ~: ¿Acracia o República?, Sabadell, 1886; Fuera política, Sabadell, 1886; Justo Vives. Episodio dramático social, Barcelona, L’Avenç, 1893; El Estado. Consideraciones generales sobre su esencia, su acción y su porvenir, Barcelona, Biblioteca Ácrata, 1895; El hombre y la sociedad, conferencia en la Escuela Moderna, Barcelona, Biblioteca de la Huelga General, 1901; El proletariado militante (1.ª y 2.ª parte), Barcelona, 1902 y 1925, respect. (reed., Barcelona, Editorial Nosotros, 1938; Toulouse, Editorial del Movimiento Libertario Español, CNT en Francia, 1946; con pról. y ed. de J. Álvarez Junco, Madrid, Alianza, 1974; Bilbao, Zero, 1974; Madrid, Confederación Sindical Solidaria Obrera, 2005); Criterio libertario (conferencia), Barcelona, 1903 (Madrid, Libros Dogal, 1977; Barcelona, José J. de Olañeta, 1978); El Obrero Moderno, Barcelona, Biblioteca El Productor, 1903; La ganancia (conferencia), Barcelona, 1904; El banquete de la vida. Concordancia entre la Naturaleza, el Hombre y la Sociedad, Barcelona, 1905 (Barcelona, Imprenta Luz, s. f.; Madrid, Comisión de Propaganda Confederal y Anarquista, s. f.; Barcelona, Sintra, 2006 y 2007); Rémora societaria, Sabadell, 1905; Vía libre,Barcelona, Editorial Atlante, 1905; El patrimonio universal, Mahón, El Porvenir del Obrero, 1905; Igualdad, Libertad, Fraternidad, Valencia, Humanidad Nueva, 1908; Solidaridad (conferencia), Barcelona, 1909 (col. Cuentos Racionalistas, vol. 2); Generalidades sociales, Barcelona, 1910; El proletariado emancipador, Barcelona, 1910 y 1911; El poseedor romano, Barcelona, 1910 (París, Solidaridad Obrera, 1956); Vida anarquista, Barcelona, Biblioteca Tierra y Libertad, 1912; Contra la ignorancia (conferencia), 1913; Hacia la emancipación, Mahón, Biblioteca El Porvenir del Obrero, 1913; El derecho a la evolución, Buenos Aires, La Protesta, 1928; Evolución proletaria, Barcelona, Maucci, 1930; Biografía de P. Kropotkine, s. l., Biblioteca de la Revista Blanca, s. f.; Las olimpiadas de la paz, El trabajo de mujeres y niños, s. l., s. f.; El proletariado en marcha, New York, Biblioteca Cultura Proletaria, s. f.; El proletariado y la humanidad libre, s. l., s. f.

Bibl.: F. Montseny, Anselmo Lorenzo. El hombre y la obra, Barcelona, Edic. Española, 1938 (Toulouse, Ediciones Espoir, 1970); H. Noja Ruiz, Anselmo Lorenzo. Su vida y su obra, Valencia, Tipografía S. Industria Gráfica CNT, 1938; J. J. Morato, Líderes del movimiento obrero 1868-1921, Madrid, Cuadernos para el Diálogo, 1972, págs. 55-77; J. Álvarez Junco, “Prólogo”, en A. Lorenzo, El proletariado militante, op. cit., págs. 9-20; J. Termes, Anarquismo y sindicalismo en España. La Primera Internacional (1864-1881), Barcelona, Crítica, 1977; E. Olivé Serret, “El moviment anarquiste català y la francmasoneria a l’ultim terç del segle xix. Anselmo Lorenzo i la lògia Hijos del Trabajo”, en Recerques, n.º 16 (1984), págs. 141-156; P. Sánchez Ferré, “Anselmo Lorenzo, anarquista y masón”, en Historia 16, n.º 105 (1985), págs. 25-33; J. Álvarez Junco, La ideología política del anarquismo español, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 1991.
 

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