Emma Goldman: anarquista, en el campo de la enfermería

Emma Goldman: anarquista, en el campo de la enfermería

Ensayo polémico sobre la pensadora anarquista Emma Goldman.

Guillermo Delahanty Matuk
A la memoria de mi hermano Jorge

La esperanza de un mañana mejor, ha sido siempre el manantial de las revoluciones.

Piotr Kropotkin.

descargaIntroducción.

En la psicohistoria sobre Emma Goldman me interesa resaltar aquellos sucesos conectados en el filo de su existencia, es decir, en el campo de lo subjetivo relacionado con las esferas familiares. Relatar su formación y trabajo en el campo de la enfermería. Mostrar su interés por el arte. Y solamente señalar brevemente sus relaciones de pareja. Y apuntalar su práctica política anarquista. Se incluye un retrato colectivo de las mujeres que la antecedieron y de algunos personajes contemporáneos. La fuente principal es su autobiografía que se proyecta como un haz de luz con otras búsquedas.

Orígenes.

Nació el 27 de junio de 1869 en Kovno, Lituania en el Imperio Ruso. Su madre, Taube Bienowitch, iluminaba con su hermosura, había quedado viuda a los 23 años, con dos hijas, Helena y Lena. En concordancia con la tradición judía contrajo nuevo matrimonio con Abraham Goldman, un año menor que ella, fue un casamiento sin amor. Le siguen los hermanos Herman y Yegor. Las medias hermanas mayores le llevaban respectivamente seis y ocho años de diferencia. En sus memorias hay una contradicción de fechas porque en otra parte del texto dice que Lena es dos años mayor.
La familia Goldman, practicaba los ritos judíos e iba a la sinagoga los sábados y días festivos, la madre hacia vino en la Pascua. Emma aprendió a cocinar desde pequeña, por ejemplo, repostería como blintzes.
La familia no instruyó a sus hijos en la religión judía. Emma, sí tuvo conciencia de ser judía, a sus 8 años, soñaba en realizar la hazaña de Judith, que le cortó la cabeza al rey para vengar las injusticias a su pueblo, comunidad perseguida y expulsada. Su identidad como judía la expresaba en frases como: “los caminos del señor son inescrutables”; “todos éramos hijos de Yehudim”. Y, continuamente afirmaba que era una judía errante, o, reconocía su perseverancia judía. En la familia se hablaba yiddish y ruso. El yiddish lenguaje íntimo hablado en los hogares y en el barrio judío que conecta a un pueblo disperso en el mundo. Es evidente su internalización del Ethos de su comunidad. Aprendió de Amalia, su niñera alemana, la idea de Dios, del diablo, del pecado y del castigo. Recordemos que en Rusia estaba establecida la iglesia ortodoxa.
La atmósfera de casa era espeluznante, desdén del padre a la madre, pleitos persistentes, violencia y desmayos de la esposa. Emma desde sus primeros recuerdos, sentía sofocante su hogar. Un terror hacia el padre quien a menudo le propinaba azotes, la golpeaba con mucho odio, también la arrastraba de un lugar a otro. Recibió castigos severos con crueldad y saña, verbigracia, hacerla caminar con un vaso de agua en la mano, si tiraba una gota, la aporreaba. A los tres años descubrió un barril de vodka, abrió el grifo, sin saber que era y al día siguiente se despertó muy mareada. La niñera la había protegido de la ira del padre. Solamente era benévolo, en la fiesta de Sukkess. Aunque su padre la maltrató de modo consistente, ella lo justificó mucho tiempo después porque “empecé a considerarle como uno más de la masa de explotados y esclavizados para los que vivía y trabajaba”. La madre fue distante y fría con su hija. Incapaz de satisfacer su anhelo de afecto. En cambio, recibió el cuidado y amor de su hermana Helena, quien la protegía y le prodigaba mucho cariño (por un trastorno de apoplejía fallecerá en 1920). Con todo, dice: “aprendí que mi trágica infancia no había sido una excepción, que había miles de niños no queridos, lastimados y destrozados por la pobreza y, más aún, por falta de comprensión”.
Un tiempo se establecieron en Popelan (Papilé), provincia báltica de Curlandia, en el oeste de Letonia, porque su padre era gerente de una posada. Emma tenía seis años de edad. Se la pasaba mucho tiempo en compañía del muchacho encargado de las ovejas y las vacas, él tocaba flauta, la paseaba, llevándola a horcajadas sobre sus hombros y la niña sentía sensaciones eróticas. Un día la madre la encontró dormida tocándose debajo de las mantas. La despertó de un grito y una bofetada por “sucia”.

Escuela.

Una temporada vivieron con la madre, en casa de la abuela, en Königsberg, Imperio Alemán hasta el invierno de 1882. Estudia tres años y seis meses en la Realschule (Escuela Real). Tuvo clases de religión con un profesor judío alemán, que golpeaba a sus alumnas en las palmas de la mano con una regla, y entonces Emma lo molestaba pinchando alfileres en su silla tapizada o ataba los faldones de su gabán a las patas de la mesa. El profesor de geografía, retenía todos los días después de la clase a dos niñas, posiblemente de once años o doce, a una la enviaba a otro salón, mientras a la otra la manoseaba. Tocaba sus pechos y ponía la mano entre las piernas, “un día me encontré en sus rodillas. Grité, le agarré la barba y tiré tan fuerte como pude mientras intentaba desasirme. Dio un salto y caí al suelo”. La amenazó con expulsarla si mencionaba lo sucedido. Tenía desconfianza para decirlo en casa, pero pudo contarle al médico que la trató por su fiebre y el maestro fue expulsado del colegio. Se encariñó con su maestra de alemán, enferma de tuberculosis, la llevaba a su casa, le leía novelas, y además pidió a una colega que le enseñase a la discípula francés y música.
Emma, manifestó muchos años más tarde que “la música siempre me conmovía profundamente”. Sin embargo, consideró que antes de los 10 años no había escuchado la música profundamente. Había oído la flauta del pastor, y aborrecía los violines en las bodas judías y al piano en las clases de canto. Descubrió el deleite por la música cuando presenció por primera vez una opera en Könisberg, quedando extasiada. Muchos años después, 1914, escuchó en Chicago a Pablo Casals tocando el violonchelo, instrumento que más le fascinaba. También asistió a otros conciertos y en uno de ellos, quedó embelesada con la interpretación de una cantante: “Alma Gluck me cautivó con los primeros tonos. Sus canciones hebreas, en especial, mostraban completo dominio del rico registro de su voz. Su canto exquisito volvía intensamente reales los sufrimientos de seis mil años”. Por cierto, su sobrino David Hochstein (hijo de Helena) fue un violinista de música clásica quien murió al final de la primera guerra mundial.
El primer trabajo de Emma fue como obrera en una fabrica de corsés, en la Galería Hermitage de San Petersburgo, a los 15 años, en 1882. De camino a su casa conoce a un joven recepcionista de un hotel. La corteja y transcurren varios meses hasta que un día vivencia su primera relación sexual. La invita a pasar a conocer el hotel. En un cuarto, le da una bebida, le acaricia los senos, la besa, ella de repente, siente dolor, lo empuja con golpes. “Después de aquello siempre me sentí entre dos fuegos en presencia de hombres. Su atractivo seguía siendo fuerte, pero estaba mezclado con una gran repulsión”.
Su primer baile a los 15 años. Siempre será muy alegre e incansable en los mítines, conciertos, obras de teatro y bailes. Su padre pretendió casarla a los 15 años. La hija se opuso determinante, quería estudiar, entonces furioso él tiró al fuego su gramática francesa, energúmeno, dijo que las muchachas no deben aprender tanto y una hija judía tiene que saber como guisar la comida de fideos, pescado y dar muchos hijos. Ella quería dar hijos pero dentro del amor. Como consideró a su casa parental como una prisión, devino la sensación permanente en que “la proximidad constante en la misma casa, la misma habitación, la misma cama me repelían”.
Cuenta una anécdota familiar sobre la detención a un tío materno, acusado de nihilista. Los nihilistas habían asesinado al zar el primero de marzo de 1881 (según el calendario gregoriano). Taube fue a San Petersburgo a salvar a su hermano. Habló con Trepov, jefe de la policía, “imploró, se arrodilló, suplicó, y lloró […] me hizo ver a Madre delante del severo gobernador general con su cara bonita, enmarcada por su gran melena, bañada en lágrimas”. Su primera impresión sobre los nihilistas fue que era un grupo siniestro, esto se entremezcló con la sensación de malestar por la opinión de la madre de aniquilarlos a todos. El 24 de enero de 1878 Vera Zasúlich asistía a una audiencia con el prefecto de policía de San Petersburgo y le disparó en su despacho. Fue juzgada y absuelta por el jurado, ya libre el zar emitió la orden de aprehenderla, poco antes de que la atrapasen pudo huir a Suiza. Su madre opinó que el general era bondadoso, pero, su maestro de ruso le contó a su alumna que realmente era un tirano. “Las dudas que desde mi niñez pudieran quedarme sobre los nihilistas, desaparecieron ahora por completo. Se convirtieron en mis héroes y mártires y, desde ese momento, en mis guías”. Más adelante reconoció que los nihilistas eran testigos mudos del sufrimiento del pueblo y sacrificado su vida por el pueblo. Los nihilistas en realidad eran los populistas rusos. Para Isaiah Berlin, las metas del populismo eran la justicia social, la fe en la libertad del ser humano. Con todo, apuestan por “el anarquismo, la igualdad y una vida plena para todos”. El más importante representante del populismo fue Chernishevsky. Emma había leído su novela ¿Qué hacer? en San Petersburgo. La novela dramatizaba el problema de la mujer, sus conflictos matrimoniales, describía la simulación del contrato conyugal, durmiendo los esposos en cuartos separados y sin relaciones sexuales, en realidad el propósito de las bodas era para huir del hogar paterno.

Migración.

Con su hermana Helena, viajaron de San Petersburgo, hacia Hamburgo y de allí se embarcaron en el vapor Elbe a la tierra de la libertad. Arriban a Estados Unidos el 29 de diciembre de 1885 y se asientan en la casa de su hermana Lena en Rochester, New Haven. El resto de su familia llegará en 1886.
Trabaja en la fábrica Garson & Mayer cosiendo abrigos en una jornada de 10 horas y media diarios. Recibe $ 2.50 dólares por semana. Después consigue empleo en el taller de ropa de la fábrica Rubinstein, por 4 dólares. Aquí conoce Jacob Kershner procedente de Odesa, operario de cajas, y al transcurrir 4 meses se casan en febrero de 1887. Una boda judía. Con el matrimonio obtiene su ciudadana estadounidense. Pocos meses después se divorcian. En febrero de 1888, después de la separación, se traslada a New Haven, Connecticut, aquí trabaja en una fábrica de corsés. Conoció a un grupo de jóvenes judíos, rusos, anarquistas y socialistas y escuchó en un mitin a Solotaroff. De nuevo en Rochester toma un curso de costura como oficio. Compró una máquina de coser. Jacob y Emma vuelven a casarse, permanecen tres meses de relación que finaliza en una ruptura definitiva. Escribió, “fui inmediatamente condenada al ostracismo por toda la población judía de Rochester. No podía ir por la calle sin sentirme despreciada y acosada. Mis padres me prohibieron entrar en su casa y, de nuevo, solo Helena se mantuvo a mi lado. Incluso me pagó, de sus escasos ingresos, el billete a Nueva York”.
A sus veinte años arriba a Nueva York el 15 de agosto de 1889. Busca a Hillel para conseguir alojamiento. Cuando la encuentra la recibe de modo cálido y la invita a dormir a su cuarto, mientras ella pernoctará en casa de un compañero de estudios. “Después de que mi nueva amiga me hubiera servido té y un pastel judío delicioso que había hecho su madre, me habló de las distintas personas que podría conocer, de las actividades de los anarquistas yiddish y otras cuestiones interesantes. Le estaba agradecida a mi anfitriona, mucho más por su amistoso interés y confianza que por el té y el pastel. Me olvidé de la amargura que me había embargado después de la cruel recepción que me dieron los de mi propia sangre”.
Hillel la invita al café Sachs. Allí consigue compartir un techo con las hermanas Anna y Helen Minkin. También le presenta a Alexander “Sasha” Berkman que se convertirá en su compañero de ruta durante toda su vida. Un tiempo amantes. La introdujo al mundo de la música, de los libros, el teatro. Sasha le presenta a su primo Feyda. Entonces Emma, Sasha, Helen Minkin y Fedya se mudan a un apartamento. Una comunidad. Su amigo Fedya le pidió que posara desnuda para una pintura. Él le había atraído por sus maneras de trato delicadas y por su amor a la belleza. Tuvieron un affaire en febrero de 1890, “despertaba en mi el anhelo misterioso que solía sentir en mi infancia cuando el atardecer de Popelan”.
Los cuatro fueron a la ceremonia del aniversario de los mártires de Chicago, el 11 de noviembre de 1889. Allí conoció al socialista ruso Sergey Shevitch, en su periodo americano, era redactor del diario New Yorker Die Volkszeitung, acompañado de su esposa, Helene von Dönniges, el amor de Lassalle. Cuando Emma leyó a Ferdinand Lassalle le impresionó su fuerza, profundidad y claridad. Supo de sus actividades por el movimiento obrero alemán. Le afectó su romanticismo y su muerte a causa de una mujer. Sobre ella opinó: “me repelía la austeridad altanera de la mujer. La larga cola de su vestido, los impertinentes (anteojos con manija), a través de los cuales observaba a todos, me llenaban de resentimiento”.
Emma trabaja en agosto en una fábrica de corsé y después en una de ropa y otra de seda. Simultáneamente, en los meses de agosto y diciembre de 1889 colabora en el periódico Freiheit para organizar la conmemoración de los mártires de Chicago. En una ocasión para obtener dinero por la causa de Sasha por el atentado al empresario, que no murió, fue sentenciado a 20 años de cárcel, pero permaneció catorce. Una de las acciones de los grupos anarquistas era recolectar dinero para su juicio y liberación. Emma intentó trabajar de prostituta, se vistió y comenzó a andar por la calle catorce. Tenía 23 años. Por su apariencia, un transeúnte le dio diez dólares para que cejara en su intento de conseguir remuneración de esa manera.

Anarquismo

Permitan una breve digresión, pero, ¿qué es el anarquismo? Anarquismo, del griego, ausencia de gobierno. Buber señala que la anarquía es acracia, o sea, ausencia de dominación.
Bakunin (1814-1876) plantea que “la libertad de cada hombre se realiza y hace posible solamente mediante la libertad colectiva de la sociedad”. Según Kropotkin “El anarquismo tuvo su origen en la actividad creadora y constructora de las masas que elaboraron, en tiempos remotos, todas las instituciones sociales de la humanidad, y en las rebeliones de los individuos y de las naciones contra los representantes de la fuerza –externa a dichas instituciones-, que al poner sus manos sobre ellas no hicieron más que utilizarlas en su beneficio particular […] En nuestros tiempos, la anarquía brotó de la misma crítica y protestas revolucionaria que dio origen al socialismo en general”. Según Malatesta, la palabra anarquía ha sido considerada por las masas ignorantes o los adversarios como sinónimo de desorden, confusión. Para Berkman “anarquismo quiere decir una condición o sociedad en que todos los hombres y mujeres son libres, y en donde todos gozan por igual de los beneficios de una vida ordenada y sensata” y añade, “el anarquismo enseña que podemos vivir en una sociedad en donde no exista coacción de ninguna clase. Una vida sin coacción significa naturalmente libertad”. Emma Goldman, declara: “Para mí el anarquismo no era una mera teoría para un futuro lejano; era una influencia viva para liberarnos de las inhibiciones, tanto internas como externas, y de las barreras destructivas que separan a los hombres entre sí”.
Emma se inició en el anarquismo por la ejecución de los cuatro trabajadores de Chicago que luchaban por 8 horas laborales, en aquellos tiempos los obreros cumplían de 10 a 11 horas cada día. Eleanor Marx y Edward Avelling, sin ser anarquistas e incluso contrarios al anarquismo, escriben un panegírico para difundir la injusticia por condenar a los ocho trabajadores acusados de terrorismo. Se habían realizado en los primeros meses de 1886 varios mítines en Chicago y ese día, la reunión fue convocada por anarquistas para llevarse a cabo en Haymarket en la tarde del 4 de mayo, transcurría una asamblea pacífica y en orden, con mujeres y con un tono pacífico y tranquilo de los oradores, de pronto son dispersados con violencia por la policía. Estalla una bomba. Mata a siete policías. Se difunde el rumor que realmente había sido lanzada por un policía. Irónicamente escriben Marx y Avelling, que el mismo número de manifestantes son sentenciados a la horca y, ocho a 15 años de prisión. Entre el juicio de la corte y de la Suprema Corte el juicio se prolonga y siguen presos por 18 meses, múltiples manifestaciones de anarquistas, socialistas, anti-anarquistas y anti-socialistas, indignados y estupefactos, sus posiciones compartidas en contra del procedimiento jurídico erróneo en todo el país. Sin embargo, los anarquistas mártires George Engel, Adolph Fischer, Albert Parsons y August Spies, son ejecutados el viernes 11 de noviembre de 1887.
Este acontecimiento fue el renacer espiritual de Emma Goldman, como ella misma lo expresa. El 4 de mayo de 1886 asiste a la conferencia de Johanna Greie-Cramer (1864- ¿) sobre el caso jurídico de los huelguistas. La oradora se dirigió a Emma, la socialista germánica le tomó de la mano y le dijo: “‘Nunca vi un rostro que reflejara tal tumulto de emociones. Debe de estar sintiendo la inminente tragedia intensamente. ¿Conoce a los hombres?’ con voz temblorosa le respondí: ‘desafortunadamente no, pero siento lo sucedido con cada fibra de mi ser y cuando la oí hablar, me pareció como si los conociera’, me puso la mano sobre el hombro. ‘Tengo la impresión de que los conocerá mejor según aprenda su ideal, y de que hará suya su causa’”. En el futuro se convertirá Emma en la ¡la primera oradora del movimiento anarquista alemán en América! Poseyó talento para la oratoria, sus locuciones fueron manifestadas con energía. Mordaz. Sarcasmo. Emma la roja. Apostaba por el derecho a la libertad de expresión, dirigió mítines, visitaba gremios de sindicatos, impartía conferencias, en ruso, alemán, inglés. Además, asistió a las conferencias nacionales de organizaciones anarquistas de expresión yiddish.

Voltairine de Cleyre.

Desde su inmersión en el anarquismo, deseó tener una alma gemela para compartir sentimientos y pensamientos que no podía contárselo a los hombres y creyó encontrarla en ella. “Cuando Voltairine de Cleyre llegó a mi vida, tuve esperanzas de conseguir una buena amistad”. La había conocido en Filadelfia el 23 de agosto de 1893, pero al estar enferma no pudieron charlar. Ahora habla la enfermera Emma: Voltairine padeció a través de su vida de enfermedades y depresión. La encuentra en cama, enferma, su cabeza cubierta con hielo, su rostro con ojeras y mucho dolor, muy agobiada, sufre con agonía por un trastorno del sistema nervioso que padece desde su infancia, agravándose con el tiempo. Evolucionó en una mastoides. Tenía una extraordinaria capacidad para soportar su discapacidad física. Trató a la enfermedad con estoicismo.
Cuando Emma Goldman estaba en la cárcel se organizó un concierto y baile en su beneficio por la causa de la libertad de expresión. Voltairine disertó sobre “La defensa de Emma Goldman y el derecho de expropiación” el 16 de diciembre de 1893. Entre sus ideas se resalta que no tiene la lengua de fuego como Emma, afirma que ella habla de modo más frío y de manera calculada. Expresa que difieren en el estilo de su militancia anarquista: Emma es una comunista, propone destruir la propiedad, cree en la cooperación y suprimir la competencia; en cambio, Voltairine asume que es individualista, adherida a la escuela de Proudhon, cuya opinión es mantener la propiedad, y que competir siempre existe. Lo esencial de Emma es su apuesta a la emancipación del esclavo de la esclavitud y al tirano de su tiranía. Hace referencia en su discurso a personajes ilustres que fueron enjuiciados y ejecutados por sus ideas o creencias como, Cristo, Hypatia, Sofía Perovskaia. Enseguida del evento, Voltairine visitó a Emma en prisión y hablaron del movimiento, de Sasha, y de la promesa de cooperar juntas por la causa de Berkman, escribió Emma, “me alegraba la oportunidad de estar más cerca de ella ahora”. Depositó esperanza en la nueva amiga. “Después de que me visitara en la prisión, me escribía unas cartas maravillosas, llenas de afecto y compañerismo. En una de ellas me sugirió que tras mi liberación debía ir directamente a verla. Me haría descansar junto a su chimenea, me cuidaría, me leería e intentaría hacerme olvidar la horrible experiencia”.
En su autobiografía confesó que se desvaneció el interés de su amiga por ella cuando Emma no le permitió que la visitara de nuevo a la cárcel, porque pretendía llegar con su pareja. Emma rechazó la propuesta porque tenía suficientes motivos para rechazarlo ya que él se había comportado muy grosero con ella. Emma sentía que él la odiaba. Me parece que Emma fue intolerante y no mostró empatía por Voltairine. Aunque le dijo que solamente le permitían recibir dos visitas al mes, una destinada para Edward Brady, su pareja en ese momento, y la otra para amigos cercanos, no la incluyó, y tampoco le confesó su deseo de recibirla porque ella si era importante, necesitaba su cercanía, por eso su amiga se sintió herida por el rechazo y para Emma “mis esperanzas de una amistad intima se desvanecieron”.
Después de diez meses presa Goldman es liberada el 17 de agosto de 1894. En el mes de abril de 1896, Emma le pidió a Voltairine que la apoyara en su nombre a Berkman. Cuando Sasha estaba en prisión, Emma le recordó a ella su promesa de colaborar y entonces cumplió escribiendo un texto que era “un poema en prosa lleno de un poder y una belleza conmovedores”. El juramento no fue una promesa fugitiva.
Voltairine sobrevivió a un atentado para asesinarla el 19 de diciembre de 1902. Emma recaudó fondos para ella. No denunció a su agresor y las editoriales de los periódicos escribieron: “el anarquismo era la verdadera doctrina del Nazareno, el evangelio del perdón”. La consecuencia del traumatismo fue un dolor de oído crónico y un trastorno neurológico que le perturbó el habla y la concentración. Problema en el oído. La operaron y le provocó un trastorno en la memoria. No recordaba los nombres de amigos que la visitaban. Reconoció en ella una personalidad fuerte. Valoró su inteligencia brillante, su idealismo ferviente, su lucha incesante y la consideró una camarada leal.
De cualquier modo, a menudo se entrelazaron las vidas y trabajos de Voltairine y Emma. En ocasiones con armonía y a veces con nubarrones. Ambas comenzaron su adhesión al movimiento anarquista por los sucesos de Chicago. Las dos con talento como escritoras. Compartieron múltiples mítines de manera intermitente desde agosto de 1894 hasta agosto de 1909. Viajaron a diferentes ciudades desde Newark, Nueva York, Filadelfia, etc. Un día entre el 24 de septiembre al 21 de octubre, la autoridad le impidió a la Goldman que hablase y Voltairine tomó la estafeta. Leyó su texto por el derecho a la libre expresión de su camarada frente al auditorio.
Voltairine defendió la revolución mexicana. Escribió para la causa, disertó en los mítines, recolectó fondos. Comenzó a estudiar español y planeó vivir y trabajar con los Yaquis de Sonora. Por su parte, Emma consciente de las dos revoluciones del siglo XX, estuvo en contacto con su amigo John Reed, comunista estadunidense. El periodista reportó cada epopeya en dos libros. En el mes de junio de 1920 lo cuidó como enfermera en Petrogrado. “La revolución mexicana era la expresión del despertar de un pueblo a las grandes injusticias políticas y económicas de su tierra. El esfuerzo de este pueblo inspiró a muchos militantes obreros de América, entre ellos a muchos anarquistas y miembros de la I.W.W (Industrial Workers of the World), a prestar ayuda a sus hermanos mexicanos al otro lado de la frontera. Personas serias de la Costa, intelectuales y proletarios, todos estaban imbuidos del espíritu que latía tras la revolución de México”. Incluso, Emma y Berkman, habían cooperado para colectar dinero y pagar la fianza para los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón, que estuvieron exiliados 10 años en los Estados Unidos de los cuales pagaron cinco en la cárcel. Éste tipo de actividades también lo hicieron para los presos políticos en todo Estados Unidos. El periodista John Kenneth Turner había denunciado el robo a los peones mexicanos.

Enfermera.

El inicio de su oficio como enfermera fue en el penal de Blackwell’s Islands en Nueva York. Permanecería un año presa del 16 de octubre de 1893 a17 de agosto de 1894. Por una dolencia de reumatismo la internaron un mes en el hospital, cerca de la cárcel. El Dr. White le propuso que cuidara a las enfermas, no en operaciones y casos graves, ella aceptó y el doctor le enseñó los conocimientos elementales para el cuidado de las enfermas, aprendió a tomar el pulso, la temperatura y tareas similares. Emma se hizo cargo de la sala de enfermería. 16 camas. Se trataban tuberculosis, neumonía, partos y operaciones, todo en la misma sala. También se encargó de la distribución de los alimentos para las enfermas. Simultáneamente, en sus tiempos libres leía. Los amigos le regalaban los libros y en la prisión había una biblioteca. Se hizo amiga de un sacerdote. Compartían el interés por la poesía y la música. Algunos domingos sentía alivio a su tristeza por sus charlas con una monja muy joven, preciosa y vital. Emma respetaba la libertad de creencias.
Las prisiones, según Emma fueron su escuela. “todo se mezclaba en una parodia fantasmagórica y burlona de oscuridad y desesperación”, añade, “En la soledad y aislamiento de la celda uno encuentra el valor para enfrentarse a la desnudez de la propia alma. Sí se sobrevive a la prueba, no te hiere tan fácilmente la desnudez de otras almas”. Reconoce que “en los últimos veinte años de mi actividad pública siempre había tenido hasta el último minuto la incertidumbre de si me estaría permitido hablar o no, o si dormiría en mi propia cama o sobre una tabla en la comisaría”.
Dos meses después, de su libertad en octubre 1894 continuó su labor como enfermera no titulada. El Dr. Hoffmann, les enviaba a sus pacientes privadas después de tratarlos en el hospital y el Dr. White, le dio quehacer unas horas al día. También trabajó en el Hospital Beth-Israel al este de Broadway. Le fascinaba la profesión y comenzó a ganar más dinero. Dividió su tiempo entre el trabajo de enfermera y su participación política, por ejemplo, en las tardes concurría a los mítines. Desde el comienzo de su oficio, se dio cuenta de que debía seguir un curso de formación profesional, además, a las enfermeras no tituladas las trataban como criadas. Eligió formarse en Viena.
El 15 de agosto de 1895 viajó a Europa. Auspiciada por los anarquistas franceses visita Londres el 22 del mismo mes. El día 25, tiene un encuentro con Louise Michel (1830-1905) que había participado en la lucha en la Comuna de París del 18 de marzo al 28 de mayo de1871. Emma relata: “sus ojos estaban llenos de juventud y ánimo, y su sonrisa era tan tierna que ganó mi corazón inmediatamente”. También conoce a Piotr Kropotkin (1842-1921) “La lucidez y brillantez de su mente se combinaban con su bondad para formar en un todo armonioso una personalidad amable y fascinante”. Cuenta de su visita a Errico Malatesta, (1853-1932): “vivía en la parte de atrás de su pequeña tienda, pero no había nadie que me sirviera de interprete y yo no sabía hablar italiano. Su sonrisa amable reflejaba una personalidad agradable y me hizo sentir como si le conociera de toda la vida”. Poco después, del 25 al 30 de agosto de 1907, asiste como representante americana al Congreso Internacional de Anarquismo en Ámsterdam. Visitó diario a Malatesta. Ella y Max Baginski, otro de sus parejas, “amábamos su capacidad para deshacerse del peso del mundo y darse por entero al juego en ratos de ocio”.
El primero de octubre de 1895 comenzaron los cursos de enfermera y partera, en el Hospital General de Viena. Cursos de obstetricia, enfermedades infantiles, enfermedades del cuerpo humano, guardias de noche. En su autobiografía cuenta anécdotas del curso de obstetricia. El nosocomio era uno de las principales instituciones de aprendizaje mas reconocidos del mundo, cada departamento clínico era conducido por un médico célebre. Conoció a dos muchachas judías de Odessa y una de Palestina, entendían poco alemán aunque podrían superar su carencia lingüística porque conocían el yiddish, eran bastante pobres, vivían en un cuartucho. Las invitó a compartir su habitación y enseñarles el idioma. Un club de reuniones. Escuchó un ciclo de conferencias de Sigmund Freud: “Su sencillez y seriedad y su mente brillante se combinaban para darle a uno la sensación de ser guiado desde un sótano oscuro a la luz del día. Por primera vez, capté la gran importancia de la represión sexual y sus efectos sobre el pensamiento y las acciones humanas”.
En relación a la política estudió el movimiento anarquista austriaco y los sábados asistía al círculo de socialistas independientes. En el mes de marzo de 1896 obtuvo dos títulos, uno de obstetricia y otro de enfermería.
En Viena también asistió a eventos culturales, gozaba con la ópera de Wagner, de los conciertos, obras de teatro; ya había disfrutado en Nueva York la actuación de Sarah Bernhardt, y ahora fue espectadora de la dramatización de Eleanora Duse. Entre sus lecturas, leyó a Nietzsche, que le impresionó profundamente: “la magia de su lenguaje, la belleza de su visión, me transportaban a alturas insospechadas”.
En marzo de 1896 viaja a París. Desde abril trabaja como enfermera y partera en Nueva York y asistía a las operaciones del Dr. White. El trabajo práctico de comadrona le permitió conocer de cerca la miseria, la escasez, etcétera, que solamente conocía en teoría. Emma Goldman luchaba por la emancipación de la mujer, por el uso de anticonceptivos, con todo, por el control de la natalidad. Como partera se enfrentó al trabajo de parto de mujeres judías ortodoxas y católicas irlandesas que desesperadamente trataban de impedir el nacimiento de otro hijo porque ya habían traído al mundo una prole y no querían tener más por la pobreza en que vivían y por el salario escaso de los maridos. Las madres usaban métodos como saltar desde las mesas, rodar por el suelo, masajear el vientre, beber líquidos aberrantes, y utilizar instrumentos romos, con riesgos muy graves, ‘cada nuevo hijo era una maldición divina’. La enfermera se negó a practicar abortos de las madres afligidas que se lo solicitaban, le ofrecían pagar en abonos, la sentían muy comprensiva con ellas. Pero su negativa era determinante, no por motivos ideológicos, sino por razones de sanidad, por el peligro de que perdieran la vida o de minar la salud de las madres. El maestro ginecología del hospital de Viena les había mostrado de los graves riesgos de un aborto, con todo, profesionalmente se sentía incapaz. Tampoco conocía métodos anticonceptivos.
Emma por su parte no pudo concebir ningún hijo por un problema de inversión del útero. Consultó con la Dra. Solotaroff y ella la llevó con un especialista. Le recomendó una operación y así resolvería el problema; Emma por su causa social desistió, soportaría el dolor y encontraría un canal de amor maternal para todos los niños. Siempre le gustaron los infantes. Ni siquiera tuvo muñecas. Narra su primera menstruación a los once años: “un día de verano temprano desperté con grandes dolores de cabeza, la espalda y las piernas me dolían como si me las hubieran partido en pedazos”. No obstante que su madre primero le pegó como cábala para protegerla contra la desgracia, enseguida intentó abrazarla, pero la hija la rechazó porque se sintió ultrajada. Padecía el periodo con dolores espantosos y guardaba cama varios días.
Durante su participación política en sus viajes, un par de amigos empresarios de Detroit, le preguntaron qué le hubiese gustado estudiar y ella contestó que medicina. Le propusieron subvencionar su carrera con cuarenta dólares mensuales y en ese instante le dieron 500 en un sobre. Prometieron enviarle el dinero de manera regular. Entonces el l3 de noviembre de 1899 embarcó hacia Europa, vía Londres, en esta ocasión con destino a Zúrich, Suiza. Primero planeó asistir al Congreso Internacional Revolucionario de los trabajadores en París. Supo que allí se había declarado al primero de mayo como el día internacional del trabajo en 1889. Como se dedicó a actividades políticas antes de llegar a Suiza, los patrocinadores desistieron en sustentarla porque su interés era que se dedicase solamente a sus estudios. Emma renunció al apoyo económico por su compromiso con las masas desheredadas. Nos recuerda a Vera Figner que había estudiado medicina pero no se recibió por su entrega política.
La meta inicial de Emma había sido estudiar medicina pero por motivos injustos y económicos nunca pudo acceder. Su madre le permitió quedarse en el Imperio Alemán para entrar al Gimnasium (secundaria), con la condición de aprobar el examen de ingreso. Lo aprobó. Sin embargo, para inscribirse se requería una carta de buena conducta expedida por su profesor de religión, y éste por supuesto se la negó. Hubo de regresar a Rusia con la promesa de su madre de que siguiera estudiando. Emma deseaba ser médica. Pero solamente pudo estudiar seis meses la secundaria.
Regresa a Estados Unidos en diciembre de 1900, trabaja de nuevo en su profesión de enfermera desde enero a marzo de 1901 en Nueva York. El resto del año viajando por varias ciudades participando en mítines anarquistas. Con el asesinato del presidente McKinley por un anarquista, se desata la persecución contra el gremio y de octubre a diciembre del mismo año ella tuvo que cambiar su nombre, pues estaba fichada y por eso no podía encontrar donde vivir, ni trabajar. A principios de 1902, con un nombre falso, E. G. Smith, se presentó a sus amigos médicos para ofrecer de nuevo sus servicios. Ninguno cooperó con ella no obstante, confiaban en su trabajo, salvo la Dra. Hillel Solotaroff, enferma del corazón, quien había abandonado la práctica médica, le prometió comentarles a sus colegas de la zona urbana donde vivía, “mi buena amiga Solotaroff consiguió hacer que varios doctores del East Side me dieran empleo”. Pacientes judíos e italianos, familias con escasos recursos, sus casas contaban con dos o tres cuartos para compartir con seis o más personas. Como ganaban 15 dólares semanales, debían pagar a la enfermera cuatro dólares cada día. Ella no lo admitió porque le parecía demasiado costoso para el reducido ingreso de los pacientes, pero tampoco le convenía ganar menos de lo que necesitaba para cubrir sus propios gastos de manutención. Sin embargo, encontró una solución de compromiso, trabajar de noche, con un libro y café transcurría el tiempo al cuidado de sus pacientes. Un día de Noche Buena apoyó a una adicta por una semana en la casa de la paciente y la ayudó durante cuatro meses consecutivos.
Cuando viajó para dictar conferencias sobre anarquismo a Worcester, Massachusetts se celebraba el XX aniversario de la Universidad de Clark del lunes 8 al viernes 10 de septiembre de 1909, y escuchó la conferencia de Freud: “me impresionaron hondamente la lucidez de su mente y la sencillez de su exposición. Entre el conjunto de profesores, muy tiesos e importantes con sus birretes y sus togas y Sigmund Freud vestido con un traje normal, discreto, casi encogido, sobresalía como un gigante entre pigmeos. Había envejecido un poco desde que lo vi en Viena en 1896. Entonces fue injuriado por ser judío y tildado de innovador irresponsable, ahora era una figura mundial: pero ni la calumnia ni la fama habían influido sobre el gran hombre”.
De nuevo arrestada. Estuvo una temporada de 21 meses en la penitenciaria federal en la ciudad de Jefferson desde el seis de febrero de 1918 hasta septiembre de 1919. Cuando se desató una epidemia de gripe, ofreció sus servicios como enfermera al médico quién aceptó con gusto, pero la administración nunca respondió a la solicitud. Entonces ella, por motu proprio, con el apoyo de algunas celadoras, visitaba cada noche a las presas enfermas para asistirlas profesionalmente. Aquí se enteró y se conmovió por el asesinato a Rosa Luxemburg en Berlín el 15 de enero de 1919. Entre las cartas que recibió le afectó profundamente la noticia del 2 de mayo de 1919 en Múnich, de la muerte infligida por la crueldad de los soldados, del anarquista y escritor Gustav Landauer (1870-1919), quién “prefería la resistencia pasiva, defendía que la lucha cooperativa y cultural era el único medio de provocar un cambio social fundamental. Era cruel ironía del destino que Gustav Landauer, convertido en tolstoyano, perdiera la vida en relación con un alzamiento revolucionario”.
Cuando viajó expulsada de E. U. hacia Rusia, a su Matushka Rossiya, expresión en sus propias palabras. Realizó tareas como enfermera en el barco, incluso el doctor le donó su botiquín, y lo trajo todo el tiempo que estuvo en la URSS. Desembarca con Sasha el 19 de enero de 1920. En su tierra natal también ofreció sus servicios como enfermera, incluso fue invitada a colaborar en hospitales de Petrogrado (antes San Petersburgo, después de 1924 Leningrado), pero luego fue excluida, sin embargo, tuvo tiempo de visitar algunos nosocomios. Frente a la guerra contra Polonia también ofreció su profesión para ir al campo de batalla pero otra vez no fue aceptada.

Comunismo libertario en Rusia.

Había leído las biografías de las mujeres que la inspiraron: Vera Zasúlich, Sofía Perovskaia, Jessie Helfman, Vera Figner y Katarina Brechkovsaia. “Fueron las primeras revolucionarias de la historia rusa y crearon su propia mitología. Poseían una visión moral apasionada y lúcida, que ni el exilio, ni la prisión, ni la inminencia de la muerte podían destruir”.
Recordemos que Emma había escuchado de su maestro de ruso del atentado de Vera Zasúlich. Se encontró con ella el mes de junio de 1921, “a pesar de sus casi ochenta años, tenía aún una figura que despertaba admiración, conservaba gran parte de su antigua belleza, la que había inspirado a los poetas […] De modales agradables, ingeniosa y de infinita humanidad”. Trotsky exhibe una imagen de Vera cuando trabajaron en Londres en 1902: “Zasúlich tenía un tipo curioso y singularmente atractivo… voz tímida…inteligencia aguda… su cultura amplia, sobre todo histórica y… su rara intuición psicológica.
Quería conocer a Mariya Spiridonovna porque la admiraba y había sido una huella muy importante para su práctica anarquista en su país de adopción. Conversaron por tres días en julio de 1920, en un cuarto muy pequeño en una casa con muchos inquilinos. Con 33 años tenía “el cuerpo consumido. El rubor héctico o tísico teñía su rostro demacrado, tenía los ojos brillantes por la fiebre”. Emma se sintió muy tranquila y sosegada.
En esos momentos se llevaba a cabo el Congreso Internacional de Mujeres en Moscú en julio de 1921. Al mismo tiempo se celebró el III Congreso de la Internacional Comunista entre el 22 de junio y el 12 de julio de 1921. Entonces visitó a Clara Zetkin, para que intercediera por Spiridonovna, y también le administrasen medicina por su enfermedad y ella prometió interceder con Lenin, pero él estaba enfermo y se dirigió a Trotsky que argumentó que aún era demasiado peligrosa para liberarla; sin embargo, al final, la liberaron. En octubre la arrestan y de nuevo en la cárcel. Posteriormente se exilió del país hacia Italia. Por el fascismo se refugia en Suiza y Nueva York y al término de la segunda guerra mundial retorna a Roma. Allí transcurre los últimos años de su vida.
Conoció a Katarina “Babushka” Brechkovsaia, la abuela de la revolución rusa, cuando viajó a Estados Unidos en otoño de 1904. Retorna a Europa en febrero de 1905. En sus alocuciones Emma fue su interprete del ruso y del francés al inglés. Fue hospedada en su piso. Cuando sospechó que Babu podía ser manipulada por los blancos, hostigadores de judíos, aferraba su fe en ella, la admiraba por “su grandeza sencilla, su encanto y la belleza de su personalidad, que había aprendido a amar durante nuestro trabajo en común en 1904 y 1905, me habían impresionado demasiado para abandonar a Babusshka tan fácilmente”.
Padeció una crisis de conciencia. En marzo de 1920 se entrevistó con las dos mujeres más importantes del gobierno soviético para comentarles su preocupación por la persecución a anarquistas en Moscú y por las condiciones deplorables en el país. Alexandra Kollontai, comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública, que después permaneció presa en su casa y Angelica Balabanoff, había sido Secretaria de la Tercera Internacional, pero por su actitud crítica fue confinada a su cuarto de hotel.
Aleksandra Mikhailovna Kollontai (1872-1952), ella le había enviado cartas y una copia de su libro sobre las acciones del mundo femenino en el trabajo. Por fin se conocieron en Rusia. Ella le respondió que tenían algunas sombras que enturbiaban la atmósfera de la liberación. Comentó sobre, su rostro bello y frío, “su buena figura, su belleza y su agilidad juvenil. Así como su refinamiento mundano y sofisticación”. Kollontai fue la primera embajadora femenina de la historia. Una temporada de 1926 a 1927 fue embajadora en México.
Angelica Balabanoff (1878- 1965). La encontró enferma, padecía del estomago, no podía digerir nada, recostada en el sofá del cuarto. “En sus grandes ojos tristes brillaban la profundidad, la compasión y la ternura…la cara que tenía ante mi, hundida y macilenta, era hermosa ahora en el resplandor de su luz interior”. Le consiguió una entrevista con Lenin (1870-1924) para que le planteara sus preocupaciones.
El 8 de marzo en la entrevista reconoció sus ojos achinados, penetrantes, que va derecho al grano. “Su rápida percepción de la provisión emocional de los demás y su habilidad para hacer uso de ella para sus propósitos, era extraordinaria”. Se reía de si mismo y de sus visitantes, decía un chiste y reía a carcajadas. Mente brillante. Un líder que nada se le escapaba a sus ojos escrutadores, afirmó Goldman.

Kronstadt y Trotsky.

Goldman había escuchado a Trotsky en un mitin de despedida en Nueva York, antes de viajar a Rusia: “un hombre de mediana estatura, rostro macilento, pelirrojo y barba también pelirroja y desordenada, se adelantó con brusquedad. Su discurso, primero en ruso y luego en alemán, era poderoso y electrizante… después del mitin nos reunimos con Trotsky para decirle adiós. Había oído hablar de nosotros y nos preguntó cuándo pensábamos ir a Rusia a ayudar en la reconstrucción. ‘Sin duda nos encontraremos allí’, afirmó”. Ya exiliada en Rusia, vio a Trotsky en un espectáculo de ballet. “Al poco se abrió la puerta y entró un hombre en uniforme militar. Cuando las luces se encendieron reconocí a Lev Trotsky. ¡Qué cambio en aspecto y porte en tres años! Ya no era el exiliado pálido, flaco y poco corpulento que había conocido en Nueva York en la primavera de 1917. El hombre del palco parecía haber crecido en altura y anchura aunque no mostraba carne superflua. Su tez pálida era ahora de color del bronce, su pelo y barba rojizos estaban considerablemente entreverados de gris… no me reconoció, ni yo me dirigí a él”. En esos momentos se encuentra la Comisión Obrera Británica, allí conoció a Bertrand Russell (1872-1970), simpatizante del socialismo libertario, que la había visitado en el hotel Astoria, Petrogrado le pareció una persona sencilla y amable, reservado.
Emma la roja y Sasha fueron testigos de la huelga de obreros en Petrogrado en febrero y de la insurrección de los marineros de Kronstadt y como consecuencia la masacre el 17 de marzo de 1921. El fin después de 10 días de levantamiento. Trotsky reprime la insurrección de los marinos de Kronstadt. Después de la masacre Lenin culpa a los anarco-sindicalistas y se inicia una represión contra los anarquistas rusos. Los persiguen y apresan. Para abogar por sus compañeros rusos se conforma un comité especial de los delegados anarco-sindicalistas del Congreso de la Internacional Sindical Roja, realizado en Moscú, en esos días, deciden visitar a Lenin. El líder soviético les contestó que solamente accedería a liberar y enseguida desterrar a los anarquistas presos, pero serán ejecutados si retornasen a la URSS. Según Bettelheim había existido una relación de cooperación entre el gobierno y el partido comunista con los anarquistas que no participaban en acciones contra el régimen. Aún en el mes de abril de 1918 los anarquistas realizaban sus actividades libremente en Moscú y Petrogrado. Pero un grupo anarquista ataca la sede del partido bolchevique en el mes de julio del mismo año. Aún durante los años de 1918 a 1920, “Lenin se esfuerza, pese a todo, en mantener buenas relaciones con las corrientes anarquistas relacionadas con las capas proletarias”.
Años después Trotsky considera que las críticas de Emma y Berkman sobre Kronstadt, son lamentaciones sentimentales, no se fundamentan ni con la crítica ni con los métodos de la investigación científica. Sus proclamas suenan a sermones de las Sagradas Escrituras. No estudian documentos. Emma Goldman responderá a la postura de Trotsky frente al asunto de Kronstadt. Primero, reconoce que comprende al líder expulsado de su patria, exiliado, y cargando sobre sus hombros las pérdidas trágicas de sus familiares y la traición de sus camaradas. Como enfermera recoge el testimonio de un comunista herido en un hospital sobre la catástrofe. El paciente confesó que la agonía mental era peor del dolor físico. Cuando Trotsky escribe que la molestia sobre los anarquistas fue pasajera, ella señala su error argumentando que realmente la persecución a los anarquistas comenzó en 1918. Y después se establecieron campos de concentración donde los confinaron. Paul Avrich concluye: “Con la derrota de Kronstadt y la liquidación de la oposición del ala izquierda, pasó a la historia la última demanda efectiva de que se instalara una democracia de trabajadores. En lo sucesivo el totalitarismo, si no inevitable, sería una eventualidad probable”.
Después de abandonar la Unión Soviética el primero de diciembre de 1921, Emma y Sasha viajan a Suecia, Berlín, París, y Londres. Su vida pública giró por el mundo. Consciente de los peligros como el fascismo y el nazismo realizó conferencias, mítines, para alertar al mundo del peligro inminente.
Goldman ofreció su apoyo a los republicanos en la guerra civil española. Viajó a Aragón, visitó los pueblos y aldeas colectivas considerando el proceso como el despertar de una revolución anarquista. Escribió múltiples cartas de solidaridad a los españoles que defendían la República. Cuando fueron vencidos realizó trámites para conseguirles asilo en Canadá.

Campo literario.

Como perteneciente al Pueblo del Libro, fue una gran lectora, usando lentes por su miopía. Se acostumbró a llevar consigo un libro a todas partes. Incluso durante los múltiples arrestos que padeció. Leía esperando el acto judicial o ya en las diversas celdas donde fue encerrada. Incluso en una de ellas recibió regalos de libros de sus compañeros, organizando una pequeña biblioteca con obras de Blasco Ibáñez, Freud, John Reed, Russell, etc.
Cuando gestionaba la participación de la gente en una causa de defensa a anarquistas presos, encontró solidaridad en varios grupos de escritores de la comunidad judía. “En realidad, todos los elementos de los círculos radícales judíos cooperaron con nosotros. Un grupo especial de colaboradores fue el compuesto por escritores y poetas yiddish, entre los que se encontraban Abraham Raisin, Nadir y Sholom Asch”.
Leyó obras de literatura de extraordinarios escritores, a saber, Ibsen, George Bernard Shaw, Corneille, Molière, Racine, Heine, Arthur Schnitzler, Zola, Joyce, George Sand, O’Neill y Whitman, entre otros. Conoció a hombres de letras, por ejemplo, en París, camino a su exilio, se encontró con Hemingway, opinó que era un hombre sencillo y de carácter exuberante. Su madre les contaba a sus hijos historias de los libros de una manera muy vivida, la escuchaban concentrados. En una ocasión, Alice Stone Blackwell, le solicitó que tradujera poesía judía a prosa en inglés.
Le llegó a fascinar el teatro. Encontró una veta que le permitió impartir conferencias sobre los dramas de las obras de teatro en inglés y yiddish. La audiencia pagaba para escucharla. Su primera conferencia sobre teatro fue en Denver, Colorado. “Estaba convencida de que el drama moderno era un fructífero instrumento propagador de las nuevas ideas. Mi primera experiencia en este sentido tuvo lugar en 1897, cuando hablé ante un grupo de mineros sobre las obras de George Bernard Shaw. Fue durante el almuerzo y estábamos a cuatrocientos pies bajo tierra”. Lo mismo sucedió en el año de 1912, ahora ante un grupo de periodistas organizaron una conferencia en un hotel de lujo sobre Rostand y el público también se conmovió ante los contenidos del drama. Había escrito varios artículos por petición de periódico de la localidad. Los profesores universitarios la invitaron a dictar un curso sobre teatro en la universidad. Los días del primero al ocho de mayo de 1913 dicta los cursos sobre drama ante una formidable y nutrida audiencia.
Durante los meses de agosto y septiembre de 1925 estuvo en British Museum leyendo obras de los autores rusos, estaba componiendo un libro sobre literatura y sociedad. En la zona este de Londres impartió conferencias en yiddish sobre la dramaturgia rusa.
Lev Tolstoi (1828-1910) es el autor ruso relacionado con el campo anarquista cristiano Fundamentó su noción de relaciones humanas en el Evangelio. En su crítica a su obra de teatro El poder y las tinieblas (1888), describe una imagen de pobreza, ignorancia y superstición, denotando en el autor empatía, lo que para Emma, en sus propias palabras, tenía una profunda simpatía humana. Tolstoi, comprendió la tragedia de los campesinos. La oscuridad permea su existencia de la cuna a la tumba. Atacó la institución de la iglesia ortodoxa rusa, por su crueldad e injusticia y como consecuencia lo excomulgaron.
En la URSS, conoció a Stanislavski y a Gorki. Louise Bryant, la pareja de John Reed, la invitó para que la acompañase para una entrevista con el director de teatro y maestro de arte dramático Konstantin Serguéievich Alekséyev (1863-1938). Nombre real de Stanislavski. Su impresión sobre el encuentro: “Me alegró tener la oportunidad de conocer al hombre cuyo arte y el de su grupo me habían elevado a menudo por encima de la gris realidad”.
Maksim Gorki [Alekséi Maksímovich Peshkov] (1868-1936) fue su ídolo. Pero cuando conversó con él sobre sus inquietudes hacia los soviéticos, consideró que éste defendía la autocracia del gobierno, concluyendo que en realidad era un poeta y no un político y sabía de su defensa a los científicos y escritores ancianos; lo admiraba y no veía sus píes de barro. Goldman realizó un ensayo crítico sobre su obra de teatro Escenas de la vida rusa (1905). Emma considera que Gorki compendia a su pueblo, a los campesinos y describió en su drama personajes como ladrones, jugadores, ex-artistas, prostitutas, aristócratas venidos a menos, ellos perdieron por la crueldad e injusticia en el mundo. Los personajes son producto de su ambiente social.

Epílogo.

Para obtener su ciudadanía británica se casa con el viejo amigo el anarquista galés, James Colton el 27 de junio de 1925. En resumen vivenció varios vínculos de amor: con Sasha, Feyda, Edward Brady, Ben Reitman, Leon Malmed, Dan, el amigo de su hermano, entre otros.
Muchas personas le recomendaron a Emma que escriba su autobiografía, entonces Peggy Guggenheim y Michael Cohn cooperaron con dinero para dedicarse a la redacción de su vida. Se estableció en Saint-Tropez, Francia, durante varios meses de 1928 hasta finalizar el libro en enero de 1931. Colaboraron con ella dos secretarias Emily Holmes Coleman y Doris Zhook, en París, durante el invierno de 1929.
Al regreso a América fija su residencia en Toronto, Canadá el 18 de abril de 1939. En el mes de febrero de 1940, sufrió un derrame en la zona izquierda del cerebro que le impidió hablar más. Murió el 14 de mayo. Feyda como homenaje a su amiga realizó en relieve su imagen en una placa de bronce colocada en la tumba. Actualmente Voltairine y ella están sepultadas en el mismo cementerio Waldheim (ahora Forest Home Cemetery) en un suburbio al oeste de Chicago.
En cuanto a su identidad la encontramos en la siguiente fase: “Hacia tiempo que me había dado cuenta de que estaba hecha de diferentes madejas, cada una diferente a la otra en tono y textura. Hasta el fin de mis días estaría dividida entre el anhelo por una vida personal y la necesidad de darlo todo a mi ideal”.
Con todo, su apuesta fue: “Quiero libertad, el derecho a expresarme libremente, el derecho de todos a las cosas bellas”.

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